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viernes, 7 de septiembre de 2018

"El destino nos alcanzó"

En medio de la vorágine que vive nuestro país, se ha llegado al punto tantas veces evadido -y postergado- del aumento de la gasolina. Y es que no solamente era insostenible su actual situación, sino también impostergable enfrentarla. Lo lamentable es que se haya tenido que llegar hasta aquí para intentar que pasara por debajo de la mesa, ya que todos estamos pendientes de demasiados asuntos en esta nación que parece escaparse de las manos. 

Sobre este tema tan espinoso, hay muchos puntos que aclarar. Y otros tantos que probablemente nunca se aclaren. Pero empecemos por los primeros. 

Tenemos que comenzar recordando que el aumento de los combustibles se convirtió en un tabú en nuestro país desde el tristemente recordado Caracazo, cuando una medida similar, tomada sin las previsiones necesarias, terminó convertida en una trágica y dolorosa protesta de calle. 

Desde aquel momento, se metió en el congelador una y otra vez la iniciativa de reajustar los precios de la gasolina, a pesar de la creciente inflación, que no es para nada nueva en nuestra historia, pero que en los últimos años se ha desatado a niveles exponenciales. 

Siempre se ha hablado de que los venezolanos tenemos la gasolina más barata del mundo. Una verdad del tamaño de las pirámides de Egipto. Y lamentablemente, hemos volteado hacia otro lado cuando se trata de confrontar el hecho de cuánto nos ha perjudicado esa costumbre. 

Durante muchos años, la economía de nuestro país ha reposado sobre la creencia errada de que merecemos tener la gasolina más barata del mundo por el hecho de ser un país productor de petróleo. Es un argumento que sin duda tiene una base de sustento lógico, pero que también es discutible, si partimos del hecho de que los demás países productores pagan sus combustibles a precio de mercado. Sin embargo, hay que subrayar como contrapartida que los ingresos de sus ciudadanos también son comparables a monedas duras internacionales. 

Tomemos el ejemplo de Noruega, otra nación productora y exportadora de petróleo. Es el país más desarrollado del planeta. El Índice de Desarrollo Humano, presentado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, lo ubicó primero con un puntaje de 0.949 sobre 1.

Es un país de economía de libre mercado, controlada por el Estado, que ostenta también una de las administraciones públicas más transparentes del mundo. Sus impuestos son elevados y diversos, pero se traducen de manera tangible en bienestar para la población y en seguridad social, por lo cual también ocupan el puesto número 1 en el índice de naciones felices, otro indicador auspiciado por las Naciones Unidas. 

Comparados con todos estos hechos, podemos decir que no somos noruegos. El mismo recurso natural ha llevado a las dos naciones por caminos diametralmente opuestos. ¿Por qué? 

Si bien hay que decir que el aumento de la gasolina en Venezuela era impostergable, también debemos comentar que se aumentó en el peor momento. Tanto la nación como sus ciudadanos se encuentran en la situación de vulnerabilidad más extrema que recuerde nuestra historia. Si por un lado la comparación de la gasolina con los precios internacionales es válida y lógica, no es para nada pertinente hacerla cuando lo que ingresa a los bolsillos de nuestra gente no le llega ni de lejos a lo de otros países. 

Habrá quien diga entonces que para ello se crearon mecanismos como el llamado carnet de la patria, subsidios y demás alternativas. Todas ellas lucen engorrosas y complicadas y desde nuestro punto de vista terminarán generando nuevos dolores de cabeza que traerán complicaciones adicionales a un día a día que ya tiene elementos perturbadores de sobra. 

¿Cuál es entonces la alternativa? Exponerla es tan larga y compleja como lo ha sido explicar el problema, pero podemos resumirla en dos palabras: productividad y libertad. 

Es desquiciado que los consumidores paguen por llenar su tanque un precio inferior al que costó producirlo. Pero, para que se paguen precios internacionales, nuestra economía debe ser permeada por todos los parámetros del mercado internacional. Con todas sus ventajas y desventajas. Para atenuar estas últimas, está el Estado, como en esa Noruega que toma buen cuidado de sus ciudadanos gracias justamente a los ahorros que ha logrado producir la renta petrolera. 

Una administración pública eficiente y transparente, una invitación a la iniciativa particular para que sea productiva, asociarse con ella como gobierno para multiplicar el bienestar de la gente y que todos tengamos en los bolsillos las cantidades necesarias para pagar bienes y servicios. Eso sería por supuesto el país ideal.

