lunes, 22 de septiembre de 2014

¿La Constituyente o la Asamblea Nacional?


Por David Uzcátegui
Secretario Nacional de Asuntos Municipales Primero Justicia

@DavidUzcategui


En medio del debate democrático que se da en estos momentos entre los factores alternativos de poder para conseguir una Venezuela de progreso y bienestar, cobran fuerza dos agendas que buscan salidas para los problemas nacionales a través de distintas vías.

Unos propugnan la Asamblea Nacional Constituyente, mientras otros consideramos que hay que montarse de inmediato en las tareas inherentes a las próximas elecciones parlamentarias de 2015. Y dedicaremos estas líneas a explicar por qué nos anotamos en el segundo grupo.

Los argumentos a favor de la Constituyente no dejan de ser ciertos; pero las soluciones necesarias pueden abordarse desde otras alternativas; mientras ese instrumento no es tampoco garantía de las soluciones requeridas.

Entre tantos planteamientos, podemos comenzar por el de los poderes públicos secuestrados por una parcialidad política. Esto es cierto; pero la alternabilidad democrática está plasmada en la letra de la Carta Magna actual. No es necesario modificarla para recuperarlos, sino luchar por su cumplimiento.

A favor de enfocar nuestras energías en las elecciones de diputados nacionales, podemos decir que es uno de los pocos poderes donde hay una pluralidad representando a los diversos matices del país. Ciertamente, hubo manipulación de los circuitos en las últimas elecciones y corregir este entuerto es una lucha que hay que dar. Pero cabe recordar que la alternativa democrática ganó estos comicios en porcentajes de 52 a 48.

También vale recordar que es desde la Asamblea Nacional donde se nombran las cabezas de otros poderes, como el Electoral y el Moral. Y que el Legislativo se vio debilitado con la tendencia abstencionista de 2005.

Es un hecho que las instituciones ya están allí y que lo que debemos hacer es ir por ellas. Trabajar por aumentar los contrapesos en los poderes públicos, los cuales, para servir efectivamente a los ciudadanos, no pueden ser entregados a una parcialidad política única.

Se dice que los poderes manejados por la tendencia oficialista torpedearían el buen desenvolvimiento de las elecciones parlamentarias y el posterior desempeño de los ganadores. Este es un razonamiento que calza perfectamente también para una Asamblea Nacional Constituyente, proceso que es, por cierto, mucho más complejo y por tanto más susceptible de ser frustrado por piedras de tranca.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que el statu quo que obstaculiza la consecución del ansiado bienestar del país, seguirá existiendo tras haberse recolectado las firmas para solicitar la activación de una Asamblea Nacional Constituyente. Lograr su convocatoria y concreción, puede ser un camino definitivamente muy pedregoso en la Venezuela de hoy.

Se habla de reconciliación, tan urgente y necesaria para el país. Esto, sin duda, es un objetivo que une a los diversos factores de la alternativa democrática e incluso a muchos partidarios del gobierno que apuestan a la paz como pivote del bienestar. Sin embargo, es el parlamento el escenario por excelencia de los entendimientos. Por ello debemos ponerle más empeño en lograr una mayoría incuestionable.

Los venezolanos no podemos desistir de acudir a las citas electorales cuantas veces sea necesario. La ruta ya está hecha. El éxito en la tarea dependerá de nuestra contundencia y perseverancia. Es eso lo que hace la diferencia.

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