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viernes, 3 de junio de 2016

“La Carta Democrática ayer y hoy”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui 

La Carta Democrática Interamericana se ha puesto en el ojo del huracán en la opinión pública venezolana e internacional, desde que luce como una posibilidad cierta su aplicación ante los complejos tiempos que vive nuestro país.

Carta Democrática y OEA forman, desde hace días, parte del vocabulario cotidiano del venezolano de a pie. Y, cosa insólita, se le debe mucho al gobierno nacional, ya que ha puesto todo el poder de su aparato comunicacional en función de intentar descalificar la posible activación de este mecanismo.

Sin embargo, recordemos que, años atrás, la Carta Democrática fue invocada cuando el entonces presidente de Honduras, Manuel Zelaya fue desplazado del poder y el para ese momento canciller de Venezuela, Nicolás Maduro, fue el primer defensor de este instrumento.

En aquel momento, el hoy primer mandatario, dijo: “La decisión de la OEA es trascendental. Es una decisión unánime de todos los gobiernos del mundo y lo podemos comparar con la respuesta que el mundo le dio al nazismo y al fascismo”.

¿Por qué la Organización de Estados Americanos era ensalzada en ese momento y hoy es denigrada?

Los confusos hechos de Honduras en 2009 tuvieron dos lecturas: para unos, hubo la destitución de un presidente que pretendía modifica la Constitución con el fin de perpetuarse en el poder; pero para otros, simplemente un grupo de militares secuestraron al primer magistrado y lo expulsaron del país.

Sin pretender entrar en el fondo de lo que realmente sucedió en aquel momento adverso para una nación hermana, el hecho es que el gobierno de Zelaya estaba aliado con el venezolano y sus poderosos lobbys regionales.

Por otro lado, ciertamente había suficientes cabos sueltos en los hechos como para que los organismos multinacionales encendieran sus alarmas.

En conclusión, más allá de las agendas de poder particulares y de los errores de un lado y de otro, el continente tenía que demostrar que le interesa, como colectivo de naciones avanzar hacia la democracia; y la muy cuestionada OEA debía mostrar su capacidad de mediar en función de hacer respetar valores no negociables.

Ahora, cuando el tema de discusión es el difícil momento que atraviesa Venezuela, los mismos que invocaron la intervención de la OEA y la activación de la Carta Democrática, descalifican al instrumento y al organismo.

Se sigue intentando jugar a la ley del embudo, en una región que clama por estabilidad en sus gobiernos e instituciones y que sigue librando una lucha por alcanzar paz y progreso.

Ciertamente, las circunstancias de aquel episodio de Honduras son muy distintos a los de la Venezuela actual; pero ambas crisis van más allá de lo nacional y revisten suficiente gravedad como para que los ojos de los vecinos se vuelvan preocupados hacia lo que sucede.

A los ojos del mundo no se puede seguir minimizando lo que acontece en nuestra nación. Se han desdibujado peligrosamente los límites entre los poderes y unos invaden las competencias de otros, poniendo en serio riesgo el sutil y delicado equilibrio que mantiene a las democracias.

El ambiente de confrontación crece aceleradamente, y se intenta construir un cerco alrededor de la Asamblea Nacional, poder relegitimado recientemente en unos comicios de convocatoria masiva, pretendiendo restar así una voz imprescindible a la ciudadanía venezolana.

Paralelamente, la errada política económica mantiene a la gente entre la espada y la pared, en una situación que amenaza con empeorar, no solamente por la escalada de los precios, sino también por las crecientes dificultades para conseguir los bienes básicos.

A ello se agrega la marcada escasez de medicamentos, que ha llevado al dramático fallecimiento de venezolanos, incluyendo menores, en una situación que requiere de urgentes soluciones, ya que mientras más se posterguen estas, más vidas seguimos perdiendo.

Este cuadro configura desde hace rato un escenario lo suficientemente inquietante como para concitar las voluntades de los vecinos a través de cualquier mecanismo que permita destrancar el juego en Venezuela.

No solamente la Carta Democrática a través de la OEA, sino cualquier instancia de diálogo y soluciones contempladas en nuestra legislación, como el referendo revocatorio, para el cual ya se han completado los primeros pasos muy a pesar de la renuencia del gobierno.

Si hemos llegado hasta un escalón en el cual se toma muy en serio la posible activación de la Carta Democrática en el caso venezolano, se debe sin duda al fracaso de la activación de otras válvulas de escape a la crisis nacional.

