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lunes, 6 de julio de 2015

“Grecia en la cuerda floja”

Por David Uzcátegui
Secretario Nacional de Asuntos Municipales Primero Justicia
@DavidUzcategui


Los acontecimientos que han conmocionado a Grecia en los últimos días han mantenido en vilo a la economía mundial. Se llegó muy cerca del impago de obligaciones con el Fondo Monetario Internacional, con la consecuente negativa del Banco Europeo a socorrerlos, lo cual había colocado en riesgo a la Zona Euro, con un rebote hacia el resto del planeta.

El Eurogrupo finalmente recibió una nueva carta desde Atenas, hecho que puso a los técnicos a trabajar en  el contenido de las nuevas propuestas. El diario británico Financial Times accedió a dicha carta, en la que el gobierno heleno acepta las condiciones de la última propuesta de las Instituciones solicitando a cambio apenas unas modificaciones.

De esta manera, Grecia recibe un nuevo y muy necesario aire cuando se encontraba al borde de un abismo.

A última hora de ese decisivo martes 30 de junio, se conoció que a República Helénica está preparada para aceptar el acuerdo a nivel técnico, sujeto a enmiendas, añadidos o clarificaciones, como parte de la extensión del programa de rescate que ha expirado y como parte del nuevo préstamo que fue solicitado en la fecha mencionada.

Ya es de larga data – más de un lustro- la problemática de los griegos en cuanto al desorden de su economía.

Los griegos eligieron al carismático Alex Tsipras para ponerlo al frente de la nación. Y gran parte de esa escogencia tuvo que ver, sin duda, con que el candidato dijo lo que ellos querían escuchar, más no lo que convenía para una nación que se encontraba en un momento tan difícil.

Muchos apostaron a que el discurso de izquierda radical de Tsipras era más una estrategia electoral que una intención de futuros hechos una vez que ostentara el importante cargo al cual se postulaba. Lamentablemente, se equivocaron y el nuevo mandatario ha ostentado en el poder la misma intransigencia que en la campaña. Veremos si el inesperado y sorprendente viraje que dio el gobierno cuando todo parecía perdido, se mantiene en el tiempo.

Por otro lado, los organismos europeos se negaban a seguir auxiliando a una nación que no demostrase intenciones de adoptar una disciplina fiscal, la única manera de sanear sus cuentas, visto que ha llegado a un extremo indeseable en el cual le queda muy poco margen para maniobrar.

Estos temidos recetarios de ajustes no son para nada deseables y han traído penurias para muchos países; pero el asunto está en que, llegados a este extremo, no quedan muchas alternativas. Y lo que tiende a empeorar las cosas es el discurso del gobierno griego, que no parece medir el tamaño de su desventaja en este momento.

En medio de los factores en pugna, está atrapado, como siempre, el pueblo. Y hay que subrayar que los griegos vienen sintiéndose humillados desde hace rato por las imposiciones de organismos internacionales y por ello, muchos rechazan las actuales. Sin embargo, ante el impago al FMI, hay quienes a estas alturas se oponen al proceder de Tsipras y compañía y protestan contra sus acciones, lo cual sin duda debe haber jugado su parte en la intempestiva negociación que ocurrió a última hora. En otras palabras, ha llegado a Grecia la tan temida polarización, en medio de una de las crisis más graves de los últimos tiempos.

Por otro lado, hay quienes cuestionan la inflexibilidad de los organismos acreedores y de los posibles prestamistas; pero hay que entender que dichos organismos se hacen de leyes que son inquebrantables y si el país en problemas no se aviene a un diálogo, pierde muchos puntos y las posibilidades de rescate se alejan. Este ha sido el caso griego con el discurso tremendista de sus nuevas autoridades.

En otras palabras, el juego parece trancado. Y ello rebota en toda la Zona Euro, cuyos países están finalmente atados a una misma suerte, con el temor de que contagie a otras naciones potencialmente vulnerables, como España o Portugal.

La crisis griega ha generado que los inversionistas quieran escapar de bonos con algún nivel de riesgo –lamentablemente esto incluye a los venezolanos- y prefieran, en un momento como este, refugiarse en bonos que se consideran blindados, como los estadounidenses.

