Mostrando entradas con la etiqueta David Uzcátegui. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta David Uzcátegui. Mostrar todas las entradas

viernes, 2 de septiembre de 2016

“La marcha de la paz”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

Para quienes estuvimos en la enorme manifestación que colmó varias de las avenidas más céntricas de Caracas este jueves 1° de septiembre, la más grata de las sorpresas fue el reencuentro con lo mejor de la venezolanidad.

Las sonrisas volvieron a la calle, el optimismo reflotó, como si jamás hubiera escaseado. No hubo quien asistiera a la convocatoria y no se encontrara a alguien conocido que tenía tiempo sin ver.

Y sobre todo, volvió a respirarse ese aire de unidad y hermandad que siempre ha marcado nuestro gentilicio y que había sido torpedeado en los últimos tiempos por las complejas dificultades que hemos estado padeciendo.

Pero sobretodo fue una reafirmación de que todos queremos lo mismo para nuestro país: paz, progreso, hermandad. Y por encima de todo, una Venezuela que sí se parezca a los venezolanos.

A veces, en el agobio del día a día, tendemos a aislarnos y a sentirnos solos en nuestro deseo urgente de justicia y de dignidad para nuestras vidas; así que este multitudinario encuentro sirvió para reafirmar algo que con frecuencia olvidamos. Somos una mayoría contundente y vibramos en la misma onda.

Los agoreros anuncios que acusaban a la fecha de ser la antesala a algo siniestro e ilegal se quedaron con los crespos hechos. Los manifestantes fuimos y volvimos, cumpliendo con el objetivo: demostrarle al gobierno, a los poderes públicos y al mundo entero que es inmensa la cantidad de venezolanos que exigimos el derecho constitucional del referendo revocatorio. Y que por más conchas de mango que se nos pongan en el camino, la ciudadanía está unificada en un camino del cual nada ni nadie la va a desviar.

El balón quedó del lado de la cancha del Consejo Nacional Electoral. Al cerrar esta nota, esperamos por una clara convocatoria en condiciones justas para la recolección del 20% de las firmas del padrón de votantes que activen de manera firme el referendo revocatorio presidencial el cual es perfectamente realizable este mismo año. Como decían nuestros abuelos, querer es poder.

La masiva presión ciudadana en las calles, escribe la historia de los países. Y Venezuela no es la excepción. Los venezolanos estamos haciendo la tarea.

www.daviduzcategui.com

viernes, 22 de julio de 2016

“El Muro de Cúcuta”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

Como si se despertara de un sueño, como si se abrieran las puertas hacia la realidad, un grupo de venezolanos tuvo la oportunidad de pasar en recientes fines de semana al otro lado de la frontera con Colombia, por el estado Táchira.

Ya redunda comentar lo que encontraron los conciudadanos que visitaron Cúcuta: abundancia y variedad de alimentos, gente atenta y amable, y por supuesto, un asombro internacional ante el volumen de gente que aprovechó la apertura del paso fronterizo.

Paso que, por cierto, ha estado cerrado por cerca de un año, en otra de esas medidas sin sustento cierto e impuestas verticalmente, distorsionando lo que ha sido por décadas la vida cotidiana de una de las fronteras más dinámicas del continente.

Esa división político-territorial de la mencionada región es tan necesaria como formal; pero se corresponde en muy poco con seres humanos que fluyen en ambos sentidos, y que tiene su vida entrelazada en ambos países. Por vínculos humanos, afectivos, por parentescos, por negocios, por todo lo que sustenta a una sociedad; que en este caso está dividida entre dos tierras.

Y esa línea viva que separa –o que une- a ambos países es el termómetro de que las cosas no funcionan en Venezuela. Expone de tal manera la atípica existencia que llevamos hoy los venezolanos, que hubo que forzar un cierre artificial, digno del Muro de Berlín, para atajar la realidad.

Y como sucedió con aquel anacrónico monumento de la tristemente célebre Guerra Fría, también se vino abajo. Al igual que en aquella ocasión, la presión ciudadana acabó con algo que no debió existir jamás.

