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viernes, 2 de diciembre de 2016

“El polémico Fidel”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

No hubo paz a su alrededor cuando vivía, y parece que su partida no va a cambiar mucho las cosas. Incluso, más bien agitó las aguas a niveles indecibles. Fidel Castro abandonó este mundo el viernes pasado -o al menos eso fue lo que dijo su hermano Raúl, otros creen que fue antes- y de inmediato se encendió otra polémica, quizá la más apasionada, en torno a su figura.

Como era de esperarse, el exilio cubano se lanzó a las calles en el sur de Florida a celebrar, aunque estuvieran al filo de la madrugada del sábado 26 cuando se conoció la noticia.

Los locutores de radio y televisión repetían “Ahora sí es cierto, murió Fidel”. Y es que el líder de la llamada revolución cubana había sido “asesinado” –figurativamente hablando- más de una vez por los noticiarios y los rumores.

No se sabe –y quizá jamás se podrá saber- si estas muertes ficticias se debieron al profundo deseo de sus adversarios de que esto sucediera o a potes de humo lanzados por el mismo gobierno castrista, al cual se le atribuye una de las redes de propaganda más perversamente eficaces de todos los tiempos.

Lo cierto es que, como es usual, desde la isla caribeña reinó el mayor hermetismo, como es de esperar en un régimen altamente controlador. El mensaje del actual presidente, Raúl Castro –un personaje designado en forma hereditaria, como si se tratara de una dinastía- y los posteriores cables noticiosos anunciando las honras fúnebres y los lutos correspondientes, con toda la megalomanía que podía esperarse hacia una figura que hizo girar a su alrededor la vida de los cubanos por casi 58 años. Y no sabemos qué tanto seguirá girando en torno suyo de aquí en adelante; pero nos atrevemos a pensar que, por un rato, seguirá siendo así.

En todo caso, este hombre se salió con la suya: se hizo con el poder de Cuba y no lo soltó mientras tuvo vida. Su voz se volvió la única y avasalló todo lo que no se pareciera a él. Fue fracturando a sus enemigos sin piedad alguna e incluso, cuando la edad y la salud no le dieron para más, fue su dedo el que designó a su sucesor, nada menos que el hermano menor, el más fiel el mismo que lo acompañó en toda su aventura de conquista y sojuzgamiento de una patria.

Llegó para liberar a un pueblo, pero no se quiso ir. Algo que suele suceder con todos los que hacen promesas grandilocuentes. Negó ser comunista, pero al poco tiempo de haberse hecho con el poder, abrazó públicamente esta ideología. ¿Un brusco y radical cambio de opinión? Lo dudamos. ¿Un plan de dominación para que el trono nunca escapara de sus manos? Es más posible.

Prometió unas elecciones que jamás llegaron. Trepó hasta la cumbre en hombros de un discurso que prendía redimir a los pobres pero los multiplicó. Echó mano en sus encendidos discursos de la desigualdad que asolaba a su país, pero terminó igualando hacia abajo. 

Mientras la Calle 8 de Miami reventaba en una fiesta, en La Habana se vivía un luto que para muchos fue impuesto. Las manifestaciones de mandatarios de todos los rincones del mundo respecto a la muerte del caudillo, tuvieron los más variopintos colores. Desde el presidente electo de Estados Unidos Donald Trump, quien lo calificó sin ambages de dictador, hasta la chilena Michelle Bachelet, que no titubeó en señalarlo como referente de dignidad.

En los matices intermedios, declaraciones más o menos prudentes, ofreciendo condolencias a la administración habanera.

Desde nuestro punto de vista, es un referente, sí. Pero de lo que no se debe hacer. Mal podemos quienes hemos escogido la política como vocación, tomar seriamente a un individuo que fue implacable con quienes no pensaron como él.

Sí, no debemos olvidar a Castro. Pero debe ser recordado como el hombre que pactó con la Unión Soviética para instalar en su patria misiles que apuntaban a Washington, colocando al mundo a un paso de la Tercera Guerra Mundial, una conflagración de consecuencias impredecibles, tras haberse logrado éxito en la detonación de armamento nuclear.