Es una situación que hubiera podido evitarse si se hubieran abierto las compuertas de otras soluciones, las mismas que se han ido cerrando sin medir las consecuencias.

viernes, 12 de febrero de 2016

“Nuevas costumbres”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

Las nuevas situaciones que estamos viviendo actualmente en Venezuela, tienden a modificar comportamientos hasta ahora tradicionales en la ciudadanía. Es el caso de los asuetos, como el recién pasado de carnaval, en los cuales la gente tendía a salir masivamente a disfrutar por unos días. Pero ahora, parece que no lo hacen tanto como antes.

El gobernador del estado Miranda, Henrique Capriles, manifestó que los temporadistas en la entidad a su cargo disminuyeron en aproximadamente te 40%, un dato a tomar en cuenta si consideramos que las tradicionales costas mirandinas son uno de los desahogos de los vacacionistas del centro del país en los asuetos cortos, como el que nos ocupa hoy.

Otros ejecutivos regionales y locales, así como medios de comunicación diversos, reportaron también la disminución de turistas en playas tradicionales y en aeropuertos emblemáticos, como el de Maiquetía, con lo cual, en mayor o menor porcentaje, el llamativo fenómeno se repitió.

Y creemos que es llamativo, porque la cifra de viajeros tiende a mantenerse o a aumentar; rara vez a disminuir, y menos aún en proporciones tan notables.

Habría que detenerse a revisar esto y poner la lupa en cuáles son las causas para que se modifique la conducta de la ciudadanía, especialmente en unos días feriados que son para el disfrute familiar y que tradicionalmente se han prestado para movilizaciones multitudinarias, a fin de disfrutar de un merecido descanso y unos días de esparcimiento.

Capriles, en las declaraciones referidas, subraya el hecho de que el dinero cada vez rinde menos y se hace más difícil para una familia completa el intentar vacacionar. Si los gastos varios de alojamiento, comida y transporte se deben multiplicar por 4 o 5 personas, amén de la conocida inflación que nos ha afectado en los últimos tiempos, cada vez menos gente puede abordar semejante erogación.

Ni siquiera en destinos tan populares como las playas, que se cuentan entre los más solidarios. Ni en un fin de semana largo como el de carnavales, el cual debería resultar mucho más asequible que unas vacaciones de mayor aliento.

Lo aquí comentado podría perecer un acto de frivolidad, ante prioridades más urgentes que inquietan a la ciudadanía, como lo son las situaciones con comida y medicinas. Pero he aquí que cuando hablamos de calidad de vida para nuestra gente, eso incluye también el sano esparcimiento, el tiempo necesario y estipulado para alejarse de las responsabilidades y compartir entre familia y amigos; más aún cuando nuestra nación ofrece tantas opciones atractivas para vacacionar y definitivamente existen para todos los presupuestos. Pero parece que ya ni siquiera las más competitivas están al alcance de la familia venezolana. Y esto es una señal de alerta en cuanto al deterioro del bolsillo del pueblo.

Adicionalmente, recordemos que las tradicionales poblaciones turísticas de nuestra geografía comprenden a miles y miles de trabajadores que viven de lo que gastan los visitantes y así ha sido tradicionalmente por muchos años.

El hecho de que disminuya tan drásticamente el consumo de bienes y servicios en estos lugares, augura una contracción en la economía de los trabajadores del sector, lo cual suma a un círculo vicioso en el cual el alza de los precios aunada al menor ingreso, deteriore las expectativas de crecimiento de quienes se dedican a esta actividad, a la cual por cierto deberíamos apostar para nuestro desarrollo económico como país.

Y ya no se trata solamente de incentivar desde los ejecutivos regionales y locales las visitas a determinadas regiones, trabajo que por cierto muchos hacen hasta el alcance de sus posibilidades. Estamos hablando de que los potenciales visitantes tengan realmente la disponibilidad económica para pagar transporte, comida y alojamiento, para consumir en los lugares que visitan y para que de esta manera pequeños y medianos emprendedores de las regiones más atractivas de nuestra patria puedan edificar su independencia económica sobre una actividad que le aporta a nuestro nombre como país, creando un círculo virtuoso que nos beneficie a todos.

Las causas de por qué se contrajo la actividad turística en estos carnavales recién celebrados, son complejas y no alcanzaríamos a analizarlas en esta nota. Por demás no es el tema. Pero sí queremos insistir en que se trata de un tema que no podemos pasar de largo.