En nuestra tierra, la prescindible separación cedió a una de las mayores fuerzas del universo: la de las madres en busca de alimento para sus pequeños. Esas mismas que relataron  haberse organizado durante quince días, que se uniformaron de blanco y que se fueron hasta la línea fronteriza a insistir tercamente en su necesidad de comida y medicinas.

Una presión pacífica que terminó por hacer ceder a la autoridad y abrir esa puerta que no debería estar cerrada, máxime cuando el discurso oficialista habla tanto de integración latinoamericana. No es muy congruente que se ampute el tránsito en uno de los puntos que más nos integra con nuestros vecinos.

No hubo manera de seguir embargando a los tachirenses la posibilidad de traspasar la frontera y visitar el territorio hermano para abastecerse. Y nos referimos a que no hubo forma moral. No solamente porque las pioneras del primer día lograron acceder, sino porque regresaron con relatos demoledores: allá, del otro lado, no hay guerra económica. Hay de todo, en variedad, para escoger y a precios inferiores a los vistos del lado venezolano, inflados exponencialmente por la inflación que trae todo control.

Del otro lado, en esa ciudad llamada Cúcuta, sí llegó el siglo XXI. No padecen las limitaciones que vemos de este lado, y para colmo, fueron excepcionalmente amables con los visitantes. Si alguien perdió en este particular intercambio, fue cualquiera que haya intentado sembrar discordia entre dos pueblos que son uno.

Y por si fuera poco, el epílogo asombra aún más. En días posteriores, la afluencia venezolana se multiplicó por decenas de miles en los momentos cuando se abrió el paso fronterizo.

La exposición de lo que sucedía quedó a la vista del mundo entero, porque fue una noticia de trascendencia internacional. Numerosos medios esperaban a los visitantes del lado colombiano del puente.

La multitud fue cubierta con drones que proporcionaron impactantes vistas aéreas e incluso se pudo ver desde Google Earth. En la era de la hiperinformación, intentar embargar una noticia es un ejercicio tan inútil como tratar de mantener agua en el puño.

Aunque por ahora se descarten nuevos pasos fronterizos, el impenetrable acorazado ya hace aguas. Ya sucedió, y más de una vez. Ya el Emperador quedó desnudo. Se podrá atajar por la fuerza a los venezolanos que requieran los bienes que están en el otro lado; pero la victoria moral es irreversible, para utilizar uno de esos vocablos de moda.

La apertura definitiva de la frontera también es clamor del otro lado de la línea y las voces son encabezadas nada menos que por la canciller María Ángela Holguin y por los comerciantes de Cúcuta. Lo que impone la realidad es que las cosas vuelvan a ser como antes; o incluso mejor que antes. Que se reconozcan fallos y errores y queden en el pasado.

Muros como el de Berlín son imposibles cuando nos acercamos aceleradamente a la tercera década de un nuevo siglo que avasalla todo experimento fallido de los cien años pasados. Las terquedades solamente prolongan la agonía y generan dolores inútiles y prescindibles. Estamos en cuenta regresiva para que las cosas sean como siempre han tenido que ser.

viernes, 15 de julio de 2016

“Monólogo”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

Por estos días ha reflotado en Venezuela el submarino del diálogo. Un submarino que se sumerge y pasa largas temporadas en las más oscuras profundidades; para de vez en cuando aparecer en la superficie, coincidencialmente cuando el gobierno atraviesa turbulencias.

Lo cierto es que la palabra “diálogo” forma parte del argot de la opinión pública por estos días; pero la gente no deja de pronunciarla con reservas. ¿A qué se deberá?

Quizá a que es un vocablo extremadamente manoseado en estos casi 18 años de autodenominada revolución. A que le hemos puesto demasiada expectativa en el pasado y a que muchos consideran que es simplemente un salvavidas para comprar tiempo por parte de quienes hoy conducen la administración pública nacional.

Así sucedió cuando los difíciles momentos vividos en 2002 y 2003 devinieron en una eterna y estéril Mesa de Negociación y Acuerdos que solamente arrojó frustración. Y en 2014, fecha que marcó una conmoción nacional y generó otro acercamiento que terminó convertido en sal y agua. Motivos para no creer, los hay.

