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domingo, 20 de septiembre de 2015

“Más excepción”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

Tras la polémica medida de cierre de frontera y declaración de estado de excepción, implementada por el gobierno venezolano en municipios del estado Táchira fronterizos con Colombia, la opinión pública nacional ha sido sorprendida con un nuevo paso adelante al respecto, al implementarse también dichas medidas en zonas de Apure y Zulia.

El Estado de Excepción en los municipios Bolívar, Pedro María Ureña, Junín, Capacho Nuevo, Capacho Viejo y Rafael Urdaneta del estado Táchira fue oficializado en gaceta Extraordinaria del 21 de agosto del corriente año por 60 días, un lapso prorrogable según lo determine el Ejecutivo nacional.

Pero dicho estado de excepción fue recientemente extendido a las zonas número 4, 5 6 y 7 de los estados Zulia y Apure, ubicados en la frontera con Colombia. Esto comprende los municipios Jesús Enrique Lossada, Rosario de Perijá, Machique de Perijá y la Cañada de Urdaneta (Zona 4, Zulia), Jesús María Semprún, Catatumbo y Colón (Zona 5, Zulia), zonas 6 (municipio Páez) y 7 (municipios Rómulo Gallegos y Pedro Camejo) en el estado Apure.

Recordemos que el decreto presidencial Nro. 6.194 argumenta que en dichas jurisdicciones “se ha presentado de modo sistemático, inédito, sobrevenido y progresivo una amenaza para el pleno goce y ejercicio de los derechos de los habitantes de la República”. El texto vincula las consecuencias del paramilitarismo, el narcotráfico y el contrabando de extracción.

El Estado de Excepción restringe el tránsito de mercancía y bienes, permite la inspección y revisión por parte de autoridades de los domicilios, lugares de residencia o estadía, prohíbe reuniones públicas, suspende el porte de armas y anuncia el despliegue de la Operación Liberación del Pueblo (OLP).

Asimismo, da potestad al Ministerio de Economía y Finanzas a establecer límites máximos de ingresos o egresos de la moneda venezolana de curso legal en efectivo; también podrá restringir determinadas operaciones y transacciones comerciales o financieras.

Ciertamente, la frontera con nuestro país hermano ha sido un hervidero de irregularidades durante décadas y se hacía necesario tomar acciones para sanearla y ordenarla, no solamente en bien de los venezolanos, sino de la población colombiana que interactúa con Venezuela y también padece numerosas irregularidades.

Lo que nos preguntamos es si las medidas tomadas fueron las correctas.

Desde el punto de vista humano, se han alzado voces a ambos lados de la línea divisoria, al quedar interrumpida su cotidianidad, al haber dejado en el lado contrario algo importante de su vida. Y la respuesta de las autoridades nunca es suficiente para mitigar el desasosiego que estas experiencias disparan.

La creación de la llamada Misión Nueva Frontera de Paz reconoce que allí había que hacer algo grande e importante, y por supuesto nos resulta atractivo el enunciado de paz en un límite que ha visto situaciones francamente dramáticas. Y sí, debería hablarse seriamente de algo nuevo a construirse allí.

Sin embargo, si el edificar un nuevo modo de convivencia en ese lugar implica barrer con “lo viejo” –llamémoslo así- hay que tener mucho cuidado, pues también hay tradiciones y usos que no pueden ser obviados y que deberían ser incorporados a esta nueva propuesta.

Los 2.219 kilómetros de frontera que comparten ambos países, siempre han sido vivos y calientes. Para bien y para mal. Y la acción gruesa que pueda afectar lo bueno que se haya construido, no es deseable para ninguna de las dos naciones.

Los días que han pasado desde que se tomó la medida han obligado a flexibilizar ciertos aspectos extremadamente duros, y esos es digno de aplauso. Y aún falta mucho más por adecuar para no lesionar la convivencia y la cotidianidad de una región tan conflictiva como productiva.

Ante una nueva e inmediata reunión de representantes diplomáticos, esperemos que se pueda avanzar más en soluciones. Lo primero es dialogar y Colombia tiene una gran escuela en asuntos de cancillería.

Los encuentros y las conversaciones previas parecen no mostrar grandes avances, pero la perseverancia terminará por derribar muros, mientras la realidad de lo que se vive en el sitio impone la búsqueda de soluciones. El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, escribió en Twitter: "No desistiremos en solución diplomática".

Y no es poca la atención que se ha obtenido de naciones vecinas y organismos regionales. Afortunadamente, existe la conciencia de que debemos funcionar como un todo y sobran las voluntades para ofrecerse como facilitadores y mediadores.