A estas alturas, nos preguntamos: ¿aún será posible? ¿O hemos marchado demasiado lejos en la dirección contraria? ¿Ya nos alcanzó el destino?

David Uzcátegui
Twitter: @DavidUzcategui
Instagram: @DUzcategui

viernes, 3 de agosto de 2018

“Venezuela y gasolina”

Ha llegado el día inevitable. Ese, de la arruga que se había corrido insistentemente. Venezuela tiene que revisar el precio de su gasolina.

El tema se había convertido en un temible tabú desde hace casi treinta años, cuando en el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez se intentó sincerar una economía venezolana donde el subsidio era la norma y se estaban creando enormes distorsiones.

En aquel año de 1989 sucedió el llamado Caracazo, cuando en el marco de una serie de reajustes económicos se incrementó el precio del combustible, lo que llevó a su vez a subir el de los pasajes y finalmente detonaron una serie de protestas de calle.

Como dicen, el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones. Ese intento de equilibrar los malos hábitos económicos que arrastraba Venezuela, fue lamentablemente implementado de manera inadecuada en muchos sentidos, y desde entonces se le agarró lógico miedo a la tarea. Una tarea que quedó pendiente por casi tres décadas.

Sin embargo, cabe preguntarse: ¿se solucionará ese asunto tan postergado con las medidas actuales?

Lo cierto es que, al día de hoy, nos encontramos con el hecho de que el combustible en nuestra tierra verá cambiar sus precios de manera notable, en el marco de una segunda reconversión monetaria, esta vez eliminando cinco ceros a la moneda. Esto, aunado a los tres que se le quitaron en la década pasada, haría un total de ocho.

Ciertamente, parece que la administración actual no encontró mejor momento ni mejor motivo para enfrentar el temido y postergado tema de la gasolina. El precio que veíamos pagando se hace inmanejable en la nueva moneda. Y esto es apenas una de las muestras de los desajustes que presenta la economía venezolana, uno de los síntomas de lo profundamente enferma que se encuentra.

Primeramente, hay que decirlo, todos los países productores de petróleo pagan su combustible en el mercado interno a precios internacionales. No hay privilegio alguno para ellos.

En segundo lugar, es cierto que el mercado venezolano se abastecía a pérdida desde hace mucho tiempo. La ilusión saudita que ha empañado la sinceridad de lo que sucede en nuestro país no es para nada nueva y se pierde en la memoria. En esta oportunidad, el gobierno tiene su punto de razón.

Sin embargo, pareciera que las distorsiones económicas nos han llevado ya demasiado lejos. Y hablamos de esas distorsiones sembradas hace ya mucho tiempo, que entre otras consecuencias, convirtieron la revisión de los precios del combustible en un asunto a ser eternamente evadido.

Es aquí donde cabe la pregunta: ¿vamos finalmente bien? Respondemos de inmediato: no lo creemos.

Lamentablemente, esta revisión de los precios de la gasolina llega en un panorama económico adverso y desolador. Aún está muy lejos de llegar a los precios internacionales, pero por otro lado la capacidad de compra del venezolano está tan golpeada por la recesión que, aún manteniendo el aumento en niveles conservadores, se hace muy cuesta arriba pagarlo.

Siempre lo hemos dicho y no nos cansaremos de repetirlo: la verdadera prosperidad para un país se construye desde las libertades a la iniciativa particular, aupadas por un gobierno que se asocie en ello, creando el clima y las iniciativas necesarias para la confianza.

Lamentablemente marchamos en el sentido exactamente contrario desde hace demasiado tiempo y no vemos señal alguna de corregir este error histórico.

Reconversión monetaria y ajuste de precios de combustibles serán tragados por el pantano de los desbalances administrativos del país, y creemos que en muy corto plazo si no se cambia de rumbo.

También caben interrogantes ante el hecho de pretender imponer la intermediación del llamado Carnet de la Patria para tener acceso al suministro de combustible, ya que se trata de otra restricción más a las libertades. ¿es esto realmente necesario? ¿Qué hay tras esta propuesta?

Porque en el funcionamiento deseable de toda economía, cada ciudadano tendría libre acceso a cuanto combustible necesitara, y tendría cómo pagarlo, gracias a sus propios ingresos.

