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viernes, 26 de febrero de 2016

"Motores sin gasolina"

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

Tras la imposición por parte del Tribunal Supremo de Justicia del Decreto de Emergencia Económica que el Ejecutivo aspiraba fuera aprobado por la Asamblea Nacional, se ha inaugurado una nueva retórica en el discurso oficialista, que recurre a la metáfora de los motores.

Recordemos que esto no es nuevo, ya que en el tercer gobierno del fallecido presidente Hugo Chávez, se habló de los “cinco motores de la revolución”.

En aquella oportunidad, se venía de un triunfo en las urnas electorales en diciembre de 2006, y la sobreabundancia de ingresos por los elevados precios del petróleo, permitía crear una ilusión, una euforia, en medio de la cual se podía aplaudir cualquier metáfora y no muchos se atrevían a avizorar que el manirrotismo frenético y la mala administración pasarían factura al país algún día.

Hoy el escenario es el radicalmente opuesto. El carismático líder del proyecto revolucionario ya no está, el petróleo ha descendido prácticamente al precio de costo de producción y el bote hace agua por todas partes. Todo ha sucedido a la vez, años y años de políticas erradas pasan facturas.

Debe ser por eso que hay más motores. En esta oportunidad se les habla a los venezolanos de catorce.

La desesperación oficialista casi los triplicó, quizá porque piensan que si la retórica se adereza con hipérbole, puede ser calar mejor en el pueblo.

Los nombres que se han puesto a los hipotéticos motores inducen al desconsuelo; porque dan cuenta de que quienes hoy administran los bienes -y los males- de los venezolanos no tienen ni idea de lo que están haciendo.

Por ejemplo, se habla de un “motor” que estaría destinado a crear nuevas exportaciones para generar divisas. Es una propuesta cínica, por decir lo menos, cuando al productor particular venezolano se le ha acorralado por más de 10 años, con un control cambiario que no tiene fines económicos sino políticos, tal como lo confesara una vez el hoy vicepresidente de la República, Aristóbulo Istúriz.

La empresa privada enfrenta actualmente la caída dramática de su capacidad de producción, ante la no entrega de divisas y la alegre agricultura de puerto que se generó con el fabuloso ingreso de petrodólares, que permitía comprar todo afuera y venderlo a precios inferiores al costo de producción en Venezuela.

Ahora, cuando estamos a punto de que el petróleo se venda por debajo de su costo de producción, nos damos cuente de que hay que generar divisas. Tarde piaron. Suponiendo que fuera buena la intención de proclamar a los cuatro vientos el deseo de generar nuevas exportaciones, eso lleva tiempo y dinero en el estado actual de las cosas. No disponemos ni de uno ni de otro.

Otro “motor” nos sorprende con el nombre de “Economía comunal, social y socialista”. Volvemos otra vez al problema de los apellidos. El problema, sí, es la economía. “La economía, estúpido”, gritó alguna vez Bill Clinton, el ex presidente  de Estados Unidos, en medio de una campaña presidencial. Ahora, que esa economía sea comunal, social, y socialista… ¿Con qué se come eso?

Porque volviendo a la colección de frases célebres de políticos del mundo, el célebre socialista chino Den Xiaoping dijo alguna vez: “No importa el color del gato, lo importante es que cace ratones”.

Es decir, hasta un gato rojo aplaudiríamos, si hiciera bien su trabajo. Pero apellidar con coletillas ideológicas trasnochadas a la economía, nos dice que estamos muy lejos de tomar el rumbo que pueda permitir realmente nuestra recuperación.

Este nuevo desliz, entre tantos que hemos visto en estos días, es pariente directo del ministerio de “Economía Productiva”, cuyo primer encargado duró un tiempo brevísimo en el cual demostró no tener idea de por dónde empezar, más allá de traer una colección de prejuicios que pueden sonar muy bien en algunas aulas de clase; pero que ruedan aparatosamente por el suelo apenas se intentan llevar a la práctica en una economía real. Por supuesto, toda economía debe ser productiva. En caso contrario, no es economía.

Habrá que ver cuánta responsabilidad tienen aquellos motores primigenios de hace una década en lo que hoy padecemos. Desde hace mucho tiempo se nos lanzó por el rumbo equivocado; pero la sobreabundancia de recursos petroleros servía para echar tierra sobre los errores. Hoy ese artilugio ya no existe y nos encaramos sin anestesia a la realidad más dura de la historia de Venezuela.

En resumen, el tiempo de adornar políticas erradas con palabras bonitas, pasó hace rato. Hoy sí es verdad que el emperador está desnudo ante las penurias que padece la gente día a día en la calle.

Con motores no se solucionan las cosas, por muchos que sean. Recordemos las potentes máquinas que llevaron al Titanic a toda velocidad a su encuentro fatal con el iceberg que lo hundió.

domingo, 20 de diciembre de 2015

“Acción y reacción”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

Aún resuenan –y resonarán por mucho tiempo – los ecos de la ejemplar jornada electoral que los ciudadanos venezolanos adelantamos el pasado 6 de diciembre. Y no es para menos, ya que nos debemos a nosotros mismos un merecido reconocimiento por el elevado nivel de civismo que alcanzamos.

Y lo decimos no solamente por el impecable comportamiento de los ciudadanos en los centros de votación o de los funcionarios del Plan República; sino por la manera como se fueron desenvolviendo los acontecimientos de ese día histórico.

También el conocimiento de los resultados fue desenvolviéndose de una manera que se acercó bastante a lo ejemplar. Aunque un poco tarde, fue más temprano que en otras ocasiones y eso también es un avance.

El desfile consecutivo por las pantallas de televisión de los personajes decisivos de la jornada, también tuvo un tono ajustado a lo que demandamos la incuestionable mayoría de los venezolanos, sea cual sea el color de nuestra filiación política: paz.

La inesperada – pero posible siempre – aparición del ministro de la Defensa, Vladimir Padrino López sorprendió a muchos pero afortunadamente, llamó de inmediato a la tranquilidad, por su discurso siempre apegado al deber ser y a lo institucional.

La consecuente aparición de la rectora del Consejo Nacional Electoral, Tibisay Lucena, también fue celebrada por ocurrir más tempranamente que en otras ocasiones y por ir al grano. Sin duda fue un gran regalo para los venezolanos la también temprana aparición del presidente Nicolás Maduro, acatando y reconociendo los resultados; a pesar de haberlos achacado una guerra económica que muchos interpretamos de otra manera. Y finalmente, un atinado discurso del vocero de la mesa de la Unidad Democrática, Jesús “Chúo” Torrealba. En ambas alocuciones abundaremos más adelante.

Lo que sí nos preguntamos muchos es por qué cambió el tono de algunos de los afectos al oficialismo a partir del día siguiente. Y sobre todo, por qué una corriente política que ha presumido siempre de disciplina y de manejarse bajo una dirección única como era el chavismo, ha ofrecido tantas declaraciones discordantes en los días posteriores y hasta el momento actual.

