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viernes, 12 de mayo de 2017

¿Constituyente comunal?

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

En una sociedad ampliamente fracturada y descompuesta como la venezolana, cualquier evento que cite a los ciudadanos en comicios contribuye a bajar la tensión y a buscar soluciones.

Por ello, es enorme la mayoría que ha alzado la voz ante la confiscación del referendo revocatorio presidencial que nos tocaba; así como frente a la reiterada postergación de las elecciones regionales.

Evidentemente, este par de maniobras han sido adelantadas por el gobierno ante la certeza de que no hay manera humana de que los resultados les sean favorables.

Por ello, llama de entrada y enormemente la atención el hecho de que sean ellos mismos quienes pongan ahora en la mesa, una Constituyente.

Entre las discusiones que ocupan a diversos sectores de las fuerzas democráticas, la Constituyente ha sido un tema presente desde hace años, de cara al profundo daño que se le ha hecho al país en estas dos décadas.

Es el oficialismo el que siempre ha estado negado a esta opción, anclado en lo que han llamado “la mejor Constitución del mundo”. A la cual, por cierto, han intentado hacerle diversas enmiendas y reformas, básicamente dirigidas a perpetuarse en el poder.

Por eso sorprende que la iniciativa parta ahora desde el poder. Nunca pierden las capacidades de sorprendernos. La mejor Constitución del mundo, ya no sirve. Así de daño se le habrá hecho a Venezuela.

Pero por supuesto, hay que ver el anverso y el reverso. Y no hace falta meterle mucha lupa para descubrir que, una vez más, quieren hacer las cosas a su manera.

La tolda roja se ha inventado esta vez una particularísima Constituyente a su medida, que de manera descarada ignora los procedimientos para adelantar este procedimiento, por demás legal siempre y cuando sea apegado a los supuestos que lo conforman. Lo cual – vaya sorpresa- no es el caso.

La Constitución de 1999 nació de un proceso que se inició con un referendo en el cual los votantes convocaron el proceso constituyente, luego se fue a elecciones de constituyentistas que redactaran el nuevo texto y, finalmente fue aprobado en otro referendo.

En aquel momento, la elevada popularidad del presidente Hugo Chávez logró que una amplia mayoría de los redactores de la Constitución le fueran afines, lo cual aunado a algunas triquiñuelas matemáticas –el “KinoMerentes” le garantizó que los constituyentistas prácticamente se dedicaran a tomar dictado de sus deseos.

De hecho, no tuvo empacho en presentar una Constitución propia, que dijo haber redactado él mismo y que dejó en manos de los asambleístas como una propuesta. Propuesta que, sabíamos, era una orden.

Sin embargo, detalles más, detalles menos, se cumplió con un proceso que revistió legitimidad, al menos en las formas.

No es el caso actual.

Para comenzar, no se debe perder de vista que la autodenominada revolución está lanzando esta propuesta en el momento de más baja popularidad de su historia.

Por ello, no se debe obviar un detalle que invalida del todo esta idea: se pretende eliminar la elección universal, directa y secreta.

Se piensa convocar a un cuerpo afín al gobierno para que redacte el nuevo texto, con una suerte de delegados o intermediarios que elijan a estos redactores y que por supuesto, sean afines a la ideología roja-rojita. Y evidentemente, los referendos para convocar el proceso constituyente y aprobar la nueva Carta Magna, brillan por su ausencia.

Por otro lado, se empastela aún más el asunto, al decir que esta Constituyente no es para redactar una nueva Constitución, sino para “reforzar” la actual. Constituyente es para Constitución nueva, no para borronear la existente; no hay vuelta de hoja.

Desde esta esquina, pensamos que debemos recoger el guante del gobierno e ir a Constituyente, siempre y cuando se cumplan todos los supuestos legales para su convocatoria. Es inaceptable que ningún gobierno fije los parámetros para este proceso.

A estas alturas de la historia de Venezuela, el desquiciado proyecto político que han pretendido imponernos, está comprobadamente fracasado. Llevan las de perder, y menos que nunca tienen autoridad para imponer los parámetros que pretendan sacarnos de la crisis que ellos mismos crearon.

Una Constituyente real, en los marcos legales, es una solución a la más trágica crisis que haya padecido Venezuela en su historia. La refundación de una República consumida hasta sus cimientos por una nefasta administración, es hoy más necesaria que nunca.

Pero no serán quienes cargan con la culpa de semejante tragedia quienes pongan las reglas. No serán quienes llevan las de perder los que manejen el proceso. Será la ciudadanía, desde su sentir actual, quien dé el visto bueno a cada fase de este camino a recorrer. ¿Se atreverán quienes gobiernan hoy a pasar por esta prueba de fuego?

jueves, 27 de octubre de 2016

“Unidad definitiva”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

La insostenible situación que padece Venezuela ha llegado sin duda a un punto de no retorno. El hecho de que todas las instituciones del país hayan cerrado filas para obstaculizar el referendo revocatorio presidencial, al cual los venezolanos tenemos derecho gracias a nuestra Constitución Nacional, deja claro que en nuestro país no hay independencia de poderes.

A esta afirmación se le escapa la honrosa excepción de la Asamblea Nacional, elegida recientemente, ya en el clímax del desencanto que padecemos todos los venezolanos, ante las desatinadas actuaciones de un gobierno devorado por su propia impericia, y en un evento electoral en el cual privó sin duda el voto castigo, una sanción meridianamente clara para quien han traicionado el mandato popular que recibieron tiempo atrás y que no han sabido honrar.

Sin embargo, hoy no solamente estamos todos de acuerdo en que hay que colocar un punto final legítimo y constitucional a esta equivocación histórica. Además se nos unen gruesas masas que hasta ayer creyeron en un proyecto que enarboló las banderas de la reivindicación del pueblo y que en el camino se desvió hacia ideologías atrasadas y hacia utilizar las más fabulosas riquezas de nuestra historia para atornillarse indefinidamente en el poder, aún a costa del hambre, de la salud y de la vida de los venezolanos.

Y volviendo al patrimonio democrático que los venezolanos de hoy tenemos en nuestro nuevo parlamento, no olvidemos que es la institución más legítima del país, al ser elegida por el voto popular y no designada a dedo; amén de que dicha votación es reciente y por lo tanto interpreta el sentir actual de la ciudadanía.

En manos de nuestros diputados está el exigir cuentas a los demás poderes, incluida la Presidencia de la República, cada vez que se desvíen de la fidelidad al mandato popular que los colocó donde están, como es el caso de la lamentable situación que hoy acontece.

