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viernes, 17 de junio de 2016

“Un Mariscal para Venezuela”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

Los próceres tienen su justo lugar en la estructura de una sociedad y como tales, sirven para inspirar a la ciudadanía en los más elevados valores y para motivarnos a actuar  en nuestra cotidianidad con una visión que nos permita crecer como nación.

Antonio José de Sucre, el Gran Mariscal de Ayacucho, es uno de los protagonistas de nuestra gesta independentista, no solamente en el territorio nacional, sino en el continente americano. Fue uno de esos venezolanos que puso por obra uno de nuestros mayores orgullos patrios: traspasar nuestras fronteras para luchar por la libertad de otras tierras.

Sin duda, uno de los mayores riesgos que se corre con los próceres es endiosarlos, porque se les otorgan cualidades divinas que los alejan de nosotros y los hacen parecer predestinados; cuando su valor está justamente en haber sido tan humanos como nosotros, tan de carne y hueso como nosotros y haber pasado sin embargo por encima de flaquezas y miedos con el fin de alcanzar las metas que los movieron.

Sin embargo, el perfil de Sucre sí nos habla de un líder muy completo, con sobresalientes dotes militares a la vez que sensibilidad humana. No por nada fue un hombre de confianza del Libertador y, dada su refrendada calidad humana, Bolívar exclamó que se había derramado la sangre de Abel cuando se conoció su asesinato.

¿Por qué no hablamos más de connacionales como Sucre?

Huérfano a los siete años y desde muy temprano inscrito en la carrera militar, fue ascendiendo en su oficio con eficiencia y acierto; se incorpora a las luchas independentistas dando no solo testimonio de sus capacidades militares de estrategia y responsabilidad, sino también de una visión de muy largo alcance como humanista y ciudadano.

Fue redactor del Tratado de Armisticio y Regularización de la Guerra en 1820, como parte del Armisticio firmado entre Bolívar y Morillo, documento que puso fin a la crueldad de la Guerra a Muerte, por lo que fue considerado pionero de los derechos humanos.

Actos como este hablan además de una visión política y de un intelecto que complementa adecuadamente al hombre de acción para consolidar las victorias y dar paso a la paz, que no otro puede ser el objetivo de la ingrata y cruel guerra, a la cual se fue porque no quedaba más remedio.

No solamente lucha en su tierra y se convierte en pieza clave de la gesta independentista; adicionalmente se convierte en una pieza clave de la visión de Bolívar que ter mina por darle independencia a Bolivia, Ecuador y Perú.

La campaña de liberación de Ecuador tuvo su culminación en la batalla de Pichincha, librada el 24 de mayo de 1822. Con esta victoria de Sucre, se consolidó la independencia de la Gran Colombia, se consumó la de Ecuador y quedó el camino listo para la batalla contra las últimas fuerzas realistas que quedaban en el Perú.

Sucre entró en Lima en 1823, precediendo a Bolívar. Participó posteriormente junto a él en la batalla de Junín y, el 9 de diciembre del mismo año, venció al virrey José de la Serna en Ayacucho, acción que significó el fin del dominio español en el continente sudamericano. El Parlamento peruano lo nombró Gran Mariscal y General en Jefe de los Ejércitos.

Entre sus grandes batallas emblemáticas, se cuentan Pichincha, Junín y Ayacucho, en las cuales demostró no solamente el elevado conocimiento que poseía de las ciencias y artes militares; sino también un don natural para el liderazgo y la estrategia.

Un año después, en 1825, participó en la ocupación del territorio del Alto Perú, que adoptó el nombre de Bolivia. Su papel se limitó a dar visos de legalidad a un proceso que los mismos bolivianos ya habían puesto en marcha.

Convocada la Asamblea Deliberante en Chuquisaca por el Mariscal Sucre, el 9 de julio de 1825, se determinó la completa independencia del Alto Perú, bajo la forma republicana, por soberana de sus hijos. Sucre se convirtió en el primer presidente de Bolivia, por dos años, y desde allí promovió políticas para la liberación de los esclavos y el reparto de las tierras.

Podemos imaginar cuán “imposible” lucía hace poco más de dos siglos fundar unas naciones a partir de lo que eran colonias y más aún, basarlas en principios de republicanismo que eran de gran avanzada para el momento.

En estos momentos, estamos urgidos de ejemplos, de inspiración. Nuestros jóvenes están ajenos a muchos de los venezolanos que alcanzaron metas elevadas a pulso y gracias no solamente a sus dones sino también a su duro trabajo.

Aquí o en la eternidad Gran Mariscal, que tu alma, tú gloria y convicción se mantengan intactos en la historia, como lienzos dorados de una época mejor. Enmarcada por la libertad, el patriotismo y el sacrificio por un país. Gloria eterna al cumanes y Gran Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre. A los 186 años de su muerte.

viernes, 27 de mayo de 2016

“Los visitantes“

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

Para nadie es un secreto que las dimensiones de la crisis venezolana son tales, que ya inquietan a numerosas naciones del mundo. Si a esto se agrega que la satanizada globalización es un hecho desde hace rato, el resultado es que fuera de nuestro país tienen mucha mejor información sobre nosotros de lo que podemos imaginar.

Y la manifestación de inquietud por parte de voceros de otras naciones no tiene que ver tanto con las infundadas acusaciones de intervencionismo como con una legítima inquietud por nuestro destino.

Adicionalmente, la comunidad internacional ha tomado mucha más conciencia del símil del “aleteo de la mariposa”. Cualquier acontecimiento en cualquier lugar, tiene repercusiones en las latitudes menos imaginadas. Por ello, a nadie le interesa que nación alguna entre en crisis. Y Venezuela no es la excepción.

Los venezolanos hemos recibido en los últimos días las visitas de dos personalidades de la política española: José Luis Rodríguez Zapatero y Albert Rivera. Ambos han puesto a prueba la tolerancia de una administración particularmente sensible a la crítica.

Primero fue recibido el ex presidente del gobierno español. Zapatero en reunión con diputados de la Asamblea Nacional y otras personalidades políticas, dijo en rueda de prensa que “Es un camino largo, arduo, difícil, pero el diálogo nacional es lo que necesita Venezuela”.

También dijo que “Nuestro objetivo es muy claro, es poner en marcha, intentar un proceso de diálogo nacional, y debo decir que tanto el presidente Maduro como los representantes de la oposición Mesa de la Unidad Democrática han expresado su voluntad de diálogo”.

Y agregó: “No vamos a descansar hasta que arranque el proceso de diálogo, respeto, compromiso social con los sectores que padecen más rudamente la crisis económica”.

Pese a la dura crítica recibida desde sectores oficialistas, las afirmaciones de Zapatero estuvieron muy lejos de ser altisonantes. Fueron más bien ecuánimes, centradas y prudentes, ante la complejidad del escenario que enfrentamos. Incluso no faltó quien, desde los sectores opuestos al gobierno, asegurara que ha debido ir más allá.

Lamentablemente, palabras como crisis o separación de poderes eran ineludibles en su discurso. Quienes se sientan ofendidos harían bien en revisar cuánto de cierto hay en ellas en lugar de cargar contra el visitante.

