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viernes, 30 de noviembre de 2018

“Defendamos Baruta”

Cuando el país se prepara para una nueva cita electoral para el próximo domingo 9 de diciembre, el clima de la opinión pública nacional se está caldeando por donde menos debería ser. Se trata de la diatriba entre quienes convocan a acudir a la cita comicial y quienes, por una u otra razón, llaman a no asistir.

Y decimos que esta es la discusión que menos debería ocuparnos, porque para quienes tenemos un compromiso con la defensa de la democracia, no podemos vernos como enemigos, más bien, son otros los favorecidos que esta discusión se presente.

Podemos entender buena parte de la argumentación de quienes alegan que es mejor quedarse en casa, somos solidarios en la petición de mejores condiciones electorales que nos permitan enfrentar venideros comicios.

Ahora bien, la pasividad jamás traerá cambios. La acción puede tener diversas consecuencias y resultados, pero de una manera u otra, estamos empujando hacia adelante. Y, probablemente, entre ese cúmulo de consecuencias, puede estar la que nos haga avanzar un paso hacia adelante hacia nuestros objetivos.

Es inquietante pero entendible ver cómo algunas personas sienten que el voto es una acción vacía de significados y que puede no llevar a resultado alguno. Siempre hemos considerado el voto como un testimonio.

En primer lugar, porque nadie dijo que esto fuera fácil. Enrumbar a Venezuela hacia un camino de paz y progreso es un camino largo y complejo, como bien lo hemos visto. Prometer soluciones mágicas es irresponsable, tanto como lo es quedarse de brazos cruzados y perder cualquier oportunidad de cambiar las circunstancias.

En segundo término, no dejamos de preguntarnos a quiénes beneficia abstenerse de participar. Y tenemos muy claro que no es a nosotros.

Algunos piensan que el voto no sirve para modificar nuestra circunstancia.

Sin embargo, a través de él, hemos defendido nuestras propuestas y nuestros valores para construir la Venezuela que merecemos, como fue el caso del referendo constitucional de 2007 y las parlamentarias de 2015.

Y nos permitimos hablar de una circunstancia mucho más cercana a nuestra experiencia, como lo ha sido la historia de Baruta. Ha quedado demostrado en todas las elecciones de los últimos tiempos, incluso en las más recientes, en las cuales se logró -contra todo pronóstico- llevar a la alcaldía a un representante de las fuerzas alternativas democráticas.

Y es que estamos hablando de un municipio caraqueño altamente consciente y ejemplarmente movilizado, a través de estos años tan complejos que nos ha tocado vivir en Venezuela.

La creciente inquietud ciudadana del baruteño, ha permitido otorgarle al municipio de manera reiterada, gobiernos locales que han preservado su calidad de vida y sus virtudes, convirtiéndolo en uno de los más buscados en el país para residir o establecer comercios.

Todo esto ha sucedido por que los vecinos jamás han faltado a la cita electoral cuando es convocada, y han acudido masivamente.

Ese es el gran punto a favor de acudir a votar: mientras mayor sea la participación, más garantías hay de pasar por encima de cualquiera de esas circunstancias que hacen a algunos dudar sobre el valor de la participación electoral.

En este sentido, los baruteños han logrado hacer del municipio no solamente un bastión de la participación electoral, sino también de la Venezuela posible. Esa donde los ciudadanos deciden su destino como colectividad y demuestran el poder de su voluntad en las mesas electorales.

La tarea ahora es justamente, blindar a ese gobierno local que los vecinos se han otorgado a sí mismos. Se trata de las elecciones de concejales, quienes son nada menos que el poder legislativo local.

Y me permito hablar de esta instancia en primera persona, ya que tuve el privilegio de hacer una carrera de varios años en la cámara municipal baruteña y puedo decir de primera mano cuál es el tamaño de la enorme responsabilidad que cargan sobre sí estos funcionarios públicos locales.

El trabajo conjunto entre la cabeza del poder ejecutivo y los concejales, puede convertirse en el gran motor municipal. Y en caso contrario, dejar al alcalde contrapuesto a quienes no tengan interés en el bienestar del municipio, o tengan otra agenda de intereses, puede ser la causa de circunstancias adversas para las comunidades.

Por eso, vale la pena apostarle a la defensa de lo que hemos logrado y a ir más allá, ante la posibilidad de ganar nuevos terrenos en la próxima contienda electoral. Porque podemos demostrar cómo el país que queremos se construye desde las bases de las comunidades. Cómo la gente impone de abajo hacia arriba su voluntad y si arriba no la escuchan pues insiste e insiste, con las herramientas de la democracia, como lo es precisamente el voto.

David Uzcátegui
Twitter: @DavidUzcategui
Instagram: @DUzcategui

viernes, 23 de noviembre de 2018

“Guerra avisada”

La decisión -si es que fue decisión- de amarrar el destino de nuestro país a un recurso tan volátil como el petróleo, tiene consecuencias que muy bien conocemos todos. Porque las subidas y las bajadas se sienten en nuestra economía, y más que eso, repercuten aparatosamente en el desenvolvimiento de la vida nacional.

Eso sí, que nadie diga que no se esperaba esto. Guerra avisada no mata soldado. O al menos, no debería.

Y en las últimas semanas, hemos visto cómo el precio del petróleo desciende reiteradamente por una serie de complejos factores internacionales que se entrecruzan. Por supuesto, cabe preguntar: ¿cómo nos afectará, en un momento de por sí nada positivo para el país?

Hace poco, el portal web Descifrado informó que la baja de los precios internacionales del crudo de las últimas semanas compromete seriamente el ingreso fiscal del país por exportaciones de hidrocarburos. O lo que es lo mismo, afecta seriamente nuestros ingresos como venezolanos, al depender todos de esta materia prima.

Es cierto que el peso de ser un país monoproductor y monoexportador, lo arrastramos desde hace décadas. Pero también es verdad que, hasta el sol de hoy, no se ha hecho nada por corregir el más grave error histórico de nuestra vida republicana.

También es bueno desmontar un mito. Durante la década pasada vimos ascender los precios del petróleo a niveles insospechados. A raíz de eso, se creó la leyenda de que un presuntamente poderoso lobby venezolano había tenido la facultad de manipular esos precios al alza a nuestro favor. Y mucha gente se lo creyó.

Aquel momento se trató de una coincidencia de situaciones que nos favoreció en lo económico, tanto así, que se prestaba a hacer creíble el cuento de que todo había sido manejado desde Caracas.