Aunque no se puede hacer tal afirmación postulándola como una verdad, pareciera que los acercamientos de quienes mandan para conversar con los excluidos, solamente ocurren en momentos de crisis extremas –y bajo puntaje en las encuestas- para, como dicen algunos, “comprar tiempo”.

Los factores que empujan a los autodenominados revolucionarios a sentarse a hablar confluyen una vez más. Pero como en el cuento de Pedro y el lobo, ya nadie les cree. Ese es el problema de dilapidar el capital político en promesas incumplidas. Y lo peor es que ahora el lobo sí nos está respirando en la nuca.

¿Es de plano inefectivo un diálogo? No, puede ayudar y mucho. Incluso, aunque tantos venezolanos estén ganados al descreimiento, puede ser la solución. Entonces, ¿por qué flota esa percepción de inutilidad al respecto en el país?

Quizá todo parta de la vocación de monólogo que tiene el gobierno.

Por más de década y media, los venezolanos hemos sido sometidos a un interminable soliloquio generado desde el poder. Las cadenas de radio y televisión, no solamente habituales y frecuentes, sino por demás extensas; aunadas a la multiplicación de medios de comunicación de corte oficialista mientras el contrapeso de los independientes va menguando. Invasiva propaganda a diestra y siniestra, que busca no solamente publicitar los supuestos logros gubernamentales, sino incluso adoctrinar.

¿Y cuál es el resultado? Que el oficialismo se creyó su propio monólogo. Piensan que lo están haciendo muy bien. Se acostumbraron a hablar solo ellos. Se marearon de poder y creen, cuando por fin se sientan a dialogar atosigados por la realidad, que pueden golpear la mesa con el puño y poner las normas, como lo hace en las instituciones del Estado, donde las nóminas de trabajadores deben obedecer, so pena de ser despedidos a pesar de la inamovilidad laboral.

Quienes hoy nos gobiernan son aficionados a los trajes a la medida cuando se trata del diálogo. Y entonces se mandan a coser a sus propios mediadores, esos que dicen lo que es agradable escuchar, los mismos que se retratan sonrientes con una de las partes mientras descalifican a la otra. Y así, las condiciones del supuesto acercamiento pretenden ser impuestas unilateralmente. Sobra comentar cuán inútil es este ejercicio viciado.

Cuando no se ha ejercido realmente la democracia, cuando no es esquema de pensamiento, cuando es solamente una etiqueta que se utiliza de la boca para afuera, no se puede entender que para hacer viable una iniciativa de ese tipo, ambas partes deben poner sobre la mesa tanto agendas como representantes y que hay que llegar a acuerdos mínimamente aceptables para los dos grupos. No se puede dialogar cuando las condiciones son impuestas unilateralmente. Parece una observación tonta, pero vista la situación, es más que necesario hacerla.

Afortunadamente, en Venezuela sí hay democracia. La ha impuesto la gente, saliendo a la calle a votar, entregando el poder Legislativo en manos de una alternativa política que le mereció confianza, defendiendo su voto y apoyando a sus líderes elegidos, quienes son hoy representantes de una obvia mayoría.

Una vez más se abre una posibilidad de entendimiento. Pero obviamente, del lado de la Mesa de la Unidad Democrática hay condiciones no negociables: referendo revocatorio este año, liberación de presos políticos, atención a la crisis alimentaria y de salud. Y por supuesto, es la MUD quien decide cuáles serán sus representantes. Esperar otra cosa sería, por decir lo menos, desquiciado.

Esperemos sensatez de parte del otro factor que pretende dialogar, pero que no sabe cómo hacerlo. Apostemos a que sus convidados sean más agudos que ellos y los aconsejen para que nuestra nación supere esta hora menguada.

viernes, 8 de julio de 2016

“¿Hay o no hay revocatorio?”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

El referendo revocatorio presidencial que hoy ocupa la atención de todos los venezolanos, ha dado lugar a multitud de conjeturas que bien podrían servir de argumento, no digamos para una, sino para muchas películas de ficción.

La importancia del inminente evento que mantiene los ojos del mundo fijos sobre Venezuela, aunada a la información confusa y contradictoria que proviene de fuentes oficiales –para no hablar de desinformación- choca con la urgencia que tenemos todos de saber, generando que cada quien se arme su propia película.