Vale acotar que en ningún lugar del mundo la gasolina es “barata”. En ninguno, excepto en Venezuela. En todas partes se cuida su consumo. El mundo entero busca energías alternativas, no solo por el costo sino también por la contaminación al ambiente.

Sin embargo, este nuevo escenario que se nos presenta resuelve muy poco desde nuestro punto de vista. Una decisión que debió tomarse hace años y como parte de medidas más complejas y absolutamente distintas, llega en el marco de un país exhausto y sin músculo para abordar sus propias e impostergables transformaciones. Incluso las que serían para su propio bien.

David Uzcátegui
Twitter: @DavidUzcategui
Instagram: @DUzcategui

jueves, 12 de julio de 2018

“A Dios rogando”

Hace pocos días, la prensa nacional nos sorprendió con un titular bastante inesperado e inusual: la compañía Petróleos de Venezuela, convocó a una misa para orar por el incremento de su producción.

Reseñan las informaciones que la ceremonia se efectuó en la sede de la empresa y que la eucaristía fue impartida por el sacerdote de la iglesia La Resurrección del Señor de Caricuao, Pablo Urquiaga.

Según recoge el órgano informativo Petroguía “La recuperación de Pdvsa es también la recuperación de todo el país”, fue lo que dijo el sacerdote durante la misa. Una verdad -nunca mejor dicho- del tamaño de un templo.

El gesto ha sido criticado por muchos. Incluso, la nota fue retirada de la página web del Ministerio del Petróleo. Se argumenta que dejar la solución de la baja en la producción petrolera a factores intangibles, es por decir lo menos, una pérdida de tiempo.

De nuestra parte, sin embargo, sí pensamos que se puede rescatar el gesto.

Podría tomarse como una necesaria y esperada reconciliación de quienes hoy gobiernan con la vapuleada iglesia católica, que ha sido objeto de señalamientos y ácidas críticas desde hace muchos años por parte del poder.

Además, hay que señalar la humildad que se puede leer en el hecho, ya que se puede entender que la complejidad de la situación nacional -no solamente de la petrolera- necesita del reconocimiento de un poder superior para comenzar a encontrar una salida. Y esta iniciativa, creemos, bien podría simbolizar el inicio de esa búsqueda.

También, implícitamente, se reconoce algo que oficialmente se ha negado de manera reiterada: el declive de la producción petrolera nacional. Si el propio organismo a cargo de esa medular tarea organiza una misa para pedir por su incremento, queda claro que lo que se produce ahora mismo es insuficiente.

Como dato relevante, vale citar un despacho de la agencia internacional de noticias Reuters, fechado el 21 de mayo de 2018, que dice: “La OPEP está observando con atención el descenso en la producción petrolera de Venezuela para evaluar si la pérdida de suministro del país miembro amerita tomar medidas, dijeron fuentes en conocimiento del tema”. Un dato que confirma que los motivos para convocar a la misa no solamente son reales, sino noticia internacional.

Y por supuesto, estamos hablando de nuestro único recurso, en el cual se centró exclusivamente la fe gubernamental para sostener al país, y que no se usó en la época de las vacas gordas para asegurar educación, salud, seguridad, infraestructura y tantas horas necesidades que hoy nos aquejan, y que no hubieran llegado la los niveles actuales si hubiéramos contado con un poco de planificación.

Sin embargo, nunca ha sido mejor momento para recordar aquel refrán, tan manoseado como cierto, que reza: “A Dios rogando y con el mazo dando”.

Reiteramos que nos parece una noticia muy positiva la empatía de los funcionarios nacionales con la rica vida espiritual que siempre ha detentado el venezolano, especialmente si viene de manos del cristianismo, fe que profesamos una enorme mayoría de los habitantes de este país y que, a nuestro modo de ver, también contiene profundas y certeras enseñanzas que nos pueden ser sumamente útiles en tiempos tan adversos.

Sin embargo, también hay que acompañar la fe con hechos. Y eso significa entre otras cosas, mirar puertas adentro de nuestra compañía petrolera. La misma que ha dejado escapar su capital humano durante más de tres lustros, para que brille en otras tierras, demostrando cuánto conocen del negocio los venezolanos que se formaron en esta industria, en este país.

Si algo ha desestimado esta administración, es al capital humano. Hace unos cuantos años, en PDVSA circulaba una palabra que muchos recordarán: meritocracia. Significaba, ni más ni menos que ascender por méritos, por merecimiento. Conocer y aportar esos conocimientos, la experiencia.