El episodio griego deja lecciones de envergadura en cuanto al orden y la disciplina en los gastos para el mundo entero. Y particularmente, es una campanada a Venezuela, ante el final de las “vacas gordas” que nos bendijeron durante casi una década. La economía es una disciplina terca y no hay forma de escaparle.


Nuestra nación se ha caracterizado en la última década por una ostentosa indisciplina en los gastos y, el hecho de que los ingresos disminuyan tras la caída de los precios petroleros es sin duda una señal de alerta. No queremos vernos en los zapatos de los griegos, aún estamos a tiempo de dar un golpe de timón.

lunes, 8 de junio de 2015

“Unidad por encima de todo”

Por David Uzcátegui
Secretario Nacional de Asuntos Municipales Primero Justicia
@DavidUzcategui

Muchos de quienes sentimos que Venezuela no va por el camino conveniente, hemos perseverado en encontrar una fórmula para poder constituirnos en un contrapeso efectivo ante un Estado hipertrofiado y un exceso de poder acumulado en pocas instancias.
Esta fórmula ha sido, desde hace varios años, la Mesa de la Unidad Democrática, o sencillamente, “la unidad”, como es llamada en las calles, tanto por quienes la avalan como por quienes la combaten.
Y ciertamente, y como lo dijéramos días atrás, tenemos gente de este lado de la acera que ataca la unidad, no es una tarea exclusivamente del oficialismo. ¿Por qué recibe ataques la que parece la fórmula más sensata para concretar un poder alternativo?
Se trata de una gran pregunta. Hay quienes, desde lo humanamente comprensible, arremeten contra la unidad siendo opositores, pero sintiendo que el camino se ha hecho demasiado largo y que la fórmula no es efectiva en tanto y en cuanto no ha servido para dar paso a otros gobernantes distintos a quienes ostentan el poder desde hace más de 16 años.
Con ellos hay que hablar. Siempre hemos dicho que no es un camino fácil, ni sencillo, ni breve. No hay fórmulas sacrosantas ni atajos, que es algo que hemos combatido quienes nos amparamos bajo el paraguas unitario.
La decepción y el desaliento son, repetimos, humanos. A todos nos han tocado una y otra vez en estos años, y no nos queda otra que volver a levantarnos y seguir adelante. Sí, se está poniendo a prueba nuestra madurez y nuestra resiliencia o capacidad de adaptarnos y modificarnos para superar los obstáculos y poder seguir adelante.
En otros tantos hay miopía. No es conveniente tener vista corta en una circunstancia tan compleja como la que vivimos. Una verdadera visión de helicóptero de lo que nos estamos jugando en Venezuela tiene como ventaja introducirnos en la verdadera dificultad del momento. Comportamientos y acciones que serían explicables en otras circunstancias, no lo son en estas.
Hay quien habla también de agendas propias y ocultas. Otra conducta humana pero inconveniente en estos momentos. Aquí no va a haber agenda propia para nadie si no hay país. Y el país se construye desde lo colectivo, desde un pacto social que se desdibuja y que hay que volver a hilar muy finamente. Y ese pacto pasa por respetar la palabra. Es desde aquí desde donde lo vamos a volver a construir, y será tan sólido que terminará por convocar a quienes están en la acera opuesta, no tenemos dudas de ello.
Mantener la Unidad no es fácil. Por suerte somos muchos, de matices muy diversos, para no hablar de izquierdas o derechas, términos que en el siglo XXI lucen ya obsoletos, porque la visión de gobierno y de la administración del poder es muy distinta y tiene otros objetivos a la luz de los avances de la humanidad.
Ciertamente, atajar las fisuras de este ejercicio democrático es una labor titánica y exige compromiso y sensatez por parte de quienes convivimos bajo ese techo. Pero, justamente con este panorama que estamos pintando, ya comienza a existir un país alternativo en el cual se toleran las diferencias y se dialoga en pro del bien común.
Al día de hoy, nadie puede negar que la MUD es la única alternativa a la autodenominada revolución. Ha organizado elecciones primarias que sí han acercado el derecho de elegir a la gente. Ha presentado candidatos unitarios a diversos cargos de elección popular, incluso a la presidencia de la República, con resultados superiores a los esperados en los conteos de votos. Y lo más importante: ha actuado con ecuanimidad y con ética, un clamor popular que impide abordar el camino corto, pero que aporta solidez a la ruta.
Estamos negados a una fractura de esta instancia. Todos somos necesarios, siempre y cuando nos guíen pensamiento democrático y la nación como último interés. Somos de quienes siempre llamaremos a quienes estén en desacuerdo para sentarnos a encontrar consensos, porque de eso va la política.
No se vale desesperarse. Ni para nosotros, ni para quienes busquen nuestros mismos objetivos por diferentes caminos, ni mucho menos para quienes no sienten piso alguno y perciben el momento actual como demasiado oscuro.
¿Cuándo obtendremos resultados? Honestamente, no lo sabemos. Y quien diga lo contrario, seguramente no está pisando firme, sea que lo haga adrede o de buena fe. Lo que sí sabemos es que, cuando esos resultados lleguen, serán sólidos, perdurarán y servirán como piso para avanzar mucho más en el camino del progreso y la justicia.

