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viernes, 23 de noviembre de 2018

“Guerra avisada”

La decisión -si es que fue decisión- de amarrar el destino de nuestro país a un recurso tan volátil como el petróleo, tiene consecuencias que muy bien conocemos todos. Porque las subidas y las bajadas se sienten en nuestra economía, y más que eso, repercuten aparatosamente en el desenvolvimiento de la vida nacional.

Eso sí, que nadie diga que no se esperaba esto. Guerra avisada no mata soldado. O al menos, no debería.

Y en las últimas semanas, hemos visto cómo el precio del petróleo desciende reiteradamente por una serie de complejos factores internacionales que se entrecruzan. Por supuesto, cabe preguntar: ¿cómo nos afectará, en un momento de por sí nada positivo para el país?

Hace poco, el portal web Descifrado informó que la baja de los precios internacionales del crudo de las últimas semanas compromete seriamente el ingreso fiscal del país por exportaciones de hidrocarburos. O lo que es lo mismo, afecta seriamente nuestros ingresos como venezolanos, al depender todos de esta materia prima.

Es cierto que el peso de ser un país monoproductor y monoexportador, lo arrastramos desde hace décadas. Pero también es verdad que, hasta el sol de hoy, no se ha hecho nada por corregir el más grave error histórico de nuestra vida republicana.

También es bueno desmontar un mito. Durante la década pasada vimos ascender los precios del petróleo a niveles insospechados. A raíz de eso, se creó la leyenda de que un presuntamente poderoso lobby venezolano había tenido la facultad de manipular esos precios al alza a nuestro favor. Y mucha gente se lo creyó.

Aquel momento se trató de una coincidencia de situaciones que nos favoreció en lo económico, tanto así, que se prestaba a hacer creíble el cuento de que todo había sido manejado desde Caracas.

Sin embargo, los momentos adversos que nos ha traído la década actual, han servido para demostrar que el ombligo del mundo no queda por aquí.

Y ahora, entramos una vez más en uno de esos reveses que no sabemos hasta dónde nos puedan llevar.

Y lo que es peor, no ahorramos. No invertimos. Nada queda de aquellos años favorables para hacer frente a la parte baja del ciclo, que tiene altas y bajas vertiginosas como una montaña rusa, cosa que ya sabíamos; pero no vemos voluntad de manejar estas situaciones con un mínimo de sensatez.

El banco de inversión Goldman Sachs, dijo esta semana que el fuerte descenso en la demanda podría ser un factor de riesgo para la recuperación de los precios del barril.

También inciden las sanciones de Estados Unidos sobre Irán, las cuales buscan bloquear las exportaciones petroleras de ese país. Pero en su auxilio ha aparecido Arabia Saudita, que prevé un rápido y eficiente aumento en su producción, basado en su alianza con EEUU.

El presidente estadounidense, Donald Trump agradeció a Arabia Saudita la disminución de los precios del petróleo, y urgió al reino a disminuir aún más el costo del crudo. “Los precios del petróleo están bajando más. ¡Genial! Como un gran recorte de impuestos para Estados Unidos y el mundo. ¡Disfruten! 54 dólares, eran 82. Gracias a Arabia Saudita, pero ¡vayamos más hacia abajo!”, dijo Trump en su cuenta de Twitter.

Como vemos, los acontecimientos que mandan en la dirección del mercado petrolero, ocurren muy lejos de nosotros.

En el marco de estos acontecimientos, las aspiraciones oficialistas venezolanas de que el petróleo suba hasta los 100 dólares y de aumentar la producción en 1 millón de barriles, lucen francamente lejanas. Es lo que algunos especialistas llaman “wishful thinking” o confundir lo posible con lo que deseamos.

Por lo tanto, la medicina más deseable en este momento para Venezuela es un buen “cable a tierra”.

Hay que entender, primeramente, que nunca, ningún gobierno venezolano ha tenido ninguna influencia determinante sobre el mercado internacional de hidrocarburos. No sucederá, porque jamás sucedió.

También la capacidad de influir sobre la Organización de Países Exportadores de Petróleo es bastante relativa. Como buena confederación de naciones unidas en torno a un fin común, sus decisiones son colectivas y no impuestas por un miembro.

Si bien como nación no podemos influir en los precios petroleros -o más bien tenemos una mínima capacidad de influencia, OPEP mediante-, es mucho también lo que se puede hacer puertas adentro.

Urge optimizar la capacidad productiva de PDVSA con inversión, con incorporación de personal capacitado y sobretodo, con la acertada administración de los recursos que nuestra petrolera estatal nos pueda generar.

Y hay otra urgencia mayor: romper el circulo vicioso de la dependencia petrolera. No es tarde. Países en situaciones mucho más adversas que la que hoy vivimos, se levantaron y pasaron a la primera fila de la productividad. Con ganas de hacerlo, todo se puede.