Ya de regreso en nuestros hogares y enfrentados de nuevo a la cotidianidad, ponemos de nuevo al fe en la dirigencia que tiene en sus manos el destino del país para enderezar el rumbo y no seguir siendo víctimas de una involución que nos está quitando hasta el derecho a escapar por un rato de nuestros problemas.

miércoles, 18 de febrero de 2015

"¿Dónde están los dólares del pueblo?"

Con la mentira, el chantaje y la manipulación es imposible salir de la crisis y construir una Venezuela de oportunidades y progreso para todos por igual. De eso conversaba, justamente, con un agricultor de tubérculos de Nueva Cúa, en nuestro municipio Urdaneta de Valles del Tuy, quien se lamentaba de que los recursos provenientes de la renta petrolera nunca hayan llegado a la pequeña comunidad donde vive y trabaja la tierra.
Él se llama Carlos y lo conocí hace días en una asamblea agrícola que hicimos en el sector Palmira, a donde fuimos para buscar junto a esa comunidad las mejores soluciones a sus problemas. Allí nos decía que la mayor mentira que han repetido una y otra vez los del gobierno, es aseverar que los dólares son del pueblo. “Si los dólares realmente fueran del pueblo, en Palmira, al igual que en todas las comunidades agrícolas de nuestro país, los recursos de la renta petrolera hubiesen llegado”, aseguró Carlos, quien cuestionó que este gobierno despilfarrara la bonanza petrolera más grande de nuestra historia.
Nada más cierto que esa reflexión que compartió Carlos con sus vecinos y con nosotros. Se trata de más de 800.000 millones de dólares que ingresaron a nuestro país, en los últimos años, que nadie sabe a dónde fueron a parar. Si esos recursos los hubiesen distribuido e invertido en obras de infraestructura social y en proyectos para el progreso, productores, como Carlos, contarían con vías asfaltadas y sin huecos. No pasarían tanto trabajo buscando fertilizantes e insumos para trabajar la tierra. Contarían con transporte para poder sacar la cosecha al mercado para venderla. En fin, tendrían el apoyo moral y económico del gobierno.
Apoyo que este tuyero confesó no tener. Si lo tuviera, no tendría que botar la cosecha, como muchas veces le ha tocado, porque no cuenta con los medios para sacar la pequeña producción de ñame de su comunidad. Y todavía este gobierno tiene el descaro de decir que los dólares son del pueblo, cuando lo que hicieron fue robarse los dólares de los venezolanos.
Por eso invierten tantos recursos en propaganda chimba con la que además de intentar manipular al pueblo, tratan de justificar lo injustificable. Mientras más recursos dediquen al show politiquero y menos a resolver las causas de las distorsiones, más intensifican la crisis.

Siguen sin explicar a los venezolanos qué hicieron con esos 800.000 millones de dólares. ¿A manos de quién o quiénes fueron a parar? ¿Por qué sigue sin haber un solo detenido por los más de 25.000 millones de dólares que se robaron de Cadivi?
Por cierto, esta semana los venezolanos nos enteramos dónde están 14.000 de esos 25.000 millones de dólares que se robaron de Cadivi. ¿O será que esos 14 mil millones, que fueron depositados de forma irregular en un banco en Suiza, hay que sumárselos a esos 25.000 millones? Si tienen esos “realitos” en Suiza, cuántos tendrán en otros paraísos fiscales. Así son, un gobierno que mete los “dólares del pueblo” en bancos suizos y no le explica a los venezolanos  las razones, ni qué harán con ese dinero.
Esta semana también, el gobierno anunció al país la devaluación más grande de nuestra historia. Siguen sin buscar soluciones a la crisis económica, lo que sí hacen es tratar de evitar, a toda costa, que la crisis política siga intensificándose. No les importa que el índice de escasez esté casi en 40%, que la inflación de nuestra Venezuela sea la más alta del mundo (casi 70%) y que el Producto Interno Bruto (PIB) haya caído 4%.
A ellos lo único que les importa es garantizar dólares a 6.30 al grupo de enchufados. Al final, nuestra nación tiene el mismo control de cambio que garantiza dólares para la corrupción, para el mercado negro y para fomentar la escasez. No es verdad que esa tasa de cambio es para “proteger” los dólares del pueblo, con los que se le garantizaría sus alimentos y medicinas. Si fuera así no hubiese escasez. Esos anuncios en nada cambian la situación de más inflación y escasez. ¿Por qué? Porque el problema en nuestro país es el modelo.
Un modelo que se dedicó a poner obstáculos a agricultores. Un modelo que se empeñó en destruir la producción nacional, como bien lo dijo Carlos, y a ahuyentar y perseguir el esfuerzo privado. Con el modelo que insiste en aplicar este gobierno, los venezolanos no podrán caminar tranquilos hacia el progreso, por eso debemos unirnos para impulsar el cambio, porque lo que no sirve hay que cambiarlo y este gobierno hace rato que perdió la conexión con la realidad y dejó de importarle el pueblo.
Carlos y sus vecinos lo entendieron. Solo una comunidad unida avanza y esa es la reflexión que hoy queremos dejarles Carlos y yo: sobran razones para unirnos. Ese es el camino para que, de una vez por todas, abramos las puertas al futuro. Por Carlos, por los cientos de agricultores de nuestro país y por los 30 millones de venezolanos, seguiremos trabajando a diario hasta lograr un cambio. No nos cansaremos de decirlo y buscarlo, nuestra Venezuela está destinada a algo grande. 
¡Que Dios bendiga a nuestro pueblo!

