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sábado, 7 de abril de 2018

“Vacacionar en Venezuela”

A propósito del más reciente asueto nacional, con motivo de la Semana Santa, mucha gente ha puesto sobre el tapete el hecho de que cada vez se hace más difícil aprovechar los días libres para conocer más nuestro país.

Se trata de una situación extremadamente lamentable, pues los venezolanos siempre hemos presumido, y no sin razón, de tener una de las naturalezas más generosas del continente.

Desde nuestro punto de vista, es particularmente triste que nos veamos limitados para mostrar a nuestros hijos y para disfrutar con ellos, una geografía que en el pasado recorrimos con tanta libertad.

El primero de los obstáculos sería sin duda, el económico. No necesitamos abundar en el escenario que transitan hoy la gran mayoría de familias venezolanas, donde evidentemente las prioridades a cubrir dejan en niveles de imposibilidad la recreación y el esparcimiento, merecidos por demás para los trabajadores y necesarios para niños, niñas y adolescentes en el marco de su desarrollo.

Sin embargo, en el caso de que pudiera haber una cierta disposición a entregarse durante los asuetos a conocer y disfrutar más del país, las adversidades que se enfrentan son tantas, que harían desistir al más optimista.

Mencionemos por ejemplo, el asunto de la electricidad. Sea por sabotaje, por reveses de la naturaleza o por falta de mantenimiento, la irregularidad en el suministro eléctrico es algo democráticamente repartido en todo el territorio nacional, con las consecuencias por demás conocidas.

Sabemos que nos atenemos a fallas en la iluminación de las vías y de las ciudades, a que no encontremos aire acondicionado en el lugar a donde nos dirijamos, a que servicios como la comida o las comunicaciones fallen. Y obviar esto es imposible, si nos disponemos a viajar. Especialmente porque sabemos que lo sufrimos en nuestra vida cotidiana y que no vamos a poder alejarnos de ello en nuestras vacaciones.

Adicionalmente, el asunto del transporte tampoco la pone fácil. El carro propio se piensa dos veces para usarlo, porque las refacciones no andan precisamente abundantes o económicas. Y por estas mismas causas, cualquier clase de transporte colectivo tampoco se cuenta entre los más fáciles.

Todo esto conforma un cuadro muy lamentable, ya no solamente por lo que nos perdemos quienes quisiéramos viajar por nuestra tierra y sabemos que tal propósito constituye una guerra de obstáculos, sino también porque teníamos una tradición turística que está desapareciendo.

Venezuela siempre ha tenido los activos naturales necesarios para ser una potencia turística, sin embargo, no hay un plan para aprovecharlos. En este sentido, la iniciativa particular, materializada en alternativas como pensiones, posadas, servicios de transporte o lugares para comer, había conseguido convertirse en una fuente de sustento para muchas familias en todo nuestro territorio.

Sin embargo, con la mengua del flujo de viajeros, muchos han desistido de estos negocios, otrora lucrativos. Unos cuantos se han dedicado a ver de qué manera se buscan la vida, mientras otros más han emprendido la aventura en otras latitudes.

No solamente nos perdemos de las famosas bellezas naturales de nuestro territorio, sino también de la hospitalidad de su gente, y se desvanece para colmo lo que podría ser una industria de referencia mundial, un ingreso alternativo para nuestra economía y una actividad que posicionara en lo más elevado el nombre de Venezuela en el mundo.

Porque otra realidad que torpedea a la posibilidad de hacer prosperar nuestro turismo es la desaparición de nuestro país de los mapas de numerosas rutas aéreas internacionales.

Es sumamente lamentable el desacuerdo que quienes hoy gobiernan mantuvieron con la aviación proveniente del exterior, que llevó a muchas de sus aerolíneas a dejar de tocar tierra venezolana, mientras las escasas que permanecen lo hacen con una frecuencia mínima.

Nos hemos perdido también del orgullo de esos visitantes extranjeros contemplando boquiabiertos las bendiciones que caracterizan a la venezolanidad.

Digamos como el Premio Nobel de la Paz, Martin Luther King: Yo tengo un sueño. Y es que a la belleza natural se sume la infraestructura, que bien puede salir de la riqueza petrolera, de una riqueza que se invierta sabiamente para generar otras industrias.

Que a la bondad y la hospitalidad del venezolano se agregue la formación, porque las grandes potencias turísticas del planeta se levantan sobre la atención y el servicio que los locales brindan a los visitantes.

Terca como es, Venezuela está allí, esperando tiempos mejores para poder brillar con todo lo que siempre ha tenido y seguirá teniendo. Sin embargo, esperamos ver esos tiempos mejores más pronto que tarde. En el turismo, Venezuela también está condenada al éxito.

David Uzcátegui
Twitter: @DavidUzcategui
Instagram: @DUzcategui

viernes, 11 de agosto de 2017

“Soluciones”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

Los venezolanos amanecemos con el país más dividido que nunca. Con una Asamblea Nacional Constituyente realizada de una manera distinta a la establecida en la Carta Magna vigente, y que no tiene nada que ver con la que se celebrara en 1999, que es la referencia jurídica para cualquier otra iniciativa similar.

Nuestro parlamento, electo masivamente en los comicios de diciembre de 2015, ha sido desplazado y se intenta minimizar su capacidad de acción.

