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viernes, 18 de marzo de 2016

“La emergencia se prolonga”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

Por fin llegamos a un acuerdo entre revolucionarios y fuerzas alternativas democráticas: estamos en emergencia. Económica, sanitaria, y con unos cuantos apellidos más. Lamentablemente, el acuerdo no tiene mucho mayor aliento, porque son enormes las divergencias en cuanto a las causas y sobretodo, en las maneras de salir.

Y el tema se reflota cuando el gobierno pide prolongar la decretada emergencia económica, ya que si bien estamos de acuerdo en el nombre de la situación, seguimos sin conseguir puntos de encuentro respecto a causas y soluciones.

Para comenzar, el oficialismo parte de una premisa errada, lo cual anula cualquier acción posterior: siguen empeñados en que la llamada “guerra económica” existe realmente.

Estamos donde estamos por una serie de decisiones equivocadas del Ejecutivo que terminaron encerrándonos en un callejón sin salida en el aspecto económico.

La reciente comparecencia ante el Parlamento del vicepresidente ejecutivo de la República, Aristóbulo Istúriz, abrió un nuevo compás de discusión sobre las causas y soluciones de esta situación.

El representante del primer mandatario nacional afirmó que la inflación se supera con producción. Esto es muy cierto, aunque no es la única razón de la inflación. La impresión de dinero inorgánico que se inyecta por toneladas a la economía es otra de las causas, y el gobierno tiene que saberlo; pero está atrapado en su propia trampa de tozudez.

Por otro lado, y para concordar con el Vicepresidente, es un principio elemental el hecho de que al aumentar la producción se eleva la oferta y los precios bajan. Ellos lo saben, nosotros lo sabemos. Entonces, ¿por qué no se hace?

Más aún: ¿por qué el gobierno ha jugado durante 17 años a cercar la iniciativa particular? A perseguirla, a criminalizarla, a difamarla, a ponerle trabas, vericuetos y contratiempos, a dejarla morir de mengua. ¿No era esta una práctica perversa que podía tener las consecuencias que hoy sufrimos?

Se cayó una vez más en la vieja práctica de comprar todo afuera, ya que ganábamos mucho por el petróleo; sin importar que eso hiciera desaparecer a los productores nacionales. Ahora, cuando los necesitamos, prácticamente no existen.

Dijo también el vocero del gobierno que cree  en “un modelo productivo que ayude a mantener los logros sociales”. Sin duda, muchos creemos en eso y es lo que debe hacer responsablemente cualquiera que apueste a la sustentabilidad del país.

El problema está en que no se pueden alcanzar ni mucho menos mantener los logros sociales sin una economía productiva, que pague impuestos y que genere empleo; porque es un pretender que la administración pública sea el mayor empleador del país, lo cual la transforma adicionalmente en un monopolio, con todas las trabas que acompañan a esta figura, sea pública o privada.

También se achaca la crisis a la caída de los precios del petróleo. Es cierto, cayeron en barrena. Sin embargo: ¿por qué no se ahorró? ¿Por qué no se diversificó la producción en el país? Todos sabíamos que esto iba a suceder más temprano que tarde.

El gobierno insiste en sus “amistades peligrosas” en el ámbito internacional, mientras obvia por ejemplo, el modelo de Noruega, del cual podríamos aprender mucho. Esta nación europea ha ahorrado durante la época de las vacas gordas y ni se ha enterado de la crisis, ya que tiene en sus arcas más de setecientos treinta mil millones de euros, el equivalente a seis años de su presupuesto nacional.

Este fondo está invertido en valores y en el sector inmobiliario, por lo cual no se lo están comiendo ni matando a la gallina de los huevos de oro. Por otro lado, no se cayó en la tentación de hipertrofiar el aparato estatal de ese país; por lo cual los vaivenes petroleros tienen mínima incidencia en la administración pública. ¿Era muy difícil imitar este modelo? Parece que sí.

Por ahí alguien dijo una vez que no somos suizos. Tampoco somos noruegos. Pero desde la venezolanidad hay mucho talento capaz de convertir a nuestro país en un Estado viable, partiendo del conocimiento y la sensatez.

Por supuesto, de nada sirve llorar sobre la leche derramada. El daño está hecho y estancarnos en recriminaciones y culpas solamente nos haría perder el tiempo y el esfuerzo que debemos dedicar a la reconstrucción nacional.

Sí, estamos en emergencia. Pero no por las causas que señalan desde el oficialismo. Y también están errando en las posibles soluciones. La retórica no sirve de nada, jamás ha servido. Quizá esto no se notó antes porque la inacción y los errores quedaban sepultados ante la avalancha de petrodólares. Pero eso ya es historia. La realidad nos alcanzó.

