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viernes, 12 de mayo de 2017

¿Constituyente comunal?

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

En una sociedad ampliamente fracturada y descompuesta como la venezolana, cualquier evento que cite a los ciudadanos en comicios contribuye a bajar la tensión y a buscar soluciones.

Por ello, es enorme la mayoría que ha alzado la voz ante la confiscación del referendo revocatorio presidencial que nos tocaba; así como frente a la reiterada postergación de las elecciones regionales.

Evidentemente, este par de maniobras han sido adelantadas por el gobierno ante la certeza de que no hay manera humana de que los resultados les sean favorables.

Por ello, llama de entrada y enormemente la atención el hecho de que sean ellos mismos quienes pongan ahora en la mesa, una Constituyente.

Entre las discusiones que ocupan a diversos sectores de las fuerzas democráticas, la Constituyente ha sido un tema presente desde hace años, de cara al profundo daño que se le ha hecho al país en estas dos décadas.

Es el oficialismo el que siempre ha estado negado a esta opción, anclado en lo que han llamado “la mejor Constitución del mundo”. A la cual, por cierto, han intentado hacerle diversas enmiendas y reformas, básicamente dirigidas a perpetuarse en el poder.

Por eso sorprende que la iniciativa parta ahora desde el poder. Nunca pierden las capacidades de sorprendernos. La mejor Constitución del mundo, ya no sirve. Así de daño se le habrá hecho a Venezuela.

Pero por supuesto, hay que ver el anverso y el reverso. Y no hace falta meterle mucha lupa para descubrir que, una vez más, quieren hacer las cosas a su manera.

La tolda roja se ha inventado esta vez una particularísima Constituyente a su medida, que de manera descarada ignora los procedimientos para adelantar este procedimiento, por demás legal siempre y cuando sea apegado a los supuestos que lo conforman. Lo cual – vaya sorpresa- no es el caso.

La Constitución de 1999 nació de un proceso que se inició con un referendo en el cual los votantes convocaron el proceso constituyente, luego se fue a elecciones de constituyentistas que redactaran el nuevo texto y, finalmente fue aprobado en otro referendo.

En aquel momento, la elevada popularidad del presidente Hugo Chávez logró que una amplia mayoría de los redactores de la Constitución le fueran afines, lo cual aunado a algunas triquiñuelas matemáticas –el “KinoMerentes” le garantizó que los constituyentistas prácticamente se dedicaran a tomar dictado de sus deseos.

De hecho, no tuvo empacho en presentar una Constitución propia, que dijo haber redactado él mismo y que dejó en manos de los asambleístas como una propuesta. Propuesta que, sabíamos, era una orden.

Sin embargo, detalles más, detalles menos, se cumplió con un proceso que revistió legitimidad, al menos en las formas.

No es el caso actual.

Para comenzar, no se debe perder de vista que la autodenominada revolución está lanzando esta propuesta en el momento de más baja popularidad de su historia.

Por ello, no se debe obviar un detalle que invalida del todo esta idea: se pretende eliminar la elección universal, directa y secreta.

Se piensa convocar a un cuerpo afín al gobierno para que redacte el nuevo texto, con una suerte de delegados o intermediarios que elijan a estos redactores y que por supuesto, sean afines a la ideología roja-rojita. Y evidentemente, los referendos para convocar el proceso constituyente y aprobar la nueva Carta Magna, brillan por su ausencia.

Por otro lado, se empastela aún más el asunto, al decir que esta Constituyente no es para redactar una nueva Constitución, sino para “reforzar” la actual. Constituyente es para Constitución nueva, no para borronear la existente; no hay vuelta de hoja.

Desde esta esquina, pensamos que debemos recoger el guante del gobierno e ir a Constituyente, siempre y cuando se cumplan todos los supuestos legales para su convocatoria. Es inaceptable que ningún gobierno fije los parámetros para este proceso.

A estas alturas de la historia de Venezuela, el desquiciado proyecto político que han pretendido imponernos, está comprobadamente fracasado. Llevan las de perder, y menos que nunca tienen autoridad para imponer los parámetros que pretendan sacarnos de la crisis que ellos mismos crearon.

Una Constituyente real, en los marcos legales, es una solución a la más trágica crisis que haya padecido Venezuela en su historia. La refundación de una República consumida hasta sus cimientos por una nefasta administración, es hoy más necesaria que nunca.

Pero no serán quienes cargan con la culpa de semejante tragedia quienes pongan las reglas. No serán quienes llevan las de perder los que manejen el proceso. Será la ciudadanía, desde su sentir actual, quien dé el visto bueno a cada fase de este camino a recorrer. ¿Se atreverán quienes gobiernan hoy a pasar por esta prueba de fuego?

sábado, 2 de julio de 2016

“La lección del Brexit para América Latina”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

El Brexit es la propuesta de que el Reino Unido abandone la Unión Europea, la cual fue sometida a referendo el pasado 23 de junio. Y ganó. A raíz de eso, la confederación de países del viejo continente ha entrado en un serio proceso de cuestionamientos que podrían replantearse la coalición.

¿Y qué puede importarnos eso a nosotros, que estamos tan lejos? Pues mucho, y por muchos motivos.

Esta unión de países en Europa había sido, hasta ahora, la mayor referencia sobre la creación de un bloque regional exitoso en el mundo; como se aspira a crear uno de este lado del planeta, con experimentos que ya han alcanzado trascendencia y solidez, en el caso del Mercosur y la Comunidad Andina.

La primera lección de la Unión Europea, fue el saneamiento de sus economías, para intentar una homogenización de las circunstancias que pudiera darle piso a una moneda común, el prestigioso euro; aunque ande por estos días en tela de juicio, justamente ante los resultados del referendo en cuestión.

Pero si bien se logró este objetivo titánico de coordinar casi treinta países con sus respectivas realidades y diversidades culturales, siguen prevaleciendo, como es de esperarse, las circunstancias particulares de cada uno.

Y es así como el poderoso Reino Unido siempre mostró reservas ante la UE, a pesar de haberse integrado con excepciones tales como mantener su propia moneda, la robusta libra esterlina.

Hoy, cuando este socio referencial dio a conocer su voluntad de abandonar la Unión, se teme que otros como Francia hagan lo mismo; mientras el euro se desinfla. Pero también el Reino Unido pierde. Entre otras cosas, un mercado enorme para sus productos.

Los latinoamericanos tenemos una visión cultural más cercana entre nosotros que los europeos, y podríamos usarlo para salvar nuestras diferencias. Entre nuestras fortalezas, está por ejemplo, compartir el mismo idioma.

La lección para quienes aspiramos a fortalecer las alianzas regionales de este lado del mundo, tiene que ver con una mayor integración, no solo en el papel, sino de objetivos y metas; pero sobretodo en hechos. Y con trabajar en la salud de cada país para poder aspirar a bloques sólidos.



viernes, 1 de julio de 2016

“La inseguridad que nos ahoga”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

Se trata literalmente de un problema de vida o muerte. Más allá de los otros asuntos que complican la vida de los venezolanos en la actualidad, la inseguridad ha llevado al país entero a un toque de queda no declarado, donde las ciudades quedan en silencio al caer la noche y ni siquiera la luz del día es garantía de no ser víctima de algún delito.

El alegato de algunos, es que estamos hablando de una situación de muy vieja data en Venezuela. Es verdad. Pero también es cierto que, lejos de ser combatido, ha crecido exponencialmente en los últimos tres lustros hasta llegar a quedar literalmente fuera de control.  ¿Por qué?

