Mostrando entradas con la etiqueta Validación firmas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Validación firmas. Mostrar todas las entradas

viernes, 24 de junio de 2016

“Validando el futuro”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

La jornada de validación de firmas para activar el proceso del referendo revocatorio que ha vivido Venezuela en los últimos días, ha sido el termómetro de cuánto anhela la gente el cambio.

Es, por mucho, el tema de conversación en la calle, en los transportes públicos, en las casas, en los lugares de trabajo y por supuesto, en las ya cotidianas colas.

Y hablando de estas últimas, parece que ya está claro que no espantan a nadie. Quienes ya se han entrenados en hacerlas una y otra vez para surtir sus hogares de algo que llevar a la mesa, no se van a  asustar con tener que hacer otra cola más, si con este esfuerzo le meten el hombro a la posibilidad de que se produzca un proceso de cambio pacífico y democrático ante la inaceptable realidad que hoy vivimos.

En este sentido, el proceso de validación de firmas ha servido para convocar una nueva manifestación masiva que ha tomado las calles, no solamente enfrentando las colas para validar con paciencia y perseverancia; sino también movilizándose desde los más apartados rincones del país, en una muestra de que el venezolano no se va a dejar desanimar por la escasez de puntos de validación.

Durante estos años hemos crecido en organización ciudadana. La solidaridad entre familiares y vecinos para facilitar el transporte hacia los escasos y lejanos puntos de validación; las diversas organizaciones han prestado logística y apoyo y la gente se ha apertrechado como mejor ha podido para enfrentar la espera en las filas, que no sorprende a nadie y que, por predecible, ha podido ser manejada de manera inteligente por quienes la padecen.

También ha crecido la conciencia política de la ciudadanía. Es aplastante la mayoría que mide la trascendencia de lo que está sucediendo, de lo que nos estamos jugando y de cuánto puede aportar su voluntad para un cambio tan urgente como necesario.

Todos los venezolanos nos hemos convertido en “animales políticos” a fuerza de estar hiperpolitizados al ver cómo se deteriora nuestra vida. Buscamos respuestas, buscamos soluciones y en el camino vamos aprendiendo.

Oportunidades como la validación de las firmas, nos permiten salir a la calle y demostrar cuán capaces somos de pasar por encima de obstáculos cuando el objetivo a lograr es, por mucho, mayor que el mencionado obstáculo.

Al cierre de esta nota, la participación de los venezolanos en el proceso había cumplido cómodamente las expectativas de las fuerzas alternativas democráticas; con lo cual se reafirma que la cita en las urnas electorales es la voluntad de las mayorías.

Aquí parece olvidarse que hace pocos meses hubo una cita comicial en la cual la propuesta de cambio resultó ampliamente favorecida, y la promesa medular de dicha propuesta era buscar la manera pacífica y democrática de cambiar al actual gobierno en el marco de la Constitución Nacional, lo cual es la única salida para desmontar la crisis en paz. Y esa salida no es otra que el referendo revocatorio.

Quedarán para la historia grandes misterios, como por ejemplo la escasez de puntos de validación y por qué se habilitaron apenas trescientas máquinas.

Las enormes colas han constituido al final un bumerang para el discurso oficialista. En primer lugar, han dejado al descubierto cuánta gente apoya esta efectiva salida constitucional. Adicionalmente, demuestran que por parte del poder electoral es insuficiente la voluntad para atender el derecho ciudadano de manifestar su legítimo deseo de cambio. Un tiro por la culata de principio a fin.

Quienes han salido al encuentro pautado están gritando, con tal acción, que exigen respeto. Y respeto hay que darles. Se niegan a ser reducidos a una masa monocorde que siga las pautas del poder y reclaman la independencia de criterio, la capacidad de pensar y discernir, el derecho de disentir, que son inherentes a la condición humana.

También la dirigencia ha estado a la altura, y sería mezquino no reconocerlo. Ha habido respuestas, ha habido organización, alternativas, inventiva ante un proceso altamente complejo que ha supuesto la superación consecutiva de innumerables retos.

Estos días nos han dejado más curtidos en la larga y compleja carrera de obstáculos que nos ha significado rescatar al país. La independencia del siglo XXI se pelea con otras armas, más con tenacidad ciudadana que con pólvora y sus frutos van a ser también distintos. El país del nuevo siglo que todos esperamos y merecemos.

