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domingo, 13 de diciembre de 2015

“Domingo de resurrección”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

El brillante evento electoral que protagonizamos todos los venezolanos el pasado domingo, le ha devuelto la sonrisa al país. Y ha dado la razón una vez más a quienes han defendido reiteradamente la cita comicial como el instrumento medular para resolver el desencuentro entre venezolanos.

Son muchas las ganancias que sumamos a nuestros haberes como nación desde ese 6 de diciembre de 2015 que quedará para la historia.

La primera es haber entendido que la participación masiva en los eventos electorales sí es la forma de cambiar las cosas. Atrás quedaron las tesis abstencionistas que nos hicieron tanto daño y que entorpecieron en forma lamentable la resolución de nuestros conflictos durante muchos años.

En segundo lugar, el ejercicio de ciudadanía nos puso los pantalones largos como país en forma ejemplar. Y no se trató solamente del valioso acto de acudir a los centros de votación para dar a conocer nuestra voluntad. Hablamos de la conducta cívica, civil y civilista de ese día extraordinario. En las calles, en las colas para depositar nuestro voto, en el apoyo entre amigos, familiares y vecinos para resolver la logística de ese día decisivo.

No existieron excesos en la celebración de los votantes cuya opción triunfó, ni revanchismo entre quienes recibieron resultados adversos para sus candidatos.

Adicionalmente, el ejemplar comportamiento de los funcionarios del Plan República selló un nuevo modo de entendimiento entre distintos factores de la sociedad venezolana. Sin caer en el optimismo ciego, creemos que todo fue ganancia.

Y nos permitimos hacer una mención muy especial a la triunfadora Mesa de la Unidad Democrática, porque ha sido un ejercicio largo y complejo, que ha costado años y trabajo. No es una victoria mágica; sino labrada a pulso en un entendimiento de los factores políticos de oposición que muchos juzgaron imposible y otros tantos, inútil.

Postergar proyectos grupales y personales por el interés superior del país, ha sido la prueba que han debido pasar quienes pretendan hacer carrera de largo aliento en la política nacional. Pero hoy nadie puede negar que haya valido la pena.

Vencimos y derrotamos a toda una colección de fantasmas que nos habían acompañado en los últimos años. No es posible que las fuerzas alternativas democráticas ganen una elección, si ganamos no nos van a reconocer, y sobre todo, el más inquietante: el de la violencia que rondaría en cada intento de los venezolanos de resolver sus diferencias con votos.

Ciertamente, no dejamos de creer que este último fantasma anda por allí, agazapado; pero extremadamente minoritario, minusvalizado y fuera de contexto, porque ya no tiene lugar entre nosotros. No fue comprado por las masas, quienes con su conducta demostraron la inequívoca voluntad pacifista de la venezolanidad.

A mitad de la segunda década de este siglo XXI, nuestro país ha estrenado un evento que nos ha llevado a estar a tono con los tiempos mundiales y que ha recuperado el orgullo de la venezolanidad, tantas veces torpedeado por dudas, por autocrítica y por incertidumbres.

De cara a los tiempos por venir, hay mucho trabajo: el mutuo reconocimiento de los distintos factores de poder, que ahora se equilibran con representaciones proporcionales de las distintas formas de pensar de los venezolanos en la Asamblea Nacional, que – siempre lo dijimos desde aquí- es el foro perfecto para construir el país inclusivo y de concertación por el que hemos clamado desde hace tanto tiempo. Allí estamos representados todos y todos debemos ser escuchados.

Nadie puede caer en tentaciones de desconocimiento del contrario. Ni el Ejecutivo ante una AN compuesta mayoritariamente por la Mesa de la Unidad Democrática, ni esta última ceder a tentación alguna de triunfalismo, cuando tiene la oportunidad de hacer las cosas de otra manera, de ser incluyente y abierta al diálogo desde su victoria, conducta que además es la razón de existir de ese cuerpo colegiado.

Allí está finalmente el contrapeso que permite que el sistema democrático funcione, y todos los actores políticos del país deben participar en involucrarse. Es la voluntad expresada inequívocamente por millones de venezolanos que apostaron a cualquiera de las dos opciones políticas; pero que tienen en común el hecho de haber apostado a la paz y a la democracia mediante el inequívoco acto de haber acudido a votar.

No viene un camino corto ni fácil. Los venezolanos enfrentamos toda una colección de problemas que no es necesario mencionar porque todos los conocemos, están en la calle. Pero el mandato de la gente es que todos nos sentemos a trabajar en la solución, no cabe alternativa alguna. Quien no entienda esto, quedará fuera de juego en un país donde no cabe otra cosa que no sea la paz.


viernes, 4 de diciembre de 2015

“La oportunidad de votar”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

El intenso debate que se ha librado en los últimos meses respecto a si el país sigue o no el curso debido, por fin puede traducirse en acciones este domingo 6 de diciembre. La única acción deseable, posible y que le da a los ciudadanos el poder de cambiar el rumbo de la nación: votar.

Estamos hablando especialmente a quienes se sienten excluidos e impotentes, a quienes consideran que el poder va por su propio rumbo sin tomar en cuenta los deseos, las urgencias y las expectativas de la ciudadanía.

Creer esto es un error, porque el voto ha demostrado sobradamente en nuestra vida republicana, que es un instrumento poderoso para marcar el sendero del desempeño nacional en el futuro inmediato.

Especialmente cuando en situaciones como la actual, el sentir nacional se decanta por dos opciones de gobierno, la cuales son opuestas y hasta parecen irreconciliables, le toca al mismo votante ser el árbitro entre las dos propuestas, los dos modos de imaginar a la patria.

Y es especialmente importante recalcar este asunto en las elecciones a las cuales nos preparamos para asistir, porque estamos en un país de tendencia presidencialista, en el cual se le otorga a los comicios para elegir al primer magistrado nacional una enorme importancia, como debe ser.

Pero en el caso de los otros actos comiciales, la convocatoria a los centros de votación suele descender.

Y resulta que la democracia se entreteje de un complejo tramado de poderes, en cuya designación jugamos todos, y jugamos porque es nuestro derecho, porque nuestra historia nos ha permitido ganarlo con madurez, con trabajo, con lucha. No desperdiciemos esa herencia histórica menospreciando el acto del voto.

Otro elemento que lleva a disminuir el valor de participar, es pensar que no se influye en nada con un solo voto. Si todos pensamos así, pues evidentemente estamos entregando nuestro poder. Pero si nos aferramos a la creencia contraria, pues entonces la sumatoria de los millones de participantes si hace una diferencia por demás legítima.

