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lunes, 12 de mayo de 2014

El “No Hay”

La verdad es como un salvavidas, por más que intenten hundirlo, siempre consigue la forma de salir a flote. Y eso es justamente lo que está ocurriendo hoy en nuestro país: están saliendo a flote todos los errores, los desaciertos y todas las mentiras, que han deteriorado la calidad de vida de nuestro pueblo, pese a la insistencia de algunos, de mostrar los “éxitos” de un modelo económico que a todas luces fracasó desde el mismo momento en que comenzaron a aplicarlo.

El socialismo del siglo XXI, como lo bautizaron, ofreció grandes promesas. La instauración del paraíso en la tierra, pero en la práctica ha sido y es un verdadero desastre. Un modelo en el que la propiedad de los medios de producción está solo en manos del Estado, en el que se expropian empresas, confiscan empleos y en el que se ve al esfuerzo privado como un enemigo, no puede ser exitoso.


A esta realidad debemos sumarle la enorme corrupción e incompetencia de quienes hoy están en el gobierno, que quedan evidenciadas en las Memorias y Cuentas de algunas empresas estadales. Quienes las dirigen no pudieron ocultar ni maquillar el fracaso al que fueron condenadas, por la aplicación de las políticas de un modelo errado, que también destruyó nuestro aparato productivo.

La crisis económica parece que llegó para instalarse en nuestra Venezuela, sin que veamos intención del gobierno de resolverla. Lejos de tomar las medidas para solventar la crisis, esta se enquista con el correr del tiempo. Las devaluaciones de nuestro bolívar, los problemas para obtener divisas, las trabas para importar, la escasez de materia prima y las expropiaciones, nos han llevado a que nuestra Venezuela hoy tenga la inflación más alta del mundo, al poco por no decir nulo crecimiento económico, a pesar de tener las reservas de petróleo más grande del planeta.
 
En el mundo ya existían ejemplos de lo que no se debe hacer en materia económica. El modelo de la Unión Soviética, de los años 70, en la que factores similares a los de nuestro país, contribuyeron a conformar una peculiar economía, caracterizada por la escasez, largas colas y corrupción, que llegaba a niveles en los que un trabajador, escondía algún producto de primera necesidad debajo del mostrador para dárselo a sus amigos, familiares o para protagonizar algún soborno.

Algunos modelos, como el que hoy dicen aplicar en nuestra Venezuela, no han podido resolver las dificultades de la oferta de bienes ni de la creación del capital fijo, porque son modelos profundamente centralizados, que anulan la iniciativa individual y la motivación del pueblo a progresar. Estos modelos no han funcionado adecuadamente en ninguna parte del mundo y su rotundo fracaso en la Unión Soviética fue un claro indicio de su incapacidad para cumplir con sus promesas.

Después de 15 años que debieron haber sido dorados, nuestra Venezuela es hoy más  pobre. Pero lo peor y más trágico es que quienes hoy sumergieron a nuestro país en una de las crisis económicas más dramáticas de nuestra historia, continúan mintiéndole a nuestro pueblo y creyéndose sus propias mentiras e ideas desfasadas.

Los del gobierno se jactan de que la pobreza y el desempleo disminuyeron en Venezuela. Que Venezuela es hoy una de las economías más prósperas del mundo. Pero cuando uno ve las cifras y observa cómo la inflación en los primeros tres meses de 2014 ya suma 10,1%; lo que significa que la inflación acumulada de los últimos 12 meses es de 59,4% y el precio del dólar en 2013 pasó de 4,30 a 6,30 bolívares, luego al Sicad y después al Sicad II; cuando uno ve que el BCV no publica datos de escasez desde enero de 2014, el cual fue de 28%, y lo normal para un país es de 5%; cuando uno ve que la producción del petróleo ha disminuido y hasta tenemos que importar gasolina; que las reservas internacionales siguen cayendo y han desaparecido más de 5 mil empresas; que somos el segundo país en riesgo para inversiones en América Latina y la empresas de Guayana están por el piso; yo me pregunto, sobre qué realidad sostienen esas afirmaciones.