Corresponde el blindaje de esta institución a la ciudadania, a la misma que la puso donde está, e incluso a quienes no votaron por ellos pero no por ello dejan de respetar los valores democráticos y justamente por eso se sienten cada vez menos representados por quienes hoy gobiernan.

Decisiones como adelantar un juicio político contra el Presidente de la República o solicitar a la OEA la activación de la Carta Democrática, no solamente son legítimas y entran dentro de las prerrogativas parlamentarias; sino además nos confirman que ya se han agotado todas las vías previas de rescatar al país del precipicio hacia el cual se dirige sin control.

Es triste que del lado oficialista se haya respondido al callejón sin salida que ellos mismos han creado, aupando y aplaudiendo una irregular toma del hemiciclo del Palacio Federal Legislativo, la cual dejó claro ante el mundo cuáles son las amenazas que enfrenta la democracia venezolana.

En este momento decisivo de la historia de Venezuela, debemos rescatar sin embargo una buena noticia: por primer vez parece que todos los venezolanos remamos hacia el mismo rumbo.

Si algo ha sido capaz de producir eficientemente la actual administración, es un nivel de ansiedad y desesperación en todos los venezolanos, que es sencillamente imperdonable. Entre quienes adversamos toda esta situación, se han diferenciado dos claras tendencias: la de quienes hacemos todo lo posible por comprender el complejo problema y bordar una solución que genere el menor trauma posible y sea sostenible en el tiempo; y otra, la que nunca respaldaremos, la de quienes colocan la urgencia de cambiar este estado de cosas por encima de los necesarios pasos a seguir.

Han sido lamentables los desencuentros entre los venezolanos que queremos los mismos objetivos de bien para la patria; pero visualizamos su consecución mediante itinerarios diferentes.

La buena noticia es que todos los venezolanos demócratas, de todas las tendencias y pareceres, estamos claros en la necesidad de ejercer nuestro derecho de manifestar pública y masivamente nuestra exigencia de cambio.

La confiscación de derechos por parte de quienes no han sabido administrar el poder, está colocando en los límites a la ciudadanía venezolana, la misma que ya sabe que no le queda otra salida que no sea el apelar a las maneras que la Carta Magna establece para poner cese a una propuesta política que no ha podido crear bienestar y se ha empeñado en un ciego proyecto propio.

No han mirado a los lados, están ignorando el dolor de la patria que dicen defender, mientras se empeñan en mirar su propio ombligo y persisten en juntarse con “amistades peligrosas”, como diría la canción.

Aún estamos a tiempo, el referendo revocatorio puede realizarse a corto plazo y es la solución pacífica e inmediata que la unidad de todos los venezolanos reclama con urgencia.

jueves, 6 de octubre de 2016

“Así No”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

Como era de esperarse, el plebiscito recientemente celebrado en Colombia, ha traído reacciones encontradas. Lo que no se esperaba era el resultado, y por ello, el tenor de las opiniones que aparecen.

Lo que se jugaba no era poco. Se sometía a la consulta con el pueblo un acuerdo de paz entre el gobierno de esa nación y la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia. Acuerdo largamente bordado y consultado, ante los ojos del mundo.

Se creía que los colombianos votaran por el Sí, hartos de la violencia que los ha asolado por más de cincuenta años y que ha desangrado su tierra.

Si bien unos y otros apostaban por un mayor o menor porcentaje de votos por cada una de las dos opciones, eran pocos los que ponían las manos en el fuego por la opción de que ganara el No. Y eso fue lo que sucedió.

¿Qué lecturas podemos hacer de estos hechos?

Como es usual, preferimos ver el vaso medio lleno: nos parece que el vecino país ha dado pasos enormes en su proceso. Solamente el haber llevado tan compleja y dolorosa situación a la consulta plebiscitaria es un triunfo gigantesco. Y un triunfo que no se puede adjudicar ninguna de las dos partes en forma individual. Es sin duda, un éxito de los colombianos como gentilicio.

Luego, recordemos que jamás se dijo que una de las dos opciones fuera a ganar cómodamente. Aunque se apuntaba a que triunfara el sí, siempre se contemplaron márgenes estrechos. Esto quiere decir que ninguna de las dos voluntades en pugna prevalece y, desde nuestra humilde opinión, indica que hay que bordar mucho más estos diálogos de paz.

Desde la distancia observamos sin duda alguna, que se empieza a transitar el sendero de una tranquilidad que va a llegar a ser sólida. Y nos atreveríamos a decir que están bastante más que al principio. Quizá ni los mismos afectados lo hayan medido.

Sin embargo, nos alineamos con lo que piensan algunos analistas en cuanto a que, ni de lejos se trata de que nuestros hermanos se hayan negado a votar por la paz. Esa es una interpretación facilista y miope, por decir lo menos.

Lo sucedido, desde nuestro punto de vista, simplemente quiere decir que hay una mayoría que no está de acuerdo con el cómo, con la manera en la cual se está planteando esa paz. Y ejemplarmente, el gobierno respeta el resultado, aunque el No haya superado al Sí por un muy escaso margen.

En nuestra visión optimista sobre el futuro de Colombia, nos parece entender que las fuerzas están equilibradas y que eso obliga al entendimiento. Por lo tanto, la violencia definitivamente está de plano fuera del tablero, más aún cuando ambos sectores involucrados ya se dieron la mano en un evento comicial, el cual transcurrió pleno de civismo, hecho que hace quedar muy claro ante todos los involucrados, que cualquier acción menos que civil está absolutamente condenada al fracaso.

Según una interesante nota de BBC Mundo, el “No” se impuso por miedo, que es, según cita –en la misma publicación- a la profesora universitaria y periodista Ana Cristina Restrepo “el gran elector en Colombia”.

La misma fuente concluye que hubo más entusiasmo en el mundo que entre los colombianos. ¿Por qué? Piensan que se debe a que aún hay demasiadas heridas y demasiado frescas. No es fácil voltear la página en esas condiciones.

Algunos afirmaron que el voto de nuestros vecinos se debe leer más bien como un “Así no”. La paz la quieren todos, excepto las tradicionales minorías que medran ganancias de conflictos bélicos y que son cifras prácticamente marginales cuando hablamos del desangramiento de una patria.

Si tomamos en cuenta que las conversaciones de La Habana dieron a luz un acuerdo de casi trescientas páginas, el asunto se torna mucho más complejo que una afirmación o negación y sin duda exige volver sobre esos acuerdos.

Otra de las consecuencias del resultado inesperado –aunque algunos dicen que no tanto- es que la polarización, ahora más patente en las tierras vecinas, erige a dos figuras protagónicas, enfrentadas y de enorme potencia, como lo son el actual presidente Juan Manuel Santos y el ex mandatario Alvaro Uribe.