Afortunadamente, el creciente interés de los venezolanos por el asunto político, ha robustecido una cultura cívica de la cual nos podemos sentir orgullosos y que, entre otras cosas, ha hecho disminuir la abstención en los últimos años de cara a comicios legislativos y regionales.

Como decíamos más arriba, cada vez está más claro que el gobernó no es solamente un presidente. Que las instancias regionales y locales pueden hacer la diferencia; así como el poder legislativo, que es el que nos ocupa en este caso.

Y queremos subrayar de modo muy particular la cita comicial que nos ocupa en lo inmediato, ya que el parlamento de un país es en primer lugar, el cuerpo más representativo de la pluralidad de sentimientos y pensamientos que conforman el espectro político nacional.

Y en segundo lugar, es el espacio por excelencia para dirimir diferencias, llegar a acuerdos, conseguir encuentros y coincidencias, facultando para ello a representantes que vamos a elegir legítimamente y que tendrán nuestra voz y nuestro voto. Y no es poco decir esto: estamos hablando de gente que nos va a representar en la mayor instancia de decisiones de nuestro país.

No importa lo que usted sienta o piense, sin duda en el espectro de la oferta electoral hay quien lo represente, y el único error en este proceso es quedarse sin voz. Hablemos para que nuestros elegidos hablen por nosotros. Y sobre todo, sea cual sea el resultado, que sea legítimo y reconocido por todas las partes que participan. Esa es la mayor garantía de paz para un país y un ejercicio por excelencia para la concordia y el progreso.

Cabe en estas reflexiones el comparar la acción con la inacción. Y preguntarnos qué se obtiene desde la no participación y cuál es la ganancia la participar. Sin duda que la última opción es la que siembra, la que genera futuro, la que puede ser el detonante para que las cosas se parezcan más a nuestro modo de pensar y sentir.

E insistimos: si los resultados finalmente no se parecen a lo que hubiéramos querido, al menos tendremos la tranquilidad de haber expresado nuestra opinión y de haber ejercido el derecho que se nos pone en las manos para que nuestro parecer cuente a la hora de conformar el legislativo nacional.

En cosa de pocas horas, la incertidumbre y las expectativas serán cambiadas por certezas, el país habrá atravesado por un proceso que otorga claridad y que fija un rumbo; pero sobretodo habremos dirimido nuestras diferencias con la piedra donde descansa el pivote de la civilización: el contarnos para entendernos.

Que todo marche en paz y que seamos, a partir del próximo lunes, un país más maduro y especialmente satisfecho de haber realizado bien la tarea.


domingo, 29 de noviembre de 2015

"Mirando a Argentina"

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

La noticia de las elecciones presidenciales argentinas ha traído cola. En realidad lo hace desde mucho antes, cuando se comenzó a perfilar lo que se jugaba: la continuidad del proyecto kirchnerista, que había estado al frente del país por más de doce años, o un cambio de rumbo a manos de una nueva alternativa.

La gente se decidió por el cambio encarnado en Mauricio Macri. Argentina vio por primera vez que los comicios presidenciales se decidieran en una segunda vuelta, lo cual fue una prueba de fuego para la institucionalidad del país.

Y vale la pena poner la lupa sobre los reacomodos que hubo en esta segunda vuelta. El hecho de que en la primera, el oficialista Daniel Scioli haya ganado por un margen tan estrecho, abrió la esperanza para la coalición opositora, que logró capitalizar el descontento generado por el desgaste del prolongado mandato de los Kirchner y remontar la cuesta para vencer, por estrecho pero indudable margen.

¿Cómo se revirtieron los pronósticos que vaticinaban como invencible a la maquinaria gubernamental? Nadie lo sabe a ciencia cierta, pero sucedió. Y no se debe tratar de un milagro, ni de un acto de magia –aunque de que vuelan, vuelan- sino más bien de una conjunción de propuesta y trabajo por parte de la gente de Macri, aunado al ya mencionado desgaste del prolongado mandato de Kirchner y señora.

Porque esa es una verdad incontrovertible, que a muchos políticos de oficio les cuesta aceptar: los liderazgos se desgastan, los ciclos de poder no se pueden prolongar indefinidamente. La propuesta política que hoy toca a su fin en la nación sureña, tuvo su momento, lo vivió y lo agotó. Llega el momento de pasar la página y es mejor aceptarlo. Punto a favor para la presidente que sale: haber entendido que una despedida elegante es la mejor manera de asegurarse la posibilidad de un regreso.

Hay otros puntos que destacar, como por ejemplo el que Macri, exitoso alcalde de Buenos Aires antes de aspirar a la presidencia, haya sumado voluntades a su alrededor para poder superar –aunque por poco- a estatura del poderoso partido gobernante.

Toda victoria debería implicar modestia; pero muy en especial la que conlleve márgenes estrechos. Y por otro lado, toca ser inclusivo y amplio al gobernar, ya que el gobierno saliente que pasa a ser oposición, cuenta también con un capital de votos nada despreciable.

Capital que, esperamos, tampoco sea sobrevalorado por los seguidores de los Kirchner, y que se entienda la dimensión exacta de hacer oposición, sin caer en tentaciones de estorbar al gobierno que se inicia, como una posible estrategia para allanarse el camino de regreso a la Casa Rosada.

Renunciar al poder no es fácil, y menos cuando se ha ejercido durante tanto tiempo, porque genera costumbre. Los medios internacionales reflejan que los diálogos para la transición gubernamental, si bien secos y tensos, se han mantenido en los parámetros de la institucionalidad, como debe ser.

Sobre su política exterior, dijo que intentará mantener buenas relaciones con todos, aunque no comparta los criterios de algunos. Esperemos que así sea y que el gobernante a estrenarse tenga como norte los usos de la buena diplomacia, que aleja de los excesos y anima a la convivencia pacífica, es lo más sensato que se puede hacer; aunque sin duda el cambio de signo en los gobernantes, reacomodará las relaciones de la nación albiceleste.

Sobre este asunto, al igual que sobre otros tantos temas que atañen a la conformación de un gobierno, puede arrojar pistas  la manera como respondió Macri al ser consultado sobre su ideología, en la cual rechazó amoldarse a cánones tradicionales: "Nuestra ideología es resolver, es hacer, lo definiría como un desarrollismo moderno del siglo XXI".

Y abunda en cuanto a la relación con otros países del  continente: "Queremos construir, afianzar buenas relaciones con todos nuestros hermanos latinoamericanos y con el mundo", y agregó que había recibido llamadas de felicitaciones de la presidente de Chile Michelle Bachelet, de la mandataria brasileña Dilma Rousseff y del presidente uruguayo, Tabaré Vázquez.