Como comentábamos en líneas anteriores, el discurso de reconocimiento de la derrota del primer mandatario estuvo dentro de los parámetros democráticos y generó un reconocimiento de sus adversarios por haber contribuido a la paz de aquella noche. Sin embargo, sus posteriores alocuciones han desdicho la acertada reacción del primer momento.

La instalación de un parlamento paralelo, no elegido por los votantes y que no aparece en la Constitución Nacional, es un acto desacertado y tiende a serlo cada vez más, con la creciente fuerza e importancia que voceros del gobierno le dan al hecho.

Semejante situación desdice no solamente lo que el mismo Presidente reconoció la noche del 6 de diciembre, sino también lo que afirmara a las personalidades internacionales que acompañaron a la MUD en el proceso electoral y que se reunieron con el máximo representante del Ejecutivo nacional, saliendo satisfechos del encuentro y participando a los medios de comunicación del mundo la disposición de la administración central venezolana a aceptar los resultados del evento electoral.

También han resultado desafortunadas las afirmaciones del alcalde del municipio Libertador de Caracas, Jorge Rodríguez, quien ha hablado de factores extraños que van desde la compra de votos hasta el ventajismo electoral de la oposición; algo que a ojos vista es imposible, dado que el control institucional del país reposa hasta el momento de manera mayoritaria y ostentosa en manos del oficialismo.

Lamentablemente no pasaron muchas horas sin que volvieran a aparecer en escena los discursos altisonantes, las ofensas y las amenazas que suponíamos enterradas, tras el pronunciamiento de los venezolanos en los centros de votación. Un acto que fue aceptado de buen grado incluso por los ciudadanos que votaron al PSUV y al Polo Patriótico, entendiendo que parte del juego es saber perder.

Por suerte, en distintos niveles de la tolda roja han asomado la autocrítica e interesantes reflexiones, las cuales deben ser la norma de su conducta para el momento actual y que aportan material sumamente valioso para la refundación del chavismo como una opción democrática de cara al futuro de Venezuela.

No fue la guerra económica la que ganó, porque sencillamente no existe. Perdió en las urnas un terrible desempeño económico, que muchos hemos señalado una y otra vez como un mal que hay que corregir con extrema urgencia, porque está mordiendo la mesa de los venezolanos.

Quisiéramos, por el bien de todos, regresar a esa noche sensata del 6 de diciembre, recoger todas las reacciones desacertadas y accionar en paz de aquí en adelante.


domingo, 29 de noviembre de 2015

"Mirando a Argentina"

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

La noticia de las elecciones presidenciales argentinas ha traído cola. En realidad lo hace desde mucho antes, cuando se comenzó a perfilar lo que se jugaba: la continuidad del proyecto kirchnerista, que había estado al frente del país por más de doce años, o un cambio de rumbo a manos de una nueva alternativa.

La gente se decidió por el cambio encarnado en Mauricio Macri. Argentina vio por primera vez que los comicios presidenciales se decidieran en una segunda vuelta, lo cual fue una prueba de fuego para la institucionalidad del país.

Y vale la pena poner la lupa sobre los reacomodos que hubo en esta segunda vuelta. El hecho de que en la primera, el oficialista Daniel Scioli haya ganado por un margen tan estrecho, abrió la esperanza para la coalición opositora, que logró capitalizar el descontento generado por el desgaste del prolongado mandato de los Kirchner y remontar la cuesta para vencer, por estrecho pero indudable margen.

¿Cómo se revirtieron los pronósticos que vaticinaban como invencible a la maquinaria gubernamental? Nadie lo sabe a ciencia cierta, pero sucedió. Y no se debe tratar de un milagro, ni de un acto de magia –aunque de que vuelan, vuelan- sino más bien de una conjunción de propuesta y trabajo por parte de la gente de Macri, aunado al ya mencionado desgaste del prolongado mandato de Kirchner y señora.

Porque esa es una verdad incontrovertible, que a muchos políticos de oficio les cuesta aceptar: los liderazgos se desgastan, los ciclos de poder no se pueden prolongar indefinidamente. La propuesta política que hoy toca a su fin en la nación sureña, tuvo su momento, lo vivió y lo agotó. Llega el momento de pasar la página y es mejor aceptarlo. Punto a favor para la presidente que sale: haber entendido que una despedida elegante es la mejor manera de asegurarse la posibilidad de un regreso.

Hay otros puntos que destacar, como por ejemplo el que Macri, exitoso alcalde de Buenos Aires antes de aspirar a la presidencia, haya sumado voluntades a su alrededor para poder superar –aunque por poco- a estatura del poderoso partido gobernante.

Toda victoria debería implicar modestia; pero muy en especial la que conlleve márgenes estrechos. Y por otro lado, toca ser inclusivo y amplio al gobernar, ya que el gobierno saliente que pasa a ser oposición, cuenta también con un capital de votos nada despreciable.

Capital que, esperamos, tampoco sea sobrevalorado por los seguidores de los Kirchner, y que se entienda la dimensión exacta de hacer oposición, sin caer en tentaciones de estorbar al gobierno que se inicia, como una posible estrategia para allanarse el camino de regreso a la Casa Rosada.

Renunciar al poder no es fácil, y menos cuando se ha ejercido durante tanto tiempo, porque genera costumbre. Los medios internacionales reflejan que los diálogos para la transición gubernamental, si bien secos y tensos, se han mantenido en los parámetros de la institucionalidad, como debe ser.

Sobre su política exterior, dijo que intentará mantener buenas relaciones con todos, aunque no comparta los criterios de algunos. Esperemos que así sea y que el gobernante a estrenarse tenga como norte los usos de la buena diplomacia, que aleja de los excesos y anima a la convivencia pacífica, es lo más sensato que se puede hacer; aunque sin duda el cambio de signo en los gobernantes, reacomodará las relaciones de la nación albiceleste.

Sobre este asunto, al igual que sobre otros tantos temas que atañen a la conformación de un gobierno, puede arrojar pistas  la manera como respondió Macri al ser consultado sobre su ideología, en la cual rechazó amoldarse a cánones tradicionales: "Nuestra ideología es resolver, es hacer, lo definiría como un desarrollismo moderno del siglo XXI".

Y abunda en cuanto a la relación con otros países del  continente: "Queremos construir, afianzar buenas relaciones con todos nuestros hermanos latinoamericanos y con el mundo", y agregó que había recibido llamadas de felicitaciones de la presidente de Chile Michelle Bachelet, de la mandataria brasileña Dilma Rousseff y del presidente uruguayo, Tabaré Vázquez.

"Argentina necesita intercambiar con todos los países para generar oportunidades", fueron otras palabras bastante significativas, tras lo cual ratificó que su primer viaje al exterior será a Brasil. Una decisión inteligente, por la proximidad del país y por el enorme peso de la nación brasileña en el continente.

Muchos interpretan la victoria de Macri como la llegada de vientos de cambio al continente. Los cambios siempre son bien recibidos, especialmente cuando la situaciones han estado estancadas por mucho tiempo. Aún es temprano para vaticinar le alcance y la dirección de esos cambios, hipotéticos, pero que sin duda sucederán. En todo caso, el mundo, y especialmente América Latina, miran a Argentina y a su nuevo presidente.


domingo, 8 de noviembre de 2015

¿Por el ascensor, o por la escalera?