Esperemos, desde todo el continente, que ambos sepan administrar con sensatez el enorme caudal de confianza que vastos sectores de la población les han depositado en las manos. Se encuentran ante un país que ha madurado con el trabajo y que ha sabido prosperar a pesar de la enorme adversidad que guarda en su seno. Un ejemplo para el mundo.

La materia prima que sale de esta experiencia para lograr la paz, literalmente vale oro. Sí se avanzó y hay claridad sobre la dirección del viento. Todos seguimos atentos sobre el destino de este proceso histórico tan cercano a nosotros, no solamente en lo físico y lo económico, sino también en lo afectivo.

viernes, 30 de septiembre de 2016

"Malentendido"

David Uzcátegui
@DavidUzctegui
Los numerosos escollos que han aparecido y siguen apareciendo en el camino hacia la realización del referendo revocatorio presidencial, demuestran que entre las muchas cosas que se han perdido en Venezuela en estos años, se encuentra el norte de la función pública. 
Analicemos los hechos. Estamos ante un derecho consagrado en la Constitución nacional, como lo es el someter a consulta revocatoria a cualquier trabajador público de elección popular una vez transcurrida la mitad de su período. Nos encontramos en los tiempos correctos y todo parece señalar que es la voluntad mayoritaria de la ciudadanía, vista la masiva concurrencia a la primera recolección de firmas, así como a la llamada “Toma de Caracas” del pasado 1° de septiembre. 
Sin embargo, justamente en estos eventos que han servido para pulsar el ánimo de la gente, hemos visto innumerables trabas y obstáculos. Desde la restricción en los días y horas de recolección de las rúbricas hasta alcabalas engorrosas e inexplicables; pasando por la lentitud de los procesos en sí. 
Por si esto fuera poco, la venidera recolección del 20% de las firmas del padrón electoral también se plantea cuesta arriba desde lo que es el punto de vista de las condiciones que pretende imponer el Consejo Nacional Electoral, entre las cuales hay unas cuantas que hacen ruido y que adversan a la voluntad de las mayorías, al dificultar la expresión eficaz de su voluntad. 
Y es aquí donde cabe la palabra “malentendido”. El servidor público tiene su razón de ser en prestar servicio. Dificultar y complicar un proceso de expresión ciudadana es una acción opuesta a lo que debe ser la vocación de quienes ocupan puestos en la administración estatal. 
Se colocan reglas desde la unilateralidad y desde la más absoluta verticalidad, olvidando que, hasta no hace mucho, el gobierno hablaba del “soberano” como un eufemismo para hablar de los venezolanos y del hecho de respetar su voluntad; pero esto sucedía especialmente cuando los deseos de las mayorías coincidían con lo que beneficiaba al oficialismo. 
Ahora, cuando el panorama es inocultablemente adverso para quienes gobiernan, parece que se hubiera acabado la luna de miel. Todo el país está bajo estado general de sospecha y hay que comprobar hasta cuatro dedos de cada venezolano para la segunda etapa de la convocatoria al referendo revocatorio. 
En días restringidos, en horas restringidas, con cantidad de máquinas restringidas. Esto no se parece ni de lejos, por ejemplo, a lo que fue el proceso de firmas para solicitar al presidente de Estados Unidos, Barack Obama, el retiro de la orden ejecutiva que sancionaba a funcionarios venezolanos. La ley del embudo queda desnuda. 
Partiendo de que el concepto de “servidor público” pareciera desdibujado en la Venezuela actual, podemos, sin embargo, apostar una vez más a que la voluntad de la mayoría –del soberano- se impondrá por encima de todas las dificultades que propician quienes deberían estar allí para facilitar las cosas. 
La Mesa de la Unidad Democrática ha recogido el guante de algo que, más que un acuerdo, pareciera un enfrentamiento; con lo cual se pierde de vista que lo que está en juego es también el bienestar del país. 
La coalición que representa a la alternativa democrática, participará en la jornada de recolección de 20% de las firmas del Registro Electoral en esta nueva etapa del revocatorio, siempre y cuando el Poder Electoral garantice tres condiciones: la primera de ellas será que el referéndum revocatorio se realice este año; la segunda, que la recaudación deba completarse en el ámbito nacional; y por último, que sea respetada la Constitución, en especial el artículo 72, el cual establece que todos los cargos y magistraturas de elección popular son revocables. Los únicos requisitos que se enumeran son que el revocatorio sea solicitado transcurrida la mitad del período para el cual fue elegido el funcionario o funcionaria y que la recolección de firmas no sea inferior al 20% de los ciudadanos inscritos en el Registro Electoral.
Por ello, el exigirle a los promotores del revocatorio presidencial la recolección del 1% del padrón electoral, ya fue una acción fuera de la norma, ante la cual no nos queda sino preguntar por qué se exigió. Sin embrago, fue cabalmente cumplida por quienes apoyan la cita comicial, incluso muy por encima de lo solicitado y a pesar de los obstáculos literales que fueron puesto en todos los caminos. 
Nuevamente se abre pues, una oportunidad para que los funcionarios públicos del país evalúen cuál es su deber y su razón de ser. La MUD ha hecho una contraoferta perfectamente legítima en una negociación en la cual se está jugando la salida pacífica a la mayor crisis de la historia de nuestra nación. El malentendido aún se puede superar.

sábado, 24 de septiembre de 2016

“Pdvsa pide taima”

 David Uzcátegui
@DavidUzcategui

El recién anunciado canje de bonos de Petróleos de Venezuela, no hace sino confirmar un secreto a voces que los especialistas han detallado y documentado: las cuentas de la petrolera nacional no están en su mejor momento.

Y es justamente la misma empresa la que lo corrobora ahora, con esta “corrida de arruga” de una de sus obligaciones.

Para explicarlo de manera sencilla, Pdvsa emite bonos que son vendidos en mercados internacionales con el fin de recaudar recursos para optimizar su desempeño. Suponiendo que –como debería ser- este desempeño óptimo deje los números en azul, obviamente a los inversionistas les es devuelto el monto de su inversión más una ganancia en un lapso determinado.

Sin embargo, la compañía emisora ahora está proponiendo a los tenedores de estos papeles postergar la fecha de vencimiento de 2017 a 2020, a cambio de otorgar un beneficio aún mayor: 8,25 % en lugar de 5,5 %. El gobierno ha hecho la salvedad de que el canje es voluntario; pero la noticia ha sido recibida con frialdad por los mercados, según reportan especialistas.