Sin embargo, el trabajo sereno y constante hace que los resultados comiencen a aparecer de forma tan natural y paulatina, que muchas veces no nos damos cuenta de que ya estamos en el sendero. Es fácil que el ruido de la compleja circunstancia no nos permita notarlo. Pero sí hay resultados. No detonemos el camino construido.

martes, 5 de mayo de 2015

"Ruta electoral"

Por David Uzcátegui
Secretario Nacional de Asuntos Municipales Primero Justicia
@DavidUzcategui

El haberse fijado la fecha de las nuevas elecciones primarias de las fuerzas alternativas democráticas, vuelve a colocar a la sociedad venezolana en el riel de la solución electoral e institucional para superar la compleja crisis que actualmente vivimos.
La cita es para el próximo 17 de mayo y ello implica una vez más revestir de legitimidad lo que vayamos a lograr, ya que la ciudadanía puede participar en la escogencia de sus candidatos.
Por otro lado, se sigue escuchando a la gente en cuanto a mantener la unidad de los factores políticos que desean un cambio en el país por las vías de la institucionalidad y la democracia.
Desde esta tribuna, siempre hemos defendido el camino electoral como le de los cambios, y pensamos que se han producido, aunque con mayor lentitud de lo deseable y esperado; pero no podemos dejar de poner la lupa en los eventos electorales que han convocado masivamente a la gente, por haber sido propiciada desde la oposición democrática el espíritu de la unidad, y que nos ha convertido en una fuerza respetada y respetable, que no puede ser puesta de lado, ignorada ni descalificada.
Recordemos que alguna vez nos encajonamos en el callejón sin salida de la abstención como modo de protesta, lo cual no hizo más que demostrarnos que para salir de la complicada situación que vivimos los venezolanos, se necesita cabeza fría y pensamiento político.
Tras haber entregado gobernaciones y alcaldías que pudimos haber ganado, amén de la Asamblea Nacional, ha costado una década revertir aquel error, y no podemos hablar de haber recuperado tiempo, porque tiempo perdido nunca se recupera.
En todo caso, vaya esta disertación y este recuerdo, para reforzar una vez más que los cambios se logran votando y no absteniéndose, que se nos pone este año por delante otra posibilidad de reconfigurar el cuadro institucional del país para ir empujando los cambios urgentes e impostergables, y que todos nosotros podemos participar desde muy temprano en el proceso al avalarlo con nuestra participación.  
En el pasado tuvimos primarias como las presidenciales para 2012, que convocaron más de tres millones de votantes. Lo deseable para este próximo evento, es que la gente se haga sentir con su presencia en los centros de votación, como un testimonio de que se desea un cambio y de que no somos pocos quienes lo queremos.
Esta nueva cita servirá para elegir a 42 candidatos que la Mesa de la Unidad Democrática postulará a la Asamblea Nacional, que es el espacio de la pluralidad y el debate por excelencia, y en la cual se debate la realidad del país y se legisla para otorgar un piso institucional para lo que sucede en nuestro día a día.
Ciertamente, muchos estamos insatisfechos con lo que ha venido sucediendo en este ente legislativo, pero sin duda, entre la acción y la inacción, elegimos la primera, porque es con ella con la que podemos cambiar las cosas.
Hasta el 14 de mayo, los diferentes aspirantes podrán ofrecer sus propuestas a la ciudadanía, que será convocada luego a dos mil quinientas mesas distribuidas en todo el territorio nacional.
Es necesaria entonces la movilización y motivarnos todos unos a otros para movernos y participar.
Con este acto se está dejando de lado uno de los principales reclamos de la gente hacia la política el cual no es otro que la elección “a dedo” de funcionarios y candidatos a cargos de elección popular. El justo reclamo al respecto ha devenido en una mayor cultura democrática para los venezolanos, y es una exigencia que ha venido de abajo y desde hace tiempo. Por tanto, la realización de primarias es una conquista que se debe defender, apuntalar y robustecer, como un paso más en la ruta electoral y democrática que nos permitirá tener en un futuro una nación más participativa, igualitaria, justa y próspera.