Más frontal fue Rivera. El joven líder político de Ciudadanos, que ha acaparado la atención en su país y en el mundo, respondió por la calle del medio a las acusaciones de intervencionismo español en los asuntos internos de nuestro país: “El enemigo del pueblo venezolano no es el pueblo español, el enemigo de Venezuela es el hambre, la falta de medicamentos, la inseguridad en las calles, que nadie se confunda de enemigo, los españoles somos amigos de los venezolanos”.

Y fue más allá en su análisis de lo que hoy afrontamos por esta latitudes: “El modelo político y económico actual de Venezuela está en contra de los signos de los tiempos, los tiempos piden libertad, los tiempos piden competencia, los tiempos piden bienestar social  y los tiempos piden igualdad de condiciones, igualdad de oportunidades, y por tanto estoy convencido de que la apertura también del modelo económico y social  conllevarán en Venezuela en un futuro en la posibilidad de que la gente pueda generar riqueza y redistribuirla”.

Rivera se expresó de esta manera en una reunión con la Comisión de Política Exterior de la Asamblea Nacional, en la cual reiteró su visión de que la salida al juego trancado que padecemos los venezolanos es el referendo revocatorio. Y valga acotar que su entrada a nuestro país no fue impedida, como se había amenazado, creando de esta manera gran expectativa con su llegada.

Quienes hoy nos gobiernan, tienen que asumir que nos han llevado a un estadio de precariedad tal, que países que sienten fuertes nexos afectivos con nosotros se plantean muy seriamente la donación de medicamentos y comida. Tal es el caso de España, de donde llegaron en tiempos pasados numerosos migrantes para construir patria en esta tierra y que han echado raíces por generaciones enteras de este lado del océano.

A veces, nos hace bien ser vistos con ojos que nos observan desde afuera. Quizá estamos demasiado imbuidos en nuestra propia crisis y el feedback desde el exterior es entonces bienvenido.

Y resulta que, estos dos visitantes, coinciden con la visión interna de muchos venezolanos: sí hay crisis, es grave, no se puede menospreciar. La solución pasa por las instituciones y por el revocatorio. Con cabeza menos caliente que la nuestra, nos encontramos en las mismas respuestas y soluciones. Mucho bien haría a nuestra situación el escucharlos en lugar de descalificarlos.

viernes, 6 de mayo de 2016

“Escuchando la calle”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui 

En Venezuela se acabó la conversación cotidiana. Ya no va sobre el viaje a la playa, el cumpleaños de un pariente o el desempeño escolar de los hijos. Todo eso es secundario, para no decir inexistente en estos tiempos.

Hoy se habla como una letanía y como una obsesión, de lo mucho que no se consigue o de lo poco –muy poco- que sí, de las horas de cola que hay que pagar como una penitencia sin haberse cometido pecado que lo mereciera, de que a fulanita la robaron pero “menos mal que no le hicieron nada”.

A los habitantes del país más feliz del mundo de a ratos y cada vez con mayor frecuencia, se les borra la sonrisa. La frustración es el pan nuestro de cada día: frustración por fracasar una y otra vez al intentar conseguir los productos que se necesitan; porque, cuando se consiguen, el dinero no alcanza; porque este estado de cosas no solamente empeora, sino además se prolonga.

Familiares y vecinos se organizan en grupos para avisarse unos con otros dónde hay tal o cual producto o, incluso, recurrir al trueque, como si la moneda no existiera. Y es que estamos como si en verdad no existiera. El “bolívar fuerte” pierde por minutos su capacidad de compra y deshonra a nuestro Libertador con su nefasto desempeño; siendo hoy la moneda más pulverizada del planeta.

Estamos hablando de que, de manera extraoficial, el índice nacional de precios al consumidor cerró 2015 en 270,7%, la cifra más alta registrada por nuestra nación en la historia. Y lo que nos espera para 2016 se perderá de vista, según lo que hemos podido vivir hasta el momento.

La escasez por su parte, pisa en 70%, según cifras de Entorno Inteligente. Lo cual quiere decir que la gente no compra lo que quiere, desea o necesita, sino escasamente lo que consigue.

Esta cifra inflacionaria se oculta con el pudor y la vergüenza de quien ha hecho mal su trabajo, se cuenta como un secreto a voces; ya que los organismos encargados de darla a conocer oficialmente más bien prefieren hablar sobre entelequias ficticias que lancen sobre otros las culpas.

Por si fuera poco, según el Banco Central de Venezuela, entre 2014 y 2015 el país acumuló un desplome cercano al 10% del Producto Interno Bruto (5,7 en 2015 y 4,0% en 2014). En 2016 la caída será superior al 8%. Quienes saben de economía, saben también que este es el índice más fiel de la salud de un país.

Y la economía no es nada abstracto ni etéreo. Se trata de lo que, a final de cuentas, nos permite –o nos impide-  llevar alimento a la mesa.

La cumbre de la descomposición social que avanza a paso de vencedores y sin que nadie que ostenta el poder haga algo, es el bachaqueo.

Neologismo omnipresente en toda conversación de los tiempos actuales bajo el cielo venezolano, hay que explicar a la gente de otras latitudes, qué significa tan inusual y caribeña palabra.

Hay que contar que la desfiguración social de un disparate mayúsculo que no merece el nombre de política económica ha creado un nuevo oficio, digno de países en guerra.

Que se ha creado una subterránea mafia sin rostro que organiza un mercado paralelo –en Venezuela hay mercados paralelos hasta de huevos- y que se ha instaurado como cotidianidad de los venezolanos el observar o participar en largas colas, ante los pocos establecimientos que tienen algo valioso que vender.

Que, desesperados porque el dinero no alcanza, desde taxistas hasta maestros se “rebuscan” bachaqueando. Que al momento actual no hay más proyecto de país que el salir a la calle a ver cómo se consigue algo. Que hay hogares donde se rifan la cena porque no alcanza para todos. Que la mayor aspiración de futuro que tienen las mayorías depauperadas por esta es comer completo mañana.

Las redes de abastecimiento de alimentos gubernamentales, anunciadas con bombos y platillos han fracasado estrepitosamente; y mientras unas cierran, en otras se penaliza a quienes tomen fotos de sus neveras vacías.

Y más allá, se dan vergonzosos espectáculos de venezolanos arrebatándose entre sí paquetes de pasta, porque o se arrebata o no se lleva comida a la casa. Hemos sido degradados como nación al salvajismo y la animalidad; pero no por falta de “urbanidad y buenas costumbres”, sino porque nos han puesto contra la pared. Se han metido con nuestra comida.

Los venezolanos nos hemos convertido en una ciudadanía triste y no hay maquillaje de eslóganes o frases hechas que disimulen este pesar. Resultan risibles, pobres, fuera de lugar y sobre todo poco creíbles. No las creen ni quienes las pronuncian, ignorando ese sentido del ridículo que les exige quedarse callados. 