Un ser humano que estuvo dispuesto literalmente a cualquier cosa por ser el amo, que era capaz de lanzarse en discursos de horas y más horas, mostrando en ellos las dimensiones de su ego. Un hombre que solamente vivió para exportar su modelo de sojuzgamiento y para buscar aliados en su juego de poder por el placer del poder mismo; un poder que estuvo muy lejos de servir para que la gente saliera de la pobreza sino que, muy por el contrario, se sirvió de la misma para mantenerlos sometidos.

El siglo XXI tendrá que agradecerle a Fidel Castro el ser un perfecto referente para huir en la dirección contraria, si es que de verdad tenemos el propósito de que nuestra patria progrese y alcance el desarrollo de su mayor potencial. No lo olvidemos, que permanezca para siempre en nuestros libros de historia.

jueves, 11 de agosto de 2016

“Cuando el destino nos alcanzó”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

Quienes no están de acuerdo con la actual forma de conducir al país, vienen advirtiendo desde hace mucho tiempo sobre las consecuencias nefastas que tendría el hecho de no cambiar de rumbo.

Advertencias por demás desoídas en medio del frenético rumbo hacia políticas profundamente desacertadas que nos han marcado durante casi 18 años.

Lamentablemente, no se trata hoy en día de las advertencias a futuro de las situaciones indeseables hacia las cuales nos podríamos dirigir: dichas situaciones ya están aquí.

Y basta revisar entre las innumerables noticias que nos aturden para encontrar informaciones que parecen más bien arrancadas de una desquiciada distopía y no de hechos que estén sucediendo en una nación que, por derecho, debería ser la que tuviera el mayor bienestar de la región.

En los últimos días, hemos encontrado entre los titulares, dos notas que parecen más arrancadas de la ficción que de la cotidianidad de nuestro entorno: fueron detenidos veinte balseros venezolanos intentando ingresar a la vecina isla de Curazao ilegalmente y Venezuela es el país con mayor nivel de miseria, según la compañía de información financiera Bloomberg.

Ambas informaciones nos indican que el destino ya nos alcanzó. Que los presagios de deterioro de la situación se han cumplido, porque quienes administran al país y sus bienes no escucharon las advertencias de los expertos y tampoco aprendieron en la cabeza ajena de los numerosos experimentos que en el mundo se han hecho con la fallida fórmula que una vez más se intenta aplicar, con los mismos resultados.

Ya los venezolanos tenemos balseros. Y no los llamados “balseros del aire”, que vienen abandonando el país desde hace más de una década y que suman, según investigaciones del sociólogo Tomás Páez más de un millón seiscientos mil compatriotas. No, ahora si salen al mar y sin recursos, desesperados y sin idea de lo que van a hacer.

¿Por qué se lanzan unos venezolanos a una aventura tan extrema e incierta como esa?

Quizá tenga mucho que ver con la desesperación de no encontrar alimentos o de que cuando se encuentran, no alcanza el dinero para comprarlos.

Quizá tenga que ver también con el hecho de que las líneas aéreas han sacado de sus itinerarios a Venezuela, tras el incumplimiento del gobierno con los pagos que se había comprometido a hacerles cuando vendieron sus boletos a tasa preferencial.

Además, debe tener mucho que hacer aquí el hecho de mantener cerrada la frontera con Colombia, un correo de entrada y salida natural de nuestra nación en cuanto a las opciones por tierra, la más viva y caliente, con una cultura binacional que se remonta a sus mismos orígenes.

Esos conciudadanos que tomaron tan increíble decisión, quizá ni saben sobre el índice de Miseria de Bloomberg, pero lo han sentido en su cuerpo, en su estómago, en su angustia.

El gigante de las finanzas calificó a Venezuela con el país con más miseria del mundo, al sumar su elevada inflación con el índice de desempleo, obteniendo así una cifra de 188,2%, lo cual nos coloca de muy lejos como el país con mayor miseria en el mundo.

Nos siguen en el poco halagüeño ranking Bosnia con 48,97% y Sudáfrica, con 32,9%. En el extremo contrario, los países con menos miseria son Tailandia, Singapur y Japón.

Por supuesto, vamos a escuchar de parte de voceros oficialistas las habituales descalificaciones informaciones desfavorables; seguidas por las ya conocidas colecciones de insultos. Pero ese no es el tema. Vamos a hablar de lo que sucede aquí, de las responsabilidades que son de ellos y que no enfrentan.