David Uzcátegui
Twitter: @DavidUzcategui
Instagram: @DUzcategui

viernes, 21 de septiembre de 2018

“Cuento chino”

A propósito de la más reciente gira del mandatario venezolano a China, se han abierto una vez más una serie de discusiones sobre los alcances, propósitos y consecuencias de esa particular asociación comercial.

En principio, Nicolás Maduro ofreció desde el Palacio de Miraflores un balance de su visita, en la que se firmaron, según se dijo, 28 acuerdos en materia de cooperación y financiamiento.

Anunció que arribará próximamente a nuestro país el presidente ejecutivo de la Corporación Nacional de Petróleo de China, con el fin concretar un plan que elevará la producción petrolera a 1 millón de barriles destinados exclusivamente para exportar a la nación asiática. Se habla de inversiones de cinco mil millones de dólares cuyas condiciones se darán a conocer en los próximos días.

Paralelamente, se dijo que Venezuela habría firmado 28 acuerdos de cooperación con aquel país, los cuales impulsarían “la economía y desarrollo de ambos países en los próximos años en materia de petróleo, minería, seguridad, tecnología y salud”. Hasta aquí, todo luce muy bien. Suena a socios, a beneficiados de igual a igual, a igualdad de condiciones.

El servicio de radiodifusión internacional de Alemania Deutsche Welle, lo dice claramente: Caracas busca dinero, Pekín petróleo. Eso no tendría nada de malo, es una relación comercial, una transacción de mutuo interés. Hasta con un poco de “capitalismo salvaje”, quizá.

Sin embargo, el integrante de la Comisión de Finanzas de la Asamblea Nacional, Ángel Alvarado, aseguró que si bien con el viaje de Maduro a Pekín "pareciera que no hay mucho endeudamiento" al parecer Venezuela solo "entregó una gran cantidad de recursos".

El parlamentario explicó a la agencia de noticias internacional Efe que, aunque el Gobierno "ha tratado de vender aquello como un gran préstamo" no han sido divulgados montos por lo que, asegura que "no se trajo nada en firme". Según Alvarado, China no hizo desembolsos porque "está exigiendo dos cosas: por un lado, mayor reforma económica y por otro, garantías legales de las operaciones”.

Por otra parte, el vocero del parlamento venezolano considera que  se fue a la nación asiática a decir que ya se había abordado la tarea de reformar la economía pero, “como bien sabemos, no se ha hecho”, y considera que básicamente China lo que dice es que “hacen falta más reformas de libertad económica y garantías a la propiedad privada", según concluyó el mismo Alvarado.

Paralelamente, no todos parecen estar muy tranquilos que digamos en China con esa "relación estratégica”.

Pero, ¿hay motivos para preocuparse cuando, al parecer, Venezuela ya cubrió la mayor parte del préstamo hecho por China y el negocio de intercambio de petróleo por préstamos está funcionando sin problemas?

Eso preguntó la radio alemana Deutsche Welle al analista Matt Ferchen, del Centro para la Política Global Carnegie-Tsinghua, con sede en Pekín.

El experto contestó que, si bien hay reportes, aunque no confirmados, de que Venezuela ha priorizado el servicio de pago de su deuda a China, no hay claridad sobre cuál es el monto de la deuda cubierta por Caracas. Pero lo que sí es evidente es que los términos de pago han sido revisados varias veces

Agrega que, para que el prestamista hubiera accedido a cambiar los términos del pago de deuda, se tuvieron que haber ofrecido importantes garantías al Gobierno de Xi Jin Pi.

En todo caso, de este nuevo cuento chino -el más reciente entre tantos- podemos extraer una serie de conclusiones. La primera, que no tenemos muy claro cuál fue el negocio y en cuáles condiciones. Y la segunda, que Venezuela necesita una vez más, o mejor dicho, sigue necesitando, ese famoso “dinero fresco” que tanto se nombra desde que los dioses de los altos precios petroleros dejaron de favorecernos.

Por supuesto, a todo el país le interesa esa información, especialmente a la Asamblea Nacional, que no puede ser un convidado de piedra en negociaciones de tal trascendencia, ya que comprometen un recurso del subsuelo venezolano, del cual hay que rendir cuentas a las generaciones actuales y futuras.

Para eso es la separación de poderes y el equilibrio entre los mismos. Y el hecho de que en la práctica se haya creado un enfrentamiento entre los mismos en nuestro país, no anula para nada su legitimidad.

La conclusión más lamentable es que necesitamos dinero. Y que no lo producimos. Que hay que salir a buscarlo prestado. La tan negada crisis, queda así desnuda ante los ojos de la opinión pública mundial. Y la vaguedad de lo que se ha conocido, confirma las peores sospechas en cuanto a que los términos no deben ser los mejores.