¿Puede alguien tener la voluntad de echar para adelante, cuando se estrella varias veces al día contra el muro del fracaso, de un fracaso del cual no es responsable? ¿Puede un país progresar con tal rosario de penurias?

viernes, 29 de abril de 2016

“Firmando”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

Al momento de escribir estas líneas, se encuentra la ciudadanía venezolana activada y firmando masivamente para exigir su derecho a que se active el referendo revocatorio presidencial.

En la calle y en hechos, se deja sentir de forma equívoca la que todos sabemos es la voluntad de la gente. De nada sirve perseverar en la miopía o negar insistentemente la realidad. En casos como estos, postergar y complicar lo que es inevitable, solamente sirve para robustecer la urgencia del cambio.

Recordemos que La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela permite revocar todos los cargos de elección popular transcurrida la mitad de su mandato, que en el caso del actual presidente, Nicolás Maduro, se cumplió en enero del 2016. Hablamos pues, de un derecho constitucional e ir contra el mismo sería desobedecer a la Carta Magna.

Siempre hemos sostenido que existe una ruta electoral y democrática para modificar el pernicioso rumbo que hoy lleva nuestro país, y que, si bien es un sendero que no se muestra exento de vericuetos y obstáculos, es sin duda muy claro y sobretodo eficaz para construir con solidez el nuevo e imperioso rumbo.

Ciudadanos y organizaciones alineadas con esta concepción de país, han seguido adelante, obstáculo tras obstáculo, para apuntalar la única forma de asegurar una historia futura sustentable para nuestra nación, una manera de sanar las heridas que se han venido cultivando en las dos últimas décadas.

Desde Primero Justicia, no solamente a través de nuestra dirigencia, sino también de nuestros militantes y simpatizantes, nos hemos lanzado a las calles de manera consecuente y consistente a mantener la moral en alto a través de tantos momentos adversos que nos ha tocado atravesar en los últimos tiempos.

Se trata de la vía que hemos escogido los venezolanos de vocación democrática para solucionar la crisis por la que atraviesa el país para el tan necesario cambio político de gobierno. Y los demócratas sabemos que la solución a la intensa y prolongada crisis que padecemos tiene que pasar sin falta por la consulta electoral.

Y esta afirmación incluye a los venezolanos que de buena fe han creído en la autodenominada revolución; pero que han visto sus expectativas no solamente defraudadas, sino traicionadas con el accionar de una administración que ha estado muy alejada de las verdaderas necesidades de la gente y que se ha empeñado en acrecentar su poder aún a costa de crear mayores desgracias para sus propios seguidores.

Lamentablemente, las autoridades a quienes corresponde dar respuesta al clamor popular, han demorado más de lo justo y lo deseable en escuchar la urgencia de todos. Pero finalmente lo han hecho, con la entrega de la planilla para recolectar las firmas y solicitar formalmente el referendo.

Por encima de las lamentables y condenables demoras, sí es posible contarnos este mismo año, a despecho de quienes creen que no llegaremos e incluso de quienes han trabajado para que no lleguemos. La Mesa de la Unidad Democrática lleva en sus hombros años de duro trabajo y está curada de espantos, ya nada le sorprende y tiene la voluntad de reaccionar con rapidez y eficacia ante cualquier obstáculo, a fuerza de haber sorteado tantos.

La urgencia por contarse está presente también sin duda entre los partidarios del gobierno que ostenten un talante democrático, ya que sin duda deben saber que la única manera de abrir una puerta en el futuro del país a su opción política es acudir a la cita comicial y que quien cede el paso, se ensancha el camino.

Ni la mayor de las terquedades se puede mantener en pie cuando ha llegado el momento histórico para el cambio. Es mejor fluir con el futuro; porque, en caso contrario, será el país mismo quien deje atrás a quienes se empeñen en contradecirlo y no se monten en el tren del porvenir.

Cualquier contratiempo ha quedado superado con el empuje de la gente insatisfecha en la calle, la gente que exige, desde su venezolanidad, un golpe de timón en este error que nos ha hundido en las mayores dificultades de nuestra vida republicana.

La democracia no se ha rendido en Venezuela, y hoy menos que nunca, cuando la perseverancia insiste en dar sus frutos. Como escribiera en su cuenta de Twitter el diputado Julio Borges: “Ha comenzado en Venezuela un proceso de cambio irreversible”.

Hoy el tiempo nos da la razón con la masiva apuesta de los venezolanos por la tarea que toca en el momento: firmar. Con emoción, con entusiasmo, con rabia o con dolor. Pero sobretodo con la certeza de estar haciendo lo correcto y de ser un instrumento efectivo y con poder de cambio dentro del devenir actual de Venezuela.

viernes, 1 de abril de 2016

“Con un pie en la amnistía”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

Tras una intensa sesión que fue seguida con sumo interés por todo el país, la Asamblea Nacional aprobó finalmente y en su segunda discusión, la tan esperada ley de Amnistía, que se había convertido en una de sus propuestas fundamentales para la campaña electoral que renovó al Poder Legislativo.

Desde hace mucho tiempo viene creciendo en el inconsciente colectivo venezolano la idea de que esta ley es la llave para abrir las puertas a una mayor pacificación del país, en medio de la tensa situación en la que vivimos los venezolanos, y que se prolonga mucho más allá de lo imaginable.

Las voces de protesta desde factores opuestos al gobierno se han alzado pacíficamente y con la razón por delante, al asistir al lamentable espectáculo de un grupo de venezolanos apresados por estar en la acera política contraria, por haber salido a protestar, por haberse visto involucrados en hechos de violencia no suficientemente aclarados y por no haber sido beneficiarios –como lo garantizan nuestras leyes- de un proceso imparcial y justo.

El desequilibrio de la justicia recalienta la indignación y la impotencia del venezolano. Mientras en la cotidianidad asistimos al delito como parte de nuestra vida diaria; por otro lado padecemos por el hecho de la reclusión en condiciones por demás inadecuadas de personas perseguidas por sus ideas, mientras otros decidieron abandonar el país al sentirse víctimas de una persecución injustificada y donde llevan todas las de perder.

El movimiento que ha crecido alrededor de esta iniciativa, incorpora los más diversos matices de la sociedad venezolana, al tratarse de la punta del iceberg de la compleja situación país que nos está tocando vivir en estos tiempos.

El mencionado Proyecto de Ley fue sometido a consulta pública, habiéndose incorporado en dicha  consulta a las ONG en materia de derechos humanos, organizaciones de personas víctimas de la violencia en todas sus formas, organizaciones públicas y privadas, sectores interesados y a la colectividad en general.

Por su parte, el presidente de la República, Nicolás Maduro, afirmó que no aceptará la ley de Amnistía, y alegó que “Están aprobando una ley para proteger a asesinos, criminales, narcotraficantes y terroristas, la verdad, tengan la seguridad que esa ley por aquí no pasa caballero, que lo sepa la derecha nacional e internacional, leyes para amparar terroristas y criminales no pasarán, por aquí no pasan, hagan lo que hagan", según nota de la página web del canal oficialista Telesur.