¿Por qué el Banco Central de Venezuela no cumple con su deber de informar oportunamente los índices de inflación? ¿De cuánto estamos hablando realmente?

¿Se cree que se logra esconder algo realmente con esta conducta? Porque la gente compara los precios de alimentos y productos esenciales mes a mes, semana a semana. Y todos sacamos cuentas.

Puede que no hagamos coincidir las cifras, pero todos estamos de acuerdos en que el costo de la vida se le escapó desde hace rato de las manos al gobierno, y eso lo pueden testimoniar trabajadores y padres de familia.

Y desde nuestro punto de vista, Bloomberg se queda corto. Y es que en su índice habla de desempleo, más no de subempleo, de la gente que está en una nómina pero igualmente no logra ni de lejos que sus ingresos cubran sus necesidades más básicas.

Aunque la cifra en cuestión es alarmante, comete el pecado de todo índice: no hay manera de que refleje la tragedia humana que intenta recoger.

Y más que ningún índice de Bloomberg, la prueba fehaciente que el destino ya nos alcanzó, son nuestros nuevos balseros, hermanos venezolanos que huyen desesperados en unos hechos que reproducen a imagen y semejanza a la Cuba castrista. Hemos llegado finalmente, al mar de la felicidad.

viernes, 25 de marzo de 2016

“Un yanki en Cuba”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

Con el título de este artículo parafraseamos la novela de Mark Twain “Un yanqui en la corte del Rey Arturo”, pero esto va más allá de un juego de palabras. Como el protagonista de la mencionada obra literaria -que llega a la Inglaterra medieval cargado de los adelantos del siglo XIX- los cubanos y el mundo esperan que con la visita de Barack Obama, el siglo XXI arribe de una vez por todas a Cuba.

No es poco el revuelo mundial que ha causado el progresivo descongelamiento de las relaciones entre Estados Unidos y la mayor de las Antillas. Un anacrónico barco a la deriva de la Guerra Fría, con más de 50 años, mantenía en punto muerto el vínculo entre ambas naciones vecinas.

Y por supuesto, el acercamiento ha traído polémica. Lo primero que temen –no sin razón- los defensores de los derechos humanos es que la presencia del inquilino de la Casa Blanca sirva para legitimar la tantas veces denunciada persecución a la disidencia de la isla. Y adicionalmente, para dar un visto bueno a las prácticas alejadas de la democracia que son conocidas del mundo entero.

Lo primero que hay que decir, es que lo peor que puede suceder es la inacción. El juego ha estado trancado por décadas, todo lo hecho hasta el momento no ha servido para levantar la derruida economía de la isla y por lo tanto, la gente sigue padeciendo la penuria como forma de vida. En esta situación, aplica aquella sabia máxima: “Si siempre haces lo que siempre has hecho, siempre obtendrás lo que siempre has obtenido”. Era urgente intentar algo nuevo.

Hay quienes aseguran que Obama se lanzó la arriesgada jugada porque quería pasar a la historia. No es algo ilegítimo, siempre y cuando esa ambición personal –y hasta egoísta, sí- se concrete a través de una acción que deje al mundo mejor.

No está de más recordar al muy republicano y conservador Ronald Reagan dándose la mano con el líder soviético Mijaíl Gorbachov y ayudando con un empujoncito a la caída del oprobioso Muro de Berlín y de toda la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Y no es que Reagan haya generado tal desenlace. Toda esa estructura cayó sola, por su peso, por su ineficiencia, por estar en la antípoda de las más elevadas y legítimas aspiraciones humanas que se reducen a una palabra: libertad. Lo destacable es cómo Reagan supo leer los tiempos y ayudar a la historia en la dirección correcta. Cosa que por cierto, también hizo Gorbachov.

Sobra decir que la Casa Blanca no da puntada sin dedal y que también debe estar leyendo entre líneas cosas que para el común de los mortales están vedadas. Esta vez es un demócrata quien hace una jugada audaz. Jugada que, por cierto, anticipamos desde estas líneas y no con dotes sobrenaturales, sino simplemente deduciendo que un presidente que va de salida y a quien no le toca reelección siempre apuesta por una despedida grandiosa, aunque sea polémica, ya que no deberá afrontar de nuevo el juicio de los votos.

