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domingo, 25 de octubre de 2015

“Polarizados”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

El título de esta nota no se refiere solamente a los venezolanos que se encuentran en extremos opuestos de la circunstancia política, sin posibilidad de ubicarse en un sano centro de encuentro. En realidad es un juego de palabras y una manera de referirnos al rol que la cumpleañera Empresas Polar juega en la vida del país.

Los 75 años de este grupo empresarial lo encuentran lamentablemente en el ojo del huracán de una disputa política absurda e innecesaria, ya que se trata del mayor fabricante de alimentos del país, el cual debería esta ajeno a todo esto y enfocado en la importante labor que desempeñan.

Sin embargo, pareciera que la vorágine de la hiperpolitización que engulle al país atrajera todo hacia ese torbellino, sin posibilidad alguna de escape.

Entre finales de los años 30 y principios de los 40, los Mendoza sentaron las bases para convertir una antigua y pequeña compañía familiar de fábrica de velas y jabones en una compañía cervecera, tomando un riesgo para la época, importando maquinaria y abriendo las puertas a personal calificado que venía huyendo de la negra nube de guerra que ya amenazaba claramente a Europa. En Venezuela, mientras tanto, recién se despertaba de la larga noche del gomecismo.

Quizá el mayor aporte del conglomerado empresarial a la venezolanidad, haya sido la industrialización de la Harina pan, con lo cual se cotidianizó y masíficó el consumo de la arepa.

Pensemos en lo que era la realización de esa emblemática comida nacional hace poco más de medio siglo: había que pilar el maíz, una labor engorrosa que fue sustituida por la harina industrializada y que dio un vuelco al día a día de los venezolanos a partir de 1960.

Contribuciones de este calibre, son las que un país necesita. Que el empresario esté enfocado en su productividad, entendida esta como la generación de ideas para el bienestar colectivo. Y por supuesto, su implementación en la práctica.

Las plantas de Polar se han multiplicado por todo el país en estas décadas, hasta llegar hoy a un total de 28, que brindan empleo estable a miles de venezolanos. Amén de haberse creado la Fundación Empresas Polar, que cumple con el rol de responsabilidad social empresarial al apoyar la cultura nacional en muchas de sus variantes.

También es una iniciativa referencial del conglomerado, el haber creado en los terrenos donde había funcionado la primera planta de la empresa, ya desaparecida, fue construido el Centro de Atención Nutricional Infantil Antímano (Cania), institución se especializa en el manejo interdisciplinario de la malnutrición infantil.

Los alimentos y bebidas bajo el paraguas de la marca se han diversificado, contando todos con la aceptación de los consumidores, e incluso trascendiendo nuestras fronteras, llevando muy lejos productos que nos identifican con un indiscutible sello venezolano.

Hablamos entonces, de una iniciativa particular con capital privado, que ha crecido y se ha mantenido en el tiempo, con la misión de proveer alimentos a la ciudadanía, amén de la creación de empleo y de la responsabilidad social que se deriva de su acción y actuación en el universo nacional.

Esto es el deber ser del empresariado y en este sentido estimamos que ha cumplido su rol y por ello es un interlocutor válido en la etapa compleja que actualmente vive Venezuela. Saben cómo producir en nuestro país, padecen las limitaciones del momento actual y sin duda deben tener respuestas para su superación.

La sinergia entre gobierno y empresa privada es el deber ser de una sociedad, pueden y deben coexistir pacíficamente, cada uno cumpliendo un rol distinto, porque tiene tareas específicas –pero complementarias- dentro del hábitat de una nación.

La invasión de las ocupaciones de uno por el otro, trae distorsiones que a la larga terminan por afectar a la gente, y eso es lamentable. El momento que atravesamos exige madurez de parte de todos, y específicamente abrir las voluntades hacia posibilidades de colaboración que muevan las energías nacionales en una misma línea y con objetivos conjuntos. Ninguno de los problemas nacionales puede ser resuelto por nadie en solitario.

Por ello, nos permitimos imaginarnos un diálogo constructivo, en el cual ambas partes se escuchen y salgan beneficiadas. Porque no se trata solamente de aliviar la tensión que se respira actualmente en la atmósfera cotidiana; sino también de aportar a la válvula de escape que todos los ciudadanos que apostamos a la paz estamos buscando. Y que a todos nos haría tanto bien.

Esperemos pues, que la convivencia y colaboración entre el gobierno nacional y Empresas Polar sea lo que marque el futuro y que ambas partes se puedan dedicar a producir, como nos conviene a todos, como es necesario para el bien del país.



domingo, 11 de octubre de 2015

Bajado a "Trumpazos"

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

En las últimas semanas, dos hombres de estilos muy distintos, han ocupado los principales titulares de los medios de comunicación estadounidenses, y por consecuencia, de la opinión pública internacional.

Se trata del Papa Francisco y de Donald Trump, precandidato republicano a la presidencia de EEUU para las elecciones de 2016.

Trump nació en el distrito neoyorkino de Queens, el 14 de junio de 1946; es un ejecutivo, político, empresario y millonario de Estados Unidos. Es el presidente de la Trump Organization y fundador de Trump Entertainment Resorts. Fue el presentador del espacio televisivo El Aprendiz hasta 2015. Tiene una fortuna de varios miles de millones de dólares.