lunes, 16 de marzo de 2015

"Cuando la gasolina nos alcance"

Por David Uzcátegui
Secretario Nacional de Asuntos Municipales Primero Justicia
@DavidUzcategui

La campaña que en medios de comunicación mantiene el gobierno nacional con el fin de introducir en la opinión pública el asunto del aumento de la gasolina, nos indica que el mencionado ajuste es inminente.
Las cuentas de la República no cuadran, y no cuadran por una enorme cantidad de factores. Sin embargo, uno de ellos es el hecho de que el combustible que producimos los venezolanos se produce a pérdida. Y esto sucede porque nos hemos regodeado en una serie de suposiciones y tabúes que, de seguir manteniéndose seguirán horadando nuestra viabilidad como país.
Uno de ellos es, sin duda, el pensar que somos un país rico por azar, o porque nos corresponde y ya. Ciertamente la providencia dotó con una generosidad sin límites nuestra tierra, con recursos naturales de sobra… Lo cual no nos autoriza al derroche.
Desde siempre se nos ha enseñado que la gasolina es un recurso natural no renovable; sin embargo el modo como hacemos uso de la misma parece dejar claro que seguimos sin entender ese concepto.
Naciones como Noruega, poderosa productora y exportadora de petróleo, hacen que sus ciudadanos paguen la gasolina al precio del mercado internacional. Y no es que estemos proponiendo un cambio tan drástico en la economía del venezolano; pero es bueno que tengamos referencias sobre otras realidades; porque entre nuestros problemas figura el hecho de descartar otras referencias alternativas a nuestra situación.
Un gran tabú que pesa sobre el tema gasolina es el penoso recuerdo del Caracazo, originado por un aumento del combustible mal manejado tanto en lo político como en lo comunicacional. A 26 años de aquellos episodios luctuosos, la lección parece aprendida. Hay que afrontar nuevamente una realidad similar –lo cual indica que muchos correctivos aún no se han tomado un cuarto de siglo después- pero aquella lección debería estar aprendida, y con ello se impone el manejo atinado de la circunstancia, para provocar el menor contratiempo posible en la sociedad.
Son las mismas piezas comunicacionales del gobierno las que revisan los valores e otros fluidos como una taza de café o una botella de agua mineral. Y tienen razón: el precio de la gasolina en Venezuela es absurdamente bajo e insostenible.
No estamos como para celebrar el aumento de ningún bien de consumo; pero hay que asumir que el de la gasolina es inevitable. Y más allá de ello, es el comienzo del saneamiento y la sinceración de nuestra economía. Tarea en la cual, por cierto queda mucho por hacer.
A dicha sinceración de precios y costos debe seguir el impulso a la productividad, que es la única manera de generar un círculo virtuoso de prosperidad para un país. Es también un momento propicio para recordar aquella vieja frase de nuestros abuelos: “A Dios rogando y con el mazo dando”. Es decir, tenemos que responsabilizarnos por nuestro destino, por nuestro sustento y por nuestro futuro. Nacer en una tierra de gracia no nos autoriza a desentendernos de nuestras responsabilidades. Dios trató con sobreabundante generosidad a Venezuela, pero a Él deberemos rendirle cuentas de la administración que hicimos de sus bendiciones. Esperemos poder entregar un balance positivo.