Lo primero que nos preguntamos es si el gobierno nacional se detuvo alguna vez en el pasado a medir las consecuencias de no atajar este monstruo de mil cabezas a tiempo. Porque la desatención al asunto, el hecho de ser más reactivos que preventivos e incluso, el dejar semejante responsabilidad en manos de funcionarios sin la preparación adecuada, solamente han abonado el terreno para que todo empeore exponencialmente.

¿Hay voluntad política para abordar el tema?  ¿Existe una inclinación real de los gobernantes para entender lo que vivimos, fijar objetivos y desarrollar estrategias para reducir de manera importante la violencia?

Porque la voluntad no es una declaración de buenos propósitos ni un discurso. La voluntad se mide mediante la cantidad de esfuerzo, dinero, dedicación e interés que se orientan hacia la solución. Si es que en algún momento ha habido voluntad, no se ha traducido en resultados.

Pero lamentablemente, ni siquiera en los frecuentes discursos oficialistas está presente el tema. Para quienes hoy ostentan el poder, las prioridades son otras. Y esta decisión de gobierno, está costando día a día numerosas vidas de venezolanos.

Por otra parte, el ritmo epiléptico en el enfrentamiento de esta calamidad nos coloca cada vez más lejos de solucionarlo. Nos referimos a esporádicos esfuerzos, como el plan desarme, que se anuncia con bombos y platillos para luego quedar abandonado y que, como sabemos es de lejos insuficiente para solucionar, aunque se implementara en forma impecable. Es apenas uno de los tantos elementos que deben componer una verdadera política seria contra el delito.

Tampoco ayudan mucho operativos, alcabalas y otras medidas punitivas de similar corte. Medidas que, por supuesto deben formar parte de la política mencionada antes; pero que también son insuficientes por sí solas. Y mucho más insuficientes si no son aplicadas con la máxima rigurosidad de la profesión policial y muy especialmente en el marco de una sociedad con balance de poderes que pueda mantener el equilibrio entre la aplicación de justicia y el respeto a los derechos humanos.

Por otro lado, hay que revisar seriamente qué está sucediendo con la institución policial en el país. Sueldos, beneficios, compensaciones, formación. Un buen funcionario que desee hacer su trabajo, se encontraría de manos atadas ante el deterioro de esa institucionalidad en el país.

Y hablando del aspecto preventivo, cabe preguntarse qué está sucediendo con nuestra educación. ¿Se educa actualmente en Venezuela para la paz? ¿Se inculcan esos valores y principios a los ciudadanos en formación? ¿Se ofrece un sólido ejemplo de respeto a la vida y a la propiedad?

¿Hay esperanza para los jóvenes? ¿Pueden insertarse en una sociedad donde con estudio y trabajo sean productivos? ¿Pueden aspirar a una vida con calidad? Lamentablemente la respuesta no es positiva en este momento. Y la desesperanza es un fardo muy pesado.

No se están creando tampoco los urgentes espacios para la cultura y el deporte, que son no solamente actividades formativas; sino también antídotos para la delincuencia. La aparición de instalaciones que permitan la práctica de estas disciplinas va muy lejos de la enorme necesidad de las mismas; eso para no hablar del deterioro de las instalaciones existentes, invadidas por la desidia y el desinterés.

Y en este mismo sentido opera el deterioro general de nuestro entorno. La pérdida del sentido del espacio público y urbano, la oscuridad en las calles y la falta de mantenimiento que termina por colonizarlo todo, es fértil abono para actividades ilícitas.

Nos falta piso como ciudadanos. Instituciones sólidas, formación en valores, castigo para el transgresor. Hasta que eso no se concientice y se accione en función de ello, no habrá alcabala, operativo ni recolección de armas que valga. Y seguiremos perdiendo vidas a manos del hampa.

Es enorme la tarea, y debe ser ejecutada conjuntamente por especialistas y ciudadanos, trabajando hombro a hombro. Pero sí es posible. Muchas sociedades lo han demostrado. ¿Estamos dispuestos?


sábado, 25 de junio de 2016

“Perú avanza”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

Con la toma de posesión del nuevo presidente electo de Perú, Pedro Pablo Kuczynski, la hermana nación sudamericana completa un impecable proceso electoral que consolida la paz por la cual tanto han trabajado y que se ha cristalizado en los últimos años, no sin sobresaltos.

Kuczynski, también conocido como “PPK” por sus iniciales, nació en Lima el 3 de octubre de 1938. Jugó con sus propias iniciales al bautizar a su movimiento político como “Peruanos Por el Kambio”.  Estudió Filosofía, Economía y Política en la Universidad de Oxford, en el Reino Unido; y un postgrado en Economía en la Universidad de Princeton, Estados Unidos.

En la primera presidencia de Fernando Belaunde Terry fue asesor económico y gerente general del Banco Central de Reserva del Perú. También fue parte del gobierno de Alejandro Toledo como ministro de Economía y Finanzas, así como Presidente del Consejo de Ministros.

Su formación y experiencia se enfrentaron en los comicios a la polémica Keiko Fujimori, cuyo padre, Alberto Fujimori, aún divide apasionadamente a los peruanos tras haber violentado normas constitucionales que lo llevaron a ser calificado como dictador –el recordado “fujimorazo” que disolvió al Congreso”; aunque sus defensores reivindican obras como el saneamiento económico y la erradicación de la guerrilla de Sendero Luminoso.

Otro fantasma vencido en el Perú actual, fue el temor de que el presidente saliente Ollanta Humala se desviara de los usos democráticos, marcado por la asonada militar que protagonizó junto a su hermano Antauro. Los agoreros pronósticos afortunadamente no se consumaron y Humala cumplió su mandato en los términos previstos para entregar sin contratiempos.

Se superó airosamente una segunda vuelta, a la cual fueron con cerrada diferencia y empate técnico, tras ganar Keiko la primera, lo cual mantuvo en suspenso a la gente. Sin embargo, más allá del calor habitual de los procesos electorales en América Latina, no ocurrieron incidentes que lamentar.

Los destinos de nuestros países están interrelacionados, y la culminación exitosa de un proceso electoral en alguno de ellos, es motivo de celebración para todos.


viernes, 24 de junio de 2016

“Validando el futuro”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

La jornada de validación de firmas para activar el proceso del referendo revocatorio que ha vivido Venezuela en los últimos días, ha sido el termómetro de cuánto anhela la gente el cambio.

Es, por mucho, el tema de conversación en la calle, en los transportes públicos, en las casas, en los lugares de trabajo y por supuesto, en las ya cotidianas colas.

Y hablando de estas últimas, parece que ya está claro que no espantan a nadie. Quienes ya se han entrenados en hacerlas una y otra vez para surtir sus hogares de algo que llevar a la mesa, no se van a  asustar con tener que hacer otra cola más, si con este esfuerzo le meten el hombro a la posibilidad de que se produzca un proceso de cambio pacífico y democrático ante la inaceptable realidad que hoy vivimos.

En este sentido, el proceso de validación de firmas ha servido para convocar una nueva manifestación masiva que ha tomado las calles, no solamente enfrentando las colas para validar con paciencia y perseverancia; sino también movilizándose desde los más apartados rincones del país, en una muestra de que el venezolano no se va a dejar desanimar por la escasez de puntos de validación.