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

Es un viejo dicho popular ese que asegura que mientras los sueldos suben por la escalera, la inflación lo hace por el ascensor. Pero, como suele suceder con los lugares comunes, el hecho de repetirlos no los desgasta; al contrario: más bien reafirma cuánto tienen de cierto.

La realidad es que hemos visto varios aumentos de sueldo en el último año, pero todos sentimos que cada vez nuestro dinero vale menos y que dichos aumentos apenas alivian por un breve lapso y en grado muy relativo las necesidades a cubrir.

Nadie puede negar que estos aumentos decretados por el gobierno vengan cargados de las mejores intenciones; pero ya sabemos que estas son las mismas que se encuentran en el camino al infierno.

El asunto es que quienes hoy administran a Venezuela están jugando a la antieconómica, y la gente se pregunta por qué no escuchan a quienes saben de esto y les advierten que se están comiendo la flecha en sus acciones.

En primer lugar, un aumento de sueldos por decreto es por definición inflacionario, dado que se está exigiendo a empresas e instituciones que no son productivas, erogar mayores cantidades en nómina, lo cual invariablemente – en caso de la empresa privada- va a tener que ser cargado al consumidor final, aumentando los precios.

Y en el caso de la administración pública, sostenida por el petróleo y cada vez recibiendo menos dinero a través del mismo, implica meterla en un callejón sin salida.

El asunto no es ordenar que se les pague más a los trabajadores, sino ver qué hacemos para ser más productivos.

Desde esta tribuna nos hemos unido a quienes hacen reiteradamente llamados a reforzar la menguada producción nacional, entre otras razones para crear riqueza, para que la misma dinámica productiva incremente la remuneración de los trabajadores al alcanzar la prosperidad a través del trabajo.

Pero para ello se necesita un concierto de la iniciativa particular y la administración pública en conjunto. Naciones que han superado coyunturas mucho peores que las que actualmente padecen Venezuela, solamente han salido adelante con la visión y acción unificada  entre todos los miembros de sus sociedades. Si no remamos todos en la misma dirección, nos hundimos.

Y otro punto muy importante: el gobierno debe enfocar acciones en el fortalecimiento y defensa del valor de nuestro signo monetario. Si conseguimos una moneda que se mantenga robusta y estable ante los vaivenes de la economía, podremos dejar en el pasado los reiterados aumentos de sueldo, los cuales no hacen sino confirmar que el dinero vale cada vez menos.

Otro factor de distorsión es el desconocimiento del verdadero monto de la inflación en nuestro país. Desde diciembre del año pasado, el Banco Central de Venezuela no publica las cifras oficiales a pesar de las numerosas y reiteradas exigencias de quienes están involucrados en el campo de la economía nacional y necesitan saberla para presupuestarse.

En una alocución televisada, el primer mandatario nacional aseguró que la inflación de este año rondaría el 80%, según le habían comentado. Y aseguró que los aumentos de salario de 2015, superaban el 130%, incluyendo las mejoras hechas a través de los cesta-tickets.

Sin embargo, otros actores económicos aseguran que el incremento de los precios para este año superará el 200%, con lo cual más bien queda un remanente negativo superior al 70% en contra de los trabajadores venezolanos. He allí la respuesta de por qué “el dinero no alcanza para nada”.

¿Cómo explicar de manera gráfica lo que sucede? Pues echando mano de la frase que afirma que los precios suben por el ascensor mientras los sueldos lo hacen por la escalera. Después de revisar este escenario de las remuneraciones venezolanas versus la inflación, no hay otra manera mejor de dibujarlo con palabras.

¿Cómo fortalecer nuestro signo monetario? Con trabajo y con confianza. Con productividad, con la producción de bienes y servicios que generen riqueza, paz y prosperidad. Con la diversificación de nuestra industria nacional y con la apuesta a que sea exitosa.

El fortalecimiento de la moneda – y por consecuencia de la economía- no pueden ser temas tabú. De ello depende el sustento de la gente y la satanización del tema, o su manejo a través de dogmas ideológicos termina impactando en las despensas de las familias.

Y también es necesario, para lograr sanear la vapuleada economía venezolana, implementar  cambios de fondo en los discursos tanto como en los hechos. Solamente con concordia, con paz y con conciliación un país puede ser productivo y por ende, próspero.

Cuando contemos con una economía en orden y con una moneda sólida, se acabarán todas las penurias al respecto que hoy padecemos.

www.daviduzcategui.com

jueves, 5 de noviembre de 2015

"Foro de Prevención del Delito"



Ayer miércoles 4 de noviembre 2015 tuvimos una excelente participación de los vecinos de Manzanares Oeste que acudieron a nuestro Foro de Prevención del Delito donde hablamos de puntos muy importantes que deben ser tomados en cuenta en todo momento por nuestra seguridad y la de todos.

Gracias por su participación.

Seguimos trabajando. 
David Uzcátegui

domingo, 1 de noviembre de 2015

“Tiempos de cambios”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

El resultado de las recientes elecciones presidenciales en Argentina, anuncia un cambio en el rumbo político de la nación suramericana. Algo que era de esperarse, porque tanto la historia como la política, son de ciclos.

La gran interrogante en Argentina de cara a las elecciones, era: ¿habrá segunda vuelta o ganará la presidencia Daniel Scioli?

Pero tras conocerse los cómputos,  que dejaron una muy cerrada diferencia a favor del candidato del gobierno y un considerable crecimiento del opositor Mauricio Macri, de la alianza Cambiemos, ahora la pregunta es otra: ¿podrá mantenerse el oficialismo en el poder tras el venidero “ballotage” del 22 de noviembre?

Los medios de comunicación internacionales calificaron como una gran sorpresa lo sucedido, especialmente cuando desde la gobernante fuerza peronista del kirchnerismo se esperaba una indudable victoria de su representante, la cual debía darse con un margen superior al 10% de votos a favor, con el fin de evitar la segunda vuelta.

Pero el estrecho resultado obtenido ha convocado al llamado “ballotage” que es, en sí, una derrota explícita para el oficialismo que controla a la nación sureña desde hace 12 años. A pesar de que Scioli sí ganó la primera vuelta, el estrecho margen permitiría calificar como “pírrica” su victoria, en el estricto sentido de este término, ya que fueron muchos los antiguos partidarios del peronismo que quedaron en el camino, pero no por muerte en batalla sino por decepción. Y consecuentemente, migraron a otras alternativas políticas.

Es difícil explicar qué pasó en apenas dos meses, para que cambiaran tanto las preferencias de los argentinos entre las primarias presidenciales de voto obligatorio de agosto pasado y las recientes elecciones generales.

Cristina Kirchner atraviesa su último año de Gobierno en medio de una crisis de confianza ante los mercados financieros internacionales, a lo cual se suman condiciones negativas dentro del propio país, debido a la falta de divisas, elevada inflación y disminución en las reservas del Banco Central. La popularidad de la primera magistrada cayó en febrero pasado del 32,5% al 29,8% luego de la polémica muerte del fiscal Alberto Nisman.