Por su parte, Francisco, de nombre secular Jorge Mario Bergoglio Sívori, nació en Buenos Aires, Argentina, el 17 de diciembre de 1936 y es el actual Papa de la Iglesia católica. Conocido por su humildad, su adhesión a la opción preferencial por los pobres, Francisco muestra gestos indicativos de sencillez.

Vistos los dos perfiles tan distintos de estas dos personalidades, no es de extrañar que sus posiciones hayan chocado.

Trump siempre ha tenido interés en la política y en el pasado apoyó tanto a candidatos republicanos como demócratas. También comenzó a tener devaneos con la posibilidad de lanzarse él mismo a un cargo de elección popular. Estuvo muy cerca de pelear por la alcaldía de Nueva York y en ocasiones anteriores se especuló seriamente con su lanzamiento a la presidencia de la nación norteña.

Ahora, cuando es un hecho su aspiración a la candidatura republicana para la máxima magistratura, sus apariciones públicas han levantado una polémica enorme. Nos referimos a sus duras palabras hacia los mexicanos indocumentados y las afirmaciones que hizo respecto a expulsarlos y construir un muro en la frontera con sus vecinos –que debería pagar el mismo México-.

Han sido tan estruendosos los despropósitos verbales del magnate, que la única explicación es pensar que lo está haciendo adrede, aconsejado por sus asesores, para ganar centimetraje en la prensa.  Sus destempladas afirmaciones no son nada más políticamente incorrectas, sino también inviables desde el punto de vista práctico.

Una de las razones por las cuales se recibió tan positivamente la vista de Francisco en EEUU –y no una de las razones más importantes- fue porque alguien le robaría por fin el protagonismo de los titulares a Trump, quien, no se puede negar, ha maniobrado con sobrada astucia para mantenerse en la cresta de la ola. Ya lo ético es otra cosa.

Sin embargo, el precandidato no se dejó poner contra las cuerdas por mucho tiempo y como era de esperarse, atacó de nuevo.  Y así fue como arremetió contra las declaraciones del Papa a su llegada a territorio estadounidense.

Trump de entrada, catalogó de “bonitas”, las palabras del sumo pontífice en el congreso estadounidense; pero se mostró en desacuerdo con lo expresado por Francisco en los temas de la inmigración y el cambio climático.

Especialmente en el primero de estos asuntos, son obvias las diferencias abismales en las posiciones de estos dos importantes personajes. El primer Papa latinoamericano a su llegada a territorio norteamericano instó a los ciudadanos estadounidenses a no tener miedo a la llegada de los inmigrantes a su país; con lo cual ha contradicho lo que ha sido hasta ahora la bandera que ha permitido a Trump aglutinar seguidores y provocar a sus adversarios, pero siempre manteniéndose en el candelero.

Asimismo, el magnate dijo que está en desacuerdo con las declaraciones del Papa en cuanto al asunto del cambio climático, donde Francisco llamó a las naciones del mundo a abordar seriamente este problema y a cooperar para proteger el medio ambiente.

Sobre este tema, el empresario afirmó: “Se llaman cambios de tiempo: tenemos tormenta, tenemos lluvia, así como días bonitos”, mostrando su desacuerdo con lo expresado por el sumo pontífice. El precandidato cree que las políticas de reducción de las emisiones de CO2 “pondrían en peligro puestos de trabajo”, así como a “la clase media y la clase baja”.

Trump genera grandes desacuerdos, ya lo hemos dicho. Hay quienes lo defienden por haber sido un hombre creador de riqueza, generador de empleos. Un “self made man” u hombre que se hizo a sí mismo, según la tradición estadounidense.

Sin embargo, Francisco ha logrado un enorme impacto en la gente por su manera humana y sencilla de abordar el pontificado. Ha traído sensibilidad y apertura a la iglesia católica, y su periplo por Cuba, Nueva York y Washington lo ha erigido no solamente como una figura espiritual, sino también como un verdadero líder político, aprovechando sabiamente el peso específico del Vaticano.

Un pulso entre dos hombres sumamente importantes del mundo actual. Pero el factor humano debe ser el foco y el objetivo y el Papa Francisco le ha dado una gran lección.

domingo, 4 de octubre de 2015

“Tiempos de predicciones”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

Cuando entramos en el último trimestre del año, se activan las predicciones de lo que está por venir en el lapso de 365 días que está cercano a comenzar. Desde los esotéricos hasta los económicos, los vaticinios son tema de titulares y de conversaciones en la recta final que expira el último día de diciembre.

Y nos anotamos entre quienes observan con inquietud la economía, que para muchos ha entrado en una “tormenta perfecta” alimentada de errores internos de administración gubernamental, junto a la nunca suficientemente analizada caída de los precios petroleros.

Eso de “predecir” se le da mejor a quienes poseen una bola de cristal o implementos similares; pero sin duda, se pueden deducir los escenarios del futuro inmediato al observar situaciones actuales.

Llevar la línea de inflación se convierte en algo difícil, porque el Banco Central de Venezuela no publica este indicador desde el pasado diciembre. Y sucede lo que siempre debe suceder cuando nos faltan elementos informativos: el vacío se llena de dudas, de suposiciones, de rumores. Algo que no es sano.