Sin embargo, los momentos adversos que nos ha traído la década actual, han servido para demostrar que el ombligo del mundo no queda por aquí.

Y ahora, entramos una vez más en uno de esos reveses que no sabemos hasta dónde nos puedan llevar.

Y lo que es peor, no ahorramos. No invertimos. Nada queda de aquellos años favorables para hacer frente a la parte baja del ciclo, que tiene altas y bajas vertiginosas como una montaña rusa, cosa que ya sabíamos; pero no vemos voluntad de manejar estas situaciones con un mínimo de sensatez.

El banco de inversión Goldman Sachs, dijo esta semana que el fuerte descenso en la demanda podría ser un factor de riesgo para la recuperación de los precios del barril.

También inciden las sanciones de Estados Unidos sobre Irán, las cuales buscan bloquear las exportaciones petroleras de ese país. Pero en su auxilio ha aparecido Arabia Saudita, que prevé un rápido y eficiente aumento en su producción, basado en su alianza con EEUU.

El presidente estadounidense, Donald Trump agradeció a Arabia Saudita la disminución de los precios del petróleo, y urgió al reino a disminuir aún más el costo del crudo. “Los precios del petróleo están bajando más. ¡Genial! Como un gran recorte de impuestos para Estados Unidos y el mundo. ¡Disfruten! 54 dólares, eran 82. Gracias a Arabia Saudita, pero ¡vayamos más hacia abajo!”, dijo Trump en su cuenta de Twitter.

Como vemos, los acontecimientos que mandan en la dirección del mercado petrolero, ocurren muy lejos de nosotros.

En el marco de estos acontecimientos, las aspiraciones oficialistas venezolanas de que el petróleo suba hasta los 100 dólares y de aumentar la producción en 1 millón de barriles, lucen francamente lejanas. Es lo que algunos especialistas llaman “wishful thinking” o confundir lo posible con lo que deseamos.

Por lo tanto, la medicina más deseable en este momento para Venezuela es un buen “cable a tierra”.

Hay que entender, primeramente, que nunca, ningún gobierno venezolano ha tenido ninguna influencia determinante sobre el mercado internacional de hidrocarburos. No sucederá, porque jamás sucedió.

También la capacidad de influir sobre la Organización de Países Exportadores de Petróleo es bastante relativa. Como buena confederación de naciones unidas en torno a un fin común, sus decisiones son colectivas y no impuestas por un miembro.

Si bien como nación no podemos influir en los precios petroleros -o más bien tenemos una mínima capacidad de influencia, OPEP mediante-, es mucho también lo que se puede hacer puertas adentro.

Urge optimizar la capacidad productiva de PDVSA con inversión, con incorporación de personal capacitado y sobretodo, con la acertada administración de los recursos que nuestra petrolera estatal nos pueda generar.

Y hay otra urgencia mayor: romper el circulo vicioso de la dependencia petrolera. No es tarde. Países en situaciones mucho más adversas que la que hoy vivimos, se levantaron y pasaron a la primera fila de la productividad. Con ganas de hacerlo, todo se puede.

David Uzcátegui
Twitter: @DavidUzcategui
Instagram: @DUzcategui

viernes, 9 de noviembre de 2018

“Estados Unidos se renueva”

El mundo entero está procesando aún los resultados de las elecciones efectuadas en Estados Unidos. Conocidas como de “medio término”, ocurren cada cuatro años y a la mitad de cada mandato presidencial. Sirven para renovar importantes autoridades, entre otras a gobernadores, una parte del senado o cámara alta, a la totalidad de la casa de los representantes o diputados; así como para decidir sobre importantes aspectos de las realidades locales.

El presidente Donald Trump ha calificado la jornada como un gran éxito, suponemos que debido a que la cámara alta se mantuvo en manos de su partido, el Republicano. Sin embargo, como la renovación de esta instancia legislativa es apenas parcial, era bastante difícil que cambiara de color. Por otro lado, copartidarios que no le eran afines y que mantenían una línea más moderada, terminaron su período, con lo cual los senadores republicanos serán más afines a él de ahora en adelante.

Sin embargo, la gran noticia –y el triunfo para la democracia- viene en el hecho de que la cámara baja o de representantes pasa por primera vez en mucho tiempo a tener mayoría demócrata, es decir, opositora. Y es aquí donde se pone interesante el asunto.

Estados Unidos es una de las democracias más emblemáticas de occidente, ya que se precia de garantizarse a sí misma mediante la solidez de sus instituciones, la independencia de sus poderes y una filosofía de gobierno conocida como de “balances y contrapesos”.

El fenómeno Trump había venido acompañado hasta el momento de mayorías en ambas instancias del poder Legislativo y con ello, había sido percibida como una verdadera ola de poder.

Sin embargo, exactamente a dos años del triunfo electoral de este magnate inmobiliario -a medio término de su mandato- sucede este acontecimiento comicial que es una suerte de evaluación de lo habido hasta ahora.

Para los estadounidenses, las elecciones de medio término representan una suerte de referéndum sobre la gestión presidencial, a mitad de su camino. Y Trump no salió mal librado, aunque haya visto menguar su poder a manera de advertencia. Algo usual en las elecciones de medio término.

Para empezar, debemos aclarar que generalmente, en estas elecciones, las instancias a ser electas terminan inclinándose por la voluntad popular hacia la opción opuesta al mandatario de turno. Es lógico que haya desencantos ante excesos y promesas no cumplidas, tras dos años de ejercicio que muchas veces acaban con las ilusiones originales de los votantes que lo favorecieron.

La mayoría demócrata entre los representantes, es una alerta amarilla al primer mandatario estadounidense. Se siente que hay excesos de su parte y la ciudadanía empoderó a sus rivales políticos para que lo contengan.

Desde la cámara baja del legislativo estadounidense, ahora se podrá profundizar con poder real sobre aspectos polémicos de la administración Trump. Por ejemplo, el muro en la frontera con México, promesa emblemática de su campaña presidencial, muy probablemente duerma el sueño eterno, porque es un proyecto de suficiente envergadura como para necesitar la aprobación -o el veto- de esta instancia legislativa.

También se puede iniciar una investigación por la presunta y controversial intervención cibernética rusa en las pasadas elecciones presidenciales de 2016. Finalmente, los reiterados ataques a la migración ilegal terminaron generando el rechazo de todos los migrantes en general, en un país que ha hecho de la inmigración una de sus grandes fortalezas.

