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lunes, 7 de enero de 2019

“Cambio”

Una vez pasado el necesario y urgente reencuentro navideño con familiares, amigos y un poco de la paz que nos hace tanta falta, toca de nuevo abordar la compleja situación nacional y cómo desarmar esta intrincada trama de errores que tantas adversidades ha traído a Venezuela.

Y desde nuestra perspectiva, el asunto número uno a atender es la economía.
No está demás recordar aquella famosa frase atribuida al presidente estadounidense Bill Clinton, “es la economía, estúpido”, creada por su comando de campaña cuando enfrentó al entonces primer mandatario, George Bush padre.

Se dice que fue un cartel colgado por uno de sus asesores en la oficina, para que tuviera presente que esa era la clave para vencer a un contrincante que gozaba de altos niveles de popularidad, pero que arrastraba en paralelo una economía que hacía aguas.

Y así fue como Clinton ganó. No hubo manera de rebatir sus argumentos frente a la condición elemental para el bienestar de la gente en cualquier nación: la economía.

De este lado del charco, dos décadas se han ido en asuntos ideológicos y retóricos, que se robaron el foco durante un buen tiempo, y que fueron bastante potables en tanto y en cuanto los altos precios del petróleo permitían disimular cualquier desatino administrativo, con la abundancia de recursos que caracterizó a aquellos años.

Y uno de los mayores errores fue sin duda el control cambiario. Error que arrastramos hasta el día actual.

Son muy escasos los países que recurren a una medida tan extrema, y la misma es el reconocimiento por parte del gobierno de que algo no anda bien. La desconfianza de la gente y las empresas en el escenario de la nación, obliga a sacar los preciados recursos financieros para protegerlos. Por allí se dice que no hay nada más cobarde que un dólar, y hay mucho de cierto en eso.

Sin embargo, es algo de absoluta lógica el tratar de preservar e incrementar el patrimonio, de cuidarlo frente a cualquier amenaza de hacerlo mermar.

Al enrarecimiento político de la primera década venezolana del siglo XXI, siguió el famoso y polémico control cambiario. Una medida que había sido tomada durante períodos anteriores en el país, pero que jamás se prolongó como en el caso actual, cuando ya se aproxima a los 16 años, tras su creación en el 2003.

Y lamentablemente, su extensa vida es la confirmación de que no hay confianza en nuestra economía. Es, primero que nada, una medida cosmética para disimular esta inquietud que a todos nos ha punzado en algún momento.

Toca pues, hablar de un tema tabú, que desde hace mucho tiempo se menciona por lo bajo: la unificación cambiaria.

Expertos de todas las tendencias, de varias generaciones, han insistido en que es la primera medida que hay que tomar para comenzar a sanear la maltrecha economía nacional.

Muchas veces lo hemos dicho: la economía no obedece órdenes. Cualquier intento de hacerlo, crea distorsiones que terminan actuando como bumerangs que destinados a golpear a quienes intentaron imponer tercamente su voluntad.

Quizá el mayor error del modelo que se ha intentado imponer a Venezuela, ha sido su pretensión de controlarlo todo. Cualquier estudiante de economía sabe que una tasa de cambio impuesta desde el gobierno es artificia y como tal, insostenible.

La intervención estatal en la libre convertibilidad cambiaria ha devenido en un enorme e ineficiente aparato burocrático que ha demorado la atención a necesidades urgentes mientras se ocupa de un papeleo totalmente prescindible.

Y la demostración de que esta estrategia ha traído más dolores de cabeza que beneficios, está clara en las múltiples transformaciones que ha sufrido la Comisión de Administración de Divisas (CADIVI) luego bautizada como Centro de Comercio Exterior (CENCOEX) y  sus diversos derivados cambiarios como el Sistema Marginal de Divisas (SIMADI) y el llamado dólar DICOM.

Y es por estos también que la nueva y recién estrenada moneda ha perdido tanto terreno frente al dólar en tan poco tiempo. Se pueden hacer cuantas reconversiones se quieran, siempre se va a perder la carrera contra la divisa estadounidense en tanto y en cuanto no se afronte la realidad y se agarre al toro por los cachos.

Productividad, libertad y confianza son las únicas maneras de estabilizar el signo monetario nacional. ¿Es el desmontaje del control cambiario el que va a devolver las aguas a su cauce o lo hará la confianza de la gente?

Lo que sabemos es que la primera de las variables es la que está en manos de quienes administran el país. Y sin duda, la estabilización será consecuencia de la confianza. De una confianza que tiene que ver con orden, con transparencia y con correcto manejo de los recursos para que no se generen más números en rojo que hagan tambalear la viabilidad de nuestro país.

David Uzcátegui
Twitter: @DavidUzcategui
Instagram: @DUzcategui

viernes, 13 de octubre de 2017

“De Gira”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

La más reciente gira internacional del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, es literalmente un tiro que salió por la culata, desde nuestro punto de vista.

Y es que este tipo de periplos tienen por objeto conseguir alianzas internacionales. Pero en el contexto de todo lo que sucede en nuestro país y de la conciencia que hay de ello a nivel mundial, no resulta más que una reafirmación de que “algo huele mal en Dinamarca”, como diría el famoso personaje de William Shakespeare.

En primer lugar, habría que revisar quiénes fueron los que recibieron al representante venezolano. Rusia, Bielorrusia, Argelia y Turquía, no son los modelos de desarrollo más ejemplares, ni en lo político ni en lo económico.

Las notas de prensa oficiales aseguran que “Venezuela tiene acuerdos en materia energética, agroindustrial, turística, militar, científica, tecnológica, comercial, financiera e industrial” con las naciones mencionadas. Pero habría que ver los aportes cualitativos de estas en los campos mencionados, con lo cual probablemente confirmaríamos dos cosas: una, que son acercamientos movidos más por la afinidad ideológica y política que por la conveniencia nacional. Y la otra, que los países que realmente están a la vanguardia en estos campos, quizá otorguen muy escaso beneficio de la duda a quienes hoy administran nuestra nación.

Adicionalmente, se han deteriorado de manera sensible los vínculos con países de los cuales sí podríamos sacar ventaja para robustecer el nuestro, entre otras cosas, por esa suerte de “política de carrito chocón” que ha marcado las dos décadas de la autodenominada revolución. 

Luego, habría que poner la lupa al objetivo de este viaje, que no es otro que conseguir un oxígeno financiero para la deteriorada economía del país. Eso lo saben todos los anfitriones. Y por supuesto, están como caimanes en boca de caño, esperando a ver cuál provecho pueden sacar de la riquísima pero maltratada Venezuela.

El mismo mandatario aseveró al regresar, que “Esta gira por la ruta del nuevo mundo ha sido un éxito total, desde el punto de vista económico y financiero para el proceso de la recuperación del país”, con lo cual reconoce abiertamente el estado actual de nuestra patria.

Incluso, habla de “acuerdos de beneficio mutuo, de ganancia compartida”, a los cuales habría que leer la letra pequeña. Nadie da nada por nada y es ya vox populi la desventajosa posición del actual gobierno venezolano para cualquier tipo de negociación. Hecho que nos puede costar la imposición de la parte estrecha del embudo. Muy estrecha.