Durante esta semana han anunciado, con bombos y platillos, una “ofensiva económica” con la que buscan “equilibrar” y “corregir” el desbalance de un modelo que fracasó y que por consiguiente no da para más. Somos los primeros interesados en apostar al éxito de esas medidas. Pero el gobierno debe hablarle con la verdad a los venezolanos.  Es hora de afrontar la dura realidad y asumir responsabilidades, pero lo más importante es tiempo de rectificar.

Es necesario reactivar los parques industriales, actualmente paralizados por la falta de materia prima, con la finalidad de reducir las importaciones e impulsar un plan de infraestructura nacional que estimule el empleo. Es preciso crear centros de producción según las fortalezas de cada región, promoviendo las inversiones que mejor aprovechen sus recursos. Es urgente revisar el estado de las tierras expropiadas y reactivar el campo venezolano. Es clave apoyar a nuestros pequeños y medianos emprendedores, sin importar cómo piensen, otorgando facilidades para acceder a créditos productivos e incentivos fiscales para las nuevas inversiones. Es ineludible el trabajo mancomunado entre el esfuerzo público y privado. Y no podemos olvidarnos de promover la capacitación de la fuerza trabajadora. Hay que invertir en la educación, solo con una educación de calidad se logran los cambios que nuestro país necesita.
 
En definitiva, la crisis económica en nuestro país se combate con mucha producción nacional. Nuestra Venezuela tiene todos los recursos naturales y el mejor recurso humano para ser la nación más productiva del mundo. Con una política económica, transparente, responsable y sostenible, que estimule la inversión, eleve el poder adquisitvo y genere empleos de calidad para todos por igual. Esa es la Venezuela de progreso que todos queremos, con la que soñamos y por la que seguiremos luchando.

Todos los venezolanos tenemos el derecho constitucional de protestar de manera pacífica y mientras exista este caos y tantos problemas sin respuesta por parte del gobierno, nuesto pueblo seguirá en las callles protestando, porque ninguna sentencia del TSJ puede estar por encima de nuestra Constitución.

¡Que Dios bendiga a nuestra Venezuela!

lunes, 14 de abril de 2014

Tiene que haber cambio

Hasta en las guerras, hay una pausa para dialogar. En la Venezuela actual tiene que haber una oportunidad para ello. Dialogar no significa claudicar las ideas, pero sí encontrar un camino que permita encontrarnos y reconocernos con quienes no piensan como nosotros. Con un solo objetivo: erradicar para siempre la violencia e intolerancia de la vida de los venezolanos, para crear condiciones económicas y sociales, que permitan a nuestro pueblo avanzar tranquilamente hacia el progreso y el futuro.

Con esa firme creencia asistimos esta semana a Miraflores, para sentarnos a hablar con quienes están en el gobierno, teniendo como testigos a los Cancilleres de Ecuador, Brasil y Colombia y al Nuncio Apostólico en nuestro país, Monseñor Aldo Giordano, porque sabemos, tal como lo creían Mahatma Gandhi, Martin Luther King y Nelson Mandela, que el diálogo es la principal herramienta de los movimientos que quieren justicia y que se niegan a utilizar como método la violencia.

Nuestro pueblo tuvo por primera vez en 15 años la oportunidad de escuchar, en cadena nacional de radio y televisión, otras voces. De contrastar entre dos modelos. Uno que se defiende a sí mismos y sus intereses, y el nuestro que habla de defender los intereses y la unión del pueblo. 

Venezuela es un país con más futuro que presente, aunque este gobierno insista en un discurso trasnochado y anclado en el pasado, con el que buscan dividir y no la solución de los problemas de los venezolanos. Nosotros insistiremos en temas tan sensibles como la inseguridad, escasez, alto costo de la vida y la crisis hospitalaria.

Nuestra obligación y responsabilidad será siempre ser la voz de todos a quienes hoy el gobierno les da la espalda. Ser la voz de los más pobres, quienes al final son los más afectados porque la Canasta Alimentaria está en 10 mil bolívares y el sueldo mínimo apenas llega a los 3 mil 300 bolívares. El valor de nuestra moneda (el bolívar que llamaron fuerte) se desplomó después de múltiples devaluaciones, pese a que prometieron no devaluar. Importamos más del 80% de lo que consumimos. Este gobierno todos los días hace más pobres a los pobres.