Durante estos años hemos crecido en organización ciudadana. La solidaridad entre familiares y vecinos para facilitar el transporte hacia los escasos y lejanos puntos de validación; las diversas organizaciones han prestado logística y apoyo y la gente se ha apertrechado como mejor ha podido para enfrentar la espera en las filas, que no sorprende a nadie y que, por predecible, ha podido ser manejada de manera inteligente por quienes la padecen.

También ha crecido la conciencia política de la ciudadanía. Es aplastante la mayoría que mide la trascendencia de lo que está sucediendo, de lo que nos estamos jugando y de cuánto puede aportar su voluntad para un cambio tan urgente como necesario.

Todos los venezolanos nos hemos convertido en “animales políticos” a fuerza de estar hiperpolitizados al ver cómo se deteriora nuestra vida. Buscamos respuestas, buscamos soluciones y en el camino vamos aprendiendo.

Oportunidades como la validación de las firmas, nos permiten salir a la calle y demostrar cuán capaces somos de pasar por encima de obstáculos cuando el objetivo a lograr es, por mucho, mayor que el mencionado obstáculo.

Al cierre de esta nota, la participación de los venezolanos en el proceso había cumplido cómodamente las expectativas de las fuerzas alternativas democráticas; con lo cual se reafirma que la cita en las urnas electorales es la voluntad de las mayorías.

Aquí parece olvidarse que hace pocos meses hubo una cita comicial en la cual la propuesta de cambio resultó ampliamente favorecida, y la promesa medular de dicha propuesta era buscar la manera pacífica y democrática de cambiar al actual gobierno en el marco de la Constitución Nacional, lo cual es la única salida para desmontar la crisis en paz. Y esa salida no es otra que el referendo revocatorio.

Quedarán para la historia grandes misterios, como por ejemplo la escasez de puntos de validación y por qué se habilitaron apenas trescientas máquinas.

Las enormes colas han constituido al final un bumerang para el discurso oficialista. En primer lugar, han dejado al descubierto cuánta gente apoya esta efectiva salida constitucional. Adicionalmente, demuestran que por parte del poder electoral es insuficiente la voluntad para atender el derecho ciudadano de manifestar su legítimo deseo de cambio. Un tiro por la culata de principio a fin.

Quienes han salido al encuentro pautado están gritando, con tal acción, que exigen respeto. Y respeto hay que darles. Se niegan a ser reducidos a una masa monocorde que siga las pautas del poder y reclaman la independencia de criterio, la capacidad de pensar y discernir, el derecho de disentir, que son inherentes a la condición humana.

También la dirigencia ha estado a la altura, y sería mezquino no reconocerlo. Ha habido respuestas, ha habido organización, alternativas, inventiva ante un proceso altamente complejo que ha supuesto la superación consecutiva de innumerables retos.

Estos días nos han dejado más curtidos en la larga y compleja carrera de obstáculos que nos ha significado rescatar al país. La independencia del siglo XXI se pelea con otras armas, más con tenacidad ciudadana que con pólvora y sus frutos van a ser también distintos. El país del nuevo siglo que todos esperamos y merecemos.

Estamos totalmente curados de espantos, nada nos sorprende. Es cada vez menos probable que exista alguna dificultad que nos aparte de nuestro objetivo; más aún cuando ya tenemos claro que la alternativa de rendirse sería refrendar el definitivo desmantelamiento de nuestra república, algo equivalente a dejar sin suelo a nuestros hijos. Y eso es algo que no vamos a aceptar.

viernes, 25 de marzo de 2016

“Un yanki en Cuba”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

Con el título de este artículo parafraseamos la novela de Mark Twain “Un yanqui en la corte del Rey Arturo”, pero esto va más allá de un juego de palabras. Como el protagonista de la mencionada obra literaria -que llega a la Inglaterra medieval cargado de los adelantos del siglo XIX- los cubanos y el mundo esperan que con la visita de Barack Obama, el siglo XXI arribe de una vez por todas a Cuba.

No es poco el revuelo mundial que ha causado el progresivo descongelamiento de las relaciones entre Estados Unidos y la mayor de las Antillas. Un anacrónico barco a la deriva de la Guerra Fría, con más de 50 años, mantenía en punto muerto el vínculo entre ambas naciones vecinas.

Y por supuesto, el acercamiento ha traído polémica. Lo primero que temen –no sin razón- los defensores de los derechos humanos es que la presencia del inquilino de la Casa Blanca sirva para legitimar la tantas veces denunciada persecución a la disidencia de la isla. Y adicionalmente, para dar un visto bueno a las prácticas alejadas de la democracia que son conocidas del mundo entero.

Lo primero que hay que decir, es que lo peor que puede suceder es la inacción. El juego ha estado trancado por décadas, todo lo hecho hasta el momento no ha servido para levantar la derruida economía de la isla y por lo tanto, la gente sigue padeciendo la penuria como forma de vida. En esta situación, aplica aquella sabia máxima: “Si siempre haces lo que siempre has hecho, siempre obtendrás lo que siempre has obtenido”. Era urgente intentar algo nuevo.

Hay quienes aseguran que Obama se lanzó la arriesgada jugada porque quería pasar a la historia. No es algo ilegítimo, siempre y cuando esa ambición personal –y hasta egoísta, sí- se concrete a través de una acción que deje al mundo mejor.

No está de más recordar al muy republicano y conservador Ronald Reagan dándose la mano con el líder soviético Mijaíl Gorbachov y ayudando con un empujoncito a la caída del oprobioso Muro de Berlín y de toda la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Y no es que Reagan haya generado tal desenlace. Toda esa estructura cayó sola, por su peso, por su ineficiencia, por estar en la antípoda de las más elevadas y legítimas aspiraciones humanas que se reducen a una palabra: libertad. Lo destacable es cómo Reagan supo leer los tiempos y ayudar a la historia en la dirección correcta. Cosa que por cierto, también hizo Gorbachov.

Sobra decir que la Casa Blanca no da puntada sin dedal y que también debe estar leyendo entre líneas cosas que para el común de los mortales están vedadas. Esta vez es un demócrata quien hace una jugada audaz. Jugada que, por cierto, anticipamos desde estas líneas y no con dotes sobrenaturales, sino simplemente deduciendo que un presidente que va de salida y a quien no le toca reelección siempre apuesta por una despedida grandiosa, aunque sea polémica, ya que no deberá afrontar de nuevo el juicio de los votos.

Del otro lado, hay que tomar nota del pragmatismo de Raúl Castro: la bandera proscrita por casi 60 años, hoy ondea tranquilamente por toda la isla; las barras y estrellas están en el atuendo de los ciudadanos y se han convertido en un fetiche de moda. 

Tras ello, no hay mucho que decir: el agotamiento del improductivo modelo cubano, que llevó ruina no solamente a la propia patria de Martí, sino a toda latitud donde fue exportado.  Al castrismo no le queda sino abrirse. ¿Cómo, cuándo, hasta qué límite? La respuesta la dará el tiempo; pero la ruta es esa.

¿Llegarán las inversiones? ¿El internet libre? ¿Qué sucederá con los presos de conciencia y con agrupaciones disidentes como las Damas de Blanco? ¿Se podrá detener la tragedia de los balseros?

La cubana Yoani Sánchez apunta en su blog Generación Y, que es enorme la esperanza que llega con el emisario de Washington. Entre otras cosas, por tratarse de un mandatario de color, en una isla donde hay todos los matices de piel y con una elevada población mestiza.

Ante el estamento habanero que está cercano a arribar a seis décadas –y que adicionalmente es de piel blanca-, no puede menos que producirse una enorme identificación de la gente, según Sánchez.