Ese mundo de allá afuera, se pone cada vez más estrecho. Los intereses con los que se pecha cualquier préstamo a Venezuela son cada vez más altos, por eso que los expertos  denominan “el riesgo-país”. Las garantías exigidas son cada vez mayores. Y el deterioro que en todo sentido sufrimos, nos resta vigor para negociar.

También hubo un llamado –otro más- “a los países productores para trabajar en conjunto y así alcanzar la estabilidad del mercado petrolero”.

Esto indica, que aún se tiene la ilusión de que el fallecido ex presidente Hugo Chávez fue el artífice del alza de los precios del petróleo en la década pasada. Un muy conveniente mito que se ha alimentado hasta la saciedad, y que no toma en cuenta los complejos vaivenes de la geopolítica mundial, que son los verdaderos relojes de estos hechos.

Es triste decirlo, pero nuestro país se mueve actualmente a contrapelo de la industria petrolera mundial, accionando sin estrategia y con desesperación por el adverso momento que vivimos. Y la desesperación no es buena consejera. El liderazgo nacional en el mundo de los hidrocarburos es cosa del pasado y cualquier llamado que no esté alineado con las realidades de ese mercado, es predicar en el desierto.

Tampoco es novedad la “neolengua” con la cual se empaqueta este regalo. “Victoriosa gira”, “Triunfo para Venezuela”, “Construir las bases de la seguridad social”, son fórmulas más que escuchadas y gastadas en todos estos años. Suenan vacías, huecas, no dicen nada, cuando contrastan con los hechos, que no son otros que el continuo retroceso de la calidad de vida de los venezolanos. Quizá quepa más bien aquí el término aquel de “victoria pírrica”, entendido como un éxito obtenido a costa de enormes pérdidas.

Nuevamente nos hablan como si hubieran llegado al gobierno ayer, como si los reveses que todos padecemos hubieran tenido otros responsables distintos, como si ellos fueran la solución. Y las giras internacionales son otro reciclar de palabras ya dichas, de discursos ya pronunciados y de noticias que no son nuevas. Nada cambia.


viernes, 21 de abril de 2017

“19 de abril y ciudadanía”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

El haber transitado esta semana por una nueva conmemoración del 19 de abril de 1810, no puede sino generarnos el deseo de desmenuzar un poco más esta fecha tan importante, que para muchos se asume como el punto de partida de la Independencia de Venezuela.

Un proceso tan orgánico como lo es la fundación de una República, tiene por razones obvias, que partir de la gente. Y por supuesto, también de la calle. Y es que todo nace del rechazo manifestado al nuevo gobernador dispuesto por la metrópolis española, Vicente Emparan, cuando se dirigía a misa en aquella Semana Santa de 1810.

Vino luego aquella famosa estampa histórica en la cual el aludido, desde el balcón, consultó a la gente, si quería que siguiera o no al mando. Y todos dijeron que no al pie del balcón, no sin la ayuda del presbítero José Cortés de Madariaga, quien apuntó con un gesto a los presentes la respuesta correcta; quedando así por cierto, plasmada la presencia de un miembro del clero en tan importante acontecimiento.

Nadie imaginaba lo que detonaría aquel día hasta el sol de hoy. Venezuela se pone los pantalones largos e inicia aquella larga y cruenta ruta independentista, que incluso fue exportada a otras naciones y ha valido que, hasta el sol de hoy, nuestra nación sea vista en el mundo entero como sinónimo de libertad.

Mirar hacia 1810 nos potencia para seguir adelante, luchando por el país que merecemos, porque la gran enseñanza de aquella jornada fue que los cambios se empujan desde la gente. Y en la calle.

Valga por cierto, el tardío pero necesario reconocimiento a un Emparan que supo retirarse a tiempo. “Yo tampoco quiero mando”, dijo ante la multitud que lo rechazó. Muy inteligente, de parte del depositario de un poder, es retirarse cuando ya no se le quiere. Forzar la barra conducirá sin duda, más temprano que tarde, a salir por la puerta trasera, sin posibilidad alguna de regreso.

Lo cierto es que aquella fecha fundacional oficiosa de nuestra República tuvo un elevado nivel de civismo, de conciencia, de claridad en los derechos. No es un ejercicio vano el recordarla, muy por el contrario, nos recuerda cosas que no debemos perder de vista.

La primera es, sin duda, que el poder reside en la gente. Que, más allá de imposiciones monárquicas, los venezolanos fundacionales estuvieron muy conscientes de que el poder impuesto desde arriba no iba a ser jamás el signo definitorio de la patria que recién nació.

En segundo lugar, fue un campanazo de cuándo toca cambiar lo viejo. El añejo sistema colonial que ya tenía encima varios cientos de años, no solamente estaba basado en abusos e injusticias, además hacía aguas por haberse prolongado en el tiempo hasta la saciedad.

Tal como ha sucedido en otros pasajes históricos –la caída de la Unión Soviética y del Muro de Berlín, por ejemplo- el cierre de ciclos y el inicio de otros nuevos, es una sinergia entre la gente movilizada y el desplome por su propio peso de estructuras añosas e insostenibles.

Sí, ciertamente, muchos procesos de cambio en la historia –la gran mayoría, hasta donde logramos observar- ocurren impregnados de “sangre, sudor y lágrimas”, como dijera Winston Churchill a sus compatriotas ingleses en pleno trance de la Segunda Guerra Mundial.

Sin embargo, esa historia a contrapelo de la humanidad, ocurre también de tal modo, debido a la tozudez de quienes no entienden que su tiempo ya pasó, que no hay piso de legitimidad real que los respalde, que por el bien de los afectados, deben dar paso a una nueva página.

Y también es real que, tras el ejemplar e impecable proceso de 1810, se desató en Venezuela una de las más cruentas guerras de Independencia de su tiempo.

Para todo esto, queremos recordar que han pasado más de doscientos años. Que creemos en la superación y el avance del género humano. Hemos estudiado, avanzado en disciplinas como la diplomacia. Hay maneras de atajar lo cruento en los cambios sociales.

Lamentablemente, aún existen minorías que permanecen atadas a aquella caduca premisa de que “la violencia es la partera de la historia”. No tiene por qué ser así. No debe serlo. Y el 19 de abril de 1810 nos lo demuestra a los venezolanos en nuestro propio suelo y en la génesis misma de nuestro gentilicio.

Quizá pudiéramos atajar esa sangre, ese sudor y esas lágrimas, si aprendiéramos de nosotros mismos. Sí, tuvimos guerra y episodios heroicos, y compatriotas mártires. Pero hubiera sido mejor ahorrar todo el dolor que fuera posible evitar.

Y es también valioso volver los ojos a aquellos días porque nos reafirman el carácter cívico y pacifista de nuestros orígenes. Hay otras formas de modificar para bien la historia, y no podemos caer en la trampa de aceptar como única, la manera que solamente conviene a unos pocos y perjudica a muchos.

viernes, 24 de junio de 2016

“Validando el futuro”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

La jornada de validación de firmas para activar el proceso del referendo revocatorio que ha vivido Venezuela en los últimos días, ha sido el termómetro de cuánto anhela la gente el cambio.

Es, por mucho, el tema de conversación en la calle, en los transportes públicos, en las casas, en los lugares de trabajo y por supuesto, en las ya cotidianas colas.