La intensa retórica trumpista ha dividido a Estados Unidos, pero al menos hasta el momento, esta división se ha canalizado a través de representantes de ambas tendencias dentro de importantes instancias de poder. Cosa que no es de extrañar y para muestra un botón: su antecesor, el aún muy popular Barack Obama, gobernó con el Congreso en contra. Asuntos normales en las democracias robustas.

Rojos y azules conviven y debaten en el norte, mientras incluso se habla de asuntos de agenda política que podrían contar con votos unánimes de ambos extremos políticos, por el bien del país. Algo que suele suceder en EEUU cuando se enfrentan asuntos de interés nacional. Esto se daría en temas como nuevos proyectos de infraestructura o cómo disminuir el costo de las medicinas con prescripción.

Trump, como capitán de empresa, está acostumbrado a ordenar y ser obedecido. Los políticos, aún los presidentes, deben negociar. Este segundo tramo de su mandato nos dejará saber si finalmente se graduó de político y logra un segundo período en la Casa Blanca, o si por el contrario los demócratas aprovechan la oportunidad que les ha brindado el siempre decisivo y poderoso electorado independiente, para colocar a uno de los suyos en la primera magistratura para el año 2020.

David Uzcátegui
Twitter: @DavidUzcategui
Instagram: @DUzcatgui


viernes, 2 de noviembre de 2018

“A ritmo de samba”

El mundo entero ha asistido con gran interés a las más recientes elecciones presidenciales de Brasil, que han proclamado como ganador al emergente Jair Messias Bolsonaro.  Una sorpresa a medias, ya que, si bien fue un candidato que creció en las últimas vueltas y se daba como ganador desde la primera vuelta, también es cierto que no siempre fue así.

Bolsonaro es un ex militar que promete mano dura y valores tradicionales a partes iguales, y no deja de extrañar el triunfo de alguien con sus características en un país que relacionamos con samba, con alegría, con cordialidad. ¿Por qué la nación vecina elige a alguien de su perfil?

En primer lugar, habría que considerar el famoso voto castigo. Cuando los encuestadores preguntan a los votantes de Bolsonaro sus motivaciones para apoyarlo, la primera razón (30%) es que representa "renovación", "alternancia" y "cambio". Y la segunda (25%), el rechazo al saliente Partido de los Trabajadores, fundado por Luis Inacio Lula Da Silva. Miles de millones desviados en escándalos de corrupción, más de 60 mil asesinatos al año, una economía que no termina de despegar tras la mayor crisis de su historia, son algunos de los factores de este coctel molotov que terminó por estallar y desplazar al llamado “lulismo” de sus privilegios.

El PT permaneció en el poder por algo más de una década. El primer trecho de su gestión fue una larga fiesta de despilfarro y de ilusión de prosperidad, que llevó a los brasileños a una prolongada euforia, la cual se precipitó estrepitosamente a tierra, tras comenzar a conocerse aquellos numerosos escándalos de corrupción y hacerse inviable una burbuja de ilusión que habían sido los primeros años de aquella era.

El sueño petista se derrumbó en manos de la proclamada sucesora del “sueño brasileño”, Dilma Roussef, quien salió por la puerta trasera de la primera magistratura brasileña. Algo lamentable, si consideramos que se trataba de la primera mujer en presidir al gigante del sur.

En el triunfo de Bolsonaro jugó un papel preponderante la salida del escenario del influyente Lula Da Silva como individuo político, ya que fue acusado de corrupción e inhabilitado para participar en la justa electoral. El desplome de la era lulista en manos de la señora Roussef, no dejó ileso al gran icono de ese movimiento.

Esas acusaciones de corrupción también lo salpicaron y terminaron por sacarlo finalmente del juego. Valga decir que, en caso de haber participado en las elecciones, llevaba las de ganar. No se puede desestimar que, a pesar del duro despertar que tuvo la era petista, Da Silva conserva aún una importante parte de su capital político. Toda una reflexión, ya que al parecer, una buena parte del electorado brasileño castigaba al pecado, pero no al pecador, si por los números nos dejamos llevar.

Esto, sin duda, va a ser un factor crucial en la nueva oposición política, que se amalgamará con el lulismo como centro.

Queda ver qué papel representará Fernado Haddad en esta nueva era. El representante del PT y pupilo de Lula en la contienda, no hizo mal papel, a pesar de haber quedado más de diez puntos por debajo del ganado, en una victoria que fue clara, contundente y sin ambages.

Sin embargo, hay que considerar que venía de heredar a un verdadero fenómeno en la historia de Brasil y que hizo frente a un “outsider” que terminó concitando para sí toda la atención.

Es interesante poner el foco en que el rechazo a los candidatos, alto en ambos casos, fue fundamental en las votaciones de la segunda vuelta. En las encuestas citadas por la prensa especializada, los que declararon que no votarían a Bolsonaro oscilaron entre un 35% y un 40%, para terminar en un 39%.

Por otro lado, el rechazo a Fernando Haddad fue superior, y para muchos, su condena final. En los últimos diez días, dicho rechazo pasó del 47% al 41%, para acabar repuntando hasta el 44%. Los votantes, en realidad, no lo rechazaban a él, sino a Lula y todo lo que salga de su entorno.

También es interesante tomar nota del apoyo religioso que recibió el hoy presidente electo de Brasil, quien tomará posesión el próximo primero de enero.

La comunidad evangélica brasileña es enorme y se ha constituido en un verdadero poder. Su apoyo a Bolsonaro fue decisivo en el triunfo de este candidato y deja en claro que el apoyo de un movimiento religioso se puede traducir en réditos políticos. No es novedoso para nada, pero es bueno subrayar que la anécdota que hoy analizamos, nos lo recuerda.

Quedan incógnitas de cara al comienzo del gobierno de Bolsonaro, en 2019. ¿Será tan de mano dura como lo prometió en su campaña? ¿Cómo hace para juntar las partes de un país que hoy se encuentra dividido? ¿Conciliará o radicalizará desde el poder? Los ojos del mundo tienen motivos para quedarse en Brasil.

David Uzcátegui
Twitter: @DavidUzcategui
Instagram: @DUzcategui

viernes, 26 de octubre de 2018

“Más vale prevenir”

Uno de los obligados reencuentros anuales de los venezolanos es con las lluvias. Si bien las estaciones del año son previsibles, pareciera que no sucede lo mismo con sus consecuencias. Es cierto que la naturaleza nos sorprende de manera desagradable en más ocasiones de lo que sería deseable, pero también es verdad que se pueden tomar las medidas de precaución necesarias para minimizar los resultados adversos de los excesos climáticos.