En Estados Unidos en 1955, Rosa Parks fue arrestada por no ceder su puesto a un blanco en un autobús. Y 53 años después, Barack Obama se convierte en presidente, demostrando cómo ese país es capaz de evolucionar y transformarse. Algo que quieren los cubanos para ellos: cambio.

Lo que deben tener presente de aquí en adelante tanto Obama como sus detractores, es que lo que importa es la gente. La calidad de vida de los cubanos es un asunto largamente postergado y definitivamente prioritario. Demos un voto de confianza a esta vuelta de tuerca y confiemos en que sea para bien de todos.


viernes, 11 de marzo de 2016

“Tumeremo, o nada asombra”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

Lo que hasta hoy se dibuja como una dantesca masacre de veintiocho mineros ocurrida días atrás en Tumeremo, estado Bolívar, tiene, a nuestro modo de ver, dos lecturas: la aberración del hecho en sí y la extrapolación del mismo como un síntoma de lo que hoy padece Venezuela.

Cabe preguntarse cuál es el concepto de soberanía que tenemos sobre nuestro territorio, cuando hechos como el cuestionado demuestran que los límites de nuestra patria están descuidados, por decir lo menos, y que la irregularidad es la cotidianidad en esas latitudes.

Es más, escapa de nuestra percepción hasta dónde se puede llegar en territorios tan alejados, cuando ya en nuestras grandes ciudades se han perdido los límites de cualquier tipo en cuanto al más elemental respeto a la vida.

Cuando los venezolanos enfrentamos hechos atroces, como el mencionado, que dibujan hasta qué límite el gobierno ha perdido el control sobre el país, suelen darse lamentables situaciones como consecuencia, que no hacen sino reafirmar lo que hoy aquí afirmamos.

Los diversos voceros gubernamentales no se ponen de acuerdo, y las contradicciones entre las distintas declaraciones no hacen más que poner de manifiesto que algo hay oculto. Sobran por cierto, epítetos fuera de lugar, como “las declaraciones de la derecha”. Es un insulto a todos los venezolanos el querer distraer la atención de los hechos con cortinas de humos tan desgastadas.

¿Por qué mientras unos voceros niegan a priori los sucesos, otros dicen que “hay indicios” y otros más culpan –también a priori- a paramilitares? ¿Son los paramilitares culpables de algo que no ocurrió? ¿Ocultan algo estos funcionarios? ¿O es simplemente un síntoma de que no tienen ni idea de lo que sucede en sus jurisdicciones?

Es penoso ver que un pueblo indignado protesta por sus muertos y que las fuerzas de seguridad van a contener la indignación, cuando no tuvieron la capacidad de evitar la tragedia. Todos los venezolanos compartimos en mayor o menor grado una devastadora sensación de desamparo ante la violencia que se lleva vidas constantemente en esta tierra.

Quizá lo más triste que pueda relatar un país es su desconfianza ante los cuerpos que se supone existen para cuidar a su gente.

También vemos cómo las redes sociales de esta segunda década del siglo XXI permean la muralla de desinformación que intentan construir quienes ingenuamente creen que el agua se puede guardar en un puño.

Daría risa si no fuera tan triste, el ver cómo funcionarios de todo rango intentan construir medias verdades cuando las certezas las desmienten en forma avasallante, porque destiñen en cosa de horas lo que nos e ajuste a los hechos, documentados por los implacables reporteros ciudadanos y los omnipresentes celulares.

Preocupa e inquieta que el pueblo y la GNB estén en la calle a la vez en el sector de los hechos. Ambos en extremos opuestos de las versiones de lo sucedido. Bajo miedo, rabia y tensión. ¿De qué padecemos, de qué nos enfermamos como nación?

Otro testimonio de agradecimiento hay que darlo a los medios independientes, especialmente a los regionales, quienes valientemente han ido reconstruyendo por cuentagotas y a contrapelo, lo que parece haber sucedido. Y que pinta algo tan sórdido, que nos lleva a exigir que se siga adelante, porque tenemos derecho a saber, y tenemos derecho a la justicia.

Muchos autoproclamados defensores de los derechos humanos, que se desgarran las vestiduras por masacres del pasado o de otras latitudes, guardan un silencio vergonzoso y cómplice ante lo que hoy nos conmueve a todos. Estos hechos dejan al desnudo sus sesgos ante la opinión pública.

Ni los paramilitares ni las bandas son disculpa alguna ante la omisión de los funcionarios obligados a resguardar a nuestros compatriotas y nuestro territorio. Hay declaraciones de personeros del gobierno que parecen sonar adecuadas. Ojala entre la palabra y los hechos medie una distancia demasiado grande. Ya nos hemos acostumbrado demasiado a no confiar.

Hay sobrevivientes y las verdades comienzan a salir. De distintos rincones de los alrededores aparecen testigos y sobrevivientes de lo que sucedió.  Hay quienes se empeñan en callar y ocultar. Mientras otros tantos no se dejan expropiar su verdad. Y los venezolanos seguiremos atentos ante esta consternación nacional.

En situaciones como esta es cuando agradecemos y valoramos tener una Asamblea Nacional independiente del poder Ejecutivo, que se constituya en una alternativa para decir lo que se calla, y para investigar en lo oscuro y profundo de lo que desconocemos. 

Sin duda es un gran logro, por el cual debemos felicitarnos a nosotros mismos, ya que parece ser el único cable a tierra en estos tiempos de anomia generalizada.


viernes, 4 de marzo de 2016

“Un derecho de los venezolanos”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

La discusión prioritaria entre las fuerzas democráticas que hoy ostentan la mayoría en la Asamblea Nacional, es en este momento, ubicar el mecanismo constitucional para lograr el cambio de gobierno.

Sí, así, con todas sus letras. No se trata de un despropósito, ni mucho menos de una blasfemia. Porque la alternabilidad en el poder es uno de los elementos de la democracia. Adicionalmente, el poder no pertenece a parcialidad alguna y quien lo ejerce está sujeto al escrutinio del pueblo, a quien debe rendir cuentas y quien tiene la facultad de relevarlo de sus funciones.

Lamentablemente para todos, el trieno madurista está plagado de una cantidad de signos y síntomas que nos dicen que la conducción del país requiere un urgente cambio de rumbo.

Adicionalmente, no renuncia a su estilo pendenciero y de confrontación, retando e insultando permanentemente con su acostumbrado vocabulario belicista al nuevo parlamento, recientemente elegido por la mayoría de los venezolanos y con el cual convendría trabajar conjuntamente en lugar de intentar ponerlo contra la pared a la fuerza.

Finalmente, su insistencia en achacar el caos que padecemos a factores externos como El Niño, la iguana, la guerra económica y la caída de los precios petroleros, es una confesión de que perdió el control y de que no encuentra la manera de retornar a un rumbo productivo y de paz.

Estamos en un urgente momento que demanda acuerdos y trabajo conjunto; pero el Ejecutivo nacional, atrincherado en su soberbia, no parece percibirlo. El gobierno en definitiva, no tiene la menor intención de cambiar.

Por ello, los venezolanos estamos decididos a hacer uso de nuestro derecho a empuñar la Constitución Nacional para revisar cuáles son las alternativas que su letra nos ofrece para dejar en el pasado esta etapa adversa y oscura de nuestra historia y abrir la puerta a cambios que más que urgentes, son literalmente de vida o muerte.