Los más aficionados al apocalipsis aseguran que sencillamente no habrá referendo. Esta es definitivamente, la hipótesis más audaz, tomando en cuenta que los ojos del planeta vieron a los venezolanos saliendo a la calle masivamente para firmar y así activar el proceso que conduce al revocatorio.

Se trata de acortar los tiempos, de engullirse días de la semana y meses del año, a ver si se hace inviable el evento comicial. También se ha apelado a cualquier forma de “rebanar” la voluntad de la gente, tales como descalificar firmas y firmantes, colocar una cantidad mínima de puntos para validar y otros tantos contratiempos que, sumados, deberían dejar cojeando a esta iniciativa popular. O al menos, eso es lo que aspiran los guionistas de esta película de terror.

Pero nada de eso ha resultado. Los venezolanos salieron masivamente, tanto a firmar como a validar. Aunque superficiales formalismos confiscaron un derecho constitucional a cientos de miles de venezolanos, el volumen de ciudadanos convocados fue tal, que estamos protegidos por mucho, en cuento a la cantidad de electores convocantes en esta primera etapa.

Otros tantos, asoman más tímidamente que sí, que habrá revocatorio... Pero que no podrá ser este año. Y como bien sabemos, los desenlaces son distintos según se celebre antes o después del 10 de enero de 2017.

Resulta que en este momento, la pelota está del lado de la cancha que domina el Consejo Nacional Electoral. El 1% del padrón electoral ya salió a firmar, y se cumplió también con el requisito de la validación, a pesar de las engorrosas condiciones en las cuales se desenvolvió.

Desde ya –en realidad desde hace varios días- el CNE puede dar inicio a la convocatoria de revalidación del 20 por ciento de los electores, para solicitar el referéndum revocatorio del mandato presidencial de Nicolás Maduro y hacer la participación de dicha decisión a la Mesa de la Unidad Democrática; con lo cual entraríamos en la ruta definitiva para realizar la consulta.

Partimos aquí de dos verdades lapidarias: la convocatoria sí fue hecha a tiempo y existe además tiempo suficiente para realizar la consulta. No hay razones legales ni técnicas para que el Referendo Revocatorio no se realice este mismo año.

Otro de los obstáculos que aducen quienes se empeñan en buscar obstáculos, es que tenemos pendientes para este año las elecciones regionales, cosa que es meridianamente cierta.

No solamente son eventos compatibles, sino que por la dinámica de ambos, podrían culminar realizándose el mismo día, lo cual incluso sería conveniente por ahorro de costos, al convocarse ambas consultas en una misma jornada.

También corrió el rumor de que el Tribunal Supremo de Justicia echaría para atrás esta primera recolección de firmas ya celebrada. Si hay o no bases para ese rumor, es algo sobre lo cual no nos corresponde pronunciarnos; lo cierto es que, al día de hoy, eso no ha sucedido. Otra hipótesis señalaba que se estaría buscando una forma de echar para atrás todo el proceso; pero el oficialismo no estaría dispuesto a pagarle ese costo político.

Hay otra razón de peso para que el evento siga adelante por su propio peso: y es que moralmente ya fue convocado. Los cientos de miles de venezolanos en las calles firmando son una muestra clara, ante los ojos de todos, de la exigencia de la gente de ir al revocatorio, créanlo o no los afectados por esta decisión popular.

Por si fuera poco, la validación y las adversas condiciones en las cuales se realizó, sirvieron nada como reafirmación de esta misma voluntad. La gente salió con más pasión, y se empeñó con terca perseverancia en hacer valer sus firmas.

Podemos concluir algo que sería conveniente tener anotado: mientras más se complique el proceso, más tenacidad va a sacar el venezolano de sus ganas de poner punto final a los problemas que hoy lo agobian.

Se acaban las excusas y se acaban los obstáculos. Se acaba una etapa histórica mientras otra nueva irrumpe con fuerza a pesar de quienes intentan en vano esconderla o postergarla.