Si bien el empeño es el de avanzar, no puede ser con las mismas recetas que nos hundieron. Nadie compraría un pasaje en un barco comandado por el capitán del Titanic.

lunes, 16 de noviembre de 2015

"Jornada Integral de Salud"



Este jueves 19 de noviembre los esperamos en nuestra Jornada Integral de Salud en Plaza Cumbres de Curumo donde se hace el Mercadito.

Invita a tus amigos y familiares. Recuerda que contamos con:

SERVICIOS GRATUITOS:

- Medición de tensión arterial.
- Medición de glicemia (en ayunas)
- Asesoría legal.


SERVICIOS A PRECIO SOLIDARIO:

- Despistaje de Osteoporosis
- Exámenes de laboratorio (en ayunas)
- Certificado médico para conducir (vigencia 5 años)

lunes, 14 de septiembre de 2015

“Una crisis de dimensión mundial“

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

El mundo entero observa con ojos de preocupación el desesperado arribo de numerosos migrantes a las fronteras europeas, provenientes de diversos conflictos cercanos. Tanto el número de los desplazados, como la muerte trágica de muchos de ellos en el trayecto, están ocasionando una creciente y justificada alarma en la comunidad internacional.

Hay suficiente conciencia de que este es un problema de todos. Aquella metáfora del “aleteo de la mariposa” es más cierta que nunca de cara a este doloroso pasaje de la humanidad. Nos referimos a aquella imagen de que el aleteo de una mariposa al otro lado del planeta, tendrá alguna consecuencia que nos afecte.

Y quien crea que la comparación es exagerada, puede dejar de pensar así cuando sopese las cifras de lo que está sucediendo en el viejo continente.

Esta situación extrema, conocida como “Crisis migratoria en Europa”, “Crisis migratoria en el Mediterráneo” o “Crisis de refugiados en Europa”, se ha incrementado exponencialmente en el presente año 2015, por el alza inimaginable del número de refugiados, solicitantes de asilo, emigrantes por motivos económicos y otros migrantes, que en conjunto comparten las vías de desplazamiento irregular hacia los países europeos.

Según diversos expertos, la crisis surgió como consecuencia de este incremento de personas que intentan llegar a los Estados miembros de la Unión Europea, mediante riesgosos viajes en el mar Mediterráneo y los Balcanes, partiendo de países de África, Oriente Medio y Asia del Sur.

La mayoría de estos movimientos están marcados por una migración forzada de víctimas de conflictos armados, persecuciones, pobreza, cambio climático o violaciones masivas de los derechos humanos; y por la acción de redes delictivas de tráfico ilegal y maltrato de personas, que explotan a los viajeros más vulnerables.

Hay consenso en señalar que estamos ante la mayor crisis migratoria y humanitaria en Europa, después de la Segunda Guerra Mundial. Según el vicepresidente de la Comisión Europea, Frans Timmermans, es “una crisis mundial que necesita una respuesta europea”.

El pasado martes 8 de septiembre, el enviado especial de las Naciones Unidas para Inmigración y Desarrollo, Peter Sutherland, dijo que “Todos los países del mundo tienen la obligación, por razones humanitarias, de acoger refugiados sirios, y con todos incluyo a Canadá, Australia, Latinoamérica, los del Golfo Pérsico, Estados Unidos y Asia”.

Lamentablente, este trago amargo para el planeta es la consecuencia de Estados fallidos, que se encuentran muy lejos de existir para velar por el bienestar de su ciudadanía. Sus intereses son otros; y en medio de esta compleja madeja de causas, también se encuentran asuntos ideológicos y religiosos, que deberían dirigirse hacia buscar el bienestar de la gente; pero logran – al menos en este caso- exactamente lo contrario.

Lo cierto es que la Unión Europea, referente de democracia y derechos humanos en el mundo, está recibiendo un peso demasiado difícil de manejar; pero al que a la vez no se le puede dar la espalda, y que a muchos recuerda la huida de 200 mil húngaros hacia Austria, tras ser invadido su país por la Unión Soviética.

De cara a buscar una solución, la presidencia del Consejo de la Unión Europea convocó para este 14 de septiembre una reunión extraordinaria de los ministros de Justicia e Interior de los 28 Estados miembros, resaltando que la situación migratoria “ha adquirido recientemente proporciones sin precedentes”.

Según la Frontex (Agencia Europea de Fronteras), unos 95 mil inmigrantes fueron rescatados entre enero y julio de 2015 por la Operación Tritón en el Mediterráneo central, y otros 340 mil llegaron a la Unión Europea, aproximadamente el triple que en el mismo periodo de 2014. Hace pocos días, el Gobierno de Hungría participó que finalizaría la construcción de una valla en los límites con Serbia, para intentar contener el descontrolado ingreso de migrantes.

Todo el planeta debe participar en el auxilio y alivio de estas personas sometidas a una situación límite y expuestas a peligros de tortura, trato de seres humanos y muerte. Pero también toca evaluar por qué tal cantidad de personas llegó a semejantes situaciones.