En las páginas de la Carta Magna podemos encontrar el referéndum revocatorio, la enmienda o reforma constitucional, el abandono del cargo y la Asamblea Constituyente como opciones, todas válidas, para poner fin al actual mandato del Ejecutivo y poder hacerle el tan urgente “reseteo” a Venezuela.

El revocatorio puede ser convocado por solicitud del 20% del electorado inscrito en el Consejo Nacional Electoral o por requerimiento de la mayoría de los diputados de la AN. Se puede activar a partir de la mitad del mandato, a la cual justamente estamos llegando.

Mucha gente teme que, si son los electores quienes solicitan la activación del refrendo, se active una nueva “Lista Tascón”, aquel tristemente recordado instrumento que sirvió para perseguir a quienes solicitaron el revocatorio de 2004.

También existen los precedentes del retraso del CNE en la activación del referendo, lo cual llevaría a que, si demora más de un año, el período sea terminado por el actual vicepresidente.

Tanto la reforma como la enmienda constitucional, son mecanismos en manos de la mayoría de la Asamblea Nacional, pero deben pasar por un referendo aprobatorio de los cambios, que se centrarían en acortar el período presidencial. Habría que enfrentar en el camino, los pareceres del CNE y del Tribunal Supremo de Justicia.

La Constituyente puede ser activada por las dos terceras partes de la Asamblea o el 15 por ciento de los inscritos en el registro electoral. A diferencia del revocatorio, el proceso de recolección de firmas no está regulado por el CNE.

El Presidente no podrá objetar la nueva Constitución y los otros poderes públicos no podrán impedir las decisiones de la Asamblea Constituyente. De hecho, la Constituyente asume el poder supremo de la República por encima de los poderes existentes, que deben poner sus cargos a disposición. Posteriormente, con una nueva Constitución, se convocan a elecciones para renovar todos los cargos de elección popular.

Finalmente, la renuncia, implicaría un acto de responsabilidad y desprendimiento voluntario del mandatario actual, el cual solo depende de su propia voluntad y que, evidentemente, no tiene intención de ejecutar. Mientras el abandono del cargo podría justificarse bajo la impericia con la cual está siendo manejando el país.

De todo este grupo de mecanismos legítimos que son un derecho de los venezolanos, las fuerzas alternativas democráticas escogerán el que consideren más idóneos, valiéndose de la representación que la mayoría de los venezolanos le otorgamos.

Apoyar esta decisión hasta lograr el cambio que tanto nos urge, es un acto de responsabilidad ciudadana, apremiado por la necesaria urgencia de salvar al país de la peor crisis de su historia.

viernes, 15 de enero de 2016

¡Es lo social! Y económico...

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

Parafraseando una famosa frase utilizada en la campaña electoral de Bill Clinton, y que hacía referencia a la economía, preferimos poner el acento en este momento en lo social.

Y no es que lo económico sea menos urgente en el por demás complejo panorama nacional. Sin embargo, el problema económico –así como toda la agenda legislativa y ejecutiva por venir-, deben enfocarse en lo social con criterio de urgencia.

Cuando empieza a tomar cuerpo el debate sobre la agenda del nuevo Poder Legislativo en la opinión pública nacional, cada quien comienza a trazar su largo listado de asuntos pendientes. Algunos privilegian lo político, otros lo económico, y otros tantos lo social.

Es de verdad muy difícil priorizar. Pero incluso el tono, el matiz y el alcance de las agendas política y económica debe asumirse midiendo milimétricamente la deuda social y la necesidad de rebajar ese pasivo nacional.

Entre las manifestaciones de que sí es posible comenzar a andar a muy breve plazo ese camino, cabe destacar la propuesta llevada al parlamento por el diputado Julio Borges, con el fin de otorgar la titularidad a los adjudicados del a Gran Misión Vivienda Venezuela, en cumplimiento de una de las más emblemáticas promesas de la Mesa de la Unidad Democrática.

El parlamentario de la MUD especificó que hacía dicha entrega a los fines de que a muy corto plazo se pueda hacer la discusión de “la ley que le otorga la propiedad plena a todos los beneficiarios de la Misión Vivienda, para que sean dueños de su futuro”.

En el acto, apuntó un dato que debe movernos a todos en la dirección que mencionamos: Venezuela necesita construir 3 millones de viviendas para que se pueda cubrir el déficit que existe en la actualidad.

Y queremos agregar nosotros que el tema vivienda es un buen ejemplo de lo que hay que hacer para alcanzar las impostergables metas sociales: despojarlas de colores políticos. Lo cierto es que han existido avances destacables en la construcción de viviendas por parte del sector público y eso hay que destacarlo. Pero también se debe subrayar que existen cabos sueltos y el hecho de que los traiga a colación un diputado que no es del oficialismo, no se puede convertir en obstáculo para que sea favorablemente votada.

Recordó Borges, que la urgencia por cumplir esta ambiciosa meta pasa por la generación de empleo, lo cual es una de las características más emblemáticas del sector construcción.

Y utilizamos esta afirmación para hacer el puente con otro de los temas considerados prioritarios, como lo es el económico.

El nuevo gabinete que se ocupará de esta área ha despertado intensas polémicas en los últimos días.

Entre los seleccionados para esta tarea hay personas con experiencia y la capacidad como para tender los puentes entre los altos mandos del Ejecutivo y la realidad nacional, léase los productores particulares que están dispuestos a apostar por el país pero encuentran un panorama adverso.

Retomando lo social, desde aquí hemos planteado que el incremento de la producción nacional es el remedio contra males tan urgentes como la escasez y la inflación, terminología técnica que puede parecer alejada de lo social, pero que está íntimamente ligada en tanto y en cuanto son dos variables que torpedean sin misericordia la calidad de vida del pueblo.

Sabemos también que hay otros funcionarios más ortodoxos en su visión de la economía nacional, la cual abordan desde teorías que parecen divorciadas de lo que realmente sucede. Pero estamos en un momento en el cual los hechos obligan a tomar el riel del pragmatismo, si es que realmente se desean materializar soluciones.

Y sí, hay verdades en lo que han dicho voceros del ejecutivo en cuanto al panorama económico. El precio del petróleo se desploma y no parece haber nada en manos de Venezuela para evitarlo. Adicionalmente, por encima de esta dura realidad, también estamos de acuerdo en que hay que privilegiar la agenda social con recursos cada vez más menguados. Y allí de nuevo la economía se impone ante las mejores intenciones, de las cuales dicen que está empedrado el camino al infierno.

Quizá deberíamos retomar la frase original de Clinton: es la economía. Porque sin los números en orden, no se puede generar el músculo para pagar la deuda social e igualar hacia arriba a los venezolanos garantizándoles su salud, su educación y su techo, entre otras prioridades. Porque como bien lo dijera Borges, queremos un país de ciudadanos.


viernes, 8 de enero de 2016

“Pero tenemos Asamblea”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

A pesar de los temores de los más aprensivos, y frente a los pronósticos más agoreros, la nueva Asamblea Nacional venezolana, ya está sesionando. Su mayoría pertenece a la Mesa de la Unidad Democrática y se pudo instalar sin contratiempos ni violencia.

Toca hoy, cuando vemos la meta cumplida, felicitar a los venezolanos que nunca perdieron la fe, a quienes no tiraron la toalla en el camino y a quienes apostaron a la perseverancia de lo que se ha llamado la ruta democrática.

Y para quienes insistan en ver el vaso medio vacío, les insistimos en que hemos completado uno de los pasos más trascendentales en el camino hacia el cambio para que podamos vivir en un mejor país.