Aunque sea un lugar común, es válido rescatarlo en este momento: al escoger entre muros y puentes, nos quedamos con los últimos.

lunes, 31 de agosto de 2015

“Dos países, un sentimiento”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui


La noticia de los últimos días ha sido sin duda el Estado de Excepción implementado por el gobierno nacional en municipios fronterizos con Colombia. El aspecto humano de lo que allí sucede, ha llamado la atención de la opinión pública internacional.

Se trata de una de las fronteras más calientes del continente y esto, como tal, tiene un doble matiz que va acompañado de muchas cosas buenas y otras tantas malas.

La confraternidad entre ambos lados de la línea limítrofe ya es proverbial. De uno y de otro país se cruza al contrario por trabajo, comercio, vínculos familiares y otra serie de factores que generan vínculos robustos.

Pero también se sabe de los graves episodios de vieja data que suceden en el lugar: desde contrabando hasta violencia, que mortifican la cotidianidad de los habitantes de uno y otro lado.

¿Qué si los gobiernos de ambas naciones debían tomar medidas al respecto? Sí, sin duda. ¿Que si la frontera estaba abandonada y a la buena de Dios? También, y esto es queja cotidiana de sus habitantes.

Lo que sucede en el lugar no es nada nuevo, y muchos de los fenómenos negativos los arrastramos desde hace muchos años. Que han empeorado con el tiempo tampoco es un secreto.

Había que tomar acciones. Complejas, complicadas, polémicas. Sin duda alguna. Pero, ¿se tomaron las correctas, las adecuadas, las convenientes?

Como dijimos al principio, el asunto humano ha llamado la atención de la opinión pública internacional. Ya son conocidos de muchos lectores y televidentes los casos de familias separadas a ambos lados de la frontera cerrada, los venezolanos varados en Colombia, los problemas de salud de quienes viven en un sitio y reciben tratamiento en otro.

En conclusión, la compleja circunstancia fronteriza debe abordarse con soluciones igualmente complejas y que aborden con conocimiento y respeto la cotidianidad de quienes allí viven.

No se puede dudar que las medidas de los últimos días hayan puesto un parado a algunas de las circunstancias inaceptables que se dan en la cotidianidad fronteriza. Pero esto no se puede hacer al costo de generar otros problemas nuevos y menos aún de crear molestias a la gente trabajadora que hace vida en la región.

¿Soluciones? Las hay, y muchas. La sensibilización ante el asunto que se ha generado por lo que reflejan los medios ha conseguido que importantes personalidades e instituciones se pongan a la orden para mediar y facilitar respuestas que contribuyan a aliviar los problemas fronterizos sin que haya un costo para los habitantes del sitio.

Por ejemplo, el secretario general de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), Ernesto Samper, aseguró que el organismo está dispuesto a colaborar en la búsqueda soluciones a la situación. A través de la red social Twitter el expresidente colombiano publicó el siguiente mensaje: “Como se lo dije a los Presidentes: UNASUR está dispuesto a ayudar en la inaplazable solución de la crisis fronteriza....”

La afinidad del actual gobierno venezolano con el organismo y con su vocero, puede ser una gran oportunidad de comenzar a hallar entendimientos, dado que Samper es originario de la hermana nación. Este perfil lo coloca como un mediador calificado en la circunstancia que se vive.

Sobre la eventual intervención de Samper, el mandatario venezolano opinó: "Que venga de inmediato, es un hombre de gran capacidad (...) muy objetivo, con gran experiencia, y que la presidencia pro témpore también nos envíe lo que el presidente Tabaré Vázquez considere y nos apoye".

Para el momento de publicarse estas líneas, ya se habrá realizado la reunión entre las cancilleres de Colombia y Venezuela, Mariángela Holguin y Delcy Rodríguez. Quizá entre damas haya mayor sensibilidad a la situación, y la expectativa ante lo que pueda poner en la masa la señora Holguin es grande, dada su trayectoria en el universo diplomático.

Incluso, la alta funcionaria vecina reconoció la soberanía de Venezuela en cuanto a su decisión unilateral de cerrar la frontera, aunque no compartió que la medida fuera la solución para el contrabando, el cual reconoció como un importante problema.

Esperamos que las oportunidades para encontrar soluciones a los problemas reales que allí existen, sean aprovechadas; porque están sobre la mesa. Y tenemos la certeza de que no hay razón para que el atajar determinadas irregularidades signifique irremediablemente la creación de otros contratiempos.

En el espíritu bolivariano está el acercamiento fraternal con la nación vecina que comparte con nosotros el mismo Libertador. Este debe ser el tono y el norte para los encuentros por venir y las soluciones por edificarse. La frontera colombo-venezolana es una gran oportunidad de bienestar y progreso para ambos países.