La independencia económica es algo a lo que aspiran todos los países. Pero si lo que hicimos fue cambiar de prestamista, no hemos avanzado mucho.

David Uzcátegui
Twitter: @DavidUzcategui
Instagram: @DUzcategui

jueves, 12 de julio de 2018

“A Dios rogando”

Hace pocos días, la prensa nacional nos sorprendió con un titular bastante inesperado e inusual: la compañía Petróleos de Venezuela, convocó a una misa para orar por el incremento de su producción.

Reseñan las informaciones que la ceremonia se efectuó en la sede de la empresa y que la eucaristía fue impartida por el sacerdote de la iglesia La Resurrección del Señor de Caricuao, Pablo Urquiaga.

Según recoge el órgano informativo Petroguía “La recuperación de Pdvsa es también la recuperación de todo el país”, fue lo que dijo el sacerdote durante la misa. Una verdad -nunca mejor dicho- del tamaño de un templo.

El gesto ha sido criticado por muchos. Incluso, la nota fue retirada de la página web del Ministerio del Petróleo. Se argumenta que dejar la solución de la baja en la producción petrolera a factores intangibles, es por decir lo menos, una pérdida de tiempo.

De nuestra parte, sin embargo, sí pensamos que se puede rescatar el gesto.

Podría tomarse como una necesaria y esperada reconciliación de quienes hoy gobiernan con la vapuleada iglesia católica, que ha sido objeto de señalamientos y ácidas críticas desde hace muchos años por parte del poder.

Además, hay que señalar la humildad que se puede leer en el hecho, ya que se puede entender que la complejidad de la situación nacional -no solamente de la petrolera- necesita del reconocimiento de un poder superior para comenzar a encontrar una salida. Y esta iniciativa, creemos, bien podría simbolizar el inicio de esa búsqueda.

También, implícitamente, se reconoce algo que oficialmente se ha negado de manera reiterada: el declive de la producción petrolera nacional. Si el propio organismo a cargo de esa medular tarea organiza una misa para pedir por su incremento, queda claro que lo que se produce ahora mismo es insuficiente.

Como dato relevante, vale citar un despacho de la agencia internacional de noticias Reuters, fechado el 21 de mayo de 2018, que dice: “La OPEP está observando con atención el descenso en la producción petrolera de Venezuela para evaluar si la pérdida de suministro del país miembro amerita tomar medidas, dijeron fuentes en conocimiento del tema”. Un dato que confirma que los motivos para convocar a la misa no solamente son reales, sino noticia internacional.

Y por supuesto, estamos hablando de nuestro único recurso, en el cual se centró exclusivamente la fe gubernamental para sostener al país, y que no se usó en la época de las vacas gordas para asegurar educación, salud, seguridad, infraestructura y tantas horas necesidades que hoy nos aquejan, y que no hubieran llegado la los niveles actuales si hubiéramos contado con un poco de planificación.

Sin embargo, nunca ha sido mejor momento para recordar aquel refrán, tan manoseado como cierto, que reza: “A Dios rogando y con el mazo dando”.

Reiteramos que nos parece una noticia muy positiva la empatía de los funcionarios nacionales con la rica vida espiritual que siempre ha detentado el venezolano, especialmente si viene de manos del cristianismo, fe que profesamos una enorme mayoría de los habitantes de este país y que, a nuestro modo de ver, también contiene profundas y certeras enseñanzas que nos pueden ser sumamente útiles en tiempos tan adversos.

Sin embargo, también hay que acompañar la fe con hechos. Y eso significa entre otras cosas, mirar puertas adentro de nuestra compañía petrolera. La misma que ha dejado escapar su capital humano durante más de tres lustros, para que brille en otras tierras, demostrando cuánto conocen del negocio los venezolanos que se formaron en esta industria, en este país.

Si algo ha desestimado esta administración, es al capital humano. Hace unos cuantos años, en PDVSA circulaba una palabra que muchos recordarán: meritocracia. Significaba, ni más ni menos que ascender por méritos, por merecimiento. Conocer y aportar esos conocimientos, la experiencia.

Sin embargo, la palabra y el hábito mismo fueron satanizados. Aquel encontronazo entre el gobierno y la gente de PDVSA, hace más de 15 años, dejó marcada a la compañía. Hoy, tras una inútil terquedad, vemos los resultados.

Estamos muy lejos de conocer a fondo la compleja industria, más allá de seguir su desempeño como venezolanos, porque todos deberíamos estar al tanto de cómo se desenvuelve una operación industrial que nos pertenece a todos, y que, para bien o para mal, es nuestro sustento en este momento. Y no hay otra alternativa.