"Argentina necesita intercambiar con todos los países para generar oportunidades", fueron otras palabras bastante significativas, tras lo cual ratificó que su primer viaje al exterior será a Brasil. Una decisión inteligente, por la proximidad del país y por el enorme peso de la nación brasileña en el continente.

Muchos interpretan la victoria de Macri como la llegada de vientos de cambio al continente. Los cambios siempre son bien recibidos, especialmente cuando la situaciones han estado estancadas por mucho tiempo. Aún es temprano para vaticinar le alcance y la dirección de esos cambios, hipotéticos, pero que sin duda sucederán. En todo caso, el mundo, y especialmente América Latina, miran a Argentina y a su nuevo presidente.


domingo, 15 de noviembre de 2015

“Equidad electoral”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

Los venezolanos estamos entrando de lleno en la campaña electoral para las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre. Como lo hemos reiterado desde este espacio en muchas oportunidades, a pesar de no tratarse de comicios presidenciales, en esta cita se encuentra una pieza clave del porvenir de Venezuela, como lo es la Asamblea Nacional, que será nuestro poder Legislativo por los próximos cinco años.

Y desde ya nos venimos inquietando por la equidad de las condiciones propagandísticas de los dos grandes grupos que se darán cita en las urnas electorales: el oficialismo y la Mesa de la Unidad Democrática.

Uno de los motivos por los cuales en su momento nos opusimos a la llamada reelección indefinida, fue el hecho, mundial e históricamente comprobado, de que los gobiernos siempre compitan con ventaja en los encuentro electorales. Es un hecho incontrovertible, partiendo del aparato de poder y comunicación que cualquier administración gubernamental ostenta, y del hecho, justamente, de la percepción de poder por parte del electorado.

Venezuela no es la excepción a esa regla, y menos aún con el aparataje mediático que el gobierno ha creado para sí. Como lo confesara alguna vez un funcionario gubernamental, su objetivo era crear una “hegemonía comunicacional” y lo lograron.

No solamente se comunica el mensaje oficialista a través de radios, televisoras, periódicos y sitios web que pertenecen a la nómina del Estado. También se hace mediante pautas obligatorias en medios privados, lo cual es un beneficio al cual no tienen acceso los sectores de la alternativa democrática.

Ciertamente, en teoría se regulan las participaciones propagandísticas de los involucrados en condiciones de equidad; pero por ejemplo –y en adición-  los sectores opositores no cuentan con ventajas como elementos propagandísticos desplegados en edificios públicos, a los cuales acuden numerosos ciudadanos todos los días, quedando expuestos a tales mensajes.

Los árbitros de la contienda deberían tomar medidas, por ejemplo, en el tema de las inauguraciones de obras en períodos de campaña electoral. Este es un elemento de perturbación no solamente en nuestro país, sino en muchas otras latitudes, ya que obviamente es un recurso de propaganda indirecta para quienes ostentan el poder, que de entrada no puede ser cuestionado.

Sin embargo, aunque indirecto,  es propaganda. A tal punto que es muchas naciones se prohíbe la inauguración de obras públicas cuando se acerca un encuentro electoral. Y en los lugares donde se permite la inauguración en sí, se realiza con la mayor discreción y sobriedad, con el fin de disociar la obra en sí de la campaña en cuestión.

En las últimas semanas hemos visto el corte de cinta de obras sin duda loables y necesarias; pero acompañadas de un proselitismo definitivamente innecesario, el cual nos hace inquietarnos por el ventajismo que pueda tener una de las partes en juego.

De parte del árbitro es un excelente momento para hacer valer su autoridad e independencia y llamar a la equidad y ecuanimidad en las pocas semanas que quedan entre el momento actual y nuestro encuentro en los centros de votación.

Y por parte de los funcionarios gubernamentales sería también una muestra de buena fe la auto regulación de estas circunstancias, e incluso el brindar espacios a quienes no piensan como ellos en medios que, como bien dicen sus lemas, son de todos los venezolanos.

Sería digno de aplauso también que en los mencionados medios pro gubernamentales se bajara el tono de los espacios que aplauden la obra gubernamental y cuestionan a la oposición, en contrapartida a los medios de comunicación particulares que han llegado a balances más equilibrados en asuntos políticos.

Y todo este contexto de prudencia y sensatez en la propaganda electoral serviría de ejemplo al país entero, a un país que luce recalentado por sus problemas y que llega exhausto a la cita comicial.

Recordemos que – también lo hemos dicho- el ejemplo de respeto y convivencia por parte de quienes ejercen el liderazgo en el país, sean del bando que sean, es crucial para que volvamos a ser una sola patria y no dos mitades irreconciliables.

Factor que, por cierto, incide en el riesgo-país que preocupa a la actual administración, y que no decae a pesar de los puntuales pagos a los acreedores internacionales. Pero es que estos, más allá de llevar las cuentas, también monitorean el clima interno, el cual debería ser de mayo concordia para proyectar confianza hacia afuera.

Así pues, equilibrio, tolerancia y civismo para la importante cita del domingo 6 de diciembre. Si seguimos las buenas maneras que deberían ser práctica usual en estas circunstancias, ganaremos todos, más allá de quien saque el mayor número de votos.


domingo, 8 de noviembre de 2015

¿Por el ascensor, o por la escalera?

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

Es un viejo dicho popular ese que asegura que mientras los sueldos suben por la escalera, la inflación lo hace por el ascensor. Pero, como suele suceder con los lugares comunes, el hecho de repetirlos no los desgasta; al contrario: más bien reafirma cuánto tienen de cierto.

La realidad es que hemos visto varios aumentos de sueldo en el último año, pero todos sentimos que cada vez nuestro dinero vale menos y que dichos aumentos apenas alivian por un breve lapso y en grado muy relativo las necesidades a cubrir.

Nadie puede negar que estos aumentos decretados por el gobierno vengan cargados de las mejores intenciones; pero ya sabemos que estas son las mismas que se encuentran en el camino al infierno.

El asunto es que quienes hoy administran a Venezuela están jugando a la antieconómica, y la gente se pregunta por qué no escuchan a quienes saben de esto y les advierten que se están comiendo la flecha en sus acciones.

En primer lugar, un aumento de sueldos por decreto es por definición inflacionario, dado que se está exigiendo a empresas e instituciones que no son productivas, erogar mayores cantidades en nómina, lo cual invariablemente – en caso de la empresa privada- va a tener que ser cargado al consumidor final, aumentando los precios.

Y en el caso de la administración pública, sostenida por el petróleo y cada vez recibiendo menos dinero a través del mismo, implica meterla en un callejón sin salida.