Incluso, en un episodio tragicómico, apareció en twitter una cuenta denominada “Huevo Today”, suerte de sátira –mitad en serio, mitad en broma- del controversial Dólar Today. Y la intención es medir el aumento de los precios monitoreando el valor diario del cartón de huevos en distintas ciudades del país. Algo así como lo que hacen los economistas serios al comparar el precio de la hamburguesa Big Mac en distintos países, en lo que se ha dado en llamar el “Mac Dólar”. Monitorear el cartón de huevos es una opción bastante más rústica; pero a falta de pan, buenas son tortas.

Si nos vamos a otros cálculos extraoficiales –aunque más serios-, el Fondo Monetario Internacional estima en 95% el cierre de la inflación para 2015. ¿Es mucho, es poco, es acertado? En todo caso es un organismo que maneja el tema y que se aventura a hacer una proyección con base en su experiencia. Pero jamás podrá suplir las cifras ausentes del BCV, las únicas que pueden confirmarlo o desmentirlo.

Volviendo otra vez a la llamada “tormenta perfecta”, hay que agregar el escenario de la sobreoferta de petróleo en el mercado internacional, que se cruza con la desaceleración del crecimiento en China, factores sobre los cuales los analistas tienen los ojos puestos.

En esta situación es cuando lamentamos seguir siendo un país “monoproductor y monoexportador”, como bien nos enseñaron de niños en las escuelas, porque esta situación tiene muchos años, aunque se haya agudizado en los últimos tiempos.

Ya es tarde para saltar del barco de la dependencia petrolera, porque eso lleva tiempo y estamos contra reloj de cara a los urgentes problemas nacionales. Sin embargo, discrepamos de quienes aseveran que el gobierno no sabe lo que hace. La ruta que seguimos es una decisión tomada conscientemente, y tiene que ver con evitar el costo político de sincerar la apretada situación que hoy angustia a los venezolanos. Lamentablemente, esto no es una solución, sino una corrida de arruga.

Sin embargo, el satanizado FMI también asegura que la inflación bajará en 2016, algo que nos traería alivio a todos; pero que, de nuevo, constituye simplemente un pulso que solamente confrontaremos cuando hayamos navegado esas aguas.

Justamente es la misma institución la que advierte que sus proyecciones sobre Venezuela deben ser tomadas con cautela, pues existen distorsiones que son generadas por los cambios múltiples de la moneda y la creciente inflación. Esta última, por cierto, ya es de entrada la más elevada de la región y probablemente llegue a ser la más alta del planeta, aunque no tengamos la cifra exacta.

También se habla insistentemente del default o posible cesación de pagos de los compromisos económicos externos del gobierno. Respecto a esto, sí sería mejor tomar una bola de cristal, porque parecemos estar en un delicado equilibrio: la actual administración ha demostrado la voluntad de honrar dicho pagos; pero el embudo se hace cada vez más estrecho. Otra incógnita que no se dilucidará hasta que crucemos el río.

Parece cada vez más imperiosa la sinceración del precio de los combustibles que el mismo Ejecutivo puso en el tapete en meses pasados. Pero la vorágine noticiosa lo devoró sin que hubiera mayores intentos de reflotarlo.

Eso para no hablar de la urgente y necesaria revisión del sistema cambiario y de los controles de precios que general las distorsiones mencionadas previamente. Y en general, no se ve ya a estas alturas, forma alguna de escapar a una contracción del PIB superior al 7% estimada para el año que termina.

En definitiva, no vamos bien y el gobierno sin duda conoce las formas de salir de este remolino. Es su decisión aplicarlas o no para dar un golpe de timón en 2016.

domingo, 23 de agosto de 2015

“La otra cara de la OLP”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

Ante el clamor ciudadano por atajar de alguna manera la delincuencia que azota a Venezuela y que ha convertido en rehenes a los ciudadanos, el gobierno nacional ha emprendido la llamada Operación de Liberación del Pueblo. Una iniciativa que responde a una incuestionable necesidad; pero que también es altamente polémica.

Tras varios episodios de este nuevo plan contra la delincuencia, la iniciativa ha recibido muy serias observaciones por parte de voceros que tienen peso en la opinión pública.

Tras lo visto en estas semanas, los operativos de las OLP parecen estar cargados con una agresividad inusitada y sin organismos que hagan contrapeso en la vigilancia de los derechos humanos en su implementación.

Se han registrado cantidades inquietantes de fallecidos en las mismas y las circunstancias de estos decesos no están claras, por lo cual queda en el aire la inquietud –justificada- de excesos de fuerza por parte de los organismos encargados de ejecutarlas.

Los pobladores de las llamadas zonas de paz, que han sido “peinadas” con las OLP son quizá los más afectados, al quedar en el medio de un fuego cruzado entre las autoridades y las bandas, hecho que pone en grave riesgo a civiles inocentes.

Organizaciones No Gubernamentales observadoras de los derechos humanos, como Provea (Programa Venezolano de Educación-Acción en Derechos Humanos) han pedido al gobierno detener la  OLP, y sustituirla por un plan de seguridad que supere "la visión autoritaria y militarista".