Sin embargo, la palabra y el hábito mismo fueron satanizados. Aquel encontronazo entre el gobierno y la gente de PDVSA, hace más de 15 años, dejó marcada a la compañía. Hoy, tras una inútil terquedad, vemos los resultados.

Estamos muy lejos de conocer a fondo la compleja industria, más allá de seguir su desempeño como venezolanos, porque todos deberíamos estar al tanto de cómo se desenvuelve una operación industrial que nos pertenece a todos, y que, para bien o para mal, es nuestro sustento en este momento. Y no hay otra alternativa.

Sin embargo, nos parece que, más allá del atinado gesto de la misa, se deberían desandar los caminos plagados de errores de esta década y media, porque solamente con la gente y con una labor profesional y atinada, podemos optimizar al único recurso que hoy tenemos para salir adelante. Hay que hacer. Y hacer en la dirección correcta.

David Uzcátegui
Twitter: @DavidUzcategui
Instagram: @DUzcategui

viernes, 15 de junio de 2018

“Cada vez será peor”

Si bien el actual panorama general de Venezuela inquieta -y con sobrada razón- a muchos, lo más perturbador es el hecho de que esta situación no sea abordada con celeridad y efectividad por quienes hoy están al frente del país.

Y queremos subrayar este asunto, porque desde nuestro punto de vista, no es tan grave el hecho de que nuestros indicadores como nación muestren cifras negativas, si lo comparamos con lo que pueden llegar a ser en el corto plazo. O peor aún, a largo término, si se insiste en la equivocada política de negarlos, de esconderlos y por tanto de no accionar para superarlos y encauzarnos positivamente.

Debemos recordar que Venezuela cerró 2017 con una caída del Producto Interno Bruto de 15%, según cálculos de la comisión especializada de la Asamblea Nacional, especializada en el tema.

La cifra fue suministrada en su momento por el diputado Rafael Guzmán, miembro de la Comisión de Finanzas del Parlamento, que se ha encargado de difundir indicadores económicos, debido a que el Banco Central de Venezuela no los publica con la regularidad esperada.

Los cálculos del Fondo Monetario Internacional en su última proyección sobre la actividad económica de Venezuela, están bastante cercanos a los números de la AN. El organismo señala que el país sufrirá una caída del 15% del PIB en 2018. El año pasado -según ellos-, la caída de este indicador fue del 14%, apenas un punto porcentual de diferencia con el citado por el diputado Guzmán. Vamos a promediarlo en 14,5% como solución salomónica.

Mientras tanto, en 2016 -siempre según el FMI- el descenso fue del 16,5%. En total, la actividad económica del país se ha reducido un 45,5% en tres años, si es que se cumple la estimación para el período en curso. En el último lustro, de acuerdo a esta fuente, el país ha perdido la mitad de su Producto Interior Bruto.

A esto se une una inflación que ya superó las cinco cifras anualizadas y que, para esta misma entidad, se debe a "profundos déficits fiscales y la pérdida de confianza en la moneda nacional". En otras palabras, los elementos para una tormenta perfecta están todos servidos.

De manera paralela, y como lo hemos comentado en semanas anteriores en este mismo espacio, la producción y venta de petróleo también sigue descendiendo. Y no estamos descubriendo el agua tibia ni diciendo ninguna novedad.

De acuerdo con la información suministrada por las autoridades venezolanas a la OPEP y citada por el Diario Las Américas, en febrero de este año el país produjo 37% menos petróleo respecto a febrero de 2016.

Según el experto petrolero José Toro Hardy, con la producción disminuida, el impacto del incremento de los precios petroleros en el ingreso por exportaciones de hidrocarburos es definitivamente pequeño.

Tras esto se encuentra sin duda el terrible ciclo perverso de la economía venezolana, el cual no es otro que malgastar la bonanza petrolera, para que los tiempos adversos nos sorprendan siempre, una y otra vez, sin ahorros.

Sim embargo, en esta nueva reedición del eterno error nacional hay un agravante: de Petróleos de Venezuela fueron expulsados miles de trabajadores calificados. Los sustituyeron por personal sin conocimiento del área petrolera, pero incondicionales a una parcialidad política. Esta decisión errada significó el sepelio de la PDVSA productiva. Todo ello explica el escenario en el cual se encuentra estancada hoy nuestra patria.