Igualmente, se emprenden acciones legales contra alcaldes electos democráticamente y se sigue buscando reducir por cualquier método cada eco de disidencia, de pensar distinto.

En medio de este escenario, nos preguntamos: ¿Piensa hacer algo la Asamblea Nacional Constituyente por el bienestar de los venezolanos?

Porque, en medio de la diatriba que nos ha consumido en las últimas semanas, los precios siguen disparados, y la calidad de vida se hace sal y agua. El empleo no se recupera, la economía se mueve en cámara lenta, no se visualiza una solución a la situación de las medicinas y los pañitos calientes inventados desde el poder Ejecutivo están muy lejos de ser suficientes.

La confrontación, la descalificación al contrario, el insistir en montar dos Venezuelas paralelas, espantan la confianza de los actores económicos nacionales e internacionales.

Dentro de lo poco que hemos podido ver y escuchar en las escasas sesiones del cuestionado cuerpo legislativo, no hay novedad alguna respecto a sintonizar con las urgencias nacionales.

Hasta el momento, priva el discurso ideológico y político; con términos y frases escuchadas una y mil veces durante los casi veinte años que el oficialismo acumula en el poder, cuatro períodos presidenciales, si recordamos cuando estos duraban cinco años.

Imperialismo, oligarquía, guerra. Palabras que se han pronunciado hasta el cansancio y que nada solucionan mientras nos deslizamos por la pendiente de la tragedia colectiva.

Las acusaciones a las potencias extranjeras tampoco faltaron, así como falsas invocaciones a la verdad y la paz.

Propuestas sobre qué hacer con la economía nacional, brillan por su ausencia. No hay por el horizonte promesa alguna de diversificar la economía, de devolver a la industria petrolera nacional su brillo, mientras se preparan cuadros humanos calificados en sectores como la agricultura y el turismo, por nombrar solamente dos de las fuerzas potenciales de Venezuela.

Tampoco hay acercamiento alguno del gobierno con los sectores productivos privados, que han sido puestos al margen desde hace años, gracias a la perniciosa combinación de los elevados precios petroleros –que ya desaparecieron- con la soberbia que inyectaron postulados ideológicos anacrónicos y que ya se encuentran fuera de consideración en el resto del planeta.

En paralelo, se insiste en el encompinchamiento con países que puedan tener alguna afinidad ideológica, pero que no son los más prósperos ni tienen mayores aportes que hacer en cuanto a tecnología y conocimientos, el equivalente a lanzarnos en una piscina con una roca amarrada a los pies.

La realidad de la Venezuela de hoy es muy distinta a la de hace una década, y la prepotencia escudada en la bonanza de PDVSA, está totalmente caduca.

Esto, sin tener en cuenta que ni siquiera sabemos qué terreno pisamos en este aspecto, ya que el seguimiento de los indicadores económicos por parte de los entes oficiales responsables del asunto, se ha convertido en un hecho irregular de un tiempo para acá, impidiendo tanto al gobierno como a los particulares una planificación adecuada de sus actividades en el área.

¿Dónde está la educación? Pero la educación verdadera, no la ideologización. La creación de venezolanos críticos y autónomos, con criterio para opinar, para discernir, para aportar ideas y propuestas que nos hagan un mejor país.

En el grueso listado de problemas que confronta la Venezuela actual para ser viable, se encuentra el hecho de que la economía de un país no obedece a órdenes ni a decretos. Es un arte y una ciencia que se debe manejar con ingenio, sensatez y sensibilidad, no a dedazos ni mucho menos a gritos.

¿Se habrá planteado esta peculiar ANC restablecer la disciplina fiscal, el orden en el gasto público, el control del endeudamiento? Porque fueron aquellos vientos los causantes de estas tempestades.

Nada de esto se logra con partidarios sumisos, que tomen como santa palabra la voluntad emanada desde las alturas del poder.

Lamentablemente parece que esta ANC, impuesta tan a contrapelo, no trae más que la retórica que ya nos sabemos de memoria y que no solamente no ha podido solucionar nada en años y más años de ser repetida, sino que ha acompañado, como música de fondo, al deterioro nacional que todos sentimos en las calles y en nuestras casas.

viernes, 4 de agosto de 2017

“Dos Venezuelas”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

La realización de elecciones para elegir los miembros de una Asamblea Nacional Constituyente, según los parámetros establecidos por el gobierno para la misma, no solamente está demasiado lejos de solucionar los numerosos y complejos problemas que agobian a la Venezuela actual. Muy por el contrario, los agrava y para colmo agrega otros nuevos y bastantes más inquietantes.

El primero de ellos es la profundización de la división nacional.

Un país exhausto y sin recursos, que se acerca a las dos décadas de una confrontación que no solamente no ha podido solucionarse, sino que además se agudiza exponencialmente con el paso de los días, no solamente no encuentra solución en este hecho, sino que amanece más fracturado al día siguiente.

Al menos, sí existe algo rescatable de esta desafortunada e inoportuna convocatoria a una ANC: se reconoce que la situación adversa es estructural y de fondo.

Porque el hecho de llamar a un instrumento que pretende refundar la República, es el equivalente a admitir que los problemas son tan numerosos como complicados, que desbordan incluso al contrato social actualmente vigente.