No podemos ser indiferentes al infortunio de pueblos enteros y, aunque la solución a tantos conflictos escape de las manos de los países más afortunados, hay que trabajar tenazmente en esa dirección para atajar el sufrimiento de tanta gente y luchar por garantizarles un futuro de dignidad. Como el aleteo de la mariposa, el bien o el mal de ellos, repercutirá en nosotros.

domingo, 26 de julio de 2015

“Ni lo básico”

David Uzcátegui
Secretario Nacional de Asuntos Municipales Primero Justicia
@DavidUzcategui

Entre las noticias más destacadas de nuestro país en esta semana, llamó la atención de muchos el aumento de la canasta básica familiar en el último mes, un incremento calificado como histórico, al haberse elevado en 26,5%. Esto coloca el costo de la canasta básica para el recién finalizado mes de junio en 54.204,69 bolívares.

Se entiende como canasta básica el conjunto de bienes y servicios esenciales para satisfacer las necesidades elementales para el bienestar de todos los miembros de la familia: alimentación, vestuario, vivienda, mobiliario, salud, transporte, recreación y cultura, educación y bienes y servicios diversos.

La comprensión de los asuntos macroeconómicos escapa a muchos venezolanos; y otros tantos simplemente no están interesados en ello. Pero cuando las distorsiones de la economía se comienzan a introducir en el bolsillo de todos, comienzan las preguntas: ¿por qué se disparan los precios? ¿Por qué se hace cada vez más difícil cubrir las necesidades básicas?

Las matemáticas están claras: una familia, en la que solo trabaje una persona con un empleo formal, y que gane salario mínimo de 7 mil 400 bolívares, está muy lejos de alcanzar los ocho salarios mínimos necesarios para cubrir la canasta básica familiar.

Desde hace bastante tiempo hemos manifestado con preocupación extrema lo que consideramos el rumbo errado del manejo de la economía de nuestro país. Y es que una acción inconveniente trae inevitablemente consecuencias. Lo que estamos vendo hoy es el resultado de una suma de decisiones equivocadas en la administración de Venezuela.

Estamos bajando –en aterrizaje forzoso- de la nube en la cual los altos precios petroleros montaron al país. No hay que  conocer demasiado del tema para saber que dichos precios son volubles y nuestra historia en el último siglo ha estado sometida a esos vaivenes.

Hace poco se cumplieron 79 años del famoso editorial del fallecido intelectual venezolano Arturo Uslar Pietri titulado “Sembrar el petróleo”, el cual hemos citado varias veces, ya que ha sido por demás desoído. Aquel histórico texto nos invita a tomar el ingreso petrolero para hacer inversión sustentable en nuestro país, cosa de que los tiempos de las “vacas flacas” nos tomen con una economía diversificada y ahorros bajo el colchón. De esta manera, el ingreso petrolero, sea alto o bajo, estaría al servicio el país.

A casi ocho décadas de aquellos postulados, ningún gobierno ha tomado en cuenta las recomendaciones de Uslar, ni de otros tantos conocedores de las variables económicas y de los vericuetos del asunto petrolero.

Volviendo al momento actual, estamos pagando el error de haber aplastado la producción nacional con abundantes importaciones, que terminaron por dejar sin mercado al inversionista venezolano, que no podía competir con ellas.

Lamentablemente, la administración actual también ha criminalizado al productor privado con anacrónicos argumentos ideológicos ya superados en casi todo el mundo, y aún en medio de la situación inflacionaria y de escasez que confrontamos, mantiene un tono retador en lugar de aceptar las invitaciones al entendimiento y al trabajo conjunto.

En síntesis, de estos errores pensamos que parte la situación que pone hoy la canasta básica en un aumento con respecto al mes de mayo de 11.357,78 bolívares. La variación anualizada, si comparamos los períodos junio 2014-junio 2015, es 163,6%, al alza.

Es un escenario que nos habla de la necesidad de una urgente rectificación de la política económica, en la cual el gobierno debe aceptar que el drástico bajón de los precios del petróleo no nos permite seguir ostentando una economía netamente importadora y que los venezolanos debemos resolver fronteras adentro la crisis en la que nos metimos nosotros mismos.

También es crucial en el oscuro panorama que confrontamos, el ya obsoleto control de cambio, que obstaculiza con burocracia la obtención de divisas para cualquier necesidad, incluida la de alimentación. Trámite que no sería necesario si de verdad pudiéramos ostentar una soberanía alimentaria y produjéramos en nuestra tierra el sustento.

Hay que sentarse a hablar ya con el venezolano productivo, conocer de su propia boca cuáles son los obstáculos a la realización de su tarea,  escuchar a quienes de verdad saben producir en nuestra tierra y desandar con humildad un camino lleno de errores.


