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viernes, 14 de abril de 2017

“Olla de represión”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

En mucho se ha comparado desde hace rato la situación de Venezuela con una olla de presión, en cuanto al hecho de toda la tensión que se viene acumulando sin válvula de escape alguna.

Y ese símil parece que está encontrando su plena justificación en estos días, cuando la ciudadanía se ha volcado a protestar en contra de las incontables penurias que padece.

Sin embargo, la reacción de quienes hoy gobiernan, muy lejos de ser la de escuchar las demandas de la gente, ha sido exactamente la contraria: reprimir a los manifestantes.

Nos preguntamos: ¿hacia dónde vamos si seguimos viviendo esta situación?

Porque los venezolanos efectivamente, vivimos literalmente en una olla de presión desde hace tiempo: la presión inflacionaria, la de la cada vez menor oferta de alimentos, la de los insólitos precios que alcanzan los que se consiguen, el viacrucis de recorrer infructuosamente farmacias buscando el medicamento para algún familiar, el acecho del hampa sin castigo que se lleva numerosas vidas casa día.

Y sí, había una válvula de escape a toda esta presión, como en las ya mencionadas ollas: contarnos. Recordemos que el año pasado nos tocaba el derecho a un referendo revocatorio, para cuya cita se movilizaron las fuerzas democráticas nacionales; pero que fue negado por las autoridades competentes, a fuerza de excusas endebles que a nadie convencieron.

También tenemos pendientes las correspondientes elecciones regionales, las cuales se han postergado con el insólito pretexto de la crisis. Una crisis que provocaron ellos mismos con su nefasta administración y que solamente se puede resolver permitiendo a los venezolanos reemplazar mediante el voto popular a las autoridades que no han sabido hacer su trabajo.

Pero, tras la avasallante victoria de la democracia en las más recientes elecciones parlamentarias, el miedo ha cundido en el oficialismo y han venido las excusas para no volver a medirse.

Mucho más allá de eso, factores afines a la ideología roja, están buscando la manera de confiscar las funciones legítimas del parlamento nacional, con el fin de anular el contrapeso que este debe ser por derecho y por mandato de la ciudadanía.

Y es allí donde la gente levantó su voz. No es ya solamente que el dinero no alcance, que no haya insumos para atender la salud o que la delincuencia sea un azote. No es simplemente el hecho de correr la arruga electoral: es pretender anular la única voz legítimamente electa con la que contamos los venezolanos.

Lo menos que se podía esperar era que la gente se lanzara a las calles. Y se lanzara indignada. Con la ira de las frustraciones acumuladas, de las necesidades postergadas, de los derechos atropellados y confiscados.

Pero ni siquiera esa expresión legítima es permitida. La represión por parte de las fuerzas del orden público ha sido tan desproporcionada como condenable.

Los ojos del mundo pueden verlo a través del valiente trabajo reporteril, ahora asistido por los dispositivos móviles y las plataformas sociales de todos los ciudadanos, que han documentado en fotos y videos numerosos excesos policiales que no pueden ser casualidad.

Olvidan quienes hoy administran a Venezuela, que esa gente que está siendo atropellada por gritar su descontento, es la misma a quien le deben cuentas. Parecen no tener idea de qué es la democracia y parecen también creer que el poder es su propiedad y no una encomienda entregada por los venezolanos a través del voto, sobre cuya administración tenemos derecho a exigir cuentas.

La realidad es que lo han hecho muy mal y que como empleadores de tan malos funcionarios tenemos derecho a despedirlos por las vías democráticas. Pero ellos no lo quieren aceptar. Aumenta la presión. Y la represión.

La gente se sigue citando en las calles. Los gobiernos del mundo se siguen pronunciando ante la alarmante situación nacional. Y la razón cada vez está menos del lado de la tolda gobiernera.

No se extinguirá la protesta ni con miedo, ni con represión, ni con gritos ni con órdenes. Todo esto la alimenta, porque lejos de ser un capricho, es la legítima expresión de las necesidades no satisfechas y de los derechos negados. Los poderosos juegan hoy en su propia contra, porque no saben qué más hacer.

El brutal y documentado trato a los manifestantes agrega más presión a la olla que no tiene válvula. Que no tiene ni referendo, ni elecciones y ya ni siquiera protesta. ¿A qué están jugando quienes gobiernan? ¿Miden, aunque sea remotamente, el tamaño de la tragedia nacional que están provocando? ¿Hasta dónde puede llegar la irresponsabilidad de estos empleados del pueblo?