Sin embargo, nos parece que, más allá del atinado gesto de la misa, se deberían desandar los caminos plagados de errores de esta década y media, porque solamente con la gente y con una labor profesional y atinada, podemos optimizar al único recurso que hoy tenemos para salir adelante. Hay que hacer. Y hacer en la dirección correcta.

David Uzcátegui
Twitter: @DavidUzcategui
Instagram: @DUzcategui

viernes, 13 de abril de 2018

“Cuando el petróleo no nos alcance”

El pasado mes de enero de este año, el diario El Espectador de Colombia tituló reseñando que la “Producción petrolera de Venezuela cayó casi 12% en diciembre”, según la Organización de Países Exportadores de Petróleo, que es la fuente citada.

La información no sería inquietante si hubiéramos escuchado aquellos consejos de venezolanos que debemos tener muy presentes, como Arturo Uslar Pietri o Juan Pablo Pérez Alfonso. La manoseada frase de “Sembrar el petróleo”, que a muchos pareció tan plausible y que se utiliza cuando conviene; pero que lamentablemente, jamás nadie puso en práctica.

EL hecho es que no solamente no la escuchamos, sino que hoy somos más dependientes que nunca de esa industria. Nos quedamos monoproductores y monoexportadores. Pero lo que jamás se pensó fue en el declive de la productividad de esta industria.

Y para hacer la desgracia completamente redonda, como una tragedia griega, este revés en la principal industria que sustenta al país, se da en momentos en los cuales no podemos echar mano a otro bien nacional.

Por si fuera poco, mientras nosotros nos miramos al ombligo, el mapa petrolero mundial cambia segundo a segundo, y a paso de vencedores. Aparecen nuevos productores, nuevas tecnologías que multiplican la eficiencia de la producción a niveles exponenciales y mucho más allá; mientras de manera paralela el petróleo como fuente energética es sustituida con alternativas como la solar o la eólica. Los carros híbridos y eléctricos ganan terreno de manera impresionante en el mundo entero.

Bien que se dice que es inútil llorar sobre la leche derramada. Pero es que lo que no tiene explicación alguna es el hecho de que Venezuela pase por esto cíclicamente, y vuelva a caer en la misma trampa del inmediatismo sin visión de futuro.

Lo que puede marcar la diferencia en esta oportunidad, es que bien pudiera ser la última vez que vivamos el ciclo.

Como ha sucedido antes en nuestra historia, tuvimos un gran boom petrolero en la década pasada. Y como siempre, obedeció a factores externos, como la invasión a Irak, que disparó a los cielos el precio de los hidrocarburos.

Esa monumental montaña de ingresos ha debido ser aprovechada en educación, en infraestructura. En llenarnos de hospitales, de escuelas, de vías de comunicación. En capacitar personal para la industria turística, en formar docentes, entre tantas otras urgencias. En una palabra: en inversión. Pero no fue así.

Noruega, por ejemplo, llegó mucho más tarde que nosotros a la parranda de la fiesta petrolera. Mientras nosotros ya superamos el siglo de historia en este apartado, los nórdicos apenas llegan a la mitad.

Sin embargo, ellos a punta de ahorro e inversión, ni se enteran de los bajones del mercado petrolero mundial. A nosotros, los predecibles e imaginables altibajos de este negocio, nos afectan casi como una ruleta rusa.

Pero la cosa, insistimos, es que esto va más allá. Ya no se trata de que el petróleo cueste menos. Es, sencillamente, que ahora tenemos menores capacidades para producirlo. Y hasta donde nos alcanza la mirada, no hay Plan B.

Esos fabulosos montos ingresaron, dieron para todo. Hasta para comprar todo lo que consumíamos en el exterior, por solamente dar un ejemplo.  Una conducta que fue como dispararse en el pie, porque hoy no tenemos industria. Y ya no hay divisas suficientes para hacer ese mercado en otras tierras.

En una onda de autocrítica, si algo ha hecho daño a la venezolanidad es ese orgullo por el petróleo. Nos quedamos en lo que ahora se denomina como “la zona de confort”, en un bombeo de pozos que se pensaba iba a ser permanente, algo que se puede entender en la población pero que es una conducta inexcusable para los gobiernos. Para los de antes y para los de ahora. Para todos.

Antes los precios del petróleo iban y venían, con lo cual nuestro sistema económico sufría altas y bajas. Pero ahora es mucho más que eso. Se trata de un cambio en el mercado petrolero mundial, aunado a una merma en las capacidades de nuestra propia industria puertas adentro. En pocas palabras, la tormenta perfecta.

Presumimos de tener las mayores reservas petroleras del mundo, pero sobre este tema cabe una gran pregunta: ¿tenemos la tecnología para extraerlas, procesarlas y comercializarlas? ¿Tenemos al personal calificado? Porque sin estos elementos, dichas reservas no pasan de ser una frase presuntuosa.