La organización se basa en información de las mismas autoridades, en las cuales se señala que en 23 operaciones 4.021 ciudadanos fueron aprehendidos en el primer mes, pero sólo 368 han sido puestos a la orden del Ministerio Público; con lo cual apenas en el 9,1% se presume la vinculación de los aprehendidos con hechos delictivos.

Igualmente es preocupante el alto número de fallecidos en presuntos enfrentamientos, ya que todo sucede de manera tan violenta y rápida, que es difícil separar el grano de la paja en esas muertes y es válida la inquietud respecto a la posibilidad de muerte de inocentes o en todo caso, que la figura del enfrentamiento sea manejada con ligereza.

Otro matiz delicado de lo que actualmente sucede es  el modo como se conducen los allanamientos, tomando en cuenta la inviolabilidad del hogar y el hecho de que solamente se pueda hacer ante un delito infraganti o con una orden adecuada, expedida por las autoridades competentes.

También señala la organización que se estigmatiza a sectores de la población. Sería este el caso de las edificaciones de la Misión Vivienda, en las cuales se han practicado varias veces estos operativos y se les coloca ante la opinión pública como refugio de antisociales, hecho que señala a todos sus habitantes.

Paralelamente, el Sindicato nacional de Trabajadores de la Prensa también ha señalado hostilidad hacia los medios de comunicación que cubren dichos operativos, como sucediera recientemente con los equipos de Venevisión y Notitarde en una OLP en la ciudad de Valencia.

Es cierto que el delito está desbocado, pero desde esta tribuna muchas veces hemos hecho llamados a trabajar tan urgente asunto con los especialistas en la materia –que los tenemos, bastantes y buenos- así como con apego a los derechos humanos, a lo preventivo, al redimensionamiento de todo el sistema de justicia, la correcta formación de los funcionarios y en definitiva, al ajuste de todo un complejo universo que permita sanar el que quizá es el peor problema que enfrentamos los venezolanos, con un enfoque digno del siglo XXI y no con excesos que puedan llevarse por delante a inocentes y terminar sembrando mayor violencia.

La agresividad flota en el ambiente en nuestro país. Es una dura tarea, que sin duda será larga, el contenerla y revertir sus efectos. Nos toca a todos; pero muy especialmente a las autoridades. Sabemos que no es una petición sencilla de concretarse: atajar la violencia con el mínimo de la misma. Y más aún cuando está en niveles epidémicos. Pero es por ello que las autoridades deben hilar sumamente fino. Tienen una tarea extremadamente difícil y delicada en sus manos.

Organismos como la Defensoría del Pueblo deberían pronunciarse ante esta iniciativa y ponerle coordenadas que garanticen los DDHH en medio de una situación tan compleja.

Nadie duda que las acciones para contener la delincuencia sean necesarias. Y desde aquí hemos apostado al éxito de las mismas. Pero también es necesaria la continuidad, por lo cual lamentamos que se hayan visto más de 20 operativos en los años de la llamada revolución. Quizá uno solo de mayor aliento y ambición, hubiera impedido que llegáramos a extremos donde la violencia amenaza con desbordarse a cada instante.

domingo, 9 de agosto de 2015

“La hora de todos”

David Uzcátegui
Secretario Nacional de Asuntos Municipales Primero Justicia

@DavidUzcategui

Dentro de nuestra condición humana, parece estar fuertemente arraigada la necesidad de contrastar con otros semejantes. Los desacuerdos, más grandes o más pequeños siempre están presentes y por ello se puede llegar a situaciones francamente delicadas. Sin embargo, creemos que también en nuestra condición está el deseo y la capacidad de unificar, de hallar puntos de encuentro, de ubicar acuerdos y modos de seguir adelante a través de un camino en común.

Quienes han escogido el segundo camino, han constituido sociedades prósperas y exitosas. Quienes han apostado por el primero, sin resolver las naturales contradicciones, se han embarcado en un callejón sin salida de ruina y fracaso.

Evidentemente toda esta reflexión tiene que ver con el momento que estamos viviendo actualmente en Venezuela. Las diferencias y divergencias que han enturbiado la vida de los venezolanos en los últimos tres lustros, han contribuido sin duda a complicar el escenario de nuestro país hasta ser un factor importante – a nuestro juicio- en los momentos adversos que vivimos en la actualidad.

Un país no puede progresar cuando hay enfrentamientos medulares entre sus ciudadanos, cuando a una parte de los mismos se le pretende negar el espacio. Cuando se recalcan las diferencias en lugar de tender puentes, se están dinamitando las bases del progreso. Años atrás, esto podía parecer simplemente una opinión; pero en el momento actual lo sentimos como un llamado urgente a lo que probablemente pueda ser una de las soluciones a la encrucijada de la Venezuela actual.

No podemos decir que el llamar a colaborar con un gobierno solamente a partidarios de su ideología política, sea un invento de la administración actual. Por el contrario, lo hemos visto muchas veces tanto en nuestro país como en otras latitudes, y forma parte de ese perverso deseo genético del ser humano por dividir, por levantar muros. Sin embargo, tampoco podemos negar que los venezolanos estamos actualmente recogidos bajo colores políticos que no se mezclan y que el arraigo de esa práctica nos cierra el camino a soluciones necesarias en este momento.