Un dato clave es que finalmente fueron muchos más argentinos a votar, y todo parece indicar que lo hicieron impulsados por el “voto castigo”, en contra del sucesor designado para  Cristina Kirchner. La participación en agosto había sido del 74% y subió al 80,8%. Es decir, 2,1 millones de personas más.

Las elecciones locales conjuntas con a las presidenciales también perjudicaron a al oficialista y beneficiaron al opositor. En la provincia de Buenos Aires, donde vota el 37% de los argentinos y gobernaba el peronismo desde hace 28 años, triunfó la candidata liberal, María Eugenia Vidal. Y esto tuvo que ver con que enfrentó a uno de los kirchneristas con peor imagen, Aníbal Fernández, el jefe de Gabinete de Ministros de la presidente Kirchner.

Así que el revés que recibió el Frente para la Victoria (FPV), la organización de corte peronista que gobierna hace 12 años el país y que es liderada por la primera mandataria, no sólo se circunscribió a la batalla presidencial.

También es oportuno apuntar que peronismo y kirchnerismo no son necesariamente sinónimos; en tanto y en cuanto los esposos Kirchner imprimieron a su larga década más dos años en el poder un estilo tan extremadamente personalista, que choca por consecuencia con otro personalismo por definición, como lo es el peronismo, bajo cuyo conveniente paraguas se ha amparado siempre, ante la amenaza de nubarrones.

Pero justamente este resultado adverso puede agudizar las escisiones, especialmente cuando se entiende que el peronismo tiene matices de muy amplio espectro y le ha dado a Argentina los más variopintos políticos.

Y justamente, la autocrítica de quienes hoy gobiernan hacia el interior de su propia coalición, es la urgencia de reagruparse; cosa que parece cuesta arriba, por aquello de que la victoria tiene muchos padres, pero la derrota es huérfana.

Vendrán, por supuesto, los reacomodos de fuerzas de cara al nuevo encuentro en las urnas. Y desde ya los analistas se aprestan a apostar que las nuevas alianzas favorecerán a Macri.

Aún es temprano para afirmarlo, pero parece que el ciclo Kirchner termina en Argentina. O al menos, entra en receso. Es el vaivén normal de la historia y de la política. Habrá que ver si es capaz de reinventarse y reflotar, como lo ha hecho tantas veces su marca madre, el peronismo. O si su eventual despedida será sin segunda vuelta.

jueves, 29 de octubre de 2015

"Colores de la Unidad"




Gran participación ayer miércoles 28 de Octubre en Caurimare, El Cafetal. Los colores de la #Unidad presente, seguimos demostrando que juntos somos indetenibles y que vamos a poder lograr el cambio que merece #Venezuela éste 6 de diciembre.


domingo, 25 de octubre de 2015

“Polarizados”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

El título de esta nota no se refiere solamente a los venezolanos que se encuentran en extremos opuestos de la circunstancia política, sin posibilidad de ubicarse en un sano centro de encuentro. En realidad es un juego de palabras y una manera de referirnos al rol que la cumpleañera Empresas Polar juega en la vida del país.

Los 75 años de este grupo empresarial lo encuentran lamentablemente en el ojo del huracán de una disputa política absurda e innecesaria, ya que se trata del mayor fabricante de alimentos del país, el cual debería esta ajeno a todo esto y enfocado en la importante labor que desempeñan.

Sin embargo, pareciera que la vorágine de la hiperpolitización que engulle al país atrajera todo hacia ese torbellino, sin posibilidad alguna de escape.

Entre finales de los años 30 y principios de los 40, los Mendoza sentaron las bases para convertir una antigua y pequeña compañía familiar de fábrica de velas y jabones en una compañía cervecera, tomando un riesgo para la época, importando maquinaria y abriendo las puertas a personal calificado que venía huyendo de la negra nube de guerra que ya amenazaba claramente a Europa. En Venezuela, mientras tanto, recién se despertaba de la larga noche del gomecismo.

Quizá el mayor aporte del conglomerado empresarial a la venezolanidad, haya sido la industrialización de la Harina pan, con lo cual se cotidianizó y masíficó el consumo de la arepa.

Pensemos en lo que era la realización de esa emblemática comida nacional hace poco más de medio siglo: había que pilar el maíz, una labor engorrosa que fue sustituida por la harina industrializada y que dio un vuelco al día a día de los venezolanos a partir de 1960.

Contribuciones de este calibre, son las que un país necesita. Que el empresario esté enfocado en su productividad, entendida esta como la generación de ideas para el bienestar colectivo. Y por supuesto, su implementación en la práctica.

Las plantas de Polar se han multiplicado por todo el país en estas décadas, hasta llegar hoy a un total de 28, que brindan empleo estable a miles de venezolanos. Amén de haberse creado la Fundación Empresas Polar, que cumple con el rol de responsabilidad social empresarial al apoyar la cultura nacional en muchas de sus variantes.

También es una iniciativa referencial del conglomerado, el haber creado en los terrenos donde había funcionado la primera planta de la empresa, ya desaparecida, fue construido el Centro de Atención Nutricional Infantil Antímano (Cania), institución se especializa en el manejo interdisciplinario de la malnutrición infantil.

Los alimentos y bebidas bajo el paraguas de la marca se han diversificado, contando todos con la aceptación de los consumidores, e incluso trascendiendo nuestras fronteras, llevando muy lejos productos que nos identifican con un indiscutible sello venezolano.

Hablamos entonces, de una iniciativa particular con capital privado, que ha crecido y se ha mantenido en el tiempo, con la misión de proveer alimentos a la ciudadanía, amén de la creación de empleo y de la responsabilidad social que se deriva de su acción y actuación en el universo nacional.

Esto es el deber ser del empresariado y en este sentido estimamos que ha cumplido su rol y por ello es un interlocutor válido en la etapa compleja que actualmente vive Venezuela. Saben cómo producir en nuestro país, padecen las limitaciones del momento actual y sin duda deben tener respuestas para su superación.

La sinergia entre gobierno y empresa privada es el deber ser de una sociedad, pueden y deben coexistir pacíficamente, cada uno cumpliendo un rol distinto, porque tiene tareas específicas –pero complementarias- dentro del hábitat de una nación.

La invasión de las ocupaciones de uno por el otro, trae distorsiones que a la larga terminan por afectar a la gente, y eso es lamentable. El momento que atravesamos exige madurez de parte de todos, y específicamente abrir las voluntades hacia posibilidades de colaboración que muevan las energías nacionales en una misma línea y con objetivos conjuntos. Ninguno de los problemas nacionales puede ser resuelto por nadie en solitario.

Por ello, nos permitimos imaginarnos un diálogo constructivo, en el cual ambas partes se escuchen y salgan beneficiadas. Porque no se trata solamente de aliviar la tensión que se respira actualmente en la atmósfera cotidiana; sino también de aportar a la válvula de escape que todos los ciudadanos que apostamos a la paz estamos buscando. Y que a todos nos haría tanto bien.