La inacción se prolonga y con ello se agravan los problemas. Producción nacional y diálogo entre los sectores sociales son las tareas más urgentes y ambas deberán ser asumidas más temprano que tarde. El problema está en que, mientras más tarde se inicien, más daño se le habrá hecho a la gente, que es quien al final paga con su calidad de vida la inacción y las acciones erradas.

lunes, 7 de julio de 2014

La lucha es por el país…

Hace poco un pequeño productor de plátano de nuestro Barlovento, con quien tuve el privilegio de intercambiar algunas reflexiones, me decía que el país está sentado sobre una bomba de tiempo pronta a estallar si dejamos de trabajar y luchar por cambiar el modelo que tanto daño le ha hecho no solo a los emprendedores como él, sino a todos los venezolanos.

Insistía en lo insostenible de la situación. No hay ventana por donde uno meta la cabeza y no vea corrupción, repetía una y otra vez. La corrupción se ha adueñado del país. Y es precisamente esa corrupción la que explica la delincuencia desbordada que hay en nuestra Venezuela.

La delincuencia que hay en las altas esferas del poder, no permite acabar con la delincuencia que hay en el resto del país. Bien claro lo tenía este mirandino cuando me dijo que se predica es con el ejemplo, que la estructura de una familia, sociedad o país es como una pirámide. Si en la punta de esta hay honestidad, en su base la habrá también.


Pero cuando arriba hay descomposición, corrupción y se premian los antivalores, la ética de la base de esa pirámide también se ve comprometida y eso es justamente lo que está ocurriendo en nuestro país. Hoy vemos a un gobierno que, para mantenerse, premia al funcionario deshonesto. Vemos cómo el Sistema de Justicia no castiga a quienes han robado al país, los recursos que necesitamos para trabajar el campo, activar la manufactura y potenciar la economía.

Tanta impunidad es la responsable de que el gen de la corrupción se haya enquistado en un modelo que a todas luces fracasó. En sus manos tuvieron la responsabilidad histórica de echar a andar este país con la lluvia de dólares producto de la renta petrolera. El manejo discrecional e inescrupuloso de esos millones y millones de dólares, solo sirvió para que ese grupito de enchufados hiciera impresionantes fortunas, forjadas a la sombra del gobierno y de su conexión con él.

Vemos a otros utilizar la política para hacer grandes negocios y beneficiarse, cuando la política es sacrificio y compromiso. Nunca dejaré de decir que la política es para servir y eso lo hemos demostrado en Miranda.

Si hay algo que digo con propiedad, porque además tengo la moral para hacerlo, como se lo digo siempre a nuestro pueblo mirándolo a los ojos, es que en Miranda los recursos no terminan en el bolsillo de los enchufados, ni en la cuenta bancaria de un contratista, son para dar soluciones a las comunidades, con quienes establecemos las prioridades.

Aquí sí rendimos cuentas y no solo rendimos cuentas, sino creemos que el único camino para abrir las puertas al futuro y al progreso es apoyando y tendiéndole la mano a los pequeños emprendedores, como este barloventeño, para que no dependen del gobierno de turno y nadie pueda chantajearlos.

Hubo algunos que, con la bonanza petrolera de los últimos 15 años, se atrevieron a predecir que finalmente alcanzaríamos el anhelado sueño de convertirnos en un país desarrollado, próspero, con oportunidades para todos por igual y progreso. Pero nada más lejos de ese sueño.

Hoy nuestro pueblo ve con tristeza cómo 203 años después de ese 5 de julio de 1811, en el que en un acto, meramente civilista, fue firmada el Acta de nuestra Independencia, nuestra Venezuela es más dependiente y está más endeudada que nunca, no solo por el modelo económico, sino también por esa red de corrupción que ha malversado y desviado los recursos que debieron utilizarse para construir progreso.

El progreso y el desarrollo no se compran, como pretenden comprarlos quienes están en el gobierno. Ellos han utilizado el petróleo no solo para intentar comprar conciencias y lealtades, sino que creen que invirtiendo X barriles o destinando tantos millones de dólares para adquirir maquinarias, pueden conseguir industrialización y desarrollo social.  Pero no es así. Si no se construyen carreteras, si no apoyan a los trabajadores del campo, si no se invierte en tecnología agrícola y se dejan de expropiar tierras y empleos, no  habrá desarrollo y por consiguiente independencia.

Este modelo fracasó. Recordemos cómo se gastaron millones para adueñarse de las cementeras y no hay cemento. Cómo desviaron recursos para adquirir Agroisleña y no hay fertilizantes. Expropiaron miles de hectáreas de tierras productivas y no hay arroz, maíz y café. Se apoderaron del Sistema Eléctrico nacional, cuando antes exportábamos electricidad a países hermanos, y ahora ni siquiera es posible cubrir la demanda interna.

Un país no se desarrolla importando todo lo que necesitamos a realazo limpio, un país progresa y logra la independencia invirtiendo y haciendo todo lo necesario para producir bienes, productos y servicios Hechos en Venezuela. ¿Cómo se logra eso? Pues invirtiendo los recursos de la renta petrolera para desarrollar la tecnología, el turismo, la agricultura, la manufactura y capacitar a nuestro recurso humano.