Desde este espacio hemos insistido en las particulares virtudes del ámbito parlamentario para reencontrar a un país. Y, aunque veamos sesiones de tono encendido y palabras altisonantes, creemos que eso ya se está desarrollando ante nuestros ojos.

Allí está ya presente una representación de los dos sectores mayoritarios del país, y los llevaron hasta ese lugar ciudadanos con sus votos, con lo cual se refrenda la avasallante y mayoritaria apuesta de la gente por la institucionalidad, quedando fuera de juego cualquier tentación de violencia.

Si hay algo que celebrar en particular de esta nueva Asamblea, es el hecho de que los medios de comunicación nacionales e internacionales puedan entrar nuevamente el Hemiciclo. Para quienes hemos seguido los debates celebrados hasta el momento, ha sido motivo de aplauso el poder hacer “zapping” entre distintos canales de TV para ver los distintos ángulos de la sesión y contrastar las visiones de cada televisora.

El interesado seguimiento de las sesiones legislativas actuales a través de los medios de comunicación tiene un innegable antecedente que no podemos dejar de traer a colación por su similitud, a pesar de la cantidad de años transcurridos y las enormes diferencias tecnológicas. Fue la Asamblea Constituyente celebrada en Venezuela entre 1946 y 1947.

En las elecciones de aquellos constituyentistas, el 27 de octubre de 1946, se registró una insólita participación del 92% de los venezolanos hábiles para votar, por lo cual fue con una elección parlamentaria que pudimos ver el nacimiento real de la  votación masiva y popular.

Aquellas sesiones tuvieron entre sus oradores a varios de los más agudos intelectuales venezolanos de todas las filiaciones políticas, como Andrés Eloy Blanco, quien presidió la Asamblea, Rafael Caldera o Gustavo Machado. Todos los colores del arco iris político nacional de aquellos tiempos estuvieron representados y al final se dieron la mano para refrendar el nuevo texto constitucional, proclamado el 5 de julio de 1947.

Y quizá lo más admirable de la anécdota histórica, sea la pasión con la que muchos venezolanos siguieron aquellos debates de tanta altura a través de la radio. El único medio que ofrecía inmediatez, un portento para la época, copó la atención de todos, como hoy lo hacen la TV e internet.

También es un ejercicio de democracia el hecho de que podamos ver en periódicos y portales web fotos y reseñas de los entretelones de la vida legislativa. Son las piezas que nos faltan del rompecabezas, y que nos sirven para pintarnos el rumbo que estos nuevos parlamentarios están recorriendo.

Justamente, en esos apretones de manos y sonrisas de pasillo entre las dos bancadas que se enfrentan en los debates es donde descubrimos una clave para reconstruir al país. La vida diaria en el Capitolio creará acercamientos y entendimientos entre los voceros de estas dos visiones de nación que hoy conviven.

Y una vez más, hay que reivindicar a quienes dijeron que la solución para Venezuela era el voto masivo, la única forma de legitimar a los elegidos. Con el proceso histórico que hemos vivido en las últimas semanas ha quedado así confirmado.

Así como la creación de la luz eléctrica terminó espantando a los fantasmas –si es que alguna vez existieron-, el ejercicio multitudinario del derecho al sufragio desalojó también al “coco” de destinos más oscuros para nuestra nación.

Recordemos hoy que Venezuela es uno de los países con mayor historia parlamentaria en el continente, la cual se inició el mismo año de 1811 y que, a pesar de los turbulentos vaivenes de nuestra vida republicana, se ha mantenido siempre viva, como testimonio de nuestra vocación democrática.

Toca ahora a la ciudadanía vigilar el accionar de sus parlamentarios, pedirles cuentas y propiciar con su interés que en ese foro se debatan los asuntos más urgentes de la vida nacional y se encuentre allí solución a las legítimas aspiraciones que todos tenemos a una mejor calidad de vida.


jueves, 31 de diciembre de 2015

“Con la mirada en el 5”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

Cuando ya vamos de salida de las fiestas de estas fechas, los ojos de todos los venezolanos se sitúan en el día cinco del mes de enero, fecha de instalación de la nueva Asamblea Nacional. Si bien los resultados electorales del pasado 6 de diciembre trajeron alivio y paz a la ciudadanía, no hemos dejado de sentir la turbulencia en el mar de fondo en las semanas posteriores.

Y es que la reacción del oficialismo ante los resultados electorales ha sido variopinta. Desde quienes asumen los errores cometidos en la tolda roja y quienes reconocen que esta vez el favor del electorado no estuvo con ellos: hasta quienes permanecen aún en negación frente a la nueva realidad política nacional. Por ello, el panorama noticioso ha estado particularmente movido para encontrarnos en ese valle entre el final de un año y el comienzo de otro.

En cuanto a quienes obtuvieron la victoria, también se ha sentido el movimiento en estos días. Desde la bancada de la Mesa de la Unidad Democrática, ya se está haciendo el trabajo, porque sabemos que el nuevo parlamento tendrá una agenda tan enorme como compleja. Citando las palabras del secretario ejecutivo de la Mesa de la Unidad Democrática, Jesús “Chúo” Torrealba, lo que se celebrará el 5 de enero, “es una fiesta de la República, de todos los que queremos paz, progreso, bienestar y sosiego en Venezuela”. También dijo el vocero que “El civismo va a operar el próximo 5 de enero”.

Primeramente, llegarán al Capitolio con un Presidente del Legislativo ya elegido, lo cual reducirá la expectativa al respecto y les ahorrará un paso en el trabajo a abordar desde ese primer día en funciones.

Luego, se está elaborando desde el mismo momento del triunfo, el cronograma de los asuntos a abordar. Y si bien es importante destacar que el Legislativo no es omnipotente ni todopoderoso, también es necesario no perder de vista el peso que este cuerpo colegiado tiene en la vida nacional.

Es importante salirle al paso a las falsas expectativas; como también es necesario evitar la descalificación o minimización de este triunfo de la Unidad.

Será una vez que asuma el nuevo cuerpo legislativo cuando podamos conocer a ciencia cierta cuáles puntos de la agenda serán priorizados; pero se habla de los aspectos económico y social, que sin duda van estrechamente ligados.

El reelegido diputado Tomás Guanipa señaló que ese nuevo Parlamento promoverá “lo hecho en Venezuela” y normas que reviertan los procesos de expropiación de empresas que se han llevado cabo en los últimos años, para entregarlos en manos que puedan hacerlas productivas.

Sin duda, las acciones de este nuevo período parlamentario, deben estar entonces dirigidas al abastecimiento de alimentos y medicinas, para satisfacer los requerimientos de los venezolanos en estos dos vístales rubros.

También se debe recordar la capacidad de este ente en cuanto a la supervisión del presupuesto nacional y su ejecución. Un tema que debe tener la lupa encima, al ser ya de todos conocida la drástica caída en los precios petroleros, que son los que nos proveen de la casi totalidad de nuestros recursos. Será urgente sin duda redistribuir –otra “R”- los ingresos, con la vista puesta en defender el bienestar de la gente.

Por otro lado, pensamos que el oficialismo, en medio de sus reacciones diversas y adversas, está perdiendo el foco de lo que es la realidad el más importante activo político que tienen en sus manos: existe una numerosa bancada roja en la nueva Asamblea Nacional. Son nada más y nada menos que la segunda mayoría del país.

