jueves, 4 de agosto de 2016

“El CNE tiene la palabra”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

La tenacidad de la ciudadanía venezolana es para sentirse orgulloso. Nos la han puesto difícil, muy difícil y sin necesidad alguna de ello.

Pero por encima de los hiperbólicos obstáculos, hemos cumplido con el objetivo. Contra los más agoreros pronósticos, el Consejo Nacional Electoral ha tenido que dar su brazo a torcer y reconocer que todos los estados del país cumplieron con la exigida recolección del 1% de las firmas de sus respectivos padrones electorales, para con ello culminar la primera etapa de la ruta hacia el referendo revocatorio presidencial.   

Y no, no fue fácil. Todos sabemos que se limitaron los días, la cantidad de máquinas, incluso la cantidad de obstáculos físicos y que aparecieron en las vías de muchos firmantes, quienes también en forma literal tuvieron que irse por los “caminos verdes” para poder ejercer su derecho; pero finalmente lo hicieron.

Lo cual no quiere decir que no quedaran muchos, pero muchos, en el camino. Sí, los obstáculos de toda índole frustraron el propósito cívico y civilista de no pocos compatriotas.

Eso, para no hablar de las cientos de miles de firmas que fueron literalmente desechadas; confiscando así un derecho consagrado en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, y negando a los afectados –atropellados más bien- la posibilidad de pelear por dicho derecho.

¿Cuál es la moraleja? La decisión de la gente. Para llegar a que el máximo ente electoral reconociera que sí se había cumplido la exigencia a pesar de los numerosos obstáculos, tuvo que cumplirse una condición: la masiva movilización de la gente.

Hay que saber leer los tiempos y entender hacia dónde sopla el viento. Y a estas alturas del partido, estamos seguros de que todos, absolutamente todos, lo entienden. Incluso quienes fingen demencia.

Los tiempos hablan de venezolano colmados, de hartazgo, de adultos mayores haciendo colas ante establecimientos comerciales para procurarse algo de comida y salir finalmente con las manos –y el estómago- vacíos.

De niños que no van a la escuela porque no tienen con qué desayunar. O que tampoco asisten a clase porque sus padres los ponen a hacer las colas para la comida mientras se van a trabajar para conseguir con qué comprarla. O que si van a la escuela, se desmayan en clases por que tiene el estómago vacío.

De madres despidiendo a hijos que se marcha a un futuro incierto, pero al menos parten a países donde sí hay la oportunidad de crecer.

De enfermos y sus familiares suplicando por las redes sociales un medicamento del cual pende su vida.

¿Cómo no se va a movilizar masivamente una ciudadanía sometida a semejantes condiciones de existencia? Porque esto ya no se puede llamar vida.

Como Fuenteovejuna, todos a una, los venezolanos exigimos un cambio. Un cambio que no nos pueden dar quienes provocó el mismo estado de cosas que ha sumido al país en un caos.

Volviendo a ese CNE que tiene que activar ahora la nueva etapa de solicitud del referendo revocatorio del mandato presidencial, al iniciar la recolección del 20% de las firmas; no sabemos aún si está suficientemente claro para la directiva del órgano electoral el tamaño de la crisis.

Todos los que compartimos el gentilicio venezolano deberíamos abocarnos con urgencia absoluta a transitar la ruta electoral trazada desde la Constitución Nacional y que ya fue adoptada por la ciudadanía, que con su presencia en la calle ya la validó, como poder originario y soberano.

Mientras el balón está en el lado de la cancha que domina el CNE, mientras quienes hicimos la tarea esperamos que se prosiga sin obstáculos a la solución de la más grave crisis republicana de la historia de Venezuela, no está de más recordar que la figura de los referendos fue impulsada por el fallecido ex presidente Hugo Chávez, en la Asamblea Constituyente de 1999, por aquellos tiempos cuando gozaba una popularidad que rondaba el 90%.

Con esta referencia histórica aunada a un país que tiene el agua al cuello, cabe recordar que son numerosos los partidarios del oficialismo que están a favor del conteo en las urnas electorales. Y que van a votar contra la actual administración.

Y no hablamos solamente de aquellos que dicen: “Soy chavista, pero no madurista”.  Hablamos de todos.

La terca movilización ciudadana fue en sí misma un referendo. Complicarle el proceso a los venezolanos fue como echarle gasolina al fuego, porque se avivó la llama de la indignación.

Y la única forma de apagarla es dando válvula de escape a una frustración tan injusta como inmerecida por las grandes mayorías trabajadoras y honestas de conciudadanos.

El CNE finalmente anunció lo que todos ya sabíamos. ¿Cuánto va a tardar en anunciar lo que todos exigimos? Porque el mundo entero está viendo. Y lo más importante: estamos viendo los venezolanos.

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