Quienes hacen un papel a contracorriente, quedan muy mal ante un país que está muy claro en lo que está sucediendo, porque lo padece en carne propia, en sus hogares o en el núcleo de su familia.

viernes, 11 de marzo de 2016

“Tumeremo, o nada asombra”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

Lo que hasta hoy se dibuja como una dantesca masacre de veintiocho mineros ocurrida días atrás en Tumeremo, estado Bolívar, tiene, a nuestro modo de ver, dos lecturas: la aberración del hecho en sí y la extrapolación del mismo como un síntoma de lo que hoy padece Venezuela.

Cabe preguntarse cuál es el concepto de soberanía que tenemos sobre nuestro territorio, cuando hechos como el cuestionado demuestran que los límites de nuestra patria están descuidados, por decir lo menos, y que la irregularidad es la cotidianidad en esas latitudes.

Es más, escapa de nuestra percepción hasta dónde se puede llegar en territorios tan alejados, cuando ya en nuestras grandes ciudades se han perdido los límites de cualquier tipo en cuanto al más elemental respeto a la vida.

Cuando los venezolanos enfrentamos hechos atroces, como el mencionado, que dibujan hasta qué límite el gobierno ha perdido el control sobre el país, suelen darse lamentables situaciones como consecuencia, que no hacen sino reafirmar lo que hoy aquí afirmamos.

Los diversos voceros gubernamentales no se ponen de acuerdo, y las contradicciones entre las distintas declaraciones no hacen más que poner de manifiesto que algo hay oculto. Sobran por cierto, epítetos fuera de lugar, como “las declaraciones de la derecha”. Es un insulto a todos los venezolanos el querer distraer la atención de los hechos con cortinas de humos tan desgastadas.

¿Por qué mientras unos voceros niegan a priori los sucesos, otros dicen que “hay indicios” y otros más culpan –también a priori- a paramilitares? ¿Son los paramilitares culpables de algo que no ocurrió? ¿Ocultan algo estos funcionarios? ¿O es simplemente un síntoma de que no tienen ni idea de lo que sucede en sus jurisdicciones?

Es penoso ver que un pueblo indignado protesta por sus muertos y que las fuerzas de seguridad van a contener la indignación, cuando no tuvieron la capacidad de evitar la tragedia. Todos los venezolanos compartimos en mayor o menor grado una devastadora sensación de desamparo ante la violencia que se lleva vidas constantemente en esta tierra.

Quizá lo más triste que pueda relatar un país es su desconfianza ante los cuerpos que se supone existen para cuidar a su gente.

También vemos cómo las redes sociales de esta segunda década del siglo XXI permean la muralla de desinformación que intentan construir quienes ingenuamente creen que el agua se puede guardar en un puño.

Daría risa si no fuera tan triste, el ver cómo funcionarios de todo rango intentan construir medias verdades cuando las certezas las desmienten en forma avasallante, porque destiñen en cosa de horas lo que nos e ajuste a los hechos, documentados por los implacables reporteros ciudadanos y los omnipresentes celulares.

Preocupa e inquieta que el pueblo y la GNB estén en la calle a la vez en el sector de los hechos. Ambos en extremos opuestos de las versiones de lo sucedido. Bajo miedo, rabia y tensión. ¿De qué padecemos, de qué nos enfermamos como nación?

Otro testimonio de agradecimiento hay que darlo a los medios independientes, especialmente a los regionales, quienes valientemente han ido reconstruyendo por cuentagotas y a contrapelo, lo que parece haber sucedido. Y que pinta algo tan sórdido, que nos lleva a exigir que se siga adelante, porque tenemos derecho a saber, y tenemos derecho a la justicia.

Muchos autoproclamados defensores de los derechos humanos, que se desgarran las vestiduras por masacres del pasado o de otras latitudes, guardan un silencio vergonzoso y cómplice ante lo que hoy nos conmueve a todos. Estos hechos dejan al desnudo sus sesgos ante la opinión pública.

Ni los paramilitares ni las bandas son disculpa alguna ante la omisión de los funcionarios obligados a resguardar a nuestros compatriotas y nuestro territorio. Hay declaraciones de personeros del gobierno que parecen sonar adecuadas. Ojala entre la palabra y los hechos medie una distancia demasiado grande. Ya nos hemos acostumbrado demasiado a no confiar.