El gobierno ha enviado un mensaje muy claro: no está dispuesto a escuchar ni a dialogar. Creen que siempre tienen la razón y si no logran imponerla, avasallan a quien pretenda reclamar.

viernes, 18 de noviembre de 2016

“Diálogo”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

El nuevo espacio de diálogo que se ha abierto en Venezuela entre el gobierno y las fuerzas alternativas democráticas, ha sido objeto de una enorme polémica. Y no es para menos, porque tanto quienes aupamos esta iniciativa como quienes la condenan, sí estamos de acuerdo en algo: nos estamos jugando al país como nunca antes.

Como siempre solemos decir en este espacio, la circunstancia tiene dos lecturas posibles y queda de nosotros el ver el vaso medio lleno o medio vacío. Obviamente, nosotros optamos por lo primero.

Quienes no lo perciben así, aseguran que se ha cedido ante el oficialismo justamente en un momento en el cual quienes no creemos en la autodenominada revolución, habíamos sumado un capital político enorme, el cual se demostró en las elecciones parlamentarias, la convocatoria a firmar para activar el referendo revocatorio y las más recientes manifestaciones de calle.

Y he aquí otro punto en el cual los discordantes estamos de acuerdo. La acera contraria a la tolda roja suma hoy más venezolanos que nunca.

Sin embargo, el punto de discusión es: ¿realmente cedimos ese capital político? ¿O lo estamos utilizando para abrir puertas a una solución que sea lo menos traumática posible? Preferimos anotarnos en la segunda respuesta.

Porque, más allá de que el rechazo a la opción que nos gobierna haya alcanzado máximos históricos, hay que tener en cuenta que ello se debe al intolerable deterioro de la calidad de vida de los venezolanos, quienes se encuentran hostigados por delincuencia, inflación y falta de medicinas; en medio del panorama más complejo que recuerde Venezuela en su historia republicana.

En algo más estamos de acuerdo todos –incluyendo a una buena tajada del chavismo- la realidad se está llevando por delante a este inviable proyecto político. Y eso es algo que sabemos que incluso hablan por debajo de cuerda muchos líderes rojos-rojitos que reconocen en voz baja el estruendoso fracaso de esta propuesta desquiciada que lanzó a nuestra patria por un precipicio.

Hemos sumado un gran activo a nuestra causa, y nos ha costado literalmente sangre, sudor y lágrimas: la opinión pública mundial entiende claramente las dimensiones de la crisis venezolana. La realidad ha desbordado sobradamente el laborioso lobby que el Ejecutivo nacional ha hecho por tantos años en escenarios internacionales, intentando pintar una Venezuela de cuentos de hadas que solamente es posible por obra y gracia de la magia revolucionaria.

Y que por supuesto, solamente existe en una narrativa construida en los laboratorios del régimen para ganar el favor de actores internacionales, que hoy se encuentran desengañados y más claros que nunca en cuál es la verdadera realidad venezolana, a punta de leer los estruendosos titulares que nos dedica la prensa mundial y que rayan en lo insólito. Pero que son demoledoramente ciertos.

No hay que olvidar que tenemos en esta iniciativa, la presencia del Vaticano. Y eso no es poco, ya que no solamente estamos hablando de una entidad que representa la máxima autoridad para los católicos del mundo, sino de uno de los más avezados y experimentados actores diplomáticos del planeta.

Que Su Santidad el Papa Francisco haya accedido a involucrarse en la búsqueda de una solución a la compleja situación nacional, indica que hemos llegado al llegadero. El caos del país llegó a las mayores instancias mundiales.

Y estamos sentados a esa mesa con todos los activos que señaláramos líneas más arriba. El gobierno lo sabe. Y es por ello que, acostumbrado a atropellar y avasallar, prefiere sin embargo dialogar. Todos los venezolanos estamos con el agua al cuello, incluyendo –y muy especialmente- a quienes hoy ostentan el poder.

Y ojo, que el liderazgo que representa a la oposición está meridanamente claro en la enorme fuerza que representa la venezolanidad colmada y saturada de vivir mal. Y los poderosos también lo saben. Eso está presente en las negociaciones. Y es el combustible que las empuja.

La presión y la protesta no están descartadas por los líderes. Y mal podrían descartarse cuando no son inducidas; sino, muy por el contrario, totalmente orgánicas y con vida propia.

Se ha llegado a acuerdos porque el escenario se plantea distinto por primera vez en mucho tiempo. Y hay que darle el voto de fe a lo que está sucediendo, por encima de las lógicas impaciencias que acarrea la creciente crisis, que avanza a paso de vencedores, ahorcando a la ciudadanía.