Para quien no haya elegido la negación como alternativa ante la situación del país, no es difícil suponer por qué sucede esto. Las cuentas del ente petrolero, así como las de la administración pública nacional, no están bien. Y los venezolanos lo sabemos. Sería largo y complejo abordar a fondo los motivos de este sobresalto; pero en líneas generales, es la consecuencia de administrar desatinadamente los recursos.

En todo caso, lo interesante –visto desde afuera- es que esta situación enciende las alertas ante el verdadero estado de la petrolera. La nación, una vez más, ha cometido el error de poner todos los huevos en la misma canasta. Error que fuera advertido décadas atrás por venezolanos visionarios como Arturo Uslar Pietri y Juan Pablo Pérez Alfonzo.

Nuestros actuales administradores han colocado la confiabilidad de los pagos por encima del bienestar de la gente, una decisión criticada en sus propias filas. Una encrucijada que no debería existir. Un buen gobierno es capaz de asegurar el bienestar de su pueblo y cumplir sus obligaciones financieras. Es decir, no necesita pedir taima.

domingo, 18 de septiembre de 2016

“Marchas y contramarchas”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

El nuevo retraso por parte del Consejo Nacional Electoral en el anuncio de la fecha para recolectar el 20% de las firmas del padrón electoral, necesarias para activar el referendo revocatorio, no sorprendió a nadie.

Y es que los reiterados retrasos que ha sufrido este proceso, parecen, más que accidentes, una línea de acción deliberada. Y nos perdonan por la suposición.

El pretexto enarbolado ahora es la presunta amenaza que sufrirían los trabajadores del ente comicial con las manifestaciones convocadas por la Mesa de la Unidad Democrática, justamente para exigir este derecho.

Como dirían los abuelos, cuando no la ganan, la empatan. Y es que, si no presionamos, el proceso no avanza; pero si presionamos, entonces el trabajo se detiene porque estamos presionando.

Francamente es admirable la capacidad que tienen ciertos sectores de los poderes públicos para poner a jugar a su favor cualquier circunstancia. O mejor dicho, sería admirable, si no fuera porque al poner en acción esa habilidad, dejan de lado su compromiso y deberes para con la gente.

Aquello de “piensa mal y acertarás” podría quedar muy bien en una ocasión como la que enfrentamos. Sin embargo, preferimos otorgar el beneficio de la duda, ver el vaso medio lleno y recordar que todo el mundo es inocente hasta que se demuestre lo contrario.

Pero no se puede dejar de señalar cómo se ha alargado hasta el infinito el proceso, por lo cual no deberíamos haber llegado a un nuevo día de protesta, ya que todo esto debería estar resuelto. Sencillamente sí había tiempo. Y aún lo hay.

Y en desquite del CNE, sí pueden hacer el trabajo rápido y bien en caso de ser necesario, como sucedió cuando falleció el ex presidente Hugo Chávez y se debió elegir contra reloj a un nuevo primer mandatario. O cuando se convocó sorpresivamente aquel referendo de enmienda constitucional que fue organizado en tiempo récord.

Querer es poder y si hay voluntad política, avanzamos. El apoyo masivo a esa consulta electoral fue demostrado el primer día de septiembre con una masiva, entusiasta y pacífica presencia en la calle; amén de los numerosos y diversos episodios de rechazo a lo que actualmente sucede en nuestra patria.

jueves, 8 de septiembre de 2016

“Ojo con la educación”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

El inicio del nuevo año escolar para el día 26 de septiembre, anunciado por el ministro de Educación Rodolfo Pérez en su red social Twitter, generó una serie de comentarios en la opinión pública, a los cuales hay que poner la lupa por sus implicaciones.

En principio, lo que más llama la atención de la fecha anunciada, es el hecho de que las nuevas actividades docentes se están postergando una semana. Puede no sonar como mucho, pero sin duda es algo sobre lo cual hay que estar atentos.

De acuerdo con el Observatorio Educativo de Venezuela, la medida viola el artículo 54 del Reglamento General de la Ley Orgánica de Educación, que establece que las clases deberían comenzar el lunes 19 de septiembre.

Dicho artículo reza: “Las actividades de enseñanza del año escolar estarán comprendidas entre el primer día hábil de la segunda quincena del mes de septiembre y el último día hábil de la primera semana del mes de julio del año siguiente.”

El OEV también alerta que el nuevo año académico, que termina el 31 de julio de 2017, tendrá solo 193 días aprovechables, siete días menos de los que establece el artículo 49 de la LOE. En estos cálculos se restaron los días no laborables, las vacaciones y fechas  para eventuales actos comiciales.

Lamentablemente, las modificaciones en estas rutinas que están además marcadas por la ley, no son para mejorar sino para empeorar. Y es inquietante que esta vez se trate de la educación de nuestros hijos, algo con lo cual los padres tenemos pleno derecho a ser extremadamente celosos.

Más cuando, según el secretario de educación de la Gobernación de Miranda, Juan Maragall, hay razones para adelantar el inicio del año escolar en lugar de postergarlo. Entre otras cosas, este profesional de la docencia considera que las actividades educativas brindan una sensación de estabilidad a niños, niñas y adolescentes; así como a sus padres, representantes y demás familiares. Sobra decir que estamos de acuerdo con él, por lo urgente y necesaria que es la estabilidad para los menores en los tiempos que atraviesa Venezuela.

Por otro lado, también han resultado polémicos los anuncios –y los rumores- sobre la modificación del curriculum escolar. Y no es para menos. Se trata de decisiones extremadamente delicadas, que deben ser tomadas por personal altamente especializado y que deben tener en cuenta de qué manera afectarán el futuro de los educandos, sus oportunidades y su desempeño futuro, tanto en lo laboral como en lo humano.

El despacho de Educación negó de plano las especulaciones que corrieron hace unos días, sobre la eliminación de materias como Matemática, Física y Biología. Sin embargo y al respecto, el presidente de la Federación Venezolana de Maestros, Orlando Alzuru, explicó que se pasa del tradicional esquema de las asignaturas a “áreas de conocimiento”.

De esta manera, los alumnos ahora tendrían “ejes” de Ciencias Naturales, que incluiría materias como Biología y Química; Educación Física; Lenguas, Culturas y Comunicación, Lenguas extranjeras, Matemática, Memoria, Territorio y Ciudadanía y Educación para el Trabajo.

¿Es beneficioso o dañino este cambio? ¿Con base en qué expectativas o premisas se implementaría? 

Porque no puede hacerse simplemente como una acción de cambiar algo por el hecho de cambiarlo sin ver más allá.

El profesor Alzuru destacó que la implementación de este sistema no es acorde a la realidad, pues el despacho espera que cada área sea impartida por un sólo profesor; cuando la formación de los docentes en el país es especializada en un área determinada.