Parafraseando al escritor Gabriel García Márquez, ¿se dirige el sistema rentista venezolano hacia una muerte anunciada? Esto debe suceder en algún momento. Si no es por decisión de las autoridades del país, será por el mismo cambio de la dinámica mundial, en la cual no parecemos estar insertados. Sería muy lamentable que ocurriera por la segunda opción. Pero parece ser hacia donde nos dirigimos hoy.

David Uzcátegui
Twitter: @DavidUzcategui
Instagram: @DUzcategui

viernes, 14 de octubre de 2016

"Los precios del petróleo"

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

Todos los venezolanos conocemos un dicho escatológico –aunque gráfico-, el cual denota la mala puntería de alguien. Es algo así lo que está sucediendo con el gobierno venezolano en sus muy vanos intentos por subir a como dé lugar los precios del petróleo.

El comentario viene a propósito de la visita del presidente de la República, Nicolás Maduro,  a Turquía, donde participó del vigésimo tercer Congreso de Energía Mundial en Estambul. La agencia de noticias rusa Sputnik, recoge las palabras de celebración del mandatario sobre su gestión: "Todo un éxito nuestra visita a Turquía", dijo a medios internacionales, tras ofrecer un balance de las reuniones, según informó en su cuenta de Twitter el ministro de Comunicación e Información, Ernesto Villegas.

Sin embargo, nos permitimos dudar, y ello se debe a que las alzas y bajas del petróleo, se deben a bastante más factores que a giras, visitas y acuerdos.

En el pasado, el fallecido presidente Hugo Chávez atribuyó el alza de los precios del hidrocarburo a su agresiva política exterior, sin tener en cuenta una compleja situación geopolítica mundial que empujó aquellos fabulosos precios que no volverán, como se diría en cualquier comercial de televisión. El problema –otro entre tantos- está en que los mismos que inventaron ese discurso, parecen creérselo y hoy aplican una fórmula supuestamente comprobada, pero no tienen éxito.

Sobre el tema, el portal noticioso de Globovisión recoge una frase de Maduro: "Los dueños del petróleo debemos tener el papel de mando en los nuevos mecanismos y garantizar un nuevo ciclo de precios".

Y es un gran problema creer que los precios del petróleo se “mandan”, que la economía obedece órdenes. Ciertamente, existe un mecanismo que es la Organización de países Exportadores de Petróleo, OPEP; que en el pasado, actuando colectivamente como uno solo, logró incidir en los precios petroleros. Pero también es verdad que esa incidencia fue limitada, tuvo un techo, y que los grandes picos del precio de los combustibles se han debido a acontecimientos fortuitos e inesperados, en tanto y en cuanto escapan a la industria.

Industria que hoy por hoy, está por cierto mucho más atomizada al haber entrado al juego diversos actores nuevos, con intereses divergentes y difíciles de coordinar en una estrategia común.

Por otra parte, las realidades de los mismos países OPEP han cambiado y la divergencia de intereses también se siente allí.

Si todo esto fuera poco, debemos apuntar también que aquello de “sembrar el petróleo” que tanto se dijo en Venezuela y jamás fue materializado, sí se convirtió en acción en otras latitudes. Desde el alucinante progreso de Dubai hasta los sólidos ahorros de Noruega, nos recuerdan lo que pudimos ser pero no fuimos.

No son muchos los productores de crudo que se preocupan mayormente por la caída de sus ingresos, ya que supieron administrarse muy bien en tiempos de vacas gordas. Incluso, prefieren que los precios se desplomen porque así desaparecerán de la competencia jugadores menos preparados para la contingencia… como Venezuela.

Y no estamos hablando del imperio, ni de ningún otro fantasma o entelequia que pueda servir como justificación. Hablamos incluso de supuestos aliados, que los son hasta que dejan de serlo, como los dos perros que se consiguen un hueso en el camino. Recordemos, y aquí lo hemos dicho: los países no tienen amigos ni enemigos, sino intereses.

¿A qué se debe la urgencia de los funcionarios nacionales por elevar los precios a como dé lugar? Vaya si lo sabremos los venezolanos, con la colección de penurias que estamos padeciendo.

El rosario de las equivocaciones venezolanas respecto a este asunto, se pierde de vista en nuestra historia, en los tempranos tiempos del siglo XX y tiene que ver con el nacimiento mismo de la industria y su fatal relación con la administración pública.

Y hoy, con una historia centenaria, no mejora nada este enfermo. Ya lo sabemos de sobra: somos un país monoproductor y monoexportador, y nadie ha hecho nada para remediarlo. Ni este gobierno, ni los anteriores, no se escuchó a venezolanos visionarios como Arturo Uslar Pietro y Juan Pablo Pérez Alfonzo, quien llegó a referirse a nuestra principal riqueza como “el excremento del diablo”, en una visionaria frase de las desgracias que iba a acarrear a nuestra patria su mala administración.