Y hablando de estas últimas, parece que ya está claro que no espantan a nadie. Quienes ya se han entrenados en hacerlas una y otra vez para surtir sus hogares de algo que llevar a la mesa, no se van a  asustar con tener que hacer otra cola más, si con este esfuerzo le meten el hombro a la posibilidad de que se produzca un proceso de cambio pacífico y democrático ante la inaceptable realidad que hoy vivimos.

En este sentido, el proceso de validación de firmas ha servido para convocar una nueva manifestación masiva que ha tomado las calles, no solamente enfrentando las colas para validar con paciencia y perseverancia; sino también movilizándose desde los más apartados rincones del país, en una muestra de que el venezolano no se va a dejar desanimar por la escasez de puntos de validación.

Durante estos años hemos crecido en organización ciudadana. La solidaridad entre familiares y vecinos para facilitar el transporte hacia los escasos y lejanos puntos de validación; las diversas organizaciones han prestado logística y apoyo y la gente se ha apertrechado como mejor ha podido para enfrentar la espera en las filas, que no sorprende a nadie y que, por predecible, ha podido ser manejada de manera inteligente por quienes la padecen.

También ha crecido la conciencia política de la ciudadanía. Es aplastante la mayoría que mide la trascendencia de lo que está sucediendo, de lo que nos estamos jugando y de cuánto puede aportar su voluntad para un cambio tan urgente como necesario.

Todos los venezolanos nos hemos convertido en “animales políticos” a fuerza de estar hiperpolitizados al ver cómo se deteriora nuestra vida. Buscamos respuestas, buscamos soluciones y en el camino vamos aprendiendo.

Oportunidades como la validación de las firmas, nos permiten salir a la calle y demostrar cuán capaces somos de pasar por encima de obstáculos cuando el objetivo a lograr es, por mucho, mayor que el mencionado obstáculo.

Al cierre de esta nota, la participación de los venezolanos en el proceso había cumplido cómodamente las expectativas de las fuerzas alternativas democráticas; con lo cual se reafirma que la cita en las urnas electorales es la voluntad de las mayorías.

Aquí parece olvidarse que hace pocos meses hubo una cita comicial en la cual la propuesta de cambio resultó ampliamente favorecida, y la promesa medular de dicha propuesta era buscar la manera pacífica y democrática de cambiar al actual gobierno en el marco de la Constitución Nacional, lo cual es la única salida para desmontar la crisis en paz. Y esa salida no es otra que el referendo revocatorio.

Quedarán para la historia grandes misterios, como por ejemplo la escasez de puntos de validación y por qué se habilitaron apenas trescientas máquinas.

Las enormes colas han constituido al final un bumerang para el discurso oficialista. En primer lugar, han dejado al descubierto cuánta gente apoya esta efectiva salida constitucional. Adicionalmente, demuestran que por parte del poder electoral es insuficiente la voluntad para atender el derecho ciudadano de manifestar su legítimo deseo de cambio. Un tiro por la culata de principio a fin.

Quienes han salido al encuentro pautado están gritando, con tal acción, que exigen respeto. Y respeto hay que darles. Se niegan a ser reducidos a una masa monocorde que siga las pautas del poder y reclaman la independencia de criterio, la capacidad de pensar y discernir, el derecho de disentir, que son inherentes a la condición humana.

También la dirigencia ha estado a la altura, y sería mezquino no reconocerlo. Ha habido respuestas, ha habido organización, alternativas, inventiva ante un proceso altamente complejo que ha supuesto la superación consecutiva de innumerables retos.

Estos días nos han dejado más curtidos en la larga y compleja carrera de obstáculos que nos ha significado rescatar al país. La independencia del siglo XXI se pelea con otras armas, más con tenacidad ciudadana que con pólvora y sus frutos van a ser también distintos. El país del nuevo siglo que todos esperamos y merecemos.

Estamos totalmente curados de espantos, nada nos sorprende. Es cada vez menos probable que exista alguna dificultad que nos aparte de nuestro objetivo; más aún cuando ya tenemos claro que la alternativa de rendirse sería refrendar el definitivo desmantelamiento de nuestra república, algo equivalente a dejar sin suelo a nuestros hijos. Y eso es algo que no vamos a aceptar.

viernes, 15 de abril de 2016

“CNE y revocatorio”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

Ante un gobierno que ha probado sobradamente su impericia para administrar los bienes de los venezolanos, se impone el legítimo derecho de la ciudadanía de sustituirlo por las vías constitucionales y democráticas, que son derecho de todos.

Recordemos que, en la segunda mitad de los años 90, el discurso del hoy fallecido ex presidente Hugo Chávez para llegar hasta la Presidencia de la República, incluía en su paquete al referendo revocatorio, como una manera de poner fin a gobiernos que marcharan a contrapelo de los intereses nacionales.

La novedosa propuesta fue una de las tantas acogidas por el electorado de aquellos tiempos, ya que el mismo candidato aseguraba que se acogería a tal mecanismo si defraudaba las expectativas populares.

Hoy, cuando sentimos que a la actual administración se le agotó su tiempo de errar y evidentemente no quiere rectificar, la opción del referendo revocatorio ha sido masivamente aplaudida como propuesta para cambiar a quienes no tienen voluntad de corregir ni de reconocer sus numerosos errores.

Sin embargo, en uno de esos retruécanos sorprendentes que cotidianamente presenciamos los venezolanos, el Consejo Nacional Electoral “oficia” a la Asamblea Nacional, reservándose para sí la facultad de legislar en cuanto a referendos revocatorios, justamente cuando amplios sectores de la población nacional han comenzado a movilizarse para la consecución de las firmas necesarias.

La sorprendente e inesperada acción del CNE tiene varias aristas. En primer lugar, se erige por encima de los ciudadanos, los mismos a quienes el gobierno llama “el soberano” solamente cuando le conviene. Y es que esa misma ciudadanía, aparte de su poder originario, está protegida bajo la Constitución Nacional en cuanto a su facultad de solicitar convocatoria a un referendo mediante la recolección de firmas.

Por si fuera poco, también invade las facultades del Legislativo, buscando desplazarlo en las funciones que le son naturales, y creando un estéril conflicto de poderes –otro más-, cuando lo que necesita el país es que todos rememos urgentemente en la misma dirección.

Recordemos que el Artículo 187 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela enuncia, en el numeral 1: “Corresponde a la Asamblea Nacional: Legislar en las materias de la competencia nacional y sobre el funcionamiento de las distintas ramas del Poder Nacional”.

Todo esto ha sido una reacción al hecho de que la Asamblea Nacional aprobara en marzo pasado y  en primera discusión, el proyecto de Ley Orgánica de Referendos para reglamentar dichos procesos. De allí se origina la reciente comunicación de la presidente del árbitro, Tibisay Lucena, al jefe del legislativo, Henry Ramos, donde se asegura que el asunto “se encuentra siendo tramitado fuera del marco constitucional”.

Si a la Constitución vamos, su Artículo 72 establece que “Todos los cargos y magistraturas de elección popular son revocables.” Y agrega que: “Transcurrida la mitad del período para el cual fue elegido el funcionario o funcionaria, un número no menor del veinte por ciento de los electores o electoras inscritos en la correspondiente circunscripción podrá solicitar la convocatoria de un referendo para revocar su mandato.” Recordemos, adicionalmente, que nada puede estar por encima de la Carta Magna.