Pintamos todo este panorama de causas y consecuencias para llegar a una conclusión: la recuperación de Venezuela costará dinero, mucho dinero. Un dinero que no tenemos, que cada vez producimos en menor cantidad. Un dinero que tendrá que venir de fuentes externas, de financiamiento.

Un dinero que costará cada vez más, porque lo que se llama el riesgo-país es cada vez mayor. Estamos hablando de todo riesgo inherente a operaciones transnacionales y, en particular, a los financiamientos de un país a otro. Sin entrar en detalles, tenemos el más alto del mundo, el único con cuatro cifras.

Cada vez necesitaremos más, cada vez produciremos menos, cada vez será más costoso en términos de confianza e intereses el abordar esas ayudas ineludibles. Estamos hablando, por supuesto, en caso de seguir por este sendero que ya ha demostrado desde hacer rato estar equivocado, por ser inviable y por atentar contra la más elemental calidad de vida de los venezolanos.

¿Hay solución? Sí. Como expresara el economista Jesús Casique en su cuenta Twitter: “La hiperinflación durará el tiempo que el Gobierno decida cambiar el modelo económico”. La solución es extremadamente sencilla: es tomar una decisión. Es dar un golpe de timón y cambiar de rumbo. Pero para ello, se necesita la voluntad de quienes tiene en sus manos la posibilidad de tomar dicha decisión. ¿La hay? ¿Y los cambios para cuándo?

David Uzcátegui
Twitter: @DavidUzcategui
Instagram: @DUzcategui

viernes, 24 de noviembre de 2017

“Pdvsa”

La reciente detención por presunta corrupción de seis funcionarios de CITGO, la Filial de Petróleos de Venezuela en Estados Unidos, abre una discusión sobre lo que puede estar sucediendo en la empresa más importante del país, prácticamente nuestra única fuente de ingresos como nación.

Más allá de lo que puedan arrojar estas investigaciones a los implicados, cabe tomar el momento como el adecuado para hacer un llamado a tomarnos muy pero muy en serio a esta empresa, que, dado lo medular que es para nuestra supervivencia, debe ser administrada rigurosamente y con criterios de la más absoluta excelencia, con el fin de poder confiar en ella como pilar fundamental de la economía nacional.

Según la versión oficial, los funcionarios señalados habrían renegociado las deudas de CITGO en condiciones adversas a los intereses nacionales, colocando sus activos en Estados Unidos como garantía. Adicionalmente, la versión oficial ha dado a conocer que el intermediario de la negociación obtuvo un beneficio del cinco por ciento del monto refinanciado, también en detrimento del patrimonio venezolano. 

Este es una situación que apenas se inicia y por lo mismo, falta mucho por saber al respecto. Sin embargo, tomando lo poco que sabemos como una hipótesis, cabe preguntarse cuántos desatinos administrativos se estarán cometiendo puertas adentro de lo que muchos han dado en llamar “La gallina de los huevos de oro” de Venezuela y eso es también extrapolable a toda la administración pública, en momentos en los que la economía nacional está atravesando por una etapa extremadamente delicada. 

Este caso sale a la luz pública en medio de una anunciada cruzada anticorrupción que ya ha implicado a unos cincuenta funcionarios al momento de escribir estas líneas. 

No queda más que otorgar el beneficio de la duda a esta iniciativa, ya que, visto el avasallante poder que ha ostentado el oficialismo en estos años, no hay otra manera de atajar estos males y otros tantos, que no sea una rigurosa auto revisión y acciones que vengan desde el mismo seno gubernamental. 

Sin embargo, es lamentable –en medio de esta situación- el enfrentamiento entre los poderes Ejecutivo y Legislativo que ha marcado la vida pública nacional es que, en diciembre de 2015, la Asamblea Nacional fuera ganada por una clara mayoría no afecta al oficialismo, lo cual sería lo deseable en cualquier lugar del mundo, para hacer real el equilibrio de poderes ideal que es la base de la verdadera democracia. 

Y decimos esto, porque se trata de una instancia contralora por excelencia, cuyo deber está enfocado justamente en meter la lupa a este tipo de situaciones. 

Justamente, a raíz de toda esta situación, el parlamento aprobó un acuerdo en el que le pide al gobierno nacional un plan de gestión para atender la situación de la industria petrolera en el país, que incluye también que se plantee la forma en la que se gestionará la deuda externa de Pdvsa, detonante del caso que nos ocupa.