Hay sobrevivientes y las verdades comienzan a salir. De distintos rincones de los alrededores aparecen testigos y sobrevivientes de lo que sucedió.  Hay quienes se empeñan en callar y ocultar. Mientras otros tantos no se dejan expropiar su verdad. Y los venezolanos seguiremos atentos ante esta consternación nacional.

En situaciones como esta es cuando agradecemos y valoramos tener una Asamblea Nacional independiente del poder Ejecutivo, que se constituya en una alternativa para decir lo que se calla, y para investigar en lo oscuro y profundo de lo que desconocemos. 

Sin duda es un gran logro, por el cual debemos felicitarnos a nosotros mismos, ya que parece ser el único cable a tierra en estos tiempos de anomia generalizada.


viernes, 4 de marzo de 2016

“Un derecho de los venezolanos”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

La discusión prioritaria entre las fuerzas democráticas que hoy ostentan la mayoría en la Asamblea Nacional, es en este momento, ubicar el mecanismo constitucional para lograr el cambio de gobierno.

Sí, así, con todas sus letras. No se trata de un despropósito, ni mucho menos de una blasfemia. Porque la alternabilidad en el poder es uno de los elementos de la democracia. Adicionalmente, el poder no pertenece a parcialidad alguna y quien lo ejerce está sujeto al escrutinio del pueblo, a quien debe rendir cuentas y quien tiene la facultad de relevarlo de sus funciones.

Lamentablemente para todos, el trieno madurista está plagado de una cantidad de signos y síntomas que nos dicen que la conducción del país requiere un urgente cambio de rumbo.

Adicionalmente, no renuncia a su estilo pendenciero y de confrontación, retando e insultando permanentemente con su acostumbrado vocabulario belicista al nuevo parlamento, recientemente elegido por la mayoría de los venezolanos y con el cual convendría trabajar conjuntamente en lugar de intentar ponerlo contra la pared a la fuerza.

Finalmente, su insistencia en achacar el caos que padecemos a factores externos como El Niño, la iguana, la guerra económica y la caída de los precios petroleros, es una confesión de que perdió el control y de que no encuentra la manera de retornar a un rumbo productivo y de paz.

Estamos en un urgente momento que demanda acuerdos y trabajo conjunto; pero el Ejecutivo nacional, atrincherado en su soberbia, no parece percibirlo. El gobierno en definitiva, no tiene la menor intención de cambiar.

Por ello, los venezolanos estamos decididos a hacer uso de nuestro derecho a empuñar la Constitución Nacional para revisar cuáles son las alternativas que su letra nos ofrece para dejar en el pasado esta etapa adversa y oscura de nuestra historia y abrir la puerta a cambios que más que urgentes, son literalmente de vida o muerte.

En las páginas de la Carta Magna podemos encontrar el referéndum revocatorio, la enmienda o reforma constitucional, el abandono del cargo y la Asamblea Constituyente como opciones, todas válidas, para poner fin al actual mandato del Ejecutivo y poder hacerle el tan urgente “reseteo” a Venezuela.

El revocatorio puede ser convocado por solicitud del 20% del electorado inscrito en el Consejo Nacional Electoral o por requerimiento de la mayoría de los diputados de la AN. Se puede activar a partir de la mitad del mandato, a la cual justamente estamos llegando.

Mucha gente teme que, si son los electores quienes solicitan la activación del refrendo, se active una nueva “Lista Tascón”, aquel tristemente recordado instrumento que sirvió para perseguir a quienes solicitaron el revocatorio de 2004.

También existen los precedentes del retraso del CNE en la activación del referendo, lo cual llevaría a que, si demora más de un año, el período sea terminado por el actual vicepresidente.

Tanto la reforma como la enmienda constitucional, son mecanismos en manos de la mayoría de la Asamblea Nacional, pero deben pasar por un referendo aprobatorio de los cambios, que se centrarían en acortar el período presidencial. Habría que enfrentar en el camino, los pareceres del CNE y del Tribunal Supremo de Justicia.

La Constituyente puede ser activada por las dos terceras partes de la Asamblea o el 15 por ciento de los inscritos en el registro electoral. A diferencia del revocatorio, el proceso de recolección de firmas no está regulado por el CNE.