Como lo dijéramos tiempo atrás, la iniciativa oficialista de llamar a una Constituyente, es el último as bajo la manga que se puede sacar una administración que no ha atinado a solucionar nada.

Sin embargo, hay que precisar. una Constituyente no soluciona la intrincada situación actual, y las soluciones no tienen en modo alguno por qué pasar por una ANC.

Muy por el contrario, este instrumento, impuesto a contrapelo de la voluntad de las mayorías, puede ser profundamente contraproducente y lanzarnos hacia niveles mucho más complejos de los problemas que hoy padecemos.

No es necesario cambiar de Constitución para solucionar la tragedia nacional. Incluso, ni siquiera sería necesario cambiar de gobierno. Lo es, sí, cambiar urgente y radicalmente de actitud, de forma de gobernar y de administrar.

Sin embargo, la profundización de los errores que hemos visto durante los últimos años, nos hace entender que solamente aumentamos la velocidad a la que transitamos un camino totalmente errado.

Las naciones que con más frecuencia cambian su texto constitucional suelen ser las más inestables y conflictivas; mientras, por su parte, los países que se orientan más hacia el progreso y el desarrollo, suelen tener cartas magnas de muy larga data.

Otra cosa que resulta curioso es que este cambio constitucional sea impuesto por el mismo proyecto político que impulsó la Constitución vigente, algo que no tiene mucho sentido, ya que este tipo de situaciones suceden ante golpes radicales de timón. ¿Por qué se quiere cambiar la actual?

Las respuestas están allí, en la que data de 1999. Si se leyera, y, sobre todo, si se respetara y se pusiera en práctica, saldríamos de muchos de los problemas que nos aquejan hoy.

La voluntad política de parte del gobierno se podría demostrar, por ejemplo, al tomar en cuenta el evento electoral del pasado 16 de julio, organizado y ejecutado impecablemente por la ciudadanía, tras la reiterada negativa del organismo electoral en cuanto a convocar las citas comiciales que por derecho correspondían, como lo es el caso del referendo revocatorio presidencial de 2016 y las postergadas elecciones regionales.

En la mencionada consulta popular, una cantidad enorme de venezolanos habló contundentemente, pero ha sido invisibilizada y descalificada por quienes hoy mandan.

El gobierno, por su parte, convoca a otra cita electoral sin las bases adecuadas, lo cual ha sido sobradamente discutido tanto en Venezuela como fuera de nuestras fronteras. Y de esta manera, se profundiza el desencuentro entre las dos visiones de país que prevalecen y que, al momento de hoy, no consiguen punto de encuentro, agravando los males que al día de hoy arrastramos.

Dudamos muy seriamente que la profundización de la forma de gobernar que nos ha traído hasta aquí, nos vaya a sacar de la más compleja situación de la historia republicana. Estamos seguros de que ni “la mejor Constitución del mundo” podrá solucionar nada si no existe la voluntad política para hacerlo. Mucho menos lo hará un nuevo texto constitucional que, a diferencia del vigente en la actualidad, no ha cumplido con los supuestos para fundarlo sobre bases sólidas.

Y para colmo, se reafirma la voluntad de pasar por encima de la Venezuela democrática, al pretender desplazar de su espacio natural a la Asamblea Nacional, electa en comicios regulares y transparentes.
Desde las alturas del poder se niegan a escuchar. No solamente no se soluciona nada, sino que se profundiza nuestra desgracia. Nos dirigimos a continuar una confrontación que solamente trae miseria y dolor. Este no es el camino para reunificar a Venezuela y conducirla hacia su bienestar.

jueves, 12 de enero de 2017

“Irresponsabilidad política”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

La reciente decisión de la Asamblea Nacional de declarar la responsabilidad política con posible abandono del cargo por parte del actual presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, no ha dejado de ser sorpresiva e inesperada.

Después de tener exactamente un año de actuaciones, el cuerpo de diputados elegido en diciembre de 2015, sorprendió con esta acción a principios de un nuevo año; a pesar de haber sido acosado y arrinconado en numerosas oportunidades durante su desempeño por parte de otros poderes.

Los parlamentarios de la alternativa democrática venezolana decidieron pues, esta ruta como una de las posibles vías hacia una salida al caos institucional que devora a Venezuela. Son nuestros representantes, están haciendo un trabajo tan duro como delicado y nos corresponde apoyarlos y confiar: especialmente en tanto y en cuanto su legitimidad parte de nuestro voto.

Sin embargo, hay quienes cuestionan -y hay que escucharlos- que esta figura quizá no sea la más acertada. A ellos nos vamos a dirigir hoy. Y por supuesto, hablamos de quienes lo hacen desde nuestra acera, de quienes entienden la urgencia de ubicar e implementar una solución al despeñadero por el cual se precipita nuestro país, a una velocidad cada vez mayor. Y con el mayor de los respetos, no nos dirigimos a quienes defienden a priori al Primer Magistrado, porque esa es una incondicionalidad perniciosa y dañina para cualquier democracia; y porque es una discusión perdida el intentar razonar con quien tiene una posición tomada a priori y se niega a modificarla bajo ningún argumento.