Y así fue. No solamente ocurrió la adversidad, sino se dio el lujo de regresar y volvernos a encontrar desprevenidos, más mareados que nunca con los mayores ingresos por venta de petróleo de nuestra historia. Nadie previó el obvio rebote, como si nadie supiera de la industria en el gobierno. Y nadie, desde afuera, le va a lanzar salvavidas alguno a la mal administrada Venezuela. Si se cuenta con eso, están apuntando muy mal.

lunes, 6 de abril de 2015

"La última oportunidad del petróleo"

Por David Uzcátegui
Secretario Nacional de Asuntos Municipales Primero Justicia
@DavidUzcategui

La historia de Venezuela ha estado ligada al petróleo desde tiempos muy remotos, cuando el bitumen se utilizaba para calafatear navíos. Pero es con los albores del siglo XX cuando comienza a asomar el potencial de una industria que terminaría por convertirse en eje de la vida del país. Para bien y para mal.
En nuestro intenso siglo pasado, intelectuales de elevada talla como Arturo Uslar Pietri y Juan Pablo Pérez Alfonzo, hablaron de aquello que para algunos era una bendición y para otros, todo lo contrario. Uslar con su histórico artículo “sembrar el petróleo”, el cual hemos citado desde esta tribuna en diversas oportunidades y que nos dejaba un alerta sobre cómo proceder ante esa riqueza súbita.
Pérez Alfonzo sí fue bastante más escéptico con aquello del excremento del diablo, recordándonos que el codiciado recurso podía volverse en nuestra contra.
Lo cierto es que ya nos encontramos en la segunda década del siglo XXI, una centuria trepidante, don de las realidades mundiales cambian con una velocidad vertiginosa y en la cual de poco sirven muchos conocimientos que se consideraban de vanguardia hace apenas unos lustros.
Esto es particularmente cierto con respecto al petróleo. Los grandes cerebros del mundo se preocupan –y se ocupan- del asunto energético de una manera que contribuye a modificar realidades en lapsos más breves de lo que pueden ser asimilados.
Nos referimos a nuevos actores en la industria petrolera internacional. Productores que hace unos años no existían y que hoy cambian las correlaciones del mercado. También existen nuevas tecnologías. A decir verdad, la avasallante industria petrolera nunca deja de actualizarse y de superarse a sí misma, con lo cual marchamos de sorpresa en sorpresa en cuanto a las posibilidades para extraer y procesar el crudo en el mundo entero.
Sirva toda esta introducción para dejar aquí nuestro alerta sobre el cambio de contexto que enfrentamos como proveedor de petróleo, ya que ahora estamos ante un mercado muy distinto al de hace cinco años. Y a todos los venezolanos nos interesa que nuestra industria sea competitiva.
Pero esto indica que debemos estar preparados para las nuevas oportunidades. Que se impone inversión y actualización tecnológica. Que es necesario el personal mejor calificado para poder dar la competencia a nivel mundial. Que hay que saber de ventas, de mercadeo, del nuevo mapa del consumo mundial. La realidad ha cambiado y hay que asimilar la nueva para poder sacar provecho de las oportunidades que aún existen y de las nuevas que surgen.
Aquello de que Venezuela es un país monoproductor y monoexportador sigue siendo tan cierto como cuando lo aprendimos en la escuela. No escuchamos a Uslar Pietri y aún estamos lejos de tomar en serio a Pérez Alfonzo.
Pues bien, hay que convivir con esta realidad, que no es la ideal pero tampoco es como para rasgarse vestiduras. Tenemos un recurso aún muy valioso para el planeta y este valor aún se extenderá por un rato, aunque las nuevas tecnologías y las modificaciones de los escenarios geopolíticos nos están lanzando la campanada de que las realidades favorables a los países petroleros comienzan a cambiar y hay que reinventarse para provechar las últimas décadas del ciclo petrolero de la historia de la humanidad.
Extraer, procesar, exportar y conseguir la mejor ganancia posible de ese oro negro sigue siendo nuestra tarea, así como la revisión de los destinos que se le dan a esos recursos para crear desarrollo sustentable, es decir, ese aire que nos permita confiar en el crecimiento y desarrollo de Venezuela en los años por venir.
El mapa de nuestras oportunidades ya no es igual y hay que aprender a conocerlo. Todavía no se nos ha cerrado la puerta, pero es mejor que comencemos a actuar como si fuera a suceder más pronto que tarde. La agresividad – en el mejor sentido-, la competitividad, la inversión y la formación son más urgentes que nunca, tanto como la diversificación de intereses de nuestra economía. Aún tenemos una oportunidad.