Esperemos pues, que la convivencia y colaboración entre el gobierno nacional y Empresas Polar sea lo que marque el futuro y que ambas partes se puedan dedicar a producir, como nos conviene a todos, como es necesario para el bien del país.



domingo, 27 de septiembre de 2015

“Iglesia y Cuba“

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

La reciente visita del Papa Francisco a Cuba, ha levantado tanto expectativas como polémicas. Los más optimistas, lo ven como un paso definitivo en la superación de una era para la historia cubana; mientras otros tantos consideran que fue más bien un evento protocolar y cosmético, en medio de cambios epidérmicos que no van al fondo de las desventuras que padece la isla.

Nos anotamos entre los del primer grupo. Y no se trata de un optimismo a ultranza, ni tiene que ver con un asunto de fe sin condición, aunque involucre la religión que profesamos. Se trata más bien de observar una sumatoria de hechos que va mucho más allá de la circunstancia que nos ocupa en estas líneas.

Como alguna vez lo comentáramos, mucha gente pasa por alto el observar con lupa que el Vaticano no es solamente el vértice de nuestra iglesia católica, sino también un Estado. Y como tal, dispone de musculatura y resortes diplomáticos. Una diplomacia que, por cierto, sabe hilar muy fino, con paciencia y visión de largo aliento y es, en definitiva, una de las más eficientes del mundo.

Por ello, la iglesia sabe moverse en circunstancias como la que hoy abordamos. Y sabe accionar en función de que las cosas se modifiquen. Lo hace con “mano izquierda”, por utilizar un término de arraigo popular. Pero lo hace, y bien.

Hay que ver, por ejemplo, el impacto que tiene esta visita en los ciudadanos de una república que abolió la religión hace más de cinco décadas, por lo cual la mayoría no tiene prácticamente ninguna referencia al respecto.

La visita de Francisco deja pues, a nuestros ojos, una apertura a la curiosidad, a la inquietud, que debe unirse a los vestigios de catolicismo –relativamente escasos, pero existentes- que quedan en la isla.

Hace más de medio siglo, los católicos optaron por esconder sus convicciones. Era un asunto de supervivencia. Y las abuelas llevaban discretamente entre sus ropas las medallas de los santos en quienes creían.

Sin embargo, la devoción a la Virgen de la caridad del Cobre se ha mantenido contra viento y marea, hecho que se pudo demostrar con las misa oficiada por el papa en su honor.

La mayor de las Antillas está pisando con paso cada vez más firme, en una etapa en la cual se comienza a asimilar con libertades lo que ha tenido que mantenerse en susurros por décadas y que no es otra cosa que el derecho que tiene cualquier ser humano a escoger su credo.

Los cambios en Cuba han sido lentos, es verdad. Demasiado lentos, dolorosamente lentos. La caída del Muro de Berlín fue el primer episodio histórico que trajo vientos renovadores y de esperanza. En 1992 el Estado cubano pasó de ser ateo a secular.

Desde entonces, la gente retornó a las iglesias, e incluso se celebraron oficios religiosos en casa de familia, ante la falta de espacios para la creciente ola de devoción y fe. Finalmente, en 1998, Juan Pablo II visitó la isla, solicitando apertura.

Se trató de otro Papa con gran conciencia política, que debió vivir en carne propia el nazismo y los horrores de la Segunda Guerra Mundial. Aquella visita del llamado “Papa viajero” devolvió a los cubanos la Navidad, algo que puede sonar a cuento de hadas; pero que en realidad fue una victoria política importante.

Por todo ello podemos esperar progreso de la nueva visita de un pontífice a tierras cubanas. Más aún en este momento, cuando el entendimiento entre el presidente de Estados Unidos, Barack Obama y el gobierno de Raúl Castro ha dado pasos gigantescos en cosa de meses. Por cierto, que al respecto, el representante del Vaticano, comentó que  "es signo de la victoria de la cultura del encuentro, del diálogo".

La prensa internacional ha subrayado – y no sin razón- que lamentablemente Francisco no pudo verse cara a cara con la disidencia cubana. Sin embargo, estamos seguros de que el Papa los tiene presentes, y mucho más allá de las menciones que les hizo en el marco de un lenguaje diplomático, en el cual habló de “todas esas personas que, por diversos motivos, no podré encontrar”. También hizo mención “a todos los cubanos dispersos por el mundo".

Lo que al final del día interesa es el bienestar del pueblo cubano, que se incorporen de una vez y para siempre al siglo XXI, que haya libertad de culto, de empresa, que puedan entrar y salir libremente de su país y que puedan ponerse al frente de las modificaciones que consideren necesarias para decidir el futuro de su país.


El proceso ha sido largo y complejo, es verdad que aún falta mucho; pero reivindicamos el avance de la visita papal. Así como hoy podemos a la distancia medir el valor de la contribución de Juan Pablo II, estamos seguros de que, más pronto que tarde, podremos ponderar en hechos concretos la huella que habrá dejado el paso de Francisco por la isla antillana.

www.daviduzcategui.com

lunes, 7 de septiembre de 2015

¿Producimos o nos endeudamos?

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

Para nadie es un secreto el revés económico que ha significado en Venezuela el pronunciado y sostenido descenso de los precios petroleros. Al momento, se encuentran muy por debajo de lo asentado en el actual presupuesto nacional, y no dejan de seguir descendiendo.

En un momento como el que atravesamos es lógico y tentador pasearse por la idea de pedir prestado. Hay que tapar huecos con urgencia y no están a la vista los ingresos necesarios para hacerlo. Es lo primero que se ocurre. Y por lo general, lo que se hace.

Quizá para muchos no sea el momento de plantear esta pregunta, pero más bien creemos que es el preciso: ¿producimos o nos endeudamos?

Por supuesto habrá quien alegue que ya es tarde para esta disyuntiva y que no nos queda otra que recurrir al endeudamiento, con todo y sus amargas consecuencias. Pero nosotros replicamos: ¿nos vamos a conformar nuevamente con otra simple corrida de la arruga?

Porque sabemos que generar deudas es postergar el problema. “Pan para hoy y hambre para mañana” dirían nuestros abuelos, al tener en cuenta que estamos paliando nuestras necesidades de hoy con el empeño de recursos futuros. Y lo que es peor, estamos cargando el peso de una deuda sobre próximas generaciones.

Contrariando a quienes opinan en forma diferente a nosotros, nos atrevemos a proponer la audacia de potenciar la producción nacional. Justamente en este momento, en el cual todo parece adverso a ella. Quizá por ello pueda ser la mejor circunstancia.

Abundan los ejemplos en la historia universal de naciones que enfrentaron sus mayores reveses con una incansable voluntad de trabajo, de la cual los venezolanos hemos ofrecido sobradas pruebas. De la Europa o el Japón que se levantaron tras la Segunda Guerra Mundial, podríamos extraer ejemplos extremos. Pero nosotros estamos en una posición infinitamente más ventajosa.

Parecemos el protagonista de aquella historia del mendigo que pasaba hambre sin saber que tenía una fortuna en billetes escondidos dentro del forro del abrigo que le habían regalado y que utilizaba todos los días; sin imaginar que llevaba encima la solución a sus penurias.