Si se deja de malbaratar nuestro patrimonio y tenemos un nuevo gobierno, que junto a los 30 millones de venezolanos, rehaga el camino y comience a proyectar a futuro, lograremos la verdadera independencia.

En las manos de cada uno de nosotros está hacer posible la construcción de esta Venezuela honesta, próspera e independiente. Debemos entender, de una vez por todas, que la lucha es por el país y no por intereses personales, que la lucha es para garantizarle no solo a la clase media su trabajo y calidad de vida, sino para rescatar a ese 80% de venezolanos que vive en situación de pobreza y convertirlo en una poderosa clase media.

Ese es el camino, hacer de nuestra Venezuela un país donde la mayoría sea de clase media, una clase media que multiplica las oportunidades, que ayuda en la generación de empleos productivos y trabaja en equipo con el Estado para llevar verdaderamente al país a cero pobreza. ¿Podremos lograrlo? no dudo que sí, uniéndonos y dejando a un lado tanto prejuicio alimentado durante años. Depende de todos. Todos somos todos. 

 ¡Qué Dios bendiga a nuestra Venezuela!

lunes, 19 de mayo de 2014

"Sobran razones para unirnos"

Los venezolanos no dejamos de ver con asombro e indignación cómo mientras nuestro pueblo todos los días pasa trabajo, con la inflación y escasez batiendo récord, la criminalidad actuando impunemente y con expectativas que no se cumplen, el gobierno gasta millones, que deberían utilizarse para dar solución a cientos de problemas, en una campaña propagandística para intentar detener lo inevitable: la caída de popularidad de un gobierno que por donde se mire colapsó.

Hagan lo que hagan no lograrán contener el descontento producto del modelo fracasado. Todas las acciones que toman son contrarias a la expectativa de los venezolanos. Todos los días, por donde metamos la cabeza, nuestra Venezuela amanece con nuevos problemas y otros que se acentúan.

Hoy 80% de los venezolanos están insatisfechos por esa cadena de errores y desaciertos de quienes gobiernan en nuestra Venezuela, pero esto no quiere decir que ese pueblo automáticamente respalde otra opción. Y esa realidad, todos deberíamos tenerla clara, por mucho que nos moleste. A la gente hay que contarle la película completa y decir la verdad completa, aunque a veces suene antipática, pero mejor hablar con la verdad y no como hace este gobierno que habla desde la mentira.

El gran reto para quienes adversamos este modelo es precisamente organizar, articular y canalizar esa insatisfacción en los barrios, caseríos y en todos los sectores populares. Decirle a nuestro pueblo no solo con palabras sino con hechos que sí es posible construir juntos un país de oportunidades y progreso para todos.
Esa precisamente ha sido nuestra labor en Miranda, donde el único requisito para atender al pueblo es tener la necesidad. En el estado que nosotros gobernamos la política partidista está fuera de las instituciones y de las ayudas que damos, porque todos entendemos el sentido que debe tener el servicio público para lograr resultados y no jugamos con las necesidades de nuestro pueblo para chantajearlo. Buscamos el progreso de todos para que no dependan más nunca del gobierno de turno.

Frente a la situación que hoy vivimos en nuestro país urgen dos acciones: reunificarnos, porque los ataques entre quienes queremos un cambio, lejos de cooperar, ayudan es al gobierno. Todos queremos lo mismo, tener una Venezuela de oportunidades y progreso, y aunque haya diferentes planteamientos, al final todos perseguimos un mismo camino. Por otro lado, debemos conectarnos con los problemas más importantes, unirnos y organizarnos para reclamarles a los responsables de esta crítica situación, las soluciones que nos permitan avanzar como venezolanos y además lograr que muchos que no saben puedan estar claros de quién es el verdadero responsable del caos que vivimos.

Queremos insistir en que la crisis social, política y económica de nuestra Venezuela no la resolvemos enfrentándonos pueblo contra pueblo. La lucha no es entre venezolanos sino contra un grupito que quiere que todos estemos a su servicio y que tiene secuestradas las instituciones para mantenerse en el poder.

Este gobierno tiene que entender que la crisis no se resuelve con muertos, heridos, torturados, detenciones y estudiantes presos, muchos de ellos menores de edad. Tampoco dejando que el gobierno imponga su agenda y terminemos enfrentándonos con otros. Este gobierno ha demostrado, en reiteradas ocasiones, que no le importa la vida de los venezolanos, lo único que le importa es el poder y por eso apelan a cualquier artificio para intentar oxigenarse, pero nada de eso frena la gravedad que hoy los venezolanos viven en la calle.

La violencia, ataques y enfrentamientos entre venezolanos ayudan es al gobierno. A ellos tampoco les importa arrastrar y hundir en su desastre y caos a las instituciones, incluyendo a nuestra FANB, a cuyos miembros ordena reprimir, violentando los derechos humanos y además criminalizando a quienes, en su legítimo derecho, se encuentran en la calle protestando en contra de la inseguridad, el alto costo de la vida y reclamando un futuro mejor.