El titular del despacho de Educación también declaró que se buscará “transformar los liceos, para que sean espacios para la formación de la personalidad de los jóvenes”. Palabras que dejaron abierta una gran expectativa y curiosidad, ya que es derecho de los padres y representantes preguntarse en qué dirección apuntarán esa formación y esas transformaciones de la personalidad.

Ciertamente, el funcionario complementó alegando “Que los liceos sean un espacio para construir una ciudadanía republicana, desde la perspectiva del pensamiento y la obra de Simón Bolívar”. Pero esto no disminuye la inquietud, y menos aún cuando el pensamiento de nuestro Libertador ha sido tan subjetivizado y manipulado.

¿Qué suma esta propuesta? Estamos en una era altamente competitiva y globalizada, en la cual debemos apuntar a que los futuros profesionales venezolanos tengan una formación de excelencia y a la altura de sus mejores pares en el mundo. ¿Es eso lo que se busca? ¿Ayudan estas acciones a conseguirlo?

Muchas veces hemos hablado en este espacio de los posibles puntos de encuentro de una sociedad tan fracturada como la nuestra. Sin duda, la calidad en la formación de nuestros hijos es uno de estos puntos.

viernes, 2 de septiembre de 2016

“La marcha de la paz”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

Para quienes estuvimos en la enorme manifestación que colmó varias de las avenidas más céntricas de Caracas este jueves 1° de septiembre, la más grata de las sorpresas fue el reencuentro con lo mejor de la venezolanidad.

Las sonrisas volvieron a la calle, el optimismo reflotó, como si jamás hubiera escaseado. No hubo quien asistiera a la convocatoria y no se encontrara a alguien conocido que tenía tiempo sin ver.

Y sobre todo, volvió a respirarse ese aire de unidad y hermandad que siempre ha marcado nuestro gentilicio y que había sido torpedeado en los últimos tiempos por las complejas dificultades que hemos estado padeciendo.

Pero sobretodo fue una reafirmación de que todos queremos lo mismo para nuestro país: paz, progreso, hermandad. Y por encima de todo, una Venezuela que sí se parezca a los venezolanos.

A veces, en el agobio del día a día, tendemos a aislarnos y a sentirnos solos en nuestro deseo urgente de justicia y de dignidad para nuestras vidas; así que este multitudinario encuentro sirvió para reafirmar algo que con frecuencia olvidamos. Somos una mayoría contundente y vibramos en la misma onda.

Los agoreros anuncios que acusaban a la fecha de ser la antesala a algo siniestro e ilegal se quedaron con los crespos hechos. Los manifestantes fuimos y volvimos, cumpliendo con el objetivo: demostrarle al gobierno, a los poderes públicos y al mundo entero que es inmensa la cantidad de venezolanos que exigimos el derecho constitucional del referendo revocatorio. Y que por más conchas de mango que se nos pongan en el camino, la ciudadanía está unificada en un camino del cual nada ni nadie la va a desviar.

El balón quedó del lado de la cancha del Consejo Nacional Electoral. Al cerrar esta nota, esperamos por una clara convocatoria en condiciones justas para la recolección del 20% de las firmas del padrón de votantes que activen de manera firme el referendo revocatorio presidencial el cual es perfectamente realizable este mismo año. Como decían nuestros abuelos, querer es poder.

La masiva presión ciudadana en las calles, escribe la historia de los países. Y Venezuela no es la excepción. Los venezolanos estamos haciendo la tarea.

www.daviduzcategui.com

domingo, 28 de agosto de 2016

“Colombia va a contarse”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

En el largo y complejo proceso por lograr la paz de la vecina Colombia, se han dado importantes pasos en los últimos tiempos. Tras cuatro años de conversaciones, ya existe un acuerdo entre las partes en conflicto, que ha dado luz a una propuesta concreta. Y los ciudadanos han sido convocados para decidir, en un plebiscito, el sí o el no a esta propuesta.

Es quizá el punto culminante, el más importante de este proceso. Ahora le toca hablar al pueblo, al soberano. Y es digno de aplauso que una decisión tan polémica como trascendente para el futuro del país sea consultada en las urnas comiciales.

Es importante resaltar que la decisión que emane del plebiscito será vinculante políticamente; mas no legalmente. Esto quiere decir que una decisión positiva en el plebiscito no implica necesariamente la incorporación de los acuerdos de paz a la constitución o al ordenamiento jurídico del país. Sin embargo, el peso político de la misma es enorme y decisivo.

En todo caso, lo destacable desde nuestro punto de vista es el ejercicio democrático, en el cual la gente es consultada sobre un eventual cambio de rumbo histórico del país.

Y por supuesto, también es de resaltar el espíritu sanador que tiene para las sociedades un plebiscito.

Sea sí o sea no, el resultado mide a los electores y reafirma el pacto social sobre el cual reposa la fundación de las naciones. Su escrutinio ausculta la realidad de un país y sirve para trazar un rumbo con certeza.

En momentos en los cuales los venezolanos estamos también luchando por ejercer nuestro derecho de ir a las mesas electorales con el fin de tomar una decisión trascendental para nuestro presente y para la historia por venir en las próximas décadas, no podemos menos que celebrar y aplaudir lo que sucede en el país hermano.

Y es que creemos en aquello de que cuando un ser humano da un paso adelante, la humanidad entera también da un paso adelante. Y este principio aplica también con los países.

La democracia es sanadora y eso es lo que necesita nuestro continente para sanar tantas heridas viejas y dolorosas: democracia, mucha más democracia; ya que sobre ella siempre descansa la paz.

viernes, 26 de agosto de 2016

“El delito de pensar diferente”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

El acoso y la reiteración de las amenazas a empleados públicos que firmaron en la primera etapa de la solicitud de referendo revocatorio presidencial, nos remite a la lamentable conclusión de que la persecución a quienes osen pensar distinto al poder, es práctica habitual en la Venezuela de estos días. 

Teniendo como marco el creciente deterioro de la calidad de vida de los venezolanos, era previsible que un elevado número de funcionarios públicos firmara para solicitar una salida constitucional, pacífica, democrática y electoral a una crisis que podría ser solucionada fácilmente por quienes hoy administran el país; pero se niegan a ello por permanecer atados a un modelo político y económico que ha fracasado reiteradamente por todo el mundo y que de hecho ya no es tomado en serio por ninguna nación que le apueste al progreso y al bienestar de sus ciudadanos.

Ante la falta de rectificación y el acelerado empeoramiento de nuestro entorno, lo venezolanos tenemos un derecho, consagrado en la Constitución de 1999, la misma que promovió con tanto entusiasmo el fallecido ex presidente Hugo Chávez. Y esa salida es el referendo revocatorio, al cual puede ser sometido el primer mandatario nacional al arribar a la mitad de su período.