Somos muchos quienes conocemos las cifras de agobiantes indicadores como violencia, inflación, escasez o caída de los precios del petróleo. Pero también debemos presionar por soluciones y movilizarnos hacia ellas. Y ello pasa por la participación de todos, absolutamente de todos. De la fuerza de trabajo, de los vecinos, de los profesionales, de estudiantes y amas de casa. De todos los sectores sociales y de todas las visiones políticas.

Es el desencuentro entre los venezolanos el punto más flaco en la crisis nacional. El no encontrarnos a todos empujando en la misma dirección, nos ha hecho más vulnerables ante vaivenes como el bajón de los precios petroleros. Tanto desde el oficialismo como desde la oposición han surgido llamados al reencuentro y al entendimiento. Lamentablemente, nunca han sido simultáneos y ha faltado esa voluntad política de encuentro en el sano centro, que es indudablemente la plataforma de la reconstrucción nacional.

Y en ello también hay que incluir a la ciudadanía, a quienes hacen vida en las más distintas instancias de la sociedad y aportan para su apuntalamiento desde sus acciones diarias. Tenemos que observar con honestidad que, si bien Venezuela vive un problema netamente político, la solución involucra a todos los actores de la sociedad que no participan del quehacer político como oficio.

Ya no es electivo. Hay que sentarse, hay que hablar. Y no puede ser un saludo a la bandera, ni una simple manifestación de buena voluntad. Hay que ponerlo en planes, en hechos, en acciones muy urgentes. La diferencia y la divergencia debe ser terreno para el complemento, no para el rechazo. La diversidad debe llamar al acercamiento y no al aislamiento. Al comprender que, más allá de lo que nos separa estamos destinados a llevar por siempre un gentilicio común, debemos abordar todos la responsabilidad de aportar nuestros esfuerzos, nuestros conocimientos y nuestros talentos en pro de esta empresa común que es Venezuela.

Tenemos la certeza de que esto va a suceder y prontamente. Es difícil ver el vaso medio lleno en medio del panorama actual, pero nos empeñamos en ello. Es un lugar común decir que de las situaciones adversas salen las grandes ganancias. Pero no por común, es menos cierto.

Del “reseteo” que va a ser necesario para poner a andar la República por mejores caminos, también va a salir una venezolanidad más robusta y más unida, porque es la única forma de salir adelante. Y todos vamos a buscar esta solución por instinto, por corazonada, porque está en lo más profundo del ser humano el buscar la unión para avanzar.

domingo, 26 de julio de 2015

“Ni lo básico”

David Uzcátegui
Secretario Nacional de Asuntos Municipales Primero Justicia
@DavidUzcategui

Entre las noticias más destacadas de nuestro país en esta semana, llamó la atención de muchos el aumento de la canasta básica familiar en el último mes, un incremento calificado como histórico, al haberse elevado en 26,5%. Esto coloca el costo de la canasta básica para el recién finalizado mes de junio en 54.204,69 bolívares.

Se entiende como canasta básica el conjunto de bienes y servicios esenciales para satisfacer las necesidades elementales para el bienestar de todos los miembros de la familia: alimentación, vestuario, vivienda, mobiliario, salud, transporte, recreación y cultura, educación y bienes y servicios diversos.

La comprensión de los asuntos macroeconómicos escapa a muchos venezolanos; y otros tantos simplemente no están interesados en ello. Pero cuando las distorsiones de la economía se comienzan a introducir en el bolsillo de todos, comienzan las preguntas: ¿por qué se disparan los precios? ¿Por qué se hace cada vez más difícil cubrir las necesidades básicas?

Las matemáticas están claras: una familia, en la que solo trabaje una persona con un empleo formal, y que gane salario mínimo de 7 mil 400 bolívares, está muy lejos de alcanzar los ocho salarios mínimos necesarios para cubrir la canasta básica familiar.

Desde hace bastante tiempo hemos manifestado con preocupación extrema lo que consideramos el rumbo errado del manejo de la economía de nuestro país. Y es que una acción inconveniente trae inevitablemente consecuencias. Lo que estamos vendo hoy es el resultado de una suma de decisiones equivocadas en la administración de Venezuela.

Estamos bajando –en aterrizaje forzoso- de la nube en la cual los altos precios petroleros montaron al país. No hay que  conocer demasiado del tema para saber que dichos precios son volubles y nuestra historia en el último siglo ha estado sometida a esos vaivenes.

Hace poco se cumplieron 79 años del famoso editorial del fallecido intelectual venezolano Arturo Uslar Pietri titulado “Sembrar el petróleo”, el cual hemos citado varias veces, ya que ha sido por demás desoído. Aquel histórico texto nos invita a tomar el ingreso petrolero para hacer inversión sustentable en nuestro país, cosa de que los tiempos de las “vacas flacas” nos tomen con una economía diversificada y ahorros bajo el colchón. De esta manera, el ingreso petrolero, sea alto o bajo, estaría al servicio el país.

A casi ocho décadas de aquellos postulados, ningún gobierno ha tomado en cuenta las recomendaciones de Uslar, ni de otros tantos conocedores de las variables económicas y de los vericuetos del asunto petrolero.