Nos negamos a vernos como un gentilicio acorralado por el infortunio, cuando tenemos una fuerza humana envidiablemente poderosa y la proverbial tierra que derrocha recursos naturales.

No estamos en el mejor momento, es verdad; pero también es cierto que parecemos negados a ver los numerosos activos que pueden sacarnos adelante.

Recursos que, por cierto, van mucho más allá del petróleo. Pero que, sin embargo, por el momento no desplazan a la industria que nos ha dado sustento por tantos años y cuyos frutos lamentablemente jamás fueron sembrados, como sabiamente aconsejaran décadas atrás Arturo Uslar Pietri.

Por ello, lo primero en este plan de reaccionar a la crisis con más productividad, debe ser optimizar la labor de PDVSA. Seguimos teniendo en nuestras manos un recurso extremadamente valioso en el mundo de hoy. El incremento de la calidad de nuestra petrolera nacional como empresa y por ende de los resultados que entregue a la nación, debe ser uno de los nortes actuales.

Pero en paralelo, podemos y debemos hacer mucho más. Ya basta de ser “petroleocéntricos”, sin subestimar el valor del aún medular producto. La capacidad del venezolano para ser emprendedor sigue siendo la mayor – y la más subestimada- riqueza de nuestro país.

Basta con recorrer las carreteras venezolanas, para encontrar que el lugar común en muchas de ellas es el negocito a la orilla, donde los pobladores del lugar se las ingenian para ofrecer productos y servicios a los viajeros.

Es un algo intuitivo y empírico, pero allí está. Lamentablemente, sin el incentivo, sin la formación, sin la coordinación.

¿Qué sucedería si estas innumerables iniciativas individuales fueran hilvanadas en un gran plan como país que comprenda como objetivo hacer productiva a Venezuela desde el trabajo? Desde la mano de obra, desde la iniciativa, desde el ingenio, desde el talento y el don.

Que no se trate de un buen pronunciamiento de propósitos ni de un discurso prometedor, sino un plan para activar, de una vez por todas, la verdadera solución para nuestro país. Más trascendente y confiable que la venta de cualquier mineral, y a salvo de los vaivenes de los precios en los mercados.

También tenemos gerencia, liderazgo, formación. Y los siempre mencionados pero poco aprovechados recursos. Sí, se trata de un cambio en la forma de pensar. De un giro de 180 grados, de que decidamos qué es lo que queremos ver y este cambio de visión aporte a un nuevo destino, que no se construye sin pasar por el aprovechamiento de los dones que tenemos en nuestros genes.

No se pierde nada, pero se puede ganar mucho. Quizá este sea el momento perfecto.

lunes, 31 de agosto de 2015

“Dos países, un sentimiento”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui


La noticia de los últimos días ha sido sin duda el Estado de Excepción implementado por el gobierno nacional en municipios fronterizos con Colombia. El aspecto humano de lo que allí sucede, ha llamado la atención de la opinión pública internacional.

Se trata de una de las fronteras más calientes del continente y esto, como tal, tiene un doble matiz que va acompañado de muchas cosas buenas y otras tantas malas.

La confraternidad entre ambos lados de la línea limítrofe ya es proverbial. De uno y de otro país se cruza al contrario por trabajo, comercio, vínculos familiares y otra serie de factores que generan vínculos robustos.

Pero también se sabe de los graves episodios de vieja data que suceden en el lugar: desde contrabando hasta violencia, que mortifican la cotidianidad de los habitantes de uno y otro lado.

¿Qué si los gobiernos de ambas naciones debían tomar medidas al respecto? Sí, sin duda. ¿Que si la frontera estaba abandonada y a la buena de Dios? También, y esto es queja cotidiana de sus habitantes.

Lo que sucede en el lugar no es nada nuevo, y muchos de los fenómenos negativos los arrastramos desde hace muchos años. Que han empeorado con el tiempo tampoco es un secreto.

Había que tomar acciones. Complejas, complicadas, polémicas. Sin duda alguna. Pero, ¿se tomaron las correctas, las adecuadas, las convenientes?

Como dijimos al principio, el asunto humano ha llamado la atención de la opinión pública internacional. Ya son conocidos de muchos lectores y televidentes los casos de familias separadas a ambos lados de la frontera cerrada, los venezolanos varados en Colombia, los problemas de salud de quienes viven en un sitio y reciben tratamiento en otro.

En conclusión, la compleja circunstancia fronteriza debe abordarse con soluciones igualmente complejas y que aborden con conocimiento y respeto la cotidianidad de quienes allí viven.

No se puede dudar que las medidas de los últimos días hayan puesto un parado a algunas de las circunstancias inaceptables que se dan en la cotidianidad fronteriza. Pero esto no se puede hacer al costo de generar otros problemas nuevos y menos aún de crear molestias a la gente trabajadora que hace vida en la región.

¿Soluciones? Las hay, y muchas. La sensibilización ante el asunto que se ha generado por lo que reflejan los medios ha conseguido que importantes personalidades e instituciones se pongan a la orden para mediar y facilitar respuestas que contribuyan a aliviar los problemas fronterizos sin que haya un costo para los habitantes del sitio.

Por ejemplo, el secretario general de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), Ernesto Samper, aseguró que el organismo está dispuesto a colaborar en la búsqueda soluciones a la situación. A través de la red social Twitter el expresidente colombiano publicó el siguiente mensaje: “Como se lo dije a los Presidentes: UNASUR está dispuesto a ayudar en la inaplazable solución de la crisis fronteriza....”

La afinidad del actual gobierno venezolano con el organismo y con su vocero, puede ser una gran oportunidad de comenzar a hallar entendimientos, dado que Samper es originario de la hermana nación. Este perfil lo coloca como un mediador calificado en la circunstancia que se vive.

Sobre la eventual intervención de Samper, el mandatario venezolano opinó: "Que venga de inmediato, es un hombre de gran capacidad (...) muy objetivo, con gran experiencia, y que la presidencia pro témpore también nos envíe lo que el presidente Tabaré Vázquez considere y nos apoye".

Para el momento de publicarse estas líneas, ya se habrá realizado la reunión entre las cancilleres de Colombia y Venezuela, Mariángela Holguin y Delcy Rodríguez. Quizá entre damas haya mayor sensibilidad a la situación, y la expectativa ante lo que pueda poner en la masa la señora Holguin es grande, dada su trayectoria en el universo diplomático.

Incluso, la alta funcionaria vecina reconoció la soberanía de Venezuela en cuanto a su decisión unilateral de cerrar la frontera, aunque no compartió que la medida fuera la solución para el contrabando, el cual reconoció como un importante problema.

Esperamos que las oportunidades para encontrar soluciones a los problemas reales que allí existen, sean aprovechadas; porque están sobre la mesa. Y tenemos la certeza de que no hay razón para que el atajar determinadas irregularidades signifique irremediablemente la creación de otros contratiempos.