Estamos totalmente curados de espantos, nada nos sorprende. Es cada vez menos probable que exista alguna dificultad que nos aparte de nuestro objetivo; más aún cuando ya tenemos claro que la alternativa de rendirse sería refrendar el definitivo desmantelamiento de nuestra república, algo equivalente a dejar sin suelo a nuestros hijos. Y eso es algo que no vamos a aceptar.

sábado, 18 de junio de 2016

“Y ahora, los CLAP”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

Los Comités Locales de Alimentación y Producción son, según el gobierno, estructuras organizadas a partir de las cuales los Consejos Comunales distribuyen en las comunidades más necesitadas los alimentos a precio regulado.

Suena muy bien… en teoría. Pero en la práctica, tiene patas muy cortas.

En primer lugar, porque no hay alimentos que distribuir. Ni se producen, ni se importan. O al menos, no en las cantidades que necesita la población.

Somos muchos quienes, desde tiempo atrás, hemos señalado el grave error de privilegiar la importación de alimentos por encima de la producción nacional, aprovechando los elevados precios del petróleo; los cuales finalmente cayeron –como era de esperarse- y nos enfrentan hoy con un músculo productivo desmantelado.

No se soluciona mucho creando nuevos mecanismos de distribución de la misma escasez. De hecho, los beneficiados por las esperadas bolsas aseguran que la segunda entrega vino bastante menos surtida que la primera. ¿Cómo vendrá la tercera?

Por otro lado, la misma relación negativa entre la oferta de alimento y las necesidades de la gente, presiona la creación de mercados negros, fomenta la corrupción. El fenómeno de los bachaqueros es público, notorio y comunicacional; adicionalmente el mismo gobierno ha participado sobre la captura de empleados de las redes oficiales de expendio de alimentos que trafican con los mismos.

Volvemos a caer en lo comentado líneas atrás: es inútil crear nuevos mecanismos cuando los problemas de fondo no solamente no se solucionan; sino adicionalmente se profundizan. No hay garantía alguna de la efectividad de los CLAP.

Y para colmo, hay un matiz inaceptable en este momento de crisis nacional: el acceso a las publicitadas bolsas de alimentos de los CLAP pasa por instancias políticas y existen señalamientos de los afectados, respecto a la utilización de las mismas como premio o castigo por lealtades al oficialismo.

Por todo esto, los CLAP no han sido más que un mecanismo para sumar nuevas frustraciones a la ya desesperada población venezolana. Y no estamos para eso. El hambre de la gente solamente se combate con producción. Lamentablemente, vamos en el camino contrario.

viernes, 17 de junio de 2016

“Un Mariscal para Venezuela”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

Los próceres tienen su justo lugar en la estructura de una sociedad y como tales, sirven para inspirar a la ciudadanía en los más elevados valores y para motivarnos a actuar  en nuestra cotidianidad con una visión que nos permita crecer como nación.

Antonio José de Sucre, el Gran Mariscal de Ayacucho, es uno de los protagonistas de nuestra gesta independentista, no solamente en el territorio nacional, sino en el continente americano. Fue uno de esos venezolanos que puso por obra uno de nuestros mayores orgullos patrios: traspasar nuestras fronteras para luchar por la libertad de otras tierras.

Sin duda, uno de los mayores riesgos que se corre con los próceres es endiosarlos, porque se les otorgan cualidades divinas que los alejan de nosotros y los hacen parecer predestinados; cuando su valor está justamente en haber sido tan humanos como nosotros, tan de carne y hueso como nosotros y haber pasado sin embargo por encima de flaquezas y miedos con el fin de alcanzar las metas que los movieron.

Sin embargo, el perfil de Sucre sí nos habla de un líder muy completo, con sobresalientes dotes militares a la vez que sensibilidad humana. No por nada fue un hombre de confianza del Libertador y, dada su refrendada calidad humana, Bolívar exclamó que se había derramado la sangre de Abel cuando se conoció su asesinato.

¿Por qué no hablamos más de connacionales como Sucre?

Huérfano a los siete años y desde muy temprano inscrito en la carrera militar, fue ascendiendo en su oficio con eficiencia y acierto; se incorpora a las luchas independentistas dando no solo testimonio de sus capacidades militares de estrategia y responsabilidad, sino también de una visión de muy largo alcance como humanista y ciudadano.

Fue redactor del Tratado de Armisticio y Regularización de la Guerra en 1820, como parte del Armisticio firmado entre Bolívar y Morillo, documento que puso fin a la crueldad de la Guerra a Muerte, por lo que fue considerado pionero de los derechos humanos.

Actos como este hablan además de una visión política y de un intelecto que complementa adecuadamente al hombre de acción para consolidar las victorias y dar paso a la paz, que no otro puede ser el objetivo de la ingrata y cruel guerra, a la cual se fue porque no quedaba más remedio.