En paralelo, no se debe olvidar que la Mesa de la Unidad Democrática ya posee una maquinaria activa y bien engrasada que llevó a esta coalición a la victoria en las elecciones parlamentarias del pasado 6 de diciembre, y que está lista para servir como correa transmisora de la expresión de la gente ante los poderes constituidos y así materializar este instrumento para derrotar la crisis que hoy agobia al país. Todo ello en el marco del artículo constitucional previamente citado.

En función de ello, la legislación que en estos momentos ocupa a nuestro Parlamento –y que al borde de su aprobación para cuando se publique esta nota- tiene que ver con agilizar el ejercicio de un derecho constitucional y por ello es inadmisible cualquier intento de complicar o entorpecer dicho ejercicio ciudadano. Muy por el contrario, los poderes de manera concertada y armoniosa, deberían sacar adelante todo lo necesario para apoyar este nuevo acto de expresión del mandato de la gente.

Por ejemplo y en este sentido, toca al CNE emitir la planilla oficial de recolección de firmas para la solicitud del refrendo revocatorio presidencial, y deben hacerlo en un tiempo perentorio. Empeñarse en cualquier tarea distinta a esta, es intentar buscarle sin éxito la quinta pata al gato, ya que todos los caminos conducen a Roma y lo que queda es ocuparse de facilitarle a los venezolanos la expresión de su voluntad amparada por la Constitución Nacional.

jueves, 28 de enero de 2016

“Salud, la prioridad”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

En las semanas de ejercicio que lleva cumplidas la nueva Asamblea nacional, un frenesí ha asaltado a la población venezolana, y es el de aventurarse a hacer listados sobre las numerosas tareas que tiene por cumplir, clasificándolas en orden de urgencia.

No es para menos, ya que si en algo coincidimos todos los venezolanos que no estamos de acuerdo con la forma como se han manejado las cosas en la última década, es en señalar que es mucho lo que hay que hacer. Y lamentablemente, la mayoría de esas coas no pueden esperar.

Sin embargo, hace pocos días se planteó en este renovado foro de debate, un asunto particularmente sensible: la salud. La mayoría de la Mesa de la Unidad, responsablemente, votó por declarar una crisis humanitaria en el sector salud.

El Parlamento tomó la medida "en vista de la grave escasez de medicamentos, insumos médicos y deterioro de la infraestructura humanitaria", según se lee en el acuerdo aprobado por la cámara. Se trata de un exhorto que le exige al gobierno poner como prioridad la atención de esta emergencia.

¿Por qué llegar a una medida límite como esta? Por muchas razones. La periodista especializada en salud Acianela Montes de Oca, reporta en su cuenta twitter paludismo en Bolívar, Amazonas, Delta Amacuro, Monagas, Sucre, Apure, Zulia y Guárico. Agrega que la enfermedad superó los 136 mil casos en 2015, 52,6% más que en 2014. De 2010 a 2014 la dolencia creció en 135%.

Estamos hablando de enfermedades que llegaron a considerarse extintas en nuestro territorio y cuya lucha para derrotarlas llevó décadas a innumerables profesionales de la salud formados en universidades nacionales. Esta victoria fue una señal clave del paso de lo rural a lo moderno. Hoy hemos retrocedido lo suficiente como para crear alarma.

Debido a la crisis económica que sufre el país, en ocho de cada diez farmacias del país no se encuentran los medicamentos básicos, según la Federación de Farmacias de Venezuela, la misma que agrega que El gobierno debe más de US$3.000 millones a diferentes farmacéuticas y laboratorios, que han debido limitar sus importaciones de medicamentos al país.

A la sesión parlamentaria que votó a favor de la emergencia médica nacional, acudieron familiares de pacientes fallecidos por falta de medicamentos. Desde cáncer hasta enfermedades cardiovasculares se están llevando a los venezolanos por ausencia de medicación adecuada.

Una frase que hemos citado reiteradamente en este espacio, es que el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones. Y creemos que eso es lo que ha pasado con el sector sanitario en nuestro país.

Hace algo más de una década, la Misión Barrio Adentro levantó revuelo en la población, por algo que lucía novedoso, como lo era acercar los centros de salud a las comunidades. Sin embargo, con el tiempo la iniciativa se fue desinflando; quizá porque fue una medida reactiva para reforzar campañas electorales y tras ella no había un buen sustento de fondo. Al día de hoy, 68% de los módulos de Barrio Adentro 1 están cerrados, según información que maneja la MUD.

Adicionalmente, se cometió el grave error de abandonar la red de hospitales públicos venezolanos, entre los cuales existían incluso centros de referencia internacional, excelentes infraestructuras realizadas por diversos gobiernos.

Y lo que es más lamentable, el personal médico venezolano se siente solo y a la deriva. Con escasez de insumos, de medicamentos, a merced de la delincuencia en centros asistenciales, devengando salarios que están muy lejos de cubrir las necesidades básicas y para colmo criminalizados, muchos han optado por partir a otros países donde sí se aprecia su excelente formación y su inquebrantable vocación; y donde además encuentran las condiciones imprescindibles para trabajar.

Y no se trata de un señalamiento al poder ejecutivo para azuzar el enfrentamiento que ya tiene cansados a los venezolanos. Se trata de exigir que se mida la dimensión de lo que padecemos para que lo enfrentemos conjuntamente. Aquí nadie gana y todos pierden cuando se nos van vidas por falta de atención en el sector salud.

¿Qué hacemos? ¿Existen planes prácticos, efectivos, realizables, que atajen esta tragedia? ¿Podemos trazarlos? ¿A cuáles prejuicios tendremos que renunciar para salvar vidas y evitar desde ya que se sigan perdiendo?

Es lamentable que en este tema, que debería convocarnos a todos, no se haya contado con el voto favorable de la bancada oficialista de la AN. Y más allá, que se hayan escudado en justificaciones y situaciones de tiempos pasados, cuando la emergencia ocurre hoy. Si la vida de nuestros connacionales no logra sentarnos a hablar, entonces nada lo hará. Y nos negamos a conformarnos con esa alternativa.


www.daviduzcategui.com

viernes, 15 de enero de 2016

¡Es lo social! Y económico...

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

Parafraseando una famosa frase utilizada en la campaña electoral de Bill Clinton, y que hacía referencia a la economía, preferimos poner el acento en este momento en lo social.

Y no es que lo económico sea menos urgente en el por demás complejo panorama nacional. Sin embargo, el problema económico –así como toda la agenda legislativa y ejecutiva por venir-, deben enfocarse en lo social con criterio de urgencia.

Cuando empieza a tomar cuerpo el debate sobre la agenda del nuevo Poder Legislativo en la opinión pública nacional, cada quien comienza a trazar su largo listado de asuntos pendientes. Algunos privilegian lo político, otros lo económico, y otros tantos lo social.

Es de verdad muy difícil priorizar. Pero incluso el tono, el matiz y el alcance de las agendas política y económica debe asumirse midiendo milimétricamente la deuda social y la necesidad de rebajar ese pasivo nacional.

Entre las manifestaciones de que sí es posible comenzar a andar a muy breve plazo ese camino, cabe destacar la propuesta llevada al parlamento por el diputado Julio Borges, con el fin de otorgar la titularidad a los adjudicados del a Gran Misión Vivienda Venezuela, en cumplimiento de una de las más emblemáticas promesas de la Mesa de la Unidad Democrática.