En el espíritu bolivariano está el acercamiento fraternal con la nación vecina que comparte con nosotros el mismo Libertador. Este debe ser el tono y el norte para los encuentros por venir y las soluciones por edificarse. La frontera colombo-venezolana es una gran oportunidad de bienestar y progreso para ambos países.

domingo, 23 de agosto de 2015

“La otra cara de la OLP”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

Ante el clamor ciudadano por atajar de alguna manera la delincuencia que azota a Venezuela y que ha convertido en rehenes a los ciudadanos, el gobierno nacional ha emprendido la llamada Operación de Liberación del Pueblo. Una iniciativa que responde a una incuestionable necesidad; pero que también es altamente polémica.

Tras varios episodios de este nuevo plan contra la delincuencia, la iniciativa ha recibido muy serias observaciones por parte de voceros que tienen peso en la opinión pública.

Tras lo visto en estas semanas, los operativos de las OLP parecen estar cargados con una agresividad inusitada y sin organismos que hagan contrapeso en la vigilancia de los derechos humanos en su implementación.

Se han registrado cantidades inquietantes de fallecidos en las mismas y las circunstancias de estos decesos no están claras, por lo cual queda en el aire la inquietud –justificada- de excesos de fuerza por parte de los organismos encargados de ejecutarlas.

Los pobladores de las llamadas zonas de paz, que han sido “peinadas” con las OLP son quizá los más afectados, al quedar en el medio de un fuego cruzado entre las autoridades y las bandas, hecho que pone en grave riesgo a civiles inocentes.

Organizaciones No Gubernamentales observadoras de los derechos humanos, como Provea (Programa Venezolano de Educación-Acción en Derechos Humanos) han pedido al gobierno detener la  OLP, y sustituirla por un plan de seguridad que supere "la visión autoritaria y militarista".

La organización se basa en información de las mismas autoridades, en las cuales se señala que en 23 operaciones 4.021 ciudadanos fueron aprehendidos en el primer mes, pero sólo 368 han sido puestos a la orden del Ministerio Público; con lo cual apenas en el 9,1% se presume la vinculación de los aprehendidos con hechos delictivos.

Igualmente es preocupante el alto número de fallecidos en presuntos enfrentamientos, ya que todo sucede de manera tan violenta y rápida, que es difícil separar el grano de la paja en esas muertes y es válida la inquietud respecto a la posibilidad de muerte de inocentes o en todo caso, que la figura del enfrentamiento sea manejada con ligereza.

Otro matiz delicado de lo que actualmente sucede es  el modo como se conducen los allanamientos, tomando en cuenta la inviolabilidad del hogar y el hecho de que solamente se pueda hacer ante un delito infraganti o con una orden adecuada, expedida por las autoridades competentes.

También señala la organización que se estigmatiza a sectores de la población. Sería este el caso de las edificaciones de la Misión Vivienda, en las cuales se han practicado varias veces estos operativos y se les coloca ante la opinión pública como refugio de antisociales, hecho que señala a todos sus habitantes.

Paralelamente, el Sindicato nacional de Trabajadores de la Prensa también ha señalado hostilidad hacia los medios de comunicación que cubren dichos operativos, como sucediera recientemente con los equipos de Venevisión y Notitarde en una OLP en la ciudad de Valencia.

Es cierto que el delito está desbocado, pero desde esta tribuna muchas veces hemos hecho llamados a trabajar tan urgente asunto con los especialistas en la materia –que los tenemos, bastantes y buenos- así como con apego a los derechos humanos, a lo preventivo, al redimensionamiento de todo el sistema de justicia, la correcta formación de los funcionarios y en definitiva, al ajuste de todo un complejo universo que permita sanar el que quizá es el peor problema que enfrentamos los venezolanos, con un enfoque digno del siglo XXI y no con excesos que puedan llevarse por delante a inocentes y terminar sembrando mayor violencia.

La agresividad flota en el ambiente en nuestro país. Es una dura tarea, que sin duda será larga, el contenerla y revertir sus efectos. Nos toca a todos; pero muy especialmente a las autoridades. Sabemos que no es una petición sencilla de concretarse: atajar la violencia con el mínimo de la misma. Y más aún cuando está en niveles epidémicos. Pero es por ello que las autoridades deben hilar sumamente fino. Tienen una tarea extremadamente difícil y delicada en sus manos.

Organismos como la Defensoría del Pueblo deberían pronunciarse ante esta iniciativa y ponerle coordenadas que garanticen los DDHH en medio de una situación tan compleja.

Nadie duda que las acciones para contener la delincuencia sean necesarias. Y desde aquí hemos apostado al éxito de las mismas. Pero también es necesaria la continuidad, por lo cual lamentamos que se hayan visto más de 20 operativos en los años de la llamada revolución. Quizá uno solo de mayor aliento y ambición, hubiera impedido que llegáramos a extremos donde la violencia amenaza con desbordarse a cada instante.

domingo, 9 de agosto de 2015

“La hora de todos”

David Uzcátegui
Secretario Nacional de Asuntos Municipales Primero Justicia

@DavidUzcategui

Dentro de nuestra condición humana, parece estar fuertemente arraigada la necesidad de contrastar con otros semejantes. Los desacuerdos, más grandes o más pequeños siempre están presentes y por ello se puede llegar a situaciones francamente delicadas. Sin embargo, creemos que también en nuestra condición está el deseo y la capacidad de unificar, de hallar puntos de encuentro, de ubicar acuerdos y modos de seguir adelante a través de un camino en común.

Quienes han escogido el segundo camino, han constituido sociedades prósperas y exitosas. Quienes han apostado por el primero, sin resolver las naturales contradicciones, se han embarcado en un callejón sin salida de ruina y fracaso.

Evidentemente toda esta reflexión tiene que ver con el momento que estamos viviendo actualmente en Venezuela. Las diferencias y divergencias que han enturbiado la vida de los venezolanos en los últimos tres lustros, han contribuido sin duda a complicar el escenario de nuestro país hasta ser un factor importante – a nuestro juicio- en los momentos adversos que vivimos en la actualidad.

Un país no puede progresar cuando hay enfrentamientos medulares entre sus ciudadanos, cuando a una parte de los mismos se le pretende negar el espacio. Cuando se recalcan las diferencias en lugar de tender puentes, se están dinamitando las bases del progreso. Años atrás, esto podía parecer simplemente una opinión; pero en el momento actual lo sentimos como un llamado urgente a lo que probablemente pueda ser una de las soluciones a la encrucijada de la Venezuela actual.

No podemos decir que el llamar a colaborar con un gobierno solamente a partidarios de su ideología política, sea un invento de la administración actual. Por el contrario, lo hemos visto muchas veces tanto en nuestro país como en otras latitudes, y forma parte de ese perverso deseo genético del ser humano por dividir, por levantar muros. Sin embargo, tampoco podemos negar que los venezolanos estamos actualmente recogidos bajo colores políticos que no se mezclan y que el arraigo de esa práctica nos cierra el camino a soluciones necesarias en este momento.

Somos muchos quienes conocemos las cifras de agobiantes indicadores como violencia, inflación, escasez o caída de los precios del petróleo. Pero también debemos presionar por soluciones y movilizarnos hacia ellas. Y ello pasa por la participación de todos, absolutamente de todos. De la fuerza de trabajo, de los vecinos, de los profesionales, de estudiantes y amas de casa. De todos los sectores sociales y de todas las visiones políticas.