Y este es un poderoso instrumento para trabajar por la recuperación del favor de sus electores, siempre y cuando sea utilizada en el marco de la institucionalidad y de los usos democráticos. Demás está decir que se trata de un deber para con los electores que les dieron su confianza y que no quieren verlos actuando en ninguna otra instancia que no sea esta, la que es, por cierto, la única y la más perfecta para marcar la convivencia y el diálogo entre dos visiones de nación.

Quizá –y ojalá- esta bancada de diputados de la tolda roja pueda ser el depositario de las conclusiones de ese grupo de partidarios del gobierno que han optado por la sincera autocrítica como punto de partida para que su movimiento político trascienda. Y sin duda sería una instancia a través de la cual pueden rectificar, una palabra que ellos mismos han puesto sobre el tapete, retomándola de momentos adversos del pasado, en los cuales el mismo fallecido presidente Hugo Chávez la posicionó en la opinión pública.

No hay que reinventar el agua tibia. Allí está la institución idónea para el entendimiento, el diálogo y el proyecto común de país. Renovada por la ciudadanía. Solamente hay que ponerla a andar.


domingo, 27 de diciembre de 2015

“Buenos deseos”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

Estas fechas decembrinas se prestan siempre para expresarnos los mejores deseos y el ámbito político no puede ser menos. Al contrario, quizá si algún sector de nuestra existencia necesita impregnarse de eso que llaman “El Espíritu Navideño”, es justamente el político.

Afortunadamente, tras el reciente evento electoral del pasado 6 de diciembre, el país entra indudablemente en un sendero de paz, que ya se puede sentir en la calle y en la gente.

Siempre hemos apostado desde este espacio, a las citas comiciales como el árbitro justo y perfecto para las diferencias en las sociedades y una vez más esto se demostró con las recientes elecciones.

Hoy tenemos un colchón de concordia entre los ciudadanos de cualquier tendencia política para aprestarnos a pasar las fiestas navideñas y abordar el 2016 con una actitud optimista.

Si bien siempre recibiremos –no sin razón- observaciones respecto a que no todo el mundo se pliega a los resultados obtenidos en la jornada en cuestión, no nos cansamos de subrayar que son minoría. Y que, afortunadamente, ya obtuvimos el reconocimiento a los resultados por parte de los dos sectores mayoritarios.

¿Cuál debe ser nuestra perspectiva para 2016? Primero que nada, el diálogo y el entendimiento. El actual gobierno va a seguir al frente del Poder Ejecutivo y tendrá la segunda mayoría en el parlamento; mientras la Mesa de la Unidad Democrática ostenta una incuestionable mayoría en el Legislativo. Las fuerzas están equilibradas y hay representación de la gran mayoría de los venezolanos.

Visto que no estamos pasando por uno de los mejores momentos como nación, por la caída de los precios petroleros y nuestra excesiva dependencia de esa materia prima, la circunstancia histórica nos obliga a dialogar y a entendernos.

Esta siempre ha sido la opción que hemos defendido; pero en este momento no hablamos de opciones, ya que el escenario nacional deja muy escaso margen de maniobra.

También hemos comentado que no tenemos nada en contra de quienes hoy ostentan el gobierno central, sino en contra de sus ejecutorias. Los gobiernos pueden autoevaluarse y cambiar de rumbo. Ellos mismos hablan de revisión y rectificación. Son palabras que podemos suscribir si hablamos del bienestar de la ciudadanía como fin último.

Para quienes están en la acera contraria a la nuestra en el aspecto político, también deseamos entendimiento a lo interno. Las voces de reflexión que se están levantando en la tolda roja, traen mensajes dignos de ser escuchados y que pueden ser aportes fundamentales para un nuevo país. Sería lamentable que no puedan ser escuchadas en su propio seno por estar en negación de lo sucedido el 6 de diciembre.

Insistimos, no hay tiempo. El petróleo ya perforó el piso de los 30 dólares y su precio se aproxima en barrena al costo de producción, lo cual deja un margen de ganancia tan estrecho que es seriamente preocupante para cualquier economía que dependa de él.

¿Qué hacemos? No es una pregunta retórica, hay que contestar ya. En primer lugar, dejar en el pasado la confrontación, cuyo punto final fue puesto por la gente en las mesas electorales. En segundo lugar, entendernos entre todos.

Y nuestro mayor deseo para el venidero año 2016 es que todos le metamos el hombro a la producción nacional, para que veamos que al diversificarnos podemos hacer que el asunto petrolero impacte mucho menos. Eso sí, tenemos el tiempo en contra. ¿Qué más vamos a esperar?

Esto, hablando de las urgencias. Sin embargo, creemos que esta contingencia puede ser el piso para subir unos escalones en nuestra madurez como país. Diálogo y productividad no son una circunstancia, sino pilares para un proyecto de patria que sea viable. Ninguna nación se ha hecho próspera bajo enfrentamientos internos, ni hay posibilidad de avance cuando se carga con el lastre de las diferencias internas. Que no es que deban anularse porque es imposible; pero sí aprender a convivir con ellas y ponerlas en su sitio justo. En uno donde no estorben al avance colectivo.

El año que nos viene no va a ser fácil y eso lo tenemos todos claro. Más allá de las percepciones de analistas especializados, lo podemos palpara en la calle. Pero la buena noticia es el cambio de actitud de nuestra sociedad ante las buenas noticias de nuestra reciente cita electoral. Unas noticas que fueron buenas para todos, independientemente de la opción que prefiriera cada quien. Y esa buena noticia es el haber superado con los más altos estándares de ciudadanía un evento para el cual algunos presagiaban unas turbulencias que finalmente no ocurrieron.

Parece que todos deseamos lo mismo y que los colores y las etiquetas son más externas y circunstanciales de lo que pensamos. Ahora, lo que nos queda es honrar esos buenos deseos expresados por la enorme cantidad de electores que acudieron a la cita del primer domingo de diciembre.


domingo, 20 de diciembre de 2015

“Acción y reacción”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

Aún resuenan –y resonarán por mucho tiempo – los ecos de la ejemplar jornada electoral que los ciudadanos venezolanos adelantamos el pasado 6 de diciembre. Y no es para menos, ya que nos debemos a nosotros mismos un merecido reconocimiento por el elevado nivel de civismo que alcanzamos.

Y lo decimos no solamente por el impecable comportamiento de los ciudadanos en los centros de votación o de los funcionarios del Plan República; sino por la manera como se fueron desenvolviendo los acontecimientos de ese día histórico.

También el conocimiento de los resultados fue desenvolviéndose de una manera que se acercó bastante a lo ejemplar. Aunque un poco tarde, fue más temprano que en otras ocasiones y eso también es un avance.

El desfile consecutivo por las pantallas de televisión de los personajes decisivos de la jornada, también tuvo un tono ajustado a lo que demandamos la incuestionable mayoría de los venezolanos, sea cual sea el color de nuestra filiación política: paz.

La inesperada – pero posible siempre – aparición del ministro de la Defensa, Vladimir Padrino López sorprendió a muchos pero afortunadamente, llamó de inmediato a la tranquilidad, por su discurso siempre apegado al deber ser y a lo institucional.

La consecuente aparición de la rectora del Consejo Nacional Electoral, Tibisay Lucena, también fue celebrada por ocurrir más tempranamente que en otras ocasiones y por ir al grano. Sin duda fue un gran regalo para los venezolanos la también temprana aparición del presidente Nicolás Maduro, acatando y reconociendo los resultados; a pesar de haberlos achacado una guerra económica que muchos interpretamos de otra manera. Y finalmente, un atinado discurso del vocero de la mesa de la Unidad Democrática, Jesús “Chúo” Torrealba. En ambas alocuciones abundaremos más adelante.