Si bien no podemos meter en el mismo saco a todos los militares, jueces y fiscales, porque en nuestra Venezuela hay muchos funcionarios honestos y apegados a la Constitución, queremos recordarles a quienes actúan al margen de la ley, que todos los abusos y atropellos en contra de nuestro pueblo, más temprano que tarde se pagan.

Hoy, lamentablemente, quienes están al frente de esas instituciones derrochan eficiencia para perseguir y encarcelar estudiantes, mientras la delincuencia hace de las suyas bajo la sombra y complicidad de esos funcionarios. Sería bueno que le explicaran al país, dónde están hoy los responsables de los 160 casos de tortura que reposan en Fiscalía, aunque extraoficialmente se habla de al menos 500 casos, amén de las violaciones de derechos humanos a cientos de jóvenes que han sido detenidos en las calles de Venezuela.

Así funciona la Fiscalía y todo el Sistema de Justicia en nuestra Venezuela, aquí asesinan a 50 personas en un día y no mueven ni un dedo, pero basta que sea un hecho político o que el gobierno se sienta amenazado, para que rápidamente salgan a actuar en la madrugada y en tiempo record, como lo hacen contra los estudiantes, quienes paradójicamente están en la calle pidiendo justicia; pero no vemos la misma rapidez y eficiencia en contra de quienes cometen graves delitos.

Quebraron la justicia, quebraron el país, pero jamás podrán quebrar la esperanza de millones de venezolanos que buscamos algo mejor. No les quede ninguna duda de que vendrán mejores tiempos. Nuestra Venezuela está destinada a ser un país de progreso y a eso es precisamente a lo que le tienen miedo los del gobierno. Por eso no dan una muestra concreta de querer dialogar.

Les aterra la democratización del poder parlamentario, el equilibrio en el Consejo Nacional Electoral, que devuelva a la gente la confianza. Les aterra la instauración de un Tribunal Supremo de Justicia apegado a la Constitución, un Ministerio Público en el que los fiscales sean designados por concurso y una Defensoría del Pueblo que funcione.

Estas y muchas otras son las razones que sobran para que nos unamos como venezolanos. Las voces de los estudiantes que hoy están en las calles reclamando sus derechos se unen a las voces de los millones de venezolanos que claman por tener acceso a los servicios básicos en sus comunidades, o a los millones que claman por un sistema de salud que funcione, o a las millones de madres que rezan todas las noches para que sus hijos lleguen sanos y salvos a casa.

A todas estas voces les reiteró nuestro respaldo, apoyo y respeto. Mientras Venezuela esté llena de problemas, tienen todo el derecho de exigir y alcanzar un cambio. Solo les pido que no pisen el peine de la violencia que pone todos los días el gobierno. 

¡Que Dios bendiga a nuestra Venezuela!

lunes, 14 de abril de 2014

Tiene que haber cambio

Hasta en las guerras, hay una pausa para dialogar. En la Venezuela actual tiene que haber una oportunidad para ello. Dialogar no significa claudicar las ideas, pero sí encontrar un camino que permita encontrarnos y reconocernos con quienes no piensan como nosotros. Con un solo objetivo: erradicar para siempre la violencia e intolerancia de la vida de los venezolanos, para crear condiciones económicas y sociales, que permitan a nuestro pueblo avanzar tranquilamente hacia el progreso y el futuro.

Con esa firme creencia asistimos esta semana a Miraflores, para sentarnos a hablar con quienes están en el gobierno, teniendo como testigos a los Cancilleres de Ecuador, Brasil y Colombia y al Nuncio Apostólico en nuestro país, Monseñor Aldo Giordano, porque sabemos, tal como lo creían Mahatma Gandhi, Martin Luther King y Nelson Mandela, que el diálogo es la principal herramienta de los movimientos que quieren justicia y que se niegan a utilizar como método la violencia.

Nuestro pueblo tuvo por primera vez en 15 años la oportunidad de escuchar, en cadena nacional de radio y televisión, otras voces. De contrastar entre dos modelos. Uno que se defiende a sí mismos y sus intereses, y el nuestro que habla de defender los intereses y la unión del pueblo. 

Venezuela es un país con más futuro que presente, aunque este gobierno insista en un discurso trasnochado y anclado en el pasado, con el que buscan dividir y no la solución de los problemas de los venezolanos. Nosotros insistiremos en temas tan sensibles como la inseguridad, escasez, alto costo de la vida y la crisis hospitalaria.