Volviendo al momento actual, estamos pagando el error de haber aplastado la producción nacional con abundantes importaciones, que terminaron por dejar sin mercado al inversionista venezolano, que no podía competir con ellas.

Lamentablemente, la administración actual también ha criminalizado al productor privado con anacrónicos argumentos ideológicos ya superados en casi todo el mundo, y aún en medio de la situación inflacionaria y de escasez que confrontamos, mantiene un tono retador en lugar de aceptar las invitaciones al entendimiento y al trabajo conjunto.

En síntesis, de estos errores pensamos que parte la situación que pone hoy la canasta básica en un aumento con respecto al mes de mayo de 11.357,78 bolívares. La variación anualizada, si comparamos los períodos junio 2014-junio 2015, es 163,6%, al alza.

Es un escenario que nos habla de la necesidad de una urgente rectificación de la política económica, en la cual el gobierno debe aceptar que el drástico bajón de los precios del petróleo no nos permite seguir ostentando una economía netamente importadora y que los venezolanos debemos resolver fronteras adentro la crisis en la que nos metimos nosotros mismos.

También es crucial en el oscuro panorama que confrontamos, el ya obsoleto control de cambio, que obstaculiza con burocracia la obtención de divisas para cualquier necesidad, incluida la de alimentación. Trámite que no sería necesario si de verdad pudiéramos ostentar una soberanía alimentaria y produjéramos en nuestra tierra el sustento.

Hay que sentarse a hablar ya con el venezolano productivo, conocer de su propia boca cuáles son los obstáculos a la realización de su tarea,  escuchar a quienes de verdad saben producir en nuestra tierra y desandar con humildad un camino lleno de errores.


La inacción se prolonga y con ello se agravan los problemas. Producción nacional y diálogo entre los sectores sociales son las tareas más urgentes y ambas deberán ser asumidas más temprano que tarde. El problema está en que, mientras más tarde se inicien, más daño se le habrá hecho a la gente, que es quien al final paga con su calidad de vida la inacción y las acciones erradas.

domingo, 19 de julio de 2015

“Delincuencia, ya basta”

David Uzcátegui
Secretario Nacional de Asuntos Municipales Primero Justicia
@DavidUzcategui

El reciente episodio de la Cota 905 en Caracas, conmovió no solamente a la ciudad, sino a todo el país. El hecho de que doscientos efectivos de la Guardia Nacional y el Servicio Bolivariano de Inteligencia hayan realizado un operativo de grandes dimensiones en el sector, confirmó cuán lejos ha ido la delincuencia en Venezuela, y también las dimensiones de la lucha que hay que librar contra la misma.

Catorce presuntos delincuentes fallecidos, más de 130 detenidos y una veintena de carros hurtados o robados que se recuperaron, son un indicativo de las dimensiones que ha alcanzado la industria de la delincuencia.

Lamentablemente, hubo violencia de por medio, y ello es un síntoma de que el problema ha crecido de una manera en la cual tristemente hay que echar mano de la represión. Es una decisión delicada y que debe ser tomada con enorme responsabilidad; pero también es ineludible.

Un dato que impacta es el saber que el enfrentamiento duró más de nueve horas, lo que indica que los antisociales están fuertemente apertrechados y nos remite a otro hecho violento de similares características sucedido meses atrás en Quinta Crespo.

También asombra que los efectivos sean recibidos con granadas, lo cual indica el alto vuelo que han tomado en nuestro país quienes se encuentran al margen de la ley.

Es increíble que hayan sectores del país en los cuales la policía no pueda penetrar, como sucedió en la misma Cota 905 semanas atrás, cuando varias motos de la Policía Nacional Bolivariana fueron quemadas por irregulares del sector. Ya es vox populi que existen en varias ciudades estas zonas vedadas y es algo que debe ser superado, por ser un contrasentido absurdo, para decir lo menos.

Del lado de las organizaciones de Derechos Humanos como Provea-, se ha solicitado al gobierno rendir cuentas de las actuaciones de este tipo, lo cual no puede ser desatendido, ya que lamentablemente casos así se prestan a abusos de fuerza. Es un equilibrio extremadamente delicado que, no obstante, es imperativo mantener por elemental respeto a leyes y principios.

Muchos se preguntan –y nos incluimos- si se podrá atacar toda esta compleja situación desde lo preventivo. Y nos respondemos suponiendo que, si bien lo represivo ya no se puede eludir ante la ferocidad del delito en nuestro país, también abogamos por reforzar lo preventivo desde ya.

La prevención del delito es una de las obligaciones fundamentales del Estado, tarea que ejecuta a través de los órganos de seguridad ciudadana. Así lo dispone el artículo 55 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

Según las teorías del Desarrollo Social se ha establecido que el comportamiento se encuentra influenciado por los vínculos que cada persona desarrolla con la familia, la escuela, los amigos y la comunidad.

Es por eso que debe existir una pronta intervención que reduzca los factores de riesgo e incremente la protección de niños y jóvenes para reducir comportamientos y conductas antisociales asociadas a la delincuencia.

En esta tribuna hemos defendido el deporte y la cultura como constructores de un país. Tenemos ejemplos envidiables de edificantes casos para nuestros niños, niñas y adolescentes en los dos ámbitos.