Volviendo a quienes cuestionan esta figura buscando aportar a la discusión constructiva, les escuchamos decir que, lejos de abandonar el cargo, el mandatario luce hoy más atornillado que nunca. Que está allí, tomando decisiones a diestra y siniestra. Desacertadas, arbitrarias y nocivas, pero decisiones al fin. Y si algo se puede decir, es que su presencia se siente. Con el tino de un elefante en una cristalería; pero allí está.

A ellos, les queremos argumentar que abandono del cargo no es simplemente desaparecerse, o una ausencia física. Abandono del cargo es estar pero no accionar. Es, mucho más allá, estar y accionar pero hacerlo desacertadamente, a contrapelo del bienestar, de los intereses del país. En fin, se acuerda en la AN la responsabilidad política por tomar decisiones que enrarecen aún más el complicado ambiente nacional. Por fallar a quienes le otorgaron el mandato, no velar por sus necesidades, comprometerse con intereses ajenos e incluso contrarios al bienestar ciudadano.

Debemos recalcar, en este orden de ideas, que justamente el acuerdo de nuestros parlamentarios justifica la decisión tomada en el ¨incumplimiento de sus funciones constitucionales¨.

¿Cuáles son las mencionadas funciones que se incumplen? Lo que está a la vista no necesita anteojos. La economía nacional se precipita en barrena, no se puede garantizar el sustento a los venezolanos, como tampoco la salud ni la educación; ni mucho menos una vivienda digna.

Más allá: no se les puede garantizar la vida, y lo decimos de cara a la pavorosa inseguridad que todos hemos padecido en las calles e incluso en nuestras viviendas.

A ojos vista están los hechos que reafirman que ocupar una silla no implica estar haciendo lo que se debe hacer. Y esto acarrea una responsabilidad. El Presidente de la República es un funcionario, y como tal, sus actuaciones deben ser evaluadas, y en caso necesario, censuradas. Es un derecho.

Las acciones erradas de quien hoy ocupa ese cargo, acarrean una responsabilidad política, ya que, lejos de encaminarnos hacia las soluciones a tantos padecimientos, los ha profundizado hasta lo indecible.

La otra pregunta que se hacen quienes siguen con inquietud los acontecimientos es: ¿tendrá efectividad la decisión tomada? La respuesta sensata, seria y responsable es que no lo sabemos.

Sí, empezamos hablando del acoso al cual ha sido sometido el Poder Legislativo por parte de los demás poderes, y esto es una realidad lapidaria.

Desde el Poder Judicial se ha declarado a la Asamblea en desacato, se han removido diputados y se vocifera que el Legislativo no tiene facultad alguna para destituir al Presidente; cosa por cierto bastante discutible.

Ciertamente, hemos llegado a un inevitable enfrentamiento. Pero sin embargo, también es real que, como lo han dicho algunos de nuestros legisladores, el hecho de tener a los poderes divididos y en pugna, no los puede privar de cumplir con su deber. Y el deber al día de hoy es calificar la acción -o inacción- de la cabeza del Ejecutivo nacional. Ya hicieron lo que debían hacer. Mañana será otro día.

viernes, 2 de diciembre de 2016

“El polémico Fidel”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

No hubo paz a su alrededor cuando vivía, y parece que su partida no va a cambiar mucho las cosas. Incluso, más bien agitó las aguas a niveles indecibles. Fidel Castro abandonó este mundo el viernes pasado -o al menos eso fue lo que dijo su hermano Raúl, otros creen que fue antes- y de inmediato se encendió otra polémica, quizá la más apasionada, en torno a su figura.

Como era de esperarse, el exilio cubano se lanzó a las calles en el sur de Florida a celebrar, aunque estuvieran al filo de la madrugada del sábado 26 cuando se conoció la noticia.

Los locutores de radio y televisión repetían “Ahora sí es cierto, murió Fidel”. Y es que el líder de la llamada revolución cubana había sido “asesinado” –figurativamente hablando- más de una vez por los noticiarios y los rumores.

No se sabe –y quizá jamás se podrá saber- si estas muertes ficticias se debieron al profundo deseo de sus adversarios de que esto sucediera o a potes de humo lanzados por el mismo gobierno castrista, al cual se le atribuye una de las redes de propaganda más perversamente eficaces de todos los tiempos.

Lo cierto es que, como es usual, desde la isla caribeña reinó el mayor hermetismo, como es de esperar en un régimen altamente controlador. El mensaje del actual presidente, Raúl Castro –un personaje designado en forma hereditaria, como si se tratara de una dinastía- y los posteriores cables noticiosos anunciando las honras fúnebres y los lutos correspondientes, con toda la megalomanía que podía esperarse hacia una figura que hizo girar a su alrededor la vida de los cubanos por casi 58 años. Y no sabemos qué tanto seguirá girando en torno suyo de aquí en adelante; pero nos atrevemos a pensar que, por un rato, seguirá siendo así.

En todo caso, este hombre se salió con la suya: se hizo con el poder de Cuba y no lo soltó mientras tuvo vida. Su voz se volvió la única y avasalló todo lo que no se pareciera a él. Fue fracturando a sus enemigos sin piedad alguna e incluso, cuando la edad y la salud no le dieron para más, fue su dedo el que designó a su sucesor, nada menos que el hermano menor, el más fiel el mismo que lo acompañó en toda su aventura de conquista y sojuzgamiento de una patria.