Y decimos esto evidentemente, como una necesaria reflexión ante los resultados lamentables que dejaron lluvias recientes en nuestro país.

Según los datos emanados de Protección Civil, 12 estados del país se han visto afectados por las fuertes lluvias de los últimos días. Amazonas, Anzoátegui, Barinas, Bolívar, Cojedes, Delta Amacuro, Falcón, Guárico, Miranda, Mérida, Monagas y Vargas, fueron los más castigados.

Según la misma fuente, han sufrido daños en los últimos días 377 vialidades, se han presentado 146 deslizamientos, se han desbordado 53 ríos y 55 quebradas y se ha registrado la afectación de 16 puentes. Adicionalmente, activaron 47 refugios, donde están albergadas 457 familias que suman 1.699 personas.

Sí, es verdad que las cantidades de agua fueron insólitamente altas e inesperadas; pero también es una realidad que muchos lugares fueron sorprendidos sin haber tomado las precauciones necesarias. Precauciones que se imponen según la temporada y que, por más desproporcionada e inesperada que sea la fuerza de la naturaleza, ayudan a mitigar lo más posible las consecuencias.

Bien sabemos que Venezuela tiene dos estaciones distintivas: el invierno, que va de mayo a noviembre, es la estación húmeda, y el verano, que va de diciembre a abril, es la estación seca. Ambas temporadas tienen sus peligros implícitos.

El territorio nacional presenta un alto riesgo de experimentar fenómenos naturales adversos, que suponen un riesgo para la población del país. Las amenazas de desastres naturales más importantes se producen principalmente a causa de inundaciones -especialmente en la temporada del año donde las lluvias son más frecuentes-.

Estos riesgos derivados de fenómenos meteorológicos, se encuentran encabezados por las tormentas y sus consecuentes inundaciones posteriores. Estos hechos se repiten año tras año, especialmente en el periodo comprendido entre agosto y octubre, conllevando importantes pérdidas materiales y, en ocasiones, humanas. Es en estos meses cuando se incrementa también el riesgo de huracanes en la zona del Caribe, lo cual tiende a complicar el panorama aún más todos los años.

Por otra parte, también son frecuentes fenómenos tales como deslizamientos de tierra, derrumbes y caída de materiales con motivo de los fenómenos meteorológicos mencionados anteriormente.

Por esto, las distintas instancias gubernamentales deben realizar labores de prevención, como ejecutar limpiezas en quebradas y drenajes, a la par de una profunda y constante campaña educativa para evitar el mal hábito de lanzar desperdicios a estos cauces de agua, costumbre que termina por tapiarlos y potenciar de manera exponencial el riesgo de las inundaciones.

También es conveniente trabajar en simulacros en escuelas y comunidades, especialmente en las de alto riesgo geológico, como es el caso del municipio Baruta en Caracas, que, por su alto componente de taludes y montañas, es un ejemplo de los peligros que se pueden correr durante estos meses del año.

Este municipio también es ejemplo de otro de los grandes problemas que se padecen en muchos sectores de Venezuela al llegar las lluvias, como es el caso de construcciones en lugares de riesgo sin ningún tipo de control.

Para colmo, los intensos periodos de lluvia han hecho que los terrenos se vuelvan más inestables debido a la saturación de agua en los suelos, esto ocasiona que las masas al secarse se fracturen y se debiliten, haciendo que cedan las laderas ante el peso de construcciones.

Y hay que resaltar que las advertencias no solo caen sobre las barriadas. Los especialistas coinciden en que hay urbanizaciones propensas a más riesgo que los mismos sectores populares improvisados, debido al incumplimiento de las ordenanzas que establecen los parámetros de construcción. La improvisación y la ilegalidad en las construcciones son una espada de Damocles también sobre la clase media, como hemos visto en lamentables hechos de tiempos pasados y recientes.

También es medular y vital la coordinación entre diversas instancias de los poderes locales, regionales y nacionales. Lo peor que podemos hacer ante cuadros de intensas lluvias, como los recientemente vividos, es parcelar el país y echar culpas unos sobre otros. La acción conjunta y la comunicación rápida son cruciales para superar dichas adversidades con el mínimo daño posible.

David Uzcátegui
Twitter: @DavidUzcategui
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viernes, 19 de octubre de 2018

“Algún día veremos luz”

La noche del pasado lunes 15, una parte significativa del territorio nacional se vio afectada por un prolongado corte de energía eléctrica. El tema no es novedad, porque las irregularidades en el suministro de este servicio se han convertido en cotidianas desde hace algún tiempo.

Sin embargo, sí preocupa la extensión y la duración de este reciente evento, lo cual nos hace proyectar que pudieran ser en un futuro no solamente más frecuentes, sino más prolongados y con la capacidad de afecta a más entidades del territorio nacional.

A la 1:45 del día martes, el ministro de Energía Eléctrica, Luis Motta Domínguez, informó que seguían los trabajos para recuperar el servicio en los estados afectados. Anteriormente, el mismo funcionario explicó, en un video difundido en redes sociales, que “Motivado a una explosión y posterior incendio en la subestación La Arenosa (estado Carabobo) tenemos una interrupción fuerte del servicio eléctrico en varios estados".

Si bien por su frecuencia han dejado de ser noticia, este último incidente sí fue reseñado incluso por medios extranjeros.

Por ejemplo, en Perú -donde existe una gran colonia de venezolanos- el importante diario El Comercio reseñó la situación, titulando con que “Una explosión en una planta eléctrica en el norte de Venezuela” había causado la situación ya comentada.

La situación también fue recogida por el diario Excelsior de México, otra nación que ha recibido a gran cantidad de compatriotas. Este periódico aseguró en su sitio web que se trataba de “una información que está respaldada por decenas de mensajes que circulan en las redes sociales”.

Por supuesto, cada vez que la población se halla ante uno de estos acontecimientos, lo que interesa es saber qué haremos para que no se produzcan más.

Ya hemos pasado por todo el abanico de posibles causas para endilgarles la responsabilidad; pero lo cierto es que la situación se sigue repitiendo y que no vemos solución. Ya nadie cree en los habituales culpables señalados por voceros oficiales, porque la situación se prolonga, se complica y hasta el sol de hoy no vemos solución. Esa es la verdad.

Al menos en esta oportunidad no se habló de sabotajes ni de daños provocados por animales silvestres y sí se atribuyó lo sucedido a una explosión ocurrida en una de las instalaciones que sirven al sistema eléctrico nacional.