Que quede claro entonces: los despedidos, los amenazados, los invitados a renunciar, estaban ejerciendo un derecho constitucional. Y un derecho que el líder de la autodenominada revolución tomó como bandera en su primera campaña electoral.

Una consulta a la cual él mismo se sometió en 2004, y que debería servir como ejemplo a quienes se dicen preservadores de su legado. Existe, como dicen los abogados, una jurisprudencia. Ya se celebró un referendo revocatorio presidencial y está consagrado no solamente n la letra sino en los hechos.

Es extremadamente lamentable que,  por un legítimo derecho humano, como lo es el de disentir, se ponga en juego el sustento de familias enteras en momentos en los cuales tenemos la inflación más alta del mundo y en los cuales el ingreso de por sí no alcanza para mantener un hogar.

Quienes idearon y aprobaron estas retaliaciones contra trabajadores venezolanos demuestran tener bien poca coherencia con los principios que dicen defender, ya que esto contradice entre otras cosas, a la presunta inamovilidad laboral que se ha prolongado reiteradamente y por encima de la cual no deberían pasar sus propios propulsores.

El gobierno ha perdido sin duda una oportunidad enorme de demostrar al mundo que sí tiene vocación democrática, que sí puede haber diálogo y convivencia en el país, desde el mismo momento en el cual se respeta que quienes trabajan en instituciones del Estado disientan por los canales democráticos, pacíficos, legítimos y constitucionales que los están haciendo.

Se prometió que no se volvería a repetir la tristemente célebre Lista Tascón, la cual recogió la data de los solicitantes del revocatorio presidencial de hace más de una década. Pero ante la reiterada afirmación de altos cargos gubernamentales de tener los nombres y apellidos de quienes son señalados poco menos que como delincuentes, vemos que esta promesa cayó en un lamentable saco roto.

Y se va más allá: se les acusa de saboteo interno, de incumplimiento de sus funciones, de mala atención a la ciudadanía, de una colección de faltas que puedan hacer parecer un poco menos miserable el desquiciado señalamiento que parte solamente del hecho de disentir y de manifestarlo con una firma.

Eso de que todos somos necesarios no es simplemente una frase bonita. No. El gobierno está a punto de cometer una vez más el error que costó a Petróleos de Venezuela más de veinte mil de sus trabajadores más especializados, precipitando su industria de uno de los sitiales de honor en el mercado petrolero internacional, a unos parámetros bastante más bajos, que hacen que la caída de los precios petroleros se sienta con más fuerza, ante la coincidente baja de la productividad.

Se pretende prescindir pues, de gente buena, trabajadora, preparada, con carrera en sus posiciones, que no podrá ser tan fácilmente sustituida, como lo demuestra el mismo caso PDVSA. Y los despedidos pasarán junto con sus familias momentos adversos, hasta que alguna forma de salir adelante consigan. Pero el Estado venezolano habrá prescindido de capital humano valioso que no se volverá a recuperar. En otras palabras, esta locura no le conviene absolutamente a nadie, ni siquiera al mismo gobierno.

Ojalá se cayera, por milagro, en la reflexión. Ojalá se echara para atrás todo este despropósito, en el entendido de que todos los venezolanos somos necesarios y de que alguien, en algún momento, tiene que dar el primer paso para detener esta criminalización del pensamiento independiente.

jueves, 18 de agosto de 2016

“Salario y agua”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

La palabra “salario” procede del Imperio Romano, donde parte de la remuneración que recibían los soldados que cuidaban la vía hacia las salinas, era entregada en sal.

Quizá sea bueno recordar el emparentamiento etimológico de ambas palabras para adentrarnos en una realidad muy cruda: el salario venezolano se ha vuelto, literalmente, sal y agua.

Y resulta extraño que comencemos en estos términos unas líneas destinadas a comentar el más reciente aumento salarial decretado por el poder Ejecutivo en Venezuela.

Pero es que subir los sueldos ya no es un truco que sorprenda, ni mucho menos que sea aplaudido. El mago se queda sin capacidad de deslumbrar a la audiencia, que se levanta y se va. Y pide que le devuelvan su dinero.

A fuerza de enfrentar los hechos, ya la inmensa mayoría de los venezolanos –incluyendo a los partidarios del oficialismo- saben que más bolívares en su bolsillo no significan mayor poder adquisitivo.

Y que, incluso, son tales los desequilibrios de la economía, que el subir las remuneraciones puede terminar significando echarle gasolina a un incendio.

Desde la autodenominada revolución tomó el poder hasta el día de hoy, hemos visto más de treinta aumentos salariales.

Solamente este año, se han decretado tres. ¿De qué han servido?

Que levante la mano quien piense que hoy puede comprar más que ayer.

O, para ponerlo en términos más realistas aún, que levante la mano quien crea que la inflación ya se habrá comido la exigua compensación antes de llegar a su bolsillo.

El Fondo Monetario Internacional prevé una inflación del 700% en Venezuela para 2016. Lo cual convierte al incremento del 50% literalmente en sal y agua.

Por otro lado, cabe una pregunta que todo el mundo se hace: ¿cómo va a pagar los nuevos montos la empresa privada a sus empleados, si están en el momento de productividad más baja en su historia?

Para pagarle a la gente tienen que vender. Para vender, tienen que producir. Para producir, deben tener materia prima.

Y adicionalmente, y para explicarlo de la manera más sencilla posible, para vender, la gente tiene que comprar. Y hoy no tienen la capacidad de hacerlo.

El mismo gobierno lo confiesa al decretar aumentos salariales compulsivamente, una y  otra vez. Algo que no sería necesario si nuestros ingresos fueran medianamente cónsonos con lo que se requiere para vivir.

Y sí, el venezolano ha aprendido de economía. Y saca la cuenta sobre cómo puede manejar el menguado sector privado, que aún tiene poder de surtir empleos de cierta calidad, unos compromisos con sus trabajadores sin ir a la quiebra, que es la realidad que se maneja en un horizonte no muy lejano, ante el incremento de las cargas y la disminución de los ingresos.

Los funcionarios gubernamentales se ufanan de que somos el país donde más incrementos de los sueldos se decretan en el mundo. Pero se cuidan muy bien de no mencionar que también padecemos, por mucho, la inflación más alta del planeta.  Un hecho que pulveriza al otro.

Tampoco se menciona en las comunicaciones oficiales el hecho de que el sector público no está al día con los compromisos de aumento a su personal decretados este año. En casa del herrero, cuchillo de palo.