Llegó para liberar a un pueblo, pero no se quiso ir. Algo que suele suceder con todos los que hacen promesas grandilocuentes. Negó ser comunista, pero al poco tiempo de haberse hecho con el poder, abrazó públicamente esta ideología. ¿Un brusco y radical cambio de opinión? Lo dudamos. ¿Un plan de dominación para que el trono nunca escapara de sus manos? Es más posible.

Prometió unas elecciones que jamás llegaron. Trepó hasta la cumbre en hombros de un discurso que prendía redimir a los pobres pero los multiplicó. Echó mano en sus encendidos discursos de la desigualdad que asolaba a su país, pero terminó igualando hacia abajo. 

Mientras la Calle 8 de Miami reventaba en una fiesta, en La Habana se vivía un luto que para muchos fue impuesto. Las manifestaciones de mandatarios de todos los rincones del mundo respecto a la muerte del caudillo, tuvieron los más variopintos colores. Desde el presidente electo de Estados Unidos Donald Trump, quien lo calificó sin ambages de dictador, hasta la chilena Michelle Bachelet, que no titubeó en señalarlo como referente de dignidad.

En los matices intermedios, declaraciones más o menos prudentes, ofreciendo condolencias a la administración habanera.

Desde nuestro punto de vista, es un referente, sí. Pero de lo que no se debe hacer. Mal podemos quienes hemos escogido la política como vocación, tomar seriamente a un individuo que fue implacable con quienes no pensaron como él.

Sí, no debemos olvidar a Castro. Pero debe ser recordado como el hombre que pactó con la Unión Soviética para instalar en su patria misiles que apuntaban a Washington, colocando al mundo a un paso de la Tercera Guerra Mundial, una conflagración de consecuencias impredecibles, tras haberse logrado éxito en la detonación de armamento nuclear.

Un ser humano que estuvo dispuesto literalmente a cualquier cosa por ser el amo, que era capaz de lanzarse en discursos de horas y más horas, mostrando en ellos las dimensiones de su ego. Un hombre que solamente vivió para exportar su modelo de sojuzgamiento y para buscar aliados en su juego de poder por el placer del poder mismo; un poder que estuvo muy lejos de servir para que la gente saliera de la pobreza sino que, muy por el contrario, se sirvió de la misma para mantenerlos sometidos.

El siglo XXI tendrá que agradecerle a Fidel Castro el ser un perfecto referente para huir en la dirección contraria, si es que de verdad tenemos el propósito de que nuestra patria progrese y alcance el desarrollo de su mayor potencial. No lo olvidemos, que permanezca para siempre en nuestros libros de historia.

viernes, 25 de noviembre de 2016

"Un retraso inquietante"

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

La petrolera estatal venezolana Petróleos de Venezuela ha atraído sobre sí la atención de los mercados financieros mundiales, al difundirse la noticia de que presuntamente no habría cumplido con recientes pagos pendientes de sus bonos, según reconocidas fuentes informativas.

En contrapartida, la empresa en cuestión emitió un comunicado de prensa en el cual aseveran que la mayoría de esos compromisos sí se habían cumplido y que los que faltaban por ejecutarse se contratarían dentro de un periodo prudencial.

“Se informa a todos los tenedores de los Bonos PDVSA con vencimientos al 2021, 2024 y 2026, que, de acuerdo con las condiciones preestablecidas en los papeles emitidos en noviembre de 2011, noviembre de 2013 y mayo de 2014 respectivamente, ya se efectuaron los pagos de intereses, correspondientes al semestre terminado en noviembre de 2016”, es lo que informa escuetamente la petrolera estatal en una nota informativa.

Sin embargo, la nota que citamos también señala que “En relación con el Bono PDVSA con vencimiento al 2035, emitido en mayo de 2012, se informa que el pago de intereses, correspondiente al semestre terminado en noviembre de 2016 se encuentra en proceso de ejecución, según los términos y condiciones que establecen los lapsos previstos en esa emisión”. Con lo expuesto, queda abierta la observación al cumplimiento de esta última obligación, la cual está pendiente hasta el momento, según la misma empresa.

Más allá de las paranoias guerreristas del liderazgo oficialista, algún inusual movimiento –o quizá más bien la ausencia del mismo- llamó la atención de quienes siguen estas transacciones y despertó una suerte de alerta amarillo sobre la otrora prestigiosa petrolera.

Lo cierto es que, en paralelo, reportes del pasado lunes 21 de Citi - agente de pagos- y de Clearstream, Pdvsa solo ha pagado 135 millones de dólares del bono Pdvsa 2026 de cupón 6 %, mientras que los otros fondos aún están pendientes. Quedará por ver si el pago que la petrolera alega haber realizado es este que citamos y que sería parcial.

Un asunto inquietante es que según la misma fuente, “Pdvsa no ha respondido a nuestras llamadas o correos electrónicos", y sobradamente se sabe que en medio de una situación tan delicada, la comunicación y dar la cara son acciones imprescindibles.

Si bien es cierto que aún no habría por qué alarmarse y que existe un período de gracia para hacer dichos pagos, las conjeturas comienzan a multiplicarse internacionalmente, ante el bien conocido y complejo panorama de nuestro país, en medio del cual sucede este desencuentro.

