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jueves, 5 de enero de 2017

“El nuevo año de la Asamblea”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

Tras superar lo que muchos han calificado como la Navidad más triste de la historia de Venezuela, entramos como por inercia en un enero apático, quizá marcado por la falta de perspectivas claras, ante un gobierno errático, cuyas actuaciones parecen más dirigidas a destruir que a construir.

Sin embargo, queremos llamar la atención sobre el faro en la oscuridad que tenemos los ciudadanos en este momento, y ese no es otro que la Asamblea Nacional.

Los primeros días del año son propios, entre otras cosas, para que se inicie el nuevo período de sesiones del poder Legislativo, y no podemos olvidar que, al día de hoy, este es único entre los poderes públicos legítimamente electo por el voto popular en fecha reciente y por lo tanto, el más cercano al sentir de la gente al día de hoy.

Especialmente podemos decir esto cuando, según reciente estudio de la firma Datanálisis, 47% de los encuestados se definió como opositor y apenas un 20% como oficialistas. Un dramático cambio de correlación de fuerzas que logró quedar de relieve en los resultados de los comicios legislativos y que, al sol de hoy, no puede haber hecho sino crecer, de cara al nefasto desempeño del gobierno, que golpea en lo más sensible a todos los ciudadanos: el techo, la comida, la salud, la seguridad.

Ciertamente, todos cargamos encima una enorme frustración y rabia porque las cosas no se han dado como era de esperarse; pero jamás la responsabilidad puede achacarse a la alternativa democrática, que ha seguido rigurosamente el mapa de ruta de lo que debe ser y hacer la institucionalidad para superar este trance.

Todos sabemos muy bien de cuál lado está la intolerancia, la incapacidad para el diálogo y la soberbia.

En este nuevo período de sesiones, el parlamento nacional contará con la presidencia de Julio Borges, diputado por Primero Justicia y de amplia trayectoria, conocida de todos los venezolanos, por lo cual se le otorgó a este partido una buena parte del caudal de votos que cambió la correlación de fuerzas políticas en el país.

Borges, al igual que muchos de nuestros diputados, ha sido consistente en su vertical lucha contra cualquier uso contrario a la democracia en las casi dos décadas que el oficialismo ha preservado el poder en Venezuela.

De la misma manera, debemos recordar no solamente sus credenciales académicas, sino además su prolongado paso por el Legislativo, amén de la certera dirección de la tolda aurinegra, que la ha llevado a ser una de las agrupaciones que está en primera fila trabajando por la reconstrucción de Venezuela.

Es también uno de los artífices de la Unidad, concertación política que nos ha hecho avanzar exponencialmente por la vía del voto en la conquista de terrenos que se pensaba jamás serían cedidos por quienes se ceban en el poder.

La reconquista pacífica de las instituciones en Venezuela es un logro de enormes dimensiones, que solamente podrán ser apreciadas en su justo valor con el paso del tiempo y lo que por allí denominan “el juicio de la historia”.

Ahora, los venezolanos debemos ser consistentes con nuestros diputados quienes, cercados literal y figurativamente, hacen lo imposible por seguir ejerciendo las funciones a las cuales se comprometieron en medio de un entorno hostil y amenazante, siguen siendo las referencias de una República civil y democrática, que no desaparecerá del todo mientras haya instituciones como esa, que la representen.

La confiscación de facultades a la AN y el cerco legal que se le tiende alrededor, han concitado la atención no solamente de los venezolanos, sino del mundo entero. Creer que se puede prescindir de una de las patas del equilibrio de poderes es, más que una osadía, una torpeza. 

Las dimensiones y la frecuencia de los ataques de los demás poderes al Parlamento, demuestran cuánto estorba, y las intenciones de anularlo. El discurso oficialista ha abundado en descalificaciones y amenazas hacia el legislativo; así como en promesas de anular sus actuaciones, hecho que ha empujado a hablar de un posible “fujimorazo”, recordando aquella letal acción del ex presidente peruano Alberto Fujimori de cerrar el Congreso de su país.

No es poco el desprestigio que ha acumulado la actual administración tras sus hostiles acciones contra el parlamento; las cuales han suscitado la atención desde todas las latitudes. Tampoco es grato decir que comenzamos este nuevo período con la incertidumbre ante nuevas artimañas.

Sin embargo, seguimos pensando que en manos de esos funcionarios venezolanos está la reconstrucción del país que debe estar a la vuelta de la esquila, no solamente por la legitimidad que les reviste; sino también por la naturaleza misma de las atribuciones de la institución.

domingo, 27 de diciembre de 2015

“Buenos deseos”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

Estas fechas decembrinas se prestan siempre para expresarnos los mejores deseos y el ámbito político no puede ser menos. Al contrario, quizá si algún sector de nuestra existencia necesita impregnarse de eso que llaman “El Espíritu Navideño”, es justamente el político.