Del otro lado, hay que tomar nota del pragmatismo de Raúl Castro: la bandera proscrita por casi 60 años, hoy ondea tranquilamente por toda la isla; las barras y estrellas están en el atuendo de los ciudadanos y se han convertido en un fetiche de moda. 

Tras ello, no hay mucho que decir: el agotamiento del improductivo modelo cubano, que llevó ruina no solamente a la propia patria de Martí, sino a toda latitud donde fue exportado.  Al castrismo no le queda sino abrirse. ¿Cómo, cuándo, hasta qué límite? La respuesta la dará el tiempo; pero la ruta es esa.

¿Llegarán las inversiones? ¿El internet libre? ¿Qué sucederá con los presos de conciencia y con agrupaciones disidentes como las Damas de Blanco? ¿Se podrá detener la tragedia de los balseros?

La cubana Yoani Sánchez apunta en su blog Generación Y, que es enorme la esperanza que llega con el emisario de Washington. Entre otras cosas, por tratarse de un mandatario de color, en una isla donde hay todos los matices de piel y con una elevada población mestiza.

Ante el estamento habanero que está cercano a arribar a seis décadas –y que adicionalmente es de piel blanca-, no puede menos que producirse una enorme identificación de la gente, según Sánchez.

En Estados Unidos en 1955, Rosa Parks fue arrestada por no ceder su puesto a un blanco en un autobús. Y 53 años después, Barack Obama se convierte en presidente, demostrando cómo ese país es capaz de evolucionar y transformarse. Algo que quieren los cubanos para ellos: cambio.

Lo que deben tener presente de aquí en adelante tanto Obama como sus detractores, es que lo que importa es la gente. La calidad de vida de los cubanos es un asunto largamente postergado y definitivamente prioritario. Demos un voto de confianza a esta vuelta de tuerca y confiemos en que sea para bien de todos.


domingo, 1 de noviembre de 2015

“Tiempos de cambios”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

El resultado de las recientes elecciones presidenciales en Argentina, anuncia un cambio en el rumbo político de la nación suramericana. Algo que era de esperarse, porque tanto la historia como la política, son de ciclos.

La gran interrogante en Argentina de cara a las elecciones, era: ¿habrá segunda vuelta o ganará la presidencia Daniel Scioli?

Pero tras conocerse los cómputos,  que dejaron una muy cerrada diferencia a favor del candidato del gobierno y un considerable crecimiento del opositor Mauricio Macri, de la alianza Cambiemos, ahora la pregunta es otra: ¿podrá mantenerse el oficialismo en el poder tras el venidero “ballotage” del 22 de noviembre?

Los medios de comunicación internacionales calificaron como una gran sorpresa lo sucedido, especialmente cuando desde la gobernante fuerza peronista del kirchnerismo se esperaba una indudable victoria de su representante, la cual debía darse con un margen superior al 10% de votos a favor, con el fin de evitar la segunda vuelta.

Pero el estrecho resultado obtenido ha convocado al llamado “ballotage” que es, en sí, una derrota explícita para el oficialismo que controla a la nación sureña desde hace 12 años. A pesar de que Scioli sí ganó la primera vuelta, el estrecho margen permitiría calificar como “pírrica” su victoria, en el estricto sentido de este término, ya que fueron muchos los antiguos partidarios del peronismo que quedaron en el camino, pero no por muerte en batalla sino por decepción. Y consecuentemente, migraron a otras alternativas políticas.

Es difícil explicar qué pasó en apenas dos meses, para que cambiaran tanto las preferencias de los argentinos entre las primarias presidenciales de voto obligatorio de agosto pasado y las recientes elecciones generales.

Cristina Kirchner atraviesa su último año de Gobierno en medio de una crisis de confianza ante los mercados financieros internacionales, a lo cual se suman condiciones negativas dentro del propio país, debido a la falta de divisas, elevada inflación y disminución en las reservas del Banco Central. La popularidad de la primera magistrada cayó en febrero pasado del 32,5% al 29,8% luego de la polémica muerte del fiscal Alberto Nisman.