El asunto no es ordenar que se les pague más a los trabajadores, sino ver qué hacemos para ser más productivos.

Desde esta tribuna nos hemos unido a quienes hacen reiteradamente llamados a reforzar la menguada producción nacional, entre otras razones para crear riqueza, para que la misma dinámica productiva incremente la remuneración de los trabajadores al alcanzar la prosperidad a través del trabajo.

Pero para ello se necesita un concierto de la iniciativa particular y la administración pública en conjunto. Naciones que han superado coyunturas mucho peores que las que actualmente padecen Venezuela, solamente han salido adelante con la visión y acción unificada  entre todos los miembros de sus sociedades. Si no remamos todos en la misma dirección, nos hundimos.

Y otro punto muy importante: el gobierno debe enfocar acciones en el fortalecimiento y defensa del valor de nuestro signo monetario. Si conseguimos una moneda que se mantenga robusta y estable ante los vaivenes de la economía, podremos dejar en el pasado los reiterados aumentos de sueldo, los cuales no hacen sino confirmar que el dinero vale cada vez menos.

Otro factor de distorsión es el desconocimiento del verdadero monto de la inflación en nuestro país. Desde diciembre del año pasado, el Banco Central de Venezuela no publica las cifras oficiales a pesar de las numerosas y reiteradas exigencias de quienes están involucrados en el campo de la economía nacional y necesitan saberla para presupuestarse.

En una alocución televisada, el primer mandatario nacional aseguró que la inflación de este año rondaría el 80%, según le habían comentado. Y aseguró que los aumentos de salario de 2015, superaban el 130%, incluyendo las mejoras hechas a través de los cesta-tickets.

Sin embargo, otros actores económicos aseguran que el incremento de los precios para este año superará el 200%, con lo cual más bien queda un remanente negativo superior al 70% en contra de los trabajadores venezolanos. He allí la respuesta de por qué “el dinero no alcanza para nada”.

¿Cómo explicar de manera gráfica lo que sucede? Pues echando mano de la frase que afirma que los precios suben por el ascensor mientras los sueldos lo hacen por la escalera. Después de revisar este escenario de las remuneraciones venezolanas versus la inflación, no hay otra manera mejor de dibujarlo con palabras.

¿Cómo fortalecer nuestro signo monetario? Con trabajo y con confianza. Con productividad, con la producción de bienes y servicios que generen riqueza, paz y prosperidad. Con la diversificación de nuestra industria nacional y con la apuesta a que sea exitosa.

El fortalecimiento de la moneda – y por consecuencia de la economía- no pueden ser temas tabú. De ello depende el sustento de la gente y la satanización del tema, o su manejo a través de dogmas ideológicos termina impactando en las despensas de las familias.

Y también es necesario, para lograr sanear la vapuleada economía venezolana, implementar  cambios de fondo en los discursos tanto como en los hechos. Solamente con concordia, con paz y con conciliación un país puede ser productivo y por ende, próspero.

Cuando contemos con una economía en orden y con una moneda sólida, se acabarán todas las penurias al respecto que hoy padecemos.

www.daviduzcategui.com

domingo, 1 de noviembre de 2015

“Tiempos de cambios”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

El resultado de las recientes elecciones presidenciales en Argentina, anuncia un cambio en el rumbo político de la nación suramericana. Algo que era de esperarse, porque tanto la historia como la política, son de ciclos.

La gran interrogante en Argentina de cara a las elecciones, era: ¿habrá segunda vuelta o ganará la presidencia Daniel Scioli?

Pero tras conocerse los cómputos,  que dejaron una muy cerrada diferencia a favor del candidato del gobierno y un considerable crecimiento del opositor Mauricio Macri, de la alianza Cambiemos, ahora la pregunta es otra: ¿podrá mantenerse el oficialismo en el poder tras el venidero “ballotage” del 22 de noviembre?

Los medios de comunicación internacionales calificaron como una gran sorpresa lo sucedido, especialmente cuando desde la gobernante fuerza peronista del kirchnerismo se esperaba una indudable victoria de su representante, la cual debía darse con un margen superior al 10% de votos a favor, con el fin de evitar la segunda vuelta.

Pero el estrecho resultado obtenido ha convocado al llamado “ballotage” que es, en sí, una derrota explícita para el oficialismo que controla a la nación sureña desde hace 12 años. A pesar de que Scioli sí ganó la primera vuelta, el estrecho margen permitiría calificar como “pírrica” su victoria, en el estricto sentido de este término, ya que fueron muchos los antiguos partidarios del peronismo que quedaron en el camino, pero no por muerte en batalla sino por decepción. Y consecuentemente, migraron a otras alternativas políticas.

Es difícil explicar qué pasó en apenas dos meses, para que cambiaran tanto las preferencias de los argentinos entre las primarias presidenciales de voto obligatorio de agosto pasado y las recientes elecciones generales.

Cristina Kirchner atraviesa su último año de Gobierno en medio de una crisis de confianza ante los mercados financieros internacionales, a lo cual se suman condiciones negativas dentro del propio país, debido a la falta de divisas, elevada inflación y disminución en las reservas del Banco Central. La popularidad de la primera magistrada cayó en febrero pasado del 32,5% al 29,8% luego de la polémica muerte del fiscal Alberto Nisman.

Un dato clave es que finalmente fueron muchos más argentinos a votar, y todo parece indicar que lo hicieron impulsados por el “voto castigo”, en contra del sucesor designado para  Cristina Kirchner. La participación en agosto había sido del 74% y subió al 80,8%. Es decir, 2,1 millones de personas más.

Las elecciones locales conjuntas con a las presidenciales también perjudicaron a al oficialista y beneficiaron al opositor. En la provincia de Buenos Aires, donde vota el 37% de los argentinos y gobernaba el peronismo desde hace 28 años, triunfó la candidata liberal, María Eugenia Vidal. Y esto tuvo que ver con que enfrentó a uno de los kirchneristas con peor imagen, Aníbal Fernández, el jefe de Gabinete de Ministros de la presidente Kirchner.

Así que el revés que recibió el Frente para la Victoria (FPV), la organización de corte peronista que gobierna hace 12 años el país y que es liderada por la primera mandataria, no sólo se circunscribió a la batalla presidencial.

También es oportuno apuntar que peronismo y kirchnerismo no son necesariamente sinónimos; en tanto y en cuanto los esposos Kirchner imprimieron a su larga década más dos años en el poder un estilo tan extremadamente personalista, que choca por consecuencia con otro personalismo por definición, como lo es el peronismo, bajo cuyo conveniente paraguas se ha amparado siempre, ante la amenaza de nubarrones.