El parlamentario de la MUD especificó que hacía dicha entrega a los fines de que a muy corto plazo se pueda hacer la discusión de “la ley que le otorga la propiedad plena a todos los beneficiarios de la Misión Vivienda, para que sean dueños de su futuro”.

En el acto, apuntó un dato que debe movernos a todos en la dirección que mencionamos: Venezuela necesita construir 3 millones de viviendas para que se pueda cubrir el déficit que existe en la actualidad.

Y queremos agregar nosotros que el tema vivienda es un buen ejemplo de lo que hay que hacer para alcanzar las impostergables metas sociales: despojarlas de colores políticos. Lo cierto es que han existido avances destacables en la construcción de viviendas por parte del sector público y eso hay que destacarlo. Pero también se debe subrayar que existen cabos sueltos y el hecho de que los traiga a colación un diputado que no es del oficialismo, no se puede convertir en obstáculo para que sea favorablemente votada.

Recordó Borges, que la urgencia por cumplir esta ambiciosa meta pasa por la generación de empleo, lo cual es una de las características más emblemáticas del sector construcción.

Y utilizamos esta afirmación para hacer el puente con otro de los temas considerados prioritarios, como lo es el económico.

El nuevo gabinete que se ocupará de esta área ha despertado intensas polémicas en los últimos días.

Entre los seleccionados para esta tarea hay personas con experiencia y la capacidad como para tender los puentes entre los altos mandos del Ejecutivo y la realidad nacional, léase los productores particulares que están dispuestos a apostar por el país pero encuentran un panorama adverso.

Retomando lo social, desde aquí hemos planteado que el incremento de la producción nacional es el remedio contra males tan urgentes como la escasez y la inflación, terminología técnica que puede parecer alejada de lo social, pero que está íntimamente ligada en tanto y en cuanto son dos variables que torpedean sin misericordia la calidad de vida del pueblo.

Sabemos también que hay otros funcionarios más ortodoxos en su visión de la economía nacional, la cual abordan desde teorías que parecen divorciadas de lo que realmente sucede. Pero estamos en un momento en el cual los hechos obligan a tomar el riel del pragmatismo, si es que realmente se desean materializar soluciones.

Y sí, hay verdades en lo que han dicho voceros del ejecutivo en cuanto al panorama económico. El precio del petróleo se desploma y no parece haber nada en manos de Venezuela para evitarlo. Adicionalmente, por encima de esta dura realidad, también estamos de acuerdo en que hay que privilegiar la agenda social con recursos cada vez más menguados. Y allí de nuevo la economía se impone ante las mejores intenciones, de las cuales dicen que está empedrado el camino al infierno.

Quizá deberíamos retomar la frase original de Clinton: es la economía. Porque sin los números en orden, no se puede generar el músculo para pagar la deuda social e igualar hacia arriba a los venezolanos garantizándoles su salud, su educación y su techo, entre otras prioridades. Porque como bien lo dijera Borges, queremos un país de ciudadanos.


viernes, 8 de enero de 2016

“Pero tenemos Asamblea”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

A pesar de los temores de los más aprensivos, y frente a los pronósticos más agoreros, la nueva Asamblea Nacional venezolana, ya está sesionando. Su mayoría pertenece a la Mesa de la Unidad Democrática y se pudo instalar sin contratiempos ni violencia.

Toca hoy, cuando vemos la meta cumplida, felicitar a los venezolanos que nunca perdieron la fe, a quienes no tiraron la toalla en el camino y a quienes apostaron a la perseverancia de lo que se ha llamado la ruta democrática.

Y para quienes insistan en ver el vaso medio vacío, les insistimos en que hemos completado uno de los pasos más trascendentales en el camino hacia el cambio para que podamos vivir en un mejor país.

Desde este espacio hemos insistido en las particulares virtudes del ámbito parlamentario para reencontrar a un país. Y, aunque veamos sesiones de tono encendido y palabras altisonantes, creemos que eso ya se está desarrollando ante nuestros ojos.

Allí está ya presente una representación de los dos sectores mayoritarios del país, y los llevaron hasta ese lugar ciudadanos con sus votos, con lo cual se refrenda la avasallante y mayoritaria apuesta de la gente por la institucionalidad, quedando fuera de juego cualquier tentación de violencia.

Si hay algo que celebrar en particular de esta nueva Asamblea, es el hecho de que los medios de comunicación nacionales e internacionales puedan entrar nuevamente el Hemiciclo. Para quienes hemos seguido los debates celebrados hasta el momento, ha sido motivo de aplauso el poder hacer “zapping” entre distintos canales de TV para ver los distintos ángulos de la sesión y contrastar las visiones de cada televisora.

El interesado seguimiento de las sesiones legislativas actuales a través de los medios de comunicación tiene un innegable antecedente que no podemos dejar de traer a colación por su similitud, a pesar de la cantidad de años transcurridos y las enormes diferencias tecnológicas. Fue la Asamblea Constituyente celebrada en Venezuela entre 1946 y 1947.

En las elecciones de aquellos constituyentistas, el 27 de octubre de 1946, se registró una insólita participación del 92% de los venezolanos hábiles para votar, por lo cual fue con una elección parlamentaria que pudimos ver el nacimiento real de la  votación masiva y popular.

Aquellas sesiones tuvieron entre sus oradores a varios de los más agudos intelectuales venezolanos de todas las filiaciones políticas, como Andrés Eloy Blanco, quien presidió la Asamblea, Rafael Caldera o Gustavo Machado. Todos los colores del arco iris político nacional de aquellos tiempos estuvieron representados y al final se dieron la mano para refrendar el nuevo texto constitucional, proclamado el 5 de julio de 1947.

Y quizá lo más admirable de la anécdota histórica, sea la pasión con la que muchos venezolanos siguieron aquellos debates de tanta altura a través de la radio. El único medio que ofrecía inmediatez, un portento para la época, copó la atención de todos, como hoy lo hacen la TV e internet.

También es un ejercicio de democracia el hecho de que podamos ver en periódicos y portales web fotos y reseñas de los entretelones de la vida legislativa. Son las piezas que nos faltan del rompecabezas, y que nos sirven para pintarnos el rumbo que estos nuevos parlamentarios están recorriendo.

Justamente, en esos apretones de manos y sonrisas de pasillo entre las dos bancadas que se enfrentan en los debates es donde descubrimos una clave para reconstruir al país. La vida diaria en el Capitolio creará acercamientos y entendimientos entre los voceros de estas dos visiones de nación que hoy conviven.

Y una vez más, hay que reivindicar a quienes dijeron que la solución para Venezuela era el voto masivo, la única forma de legitimar a los elegidos. Con el proceso histórico que hemos vivido en las últimas semanas ha quedado así confirmado.

Así como la creación de la luz eléctrica terminó espantando a los fantasmas –si es que alguna vez existieron-, el ejercicio multitudinario del derecho al sufragio desalojó también al “coco” de destinos más oscuros para nuestra nación.

Recordemos hoy que Venezuela es uno de los países con mayor historia parlamentaria en el continente, la cual se inició el mismo año de 1811 y que, a pesar de los turbulentos vaivenes de nuestra vida republicana, se ha mantenido siempre viva, como testimonio de nuestra vocación democrática.