Es el desencuentro entre los venezolanos el punto más flaco en la crisis nacional. El no encontrarnos a todos empujando en la misma dirección, nos ha hecho más vulnerables ante vaivenes como el bajón de los precios petroleros. Tanto desde el oficialismo como desde la oposición han surgido llamados al reencuentro y al entendimiento. Lamentablemente, nunca han sido simultáneos y ha faltado esa voluntad política de encuentro en el sano centro, que es indudablemente la plataforma de la reconstrucción nacional.

Y en ello también hay que incluir a la ciudadanía, a quienes hacen vida en las más distintas instancias de la sociedad y aportan para su apuntalamiento desde sus acciones diarias. Tenemos que observar con honestidad que, si bien Venezuela vive un problema netamente político, la solución involucra a todos los actores de la sociedad que no participan del quehacer político como oficio.

Ya no es electivo. Hay que sentarse, hay que hablar. Y no puede ser un saludo a la bandera, ni una simple manifestación de buena voluntad. Hay que ponerlo en planes, en hechos, en acciones muy urgentes. La diferencia y la divergencia debe ser terreno para el complemento, no para el rechazo. La diversidad debe llamar al acercamiento y no al aislamiento. Al comprender que, más allá de lo que nos separa estamos destinados a llevar por siempre un gentilicio común, debemos abordar todos la responsabilidad de aportar nuestros esfuerzos, nuestros conocimientos y nuestros talentos en pro de esta empresa común que es Venezuela.

Tenemos la certeza de que esto va a suceder y prontamente. Es difícil ver el vaso medio lleno en medio del panorama actual, pero nos empeñamos en ello. Es un lugar común decir que de las situaciones adversas salen las grandes ganancias. Pero no por común, es menos cierto.

Del “reseteo” que va a ser necesario para poner a andar la República por mejores caminos, también va a salir una venezolanidad más robusta y más unida, porque es la única forma de salir adelante. Y todos vamos a buscar esta solución por instinto, por corazonada, porque está en lo más profundo del ser humano el buscar la unión para avanzar.

domingo, 2 de agosto de 2015

“Que no se vayan, que regresen”

David Uzcátegui
Secretario Nacional de Asuntos Municipales Primero Justicia
@DavidUzcategui

Entre los fenómenos que caracterizan los tiempos recientes de nuestro país, sin duda uno de los más preocupantes es el de la emigración.

El movimiento de los venezolanos que abandonan su patria es relativamente reciente y crece en forma exponencial e inversamente proporcional a las esperanzas de un futuro mejor, que disminuyen y son necesarias para sostener a cualquier ser humano.

Hasta no hace mucho tiempo, los venezolanos presumíamos de pertenecer a un país receptor de inmigrantes. Todos nosotros conocemos a hijos de españoles, portugueses, italianos, chilenos o argentinos, por nombrar solamente algunas nacionalidades que fueron acogidas en nuestra tierra.

Y ellos vinieron huyendo de guerras o de crisis económicas o políticas. Florecieron, formaron familias y prosperaron en una tierra que volvieron propia y que amaron tanto, que se negaron a regresar a sus países aunque estos hubieran superado las circunstancias adversas.

Ahora las cosas suceden al revés. Los hijos y los nietos de aquellos inmigrantes emprenden la travesía de regreso; e incluso muchos venezolanos con generaciones de antepasados nacidos en este lugar, se aventuran a buscar lejos un futuro mejor.

¿Qué es lo que está sucediendo? La desesperanza, como lo comentamos al principio de esta nota. El no visualizar un futuro posible, en el cual haya seguridad y progreso. El miedo a la incertidumbre y a las condiciones de vida que se deterioran.

Es muy difícil llevar números o registro alguno de los compatriotas que se van, pero el sociólogo Tomás Páez y la página web mequieroir.com coinciden en apuntar que debemos estar hablando de una cifra superior a 1.6 millones de venezolanos repartidos por el planeta.

Páez asegura que cerca del 90% de los emigrantes venezolanos tiene estudios superiores. Su perfil es el de emprendedores, creadores de empresa y de empleo, según sus cuestionarios a unos mil residenciados en 33 países.

Para 2013, más de 9 mil 500 venezolanos obtuvieron tarjeta de residencia en EEUU, mientras para el mismo período, 21.725 conseguían visa de estudiante en la nación norteña, esto de nuevo según números de mequieroir.com.

Venezuela se forjó como país de inmigrantes, quienes fueron recibidos con los brazos abiertos. Aún estamos asimilando que la realidad actual sea a la inversa y que una parte importante de nuestra fuerza laboral y de nuestra materia gris, se embarque con planes de no regresar.

En este momento, cabe la pregunta: ¿qué hacemos para que nuestra gente deje de irse? Y la consecuente: ¿qué podemos hacer para que vuelvan quienes se fueron? Sin dejar escapar una tercera: ¿Cómo podemos atraer una migración calificada, si alguna vez pudimos hacerlo?

Son preguntas que necesitan una urgente respuesta cuando nos enteramos de que, por ejemplo, los profesores universitarios y los médicos se encuentran entre quienes se van, debido a las bajas remuneraciones que perciben aquí, cuando son comparadas con las de otras latitudes.


Y antes de buscar respuesta, queremos recalcar que entendemos plenamente las razones para que quienes se van busquen otros horizontes. Se trata de decisiones personales que deben ser respetadas; más aún cuando se fundan en circunstancias objetivas e incuestionables.

Pero por ello, no vamos a dejar de decir también que nos gustaría que no se fueran y que volvieran. Que Venezuela vuelva a ser esa casa grande, como dijo el poeta y escritor Leonardo Padrón y que aquí quepamos todos de nuevo. Que nadie se vaya herido, ni frustrado, ni asustado. La sanación de nuestro país pasa por convocar a todos sus hijos.

Respondiendo a las preguntas planteadas unas líneas más arriba, la labor para atajar y regresar al recurso humano que se nos va es larga y compleja. Y pasa por abordar con valentía y voluntad política tópicos que hemos comentado reiteradamente en este espacio y que son el día a día de las conversaciones de los venezolanos. Pasa por enderezar el país.

El primero de ellos es sin duda la inseguridad, que hace huir a venezolanos que temen por su vida y por su integridad física. ¿Qué ha sucedido con buenas iniciativas que se han desinflado, como el plan desarme?  ¿Y con los planes de seguridad, que se inician y se olvidan en el camino? ¿Por qué no retomarlos y llevarlos a buen término?

La inflación y el desabastecimiento, otros asuntos que alejan a muchos de nuestro terruño, se combaten con producción nacional y sin duda, con una sinceración respecto al obsoleto e inoperante control de cambio, que convence a los emprendedores natos de que su futuro no está aquí.

Apenas enumeramos, son tópicos largos y complejos, de los cuales se ha hablado con acierto y se seguirá hablando. El asunto es pasar a la acción, para impedir que sigamos perdiendo talentos, manos que trabajan y afectos en nuestras vidas.