Pero justamente este resultado adverso puede agudizar las escisiones, especialmente cuando se entiende que el peronismo tiene matices de muy amplio espectro y le ha dado a Argentina los más variopintos políticos.

Y justamente, la autocrítica de quienes hoy gobiernan hacia el interior de su propia coalición, es la urgencia de reagruparse; cosa que parece cuesta arriba, por aquello de que la victoria tiene muchos padres, pero la derrota es huérfana.

Vendrán, por supuesto, los reacomodos de fuerzas de cara al nuevo encuentro en las urnas. Y desde ya los analistas se aprestan a apostar que las nuevas alianzas favorecerán a Macri.

Aún es temprano para afirmarlo, pero parece que el ciclo Kirchner termina en Argentina. O al menos, entra en receso. Es el vaivén normal de la historia y de la política. Habrá que ver si es capaz de reinventarse y reflotar, como lo ha hecho tantas veces su marca madre, el peronismo. O si su eventual despedida será sin segunda vuelta.

lunes, 8 de junio de 2015

“Unidad por encima de todo”

Por David Uzcátegui
Secretario Nacional de Asuntos Municipales Primero Justicia
@DavidUzcategui

Muchos de quienes sentimos que Venezuela no va por el camino conveniente, hemos perseverado en encontrar una fórmula para poder constituirnos en un contrapeso efectivo ante un Estado hipertrofiado y un exceso de poder acumulado en pocas instancias.
Esta fórmula ha sido, desde hace varios años, la Mesa de la Unidad Democrática, o sencillamente, “la unidad”, como es llamada en las calles, tanto por quienes la avalan como por quienes la combaten.
Y ciertamente, y como lo dijéramos días atrás, tenemos gente de este lado de la acera que ataca la unidad, no es una tarea exclusivamente del oficialismo. ¿Por qué recibe ataques la que parece la fórmula más sensata para concretar un poder alternativo?
Se trata de una gran pregunta. Hay quienes, desde lo humanamente comprensible, arremeten contra la unidad siendo opositores, pero sintiendo que el camino se ha hecho demasiado largo y que la fórmula no es efectiva en tanto y en cuanto no ha servido para dar paso a otros gobernantes distintos a quienes ostentan el poder desde hace más de 16 años.
Con ellos hay que hablar. Siempre hemos dicho que no es un camino fácil, ni sencillo, ni breve. No hay fórmulas sacrosantas ni atajos, que es algo que hemos combatido quienes nos amparamos bajo el paraguas unitario.
La decepción y el desaliento son, repetimos, humanos. A todos nos han tocado una y otra vez en estos años, y no nos queda otra que volver a levantarnos y seguir adelante. Sí, se está poniendo a prueba nuestra madurez y nuestra resiliencia o capacidad de adaptarnos y modificarnos para superar los obstáculos y poder seguir adelante.
En otros tantos hay miopía. No es conveniente tener vista corta en una circunstancia tan compleja como la que vivimos. Una verdadera visión de helicóptero de lo que nos estamos jugando en Venezuela tiene como ventaja introducirnos en la verdadera dificultad del momento. Comportamientos y acciones que serían explicables en otras circunstancias, no lo son en estas.
Hay quien habla también de agendas propias y ocultas. Otra conducta humana pero inconveniente en estos momentos. Aquí no va a haber agenda propia para nadie si no hay país. Y el país se construye desde lo colectivo, desde un pacto social que se desdibuja y que hay que volver a hilar muy finamente. Y ese pacto pasa por respetar la palabra. Es desde aquí desde donde lo vamos a volver a construir, y será tan sólido que terminará por convocar a quienes están en la acera opuesta, no tenemos dudas de ello.
Mantener la Unidad no es fácil. Por suerte somos muchos, de matices muy diversos, para no hablar de izquierdas o derechas, términos que en el siglo XXI lucen ya obsoletos, porque la visión de gobierno y de la administración del poder es muy distinta y tiene otros objetivos a la luz de los avances de la humanidad.
Ciertamente, atajar las fisuras de este ejercicio democrático es una labor titánica y exige compromiso y sensatez por parte de quienes convivimos bajo ese techo. Pero, justamente con este panorama que estamos pintando, ya comienza a existir un país alternativo en el cual se toleran las diferencias y se dialoga en pro del bien común.
Al día de hoy, nadie puede negar que la MUD es la única alternativa a la autodenominada revolución. Ha organizado elecciones primarias que sí han acercado el derecho de elegir a la gente. Ha presentado candidatos unitarios a diversos cargos de elección popular, incluso a la presidencia de la República, con resultados superiores a los esperados en los conteos de votos. Y lo más importante: ha actuado con ecuanimidad y con ética, un clamor popular que impide abordar el camino corto, pero que aporta solidez a la ruta.
Estamos negados a una fractura de esta instancia. Todos somos necesarios, siempre y cuando nos guíen pensamiento democrático y la nación como último interés. Somos de quienes siempre llamaremos a quienes estén en desacuerdo para sentarnos a encontrar consensos, porque de eso va la política.
No se vale desesperarse. Ni para nosotros, ni para quienes busquen nuestros mismos objetivos por diferentes caminos, ni mucho menos para quienes no sienten piso alguno y perciben el momento actual como demasiado oscuro.
¿Cuándo obtendremos resultados? Honestamente, no lo sabemos. Y quien diga lo contrario, seguramente no está pisando firme, sea que lo haga adrede o de buena fe. Lo que sí sabemos es que, cuando esos resultados lleguen, serán sólidos, perdurarán y servirán como piso para avanzar mucho más en el camino del progreso y la justicia.

Sin embargo, el trabajo sereno y constante hace que los resultados comiencen a aparecer de forma tan natural y paulatina, que muchas veces no nos damos cuenta de que ya estamos en el sendero. Es fácil que el ruido de la compleja circunstancia no nos permita notarlo. Pero sí hay resultados. No detonemos el camino construido.

martes, 19 de mayo de 2015

"Esperanza firme"

Estamos convencidos, tal como lo decía Mandela, que la educación es el arma más poderosa para derrotar la pobreza. Quienes tenemos como bandera de lucha la educación, sabemos que ésta es la única vía para formar hombres y mujeres críticos, por lo que entendemos la importancia que tienen los profesionales de la enseñanza para el progreso y futuro de un país.
Durante años nuestros docentes han sido discriminados. Sus justas exigencias no han sido escuchadas por un gobierno sordo, que profundizó la inversión de la pirámide salarial, beneficiando a unos y ahogando a otros. Cómo es posible que en nuestra Venezuela, un general gane 8 veces más que un director de escuela, esto sin contar todos los beneficios adicionales que reciben, carro, casa, etc. Una vez más lo repetimos, el día que un maestro gane más que un general, cambiará Venezuela.
Sin duda, lo que nuestros maestros de todos los rincones del país exigen no es más que lo que por justicia les corresponde por ser formadores de futuro. Y es que luego del aumento pírrico de salario mínimo que anunció el gobierno, y que no alcanza ni para comprar diariamente una arepa, los profesionales de la enseñanza quedaron como la guayabera. La situación es tan precaria que luego que se concrete el 30% de aumento, por lo menos el 90% de nuestros docentes del país quedará por debajo del salario mínimo.