Nuestra obligación y responsabilidad será siempre ser la voz de todos a quienes hoy el gobierno les da la espalda. Ser la voz de los más pobres, quienes al final son los más afectados porque la Canasta Alimentaria está en 10 mil bolívares y el sueldo mínimo apenas llega a los 3 mil 300 bolívares. El valor de nuestra moneda (el bolívar que llamaron fuerte) se desplomó después de múltiples devaluaciones, pese a que prometieron no devaluar. Importamos más del 80% de lo que consumimos. Este gobierno todos los días hace más pobres a los pobres.

Si hay algún derecho que viola este gobierno, es el derecho a la alimentación. Hoy en Venezuela hacer el mercado es una odisea. Marcan en el brazo a los venezolanos, como si fueran animales, y tienen que hacer hasta 6 horas de cola para poder comprar alimentos, que cuando los consiguen cuesta hasta 4 veces más. La escasez cerró en marzo en 31% y los precios de los alimentos, según cifras oficiales, subieron 75% en los últimos 12 meses y en la práctica es aún peor. El modelo económico que está en la Constitución no se parece en nada al modelo que este gobierno está aplicando al país.

Nuestra Venezuela está muy mal, vivimos una situación sumamente crítica. A la crisis económica se le suma la crisis política y queremos que se resuelva la crisis, porque si esta situación se sigue agravando puede desencadenar en lo que no queremos. No queremos golpe de Estado ni estallido social. En nuestra Venezuela es urgente que los extremos rompan con el espiral de violencia. Nuestra misma Historia de Venezuela nos recuerda que en los momentos más difíciles al final los que se enfrentan, terminan sentándose en una mesa dialogando.

Gandhi, Luther King y Mandela, al igual que nosotros, no creían en la Ley del Talión, la misma del ojo por ojo, porque sabían muy bien que ese camino solo lleva a la destrucción de ambas partes.

Los venezolanos somos gente de paz y tenemos que buscarla, alcanzarla, que nos permita construir un país de todos.

Hay otros antecedentes en América Latina que pueden ayudarnos en el proceso de diálogo, es el caso del proceso que se llevó a cabo en Guatemala y El Salvador. Nuestro continente aun recuerda el Acuerdo de Paz de Chapultepec que fue firmado en enero de 1992, entre el Gobierno de El Salvador y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), en México, que puso fin a 12 años de guerra civil en ese país centroamericano. Es bueno recordar que Venezuela desempeñó un papel importante en ese proceso de negociación.

Otro ejemplo es aquel discurso de Patricio Alwyn (con quien tuve la oportunidad de intercambiar ideas en nuestra visita a Chile) en el Estadio Nacional, el 12 de marzo de 1990, quien hablaba de la necesidad de restablecer el respeto y la convivencia entre los chilenos, cualquiera que fueran sus creencias, ideas o condición social, “sean civiles o militares”, palabras que le costaron el rechazo de la multitud presente. Sin embargo, Alwyn no se amilanó sino que espetó con más fuerza “sí señores civiles y militares, porque Chile es uno solo”, logrando la aceptación en el recinto. Alwyn y el pueblo chileno fueron capaces de construir la unidad de la familia de ese país, aceptando que la culpa de personas, no pueden comprometer a todos.

Tomó años para Venezuela para llegar a este punto, el camino es largo, pero está claro que dos mitades no hacen un país. Dialogar no significa claudicar las ideas, pero sí encontrar un camino para encontrarnos y reconocernos.

El diálogo debe comenzar con la liberación de los presos por motivos políticos, como Leopoldo López, Iván Simonovis, Enzo Scarano y Daniel Ceballos, y de todos los estudiantes detenidos; el regreso al país de los perseguidos por causas políticas; la restitución de la investidura de una de nuestras diputadas y el respeto a la función parlamentaria y al debate en el seno de la AN, que han sido vulneradas; el desarme de los paramilitares armados por el gobierno; detener toda censura de los medios; y comprometerse a respetar los derechos humanos de nuestro pueblo y, sobretodo, entender que la protesta pacífica es constitucional y que nuestros estudiantes así como todo el país tiene el derecho a expresarse. Hay miles de razones para protestar en nuestro país y el Gobierno no puede criminalizarlas.

Nicolás no puede seguir fabricando teorías de conspiración en la que anónimos intentan derrocarlo. Deben entender que esto cambia o el país revienta. La pelota está de su lado. Es su responsabilidad histórica poner fin a la violencia y la represión, y realizar los cambios para revitalizar la economía y respetar la Constitución y la democracia.

lunes, 7 de abril de 2014

El chantaje como política de Estado, por Henrique Capriles.

Sobre el chantaje es imposible construir una Venezuela de paz, progreso y oportunidades para todos por igual. No me cansaré de decirlo. Nadie, tenga el poder que tenga, tiene derecho a chantajear al pueblo, menos si se trata de las soluciones a sus problemas. Sin embargo, quienes hoy ocupan el gobierno, se han especializado en utilizar el chantaje como política de Estado, con el único fin de que los venezolanos estén a su servicio.