El Presidente no podrá objetar la nueva Constitución y los otros poderes públicos no podrán impedir las decisiones de la Asamblea Constituyente. De hecho, la Constituyente asume el poder supremo de la República por encima de los poderes existentes, que deben poner sus cargos a disposición. Posteriormente, con una nueva Constitución, se convocan a elecciones para renovar todos los cargos de elección popular.

Finalmente, la renuncia, implicaría un acto de responsabilidad y desprendimiento voluntario del mandatario actual, el cual solo depende de su propia voluntad y que, evidentemente, no tiene intención de ejecutar. Mientras el abandono del cargo podría justificarse bajo la impericia con la cual está siendo manejando el país.

De todo este grupo de mecanismos legítimos que son un derecho de los venezolanos, las fuerzas alternativas democráticas escogerán el que consideren más idóneos, valiéndose de la representación que la mayoría de los venezolanos le otorgamos.

Apoyar esta decisión hasta lograr el cambio que tanto nos urge, es un acto de responsabilidad ciudadana, apremiado por la necesaria urgencia de salvar al país de la peor crisis de su historia.

martes, 2 de febrero de 2016

"Asamblea de Ciudadanos Baruta"

David Uzcátegui
@DavidUzcategui



Participa en  Asamblea  de Ciudadanos.   Nuestros Diputados invitados hablarán contigo de temas muy importantes hoy día y que serán llevados a la Asamblea Nacional.

jueves, 28 de enero de 2016

“Salud, la prioridad”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

En las semanas de ejercicio que lleva cumplidas la nueva Asamblea nacional, un frenesí ha asaltado a la población venezolana, y es el de aventurarse a hacer listados sobre las numerosas tareas que tiene por cumplir, clasificándolas en orden de urgencia.

No es para menos, ya que si en algo coincidimos todos los venezolanos que no estamos de acuerdo con la forma como se han manejado las cosas en la última década, es en señalar que es mucho lo que hay que hacer. Y lamentablemente, la mayoría de esas coas no pueden esperar.

Sin embargo, hace pocos días se planteó en este renovado foro de debate, un asunto particularmente sensible: la salud. La mayoría de la Mesa de la Unidad, responsablemente, votó por declarar una crisis humanitaria en el sector salud.

El Parlamento tomó la medida "en vista de la grave escasez de medicamentos, insumos médicos y deterioro de la infraestructura humanitaria", según se lee en el acuerdo aprobado por la cámara. Se trata de un exhorto que le exige al gobierno poner como prioridad la atención de esta emergencia.

¿Por qué llegar a una medida límite como esta? Por muchas razones. La periodista especializada en salud Acianela Montes de Oca, reporta en su cuenta twitter paludismo en Bolívar, Amazonas, Delta Amacuro, Monagas, Sucre, Apure, Zulia y Guárico. Agrega que la enfermedad superó los 136 mil casos en 2015, 52,6% más que en 2014. De 2010 a 2014 la dolencia creció en 135%.

Estamos hablando de enfermedades que llegaron a considerarse extintas en nuestro territorio y cuya lucha para derrotarlas llevó décadas a innumerables profesionales de la salud formados en universidades nacionales. Esta victoria fue una señal clave del paso de lo rural a lo moderno. Hoy hemos retrocedido lo suficiente como para crear alarma.

Debido a la crisis económica que sufre el país, en ocho de cada diez farmacias del país no se encuentran los medicamentos básicos, según la Federación de Farmacias de Venezuela, la misma que agrega que El gobierno debe más de US$3.000 millones a diferentes farmacéuticas y laboratorios, que han debido limitar sus importaciones de medicamentos al país.

A la sesión parlamentaria que votó a favor de la emergencia médica nacional, acudieron familiares de pacientes fallecidos por falta de medicamentos. Desde cáncer hasta enfermedades cardiovasculares se están llevando a los venezolanos por ausencia de medicación adecuada.

Una frase que hemos citado reiteradamente en este espacio, es que el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones. Y creemos que eso es lo que ha pasado con el sector sanitario en nuestro país.

Hace algo más de una década, la Misión Barrio Adentro levantó revuelo en la población, por algo que lucía novedoso, como lo era acercar los centros de salud a las comunidades. Sin embargo, con el tiempo la iniciativa se fue desinflando; quizá porque fue una medida reactiva para reforzar campañas electorales y tras ella no había un buen sustento de fondo. Al día de hoy, 68% de los módulos de Barrio Adentro 1 están cerrados, según información que maneja la MUD.