Tal como está de deteriorado el poder adquisitivo de todo nuestro pueblo, producto de un modelo económico corrupto que fracasó, todos los docentes del país merecen un incremento de por lo menos 50%, para poder sortear el impacto del alto costo de la vida y de la inflación más alta del planeta.
Así como están de afectados nuestros docentes, lo está todo nuestro pueblo, porque Nicolás y su grupo de enchufados conducen literalmente a nuestro país al abismo. Y es que la crisis que afecta a nuestra Venezuela empezó a sentirse con más fuerza en el mes de abril y se va agudizar más aún en el segundo semestre de este año, porque la restricción de divisas se acentuará, producto de la caída de los precios del petróleo que ahora es cuando empezamos a sentirla, porque hasta ahora se cobraba el petróleo vendido a un barril por encima de los 80 dólares, pero ya no. Esto no solo afectará los bienes finales, sino toda la disposición de materia prima y bienes intermedios para la industria, lo que se traducirá en más escasez y desabastecimiento.
Según los especialistas, nuestra economía está en recesión, ya que desde el segundo trimestre de 2014, no muestra signos de recuperación. Todo hace pensar que el gobierno mantendrá las mismas políticas erradas sin modificaciones, por lo que la situación será mucho peor, entre otras cosas, debido a que la inflación, pudiera ubicarse entre 130% y 180% al cerrar el año.
Pero todo este panorama, que se vislumbra nada alentador, nos tiene que dar más razones para unirnos. Desde ya hace algún tiempo, los venezolanos empezamos juntos a escribir las páginas de lo que será una nueva Venezuela, completamente distinta a la que tenemos actualmente. Sí, ese bravo pueblo que ha sido capaz de tolerar las humillaciones de las colas, los embates de la inflación y el desabastecimiento, cada día tiene los sentidos más despiertos, porque aprendió que un pueblo unido avanza.
La noble tierra de los hijos de Bolívar grita por todos sus rincones que quiere un cambio. Es un ruido ensordecedor que se escucha en todas partes, pero ahora más que nunca es necesario que juntemos nuestras voces para que nos hagamos más fuertes y se escuchen nuestros justos reclamos.
Hacemos esta reflexión para insistir en la importancia que tienen las venideras Elecciones Parlamentarias, que aún siguen sin fecha, porque el gobierno y sus voceros, juegan a la desmovilización. Ellos juegan a que nos resignemos, a que no tengamos expectativas y eso no podemos permitirlo. Solo quien se sabe sin apoyo, juega a la desmotivación y división de su pueblo para mantenerse en el poder.
Todos los días surgen más y más razones para unirnos. Ellos saben que perdieron la calle y por eso todos los días intentan que nuestro pueblo pierda la esperanza, que tire la toalla y que sienta que no hay razones para seguir luchando, pero no podemos permitir que la desesperanza nos venza, porque lo peor que nos puede pasar es abandonar la conquista de esos sueños que tenemos.
Este domingo está pasando algo IMPORTANTE y que estamos seguros que con la participación activa de nuestro pueblo, influirá en el cambio de rumbo de nuestro país. La celebración de las primarias para escoger a parte del equipo de candidatos de la Unidad a la Asamblea Nacional, es una etapa importante. Debemos estar conscientes de que esos hombres y mujeres serán líderes llamados  defender a nuestro pueblo en el Parlamento, desde donde pueden lograr una justa asignación de recursos para los estados y municipios, aprobar un presupuesto nacional donde la prioridad sea la educación, la salud, la seguridad, la vivienda, asignar las cabezas de los poderes públicos como el Fiscal, el Defensor del Pueblo o el CNE, y liberar a todos los presos políticos.
En esta nueva etapa de nuestra historia contamos más que nunca con la unión de nuestro pueblo para producir el cambio que todos queremos. Una Venezuela en la que la docencia sea considerada la profesión más importante. Una Venezuela atada a la educación y al progreso. Un país justo y seguro, donde todos los venezolanos, podamos ganar bien, comer bien y dormir tranquilos. ¡Hoy más que nunca que Dios bendiga a nuestra Venezuela! ¡Sobran razones para unirnos!

FUENTE: http://blog.henriquecaprilesradonski.com/2015/05/17/esperanza-firme/

martes, 5 de mayo de 2015

"Ruta electoral"

Por David Uzcátegui
Secretario Nacional de Asuntos Municipales Primero Justicia
@DavidUzcategui