Un dato clave es que finalmente fueron muchos más argentinos a votar, y todo parece indicar que lo hicieron impulsados por el “voto castigo”, en contra del sucesor designado para  Cristina Kirchner. La participación en agosto había sido del 74% y subió al 80,8%. Es decir, 2,1 millones de personas más.

Las elecciones locales conjuntas con a las presidenciales también perjudicaron a al oficialista y beneficiaron al opositor. En la provincia de Buenos Aires, donde vota el 37% de los argentinos y gobernaba el peronismo desde hace 28 años, triunfó la candidata liberal, María Eugenia Vidal. Y esto tuvo que ver con que enfrentó a uno de los kirchneristas con peor imagen, Aníbal Fernández, el jefe de Gabinete de Ministros de la presidente Kirchner.

Así que el revés que recibió el Frente para la Victoria (FPV), la organización de corte peronista que gobierna hace 12 años el país y que es liderada por la primera mandataria, no sólo se circunscribió a la batalla presidencial.

También es oportuno apuntar que peronismo y kirchnerismo no son necesariamente sinónimos; en tanto y en cuanto los esposos Kirchner imprimieron a su larga década más dos años en el poder un estilo tan extremadamente personalista, que choca por consecuencia con otro personalismo por definición, como lo es el peronismo, bajo cuyo conveniente paraguas se ha amparado siempre, ante la amenaza de nubarrones.

Pero justamente este resultado adverso puede agudizar las escisiones, especialmente cuando se entiende que el peronismo tiene matices de muy amplio espectro y le ha dado a Argentina los más variopintos políticos.

Y justamente, la autocrítica de quienes hoy gobiernan hacia el interior de su propia coalición, es la urgencia de reagruparse; cosa que parece cuesta arriba, por aquello de que la victoria tiene muchos padres, pero la derrota es huérfana.

Vendrán, por supuesto, los reacomodos de fuerzas de cara al nuevo encuentro en las urnas. Y desde ya los analistas se aprestan a apostar que las nuevas alianzas favorecerán a Macri.

Aún es temprano para afirmarlo, pero parece que el ciclo Kirchner termina en Argentina. O al menos, entra en receso. Es el vaivén normal de la historia y de la política. Habrá que ver si es capaz de reinventarse y reflotar, como lo ha hecho tantas veces su marca madre, el peronismo. O si su eventual despedida será sin segunda vuelta.

domingo, 27 de septiembre de 2015

“Iglesia y Cuba“

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

La reciente visita del Papa Francisco a Cuba, ha levantado tanto expectativas como polémicas. Los más optimistas, lo ven como un paso definitivo en la superación de una era para la historia cubana; mientras otros tantos consideran que fue más bien un evento protocolar y cosmético, en medio de cambios epidérmicos que no van al fondo de las desventuras que padece la isla.

Nos anotamos entre los del primer grupo. Y no se trata de un optimismo a ultranza, ni tiene que ver con un asunto de fe sin condición, aunque involucre la religión que profesamos. Se trata más bien de observar una sumatoria de hechos que va mucho más allá de la circunstancia que nos ocupa en estas líneas.

Como alguna vez lo comentáramos, mucha gente pasa por alto el observar con lupa que el Vaticano no es solamente el vértice de nuestra iglesia católica, sino también un Estado. Y como tal, dispone de musculatura y resortes diplomáticos. Una diplomacia que, por cierto, sabe hilar muy fino, con paciencia y visión de largo aliento y es, en definitiva, una de las más eficientes del mundo.

Por ello, la iglesia sabe moverse en circunstancias como la que hoy abordamos. Y sabe accionar en función de que las cosas se modifiquen. Lo hace con “mano izquierda”, por utilizar un término de arraigo popular. Pero lo hace, y bien.

Hay que ver, por ejemplo, el impacto que tiene esta visita en los ciudadanos de una república que abolió la religión hace más de cinco décadas, por lo cual la mayoría no tiene prácticamente ninguna referencia al respecto.

La visita de Francisco deja pues, a nuestros ojos, una apertura a la curiosidad, a la inquietud, que debe unirse a los vestigios de catolicismo –relativamente escasos, pero existentes- que quedan en la isla.

Hace más de medio siglo, los católicos optaron por esconder sus convicciones. Era un asunto de supervivencia. Y las abuelas llevaban discretamente entre sus ropas las medallas de los santos en quienes creían.