Las afirmaciones del Primer Magistrado nacional tienen unos cuantos matices extremadamente delicados. En primer lugar, porque está usurpando funciones del poder Judicial y se abroga la potestad de juzgar y condenar a ciudadanos venezolanos, muchos de los cuales ni siquiera han tenido el derecho de un juicio justo y menos de una sentencia.

Adicionalmente, somete al escarnio público a personas sobre quienes puede y debe pesar aún la presunción de inocencia que en toda sociedad civilizada se estila antes del comienzo de los juicios que se han retrasado indebidamente.

Por si fuera poco, desde el Ejecutivo nacional se fractura una vez más la convivencia con el poder Legislativo, otro episodio más de un hábito de conducta que se ha instaurado desde que el Parlamento nacional selló su independencia en diciembre pasado; ya que en el período anterior era evidente la coordinación entre ambos poderes, desdiciendo así la razón de ser de la Asamblea Nacional.

Se debe recordar una vez más –y cuantas veces sea necesario- el carácter legítimo de la representación popular que los diputados ostentan, tras haber llegado a esa posición por el voto, ampliamente favorecedor de una opción alternativa a quienes hoy ocupan el Ejecutivo.

Desconocer esta autoridad y esta representación es desconocer también los usos democráticos y abrir una nueva herida que a nadie conviene y que generará profundos daños a los ya múltiples y difíciles de reparar que hemos ido coleccionando en los últimos años.

En este sentido, desde el oficialismo harían bien en escuchar afirmaciones como las del exministro del Interior, Justicia y Paz, Miguel Rodríguez Torres, quien aseguró recientemente que Venezuela está en una etapa donde necesita perdonar porque debe acabarse el resentimiento entre la oposición y el gobierno.

Citó como ejemplo de diálogo a Cuba quien recientemente sostuvo encuentros con Estados Unidos y a Colombia quien ha llegado a acuerdos de paz con Las FARC, agregando: “Entonces ¿cómo es que nosotros no podemos pasar la página de odio y sentarnos a buscar soluciones?”.

Nos falta esa respuesta. ¿Por qué enemigos de muchos más años y con mucha más sangre de por medio han logrado sentarse a dialogar y los dos grupos mayoritarios de este país no pueden hacerlo? La polémica ley de Amnistía está sirviendo la oportunidad en bandeja de plata.


viernes, 11 de marzo de 2016

“Tumeremo, o nada asombra”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

Lo que hasta hoy se dibuja como una dantesca masacre de veintiocho mineros ocurrida días atrás en Tumeremo, estado Bolívar, tiene, a nuestro modo de ver, dos lecturas: la aberración del hecho en sí y la extrapolación del mismo como un síntoma de lo que hoy padece Venezuela.

Cabe preguntarse cuál es el concepto de soberanía que tenemos sobre nuestro territorio, cuando hechos como el cuestionado demuestran que los límites de nuestra patria están descuidados, por decir lo menos, y que la irregularidad es la cotidianidad en esas latitudes.

Es más, escapa de nuestra percepción hasta dónde se puede llegar en territorios tan alejados, cuando ya en nuestras grandes ciudades se han perdido los límites de cualquier tipo en cuanto al más elemental respeto a la vida.

Cuando los venezolanos enfrentamos hechos atroces, como el mencionado, que dibujan hasta qué límite el gobierno ha perdido el control sobre el país, suelen darse lamentables situaciones como consecuencia, que no hacen sino reafirmar lo que hoy aquí afirmamos.

Los diversos voceros gubernamentales no se ponen de acuerdo, y las contradicciones entre las distintas declaraciones no hacen más que poner de manifiesto que algo hay oculto. Sobran por cierto, epítetos fuera de lugar, como “las declaraciones de la derecha”. Es un insulto a todos los venezolanos el querer distraer la atención de los hechos con cortinas de humos tan desgastadas.

¿Por qué mientras unos voceros niegan a priori los sucesos, otros dicen que “hay indicios” y otros más culpan –también a priori- a paramilitares? ¿Son los paramilitares culpables de algo que no ocurrió? ¿Ocultan algo estos funcionarios? ¿O es simplemente un síntoma de que no tienen ni idea de lo que sucede en sus jurisdicciones?

Es penoso ver que un pueblo indignado protesta por sus muertos y que las fuerzas de seguridad van a contener la indignación, cuando no tuvieron la capacidad de evitar la tragedia. Todos los venezolanos compartimos en mayor o menor grado una devastadora sensación de desamparo ante la violencia que se lleva vidas constantemente en esta tierra.

Quizá lo más triste que pueda relatar un país es su desconfianza ante los cuerpos que se supone existen para cuidar a su gente.

También vemos cómo las redes sociales de esta segunda década del siglo XXI permean la muralla de desinformación que intentan construir quienes ingenuamente creen que el agua se puede guardar en un puño.

Daría risa si no fuera tan triste, el ver cómo funcionarios de todo rango intentan construir medias verdades cuando las certezas las desmienten en forma avasallante, porque destiñen en cosa de horas lo que nos e ajuste a los hechos, documentados por los implacables reporteros ciudadanos y los omnipresentes celulares.

Preocupa e inquieta que el pueblo y la GNB estén en la calle a la vez en el sector de los hechos. Ambos en extremos opuestos de las versiones de lo sucedido. Bajo miedo, rabia y tensión. ¿De qué padecemos, de qué nos enfermamos como nación?

Otro testimonio de agradecimiento hay que darlo a los medios independientes, especialmente a los regionales, quienes valientemente han ido reconstruyendo por cuentagotas y a contrapelo, lo que parece haber sucedido. Y que pinta algo tan sórdido, que nos lleva a exigir que se siga adelante, porque tenemos derecho a saber, y tenemos derecho a la justicia.

Muchos autoproclamados defensores de los derechos humanos, que se desgarran las vestiduras por masacres del pasado o de otras latitudes, guardan un silencio vergonzoso y cómplice ante lo que hoy nos conmueve a todos. Estos hechos dejan al desnudo sus sesgos ante la opinión pública.

Ni los paramilitares ni las bandas son disculpa alguna ante la omisión de los funcionarios obligados a resguardar a nuestros compatriotas y nuestro territorio. Hay declaraciones de personeros del gobierno que parecen sonar adecuadas. Ojala entre la palabra y los hechos medie una distancia demasiado grande. Ya nos hemos acostumbrado demasiado a no confiar.

Hay sobrevivientes y las verdades comienzan a salir. De distintos rincones de los alrededores aparecen testigos y sobrevivientes de lo que sucedió.  Hay quienes se empeñan en callar y ocultar. Mientras otros tantos no se dejan expropiar su verdad. Y los venezolanos seguiremos atentos ante esta consternación nacional.

En situaciones como esta es cuando agradecemos y valoramos tener una Asamblea Nacional independiente del poder Ejecutivo, que se constituya en una alternativa para decir lo que se calla, y para investigar en lo oscuro y profundo de lo que desconocemos. 