Es cierto que sí existe un período de gracia para postergar hasta por 30 días el pago en cuestión, el cual asciende a aproximadamente 539 millones de dólares y corresponde a intereses de los bonos con vencimientos en los años 2021, 2024 y 2035, según la firma JP Morgan en una nota que emitió para sus clientes.

Sin embargo, hay que recordar como antecedente, que el actual gobierno ha sido sumamente cuidadoso con sus obligaciones financieras internacionales, incluso sacrificando el bienestar interno del país para cumplir con sus acreedores, en una decisión que desdice sus prédicas contra lo que denominan el “capitalismo salvaje”, con el cual habían cumplido de manera inmaculada, al menos hasta ahora.

Por lo tanto este compromiso que, a decir de varios informantes ha caído en mora desde la semana pasada, tiene aún el chance de ponerse al día sin que ello se considere como un incumplimiento. Mientras esperamos a ver qué va a suceder en este caso, es imperativo pasearse por algunas consideraciones.

Nuevamente se produce un forcejeo informativo entre importantes fuentes del tema y las instancias gubernamentales venezolanas, reiterando el desgastante enfrentamiento que existe entre la administración actual y entes con quienes las relaciones deberían ser cordiales, por mutua conveniencia.

La visión militarista del universo que se empeñan en adelantar quienes hoy gobiernan, hace mucho más mal que bien al país. La pugna constante quizá sean vistos por algunos como terreno fértil para sacar ganancias –no podemos imaginar cuáles serían- mientras en paralelo cosechamos numerosos contratiempos.

Por ejemplo, el daño que se le ha hecho a la reputación del país ya que cualquier visión que acreciente el riesgo asociado a nuestra patria, será pagada en dinero contante y sonante; bien sea en aumento de intereses de nuestros compromisos financieros, directamente proporcionales al riesgo-país que representemos; o simplemente en el ahuyentamiento de eventuales inversiones que podrían tocar a nuestras puertas, pero prefieren no hacerlo ya que pueden optar por territorios menos belicistas y donde las reglas del juego estén más claras. Y sobretodo, donde se respeten.

viernes, 18 de noviembre de 2016

“Diálogo”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

El nuevo espacio de diálogo que se ha abierto en Venezuela entre el gobierno y las fuerzas alternativas democráticas, ha sido objeto de una enorme polémica. Y no es para menos, porque tanto quienes aupamos esta iniciativa como quienes la condenan, sí estamos de acuerdo en algo: nos estamos jugando al país como nunca antes.

Como siempre solemos decir en este espacio, la circunstancia tiene dos lecturas posibles y queda de nosotros el ver el vaso medio lleno o medio vacío. Obviamente, nosotros optamos por lo primero.

Quienes no lo perciben así, aseguran que se ha cedido ante el oficialismo justamente en un momento en el cual quienes no creemos en la autodenominada revolución, habíamos sumado un capital político enorme, el cual se demostró en las elecciones parlamentarias, la convocatoria a firmar para activar el referendo revocatorio y las más recientes manifestaciones de calle.

Y he aquí otro punto en el cual los discordantes estamos de acuerdo. La acera contraria a la tolda roja suma hoy más venezolanos que nunca.

Sin embargo, el punto de discusión es: ¿realmente cedimos ese capital político? ¿O lo estamos utilizando para abrir puertas a una solución que sea lo menos traumática posible? Preferimos anotarnos en la segunda respuesta.

Porque, más allá de que el rechazo a la opción que nos gobierna haya alcanzado máximos históricos, hay que tener en cuenta que ello se debe al intolerable deterioro de la calidad de vida de los venezolanos, quienes se encuentran hostigados por delincuencia, inflación y falta de medicinas; en medio del panorama más complejo que recuerde Venezuela en su historia republicana.

En algo más estamos de acuerdo todos –incluyendo a una buena tajada del chavismo- la realidad se está llevando por delante a este inviable proyecto político. Y eso es algo que sabemos que incluso hablan por debajo de cuerda muchos líderes rojos-rojitos que reconocen en voz baja el estruendoso fracaso de esta propuesta desquiciada que lanzó a nuestra patria por un precipicio.

Hemos sumado un gran activo a nuestra causa, y nos ha costado literalmente sangre, sudor y lágrimas: la opinión pública mundial entiende claramente las dimensiones de la crisis venezolana. La realidad ha desbordado sobradamente el laborioso lobby que el Ejecutivo nacional ha hecho por tantos años en escenarios internacionales, intentando pintar una Venezuela de cuentos de hadas que solamente es posible por obra y gracia de la magia revolucionaria.

Y que por supuesto, solamente existe en una narrativa construida en los laboratorios del régimen para ganar el favor de actores internacionales, que hoy se encuentran desengañados y más claros que nunca en cuál es la verdadera realidad venezolana, a punta de leer los estruendosos titulares que nos dedica la prensa mundial y que rayan en lo insólito. Pero que son demoledoramente ciertos.

No hay que olvidar que tenemos en esta iniciativa, la presencia del Vaticano. Y eso no es poco, ya que no solamente estamos hablando de una entidad que representa la máxima autoridad para los católicos del mundo, sino de uno de los más avezados y experimentados actores diplomáticos del planeta.

Que Su Santidad el Papa Francisco haya accedido a involucrarse en la búsqueda de una solución a la compleja situación nacional, indica que hemos llegado al llegadero. El caos del país llegó a las mayores instancias mundiales.