Sin embargo, la devoción a la Virgen de la caridad del Cobre se ha mantenido contra viento y marea, hecho que se pudo demostrar con las misa oficiada por el papa en su honor.

La mayor de las Antillas está pisando con paso cada vez más firme, en una etapa en la cual se comienza a asimilar con libertades lo que ha tenido que mantenerse en susurros por décadas y que no es otra cosa que el derecho que tiene cualquier ser humano a escoger su credo.

Los cambios en Cuba han sido lentos, es verdad. Demasiado lentos, dolorosamente lentos. La caída del Muro de Berlín fue el primer episodio histórico que trajo vientos renovadores y de esperanza. En 1992 el Estado cubano pasó de ser ateo a secular.

Desde entonces, la gente retornó a las iglesias, e incluso se celebraron oficios religiosos en casa de familia, ante la falta de espacios para la creciente ola de devoción y fe. Finalmente, en 1998, Juan Pablo II visitó la isla, solicitando apertura.

Se trató de otro Papa con gran conciencia política, que debió vivir en carne propia el nazismo y los horrores de la Segunda Guerra Mundial. Aquella visita del llamado “Papa viajero” devolvió a los cubanos la Navidad, algo que puede sonar a cuento de hadas; pero que en realidad fue una victoria política importante.

Por todo ello podemos esperar progreso de la nueva visita de un pontífice a tierras cubanas. Más aún en este momento, cuando el entendimiento entre el presidente de Estados Unidos, Barack Obama y el gobierno de Raúl Castro ha dado pasos gigantescos en cosa de meses. Por cierto, que al respecto, el representante del Vaticano, comentó que  "es signo de la victoria de la cultura del encuentro, del diálogo".

La prensa internacional ha subrayado – y no sin razón- que lamentablemente Francisco no pudo verse cara a cara con la disidencia cubana. Sin embargo, estamos seguros de que el Papa los tiene presentes, y mucho más allá de las menciones que les hizo en el marco de un lenguaje diplomático, en el cual habló de “todas esas personas que, por diversos motivos, no podré encontrar”. También hizo mención “a todos los cubanos dispersos por el mundo".

Lo que al final del día interesa es el bienestar del pueblo cubano, que se incorporen de una vez y para siempre al siglo XXI, que haya libertad de culto, de empresa, que puedan entrar y salir libremente de su país y que puedan ponerse al frente de las modificaciones que consideren necesarias para decidir el futuro de su país.


El proceso ha sido largo y complejo, es verdad que aún falta mucho; pero reivindicamos el avance de la visita papal. Así como hoy podemos a la distancia medir el valor de la contribución de Juan Pablo II, estamos seguros de que, más pronto que tarde, podremos ponderar en hechos concretos la huella que habrá dejado el paso de Francisco por la isla antillana.

www.daviduzcategui.com

lunes, 22 de junio de 2015

"Guyana, un alerta"

Por David Uzcátegui
Secretario Nacional de Asuntos Municipales Primero Justicia
@DavidUzcategui

En las últimas semanas ha reflotado con intensidad un viejo asunto que tiene pendiente nuestra República, y es el delicado diferendo limítrofe con la vecina Guyana, al cual se le han dado largas por diversos motivos, desde lo diplomático hasta su ausencia en la agenda de prioridades cuando el país enfrenta temas urgentes

Pero era evidente que, más temprano que tarde, el asunto volvería a ocupar a los venezolanos. No es válido postergarlo indefinidamente y el mundo sigue moviéndose, por lo cual llegaría la circunstancia en la que lo complejo del asunto no resuelto, volviera a hacer ruido.

La actual crisis revienta por un asunto coyuntural, y es la exploración de la petrolera multinacional Exxon Mobil en territorios que están dentro de la zona en reclamación Guyana-Venezuela. Dicha exploración ha dado con riquezas minerales que, al encintarse dentro de un territorio en entredicho, detonan una compleja situación diplomática.