Lo ocurrido nos demuestra también que aquel llamado estado mayor eléctrico no ha tenido mayor capacidad de solucionar lo que sucede, y que tampoco vale de mucho asegurar que hay una guerra al sistema eléctrico, como se dijo el pasado mes de febrero. Nada de esto ha traído soluciones.

Insiste una vez más el gobierno en un vocabulario belicista, en hacerse una película de guerra donde no existe, en crear una ficción como pretexto para una realidad.

Y nos detenemos en el llamado de atención ante esa carga violenta del discurso, porque es lo que menos necesitamos en estos complejos momentos de la vida nacional. No nos cansaremos de llamar a la conciliación entre venezolanos, porque remando todos juntos hacia la misma dirección es la única forma de salir adelante en problemas nacionales de tal calibre, como el que hoy exponemos en esta tribuna. Más división y más guerras, no nos sirve. Ni más insultos, ni mucho menos, más culpables fantasmas.

Nos preguntamos, muy por el contrario, dónde están los venezolanos más capacitados en el asunto eléctrico, los mismos que han brillado en universidades nacionales y extranjeras y que han desempeñado con excelencia sus labores en importantes empresas.

Sí es cierto que tuvimos -e incluso aún tenemos- uno de los sistemas eléctricos más envidiables de América Latina, con el Guri como la joya de la corona.

Ya toda esa infraestructura existe. Golpeada por el tiempo, es verdad; pero también con una robustez que permitirá recuperarla y volver a sacarle el brillo de los mejores días.

Lo que se necesita es voluntad política. Enfocarse en el verdadero problema y en su solución. Dejar de irse por las ramas y ponerle nombre y apellido al problema, así tenga el costo político que tenga; pero muy por encima de todo esto, está el bienestar de los venezolanos, que somos quienes padecemos la virtual paralización de nuestras vidas cada vez que se va la luz, sea por la causa que sea.

La ciudadanía solamente requiere del gobierno que trabaje en función de permitirnos una vida normal, que todas nuestras actividades cotidianas se puedan desenvolver con los menores obstáculos y contratiempos posibles. No es difícil ni se les pide mucho, al fin y al cabo, para eso están allí.

Con este cambio de enfoque, y su traducción en hechos, nadie duda que los venezolanos podamos ver luz algún día. Caso contrario, la oscuridad se abre paso ante nosotros, literal y metafóricamente.

David Uzcátegui
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viernes, 5 de octubre de 2018

“El Plan B”

Dentro de nuestra muy propia jerga criolla, el llamado “Plan B” ha pasado a significar el tener una alternativa por si algo no sale bien en lo que, por lógica, podríamos llamar el “Plan A”.

En los últimos tiempos en nuestro país, se ha pasado a denominar de manera casi sobreentendida al hecho de marcharse de Venezuela justamente como como el “Plan B”.

Quizá esto sucede en el supuesto de que muchos compatriotas sientan que otros horizontes son más propicios para su expansión personal y profesional, así como para asentar a su familia y verla crecer.

Como muchos han dicho por allí, tanto marcharse como quedarse son decisiones legítimas y válidas, y dependen de las circunstancias de cada quien.

Sin embargo, en lo que sí se ven hermanados muchos venezolanos es en la determinación de salir adelante, sea dentro o fuera de nuestras fronteras. Algunos silenciosamente, otros tantos alcanzando logros que son reseñados por los medios de comunicación. Pero todos estos coterráneos han hecho de su Plan B -sea irse o quedarse- una oportunidad de progreso y contribución.

Esto lo decimos a propósito de que Luis Miguel Vence, científico venezolano de 45 años de edad, es uno de los jefes del grupo que obtuvo el premio Nobel de Medicina 2018. Un gran titular que recompensa a nuestro gentilicio con una dosis enorme de orgullo y alegría.

Vence es el coordinador de uno de los cuatro grupos de 20 personas que trabajan para hallar una cura al cáncer. Un caraqueño de la Avenida Rómulo Gallegos que sin duda ha logrado encontrar un camino de servicio y crecimiento profesional desde Houston, Texas, donde reside desde hace 12 años.

También hace poco nos enteramos a través del portal de noticias de NTN24, que el joven ingeniero venezolano Luis Cabrera se hizo merecedor de una distinción de las cincoentregadas por el Young Engineers 2018, gracias a su proyecto "Energía solar para hospitales públicos en Venezuela".

El evento es organizado por la Federación Mundial de Asociaciones de Ingenieros, la Unesco y el Comité Young Engineers/ Future Leaders. Cabrera, con apenas tres meses de graduado de La Universidad del Zulia, propuso una idea para permitir que los 300 hospitales públicos de Venezuela puedan contar con energía fotovoltaica en las áreas críticas para evitar cualquier tipo de paralización por fallas de energía en las actividades de las áreas de cirugía, laboratorios, salas de parto, unidad neonatal, y emergencias

Paralelamente y en otras latitudes, el venezolano Rodrigo Lares Bassa obtuvo el pasado 29 de julio, el segundo lugar en el concurso literario online Paréntesis, organizado por la agrupación literaria Atinta Negra, un grupo poético residenciado en Chile. La información asegura que su obra “Entre Mesas”, destacó por “elementos de autocritica, valentía y romance”.

Dentro de nuestras fronteras se celebra también el evento Pasión País, creado por la periodista Inés Muñoz Aguirre y la experta en opinión pública Mariam Krasner. Ambas han reunido a una veintena de venezolanos que siguen llevando adelante sus respectivas labores en nuestro territorio y que exponen sus propias experiencias de éxito en los campos más diversos, desde la gastronomía hasta la arquitectura, pasando por los medios de comunicación y las artes.

El denominador común de todos ellos: una enorme resiliencia, es decir, una capacidad de adaptación y superación de obstáculos que no puede sino considerarse ejemplar.

Y hay, como todos sabemos, innumerables ejemplos anónimos. Esos que, por ejemplo, se dedican a productos reconocidos mundialmente y que siguen de manera tenaz haciendo sonar nuestro nombre.

Podemos hablar por ejemplo de nuestros rones, que sumaron este año 7 medallas en la San Francisco World Spirits Competition, uno de los eventos internacionales más reconocidos, realizado en esa ciudad norteamericana y donde participaron más de dos mil variantes de rones del mundo. Es común nuestros productos de ese ramo entre los mejores en las listas del Concurso Mundial de Bruselas, El Congreso Internacional de Madrid, The Fifty Best Rum Aged en Nueva York y muchos más.