Sin duda es un gran logro, por el cual debemos felicitarnos a nosotros mismos, ya que parece ser el único cable a tierra en estos tiempos de anomia generalizada.


viernes, 19 de febrero de 2016

"Dos emergencias "

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

Tras varias semanas de forcejeo, el Tribunal Supremo de Justicia decidió pronunciarse a favor de la entrada en vigencia del Decreto de Emergencia Económica emitido por el Poder Ejecutivo central, el cual había sido rechazado por la Asamblea Nacional previamente.

Este hecho patenta en forma dramática la escisión que sufre nuestro país, en momentos complejos que deberían hallarnos más unidos que nunca.

El máximo órgano judicial se excusó en tecnicismos para intervenir en esta situación. Tecnisismos que por cierto son otro motivo más de debate entre revolucionarios y demócratas, ya que su pertinencia o no en el caso actual, depende del cristal con el cual se mire: rojo o multicolor.

En todo caso, este detalle puntual es objeto de las consideraciones de especialistas en materia legal, ya que es bastante complejo. Y definitivamente, nos interesa subrayar que no vivimos una, sino dos emergencias económicas: la que ve el gobierno central y rubrican sus partidarios, enfrentada a la que señala el Poder Legislativo y es percibida en igual tono por quienes lo renovaron el pasado 6 de diciembre.

Y aquí el asunto no es el debate estéril sobre quién tiene la razón, sino encontrar con urgencia las soluciones definitivas que atajen las numerosas penurias que padecemos todos los venezolanos como consecuencia de un pésimo manejo de la economía nacional.

Como acostumbramos afirmar, vamos a ver el vaso medio lleno. La emergencia económica ya es reconocida desde las dos aceras de la política nacional.
Esto es un gran comienzo. Ya nadie puede cargar sobre sus hombros con el peso de una campaña que hable de éxitos y victorias sin anclaje alguno en la realidad, cuando lo que vemos día a día nos habla de penurias y escasez.

Este debería ser una base para el diálogo y el entendimiento. Pero por esos insólitos retruécanos que nos sorprenden a los venezolanos, resulta que el ya consensuado concepto de la emergencia económica, aceptado por todos, ha derivado en dos lecturas opuestas.

Para el oficialismo, nunca se ha construido el socialismo, en estos diecisiete años que tienen en el poder. Ergo, la culpa no es de socialismo alguno porque eso no ha comenzado ni nunca empezó.

Para el gobierno, hay que modificar, perfeccionar y optimizar el control de cambio, ese embudo en el cual se atasca toda la economía nacional por una ineficiente administración de las divisas de todos los venezolanos.

Los más fieles a las doctrinas rojas ni por error piensan que lo que hay que hacer es desmontar dicho control, obsoleto y anacrónico, que opera en muy contados lugares en el mundo y que, cuando se implementó en el pasado en nuestro país, tuvo rápidas fechas de caducidad si lo comparamos con estos trece años que hemos debido padecerlo.

Mientras madres y trabajadores padecen el viacrucis de recorrer abastos y supermercados como si fueran los Siete Templos de Semana Santa, la administración central no sabe qué hacer con esa papa caliente que ellos mismos crearon, que se les fue de las manos y que se llama Cadivi o Simadi. Que, por cierto, se ha demostrado sobradamente que los cambios de nombre no ayudan mucho si no se cambian las estructuras.

También asusta en el decreto que nos ocupa, la posible discrecionalidad por parte del Ejecutivo en cuanto al uso de bienes e infraestructuras de particulares para afrontar lo que ellos consideran la emergencia.

Esto nos retrotrae a oscuros pasajes ya superados de la autodenominada revolución, en los cuales se produjeron las estériles expropiaciones sin compensar debidamente a los afectados y para que medidas tan extremas no terminaran traduciéndose en mayor bienestar para la gente; sino muy al contrario, en un deterioro del aparato productivo que hoy sienten los venezolanos en sus despensas vacías.

Para las fuerzas democráticas que hoy hacen vida en forma mayoritaria en el Parlamento, la emergencia económica trata de otra cosa. No va de aferrarse tercamente a doctrinas caducas, a postulados magníficamente redactados en libros cubiertos de polvo en algún estante, sino de entender que, de no cambiar el rumbo, las cosas empeorarán hasta la catástrofe.

El gobierno le tiene miedo al tigre que ellos mismos mataron. Muy adentro de esa caja roja que administra el país, saben que llevan el rumbo equivocado y, entrampados en sus propios errores, no se atreven a rectificar.

Esto no es una buena noticia. Vamos hacia el precipicio a alta velocidad y nos despeñaremos todos por él. Quienes estén de acuerdo con esta monumental equivocación, y también quienes la adversan.
Sin embargo, valga una observación: la Asamblea Nacional salvó su responsabilidad política e histórica al no refrendar lo que está por venir. Levantar la voz contra un decreto que no traduce lo que está sucediendo, fue el último acto de sensatez.

viernes, 12 de febrero de 2016

“Nuevas costumbres”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

Las nuevas situaciones que estamos viviendo actualmente en Venezuela, tienden a modificar comportamientos hasta ahora tradicionales en la ciudadanía. Es el caso de los asuetos, como el recién pasado de carnaval, en los cuales la gente tendía a salir masivamente a disfrutar por unos días. Pero ahora, parece que no lo hacen tanto como antes.

El gobernador del estado Miranda, Henrique Capriles, manifestó que los temporadistas en la entidad a su cargo disminuyeron en aproximadamente te 40%, un dato a tomar en cuenta si consideramos que las tradicionales costas mirandinas son uno de los desahogos de los vacacionistas del centro del país en los asuetos cortos, como el que nos ocupa hoy.

Otros ejecutivos regionales y locales, así como medios de comunicación diversos, reportaron también la disminución de turistas en playas tradicionales y en aeropuertos emblemáticos, como el de Maiquetía, con lo cual, en mayor o menor porcentaje, el llamativo fenómeno se repitió.

Y creemos que es llamativo, porque la cifra de viajeros tiende a mantenerse o a aumentar; rara vez a disminuir, y menos aún en proporciones tan notables.

Habría que detenerse a revisar esto y poner la lupa en cuáles son las causas para que se modifique la conducta de la ciudadanía, especialmente en unos días feriados que son para el disfrute familiar y que tradicionalmente se han prestado para movilizaciones multitudinarias, a fin de disfrutar de un merecido descanso y unos días de esparcimiento.

Capriles, en las declaraciones referidas, subraya el hecho de que el dinero cada vez rinde menos y se hace más difícil para una familia completa el intentar vacacionar. Si los gastos varios de alojamiento, comida y transporte se deben multiplicar por 4 o 5 personas, amén de la conocida inflación que nos ha afectado en los últimos tiempos, cada vez menos gente puede abordar semejante erogación.

Ni siquiera en destinos tan populares como las playas, que se cuentan entre los más solidarios. Ni en un fin de semana largo como el de carnavales, el cual debería resultar mucho más asequible que unas vacaciones de mayor aliento.