lunes, 27 de octubre de 2014

"Un país saludable"

Por David Uzcátegui  
Secretario Nacional de Asuntos Municipales Primero Justicia
@DavidUzcategui

Las recientes amenazas a su salud que el venezolano ha visto aparecer en los últimos tiempos, deben ser el detonante para abrir una discusión sobre la salud pública de nuestra nación.
El transcurrir del siglo XX vio cambios drásticos en el enfoque de la salud pública nacional. La llegada de la centuria pasada encuentra a un territorio patrio netamente rural, y por ello plagado de dolencias, como era natural en tal circunstancia.
Solamente hacia mediados del siglo se comienzan a ver avances al respecto, llegando a erradicarse amenazas que parecían una condena y que lograron exorcizarse.
El nuevo milenio impone retos ante dolencias desconocidas, como el novísimo chikungunya o el temible ébola. Circunstancias ambientales también pueden modificar para bien o para mal la expansión de males como el dengue.
También depende del enfoque de las autoridades el manejo de dolencias tales como el cáncer, la diabetes, cardiopatías o VIH, por nombrar otros desafíos sanitarios que ponen bajo presión la capacidad de respuesta de los gobiernos del mundo en estos tiempos.
¿Cómo se enfrenta el aumento de personas que son víctima de estos males? Y sobre todo: ¿hasta qué punto está en manos de quienes ostentan funciones de gobierno el contribuir a prevenirlos? ¿Pueden los funcionarios del Estado ahorrar dolor y padecimientos a su gente? ¿Se pueden descongestionar los servicios de salud evitando que muchos se vean obligados a necesitarlos?
Es responsabilidad de las autoridades asegurar calidad de vida a los ciudadanos, y ello pasa por enfocar proactivamente el bienestar físico y emocional de todos. Hay que adelantarse a actuar, si en algún campo tiene consecuencias nefastas el comportamiento reactivo, es precisamente en el de la salud.
Asímismo, el aumento de la población exige robustecer todos los mecanismos para cuidar su salud, desde los preventivos hasta la higiene del entorno, muchas veces sacrificada por condiciones de habitabilidad que no son las más adecuadas y que comprometen la higiene del hábitat.
El asunto es también educativo. Toda la ciudadanía debe conocer las amenazas que acechan y cómo combatirlas con hábitos de vida. Hay que recordar que la gran arma de empoderamiento de la humanidad en el siglo XXI es la información, y estar informado en el campo de la salud, es sencillamente la posibilidad de salvar vidas.
Finalmente, hay que tener en cuenta lo que está sucediendo con nuestros médicos. Incentivos para el estudio de tan exigente carrera, así como para su posterior ejercicio en nuestra patria. Con orgullo podemos decir que nuestros galenos siempre han sido considerados entre los mejores del mundo; pero también duele decir que son muchos los que nos abandonan, justamente tentados por mejores condiciones laborales y de vida. Queda pendiente una gran tarea para el liderazgo venezolano: ¿cómo los retenemos?
En resumen, los retos en materia de salud pública, son completamente distintos en la segunda década del nuevo milenio. Las enfermedades son nuevas, las condiciones demográficas son otras. Hay que aprender y reinventarse. Es una tarea que no se puede dejar para ayer, porque los enemigos de la salud ciudadana avanzan sin descanso y la mayor diligencia nunca será suficiente.

domingo, 28 de septiembre de 2014

Chikungunya y política

Por David Uzcátegui
Secretario Nacional de Asuntos Municipales Primero Justicia
@DavidUzcategui