Desde aquí no creemos que el gobierno desee algo tan simple como “comprar tiempo”. De ese lado de la calle están los primeros que tienen bien calibrada la gravedad de la situación. Y son ellos quienes deben estar deseando más que nadie escapar de ese callejón sin salida creado por sus propios despropósitos.

jueves, 28 de enero de 2016

“Salud, la prioridad”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

En las semanas de ejercicio que lleva cumplidas la nueva Asamblea nacional, un frenesí ha asaltado a la población venezolana, y es el de aventurarse a hacer listados sobre las numerosas tareas que tiene por cumplir, clasificándolas en orden de urgencia.

No es para menos, ya que si en algo coincidimos todos los venezolanos que no estamos de acuerdo con la forma como se han manejado las cosas en la última década, es en señalar que es mucho lo que hay que hacer. Y lamentablemente, la mayoría de esas coas no pueden esperar.

Sin embargo, hace pocos días se planteó en este renovado foro de debate, un asunto particularmente sensible: la salud. La mayoría de la Mesa de la Unidad, responsablemente, votó por declarar una crisis humanitaria en el sector salud.

El Parlamento tomó la medida "en vista de la grave escasez de medicamentos, insumos médicos y deterioro de la infraestructura humanitaria", según se lee en el acuerdo aprobado por la cámara. Se trata de un exhorto que le exige al gobierno poner como prioridad la atención de esta emergencia.

¿Por qué llegar a una medida límite como esta? Por muchas razones. La periodista especializada en salud Acianela Montes de Oca, reporta en su cuenta twitter paludismo en Bolívar, Amazonas, Delta Amacuro, Monagas, Sucre, Apure, Zulia y Guárico. Agrega que la enfermedad superó los 136 mil casos en 2015, 52,6% más que en 2014. De 2010 a 2014 la dolencia creció en 135%.

Estamos hablando de enfermedades que llegaron a considerarse extintas en nuestro territorio y cuya lucha para derrotarlas llevó décadas a innumerables profesionales de la salud formados en universidades nacionales. Esta victoria fue una señal clave del paso de lo rural a lo moderno. Hoy hemos retrocedido lo suficiente como para crear alarma.

Debido a la crisis económica que sufre el país, en ocho de cada diez farmacias del país no se encuentran los medicamentos básicos, según la Federación de Farmacias de Venezuela, la misma que agrega que El gobierno debe más de US$3.000 millones a diferentes farmacéuticas y laboratorios, que han debido limitar sus importaciones de medicamentos al país.

A la sesión parlamentaria que votó a favor de la emergencia médica nacional, acudieron familiares de pacientes fallecidos por falta de medicamentos. Desde cáncer hasta enfermedades cardiovasculares se están llevando a los venezolanos por ausencia de medicación adecuada.

Una frase que hemos citado reiteradamente en este espacio, es que el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones. Y creemos que eso es lo que ha pasado con el sector sanitario en nuestro país.

Hace algo más de una década, la Misión Barrio Adentro levantó revuelo en la población, por algo que lucía novedoso, como lo era acercar los centros de salud a las comunidades. Sin embargo, con el tiempo la iniciativa se fue desinflando; quizá porque fue una medida reactiva para reforzar campañas electorales y tras ella no había un buen sustento de fondo. Al día de hoy, 68% de los módulos de Barrio Adentro 1 están cerrados, según información que maneja la MUD.

Adicionalmente, se cometió el grave error de abandonar la red de hospitales públicos venezolanos, entre los cuales existían incluso centros de referencia internacional, excelentes infraestructuras realizadas por diversos gobiernos.

Y lo que es más lamentable, el personal médico venezolano se siente solo y a la deriva. Con escasez de insumos, de medicamentos, a merced de la delincuencia en centros asistenciales, devengando salarios que están muy lejos de cubrir las necesidades básicas y para colmo criminalizados, muchos han optado por partir a otros países donde sí se aprecia su excelente formación y su inquebrantable vocación; y donde además encuentran las condiciones imprescindibles para trabajar.

Y no se trata de un señalamiento al poder ejecutivo para azuzar el enfrentamiento que ya tiene cansados a los venezolanos. Se trata de exigir que se mida la dimensión de lo que padecemos para que lo enfrentemos conjuntamente. Aquí nadie gana y todos pierden cuando se nos van vidas por falta de atención en el sector salud.

¿Qué hacemos? ¿Existen planes prácticos, efectivos, realizables, que atajen esta tragedia? ¿Podemos trazarlos? ¿A cuáles prejuicios tendremos que renunciar para salvar vidas y evitar desde ya que se sigan perdiendo?

Es lamentable que en este tema, que debería convocarnos a todos, no se haya contado con el voto favorable de la bancada oficialista de la AN. Y más allá, que se hayan escudado en justificaciones y situaciones de tiempos pasados, cuando la emergencia ocurre hoy. Si la vida de nuestros connacionales no logra sentarnos a hablar, entonces nada lo hará. Y nos negamos a conformarnos con esa alternativa.


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