Cuando uno oye cosas como la dicha por quien ocupa el Ministerio de Educación, que el gobierno no quiere que los venezolanos salgan de la pobreza, porque se convierten en “escuálidos”, corrobora que a ellos lo único que les interesa es que nuestro pueblo siga dependiendo del Estado, para seguir chantajeándolos.

Pueden sentirse muy poderosos, pero el gobierno es profundamente débil, porque se sostiene sobre la base del chantaje, el miedo y el control institucional. Eso es lo que hacen siempre. Así actúan. Llevándose a todos por delante, pasando por encima de las leyes y pisoteando nuestra Constitución.

Esta semana, nuevamente apelando al chantaje, Nicolás dio la orden de paralizar todos los proyectos que fueron presentados por las mismas comunidades en el Ceplacopp y aprobados en Sesión por los miembros de este Consejo, entre quienes se encuentran alcaldes y diputados del partido de gobierno.

Los recursos para la ejecución de esas obras y programas sociales dependen del Fondo de Compensación Interterritorial (FCI) y Nicolás ordenó no transferirlos, convirtiéndonos en la única entidad del país que no ha recibido esos recursos. Ahora pretenden quitarle a nuestro estado Miranda esas obras, que muchas ya venimos ejecutando en la Gobernación. Y me pregunto yo: ¿es que acaso el gobierno va realmente a culminar unas obras que no les pertenecen? Si ni siquiera hemos visto que ejecuten proyectos propios en nuestro estado.

Buscan impedir a toda costa que la Gobernación cumpla las competencias que establece nuestra Carta Magna. Pero no se lo vamos a permitir. Sólo porque no asistí a una reunión del Consejo Federal de Gobierno (CFG) a lavarle la cara a Nicolás, quien pretendía hacer creer a lo interno y al mundo, que existe un proceso de diálogo. Pero todos sabemos que no es así. No hay nada más lejano al diálogo que todas las acciones de este gobierno, que debería explicarle a nuestro pueblo de Miranda en qué parte de nuestra Constitución dice que si yo no voy a una reunión del CFG, nuestro estado se queda sin recursos para sus obras y programas sociales. ¿En qué Ley dice eso?

Hablamos de la construcción de nuevas escuelas y la reparación de unas 63, además de la ejecución de otros proyectos concebidos para dar respuesta a las necesidades de los mirandinos. El mundo al revés. El gobierno de Nicolás es el único en el mundo con el que hay que pelear para dar soluciones al pueblo. Los venezolanos estamos cansados de la politiquería y el chantaje que se pretende imponer como política de Estado.

Bien lo decía una vecina del sector El Rodeo de Guatire, durante una asamblea popular que hicimos esta semana en nuestro municipio Zamora, que los recursos para las escuelas que estamos construyendo, no son de Nicolás, sino de los niños que asistirán a esos planteles y que no tienen color político. Pretenden paralizar esas escuelas y el resto de las obras por un pase de factura política.

Ahora tampoco quieren que les paguemos a nuestros trabajadores. Hasta el día que escribo estas líneas, no hemos recibido la segunda quincena de marzo del Situado Constitucional, afectando a 37 mil trabajadores. El salario de ellos es sagrado y así lo vamos a hacer respetar.

Hoy le decimos a los que están en el gobierno, les guste o no, nuestros trabajadores defenderán lo que por derecho les corresponde y los compromisos que hemos adquirido con los mirandinos los vamos a cumplir. Esos proyectos los vamos a ejecutar, porque esas obras no son mías, tampoco de Nicolás, sino de nuestro pueblo. A veces las luchas son largas, pero si se mantiene el propósito no habrá ningún obstáculo que las detenga.

No se equivoquen. No nos usarán para una comparsa o un show mediático, que es lo que ellos quieren. Miranda y Venezuela terminarán venciendo el chantaje.

Los venezolanos nos conocen, saben que servimos a nuestro pueblo, para dar respuestas a sus necesidades, no para ser un generador de caos como sí lo es este gobierno, que se niega a hablar sobre los verdaderos problemas del país y darles solución.

Nicolás no tiene la menor idea de cómo resolver la crisis social, política y económica. Tampoco ha demostrado interés. Realidad que se evidencia a diario. Cuánta indiferencia ante la inseguridad, el desabastecimiento, la crisis hospitalaria, la inflación y el desempleo. La única agenda que muestran al país es la del caos y la violencia para desviar la atención de los venezolanos sobre los verdaderos problemas que nos afectan a todos.

¿La razón? Ellos le tienen miedo al futuro. Tiemblan cuando piensan en una Venezuela de progreso para todos por igual, en la que todos podamos convivir unidos, con oportunidades, seguridad, empleo, educación, servicios públicos que funcionen y salud con calidad. Lo que para los venezolanos es un sueño, para quienes han mantenido la crisis y el chantaje por años, es una verdadera pesadilla.

Ahora es cuando tenemos que seguir luchando, el futuro bien vale la pena.

¡Que Dios bendiga a nuestra Venezuela!