Y estamos sentados a esa mesa con todos los activos que señaláramos líneas más arriba. El gobierno lo sabe. Y es por ello que, acostumbrado a atropellar y avasallar, prefiere sin embargo dialogar. Todos los venezolanos estamos con el agua al cuello, incluyendo –y muy especialmente- a quienes hoy ostentan el poder.

Y ojo, que el liderazgo que representa a la oposición está meridanamente claro en la enorme fuerza que representa la venezolanidad colmada y saturada de vivir mal. Y los poderosos también lo saben. Eso está presente en las negociaciones. Y es el combustible que las empuja.

La presión y la protesta no están descartadas por los líderes. Y mal podrían descartarse cuando no son inducidas; sino, muy por el contrario, totalmente orgánicas y con vida propia.

Se ha llegado a acuerdos porque el escenario se plantea distinto por primera vez en mucho tiempo. Y hay que darle el voto de fe a lo que está sucediendo, por encima de las lógicas impaciencias que acarrea la creciente crisis, que avanza a paso de vencedores, ahorcando a la ciudadanía.

Desde aquí no creemos que el gobierno desee algo tan simple como “comprar tiempo”. De ese lado de la calle están los primeros que tienen bien calibrada la gravedad de la situación. Y son ellos quienes deben estar deseando más que nadie escapar de ese callejón sin salida creado por sus propios despropósitos.

viernes, 3 de junio de 2016

“La Carta Democrática ayer y hoy”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui 

La Carta Democrática Interamericana se ha puesto en el ojo del huracán en la opinión pública venezolana e internacional, desde que luce como una posibilidad cierta su aplicación ante los complejos tiempos que vive nuestro país.

Carta Democrática y OEA forman, desde hace días, parte del vocabulario cotidiano del venezolano de a pie. Y, cosa insólita, se le debe mucho al gobierno nacional, ya que ha puesto todo el poder de su aparato comunicacional en función de intentar descalificar la posible activación de este mecanismo.

Sin embargo, recordemos que, años atrás, la Carta Democrática fue invocada cuando el entonces presidente de Honduras, Manuel Zelaya fue desplazado del poder y el para ese momento canciller de Venezuela, Nicolás Maduro, fue el primer defensor de este instrumento.

En aquel momento, el hoy primer mandatario, dijo: “La decisión de la OEA es trascendental. Es una decisión unánime de todos los gobiernos del mundo y lo podemos comparar con la respuesta que el mundo le dio al nazismo y al fascismo”.

¿Por qué la Organización de Estados Americanos era ensalzada en ese momento y hoy es denigrada?

Los confusos hechos de Honduras en 2009 tuvieron dos lecturas: para unos, hubo la destitución de un presidente que pretendía modifica la Constitución con el fin de perpetuarse en el poder; pero para otros, simplemente un grupo de militares secuestraron al primer magistrado y lo expulsaron del país.

Sin pretender entrar en el fondo de lo que realmente sucedió en aquel momento adverso para una nación hermana, el hecho es que el gobierno de Zelaya estaba aliado con el venezolano y sus poderosos lobbys regionales.

Por otro lado, ciertamente había suficientes cabos sueltos en los hechos como para que los organismos multinacionales encendieran sus alarmas.

En conclusión, más allá de las agendas de poder particulares y de los errores de un lado y de otro, el continente tenía que demostrar que le interesa, como colectivo de naciones avanzar hacia la democracia; y la muy cuestionada OEA debía mostrar su capacidad de mediar en función de hacer respetar valores no negociables.

Ahora, cuando el tema de discusión es el difícil momento que atraviesa Venezuela, los mismos que invocaron la intervención de la OEA y la activación de la Carta Democrática, descalifican al instrumento y al organismo.

Se sigue intentando jugar a la ley del embudo, en una región que clama por estabilidad en sus gobiernos e instituciones y que sigue librando una lucha por alcanzar paz y progreso.

Ciertamente, las circunstancias de aquel episodio de Honduras son muy distintos a los de la Venezuela actual; pero ambas crisis van más allá de lo nacional y revisten suficiente gravedad como para que los ojos de los vecinos se vuelvan preocupados hacia lo que sucede.

A los ojos del mundo no se puede seguir minimizando lo que acontece en nuestra nación. Se han desdibujado peligrosamente los límites entre los poderes y unos invaden las competencias de otros, poniendo en serio riesgo el sutil y delicado equilibrio que mantiene a las democracias.

El ambiente de confrontación crece aceleradamente, y se intenta construir un cerco alrededor de la Asamblea Nacional, poder relegitimado recientemente en unos comicios de convocatoria masiva, pretendiendo restar así una voz imprescindible a la ciudadanía venezolana.

Paralelamente, la errada política económica mantiene a la gente entre la espada y la pared, en una situación que amenaza con empeorar, no solamente por la escalada de los precios, sino también por las crecientes dificultades para conseguir los bienes básicos.

A ello se agrega la marcada escasez de medicamentos, que ha llevado al dramático fallecimiento de venezolanos, incluyendo menores, en una situación que requiere de urgentes soluciones, ya que mientras más se posterguen estas, más vidas seguimos perdiendo.

Este cuadro configura desde hace rato un escenario lo suficientemente inquietante como para concitar las voluntades de los vecinos a través de cualquier mecanismo que permita destrancar el juego en Venezuela.

