viernes, 15 de septiembre de 2017

"El nuevo diálogo"

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

Somos un país que viene de regreso de los diálogos. O de los intentos de tenerlos, más bien. En casi dos décadas del gobierno que se autodefine como revolucionario, se nos han ido cerca de tres lustros intentando tender un puente que sirva para encontrar soluciones a una sociedad cada vez más fracturada.

Los resultados, a ojos vista, dejan mucho que desear. Si hubieran logrado sus objetivos, no seguiríamos en nuevos intentos quince años después de las primeras iniciativas.

Y justamente, está en puertas otro encuentro con este fin. Encuentro que, desde que fue anunciado, cuenta con la descalificación de un sector de la ciudadanía.

Y eso es entendible, con el sumario que antecede.

Sin embargo, y a contrapelo de lo que hemos expuesto, desde este espacio apostamos una vez más a la iniciativa. ¿Por qué?

Simplemente, porque ningún intento es igual al anterior. Porque hemos avanzado exponencialmente. Porque, aunque nos veamos en el agujero más negro que nuestra historia recuerde, es justamente esa circunstancia la que le da un peso excepcional a esta nueva posibilidad de sumar a la solución.

Y para muestra un botón. Para quienes desconfían, no si razones, de este nuevo intento de acercamiento, que sin duda trae a la mente fallidas diligencias anteriores, recordamos que Julio Borges, presidente de la Asamblea Nacional, vocero y representante de las fuerzas alternativas democráticas en el eventual encuentro, advirtió en que un diálogo formal con el gobierno solo será posible si se cumplen las condiciones planteadas por la oposición y si hay acompañamiento internacional.

“Reitero a Venezuela y al mundo que hoy no hay diálogo y no lo habrá hasta que se cumplan condiciones expuestas en el comunicado” de la Mesa de la Unidad Democrática, escribió Borges en la red social Twitter.

El diputado del parlamento venezolano, Luis Florido atribuyó por su parte a “la presión nacional e internacional” que el gobierno accediera a negociar. Dijo: “Se ha visto forzado por la comunidad internacional que está con pueblo de Venezuela. Llegó la hora de acciones concretas que terminen en una solución electoral. Exigimos el restablecimiento del voto, esto incluye convocatoria a elecciones presidenciales con observación internacional”.

Otro que pintó las condiciones de este nuevo intento de entendimiento, fue el gobernador del estado Miranda, Herique Capriles, quien señaló que la única posibilidad de que exista un proceso de negociaciones con el Gobierno, es que se respete la Constitución, que los venezolanos puedan ejercer sus derechos, que los privados de libertad por razones políticas salgan en libertad, que cesen las persecuciones y los hostigamientos, y que se ponga la fecha de las elecciones pendientes.

Capriles dijo también que para un diálogo debe estar el Vaticano, la Organización de las Naciones Unidas, los gobiernos democráticos con peso e importancia en el mundo con una agenda clara y con garantías.

Como se ve, la dimensión de lo que está en puerta es mucho más compleja hoy que ayer, y adicionalmente presenta condiciones que no habían sido listadas en oportunidades anteriores.

Le apostamos entonces al diálogo como un instrumento de la política, y a la política como la disciplina que nos puede conducir al logro de los más elevados objetivos de la colectividad, intentando atajar en el camino cuanto daño sea posible.

Nunca, nadie puede desestimar la variedad de instrumentos de los cuales podemos servirnos en lo que definitivamente es una pretensión legítima de corregir el rumbo que tantos y tantos venezolanos consideramos errado.

Incluso, cabe y debe caber una combinación de herramientas, para intentar encontrar esa urgente y necesitada luz al final del túnel.
El trecho recorrido durante lo que va de año, deja a la comunidad internacional más pendiente que nunca de Venezuela, incluyendo personalidades e instituciones de innegable peso específico en conflictos como el que atravesamos.

La complejidad de nuestra situación, que no es poca, es sin duda de un peso enorme y nada desestimable a la hora de intentar cualquier vía de entendimiento.

Y, en definitiva, si bien un diálogo es una posibilidad abierta, tampoco se ha concretado. Existen condiciones que no pueden ser obviadas, dada la circunstancia. Y si el canal de entendimiento no puede ni debe cerrase, tampoco es posible renunciar a un marco mínimo alrededor del cual sentarse. Circunstancia que es defendida por quienes nos representan y que es considerada sin duda legítima por los posibles facilitadores y mediadores.

El duro momento venezolano es conocido por todos gracias al esfuerzo ciudadano de protesta y denuncia. Si el diálogo se da como consecuencia de este proceso, puede ser el paso que falta, la solución a este punto muerto que hoy vivimos.

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