Afortunadamente, tras el reciente evento electoral del pasado 6 de diciembre, el país entra indudablemente en un sendero de paz, que ya se puede sentir en la calle y en la gente.

Siempre hemos apostado desde este espacio, a las citas comiciales como el árbitro justo y perfecto para las diferencias en las sociedades y una vez más esto se demostró con las recientes elecciones.

Hoy tenemos un colchón de concordia entre los ciudadanos de cualquier tendencia política para aprestarnos a pasar las fiestas navideñas y abordar el 2016 con una actitud optimista.

Si bien siempre recibiremos –no sin razón- observaciones respecto a que no todo el mundo se pliega a los resultados obtenidos en la jornada en cuestión, no nos cansamos de subrayar que son minoría. Y que, afortunadamente, ya obtuvimos el reconocimiento a los resultados por parte de los dos sectores mayoritarios.

¿Cuál debe ser nuestra perspectiva para 2016? Primero que nada, el diálogo y el entendimiento. El actual gobierno va a seguir al frente del Poder Ejecutivo y tendrá la segunda mayoría en el parlamento; mientras la Mesa de la Unidad Democrática ostenta una incuestionable mayoría en el Legislativo. Las fuerzas están equilibradas y hay representación de la gran mayoría de los venezolanos.

Visto que no estamos pasando por uno de los mejores momentos como nación, por la caída de los precios petroleros y nuestra excesiva dependencia de esa materia prima, la circunstancia histórica nos obliga a dialogar y a entendernos.

Esta siempre ha sido la opción que hemos defendido; pero en este momento no hablamos de opciones, ya que el escenario nacional deja muy escaso margen de maniobra.

También hemos comentado que no tenemos nada en contra de quienes hoy ostentan el gobierno central, sino en contra de sus ejecutorias. Los gobiernos pueden autoevaluarse y cambiar de rumbo. Ellos mismos hablan de revisión y rectificación. Son palabras que podemos suscribir si hablamos del bienestar de la ciudadanía como fin último.

Para quienes están en la acera contraria a la nuestra en el aspecto político, también deseamos entendimiento a lo interno. Las voces de reflexión que se están levantando en la tolda roja, traen mensajes dignos de ser escuchados y que pueden ser aportes fundamentales para un nuevo país. Sería lamentable que no puedan ser escuchadas en su propio seno por estar en negación de lo sucedido el 6 de diciembre.

Insistimos, no hay tiempo. El petróleo ya perforó el piso de los 30 dólares y su precio se aproxima en barrena al costo de producción, lo cual deja un margen de ganancia tan estrecho que es seriamente preocupante para cualquier economía que dependa de él.

¿Qué hacemos? No es una pregunta retórica, hay que contestar ya. En primer lugar, dejar en el pasado la confrontación, cuyo punto final fue puesto por la gente en las mesas electorales. En segundo lugar, entendernos entre todos.

Y nuestro mayor deseo para el venidero año 2016 es que todos le metamos el hombro a la producción nacional, para que veamos que al diversificarnos podemos hacer que el asunto petrolero impacte mucho menos. Eso sí, tenemos el tiempo en contra. ¿Qué más vamos a esperar?

Esto, hablando de las urgencias. Sin embargo, creemos que esta contingencia puede ser el piso para subir unos escalones en nuestra madurez como país. Diálogo y productividad no son una circunstancia, sino pilares para un proyecto de patria que sea viable. Ninguna nación se ha hecho próspera bajo enfrentamientos internos, ni hay posibilidad de avance cuando se carga con el lastre de las diferencias internas. Que no es que deban anularse porque es imposible; pero sí aprender a convivir con ellas y ponerlas en su sitio justo. En uno donde no estorben al avance colectivo.

El año que nos viene no va a ser fácil y eso lo tenemos todos claro. Más allá de las percepciones de analistas especializados, lo podemos palpara en la calle. Pero la buena noticia es el cambio de actitud de nuestra sociedad ante las buenas noticias de nuestra reciente cita electoral. Unas noticas que fueron buenas para todos, independientemente de la opción que prefiriera cada quien. Y esa buena noticia es el haber superado con los más altos estándares de ciudadanía un evento para el cual algunos presagiaban unas turbulencias que finalmente no ocurrieron.

Parece que todos deseamos lo mismo y que los colores y las etiquetas son más externas y circunstanciales de lo que pensamos. Ahora, lo que nos queda es honrar esos buenos deseos expresados por la enorme cantidad de electores que acudieron a la cita del primer domingo de diciembre.