Lo aquí comentado podría perecer un acto de frivolidad, ante prioridades más urgentes que inquietan a la ciudadanía, como lo son las situaciones con comida y medicinas. Pero he aquí que cuando hablamos de calidad de vida para nuestra gente, eso incluye también el sano esparcimiento, el tiempo necesario y estipulado para alejarse de las responsabilidades y compartir entre familia y amigos; más aún cuando nuestra nación ofrece tantas opciones atractivas para vacacionar y definitivamente existen para todos los presupuestos. Pero parece que ya ni siquiera las más competitivas están al alcance de la familia venezolana. Y esto es una señal de alerta en cuanto al deterioro del bolsillo del pueblo.

Adicionalmente, recordemos que las tradicionales poblaciones turísticas de nuestra geografía comprenden a miles y miles de trabajadores que viven de lo que gastan los visitantes y así ha sido tradicionalmente por muchos años.

El hecho de que disminuya tan drásticamente el consumo de bienes y servicios en estos lugares, augura una contracción en la economía de los trabajadores del sector, lo cual suma a un círculo vicioso en el cual el alza de los precios aunada al menor ingreso, deteriore las expectativas de crecimiento de quienes se dedican a esta actividad, a la cual por cierto deberíamos apostar para nuestro desarrollo económico como país.

Y ya no se trata solamente de incentivar desde los ejecutivos regionales y locales las visitas a determinadas regiones, trabajo que por cierto muchos hacen hasta el alcance de sus posibilidades. Estamos hablando de que los potenciales visitantes tengan realmente la disponibilidad económica para pagar transporte, comida y alojamiento, para consumir en los lugares que visitan y para que de esta manera pequeños y medianos emprendedores de las regiones más atractivas de nuestra patria puedan edificar su independencia económica sobre una actividad que le aporta a nuestro nombre como país, creando un círculo virtuoso que nos beneficie a todos.

Las causas de por qué se contrajo la actividad turística en estos carnavales recién celebrados, son complejas y no alcanzaríamos a analizarlas en esta nota. Por demás no es el tema. Pero sí queremos insistir en que se trata de un tema que no podemos pasar de largo.

Ya de regreso en nuestros hogares y enfrentados de nuevo a la cotidianidad, ponemos de nuevo al fe en la dirigencia que tiene en sus manos el destino del país para enderezar el rumbo y no seguir siendo víctimas de una involución que nos está quitando hasta el derecho a escapar por un rato de nuestros problemas.

martes, 2 de febrero de 2016

"Asamblea de Ciudadanos Baruta"

David Uzcátegui
@DavidUzcategui



Participa en  Asamblea  de Ciudadanos.   Nuestros Diputados invitados hablarán contigo de temas muy importantes hoy día y que serán llevados a la Asamblea Nacional.

domingo, 27 de diciembre de 2015

“Buenos deseos”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

Estas fechas decembrinas se prestan siempre para expresarnos los mejores deseos y el ámbito político no puede ser menos. Al contrario, quizá si algún sector de nuestra existencia necesita impregnarse de eso que llaman “El Espíritu Navideño”, es justamente el político.

Afortunadamente, tras el reciente evento electoral del pasado 6 de diciembre, el país entra indudablemente en un sendero de paz, que ya se puede sentir en la calle y en la gente.

Siempre hemos apostado desde este espacio, a las citas comiciales como el árbitro justo y perfecto para las diferencias en las sociedades y una vez más esto se demostró con las recientes elecciones.

Hoy tenemos un colchón de concordia entre los ciudadanos de cualquier tendencia política para aprestarnos a pasar las fiestas navideñas y abordar el 2016 con una actitud optimista.

Si bien siempre recibiremos –no sin razón- observaciones respecto a que no todo el mundo se pliega a los resultados obtenidos en la jornada en cuestión, no nos cansamos de subrayar que son minoría. Y que, afortunadamente, ya obtuvimos el reconocimiento a los resultados por parte de los dos sectores mayoritarios.

¿Cuál debe ser nuestra perspectiva para 2016? Primero que nada, el diálogo y el entendimiento. El actual gobierno va a seguir al frente del Poder Ejecutivo y tendrá la segunda mayoría en el parlamento; mientras la Mesa de la Unidad Democrática ostenta una incuestionable mayoría en el Legislativo. Las fuerzas están equilibradas y hay representación de la gran mayoría de los venezolanos.

Visto que no estamos pasando por uno de los mejores momentos como nación, por la caída de los precios petroleros y nuestra excesiva dependencia de esa materia prima, la circunstancia histórica nos obliga a dialogar y a entendernos.

Esta siempre ha sido la opción que hemos defendido; pero en este momento no hablamos de opciones, ya que el escenario nacional deja muy escaso margen de maniobra.

También hemos comentado que no tenemos nada en contra de quienes hoy ostentan el gobierno central, sino en contra de sus ejecutorias. Los gobiernos pueden autoevaluarse y cambiar de rumbo. Ellos mismos hablan de revisión y rectificación. Son palabras que podemos suscribir si hablamos del bienestar de la ciudadanía como fin último.

Para quienes están en la acera contraria a la nuestra en el aspecto político, también deseamos entendimiento a lo interno. Las voces de reflexión que se están levantando en la tolda roja, traen mensajes dignos de ser escuchados y que pueden ser aportes fundamentales para un nuevo país. Sería lamentable que no puedan ser escuchadas en su propio seno por estar en negación de lo sucedido el 6 de diciembre.

Insistimos, no hay tiempo. El petróleo ya perforó el piso de los 30 dólares y su precio se aproxima en barrena al costo de producción, lo cual deja un margen de ganancia tan estrecho que es seriamente preocupante para cualquier economía que dependa de él.

¿Qué hacemos? No es una pregunta retórica, hay que contestar ya. En primer lugar, dejar en el pasado la confrontación, cuyo punto final fue puesto por la gente en las mesas electorales. En segundo lugar, entendernos entre todos.

Y nuestro mayor deseo para el venidero año 2016 es que todos le metamos el hombro a la producción nacional, para que veamos que al diversificarnos podemos hacer que el asunto petrolero impacte mucho menos. Eso sí, tenemos el tiempo en contra. ¿Qué más vamos a esperar?

Esto, hablando de las urgencias. Sin embargo, creemos que esta contingencia puede ser el piso para subir unos escalones en nuestra madurez como país. Diálogo y productividad no son una circunstancia, sino pilares para un proyecto de patria que sea viable. Ninguna nación se ha hecho próspera bajo enfrentamientos internos, ni hay posibilidad de avance cuando se carga con el lastre de las diferencias internas. Que no es que deban anularse porque es imposible; pero sí aprender a convivir con ellas y ponerlas en su sitio justo. En uno donde no estorben al avance colectivo.

El año que nos viene no va a ser fácil y eso lo tenemos todos claro. Más allá de las percepciones de analistas especializados, lo podemos palpara en la calle. Pero la buena noticia es el cambio de actitud de nuestra sociedad ante las buenas noticias de nuestra reciente cita electoral. Unas noticas que fueron buenas para todos, independientemente de la opción que prefiriera cada quien. Y esa buena noticia es el haber superado con los más altos estándares de ciudadanía un evento para el cual algunos presagiaban unas turbulencias que finalmente no ocurrieron.