Si hay algún derecho que viola este gobierno, es el derecho a la alimentación. Hoy en Venezuela hacer el mercado es una odisea. Marcan en el brazo a los venezolanos, como si fueran animales, y tienen que hacer hasta 6 horas de cola para poder comprar alimentos, que cuando los consiguen cuesta hasta 4 veces más. La escasez cerró en marzo en 31% y los precios de los alimentos, según cifras oficiales, subieron 75% en los últimos 12 meses y en la práctica es aún peor. El modelo económico que está en la Constitución no se parece en nada al modelo que este gobierno está aplicando al país.

Nuestra Venezuela está muy mal, vivimos una situación sumamente crítica. A la crisis económica se le suma la crisis política y queremos que se resuelva la crisis, porque si esta situación se sigue agravando puede desencadenar en lo que no queremos. No queremos golpe de Estado ni estallido social. En nuestra Venezuela es urgente que los extremos rompan con el espiral de violencia. Nuestra misma Historia de Venezuela nos recuerda que en los momentos más difíciles al final los que se enfrentan, terminan sentándose en una mesa dialogando.

Gandhi, Luther King y Mandela, al igual que nosotros, no creían en la Ley del Talión, la misma del ojo por ojo, porque sabían muy bien que ese camino solo lleva a la destrucción de ambas partes.

Los venezolanos somos gente de paz y tenemos que buscarla, alcanzarla, que nos permita construir un país de todos.

Hay otros antecedentes en América Latina que pueden ayudarnos en el proceso de diálogo, es el caso del proceso que se llevó a cabo en Guatemala y El Salvador. Nuestro continente aun recuerda el Acuerdo de Paz de Chapultepec que fue firmado en enero de 1992, entre el Gobierno de El Salvador y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), en México, que puso fin a 12 años de guerra civil en ese país centroamericano. Es bueno recordar que Venezuela desempeñó un papel importante en ese proceso de negociación.

Otro ejemplo es aquel discurso de Patricio Alwyn (con quien tuve la oportunidad de intercambiar ideas en nuestra visita a Chile) en el Estadio Nacional, el 12 de marzo de 1990, quien hablaba de la necesidad de restablecer el respeto y la convivencia entre los chilenos, cualquiera que fueran sus creencias, ideas o condición social, “sean civiles o militares”, palabras que le costaron el rechazo de la multitud presente. Sin embargo, Alwyn no se amilanó sino que espetó con más fuerza “sí señores civiles y militares, porque Chile es uno solo”, logrando la aceptación en el recinto. Alwyn y el pueblo chileno fueron capaces de construir la unidad de la familia de ese país, aceptando que la culpa de personas, no pueden comprometer a todos.

Tomó años para Venezuela para llegar a este punto, el camino es largo, pero está claro que dos mitades no hacen un país. Dialogar no significa claudicar las ideas, pero sí encontrar un camino para encontrarnos y reconocernos.

El diálogo debe comenzar con la liberación de los presos por motivos políticos, como Leopoldo López, Iván Simonovis, Enzo Scarano y Daniel Ceballos, y de todos los estudiantes detenidos; el regreso al país de los perseguidos por causas políticas; la restitución de la investidura de una de nuestras diputadas y el respeto a la función parlamentaria y al debate en el seno de la AN, que han sido vulneradas; el desarme de los paramilitares armados por el gobierno; detener toda censura de los medios; y comprometerse a respetar los derechos humanos de nuestro pueblo y, sobretodo, entender que la protesta pacífica es constitucional y que nuestros estudiantes así como todo el país tiene el derecho a expresarse. Hay miles de razones para protestar en nuestro país y el Gobierno no puede criminalizarlas.

Nicolás no puede seguir fabricando teorías de conspiración en la que anónimos intentan derrocarlo. Deben entender que esto cambia o el país revienta. La pelota está de su lado. Es su responsabilidad histórica poner fin a la violencia y la represión, y realizar los cambios para revitalizar la economía y respetar la Constitución y la democracia.