También nuestros chocolates suelen destacar continuamente en competencias internacionales como la International Chocolate Awards de Nueva York o los no menos prestigiosos Academy of Chocolate.

En conclusión, también podríamos cerrar con otra frase famosa de nuestra habla coloquial y es que el Plan B es “echarle piernas al Plan A”. Siempre, aquí o allá, el plan es trabajar, crear, sobresalir y echar para adelante. En este siglo las fronteras se han borrado y muchos de aquí destacan ante el mundo; mientras los que están afuera también suman alegrías y bendiciones para el país. Que esa siga siendo siempre la intención del Plan B.

David Uzcátegui
Twitter: @DavidUzcategui
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viernes, 28 de septiembre de 2018

“Naciones Unidas: tareas”

La Asamblea General de las Naciones Unidas, recientemente celebrada en Nueva York, ha acaparado -como es lógico- incontables titulares de prensa.

Se trata del organismo multinacional más grande del planeta, y del mejor logro del ser humano en cuanto a crear una coalición que pueda atajar en la medida de lo posible, las grandes catástrofes que afectan al mundo.

Sin embargo, le queda mucho por hacer, y aunque toque reconocer sus avances y aportes al día de hoy, también vale la ocasión para evaluar lo que está pendiente.

Cerca de 130 presidentes y jefes de Estado se dieron cita en la ciudad de Nueva York para la septuagésimo tercera Asamblea General del organismo. Se trata del órgano principal de la ONU. En ella están representados todos los Estados Miembros, cada uno con votaciones sobre cuestiones importantes, tales como la de paz y la seguridad, el ingreso de nuevos Miembros y cuestiones presupuestarias.

La Asamblea General es uno de los seis principales órganos de las Naciones Unidas y la única en la que todos los países miembros tienen igual representación. Sus poderes son para supervisar el presupuesto de la institución, nombrar a los miembros no permanentes al Consejo de Seguridad y hacer recomendaciones en forma de resoluciones.

Para cada período de sesiones de la Asamblea General, se propone un tema para el debate, de conformidad con lo establecido en la resolución 58/126 de la Asamblea General del 19 de diciembre de 2003.

Para el encuentro recientemente realizado, se propuso como tarea el conseguir que las Naciones Unidas sean pertinentes para todos: liderazgo mundial y responsabilidades compartidas para lograr sociedades pacíficas, equitativas y sostenibles

El asunto de la lucha contra las drogas y las responsabilidades de la comunidad internacional en torno al tema fueron también algunos de los múltiples temas tratados en esta oportunidad.

Estos buenos propósitos se traducen sin duda en el debate de asuntos prácticos que angustian a la comunidad internacional, y en sus posibles soluciones. En la caliente agenda de este año, destacó sin duda la desnuclearización de Corea del Norte. Si bien durante los últimos meses hubo un acercamiento inédito entre Washington y Pyongyang, coronado con la cumbre Trump-Kim, no ha habido resultados concretos todavía. Es por eso que Estados Unidos intenta relanzar las negociaciones a propósito de la Asamblea, en el marco de una anunciada reunión cumbre entre mandatarios.

Se trata sin duda de uno de los más espinosos temas que la humanidad debe afrontar en este momento, ya que, más allá del hipotético poder que pudiera tener el régimen norcoreano, lo que más preocupa es la ligereza con la que se amenaza y el espíritu belicista que impregna el discurso, lo cual ha colocado al mundo al borde de una amenaza nuclear como no se recordaba en muchos años.

El conflicto sirio es otro de los temas sobre el tapete. Rusia se encuentra presionando a la comunidad internacional para inyectar dinero destinado a la reconstrucción de Siria, no obstante las potencias occidentales se continúan negando, mientras continúe Bashar al Asad en poder y mientras no haya un acuerdo de paz, que permita frenar la alarmante ola de desplazados, que se ha convertido en una de las más urgentes preocupaciones de la comunidad internacional en el momento actual.

Y sin duda, la estrella del encuentro ha sido el presidente estadounidense Donald Trump. Amado por unos y duramente cuestionado por otros, no se le puede negar que su estilo es sumamente particular y que hace todo lo posible por atraer los titulares de la prensa, como buena figura televisiva que fue, hecho que al parecer lo dejó adicto a las cámaras y los flashes.

Recordemos que en el último año, Trump puso al mundo a comerse las uñas cuando retó de forma destemplada al caudillo norcoreano, avivando con más leña el fuego al de por sí intenso del “hombrecito del cohete”, como él mismo lo llamó.

Insólitamente, con el pasar del tiempo se produjo aquel acercamiento que sorprendió a todos, y los líderes de los dos países enemigos se sentaron juntos, en lo que sin duda fue uno de los logros diplomáticos más aplaudidos de Washington en la era de este nuevo mandatario proveniente de la empresa privada.

Mientras tanto, este nieto de inmigrantes, que irónicamiente ha convertido a la lucha contra la inmigración ilegal en una de sus banderas, sigue adelante con su política de “hacer grande otra vez a Estados Unidos”.

Rechaza la multipolaridad y ha dejado claro que su intención es que la gran nación del norte recupere su peso, su liderazgo y su poder en el escenario mundial. ¿Lo logrará? ¿Qué tiene pensado hacer para conseguirlo? Sin duda serán temas de discusión en las septuagésima cuarta Asamblea de la ONU, para el año próximo.

David Uzcátegui
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viernes, 21 de septiembre de 2018

“Cuento chino”

A propósito de la más reciente gira del mandatario venezolano a China, se han abierto una vez más una serie de discusiones sobre los alcances, propósitos y consecuencias de esa particular asociación comercial.

En principio, Nicolás Maduro ofreció desde el Palacio de Miraflores un balance de su visita, en la que se firmaron, según se dijo, 28 acuerdos en materia de cooperación y financiamiento.

Anunció que arribará próximamente a nuestro país el presidente ejecutivo de la Corporación Nacional de Petróleo de China, con el fin concretar un plan que elevará la producción petrolera a 1 millón de barriles destinados exclusivamente para exportar a la nación asiática. Se habla de inversiones de cinco mil millones de dólares cuyas condiciones se darán a conocer en los próximos días.

Paralelamente, se dijo que Venezuela habría firmado 28 acuerdos de cooperación con aquel país, los cuales impulsarían “la economía y desarrollo de ambos países en los próximos años en materia de petróleo, minería, seguridad, tecnología y salud”. Hasta aquí, todo luce muy bien. Suena a socios, a beneficiados de igual a igual, a igualdad de condiciones.