El Legislativo también solicita al gobierno nacional información sobre la administración de la petrolera y sus filiales, debido a que hay incertidumbre sobre el manejo de la compañía, demostrado por estas mismas informaciones ocultas que salen hoy a la luz.

 El Parlamento quiere revisar también los controles sobre la actividad petrolera y que se le informe sobre la cantidad de bienes que posee la empresa, según el acuerdo emanado de esta reciente sesión.

Al parecer, e insólitamente, hay en este caso coincidencias de puntos de vista entre la AN y la Fiscalía General de la República, cosa que es toda una novedad en medio de los virulentos enfrentamientos entre poderes que han caracterizado a nuestra patria en los últimos quince años. 

Si no nos viéramos como enemigos, más allá de los puntos de vista radicalmente opuestos sobre cómo llevar a buen puerto a la maltrecha Venezuela de la segunda década del siglo XXI, podría existir entre ambos poderes una coordinación y una colaboración que tuviera como fin último el bienestar de todos. 

Y esto es un llamado para que tan importante instancia vuelva a ocupar su lugar en la estructura de poder nacional, lo cual no puede sino beneficiarnos a todos. 

Una situación tan delicada, requiere de pluralidad para ser manejada, en principio porque todos los venezolanos merecemos por derecho tener representantes que nos rindan cuentas de estos casos, visto que todos, por el simple hecho de ser venezolanos, somos accionistas de PDVSA, así como de toda la administración pública nacional. 

Quizá este sea el momento y la circunstancia, no solamente para sanear la administración pública nacional, sino también para ordenarla y para entregar cuentas de su manejo a todos los venezolanos.

David Uzcátegui
Twitter: @DavidUzcategui
Instagram: @DUzcategui

viernes, 25 de noviembre de 2016

"Un retraso inquietante"

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

La petrolera estatal venezolana Petróleos de Venezuela ha atraído sobre sí la atención de los mercados financieros mundiales, al difundirse la noticia de que presuntamente no habría cumplido con recientes pagos pendientes de sus bonos, según reconocidas fuentes informativas.

En contrapartida, la empresa en cuestión emitió un comunicado de prensa en el cual aseveran que la mayoría de esos compromisos sí se habían cumplido y que los que faltaban por ejecutarse se contratarían dentro de un periodo prudencial.

“Se informa a todos los tenedores de los Bonos PDVSA con vencimientos al 2021, 2024 y 2026, que, de acuerdo con las condiciones preestablecidas en los papeles emitidos en noviembre de 2011, noviembre de 2013 y mayo de 2014 respectivamente, ya se efectuaron los pagos de intereses, correspondientes al semestre terminado en noviembre de 2016”, es lo que informa escuetamente la petrolera estatal en una nota informativa.

Sin embargo, la nota que citamos también señala que “En relación con el Bono PDVSA con vencimiento al 2035, emitido en mayo de 2012, se informa que el pago de intereses, correspondiente al semestre terminado en noviembre de 2016 se encuentra en proceso de ejecución, según los términos y condiciones que establecen los lapsos previstos en esa emisión”. Con lo expuesto, queda abierta la observación al cumplimiento de esta última obligación, la cual está pendiente hasta el momento, según la misma empresa.

Más allá de las paranoias guerreristas del liderazgo oficialista, algún inusual movimiento –o quizá más bien la ausencia del mismo- llamó la atención de quienes siguen estas transacciones y despertó una suerte de alerta amarillo sobre la otrora prestigiosa petrolera.

Lo cierto es que, en paralelo, reportes del pasado lunes 21 de Citi - agente de pagos- y de Clearstream, Pdvsa solo ha pagado 135 millones de dólares del bono Pdvsa 2026 de cupón 6 %, mientras que los otros fondos aún están pendientes. Quedará por ver si el pago que la petrolera alega haber realizado es este que citamos y que sería parcial.

Un asunto inquietante es que según la misma fuente, “Pdvsa no ha respondido a nuestras llamadas o correos electrónicos", y sobradamente se sabe que en medio de una situación tan delicada, la comunicación y dar la cara son acciones imprescindibles.

Si bien es cierto que aún no habría por qué alarmarse y que existe un período de gracia para hacer dichos pagos, las conjeturas comienzan a multiplicarse internacionalmente, ante el bien conocido y complejo panorama de nuestro país, en medio del cual sucede este desencuentro.