Adicionalmente, se cometió el grave error de abandonar la red de hospitales públicos venezolanos, entre los cuales existían incluso centros de referencia internacional, excelentes infraestructuras realizadas por diversos gobiernos.

Y lo que es más lamentable, el personal médico venezolano se siente solo y a la deriva. Con escasez de insumos, de medicamentos, a merced de la delincuencia en centros asistenciales, devengando salarios que están muy lejos de cubrir las necesidades básicas y para colmo criminalizados, muchos han optado por partir a otros países donde sí se aprecia su excelente formación y su inquebrantable vocación; y donde además encuentran las condiciones imprescindibles para trabajar.

Y no se trata de un señalamiento al poder ejecutivo para azuzar el enfrentamiento que ya tiene cansados a los venezolanos. Se trata de exigir que se mida la dimensión de lo que padecemos para que lo enfrentemos conjuntamente. Aquí nadie gana y todos pierden cuando se nos van vidas por falta de atención en el sector salud.

¿Qué hacemos? ¿Existen planes prácticos, efectivos, realizables, que atajen esta tragedia? ¿Podemos trazarlos? ¿A cuáles prejuicios tendremos que renunciar para salvar vidas y evitar desde ya que se sigan perdiendo?

Es lamentable que en este tema, que debería convocarnos a todos, no se haya contado con el voto favorable de la bancada oficialista de la AN. Y más allá, que se hayan escudado en justificaciones y situaciones de tiempos pasados, cuando la emergencia ocurre hoy. Si la vida de nuestros connacionales no logra sentarnos a hablar, entonces nada lo hará. Y nos negamos a conformarnos con esa alternativa.


www.daviduzcategui.com

jueves, 21 de enero de 2016

"Primero Justicia Baruta denuncia ante AN fallas del servicio público de agua"

Aseguran que Hidrocapital no cumple con el plan de racionamiento programado



(Caracas, 21 de enero de 2016).- Concejales de Primero Justicia  Baruta y el dirigente político de la tolda amarilla, David Uzcátegui,  acudieron este jueves ante la Asamblea Nacional  para denunciar fallas en el suministro del servicio de agua en el municipio.

Uzcátegui  fue el encargado de entregar la comunicación dirigida al Vicepresidente de la Comisión de Servicios Públicos del parlamento, Jony Rahal. También acudieron los concejales: Darwin González, Armando Machado, Luis Aguilar, Víctor Pérez, Miguel Castillo, Claudio Ripa, Alejando Soto y Rohna Dubaly.

La misiva manifiesta como se está vulnerando, a juicio de los firmantes,  el derecho que tienen los baruteños  al servicio público de agua y contempla un exhorto al parlamento para que los ayude a atender la situación.

“Hoy acudimos ante la Comisión de Servicios Públicos de la Asamblea Nacional en representación de los vecinos del municipio Baruta, recurrimos con suma urgencia ante las fallas reiteradas en el servicio de agua por parte de la empresa del estado Hidrocapital. Todos entendemos la sequía que afecta el país,  pero no se está cumpliendo con el plan de racionamiento programado  y los baruteños pasan hasta cuatro días sin el vital líquido”,  señaló David Uzcátegui.

Indicó además que los vecinos de Baruta han venido realizando reclamos a Hidrocapital,  tanto vía telefónica como a través de las redes sociales, pero el llamado no ha sido atendido. Denuncia que no solo son fallas en el suministro sino también de la calidad, destacando que en muchos casos el agua les llega sucia.

 “Las zonas más afectadas del municipio que presentan fallas en el servicio de agua son: El Placer, Cumbres de Curumo, Prados del Este, Las Minas de Baruta, Santa Fe, Los Campitos, El Cafetal, La Trinidad y el Peñón, entre otras”, aseguró Uzcátegui.

El dirigente político culminó afirmando que privar a los baruteños de este servicio público resulta a todas luces contrario a la cláusula del Estado Social, vulnerándose así los derechos establecidos en el artículo 83 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.