Quedará a los especialistas en relaciones internacionales apuntar cuál ha debido ser el procedimiento, tanto para realizar esta exploración como para manejar los hallazgos de riquezas minerales. Porque, si bien defendemos los buenos oficios de la diplomacia en todo momento y en particular en un caso como este; también es verdad que Guyana no ostenta soberanía absoluta en esos espacios y que nuestro país tiene voz y voto, al menos hasta que las instancias supranacionales pertinentes tomen una decisión respecto a este largo y engorroso conflicto.

En días recientes, voceros del gobierno señalaron que “hay que apuntar bien” en las diferencias que mantenemos con Guyana. Ciertamente, tienen razón. Sin embargo, la mencionada puntería citada desde el oficialismo tiene que ver con la empresa que realiza la exploración, cuando lo que hay que preguntarse es por qué están allí y quién los autorizó.

Evidentemente, esto debe haberse materializado con el conocimiento y apoyo del gobierno guyanés y esto es lo que pone la situación en tintes muy delicados; ya que debe haber comunicación entre ambos gobiernos al existir de por medio un territorio cuya titularidad no ha sido definitivamente dirimida.

Es el gobierno guyanés el único interlocutor válido respecto a este contratiempo y por supuesto, las instancias internacionales previstas por la ley y reconocidas por ambas naciones. El preocupante incidente debe ser resuelto con pragmatismo. Los prejuicios personales o ideológicos pueden hacer mucho ruido ante el intento de buscar y conseguir una resolución satisfactoria para ambas partes en este asunto.

En medio del revuelo y la polémica que se ha levantado en la opinión pública por esta situación, ha asomado una y otra vez el término “militar”, dentro de análisis y discusiones que se han recalentado más de lo conveniente.

Incluso, el actual Ejecutivo Nacional apela al latinoamericanismo con frecuencia, y ese es uno de los factores a tomar en cuenta cuando se intentan resolver diferencias entre dos países de este continente y que, además son vecinos.

Insistimos en lo que hemos dicho muchas veces: el asunto bélico se maneja con demasiada ligereza de palabra y es algo que hay que desterrar. Las palabras lanzadas no se pueden recoger y por suerte, en este caso la terminología castrense no ha pasado de alguna que otra imprudencia verbal.

En casos como este, la fidelidad a la patria debe manejarse con sangre fría y apego al marco legal internacional, que es el único que nos puede brindar soluciones. No buscar culpables, y menos inventarlos. No utilizar la situación para crear discursos políticos de ninguna parcialidad. Tomar muy en serio lo que sucede, porque es realmente serio. Y demostrar que el amor a Venezuela no es retórica, sino trabajo inteligente y consciente de gente preparada para lidiar con temas de semejante complejidad.

Es la misma Guyana la que ha mencionado nuevamente el Acuerdo de Ginebra, por el cual se rige el diferendo, y con dicha mención queda tácitamente aceptado que Venezuela es parte interesada de forma legítima en este problema. Instancias como la Celac, que agrupa en su seno a los dos países, son también valiosos auxiliares en este momento.

También se espera sensatez y ponderación por parte de los representantes guyaneses. Y evidentemente, respeto hacia el territorio venezolano, con lo cual queremos decir hacia los sectores vecinos a la zona en reclamación que son netamente venezolanos.


Toca a la ciudadanía de ambos países exigir a sus representantes una solución que no comprometa el futuro, ni la dignidad, ni la paz de los afectados. No es fácil; pero esa es la tarea. Y hay que acometerla ya, antes que se presenten en un futuro nuevas situaciones como esta, que volverán a aparecer si no se subsana el largamente postergado acuerdo.

lunes, 11 de mayo de 2015

"Cuba es el camino"

Por David Uzcátegui
Secretario Nacional de Asuntos Municipales Primero Justicia
@DavidUzcategui