El haberse fijado la fecha de las nuevas elecciones primarias de las fuerzas alternativas democráticas, vuelve a colocar a la sociedad venezolana en el riel de la solución electoral e institucional para superar la compleja crisis que actualmente vivimos.
La cita es para el próximo 17 de mayo y ello implica una vez más revestir de legitimidad lo que vayamos a lograr, ya que la ciudadanía puede participar en la escogencia de sus candidatos.
Por otro lado, se sigue escuchando a la gente en cuanto a mantener la unidad de los factores políticos que desean un cambio en el país por las vías de la institucionalidad y la democracia.
Desde esta tribuna, siempre hemos defendido el camino electoral como le de los cambios, y pensamos que se han producido, aunque con mayor lentitud de lo deseable y esperado; pero no podemos dejar de poner la lupa en los eventos electorales que han convocado masivamente a la gente, por haber sido propiciada desde la oposición democrática el espíritu de la unidad, y que nos ha convertido en una fuerza respetada y respetable, que no puede ser puesta de lado, ignorada ni descalificada.
Recordemos que alguna vez nos encajonamos en el callejón sin salida de la abstención como modo de protesta, lo cual no hizo más que demostrarnos que para salir de la complicada situación que vivimos los venezolanos, se necesita cabeza fría y pensamiento político.
Tras haber entregado gobernaciones y alcaldías que pudimos haber ganado, amén de la Asamblea Nacional, ha costado una década revertir aquel error, y no podemos hablar de haber recuperado tiempo, porque tiempo perdido nunca se recupera.
En todo caso, vaya esta disertación y este recuerdo, para reforzar una vez más que los cambios se logran votando y no absteniéndose, que se nos pone este año por delante otra posibilidad de reconfigurar el cuadro institucional del país para ir empujando los cambios urgentes e impostergables, y que todos nosotros podemos participar desde muy temprano en el proceso al avalarlo con nuestra participación.  
En el pasado tuvimos primarias como las presidenciales para 2012, que convocaron más de tres millones de votantes. Lo deseable para este próximo evento, es que la gente se haga sentir con su presencia en los centros de votación, como un testimonio de que se desea un cambio y de que no somos pocos quienes lo queremos.
Esta nueva cita servirá para elegir a 42 candidatos que la Mesa de la Unidad Democrática postulará a la Asamblea Nacional, que es el espacio de la pluralidad y el debate por excelencia, y en la cual se debate la realidad del país y se legisla para otorgar un piso institucional para lo que sucede en nuestro día a día.
Ciertamente, muchos estamos insatisfechos con lo que ha venido sucediendo en este ente legislativo, pero sin duda, entre la acción y la inacción, elegimos la primera, porque es con ella con la que podemos cambiar las cosas.
Hasta el 14 de mayo, los diferentes aspirantes podrán ofrecer sus propuestas a la ciudadanía, que será convocada luego a dos mil quinientas mesas distribuidas en todo el territorio nacional.
Es necesaria entonces la movilización y motivarnos todos unos a otros para movernos y participar.
Con este acto se está dejando de lado uno de los principales reclamos de la gente hacia la política el cual no es otro que la elección “a dedo” de funcionarios y candidatos a cargos de elección popular. El justo reclamo al respecto ha devenido en una mayor cultura democrática para los venezolanos, y es una exigencia que ha venido de abajo y desde hace tiempo. Por tanto, la realización de primarias es una conquista que se debe defender, apuntalar y robustecer, como un paso más en la ruta electoral y democrática que nos permitirá tener en un futuro una nación más participativa, igualitaria, justa y próspera.

lunes, 27 de abril de 2015

"El futuro lo escribimos todos"

Mucha gente pregunta a diario, en qué momento convirtieron al país en
esto que hoy somos. Muchas veces sentimos que todo se termina y que el
futuro de nuestro país y el de nuestras familias es oscuro, porque
desafortunadamente, en nuestro país hay un gobierno que no da
respuestas a nuestro pueblo, pero sí apela al miedo, al control y al
chantaje, para perpetuarse en el poder. 

Por eso siempre vemos cómo huyen hacia adelante cuando sienten el agua 
en el cuello. Es así como inventan novelas chimbas para hacerle creer 
a nuestro pueblo que los responsables de todo el caos, que ellos 
mismos generaron, no son ellos, sino otros. Y así los vemos producir 
propaganda, con recursos que deberían dirigirse a darle calidad de 
vida al pueblo. Todo con el único propósito de intentar ocultar una 
realidad de privaciones, de escasez, de violencia, de dolor, de 
sufrimiento de los venezolanos y sus familias, que son víctimas de la 
violencia y sus consecuencias. 

El objetivo es provocar desaliento, pero no todo está perdido. 
Sigan creyendo que nuestro pueblo se resignó. A los responsables de esta 
crisis, nuestro pueblo les dará una lección. De cada uno de nosotros 
depende que podamos salir de esta oscuridad, para juntos construir un 
país de progreso, donde cada venezolano sea esa luz que alumbre el 
futuro de esta hermosa nación, hija de Bolívar. 

Este es el año perfecto para que todos los venezolanos, en las 
elecciones parlamentarias, hagamos oír nuestras voces. 
Están dadas todas las condiciones para que  
esa fuerza de cambio se exprese con 
contundencia.


Cuando nos hemos unidos, hemos logrado derrotar la oscuridad. Cada uno

de nosotros en nuestra Venezuela tiene que dejar a sus hijos, a sus
nietos y a sus vecinos un país mejor y más justo que el que
encontramos. Si dejamos esperanza y confianza en las futuras
generaciones sabremos de antemano que sus vidas serán mejores que las
nuestras, porque la esperanza es vida y Venezuela unida tiene vida. 

En Miranda son muchos los sueños y metas que hemos alcanzado junto al 
pueblo, hablamos de logros en las áreas de salud, productividad, 
educación y vivienda. En    esta última área podemos decir con 
orgullo, que a través del Plan Mi Vivienda, más de 300.000 mirandinos 
han podido mejorar sus condiciones de habitabilidad gracias a nuestros 
Certificados de Materiales de Construcción Sin Deuda en sus distintas 
modalidades. 

Nosotros, a diferencia de este gobierno, sí creemos en el 
emprendimiento y en el talento de nuestro pueblo. Además, sabemos que 
el único camino para salir de la crisis es produciendo, por eso 
apoyamos lo Hecho en Miranda y a nuestros productores regionales, a 
través de la entrega de créditos a emprendedores. Ya son 7.700 
créditos que hemos entregado. Además, a través del Plan Mi Bodega ya 
son 3.000 empleos directos generados. 

En cuanto a salud, otros se hubiesen quedado de brazos cruzados si les 
hubiesen quitado la administración de los hospitales y ambulatorios, 
pero nosotros no. Creamos desde cero la Red de Salud Francisco de 
Miranda, que cuenta con 72 centros de salud, con tecnología de punta, 
y ya ha atendido cerca de 8.000.000 de pacientes.

Nuestros avances en educación son los que más nos llenan de orgullo. 
No solamente hemos construido 47 nuevas escuelas, beneficiando a 
20.949 alumnos, sino también podemos hablar de que el año pasado, más 
de 8.000 estudiantes de nuestras escuelas superaron el estándar 
internacional lector. Somos el único estado de nuestra Venezuela que 
invierte más del 70% de su presupuesto en educación, porque sabemos 
que la educación es un pasaporte hacia el futuro y el progreso. 

Todos estos ejemplos, que hoy son realidad en Miranda, expresan muy 
bien lo que con tantas ansias esperan los venezolanos en todos los 
rincones de nuestro país. Los mirandinos hoy cuentan con un gobierno 
que asume compromisos y da respuestas a las comunidades. 

Pese a todos los obstáculos que a diario nos ponen, intentando 
sabotear nuestra gestión, en Miranda tenemos resultados que mostrar. 
Sabemos que aún faltan muchas cosas más por hacer y si hay algo que 
nos sobra es voluntad. Puede que nos falten recursos, pero nos sobran 
ganas para seguir trabajando por darle calidad de vida a todos los 
mirandinos por igual. 