¿Cómo es esta realidad en el resto del mundo? Por ejemplo en Europa, el promedio del poder adquisitivo frente al salario mínimo para la adquisición de la cesta básica de alimentos es de un promedio de 16% al 18%; mientras el salario mínimo colombiano les alcanza para comprar la cesta básica por un monto inferior al 30% de ese ingreso.

En Venezuela se necesita el sueldo de varios meses para el mismo objetivo. Recordemos que la última actualización que tenemos de ese indicador económico fue dada a conocer el pasado mes de julio, corresponde a junio y totaliza un monto de 365.101,19 bolívares, según el último informe del Cendas-FVM.

Y por cierto, ya no se habla de la guerra económica. Desde hace rato no es un pretexto creíble en una economía de un país donde un sector político tiene todo el poder y donde adicionalmente, el sector privado ha sido prácticamente arrasado, tras haber sido criminalizado y estigmatizado por voceros oficialistas.

Quizá los mismos ideólogos de los discursos gubernamentales decidieron abortar la misión de seguir martillando con ese estribillo. Y habría una razón muy lógica: un proyecto político que se ufana cada vez que puede de su capacidad bélica, queda muy mal al perder reiteradamente una guerra contra enemigos que se suponen infinitamente inferiores.

Pero hay otra razón aún más sencilla: la gente sabe que es mentira y nunca se lo creyó.

Si algún aprendizaje valioso podemos ver en medio de la comprometida situación nacional, es que todos estamos mucho más claros en cómo funciona la economía. Todos, menos quienes hoy la manejan.

domingo, 14 de agosto de 2016

“Marcha atrás”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

Dar marcha atrás cuando se comete un error es una acción necesaria. Si esto fuera una costumbre y no existieran tanta terquedad y prejuicio en el camino, nos podríamos ahorrar lamentables daños.

Este es el caso de la irracional y prolongada medida de cierre de la frontera entre Colombia y Venezuela, que se prolongó por casi un año, trayendo profundos daños a las familias que habitan a ambos lados de la línea fronteriza y perjudicando la economía de ambas naciones.

En todo caso, la apertura gradual y controlada de la frontera fue acordada por los presidentes Juan Manuel Santos y Nicolás Maduro y puesta en práctica desde el sábado 13 del corriente mes.

Nadie niega los complejos problemas que presenta uno de los límites fronterizos más vivos del continente. Pero volvimos una vez más a la política errada de vender el sofá o matar al mensajero, pasa simplemente dar luego marcha atrás; sin capacidad alguna de compensar todos los perjuicios que resultaron en estos meses.

No había necesidad alguna de fuerza ni de medidas extremas, ni de perturbar a las poblaciones de este lado de la línea con altisonantes operativos que no iban a la médula del problema.

Lo más insólito fue que, en medio de los meses de cierre, las madres venezolanas terminaron por imponer ante la fuerza pública la necesidad de sus hijos y se salieron con la suya al traspasar el cordón de seguridad.

Este gesto sin duda fue la gota que colmó el vaso en la situación y que comenzó a reconstituir lo que jamás ha debido romperse: la fluidez entre ambos pueblos, algo que la práctica demostró que es indisoluble.

Y quienes pudieron pasar en esas ocasiones a la nación hermana, comprobaron que la crispación y las incomodidades, están lamentablemente de nuestro lado de la raya.

El diálogo Santos-Maduro es lo que se ha debido hacer desde el primer día. Son los mecanismos cívicos y democráticos para tratar los problemas.

En todo caso, más vale una marcha atrás que repare, cuando la perspectiva podría ser insistir en el error. La restitución de la fluidez entre Venezuela y Colombia traerá sin duda enormes beneficios a ambos países.

jueves, 11 de agosto de 2016

“Cuando el destino nos alcanzó”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

Quienes no están de acuerdo con la actual forma de conducir al país, vienen advirtiendo desde hace mucho tiempo sobre las consecuencias nefastas que tendría el hecho de no cambiar de rumbo.

Advertencias por demás desoídas en medio del frenético rumbo hacia políticas profundamente desacertadas que nos han marcado durante casi 18 años.

Lamentablemente, no se trata hoy en día de las advertencias a futuro de las situaciones indeseables hacia las cuales nos podríamos dirigir: dichas situaciones ya están aquí.

Y basta revisar entre las innumerables noticias que nos aturden para encontrar informaciones que parecen más bien arrancadas de una desquiciada distopía y no de hechos que estén sucediendo en una nación que, por derecho, debería ser la que tuviera el mayor bienestar de la región.

En los últimos días, hemos encontrado entre los titulares, dos notas que parecen más arrancadas de la ficción que de la cotidianidad de nuestro entorno: fueron detenidos veinte balseros venezolanos intentando ingresar a la vecina isla de Curazao ilegalmente y Venezuela es el país con mayor nivel de miseria, según la compañía de información financiera Bloomberg.

Ambas informaciones nos indican que el destino ya nos alcanzó. Que los presagios de deterioro de la situación se han cumplido, porque quienes administran al país y sus bienes no escucharon las advertencias de los expertos y tampoco aprendieron en la cabeza ajena de los numerosos experimentos que en el mundo se han hecho con la fallida fórmula que una vez más se intenta aplicar, con los mismos resultados.

Ya los venezolanos tenemos balseros. Y no los llamados “balseros del aire”, que vienen abandonando el país desde hace más de una década y que suman, según investigaciones del sociólogo Tomás Páez más de un millón seiscientos mil compatriotas. No, ahora si salen al mar y sin recursos, desesperados y sin idea de lo que van a hacer.

¿Por qué se lanzan unos venezolanos a una aventura tan extrema e incierta como esa?

Quizá tenga mucho que ver con la desesperación de no encontrar alimentos o de que cuando se encuentran, no alcanza el dinero para comprarlos.

Quizá tenga que ver también con el hecho de que las líneas aéreas han sacado de sus itinerarios a Venezuela, tras el incumplimiento del gobierno con los pagos que se había comprometido a hacerles cuando vendieron sus boletos a tasa preferencial.

Además, debe tener mucho que hacer aquí el hecho de mantener cerrada la frontera con Colombia, un correo de entrada y salida natural de nuestra nación en cuanto a las opciones por tierra, la más viva y caliente, con una cultura binacional que se remonta a sus mismos orígenes.

Esos conciudadanos que tomaron tan increíble decisión, quizá ni saben sobre el índice de Miseria de Bloomberg, pero lo han sentido en su cuerpo, en su estómago, en su angustia.

El gigante de las finanzas calificó a Venezuela con el país con más miseria del mundo, al sumar su elevada inflación con el índice de desempleo, obteniendo así una cifra de 188,2%, lo cual nos coloca de muy lejos como el país con mayor miseria en el mundo.