Toca ahora a la ciudadanía vigilar el accionar de sus parlamentarios, pedirles cuentas y propiciar con su interés que en ese foro se debatan los asuntos más urgentes de la vida nacional y se encuentre allí solución a las legítimas aspiraciones que todos tenemos a una mejor calidad de vida.


domingo, 20 de diciembre de 2015

“Acción y reacción”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

Aún resuenan –y resonarán por mucho tiempo – los ecos de la ejemplar jornada electoral que los ciudadanos venezolanos adelantamos el pasado 6 de diciembre. Y no es para menos, ya que nos debemos a nosotros mismos un merecido reconocimiento por el elevado nivel de civismo que alcanzamos.

Y lo decimos no solamente por el impecable comportamiento de los ciudadanos en los centros de votación o de los funcionarios del Plan República; sino por la manera como se fueron desenvolviendo los acontecimientos de ese día histórico.

También el conocimiento de los resultados fue desenvolviéndose de una manera que se acercó bastante a lo ejemplar. Aunque un poco tarde, fue más temprano que en otras ocasiones y eso también es un avance.

El desfile consecutivo por las pantallas de televisión de los personajes decisivos de la jornada, también tuvo un tono ajustado a lo que demandamos la incuestionable mayoría de los venezolanos, sea cual sea el color de nuestra filiación política: paz.

La inesperada – pero posible siempre – aparición del ministro de la Defensa, Vladimir Padrino López sorprendió a muchos pero afortunadamente, llamó de inmediato a la tranquilidad, por su discurso siempre apegado al deber ser y a lo institucional.

La consecuente aparición de la rectora del Consejo Nacional Electoral, Tibisay Lucena, también fue celebrada por ocurrir más tempranamente que en otras ocasiones y por ir al grano. Sin duda fue un gran regalo para los venezolanos la también temprana aparición del presidente Nicolás Maduro, acatando y reconociendo los resultados; a pesar de haberlos achacado una guerra económica que muchos interpretamos de otra manera. Y finalmente, un atinado discurso del vocero de la mesa de la Unidad Democrática, Jesús “Chúo” Torrealba. En ambas alocuciones abundaremos más adelante.

Lo que sí nos preguntamos muchos es por qué cambió el tono de algunos de los afectos al oficialismo a partir del día siguiente. Y sobre todo, por qué una corriente política que ha presumido siempre de disciplina y de manejarse bajo una dirección única como era el chavismo, ha ofrecido tantas declaraciones discordantes en los días posteriores y hasta el momento actual.

Como comentábamos en líneas anteriores, el discurso de reconocimiento de la derrota del primer mandatario estuvo dentro de los parámetros democráticos y generó un reconocimiento de sus adversarios por haber contribuido a la paz de aquella noche. Sin embargo, sus posteriores alocuciones han desdicho la acertada reacción del primer momento.

La instalación de un parlamento paralelo, no elegido por los votantes y que no aparece en la Constitución Nacional, es un acto desacertado y tiende a serlo cada vez más, con la creciente fuerza e importancia que voceros del gobierno le dan al hecho.

Semejante situación desdice no solamente lo que el mismo Presidente reconoció la noche del 6 de diciembre, sino también lo que afirmara a las personalidades internacionales que acompañaron a la MUD en el proceso electoral y que se reunieron con el máximo representante del Ejecutivo nacional, saliendo satisfechos del encuentro y participando a los medios de comunicación del mundo la disposición de la administración central venezolana a aceptar los resultados del evento electoral.

También han resultado desafortunadas las afirmaciones del alcalde del municipio Libertador de Caracas, Jorge Rodríguez, quien ha hablado de factores extraños que van desde la compra de votos hasta el ventajismo electoral de la oposición; algo que a ojos vista es imposible, dado que el control institucional del país reposa hasta el momento de manera mayoritaria y ostentosa en manos del oficialismo.

Lamentablemente no pasaron muchas horas sin que volvieran a aparecer en escena los discursos altisonantes, las ofensas y las amenazas que suponíamos enterradas, tras el pronunciamiento de los venezolanos en los centros de votación. Un acto que fue aceptado de buen grado incluso por los ciudadanos que votaron al PSUV y al Polo Patriótico, entendiendo que parte del juego es saber perder.

Por suerte, en distintos niveles de la tolda roja han asomado la autocrítica e interesantes reflexiones, las cuales deben ser la norma de su conducta para el momento actual y que aportan material sumamente valioso para la refundación del chavismo como una opción democrática de cara al futuro de Venezuela.

No fue la guerra económica la que ganó, porque sencillamente no existe. Perdió en las urnas un terrible desempeño económico, que muchos hemos señalado una y otra vez como un mal que hay que corregir con extrema urgencia, porque está mordiendo la mesa de los venezolanos.

Quisiéramos, por el bien de todos, regresar a esa noche sensata del 6 de diciembre, recoger todas las reacciones desacertadas y accionar en paz de aquí en adelante.


domingo, 13 de diciembre de 2015

“Domingo de resurrección”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

El brillante evento electoral que protagonizamos todos los venezolanos el pasado domingo, le ha devuelto la sonrisa al país. Y ha dado la razón una vez más a quienes han defendido reiteradamente la cita comicial como el instrumento medular para resolver el desencuentro entre venezolanos.

Son muchas las ganancias que sumamos a nuestros haberes como nación desde ese 6 de diciembre de 2015 que quedará para la historia.

La primera es haber entendido que la participación masiva en los eventos electorales sí es la forma de cambiar las cosas. Atrás quedaron las tesis abstencionistas que nos hicieron tanto daño y que entorpecieron en forma lamentable la resolución de nuestros conflictos durante muchos años.

En segundo lugar, el ejercicio de ciudadanía nos puso los pantalones largos como país en forma ejemplar. Y no se trató solamente del valioso acto de acudir a los centros de votación para dar a conocer nuestra voluntad. Hablamos de la conducta cívica, civil y civilista de ese día extraordinario. En las calles, en las colas para depositar nuestro voto, en el apoyo entre amigos, familiares y vecinos para resolver la logística de ese día decisivo.

No existieron excesos en la celebración de los votantes cuya opción triunfó, ni revanchismo entre quienes recibieron resultados adversos para sus candidatos.

Adicionalmente, el ejemplar comportamiento de los funcionarios del Plan República selló un nuevo modo de entendimiento entre distintos factores de la sociedad venezolana. Sin caer en el optimismo ciego, creemos que todo fue ganancia.

Y nos permitimos hacer una mención muy especial a la triunfadora Mesa de la Unidad Democrática, porque ha sido un ejercicio largo y complejo, que ha costado años y trabajo. No es una victoria mágica; sino labrada a pulso en un entendimiento de los factores políticos de oposición que muchos juzgaron imposible y otros tantos, inútil.

Postergar proyectos grupales y personales por el interés superior del país, ha sido la prueba que han debido pasar quienes pretendan hacer carrera de largo aliento en la política nacional. Pero hoy nadie puede negar que haya valido la pena.

Vencimos y derrotamos a toda una colección de fantasmas que nos habían acompañado en los últimos años. No es posible que las fuerzas alternativas democráticas ganen una elección, si ganamos no nos van a reconocer, y sobre todo, el más inquietante: el de la violencia que rondaría en cada intento de los venezolanos de resolver sus diferencias con votos.

Ciertamente, no dejamos de creer que este último fantasma anda por allí, agazapado; pero extremadamente minoritario, minusvalizado y fuera de contexto, porque ya no tiene lugar entre nosotros. No fue comprado por las masas, quienes con su conducta demostraron la inequívoca voluntad pacifista de la venezolanidad.