Pocos meses atrás, un título como este hubiera sido impensable. La isla caribeña se ha mantenido durante décadas bajo un régimen que la ha empobrecido y dejado sin libertades. Por ello, el gobierno estadounidense ha mantenido por muchos años el controversial embargo que buscaba presionar un cambio de gobierno en la mayor de las Antillas.
Sin embargo, en una audaz jugada que lo catapulta a la historia, el presidente estadounidense Barack Obama, anuncia la reanudación de las relaciones diplomáticas con La Habana, en una jugada inesperada que paró las prensas del mundo entero.
Desde esta tribuna, aplaudimos en su momento el arriesgado paso de Obama. Meses atrás comentábamos que en esta, la segunda parte de su segundo período presidencial, podía tener la libertad de lanzar arriesgadas apuestas políticas, debido a que no volverá a optar para la presidencia de la nación y, adicionalmente, las llamadas elecciones de “mid-term” o parlamentarias ya habían pasado.
Y esta fue la sorpresa que nos dio ese político de alto vuelo. Otro motivo por el cual es conveniente no aferrarse al poder es que, cuando se va de salida, se pueden tomar acciones controversiales pero de aguda visión estratégica, ya que no habrá elecciones algunas en las cuales se le puedan cobrar.
El exilio cubano anticastrista en Florida no ha recibido bien la noticia. Consideran – no sin razón- que el mandatario se está dando la mano con un violador de los derechos humanos. Pero a dicho exilio hay que explicarle que, si siempre seguimos haciendo lo mismo, los resultados no van a variar.
En más de 50 años no ha habido novedades sobre Cuba en cuanto a que se vislumbre un cambio de gobierno. Y también es cierto que el famoso embargo lo padece más el pueblo cubano que los jerarcas; muchos exiliados también claman en Estados Unidos por las penurias que pasan sus familias y esperan que esta nueva fase de relaciones cubano-americanas puedan aliviarles de una vida de privaciones.
Y yendo más allá, el mundo presencia el complejo y apasionante desmontaje del último bastión de la guerra fría. Ya parten vuelos desde EEUU hacia la isla, las tarjetas de crédito norteamericanas se pueden pasar por puntos de venta habaneros y así, tímidamente, el pueblo se comienza a asomar al siglo XXI, a la libertad y a sus propios derechos.
Los medios de comunicación dan cuenta de las numerosas empresas estadounidenses y europeas que hacen fila ansiosamente, esperando el pistoletazo de partida para entrar a jugar en la muy atractiva economía cubana, que fuera reconocida en su momento por el turismo, el tabaco y el azúcar, industrias que sin duda se pueden reconstruir tras décadas perdidas en el marasmo.
Desde antes del “obamazo” que dejó boquiabierto al mundo, la estricta economía marxista de pronto dio atisbos de mostrar rendijas a quienes tienen espíritu emprendedor. Los llamados “cuentapropistas” podían tener pequeños negocios y aprender principios de economía con su ejercicio laboral.
Poco tiempo atrás se permitió también la compraventa de autos por parte de particulares, algo normal en el resto del planeta; pero que para los cubanos se quedó extraviado en algún momento del siglo pasado.
Todo esto es la concreción de una serie de reformas enunciadas en los Lineamientos de la Política Social y Económica aprobados por el Partido Comunista de Cuba en abril de 2011, y desarrolladas en los dos años siguientes por la administración de Raúl Castro.
Entre ellas se cuentan la flexibilización de la política migratoria -cambios que están vigentes desde enero de 2013- que permite a los cubanos viajar al extranjero con solo su pasaporte; la eliminación gradual de la libreta de racionamiento y de la dualidad monetaria entre el peso cubano y el peso convertible, equivalente al dólar.
A finales de 2013, el Gobierno ofreció las primeras cifras que han resultado de estas políticas. Así, por ejemplo, las autoridades migratorias de la isla informaron que, para ese año, 250 mil personas habían viajado fuera de Cuba, especialmente hacia Estados Unidos, México y España, y la mayoría de ellos había regresado, sin que se produjera la masiva fuga de cerebros que se temía. Mientras tanto, los trabajadores por cuenta propia ya sumaban casi 450 mil, desde que comenzaron a operar las primeras iniciativas privadas en 2010. La meta del Gobierno, que esperaba eliminar un millón y medio de empleos públicos con la idea de traspasar esta fuerza de trabajo al sector privado, aún está lejos de cumplirse.
Por ello nos atrevemos a decir que Cuba es el camino. Un camino que será largo y complejo, que apenas comienza, pero que va en la dirección correcta. Un camino que no está exento de imperfecciones –ninguno lo está- pero que –y esto es lo importante- ya se comenzó a transitar. Y bajo esta nueva etapa de la historia, la isla antillana sí puede ser un ejemplo para Venezuela, ese es el camino a transitar: la apertura.