La opinión pública venezolana se encuentra conmovida por el avance del virus del chikungunya, hecho del cual, siendo conservadores, se estiman más de cuarenta mil casos, aunque otras proyecciones los sitúan en cifras muy superiores.
Desde esta tribuna, tenemos otra preocupación al respecto, y supera la del avance de la enfermedad, porque justamente nos está distrayendo de luchar contra el verdadero enemigo. Nos referimos al enfrentamiento netamente político que ha detonado tras esta situación.
El asunto es que, mientras las cifras están escalando montos alarmantes, se ha desatado una polémica de opinión pública en la cual el gobierno intenta minimizar el impacto de lo que está sucediendo, mientras otros voceros insisten en subrayar lo delicado de la situación.
El momento que vivimos, demanda de nuestra parte foco en el verdadero problema. Todos los voceros autorizados –funcionarios y especialistas- deben centrarse en educar a la población de manera preventiva, que parece ser hasta ahora la única manera de enfrentar la dolencia.
Son momentos como este los que demuestran, en forma meridianamente clara, la esterilidad de los enfrentamientos basados en posiciones políticas, los cuales no hacen avanzar en pro de solucionar las situaciones y, muy por el contrario, las estancan y las complican.
Todo esto, siempre enfocando el deber del quehacer político como un arte dirigido a conseguir el supremo bienestar de las colectividades, enfocado en la convivencia de distintos matices para el bien común.
El ejecutivo tiene por delante una enorme tarea sanitaria para, más allá de ponerse a la defensiva y cazar peleas, dedicarse a dar una batalla que, en estos momentos, parece ser la más decisiva para el bienestar de los venezolanos: la de la salud.
Estamos seguros que del lado de los especialistas en el tema hay la mejor voluntad para trabajar hombro a hombro con las autoridades gubernamentales en pro de minimizar el impacto de esta coyuntura de salud; pero dichos profesionales no pueden ser criminalizados ni señalados por ofrecer a la colectividad la percepción de la situación que obtienen a través de sus conocimientos y estudios. La táctica de “matar al mensajero” no soluciona el problema; y si lo que busca es atajar la bola de nieve de la opinión pública, hay que acotar que usualmente logra el efecto contrario.
En casos como el que vivimos no hay alternativa: todos los factores de la sociedad deben sentarse y ponerse de acuerdo para enfrentar conjuntamente la situación. El diálogo no es opcional. Urge un pronunciamiento en el cual se trace ante la opinión pública un plan de acción incluyente, que convoque a quienes saben del tema, que incorpore a gobiernos regionales y locales de cualquier color político, que eduque a la ciudadanía y la incorpore a esta lucha, especialmente de forma preventiva, ya que esa es la manera correcta de enfrentar este tipo de males.
El enfrentamiento siempre resulta estéril, pero lo es particularmente en estos momentos, cuando las energías deben canalizarse hacia un objetivo común. La política, como muchas armas, tiene dos filos. En momentos como el actual, es imperativo utilizarla para el bien común y postergar las diferencias. Es una gran ocasión para reivindicar este oficio. 

lunes, 28 de julio de 2014

Lecciones desde China

La noticia de la semana en nuestro país ha sido sin duda la firma de convenios entre el gobierno nacional y el presidente de la República Popular China, Xi Jinping. Nadie podrá negar que en tales acuerdos priven simpatías ideológicas y políticas, más allá de los posibles beneficios.

Sin embargo, en este tipo de acuerdos, es realmente conveniente dejar de lado simpatías o aversiones hacia tales puntos de vista, y enfocarse en el pragmatismo. Lo que realmente importa es si esto trae o no bienestar a nuestra nación.

De entrada no habría por qué dudarlo. China es la más pujante economía del mundo, y de unos años para acá ha demostrado su capacidad para crear riqueza, en ese sentido el país asiático está dando una verdadera lección.

La inversión china está presente en todo el mundo, comenzando por países que tradicionalmente han sido socios comerciales de Venezuela, como Estados Unidos y España.

La nueva relación promete incrementar el envío de petróleo a China, llegando casi a duplicarla de 540 mil barriles diarios a un millón. Destacan los medios de comunicación que no se ha aclarado si el incremento de envío de hidrocarburo al lejano oriente será mediante el incremento de la producción o se le restará a otros mercados. Lo deseable sería lo primero; pero nos sumamos a la duda señalada.