El servicio de radiodifusión internacional de Alemania Deutsche Welle, lo dice claramente: Caracas busca dinero, Pekín petróleo. Eso no tendría nada de malo, es una relación comercial, una transacción de mutuo interés. Hasta con un poco de “capitalismo salvaje”, quizá.

Sin embargo, el integrante de la Comisión de Finanzas de la Asamblea Nacional, Ángel Alvarado, aseguró que si bien con el viaje de Maduro a Pekín "pareciera que no hay mucho endeudamiento" al parecer Venezuela solo "entregó una gran cantidad de recursos".

El parlamentario explicó a la agencia de noticias internacional Efe que, aunque el Gobierno "ha tratado de vender aquello como un gran préstamo" no han sido divulgados montos por lo que, asegura que "no se trajo nada en firme". Según Alvarado, China no hizo desembolsos porque "está exigiendo dos cosas: por un lado, mayor reforma económica y por otro, garantías legales de las operaciones”.

Por otra parte, el vocero del parlamento venezolano considera que  se fue a la nación asiática a decir que ya se había abordado la tarea de reformar la economía pero, “como bien sabemos, no se ha hecho”, y considera que básicamente China lo que dice es que “hacen falta más reformas de libertad económica y garantías a la propiedad privada", según concluyó el mismo Alvarado.

Paralelamente, no todos parecen estar muy tranquilos que digamos en China con esa "relación estratégica”.

Pero, ¿hay motivos para preocuparse cuando, al parecer, Venezuela ya cubrió la mayor parte del préstamo hecho por China y el negocio de intercambio de petróleo por préstamos está funcionando sin problemas?

Eso preguntó la radio alemana Deutsche Welle al analista Matt Ferchen, del Centro para la Política Global Carnegie-Tsinghua, con sede en Pekín.

El experto contestó que, si bien hay reportes, aunque no confirmados, de que Venezuela ha priorizado el servicio de pago de su deuda a China, no hay claridad sobre cuál es el monto de la deuda cubierta por Caracas. Pero lo que sí es evidente es que los términos de pago han sido revisados varias veces

Agrega que, para que el prestamista hubiera accedido a cambiar los términos del pago de deuda, se tuvieron que haber ofrecido importantes garantías al Gobierno de Xi Jin Pi.

En todo caso, de este nuevo cuento chino -el más reciente entre tantos- podemos extraer una serie de conclusiones. La primera, que no tenemos muy claro cuál fue el negocio y en cuáles condiciones. Y la segunda, que Venezuela necesita una vez más, o mejor dicho, sigue necesitando, ese famoso “dinero fresco” que tanto se nombra desde que los dioses de los altos precios petroleros dejaron de favorecernos.

Por supuesto, a todo el país le interesa esa información, especialmente a la Asamblea Nacional, que no puede ser un convidado de piedra en negociaciones de tal trascendencia, ya que comprometen un recurso del subsuelo venezolano, del cual hay que rendir cuentas a las generaciones actuales y futuras.

Para eso es la separación de poderes y el equilibrio entre los mismos. Y el hecho de que en la práctica se haya creado un enfrentamiento entre los mismos en nuestro país, no anula para nada su legitimidad.

La conclusión más lamentable es que necesitamos dinero. Y que no lo producimos. Que hay que salir a buscarlo prestado. La tan negada crisis, queda así desnuda ante los ojos de la opinión pública mundial. Y la vaguedad de lo que se ha conocido, confirma las peores sospechas en cuanto a que los términos no deben ser los mejores.

La independencia económica es algo a lo que aspiran todos los países. Pero si lo que hicimos fue cambiar de prestamista, no hemos avanzado mucho.

David Uzcátegui
Twitter: @DavidUzcategui
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viernes, 14 de septiembre de 2018

“A propósito de Colombia”

En el medio de la ya inocultable migración de venezolanos, el asunto con nuestro país vecino y hermano ha entrado en terrenos tan inútiles como relativos y subjetivos. Y nos parece que es hora de separar la magnesia de la gimnasia.

Diversos medios de comunicación, tanto nacionales como internacionales, señalan el éxodo de venezolanos a través de la frontera colombo-venezolana. Hay que comenzar diciendo que no se trata de un hecho que genere para nada extrañeza, ya que se trata sin duda de una de las líneas fronterizas más calientes de la región.

Se pierde en la memoria el momento en el cual nació la fluidez entre los dos países a través de esa línea limítrofe, por demás artificial, ya que las poblaciones de ambos lados también han estado integradas comercial y culturalmente desde siempre.

Sin duda es por ello que, instintivamente, numerosos venezolanos que han decidido salir del país voltean hacia esa raya imaginaria como primera alternativa, la más viable, la más posible. Quizá la única a la mano. A lo mejor porque antes ya la habían cruzado, incluso más de una vez, aunque ahora sea con la decisión de no volver.

Colombia ha sido la primera puerta que se ha abierto para quienes sienten que deben intentar otra manera de vivir, para aquellos que se aventuran y arriesgan a probar algo distinto a este experimento que no ha resultado. Y de gentilicio a gentilicio, tenemos que estar muy agradecidos con los vecinos. Algunos compatriotas han encontrado su lugar allá, otros solamente van de paso hacia otras naciones en las cuales han fijado sus metas. Pero sí, es cierto: Colombia es la vía para muchos.

Nada de extrañarse, entre dos tierras que alguna vez fueron una sola, que comparten el mismo origen y la misma historia, que han estado entrelazadas desde su formación como patrias hasta el sol actual.

Por ello es que incomodan los comentarios surgidos desde el oficialismo a propósito de esta situación. Incomodan por inoportunos, por estar fuera de lugar y por hacer ruido en una situación que exige un acercamiento desde ángulos muy distintos a lo que estamos viendo y escuchando.

El portal de noticias ruso dirigido a la comunidad internacional RT en español titula señalando que Venezuela pedirá "indemnización" a Colombia por los desplazados que recibió en 50 años y agrega en el sumario que “El presidente venezolano, Nicolás Maduro, evalúa una demanda internacional para resarcir la inversión de su país al recibir a 5,6 millones de colombianos, desplazados por el conflicto armado”.

La controversial noticia es reseñada por numerosos medios internacionales y provoca no solamente incomodidad, sino también vergüenza.

El periódico estadounidense en español El Nuevo Herald, amplía reseñando que “La declaración de Maduro llegó un día después de que su par colombiano, Iván Duque, planteara que es necesario el apoyo de todo el continente para enfrentar la “situación humanitaria y migratoria” de Venezuela, desde donde aseguró que se ha generado un “éxodo sin precedentes en nuestro continente”.