Nos siguen en el poco halagüeño ranking Bosnia con 48,97% y Sudáfrica, con 32,9%. En el extremo contrario, los países con menos miseria son Tailandia, Singapur y Japón.

Por supuesto, vamos a escuchar de parte de voceros oficialistas las habituales descalificaciones informaciones desfavorables; seguidas por las ya conocidas colecciones de insultos. Pero ese no es el tema. Vamos a hablar de lo que sucede aquí, de las responsabilidades que son de ellos y que no enfrentan.

¿Por qué el Banco Central de Venezuela no cumple con su deber de informar oportunamente los índices de inflación? ¿De cuánto estamos hablando realmente?

¿Se cree que se logra esconder algo realmente con esta conducta? Porque la gente compara los precios de alimentos y productos esenciales mes a mes, semana a semana. Y todos sacamos cuentas.

Puede que no hagamos coincidir las cifras, pero todos estamos de acuerdos en que el costo de la vida se le escapó desde hace rato de las manos al gobierno, y eso lo pueden testimoniar trabajadores y padres de familia.

Y desde nuestro punto de vista, Bloomberg se queda corto. Y es que en su índice habla de desempleo, más no de subempleo, de la gente que está en una nómina pero igualmente no logra ni de lejos que sus ingresos cubran sus necesidades más básicas.

Aunque la cifra en cuestión es alarmante, comete el pecado de todo índice: no hay manera de que refleje la tragedia humana que intenta recoger.

Y más que ningún índice de Bloomberg, la prueba fehaciente que el destino ya nos alcanzó, son nuestros nuevos balseros, hermanos venezolanos que huyen desesperados en unos hechos que reproducen a imagen y semejanza a la Cuba castrista. Hemos llegado finalmente, al mar de la felicidad.

domingo, 7 de agosto de 2016

“Otro ministro express”

jueves, 4 de agosto de 2016

“El CNE tiene la palabra”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

La tenacidad de la ciudadanía venezolana es para sentirse orgulloso. Nos la han puesto difícil, muy difícil y sin necesidad alguna de ello.

Pero por encima de los hiperbólicos obstáculos, hemos cumplido con el objetivo. Contra los más agoreros pronósticos, el Consejo Nacional Electoral ha tenido que dar su brazo a torcer y reconocer que todos los estados del país cumplieron con la exigida recolección del 1% de las firmas de sus respectivos padrones electorales, para con ello culminar la primera etapa de la ruta hacia el referendo revocatorio presidencial.   

Y no, no fue fácil. Todos sabemos que se limitaron los días, la cantidad de máquinas, incluso la cantidad de obstáculos físicos y que aparecieron en las vías de muchos firmantes, quienes también en forma literal tuvieron que irse por los “caminos verdes” para poder ejercer su derecho; pero finalmente lo hicieron.

Lo cual no quiere decir que no quedaran muchos, pero muchos, en el camino. Sí, los obstáculos de toda índole frustraron el propósito cívico y civilista de no pocos compatriotas.

Eso, para no hablar de las cientos de miles de firmas que fueron literalmente desechadas; confiscando así un derecho consagrado en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, y negando a los afectados –atropellados más bien- la posibilidad de pelear por dicho derecho.

¿Cuál es la moraleja? La decisión de la gente. Para llegar a que el máximo ente electoral reconociera que sí se había cumplido la exigencia a pesar de los numerosos obstáculos, tuvo que cumplirse una condición: la masiva movilización de la gente.

Hay que saber leer los tiempos y entender hacia dónde sopla el viento. Y a estas alturas del partido, estamos seguros de que todos, absolutamente todos, lo entienden. Incluso quienes fingen demencia.

Los tiempos hablan de venezolano colmados, de hartazgo, de adultos mayores haciendo colas ante establecimientos comerciales para procurarse algo de comida y salir finalmente con las manos –y el estómago- vacíos.

De niños que no van a la escuela porque no tienen con qué desayunar. O que tampoco asisten a clase porque sus padres los ponen a hacer las colas para la comida mientras se van a trabajar para conseguir con qué comprarla. O que si van a la escuela, se desmayan en clases por que tiene el estómago vacío.

De madres despidiendo a hijos que se marcha a un futuro incierto, pero al menos parten a países donde sí hay la oportunidad de crecer.

De enfermos y sus familiares suplicando por las redes sociales un medicamento del cual pende su vida.

¿Cómo no se va a movilizar masivamente una ciudadanía sometida a semejantes condiciones de existencia? Porque esto ya no se puede llamar vida.

Como Fuenteovejuna, todos a una, los venezolanos exigimos un cambio. Un cambio que no nos pueden dar quienes provocó el mismo estado de cosas que ha sumido al país en un caos.

Volviendo a ese CNE que tiene que activar ahora la nueva etapa de solicitud del referendo revocatorio del mandato presidencial, al iniciar la recolección del 20% de las firmas; no sabemos aún si está suficientemente claro para la directiva del órgano electoral el tamaño de la crisis.

Todos los que compartimos el gentilicio venezolano deberíamos abocarnos con urgencia absoluta a transitar la ruta electoral trazada desde la Constitución Nacional y que ya fue adoptada por la ciudadanía, que con su presencia en la calle ya la validó, como poder originario y soberano.

Mientras el balón está en el lado de la cancha que domina el CNE, mientras quienes hicimos la tarea esperamos que se prosiga sin obstáculos a la solución de la más grave crisis republicana de la historia de Venezuela, no está de más recordar que la figura de los referendos fue impulsada por el fallecido ex presidente Hugo Chávez, en la Asamblea Constituyente de 1999, por aquellos tiempos cuando gozaba una popularidad que rondaba el 90%.

Con esta referencia histórica aunada a un país que tiene el agua al cuello, cabe recordar que son numerosos los partidarios del oficialismo que están a favor del conteo en las urnas electorales. Y que van a votar contra la actual administración.

Y no hablamos solamente de aquellos que dicen: “Soy chavista, pero no madurista”.  Hablamos de todos.

La terca movilización ciudadana fue en sí misma un referendo. Complicarle el proceso a los venezolanos fue como echarle gasolina al fuego, porque se avivó la llama de la indignación.

Y la única forma de apagarla es dando válvula de escape a una frustración tan injusta como inmerecida por las grandes mayorías trabajadoras y honestas de conciudadanos.

El CNE finalmente anunció lo que todos ya sabíamos. ¿Cuánto va a tardar en anunciar lo que todos exigimos? Porque el mundo entero está viendo. Y lo más importante: estamos viendo los venezolanos.