Parece que todos deseamos lo mismo y que los colores y las etiquetas son más externas y circunstanciales de lo que pensamos. Ahora, lo que nos queda es honrar esos buenos deseos expresados por la enorme cantidad de electores que acudieron a la cita del primer domingo de diciembre.


viernes, 4 de diciembre de 2015

“La oportunidad de votar”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

El intenso debate que se ha librado en los últimos meses respecto a si el país sigue o no el curso debido, por fin puede traducirse en acciones este domingo 6 de diciembre. La única acción deseable, posible y que le da a los ciudadanos el poder de cambiar el rumbo de la nación: votar.

Estamos hablando especialmente a quienes se sienten excluidos e impotentes, a quienes consideran que el poder va por su propio rumbo sin tomar en cuenta los deseos, las urgencias y las expectativas de la ciudadanía.

Creer esto es un error, porque el voto ha demostrado sobradamente en nuestra vida republicana, que es un instrumento poderoso para marcar el sendero del desempeño nacional en el futuro inmediato.

Especialmente cuando en situaciones como la actual, el sentir nacional se decanta por dos opciones de gobierno, la cuales son opuestas y hasta parecen irreconciliables, le toca al mismo votante ser el árbitro entre las dos propuestas, los dos modos de imaginar a la patria.

Y es especialmente importante recalcar este asunto en las elecciones a las cuales nos preparamos para asistir, porque estamos en un país de tendencia presidencialista, en el cual se le otorga a los comicios para elegir al primer magistrado nacional una enorme importancia, como debe ser.

Pero en el caso de los otros actos comiciales, la convocatoria a los centros de votación suele descender.

Y resulta que la democracia se entreteje de un complejo tramado de poderes, en cuya designación jugamos todos, y jugamos porque es nuestro derecho, porque nuestra historia nos ha permitido ganarlo con madurez, con trabajo, con lucha. No desperdiciemos esa herencia histórica menospreciando el acto del voto.

Otro elemento que lleva a disminuir el valor de participar, es pensar que no se influye en nada con un solo voto. Si todos pensamos así, pues evidentemente estamos entregando nuestro poder. Pero si nos aferramos a la creencia contraria, pues entonces la sumatoria de los millones de participantes si hace una diferencia por demás legítima.

Afortunadamente, el creciente interés de los venezolanos por el asunto político, ha robustecido una cultura cívica de la cual nos podemos sentir orgullosos y que, entre otras cosas, ha hecho disminuir la abstención en los últimos años de cara a comicios legislativos y regionales.

Como decíamos más arriba, cada vez está más claro que el gobernó no es solamente un presidente. Que las instancias regionales y locales pueden hacer la diferencia; así como el poder legislativo, que es el que nos ocupa en este caso.

Y queremos subrayar de modo muy particular la cita comicial que nos ocupa en lo inmediato, ya que el parlamento de un país es en primer lugar, el cuerpo más representativo de la pluralidad de sentimientos y pensamientos que conforman el espectro político nacional.

Y en segundo lugar, es el espacio por excelencia para dirimir diferencias, llegar a acuerdos, conseguir encuentros y coincidencias, facultando para ello a representantes que vamos a elegir legítimamente y que tendrán nuestra voz y nuestro voto. Y no es poco decir esto: estamos hablando de gente que nos va a representar en la mayor instancia de decisiones de nuestro país.

No importa lo que usted sienta o piense, sin duda en el espectro de la oferta electoral hay quien lo represente, y el único error en este proceso es quedarse sin voz. Hablemos para que nuestros elegidos hablen por nosotros. Y sobre todo, sea cual sea el resultado, que sea legítimo y reconocido por todas las partes que participan. Esa es la mayor garantía de paz para un país y un ejercicio por excelencia para la concordia y el progreso.

Cabe en estas reflexiones el comparar la acción con la inacción. Y preguntarnos qué se obtiene desde la no participación y cuál es la ganancia la participar. Sin duda que la última opción es la que siembra, la que genera futuro, la que puede ser el detonante para que las cosas se parezcan más a nuestro modo de pensar y sentir.

E insistimos: si los resultados finalmente no se parecen a lo que hubiéramos querido, al menos tendremos la tranquilidad de haber expresado nuestra opinión y de haber ejercido el derecho que se nos pone en las manos para que nuestro parecer cuente a la hora de conformar el legislativo nacional.

En cosa de pocas horas, la incertidumbre y las expectativas serán cambiadas por certezas, el país habrá atravesado por un proceso que otorga claridad y que fija un rumbo; pero sobretodo habremos dirimido nuestras diferencias con la piedra donde descansa el pivote de la civilización: el contarnos para entendernos.

Que todo marche en paz y que seamos, a partir del próximo lunes, un país más maduro y especialmente satisfecho de haber realizado bien la tarea.


domingo, 29 de noviembre de 2015

"Mirando a Argentina"

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

La noticia de las elecciones presidenciales argentinas ha traído cola. En realidad lo hace desde mucho antes, cuando se comenzó a perfilar lo que se jugaba: la continuidad del proyecto kirchnerista, que había estado al frente del país por más de doce años, o un cambio de rumbo a manos de una nueva alternativa.

La gente se decidió por el cambio encarnado en Mauricio Macri. Argentina vio por primera vez que los comicios presidenciales se decidieran en una segunda vuelta, lo cual fue una prueba de fuego para la institucionalidad del país.

Y vale la pena poner la lupa sobre los reacomodos que hubo en esta segunda vuelta. El hecho de que en la primera, el oficialista Daniel Scioli haya ganado por un margen tan estrecho, abrió la esperanza para la coalición opositora, que logró capitalizar el descontento generado por el desgaste del prolongado mandato de los Kirchner y remontar la cuesta para vencer, por estrecho pero indudable margen.

¿Cómo se revirtieron los pronósticos que vaticinaban como invencible a la maquinaria gubernamental? Nadie lo sabe a ciencia cierta, pero sucedió. Y no se debe tratar de un milagro, ni de un acto de magia –aunque de que vuelan, vuelan- sino más bien de una conjunción de propuesta y trabajo por parte de la gente de Macri, aunado al ya mencionado desgaste del prolongado mandato de Kirchner y señora.

Porque esa es una verdad incontrovertible, que a muchos políticos de oficio les cuesta aceptar: los liderazgos se desgastan, los ciclos de poder no se pueden prolongar indefinidamente. La propuesta política que hoy toca a su fin en la nación sureña, tuvo su momento, lo vivió y lo agotó. Llega el momento de pasar la página y es mejor aceptarlo. Punto a favor para la presidente que sale: haber entendido que una despedida elegante es la mejor manera de asegurarse la posibilidad de un regreso.

Hay otros puntos que destacar, como por ejemplo el que Macri, exitoso alcalde de Buenos Aires antes de aspirar a la presidencia, haya sumado voluntades a su alrededor para poder superar –aunque por poco- a estatura del poderoso partido gobernante.

Toda victoria debería implicar modestia; pero muy en especial la que conlleve márgenes estrechos. Y por otro lado, toca ser inclusivo y amplio al gobernar, ya que el gobierno saliente que pasa a ser oposición, cuenta también con un capital de votos nada despreciable.