lunes, 26 de enero de 2015

"A Dios rogando…"

Por David Uzcátegui  
Secretario Nacional de Asuntos Municipales Primero Justicia
@DavidUzcategui

De la muy esperada rendición de cuentas del presidente Nicolás Maduro ante la Asamblea Nacional, destacó una frase que corrió inmediatamente por las redes sociales: “Dios proveerá”. Como dice el refrán, muchos se acuerdan de Santa Bárbara solamente cuando llueve. Y mal podemos criticar quienes somos personas de fe, el entregar una situación extrema en manos del Creador.
Sin embargo, la muy citada frase nos sirve pare entrar a diseccionar la encrucijada en la cual nos encontramos. Si el proveedor, en medio de este revés histórico de la economía va a ser Dios, eso significa que no lo serán ni los rusos, ni los chinos, ni mucho menos la Organización de Países Exportadores de Petróleo.
El silencio también habla, y ante el llamado de Venezuela al cartel petrolero, no se han obtenido declaraciones favorables. Más bien un vacío ha sido la respuesta. El cabildeo de las autoridades criollas tenía como destino un fracaso anunciado, ya que de antemano, naciones como Arabia Saudita habían dicho que habría que acostumbrarse a los precios bajos del petróleo.
Tristemente, hay que asumir que Venezuela es un país con mucha menor influencia de lo imaginado en este asunto. Por más de una década se nos ha vendido la idea de que el chavismo condicionó el mercado petrolero mundial. Pero la realidad es muy distinta. Simplemente corrieron en la dirección del viento y eso ayudó. Y hasta pareció que el viento obedecía a los designios venezolanos.
La abultada alza de los precios petroleros de mediados de la década pasada, obedeció a una serie de factores geopolíticos que favorecieron a nuestra nación como efecto colateral, pero estábamos muy lejos de ser los dueños del circo. Y eso ha quedado demostrado en el revés actual.
¿Quedan cosas por hacer? Sí, muchas. Primeramente, asumir que una vez más no seguimos el casi centenario consejo de Arturo Uslar Pietri: sembrar el petróleo. Y pagar homenaje tardío a Juan Pablo Pérez Alfonzo, quien señalara al mal utilizado recurso como “el excremento del diablo”, por las distorsiones que crea en nuestra economía.
Luego, es llamativa una de las declaraciones ofrecidas por el presidente Maduro en su gira, cuando ofreció llenar de alimentos venezolanos a naciones de tierras desérticas. Ciertamente, nos podemos jactar de esa capacidad; pero evidentemente antes hay que cubrir sobradamente las necesidades de los venezolanos que hoy pierden la paciencia en colas cuya existencia ya ha admitido el mismo gobierno.
Esto se traduce en una sola palabra: trabajar. Y trabajar mucho. Volverse hacia los productores venezolanos, a quienes se les dio la espalda en tiempos de bonanza petrolera, cuando se privilegió la importación, y abocarse a fortalecer el autoabastecimiento del país. Algo que muy bien podría coincidir con la llamada “soberanía alimentaria”, que por estos días no pasa de ser un lema, dada la obvia insuficiencia de alimentos en redes públicas y privadas.
Podemos pues contestar la invocación divina del primer mandatario con otra de igual tono, pero más responsable y efectiva. “A Dios rogando y con el mazo dando”. La providencia nos ayudará si nos encuentra trabajando. No dependemos de los chinos, ni de los rusos, ni de la OPEP, sino de nosotros mismos y de la buen Voluntad Divina, que ayuda a quienes hacen lo que tiene que hacer.
Vamos tarde, muy tarde…Pero siempre será mejor que nunca.
Foto: Agencia Reuters

lunes, 20 de octubre de 2014

¡IN SÓ LI TO!

Es imperdonable que este gobierno haya dilapidado los ingresos petroleros más importantes de nuestra historia y más imperdonable es que haya sido incapaz de resolver los principales problemas de nuestro país. Eso tienen que saberlo todos los venezolanos. Solo un gobierno irresponsable, indolente e insensible es capaz de mentirle a la gente, de jugar con sus necesidades y de desviar y regalar a intereses extranjeros los recursos que debieron convertir a nuestra nación en una potencia económica en el continente.

Hacemos esta reflexión porque durante las últimas semanas hemos visto cómo los precios del barril continúan bajando y, lejos de tomar las decisiones que deben tomar, salen diciendo que están preparados para enfrentar cualquier escenario que pueda presentarse en nuestro país con la caída de los precios del crudo. Eso no es cierto. Lamentablemente este hecho impactará negativamente en la economía de nuestra nación y, por consiguiente, seguirá deteriorando la vida de nuestro pueblo. Cosa que jamás desearemos los que queremos un verdadero cambio.