No solamente lucha en su tierra y se convierte en pieza clave de la gesta independentista; adicionalmente se convierte en una pieza clave de la visión de Bolívar que ter mina por darle independencia a Bolivia, Ecuador y Perú.

La campaña de liberación de Ecuador tuvo su culminación en la batalla de Pichincha, librada el 24 de mayo de 1822. Con esta victoria de Sucre, se consolidó la independencia de la Gran Colombia, se consumó la de Ecuador y quedó el camino listo para la batalla contra las últimas fuerzas realistas que quedaban en el Perú.

Sucre entró en Lima en 1823, precediendo a Bolívar. Participó posteriormente junto a él en la batalla de Junín y, el 9 de diciembre del mismo año, venció al virrey José de la Serna en Ayacucho, acción que significó el fin del dominio español en el continente sudamericano. El Parlamento peruano lo nombró Gran Mariscal y General en Jefe de los Ejércitos.

Entre sus grandes batallas emblemáticas, se cuentan Pichincha, Junín y Ayacucho, en las cuales demostró no solamente el elevado conocimiento que poseía de las ciencias y artes militares; sino también un don natural para el liderazgo y la estrategia.

Un año después, en 1825, participó en la ocupación del territorio del Alto Perú, que adoptó el nombre de Bolivia. Su papel se limitó a dar visos de legalidad a un proceso que los mismos bolivianos ya habían puesto en marcha.

Convocada la Asamblea Deliberante en Chuquisaca por el Mariscal Sucre, el 9 de julio de 1825, se determinó la completa independencia del Alto Perú, bajo la forma republicana, por soberana de sus hijos. Sucre se convirtió en el primer presidente de Bolivia, por dos años, y desde allí promovió políticas para la liberación de los esclavos y el reparto de las tierras.

Podemos imaginar cuán “imposible” lucía hace poco más de dos siglos fundar unas naciones a partir de lo que eran colonias y más aún, basarlas en principios de republicanismo que eran de gran avanzada para el momento.

En estos momentos, estamos urgidos de ejemplos, de inspiración. Nuestros jóvenes están ajenos a muchos de los venezolanos que alcanzaron metas elevadas a pulso y gracias no solamente a sus dones sino también a su duro trabajo.

Aquí o en la eternidad Gran Mariscal, que tu alma, tú gloria y convicción se mantengan intactos en la historia, como lienzos dorados de una época mejor. Enmarcada por la libertad, el patriotismo y el sacrificio por un país. Gloria eterna al cumanes y Gran Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre. A los 186 años de su muerte.

domingo, 12 de junio de 2016

“Violencia trae violencia”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui



La reciente agresión sufrida por el diputado Julio Borges es apenas uno más de tantos episodios de violencia que colman la cotidianidad de los venezolanos en forma creciente, en cada esquina del país.

Como muchos lo han advertido desde tiempo atrás, urgía atajar la virulencia de los discursos, porque las palabras se traducen en hechos y no existe justificación alguna para diseminar contenidos llenos de odio, que solamente podían conducirnos a lo que hoy vivimos.

Junto a las reiteradas agresiones de las cuales son objeto cotidianamente los propulsores de la alternativa democrática, también alarma la creciente escalada contra los periodistas que cubren los acontecimientos, señalados como objetivo de una parcialidad política, por el simple hecho de servir de intermediarios entre los sucesos y la gente.

La pregunta es: ¿quién gana con la violencia? Se paraliza el país, aún más de lo que ya está. El ambiente enrarecido complica la realización de un evento electoral, como lo es el inminente referendo revocatorio. Más allá de eso, lo dramático es que se trata de la única salida a una situación de penuria, que no solamente tiene que ver con inflación, escasez e inseguridad, sino también, justamente, con violencia.

El diálogo, que despierta las más variadas opiniones entre los venezolanos, es también altamente cuesta arriba cuando se tiene sobre la cabeza una espada de Damocles que únicamente tiene como objetivo el chantaje.

El país se nos desdibuja a paso de vencedores, y los responsables –o irresponsables- son también los cómplices de la violencia. Quienes la llaman, quienes la aúpan, quienes la ejercen y lo hacen no solamente desde los hechos, sino desde el verbo. Desde la glorificación en la palabra de una  patada al tablero que solamente nos puede internar aún más profundamente en el oscuro callejón sin salida que desde hace rato transitamos.

La gente lo sabe, la gente está clara. Para el ciudadano de a pie es obvio quién juega para intereses egoístas y agendas propias; y quién le apuesta a la viabilidad de una Venezuela de paz, que nos pueda garantizar vida y bienestar a todos. El triste espectáculo salpicado de rojo, no tendrá aplausos de los venezolanos.