No solamente la Carta Democrática a través de la OEA, sino cualquier instancia de diálogo y soluciones contempladas en nuestra legislación, como el referendo revocatorio, para el cual ya se han completado los primeros pasos muy a pesar de la renuencia del gobierno.

Si hemos llegado hasta un escalón en el cual se toma muy en serio la posible activación de la Carta Democrática en el caso venezolano, se debe sin duda al fracaso de la activación de otras válvulas de escape a la crisis nacional.

Es una situación que hubiera podido evitarse si se hubieran abierto las compuertas de otras soluciones, las mismas que se han ido cerrando sin medir las consecuencias.

lunes, 14 de septiembre de 2015

“Una crisis de dimensión mundial“

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

El mundo entero observa con ojos de preocupación el desesperado arribo de numerosos migrantes a las fronteras europeas, provenientes de diversos conflictos cercanos. Tanto el número de los desplazados, como la muerte trágica de muchos de ellos en el trayecto, están ocasionando una creciente y justificada alarma en la comunidad internacional.

Hay suficiente conciencia de que este es un problema de todos. Aquella metáfora del “aleteo de la mariposa” es más cierta que nunca de cara a este doloroso pasaje de la humanidad. Nos referimos a aquella imagen de que el aleteo de una mariposa al otro lado del planeta, tendrá alguna consecuencia que nos afecte.

Y quien crea que la comparación es exagerada, puede dejar de pensar así cuando sopese las cifras de lo que está sucediendo en el viejo continente.

Esta situación extrema, conocida como “Crisis migratoria en Europa”, “Crisis migratoria en el Mediterráneo” o “Crisis de refugiados en Europa”, se ha incrementado exponencialmente en el presente año 2015, por el alza inimaginable del número de refugiados, solicitantes de asilo, emigrantes por motivos económicos y otros migrantes, que en conjunto comparten las vías de desplazamiento irregular hacia los países europeos.

Según diversos expertos, la crisis surgió como consecuencia de este incremento de personas que intentan llegar a los Estados miembros de la Unión Europea, mediante riesgosos viajes en el mar Mediterráneo y los Balcanes, partiendo de países de África, Oriente Medio y Asia del Sur.

La mayoría de estos movimientos están marcados por una migración forzada de víctimas de conflictos armados, persecuciones, pobreza, cambio climático o violaciones masivas de los derechos humanos; y por la acción de redes delictivas de tráfico ilegal y maltrato de personas, que explotan a los viajeros más vulnerables.

Hay consenso en señalar que estamos ante la mayor crisis migratoria y humanitaria en Europa, después de la Segunda Guerra Mundial. Según el vicepresidente de la Comisión Europea, Frans Timmermans, es “una crisis mundial que necesita una respuesta europea”.

El pasado martes 8 de septiembre, el enviado especial de las Naciones Unidas para Inmigración y Desarrollo, Peter Sutherland, dijo que “Todos los países del mundo tienen la obligación, por razones humanitarias, de acoger refugiados sirios, y con todos incluyo a Canadá, Australia, Latinoamérica, los del Golfo Pérsico, Estados Unidos y Asia”.

Lamentablente, este trago amargo para el planeta es la consecuencia de Estados fallidos, que se encuentran muy lejos de existir para velar por el bienestar de su ciudadanía. Sus intereses son otros; y en medio de esta compleja madeja de causas, también se encuentran asuntos ideológicos y religiosos, que deberían dirigirse hacia buscar el bienestar de la gente; pero logran – al menos en este caso- exactamente lo contrario.

Lo cierto es que la Unión Europea, referente de democracia y derechos humanos en el mundo, está recibiendo un peso demasiado difícil de manejar; pero al que a la vez no se le puede dar la espalda, y que a muchos recuerda la huida de 200 mil húngaros hacia Austria, tras ser invadido su país por la Unión Soviética.

De cara a buscar una solución, la presidencia del Consejo de la Unión Europea convocó para este 14 de septiembre una reunión extraordinaria de los ministros de Justicia e Interior de los 28 Estados miembros, resaltando que la situación migratoria “ha adquirido recientemente proporciones sin precedentes”.

Según la Frontex (Agencia Europea de Fronteras), unos 95 mil inmigrantes fueron rescatados entre enero y julio de 2015 por la Operación Tritón en el Mediterráneo central, y otros 340 mil llegaron a la Unión Europea, aproximadamente el triple que en el mismo periodo de 2014. Hace pocos días, el Gobierno de Hungría participó que finalizaría la construcción de una valla en los límites con Serbia, para intentar contener el descontrolado ingreso de migrantes.

Todo el planeta debe participar en el auxilio y alivio de estas personas sometidas a una situación límite y expuestas a peligros de tortura, trato de seres humanos y muerte. Pero también toca evaluar por qué tal cantidad de personas llegó a semejantes situaciones.


No podemos ser indiferentes al infortunio de pueblos enteros y, aunque la solución a tantos conflictos escape de las manos de los países más afortunados, hay que trabajar tenazmente en esa dirección para atajar el sufrimiento de tanta gente y luchar por garantizarles un futuro de dignidad. Como el aleteo de la mariposa, el bien o el mal de ellos, repercutirá en nosotros.