El mundialmente reconocido Sistema de Orquestas Juveniles, la vinotinto, los más diversos clubes deportivos son solamente algunos de los caminos que pueden evitar tempranamente rumbos torcidos para nuestros muchachos.

En lo que hoy se llama "la nueva prevención", la ciudadanía tiene un rol fundamental, comprobándose en las distintas experiencias un satisfactorio grado de eficacia. Adicionalmente, hemos alabado las iniciativas de desarme; aunque hemos señalado la urgencia de incorporar a otras instituciones y proceder en formas que incentiven más a la gente a acercarse a los entes que serán depositarios de este armamento.

También hacen falta incentivos que atraigan más para que las personas que pueden entregar las armas se animen a hacerlo. Hay que recordar que usualmente no las entregan quienes las utilizan, sino sus allegados. Otros aspectos a reforzar son la depuración del sistema judicial y la adecuada remuneración del funcionario policial.


Y es muy importante despolitizar ambos aspectos de la lucha contra el delito, tanto el preventivo como el represivo. Nos estamos jugando algo muy delicado, como lo es la vida; amén de la seguridad y el bienestar de la ciudadanía. El esfuerzo debe ser sin descanso y más allá de lo humanamente posible.

lunes, 13 de julio de 2015

Iglesia y política

Por David Uzcátegui
Secretario Nacional de Asuntos Municipales Primero Justicia
@DavidUzcategui

El reciente pronunciamiento del presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana, monseñor Diego Padrón, respecto a las venideras elecciones parlamentarias, llamó la atención de muchos sectores de la población. En concreto, el prelado llamó a la ciudadanía a participar en el evento electoral.

Dicho llamado fue recibido por algunos como un espaldarazo a recomponer la vida institucional del país, mientras a otros les parece una imprudencia por parte de la Iglesia su intervención en cualquier asunto que tenga matices políticos.

Pero comencemos por citar las palabras del vocero eclesiástico. Comenzó destacando que “Estas elecciones son un evento muy significativo con el mismo rango, en esta ocasión, que las presidenciales porque nos van a permitir la recomposición de la vida económica y social de Venezuela”.

Primeramente, nos alegra que destaquen el rango de importancia de las elecciones del parlamento, porque como lo hemos dicho muchas veces, en un país de corte presidencialista como el nuestro, muchas veces se subestima la escogencia de otros funcionarios que no solamente son tan importantes como el Ejecutivo; sino también son el contrapeso al mismo, lo cual es imprescindible para conformar la estructura de un Estado democrático.

También hemos insistido en que, con el “juego trancado” que actualmente padece la sociedad venezolana, cualquier evento comicial es una oportunidad de destrancar la situación y poder seguir adelante, máximo cuando se va a elegir un cuerpo colegiado que va a tener todos los matices del espectro político venezolano, representado proporcionalmente, y en una instancia donde se verán obligados a dialogar y llegar a acuerdos por el bien de todos los venezolanos.

En este sentido, también agregó el vocero que “Después de las elecciones, la sociedad se verá obligada a reestructurarse. Frente a las grandes dificultades del país, la salida tiene que ser democrática y constitucional y apropiadamente. Para esto son las elecciones”.

Y sin duda, el día siguiente al encuentro comicial, el país tiene que amanecer diferente. Hay una presión social enorme en la ciudadanía, que necesita alguna válvula de escape y la única que es legítima y efectiva es manifestar su opinión en las urnas electorales. No solamente se trata de un encuentro que está pautado en el calendario; sino además de un acto imperativo.

Cabe destacar el inequívoco tono institucional que ha mantenido la comunicación señalada, con un llamado al voto y sin tomar partido por tendencia partidista alguna, más que por valores que le son inherentes a la fe y que son universalmente compartidos desde tiempos inmemoriales.

Su llamado a la unión, hermandad y cese de divisiones entre los venezolanos es sin duda pertinente, ya que el clima recalentado y enrarecido que vivimos los venezolanos no puede ser aprobado por nadie y debe ser objeto de la búsqueda de soluciones para parte de todos los interesados en el bien nacional.

Al llamado a la paz a través de la vía electoral se han unido previamente otros destacados personeros de la fe cristiana, como monseñor Ovidio Pérez Morales, el padre Luis Ugalde, entre otros. Y es un llamado incluyente, porque convoca a todos los colores políticos y partidistas a un evento que reivindica en sí mismo a la democracia.

La iglesia, desde siempre, ha jugado el rol de “amable componedora” en situaciones políticas comprometidas. El ser una instancia espiritual la convierte en un complemento imprescindible para la humanidad en situaciones comprometidas y de conflicto.

Desde la misma sede de la institución en Roma, se ha ejercido una acertada y sabia política diplomática, en la cual han destacado personalidades como Juan Pablo II, determinante en resolver complejas situaciones; y por los vientos que soplan, el Papa Francisco seguirá y profundizará este sendero de facilitación católica en situaciones complejas del planeta.

Quedó pendiente por cierto, la visita del actual presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, al Papa Francisco en El Vaticano, tras la cita que se había agendado y que fue cancelada intempestivamente. El vocero venezolano de la Iglesia le recordó al mandatario que se puede pautar un nuevo encuentro que puede ser solicitado por el Ejecutivo en cualquier momento.