Es cierto que sí existe un período de gracia para postergar hasta por 30 días el pago en cuestión, el cual asciende a aproximadamente 539 millones de dólares y corresponde a intereses de los bonos con vencimientos en los años 2021, 2024 y 2035, según la firma JP Morgan en una nota que emitió para sus clientes.

Sin embargo, hay que recordar como antecedente, que el actual gobierno ha sido sumamente cuidadoso con sus obligaciones financieras internacionales, incluso sacrificando el bienestar interno del país para cumplir con sus acreedores, en una decisión que desdice sus prédicas contra lo que denominan el “capitalismo salvaje”, con el cual habían cumplido de manera inmaculada, al menos hasta ahora.

Por lo tanto este compromiso que, a decir de varios informantes ha caído en mora desde la semana pasada, tiene aún el chance de ponerse al día sin que ello se considere como un incumplimiento. Mientras esperamos a ver qué va a suceder en este caso, es imperativo pasearse por algunas consideraciones.

Nuevamente se produce un forcejeo informativo entre importantes fuentes del tema y las instancias gubernamentales venezolanas, reiterando el desgastante enfrentamiento que existe entre la administración actual y entes con quienes las relaciones deberían ser cordiales, por mutua conveniencia.

La visión militarista del universo que se empeñan en adelantar quienes hoy gobiernan, hace mucho más mal que bien al país. La pugna constante quizá sean vistos por algunos como terreno fértil para sacar ganancias –no podemos imaginar cuáles serían- mientras en paralelo cosechamos numerosos contratiempos.

Por ejemplo, el daño que se le ha hecho a la reputación del país ya que cualquier visión que acreciente el riesgo asociado a nuestra patria, será pagada en dinero contante y sonante; bien sea en aumento de intereses de nuestros compromisos financieros, directamente proporcionales al riesgo-país que representemos; o simplemente en el ahuyentamiento de eventuales inversiones que podrían tocar a nuestras puertas, pero prefieren no hacerlo ya que pueden optar por territorios menos belicistas y donde las reglas del juego estén más claras. Y sobretodo, donde se respeten.

sábado, 24 de septiembre de 2016

“Pdvsa pide taima”

 David Uzcátegui
@DavidUzcategui

El recién anunciado canje de bonos de Petróleos de Venezuela, no hace sino confirmar un secreto a voces que los especialistas han detallado y documentado: las cuentas de la petrolera nacional no están en su mejor momento.

Y es justamente la misma empresa la que lo corrobora ahora, con esta “corrida de arruga” de una de sus obligaciones.

Para explicarlo de manera sencilla, Pdvsa emite bonos que son vendidos en mercados internacionales con el fin de recaudar recursos para optimizar su desempeño. Suponiendo que –como debería ser- este desempeño óptimo deje los números en azul, obviamente a los inversionistas les es devuelto el monto de su inversión más una ganancia en un lapso determinado.

Sin embargo, la compañía emisora ahora está proponiendo a los tenedores de estos papeles postergar la fecha de vencimiento de 2017 a 2020, a cambio de otorgar un beneficio aún mayor: 8,25 % en lugar de 5,5 %. El gobierno ha hecho la salvedad de que el canje es voluntario; pero la noticia ha sido recibida con frialdad por los mercados, según reportan especialistas.

Para quien no haya elegido la negación como alternativa ante la situación del país, no es difícil suponer por qué sucede esto. Las cuentas del ente petrolero, así como las de la administración pública nacional, no están bien. Y los venezolanos lo sabemos. Sería largo y complejo abordar a fondo los motivos de este sobresalto; pero en líneas generales, es la consecuencia de administrar desatinadamente los recursos.

En todo caso, lo interesante –visto desde afuera- es que esta situación enciende las alertas ante el verdadero estado de la petrolera. La nación, una vez más, ha cometido el error de poner todos los huevos en la misma canasta. Error que fuera advertido décadas atrás por venezolanos visionarios como Arturo Uslar Pietri y Juan Pablo Pérez Alfonzo.

Nuestros actuales administradores han colocado la confiabilidad de los pagos por encima del bienestar de la gente, una decisión criticada en sus propias filas. Una encrucijada que no debería existir. Un buen gobierno es capaz de asegurar el bienestar de su pueblo y cumplir sus obligaciones financieras. Es decir, no necesita pedir taima.