Lo que sí nos preguntamos muchos es por qué cambió el tono de algunos de los afectos al oficialismo a partir del día siguiente. Y sobre todo, por qué una corriente política que ha presumido siempre de disciplina y de manejarse bajo una dirección única como era el chavismo, ha ofrecido tantas declaraciones discordantes en los días posteriores y hasta el momento actual.

Como comentábamos en líneas anteriores, el discurso de reconocimiento de la derrota del primer mandatario estuvo dentro de los parámetros democráticos y generó un reconocimiento de sus adversarios por haber contribuido a la paz de aquella noche. Sin embargo, sus posteriores alocuciones han desdicho la acertada reacción del primer momento.

La instalación de un parlamento paralelo, no elegido por los votantes y que no aparece en la Constitución Nacional, es un acto desacertado y tiende a serlo cada vez más, con la creciente fuerza e importancia que voceros del gobierno le dan al hecho.

Semejante situación desdice no solamente lo que el mismo Presidente reconoció la noche del 6 de diciembre, sino también lo que afirmara a las personalidades internacionales que acompañaron a la MUD en el proceso electoral y que se reunieron con el máximo representante del Ejecutivo nacional, saliendo satisfechos del encuentro y participando a los medios de comunicación del mundo la disposición de la administración central venezolana a aceptar los resultados del evento electoral.

También han resultado desafortunadas las afirmaciones del alcalde del municipio Libertador de Caracas, Jorge Rodríguez, quien ha hablado de factores extraños que van desde la compra de votos hasta el ventajismo electoral de la oposición; algo que a ojos vista es imposible, dado que el control institucional del país reposa hasta el momento de manera mayoritaria y ostentosa en manos del oficialismo.

Lamentablemente no pasaron muchas horas sin que volvieran a aparecer en escena los discursos altisonantes, las ofensas y las amenazas que suponíamos enterradas, tras el pronunciamiento de los venezolanos en los centros de votación. Un acto que fue aceptado de buen grado incluso por los ciudadanos que votaron al PSUV y al Polo Patriótico, entendiendo que parte del juego es saber perder.

Por suerte, en distintos niveles de la tolda roja han asomado la autocrítica e interesantes reflexiones, las cuales deben ser la norma de su conducta para el momento actual y que aportan material sumamente valioso para la refundación del chavismo como una opción democrática de cara al futuro de Venezuela.

No fue la guerra económica la que ganó, porque sencillamente no existe. Perdió en las urnas un terrible desempeño económico, que muchos hemos señalado una y otra vez como un mal que hay que corregir con extrema urgencia, porque está mordiendo la mesa de los venezolanos.

Quisiéramos, por el bien de todos, regresar a esa noche sensata del 6 de diciembre, recoger todas las reacciones desacertadas y accionar en paz de aquí en adelante.


domingo, 13 de diciembre de 2015

“Domingo de resurrección”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

El brillante evento electoral que protagonizamos todos los venezolanos el pasado domingo, le ha devuelto la sonrisa al país. Y ha dado la razón una vez más a quienes han defendido reiteradamente la cita comicial como el instrumento medular para resolver el desencuentro entre venezolanos.

Son muchas las ganancias que sumamos a nuestros haberes como nación desde ese 6 de diciembre de 2015 que quedará para la historia.

La primera es haber entendido que la participación masiva en los eventos electorales sí es la forma de cambiar las cosas. Atrás quedaron las tesis abstencionistas que nos hicieron tanto daño y que entorpecieron en forma lamentable la resolución de nuestros conflictos durante muchos años.

En segundo lugar, el ejercicio de ciudadanía nos puso los pantalones largos como país en forma ejemplar. Y no se trató solamente del valioso acto de acudir a los centros de votación para dar a conocer nuestra voluntad. Hablamos de la conducta cívica, civil y civilista de ese día extraordinario. En las calles, en las colas para depositar nuestro voto, en el apoyo entre amigos, familiares y vecinos para resolver la logística de ese día decisivo.

No existieron excesos en la celebración de los votantes cuya opción triunfó, ni revanchismo entre quienes recibieron resultados adversos para sus candidatos.

Adicionalmente, el ejemplar comportamiento de los funcionarios del Plan República selló un nuevo modo de entendimiento entre distintos factores de la sociedad venezolana. Sin caer en el optimismo ciego, creemos que todo fue ganancia.

Y nos permitimos hacer una mención muy especial a la triunfadora Mesa de la Unidad Democrática, porque ha sido un ejercicio largo y complejo, que ha costado años y trabajo. No es una victoria mágica; sino labrada a pulso en un entendimiento de los factores políticos de oposición que muchos juzgaron imposible y otros tantos, inútil.

Postergar proyectos grupales y personales por el interés superior del país, ha sido la prueba que han debido pasar quienes pretendan hacer carrera de largo aliento en la política nacional. Pero hoy nadie puede negar que haya valido la pena.

Vencimos y derrotamos a toda una colección de fantasmas que nos habían acompañado en los últimos años. No es posible que las fuerzas alternativas democráticas ganen una elección, si ganamos no nos van a reconocer, y sobre todo, el más inquietante: el de la violencia que rondaría en cada intento de los venezolanos de resolver sus diferencias con votos.

Ciertamente, no dejamos de creer que este último fantasma anda por allí, agazapado; pero extremadamente minoritario, minusvalizado y fuera de contexto, porque ya no tiene lugar entre nosotros. No fue comprado por las masas, quienes con su conducta demostraron la inequívoca voluntad pacifista de la venezolanidad.

A mitad de la segunda década de este siglo XXI, nuestro país ha estrenado un evento que nos ha llevado a estar a tono con los tiempos mundiales y que ha recuperado el orgullo de la venezolanidad, tantas veces torpedeado por dudas, por autocrítica y por incertidumbres.

De cara a los tiempos por venir, hay mucho trabajo: el mutuo reconocimiento de los distintos factores de poder, que ahora se equilibran con representaciones proporcionales de las distintas formas de pensar de los venezolanos en la Asamblea Nacional, que – siempre lo dijimos desde aquí- es el foro perfecto para construir el país inclusivo y de concertación por el que hemos clamado desde hace tanto tiempo. Allí estamos representados todos y todos debemos ser escuchados.

Nadie puede caer en tentaciones de desconocimiento del contrario. Ni el Ejecutivo ante una AN compuesta mayoritariamente por la Mesa de la Unidad Democrática, ni esta última ceder a tentación alguna de triunfalismo, cuando tiene la oportunidad de hacer las cosas de otra manera, de ser incluyente y abierta al diálogo desde su victoria, conducta que además es la razón de existir de ese cuerpo colegiado.

Allí está finalmente el contrapeso que permite que el sistema democrático funcione, y todos los actores políticos del país deben participar en involucrarse. Es la voluntad expresada inequívocamente por millones de venezolanos que apostaron a cualquiera de las dos opciones políticas; pero que tienen en común el hecho de haber apostado a la paz y a la democracia mediante el inequívoco acto de haber acudido a votar.

No viene un camino corto ni fácil. Los venezolanos enfrentamos toda una colección de problemas que no es necesario mencionar porque todos los conocemos, están en la calle. Pero el mandato de la gente es que todos nos sentemos a trabajar en la solución, no cabe alternativa alguna. Quien no entienda esto, quedará fuera de juego en un país donde no cabe otra cosa que no sea la paz.