Dicho encuentro, desde nuestro punto de vista, sería altamente necesario, contribuiría a dar al mundo señales de que en Venezuela hay capacidad de diálogo y respeto a instituciones de prestigio internacional, y sin duda sería buen recibido por la gran mayoría de los venezolanos, criados bajo la fe católica y también por quienes ponderan positivamente el rol de la Iglesia en situaciones políticas comprometidas.

lunes, 22 de junio de 2015

"Guyana, un alerta"

Por David Uzcátegui
Secretario Nacional de Asuntos Municipales Primero Justicia
@DavidUzcategui

En las últimas semanas ha reflotado con intensidad un viejo asunto que tiene pendiente nuestra República, y es el delicado diferendo limítrofe con la vecina Guyana, al cual se le han dado largas por diversos motivos, desde lo diplomático hasta su ausencia en la agenda de prioridades cuando el país enfrenta temas urgentes

Pero era evidente que, más temprano que tarde, el asunto volvería a ocupar a los venezolanos. No es válido postergarlo indefinidamente y el mundo sigue moviéndose, por lo cual llegaría la circunstancia en la que lo complejo del asunto no resuelto, volviera a hacer ruido.

La actual crisis revienta por un asunto coyuntural, y es la exploración de la petrolera multinacional Exxon Mobil en territorios que están dentro de la zona en reclamación Guyana-Venezuela. Dicha exploración ha dado con riquezas minerales que, al encintarse dentro de un territorio en entredicho, detonan una compleja situación diplomática.

Quedará a los especialistas en relaciones internacionales apuntar cuál ha debido ser el procedimiento, tanto para realizar esta exploración como para manejar los hallazgos de riquezas minerales. Porque, si bien defendemos los buenos oficios de la diplomacia en todo momento y en particular en un caso como este; también es verdad que Guyana no ostenta soberanía absoluta en esos espacios y que nuestro país tiene voz y voto, al menos hasta que las instancias supranacionales pertinentes tomen una decisión respecto a este largo y engorroso conflicto.

En días recientes, voceros del gobierno señalaron que “hay que apuntar bien” en las diferencias que mantenemos con Guyana. Ciertamente, tienen razón. Sin embargo, la mencionada puntería citada desde el oficialismo tiene que ver con la empresa que realiza la exploración, cuando lo que hay que preguntarse es por qué están allí y quién los autorizó.

Evidentemente, esto debe haberse materializado con el conocimiento y apoyo del gobierno guyanés y esto es lo que pone la situación en tintes muy delicados; ya que debe haber comunicación entre ambos gobiernos al existir de por medio un territorio cuya titularidad no ha sido definitivamente dirimida.

Es el gobierno guyanés el único interlocutor válido respecto a este contratiempo y por supuesto, las instancias internacionales previstas por la ley y reconocidas por ambas naciones. El preocupante incidente debe ser resuelto con pragmatismo. Los prejuicios personales o ideológicos pueden hacer mucho ruido ante el intento de buscar y conseguir una resolución satisfactoria para ambas partes en este asunto.

En medio del revuelo y la polémica que se ha levantado en la opinión pública por esta situación, ha asomado una y otra vez el término “militar”, dentro de análisis y discusiones que se han recalentado más de lo conveniente.

Incluso, el actual Ejecutivo Nacional apela al latinoamericanismo con frecuencia, y ese es uno de los factores a tomar en cuenta cuando se intentan resolver diferencias entre dos países de este continente y que, además son vecinos.

Insistimos en lo que hemos dicho muchas veces: el asunto bélico se maneja con demasiada ligereza de palabra y es algo que hay que desterrar. Las palabras lanzadas no se pueden recoger y por suerte, en este caso la terminología castrense no ha pasado de alguna que otra imprudencia verbal.

En casos como este, la fidelidad a la patria debe manejarse con sangre fría y apego al marco legal internacional, que es el único que nos puede brindar soluciones. No buscar culpables, y menos inventarlos. No utilizar la situación para crear discursos políticos de ninguna parcialidad. Tomar muy en serio lo que sucede, porque es realmente serio. Y demostrar que el amor a Venezuela no es retórica, sino trabajo inteligente y consciente de gente preparada para lidiar con temas de semejante complejidad.

Es la misma Guyana la que ha mencionado nuevamente el Acuerdo de Ginebra, por el cual se rige el diferendo, y con dicha mención queda tácitamente aceptado que Venezuela es parte interesada de forma legítima en este problema. Instancias como la Celac, que agrupa en su seno a los dos países, son también valiosos auxiliares en este momento.

También se espera sensatez y ponderación por parte de los representantes guyaneses. Y evidentemente, respeto hacia el territorio venezolano, con lo cual queremos decir hacia los sectores vecinos a la zona en reclamación que son netamente venezolanos.


Toca a la ciudadanía de ambos países exigir a sus representantes una solución que no comprometa el futuro, ni la dignidad, ni la paz de los afectados. No es fácil; pero esa es la tarea. Y hay que acometerla ya, antes que se presenten en un futuro nuevas situaciones como esta, que volverán a aparecer si no se subsana el largamente postergado acuerdo.