A mitad de la segunda década de este siglo XXI, nuestro país ha estrenado un evento que nos ha llevado a estar a tono con los tiempos mundiales y que ha recuperado el orgullo de la venezolanidad, tantas veces torpedeado por dudas, por autocrítica y por incertidumbres.

De cara a los tiempos por venir, hay mucho trabajo: el mutuo reconocimiento de los distintos factores de poder, que ahora se equilibran con representaciones proporcionales de las distintas formas de pensar de los venezolanos en la Asamblea Nacional, que – siempre lo dijimos desde aquí- es el foro perfecto para construir el país inclusivo y de concertación por el que hemos clamado desde hace tanto tiempo. Allí estamos representados todos y todos debemos ser escuchados.

Nadie puede caer en tentaciones de desconocimiento del contrario. Ni el Ejecutivo ante una AN compuesta mayoritariamente por la Mesa de la Unidad Democrática, ni esta última ceder a tentación alguna de triunfalismo, cuando tiene la oportunidad de hacer las cosas de otra manera, de ser incluyente y abierta al diálogo desde su victoria, conducta que además es la razón de existir de ese cuerpo colegiado.

Allí está finalmente el contrapeso que permite que el sistema democrático funcione, y todos los actores políticos del país deben participar en involucrarse. Es la voluntad expresada inequívocamente por millones de venezolanos que apostaron a cualquiera de las dos opciones políticas; pero que tienen en común el hecho de haber apostado a la paz y a la democracia mediante el inequívoco acto de haber acudido a votar.

No viene un camino corto ni fácil. Los venezolanos enfrentamos toda una colección de problemas que no es necesario mencionar porque todos los conocemos, están en la calle. Pero el mandato de la gente es que todos nos sentemos a trabajar en la solución, no cabe alternativa alguna. Quien no entienda esto, quedará fuera de juego en un país donde no cabe otra cosa que no sea la paz.


viernes, 4 de diciembre de 2015

“La oportunidad de votar”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

El intenso debate que se ha librado en los últimos meses respecto a si el país sigue o no el curso debido, por fin puede traducirse en acciones este domingo 6 de diciembre. La única acción deseable, posible y que le da a los ciudadanos el poder de cambiar el rumbo de la nación: votar.

Estamos hablando especialmente a quienes se sienten excluidos e impotentes, a quienes consideran que el poder va por su propio rumbo sin tomar en cuenta los deseos, las urgencias y las expectativas de la ciudadanía.

Creer esto es un error, porque el voto ha demostrado sobradamente en nuestra vida republicana, que es un instrumento poderoso para marcar el sendero del desempeño nacional en el futuro inmediato.

Especialmente cuando en situaciones como la actual, el sentir nacional se decanta por dos opciones de gobierno, la cuales son opuestas y hasta parecen irreconciliables, le toca al mismo votante ser el árbitro entre las dos propuestas, los dos modos de imaginar a la patria.

Y es especialmente importante recalcar este asunto en las elecciones a las cuales nos preparamos para asistir, porque estamos en un país de tendencia presidencialista, en el cual se le otorga a los comicios para elegir al primer magistrado nacional una enorme importancia, como debe ser.

Pero en el caso de los otros actos comiciales, la convocatoria a los centros de votación suele descender.

Y resulta que la democracia se entreteje de un complejo tramado de poderes, en cuya designación jugamos todos, y jugamos porque es nuestro derecho, porque nuestra historia nos ha permitido ganarlo con madurez, con trabajo, con lucha. No desperdiciemos esa herencia histórica menospreciando el acto del voto.

Otro elemento que lleva a disminuir el valor de participar, es pensar que no se influye en nada con un solo voto. Si todos pensamos así, pues evidentemente estamos entregando nuestro poder. Pero si nos aferramos a la creencia contraria, pues entonces la sumatoria de los millones de participantes si hace una diferencia por demás legítima.

Afortunadamente, el creciente interés de los venezolanos por el asunto político, ha robustecido una cultura cívica de la cual nos podemos sentir orgullosos y que, entre otras cosas, ha hecho disminuir la abstención en los últimos años de cara a comicios legislativos y regionales.

Como decíamos más arriba, cada vez está más claro que el gobernó no es solamente un presidente. Que las instancias regionales y locales pueden hacer la diferencia; así como el poder legislativo, que es el que nos ocupa en este caso.

Y queremos subrayar de modo muy particular la cita comicial que nos ocupa en lo inmediato, ya que el parlamento de un país es en primer lugar, el cuerpo más representativo de la pluralidad de sentimientos y pensamientos que conforman el espectro político nacional.

Y en segundo lugar, es el espacio por excelencia para dirimir diferencias, llegar a acuerdos, conseguir encuentros y coincidencias, facultando para ello a representantes que vamos a elegir legítimamente y que tendrán nuestra voz y nuestro voto. Y no es poco decir esto: estamos hablando de gente que nos va a representar en la mayor instancia de decisiones de nuestro país.

No importa lo que usted sienta o piense, sin duda en el espectro de la oferta electoral hay quien lo represente, y el único error en este proceso es quedarse sin voz. Hablemos para que nuestros elegidos hablen por nosotros. Y sobre todo, sea cual sea el resultado, que sea legítimo y reconocido por todas las partes que participan. Esa es la mayor garantía de paz para un país y un ejercicio por excelencia para la concordia y el progreso.

Cabe en estas reflexiones el comparar la acción con la inacción. Y preguntarnos qué se obtiene desde la no participación y cuál es la ganancia la participar. Sin duda que la última opción es la que siembra, la que genera futuro, la que puede ser el detonante para que las cosas se parezcan más a nuestro modo de pensar y sentir.

E insistimos: si los resultados finalmente no se parecen a lo que hubiéramos querido, al menos tendremos la tranquilidad de haber expresado nuestra opinión y de haber ejercido el derecho que se nos pone en las manos para que nuestro parecer cuente a la hora de conformar el legislativo nacional.

En cosa de pocas horas, la incertidumbre y las expectativas serán cambiadas por certezas, el país habrá atravesado por un proceso que otorga claridad y que fija un rumbo; pero sobretodo habremos dirimido nuestras diferencias con la piedra donde descansa el pivote de la civilización: el contarnos para entendernos.

Que todo marche en paz y que seamos, a partir del próximo lunes, un país más maduro y especialmente satisfecho de haber realizado bien la tarea.


domingo, 15 de noviembre de 2015

“Equidad electoral”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

Los venezolanos estamos entrando de lleno en la campaña electoral para las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre. Como lo hemos reiterado desde este espacio en muchas oportunidades, a pesar de no tratarse de comicios presidenciales, en esta cita se encuentra una pieza clave del porvenir de Venezuela, como lo es la Asamblea Nacional, que será nuestro poder Legislativo por los próximos cinco años.

Y desde ya nos venimos inquietando por la equidad de las condiciones propagandísticas de los dos grandes grupos que se darán cita en las urnas electorales: el oficialismo y la Mesa de la Unidad Democrática.

Uno de los motivos por los cuales en su momento nos opusimos a la llamada reelección indefinida, fue el hecho, mundial e históricamente comprobado, de que los gobiernos siempre compitan con ventaja en los encuentro electorales. Es un hecho incontrovertible, partiendo del aparato de poder y comunicación que cualquier administración gubernamental ostenta, y del hecho, justamente, de la percepción de poder por parte del electorado.