No olvidemos que este gobierno acabó con la producción nacional e hizo que hoy nuestra Venezuela sea más rentista que nunca. Lastimosamente dependemos de las importaciones para consumir la mayoría de los bienes y servicios que necesitamos y para ello, son vitales las divisas producto de la renta petrolera. Esta es una realidad, que por mucho que se esfuercen en ocultarla, diariamente los aplasta. Sería bueno que expliquen al país ¿con qué dólares importarán alimentos, medicinas y todo lo que necesitamos si siguen bajando los precios del petróleo?

Y no solo es que no habrá divisas para las importaciones, sino que tampoco habrá recursos para mantener las misiones y otros programas sociales. Tampoco olvidemos que hace unos años, con un precio por encima de los 100 dólares el barril, en diferentes ciudades de nuestro país veíamos manifestaciones de profesionales de la salud, de los trabajadores de las Empresas Básicas de Guayana y docentes reclamando su quincena, nuevos contratos colectivos y otras reivindicaciones salariales. ¿Cuántos servidores públicos se verían en la obligación de salir a la calle a exigir sus quincenas si el petróleo continúa bajando?

Si el petróleo sigue cayendo, ¿qué pasará también con las pocas obras de infraestructura social? Más caos. Una verdadera catástrofe y los únicos culpables son Nicolás y los enchufados, que destruyeron nuestra economía con un modelo inviable.


Tal ha sido la destrucción de nuestra Venezuela, que los primeros barcos de crudo importado, jamás comprados por nuestro país, partieron de Argelia y Rusia. ¡IN SÓ LI TO!. Sí, así mismo como lo están leyendo. Con las reservas más importantes del planeta, el gobierno tuvo que importar petróleo, porque nuestra industria petrolera tampoco escapó de la destrucción de este gobierno nefasto.

Esta semana vimos las contradicciones de las que son víctimas. Son incapaces de garantizar la seguridad del pueblo y celebran el 5to ingreso como Miembro No Permanente al Consejo de Seguridad en la Organización de Naciones Unidas, para y que garantizar la seguridad del mundo. Son unos irresponsables. Eso no resuelve los problemas de nuestro pueblo, además que tampoco le interesa. La prioridad de los venezolanos es que el dinero alcance, que aparezca la harina, la leche, los pañales, por mencionar algunos.

Hace días también celebraban con bombos y platillos que la Navidad de nuestro pueblo estaba garantizada porque llegaron unas aceitunas, cuando lo normal en cualquier país del mundo es que el pueblo cuente con todos los productos de la temporada navideña. Una Navidad garantizada es que a nuestro pueblo el sueldo le alcance para comprar los regalos, el estreno y la cena de Navidad y Año Nuevo. Una Navidad asegurada es que ningún venezolano muera en manos de la violencia, que los anaqueles de las farmacias estén llenos de medicamentos para cuando nuestro pueblo los necesite.

Ante una situación tan delicada como la que estamos viviendo, urge convocar a todos los sectores del país, dejar de perseguir al esfuerzo privado y más bien apoyarlo, para activar de una vez por todas la producción nacional. Los recursos de los venezolanos están estancados en el subsuelo, en las tierras y empresas que expropiaron y confiscaron, en cada máquina apagada por este gobierno corrupto. El resto de los países de nuestra América, trabajan con la empresa privada, mientras que este modelo que tenemos aquí las quebró, y las que quedan, las persiguen, las ahogan…

Nuestro país tiene reservas de petróleo para más de 200 años y debemos aprovecharlas en esta etapa, porque no sabemos si en los próximos años habrá otra fuente de energía y el petróleo pierda su valor. Es ahora y no dentro de unos años, que debemos utilizar el petróleo como la palanca estratégica para el desarrollo de nuestra Venezuela y eso solo lo lograremos cambiando este modelo, que ha llevado a nuestra hermosa nación al atraso.

Pero para impulsar el cambio debemos unirnos más que nunca. Esa es la única manera de dejar atrás ese modelo desfasado por un modelo progresista, que brinde confianza, y que deje atrás las amenazas y persecuciones a los productores. Solo unidos impediremos que los recursos de nuestro país sigan cayendo en el saco sin fondo de este modelo corrupto que, por lo menos, se ha robado más de 25 mil millones de dólares.

Esa gente que está en Miraflores no está gobernando, está destruyendo y es nuestro pueblo el único que puede y está obligado a darle un parado a este gobierno abusivo. El pueblo es el que tiene el poder de poner y quitar a sus gobernantes. Es el momento de que nuestro pueblo hable y se exprese. ¡Que Dios bendiga a nuestra Venezuela!

FUENTE: http://blog.henriquecaprilesradonski.com/2014/10/19/in-so-li-to/