FUENTE: http://blog.henriquecaprilesradonski.com/2015/02/15/donde-estan-los-dolares-del-pueblo/

lunes, 16 de febrero de 2015

"¿Podemos?"

Por David Uzcátegui  
Secretario Nacional de Asuntos Municipales Primero Justicia
@DavidUzcategui
El surgimiento de la agrupación política Podemos como un movimiento alternativo de poder en España, está acaparando conversaciones a nivel internacional. Y es que, de un tiempo para acá, se está sopesando la posibilidad efectiva que tienen de ganar.
La democracia española ya se aproxima al medio siglo, tras la muerte de Francisco Franco, y ha tenido altibajos en sus logros. Sin duda le mayor ha sido sanear la economía del país al punto de integrarlo en la zona euro; pero también ha sucedido una desconexión de la gente, de la calle, de sus necesidades. Un mal que afecta a los poderes longevos, sean del color que sean.
El líder visible de la agrupación Podemos, Pablo Iglesias, ha sabido surfearse esta ola con sentido de la oportunidad, algo que no es cuestionable en política. Como también hay que sopesar las críticas por el hecho de que esté diciendo justamente lo que los electores desean escuchar.
Iglesias, calculadamente, ha tenido un fino sentido del mercadeo que se ha materializado en su ausencia de saco y corbata, en su camisa arremangada y en su cabello largo recogido en una cola. Se ha puesto en las antípodas de los políticos de traje que representan al bipartidismo con el cual el electorado ya no se identifica.
Y es que, sea cual sea el resultado de este sismo de opinión pública que se vive en tierras ibéricas, hay que reconocer que ese movimiento es inevitable e indetenible. Se cierra un ciclo y comienza otro. ¿Quién va a liderar la nueva etapa española? Pues depende de quién sepa leer mejor los tiempos.
Al ser Iglesias junto a su agrupación  el capitalizador del descontento, muchos dan por descontado que sea él. Pero ojo, que sus declaraciones tremendistas no necesariamente están ligadas a la conclusión de que así va a gobernar, en caso de que se le presente la oportunidad.
Este académico tiene sentido de la oportunidad, de la escena, sabe cómo ganarse un titular en los medios de comunicación; pero su hipotético desempeño en el poder no tiene por qué hermanarse con el efectismo que está desplegando para hacerse del poder.
Muy cerca tenemos el caso de Luis Inacio “Lula” Da Silva, quien, a pesar de su pasado sindicalista, fue bastante más equilibrado y sensato de lo que muchos esperaban en el desempeño del poder, logrando incluso un crecimiento de la economía brasileña y el favor de una clase media que progresó en sus años de mandato.
También cerca tenemos al presidente de Ecuador, Rafael Correa, quien si bien no se ha desembarazado del vocabulario altisonante de la izquierda latinoamericana, parece mucho más prudente en su accionar, al punto de tener la economía ecuatoriana bastante ordenada y de capturar las miradas de la región, donde se considera que su paso por Harvard ha sido más referencial para su mandato de lo que muchos pensaban.
¿Puede ser este también el caso de Pablo Iglesias? Amanecerá y veremos, como dicen. En todo caso, vale la pena recordar que bajo la piel rebelde y retadora hay un profesional de trayectoria, que puede saber muy bien lo que está haciendo y cuyas reales intenciones no se develarán sino hasta que detente el poder, que sigue siendo la mejor forma de conocer a cualquier hombre.
Una cosa sí es cierta: España se encuentra en medio de un viraje. Que sea para bien, va a depender de la sensatez de su ciudadanía. Son ellos quienes escogen a sus gobernantes, y también quienes les exigirán cuentas.