A partir de este dato podemos ver cómo se origina todo. El viejo truco de intentar acallar una situación que está haciendo mucho ruido, simplemente haciendo aún más ruido.

En el largo momento adverso de la nación colombiana, nuestros hermanos encontraron paz y progreso en estas tierras. Vinieron escapando de una tragedia. Aquí pudieron crecer, formar familias y aportar a nuestro propio crecimiento. Obtuvieron en contrapartida su propio bienestar. A la luz de lo que hemos venido exponiendo, era lo normal, lo lógico, lo que cabía esperar entre dos tierras tan hermanadas.

No cabe más que ver a las recientes declaraciones oficialistas como un intento sumamente desatinado de cambiar el foco de las noticias. Se trata de unas afirmaciones que ni siquiera merecen respuesta alguna.

Los colombianos que recibimos en Venezuela -muchos de ellos regresando ahora a su tierra- nos dejaron una enorme bendición con su trabajo y dedicación. Es tal su afecto por nosotros que, aún en estos momentos adversos, no son pocos los que deciden quedarse, ya que no se imaginan a sí mismos en otro lugar distinto a la patria que adoptaron por circunstancia y por decisión.

Todos los inmigrantes que han llegado a Venezuela han recibido, sí, y mucho. Pero también han aportado al crecimiento de nuestra nación. Es algo que bien saben los países con tradición de recibir inmigrantes. Están abriendo las puertas a fuerzas de trabajo, a gente que viene con las mejores intenciones y con ganas de establecerse, de crear un hogar y levantar una familia con esfuerzo. Y en su lucha por alcanzar esas metas, van dejando en el camino un enorme aporte, que apuntala el avance de la tierra que los recibió. Así sucederá también con los venezolanos en Colombia.

David Uzcátegui
Twitter: @DavidUzcategui
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viernes, 7 de septiembre de 2018

"El destino nos alcanzó"

En medio de la vorágine que vive nuestro país, se ha llegado al punto tantas veces evadido -y postergado- del aumento de la gasolina. Y es que no solamente era insostenible su actual situación, sino también impostergable enfrentarla. Lo lamentable es que se haya tenido que llegar hasta aquí para intentar que pasara por debajo de la mesa, ya que todos estamos pendientes de demasiados asuntos en esta nación que parece escaparse de las manos. 

Sobre este tema tan espinoso, hay muchos puntos que aclarar. Y otros tantos que probablemente nunca se aclaren. Pero empecemos por los primeros. 

Tenemos que comenzar recordando que el aumento de los combustibles se convirtió en un tabú en nuestro país desde el tristemente recordado Caracazo, cuando una medida similar, tomada sin las previsiones necesarias, terminó convertida en una trágica y dolorosa protesta de calle. 

Desde aquel momento, se metió en el congelador una y otra vez la iniciativa de reajustar los precios de la gasolina, a pesar de la creciente inflación, que no es para nada nueva en nuestra historia, pero que en los últimos años se ha desatado a niveles exponenciales. 

Siempre se ha hablado de que los venezolanos tenemos la gasolina más barata del mundo. Una verdad del tamaño de las pirámides de Egipto. Y lamentablemente, hemos volteado hacia otro lado cuando se trata de confrontar el hecho de cuánto nos ha perjudicado esa costumbre. 

Durante muchos años, la economía de nuestro país ha reposado sobre la creencia errada de que merecemos tener la gasolina más barata del mundo por el hecho de ser un país productor de petróleo. Es un argumento que sin duda tiene una base de sustento lógico, pero que también es discutible, si partimos del hecho de que los demás países productores pagan sus combustibles a precio de mercado. Sin embargo, hay que subrayar como contrapartida que los ingresos de sus ciudadanos también son comparables a monedas duras internacionales. 

Tomemos el ejemplo de Noruega, otra nación productora y exportadora de petróleo. Es el país más desarrollado del planeta. El Índice de Desarrollo Humano, presentado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, lo ubicó primero con un puntaje de 0.949 sobre 1.

Es un país de economía de libre mercado, controlada por el Estado, que ostenta también una de las administraciones públicas más transparentes del mundo. Sus impuestos son elevados y diversos, pero se traducen de manera tangible en bienestar para la población y en seguridad social, por lo cual también ocupan el puesto número 1 en el índice de naciones felices, otro indicador auspiciado por las Naciones Unidas. 

Comparados con todos estos hechos, podemos decir que no somos noruegos. El mismo recurso natural ha llevado a las dos naciones por caminos diametralmente opuestos. ¿Por qué? 

Si bien hay que decir que el aumento de la gasolina en Venezuela era impostergable, también debemos comentar que se aumentó en el peor momento. Tanto la nación como sus ciudadanos se encuentran en la situación de vulnerabilidad más extrema que recuerde nuestra historia. Si por un lado la comparación de la gasolina con los precios internacionales es válida y lógica, no es para nada pertinente hacerla cuando lo que ingresa a los bolsillos de nuestra gente no le llega ni de lejos a lo de otros países. 

Habrá quien diga entonces que para ello se crearon mecanismos como el llamado carnet de la patria, subsidios y demás alternativas. Todas ellas lucen engorrosas y complicadas y desde nuestro punto de vista terminarán generando nuevos dolores de cabeza que traerán complicaciones adicionales a un día a día que ya tiene elementos perturbadores de sobra. 

¿Cuál es entonces la alternativa? Exponerla es tan larga y compleja como lo ha sido explicar el problema, pero podemos resumirla en dos palabras: productividad y libertad. 

Es desquiciado que los consumidores paguen por llenar su tanque un precio inferior al que costó producirlo. Pero, para que se paguen precios internacionales, nuestra economía debe ser permeada por todos los parámetros del mercado internacional. Con todas sus ventajas y desventajas. Para atenuar estas últimas, está el Estado, como en esa Noruega que toma buen cuidado de sus ciudadanos gracias justamente a los ahorros que ha logrado producir la renta petrolera. 

Una administración pública eficiente y transparente, una invitación a la iniciativa particular para que sea productiva, asociarse con ella como gobierno para multiplicar el bienestar de la gente y que todos tengamos en los bolsillos las cantidades necesarias para pagar bienes y servicios. Eso sería por supuesto el país ideal.

A estas alturas, nos preguntamos: ¿aún será posible? ¿O hemos marchado demasiado lejos en la dirección contraria? ¿Ya nos alcanzó el destino?

David Uzcátegui
Twitter: @DavidUzcategui
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