Capital que, esperamos, tampoco sea sobrevalorado por los seguidores de los Kirchner, y que se entienda la dimensión exacta de hacer oposición, sin caer en tentaciones de estorbar al gobierno que se inicia, como una posible estrategia para allanarse el camino de regreso a la Casa Rosada.

Renunciar al poder no es fácil, y menos cuando se ha ejercido durante tanto tiempo, porque genera costumbre. Los medios internacionales reflejan que los diálogos para la transición gubernamental, si bien secos y tensos, se han mantenido en los parámetros de la institucionalidad, como debe ser.

Sobre su política exterior, dijo que intentará mantener buenas relaciones con todos, aunque no comparta los criterios de algunos. Esperemos que así sea y que el gobernante a estrenarse tenga como norte los usos de la buena diplomacia, que aleja de los excesos y anima a la convivencia pacífica, es lo más sensato que se puede hacer; aunque sin duda el cambio de signo en los gobernantes, reacomodará las relaciones de la nación albiceleste.

Sobre este asunto, al igual que sobre otros tantos temas que atañen a la conformación de un gobierno, puede arrojar pistas  la manera como respondió Macri al ser consultado sobre su ideología, en la cual rechazó amoldarse a cánones tradicionales: "Nuestra ideología es resolver, es hacer, lo definiría como un desarrollismo moderno del siglo XXI".

Y abunda en cuanto a la relación con otros países del  continente: "Queremos construir, afianzar buenas relaciones con todos nuestros hermanos latinoamericanos y con el mundo", y agregó que había recibido llamadas de felicitaciones de la presidente de Chile Michelle Bachelet, de la mandataria brasileña Dilma Rousseff y del presidente uruguayo, Tabaré Vázquez.

"Argentina necesita intercambiar con todos los países para generar oportunidades", fueron otras palabras bastante significativas, tras lo cual ratificó que su primer viaje al exterior será a Brasil. Una decisión inteligente, por la proximidad del país y por el enorme peso de la nación brasileña en el continente.

Muchos interpretan la victoria de Macri como la llegada de vientos de cambio al continente. Los cambios siempre son bien recibidos, especialmente cuando la situaciones han estado estancadas por mucho tiempo. Aún es temprano para vaticinar le alcance y la dirección de esos cambios, hipotéticos, pero que sin duda sucederán. En todo caso, el mundo, y especialmente América Latina, miran a Argentina y a su nuevo presidente.


domingo, 22 de noviembre de 2015

“Más allá de lo imaginable”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

Hay quienes sostienen que la entrada de la humanidad al siglo XXI tuvo que ver con los atentados ocurridos el 11 de septiembre de 2001, cuando las torres gemelas de Nueva York se desplomaron ante la atónita mirada de todo el planeta.

Casi tres lustros después, nos preguntamos cómo habrá de recordar la historia a la negra noche que padecieron París y el mundo el pasado 13 de diciembre. Casi 130 muertes y medio centenar de heridos, recordaron cuán vulnerables somos los seres humanos ante la maldad de, nada más y nada menos, que otros seres humanos.

Los antecedentes son múltiples y complejos, aunque un hito fue sin duda el aún reciente atentado a la publicación Charlie Hebdo, un semanario de humor que fuera objeto de otra acción de sangre con ribetes propagandísticos el pasado mes de enero.

Con sus satíricas creaciones, consiguieron la indignación de musulmanes, judíos y cristianos casi por igual. Por ello, el 7 de enero, dos hombres vestidos de negro y enmascarados, portando fusiles automáticos Kalashnikov, irrumpieron en su sede y dispararon unas 50 veces. Mataron a doce personas. La rama yemení de Al Quaeda se adjudicó el ataque contra el semanario satírico francés Charlie Hebdo en París “como venganza por el honor” del profeta Mahoma, fundador del Islam.

Estos hechos luctuosos fueron sin duda antecedentes de los que hoy nos ocupan, que se tradujeron en seis tiroteos y tres explosiones, que fueron reivindicadas por el grupo Estado Islámico, el cual señala que los ataques fueron llevados a cabo por ocho de sus miembros. Según el grupo yihadista, “ocho hermanos que llevaban cinturones de explosivos y fusiles de asalto se dirigieron a los lugares elegidos minuciosamente por adelantado en el corazón de la capital francesa”.

El espíritu del terrorismo es justamente ese, quebrarnos en nuestro centro, hacernos sentir que jamás volveremos a estar seguros, aspirar a que ni siquiera podamos salir a la calle a hacer una compra sin sentir miedo, como reza una frase que corrió por allí justamente a propósito del horror que Francia acaba de padecer.

La respuesta inesperada –aunque no sorprendente- de Francia, atacando posiciones fundamentalistas en Siria, añade más terror al ya existente. El mundo se pregunta sí, en este momento, nos encontramos formalmente en guerra.

Por supuesto, cabe preguntarse hasta dónde podemos unos seres humanos comprender a otros, cuando caben océanos de diferencias. Hay quienes entienden a la muerte y el exterminio como arma legítima para lograr lo que desean por encima de sus adversarios. La vieja y perversa máxima de que el fin justifica los medios.

Como dijéramos tiempo atrás, este es un problema de toda la humanidad. Estamos hiperglobalizados desde hace ya tiempo y avanzamos a profundizar cada vez más esa condición. Y vale también citar aquella metáfora del aleteo de la mariposa en el otro lado del mundo tendrá alguna consecuencia donde nos encontramos nosotros.

Y se abre un gran abanico de retos ante el futuro inmediato de nuestra raza. Uno de ellos, cómo seguir conviviendo en este planeta, un delicado equilibrio que parece verse puesto al límite con más frecuencia  de lo que sería deseable.

Uno de los matices más complejos en esta situación, es sin duda, cómo ven a ser vistos de aquí en adelante los innumerables refugiados que han alcanzado tierras europeas y esperan poder hacer una vida allí.

El grave peligro de generalizar las responsabilidades de los hechos de sangre que nos ocupan y extrapolarlos a una etnia entera, cuando son obra exclusivamente de un grupo de individuos, es sin duda uno de los mayores riesgos.

De por sí, con esta crisis de refugiados, recibieron un nuevo aire partidos extremistas en el viejo continente, y estas agrupaciones se han encontrado con un argumento extremadamente poderoso desde el pasado 13 de noviembre.

Viene una tarea muy compleja para las autoridades europeas, quienes deben separar la paja del grano y tener en cuenta que no pueden cerrar la puerta en la cara de miles y miles de seres humanos que huyen presas del pánico, la violencia y el hambre; pero obviamente también deben extremar, no sin motivos, las medidas de seguridad del continente, que teme el ingreso de militantes extremistas con las peores intenciones entre ceja y ceja.


Y para todo el planeta, el reto de convivir con un extremismo que considera que quienes no compartan su fe, deben ser exterminados. Como comentáramos líneas antes, es una diferencia de creencias tan radical, que escapa a toda posibilidad de entendimiento. No hay respuesta para esta difícil confrontación. Entramos a un tiempo incierto, en el cual las respuestas las irá dando la misma circunstancia.