Venezuela no es la excepción a esa regla, y menos aún con el aparataje mediático que el gobierno ha creado para sí. Como lo confesara alguna vez un funcionario gubernamental, su objetivo era crear una “hegemonía comunicacional” y lo lograron.

No solamente se comunica el mensaje oficialista a través de radios, televisoras, periódicos y sitios web que pertenecen a la nómina del Estado. También se hace mediante pautas obligatorias en medios privados, lo cual es un beneficio al cual no tienen acceso los sectores de la alternativa democrática.

Ciertamente, en teoría se regulan las participaciones propagandísticas de los involucrados en condiciones de equidad; pero por ejemplo –y en adición-  los sectores opositores no cuentan con ventajas como elementos propagandísticos desplegados en edificios públicos, a los cuales acuden numerosos ciudadanos todos los días, quedando expuestos a tales mensajes.

Los árbitros de la contienda deberían tomar medidas, por ejemplo, en el tema de las inauguraciones de obras en períodos de campaña electoral. Este es un elemento de perturbación no solamente en nuestro país, sino en muchas otras latitudes, ya que obviamente es un recurso de propaganda indirecta para quienes ostentan el poder, que de entrada no puede ser cuestionado.

Sin embargo, aunque indirecto,  es propaganda. A tal punto que es muchas naciones se prohíbe la inauguración de obras públicas cuando se acerca un encuentro electoral. Y en los lugares donde se permite la inauguración en sí, se realiza con la mayor discreción y sobriedad, con el fin de disociar la obra en sí de la campaña en cuestión.

En las últimas semanas hemos visto el corte de cinta de obras sin duda loables y necesarias; pero acompañadas de un proselitismo definitivamente innecesario, el cual nos hace inquietarnos por el ventajismo que pueda tener una de las partes en juego.

De parte del árbitro es un excelente momento para hacer valer su autoridad e independencia y llamar a la equidad y ecuanimidad en las pocas semanas que quedan entre el momento actual y nuestro encuentro en los centros de votación.

Y por parte de los funcionarios gubernamentales sería también una muestra de buena fe la auto regulación de estas circunstancias, e incluso el brindar espacios a quienes no piensan como ellos en medios que, como bien dicen sus lemas, son de todos los venezolanos.

Sería digno de aplauso también que en los mencionados medios pro gubernamentales se bajara el tono de los espacios que aplauden la obra gubernamental y cuestionan a la oposición, en contrapartida a los medios de comunicación particulares que han llegado a balances más equilibrados en asuntos políticos.

Y todo este contexto de prudencia y sensatez en la propaganda electoral serviría de ejemplo al país entero, a un país que luce recalentado por sus problemas y que llega exhausto a la cita comicial.

Recordemos que – también lo hemos dicho- el ejemplo de respeto y convivencia por parte de quienes ejercen el liderazgo en el país, sean del bando que sean, es crucial para que volvamos a ser una sola patria y no dos mitades irreconciliables.

Factor que, por cierto, incide en el riesgo-país que preocupa a la actual administración, y que no decae a pesar de los puntuales pagos a los acreedores internacionales. Pero es que estos, más allá de llevar las cuentas, también monitorean el clima interno, el cual debería ser de mayo concordia para proyectar confianza hacia afuera.

Así pues, equilibrio, tolerancia y civismo para la importante cita del domingo 6 de diciembre. Si seguimos las buenas maneras que deberían ser práctica usual en estas circunstancias, ganaremos todos, más allá de quien saque el mayor número de votos.


lunes, 25 de mayo de 2015

"El día después"

Por David Uzcátegui
Secretario Nacional de Asuntos Municipales Primero Justicia
@DavidUzcategui

El día siguiente a la celebración de las más recientes elecciones primarias de la Mesa de la Unidad Democrática, quienes hemos metido el hombro a la ruta electoral para cambiar el rumbo de Venezuela, amanecimos con un buen sabor.
Los que perseveramos en esta propuesta de país, hemos recibido ataques desde las más diversas direcciones. No solo provenientes de nuestros naturales adversarios políticos, sino incluso de quienes se encuentran en nuestra misma acera pero no comparten nuestra metodología.
Vale la pena comentar en este momento, que el presidente de la comisión técnica de la MUD, José Luis Cartaya, dijo que se registró un total de 543.793 personas que acudieron a votar, lo que supone un 7,4 por ciento de los electores.
Superar el medio millón de votantes, es sin duda una victoria para quienes tienen visión larga en la política y saben hilar fino en tan voluble mundo.
No es momento de justificaciones, porque estas suelen ofrecerse tras un fracaso y estamos hablando de una victoria. Pero es necesario subrayar el escaso nivel de participación que habitualmente presentan las elecciones primarias en cualquier lugar del mundo.
Y esto se refiere incluso a las elecciones internas que en su momento ha celebrado el partido de gobierno, las cuales han arrojado resultados de participación muy inferiores al padrón electoral que ellos mismos reivindican.
En el lado contrario, las justas electorales de la Unidad han llegado a convocar hasta tres millones de votantes.
Y repetimos que es una victoria, porque lamentablemente hay mucha gente lanzándole piedras al árbol de la unidad. Y esto no sucede solamente desde el oficialismo, sino también desde otras visiones opositoras que quieren imponer su voluntad, más allá de los consensos que deberían hacer funcionar una alianza partidista como la MUD.
Quienes le apostamos a estas primarias hemos luchado contra el pesimismo y la descalificación que están dentro de casa, como si los ataques externos fueran pocos.
Son también las primarias objeto de doble discurso. Quienes las atacan y descuartizan, terminan celebrándolas, participando e involucrándose, porque nadie puede negar que son la expresión más perfecta del deseo popular y se inscriben en el marco de una ruta democrática que, para merecer tal nombre, debe empezar desde las bases mismas del electorado.
Y en este siglo XXI en el cual la humanidad sin duda ha dado señales de avance, hasta quienes albergan intenciones que contradicen a la democracia deben vestir la piel de cordero.
Y hay más que celebrar. Por ejemplo, el reencuentro y la reconciliación de factores democráticos que tenían visiones divergentes y que lograron imponer los intereses colectivos por encima de su voluntad. La madurez manifestada por valiosos líderes que han crecido en su carrera política y miden mejor esta palabra, en lo más positivo de su acepción.
El hecho de que se haya convivido con un Plan República que existe para servir a todos los ciudadanos es también de destacar. En este sentido, todo ejercicio democrático nos lleva un paso adelante en la vía hacia el país igualitario y justo que aspiramos y al cual tenemos pleno derecho, porque no es una dádiva ni nada por el estilo.
El respeto a los resultados por parte de los contendores es otra bocanada de buen aire que le hace falta a un país recalentado, confrontado y que ansía ver ejercicios de alta democracia y más aún; involucrarlos en su genética, para que este sea el modus vivendi de la venezolanidad.
En todo caso, toca seguir adelante por el camino establecido que creemos correcto por nuestra conciencia. Nada nos puede distraer. Las voces cuestionadoras pueden partir de la crítica constructiva o del resentimiento. En todo caso hay que escucharlas y saber separar la paja del grano; pero tomarlas a beneficio de inventario y no dejar de perseverar.