Todos los días reafirmo mi convicción de que cada venezolano merece la 
oportunidad de progresar en la vida y que el compromiso de quienes 
tenemos responsabilidad de gobierno es, precisamente, construir las 
condiciones que permitan a cada vez más familias progresar y alcanzar 
sus metas y sus sueños. 

Cuando ocurran las cosas grandes e importantes que estamos seguros 
ocurrirán en esta nueva etapa de nuestra historia venezolana, todos 
diremos: “yo fui parte, yo hice mi parte, yo participé”. Y así será, 
porque en ese futuro ya próximo, los venezolanos descubriremos que no 
estábamos solos, ni estábamos condenados a repetir los errores del 
pasado y del presente, ni a resignarnos frente al autoritarismo de 
quienes insisten en imponer a la fuerza, un modelo fracasado, que lo 
que ha hecho es convertirse en un generador de pobreza. 

Hay algunos que se empeñan en mirar el futuro por el espejo del retrovisor. 
Ya sabemos que esos que viven en el pasado, jamás abrirán 
las puertas del futuro y sí hay algo de lo que estoy seguro, pese al 
empeño de algunos en mantenernos anclados en el pasado, es que nuestra 
Venezuela tiene más futuro que pasado. 

Vamos hermanos, construyamos juntos ese futuro y démonos la  
oportunidad para que en nuestra Venezuela, de una vez por todas, 
haya futuro, progreso y oportunidades. Que nadie se deje manipular, 
el futuro lo escribimos los venezolanos y créanlo que será un futuro  
lleno de progreso. 


¡Que Dios bendiga a nuestro pueblo!

FUENTE: http://blog.henriquecaprilesradonski.com/2015/04/26/el-futuro-lo-escribimos-todos/

miércoles, 22 de abril de 2015

“Encumbrados”

Por David Uzcátegui
Secretario Nacional de Asuntos Municipales Primero Justicia
@DavidUzcategui

La noticia de la semana de este lado del mundo ha sido sin duda la Cumbre de Las Américas celebrada en Panamá. Y la noticia dentro de la noticia fue que en tierra panameña se enterró el último vestigio de Guerra Fría que vagaba, fantasmal y sin rumbo, por el planeta.
Por primera vez en décadas, se logró sentar en un mismo foro internacional a representantes de Estados Unidos y Cuba, un desencuentro que pesaba y obstaculizaba en la integración continental; porque dicha integración no se puede entender solamente como un asunto del sur del Río Grande, cuando nos unen tanto a vínculos económicos, culturales y geográficos con el gigante del norte.
Siempre hay vedettes en estas cumbres y sin duda el foco fue compartido en esta ocasión por los presidentes Barack Obama y Raúl Castro. Del primero ya hemos dicho desde esta tribuna, que cabía esperar sorpresas cuando se encuentra más allá de la mitad de su segundo mandato y ello le permite tomar decisiones polémicas desde el punto de vista político sin temer costos electorales.
Esto fue sin duda lo que hizo respecto al largo lapso de desencuentros con su vecina isla caribeña, circunstancia que podemos explicar con un dicho de nuestros abuelos: “si siempre haces lo que siempre has hecho, siempre obtendrás lo que siempre has obtenido”.
Era un disparate, por decir lo menos, esperar que el juego trancado de las relaciones cubano-estadounidenses avanzara mediante la reiterada aplicación de la misma receta que no ha mostrado resultados en cinco décadas.
Por parte de Raúl Castro, señalado por ser el hermano de Fidel, hay que recordar una cosa. No es Fidel. Y por ello, también puede traer sorpresas. Y de hecho las trae. No serán tan drásticas y definitivas como las de Obama y definitivamente desconocemos las herméticas circunstancias internas de la isla; pero también sabemos –o suponemos- que se mueven corrientes submarinas que traerán sorpresas. Y para quienes piensen lo contario, recordemos que hace pocas emanas despertamos con la sorpresiva noticia del acercamiento entre Washington y La Habana, algo impensable por años y más años. ¿Cuál será la próxima sorpresa de este tenor?
Mientras en suelo panameño Obama y Castro se daban el esperado e histórico apretón de manos, aumentaban los vuelos a Cuba desde territorio estadounidense y las tarjetas de crédito de la nación norteña comenzaban a pasar por establecimientos cubanos. No pasará mucho tiempo para que veamos resultados tangibles que nos confirmen si la jugada del controversial mandatario norteamericano valió la pena o no.
Por otra parte, la falta de acuerdos, al menos estampados en papel y firmados, fue una característica del encuentro, la cual no desmerece el hecho de que se hayan producido encuentros bilaterales entre diversos países y las infaltables “contracumbres” que se sirven de la Cumbre para declararse en la acera contraria.
En este sentido, suele ser predecible lo que va a suceder, pero no dejemos de pensar que suceden cosas que valen la pena, y que quizá se desenvuelven más en los pasillos que en las plenarias. Y esto tiene que ver con el conocimiento político del entorno y sobretodo, con tener claros los objetivos como nación.
Por supuesto, al hablar de una convocatoria de esta categoría, los venezolanos no podemos evitar evocar aquella frase que pronunciara el desaparecido presidente Hugo Chávez, quien subrayó que los mandatarios se la pasaban de cumbre en cumbre mientras los pueblos estaban de abismo en abismo.
No parece haber sido por ejemplo, el caso de Panamá, país que dinamizó su economía con el encuentro internacional y con la llegada de múltiples delegaciones destinadas a ejercer representación de sus naciones.
Panamá sumó a su marca-país, la convertirse en bisagra del continente, ya no solamente en lo económico y en lo geográfico, con el imprescindible canal que lo atraviesa, sino también con un protagonismo político que nos habla de su empuje y avance en esta década.
Cincuenta mil extranjeros llegaron a suelo panameño, ingresaron más de 100 millones de dólares, la ocupación hotelera subió a 85%, veinte puntos más que el promedio habitual. Voceros de todas las tendencias políticas coincidieron en la calidad de anfitriones que habían conseguido en los panameños.
Digamos pues, para concluir, que las cumbres en sí –como todo en la vida- no son ni malas ni buenas. Depende de la actitud con que se asuman, de lo que se espere obtener, de la claridad de objetivos, del sentido de la oportunidad, de la capacidad de diálogo, de adaptarse, de modificarse. Y de saber qué queremos de ellas.
El balance parece haber sido positivo para nuestra región. Insistimos una vez más en ver el vaso medio lleno. Las diferencias siempre existirán y al menos en este caso se respetaron y no comprometieron la altura de la cita. Eso es digno de aplauso.