La empresa pública china ha mostrado un desempeño ejemplar, dedicándose a producir dividendos y minimizando la burocracia, solamente de esta manera ha podido competir exitosamente contra los más exitosos consorcios particulares del mundo. Si algo hay que aprender de los nuevos y polémicos socios es su visión de lo que es una empresa de Estado, para qué existe y cuáles deben ser sus parámetros de emprendimiento.

Otro aspecto que contradice lo que muchos pensamos sobre China, es el fortalecimiento de un clase media emergente y de un consumismo exacerbado. Esto puede ser una sorpresa para muchos, ya que la nación no renuncia a un robusto estatismo ni a un partido único; pero resulta que esa nación también ha apostado también a descentralizar para generar eficiencia.

En cuanto al exacerbado consumismo, por supuesto que tampoco es positivo ni conveniente. En cierto modo cabe celebrar el robustecimiento y la expansión de la clase media, lo cual debe ser sin duda la meta de cualquier gobierno que desee el bienestar y el desarrollo para su tierra. Sin embargo, ya preocupa a las autoridades chinas el elevado nivel de crecimiento que deberán mantener de aquí en adelante para dar cabida a las aspiraciones de la población china.

Estamos pues, ante un socio de curiosos parámetros mixtos, el cual reúne estatismo con descentralización, férreos controles con libertades y crecimiento exponencial con limitaciones de libertad de expresión y afiliación ideológica.

No es descabellado para nada hablar de lo que podemos aprender de China: una administración pública con criterios de excelencia y el robustecimiento de su clase media, solamente para empezar y por nombrar dos aspectos.

Tampoco está fuera de lugar el intercambio comercial per se entre China y nuestra patria. Lo que cabe es preguntarse comparativamente, si es más beneficioso que el que mantenemos con otras naciones y hasta qué punto dichos intercambios no pueden ser simultáneos. Estas preguntas quedan abiertas, en el mejor propósito del interés nacional.

lunes, 28 de abril de 2014

El modelo es el problema

La verdad es como un salvavidas, por más que intenten hundirlo, siempre consigue la forma de salir a flote. Y eso es justamente lo que está ocurriendo hoy en nuestro país: están saliendo a flote todos los errores, los desaciertos y todas las mentiras, que han deteriorado la calidad de vida de nuestro pueblo, pese a la insistencia de algunos, de mostrar los “éxitos” de un modelo económico que a todas luces fracasó desde el mismo momento en que comenzaron a aplicarlo.

El socialismo del siglo XXI, como lo bautizaron, ofreció grandes promesas. La instauración del paraíso en la tierra, pero en la práctica ha sido y es un verdadero desastre. Un modelo en el que la propiedad de los medios de producción está solo en manos del Estado, en el que se expropian empresas, confiscan empleos y en el que se ve al esfuerzo privado como un enemigo, no puede ser exitoso.

A esta realidad debemos sumarle la enorme corrupción e incompetencia de quienes hoy están en el gobierno, que quedan evidenciadas en las Memorias y Cuentas de algunas empresas estadales. Quienes las dirigen no pudieron ocultar ni maquillar el fracaso al que fueron condenadas, por la aplicación de las políticas de un modelo errado, que también destruyó nuestro aparato productivo.

La crisis económica parece que llegó para instalarse en nuestra Venezuela, sin que veamos intención del gobierno de resolverla. Lejos de tomar las medidas para solventar la crisis, esta se enquista con el correr del tiempo. Las devaluaciones de nuestro bolívar, los problemas para obtener divisas, las trabas para importar, la escasez de materia prima y las expropiaciones, nos han llevado a que nuestra Venezuela hoy tenga la inflación más alta del mundo, al poco por no decir nulo crecimiento económico, a pesar de tener las reservas de petróleo más grande del planeta.

En el mundo ya existían ejemplos de lo que no se debe hacer en materia económica. El modelo de la Unión Soviética, de los años 70, en la que factores similares a los de nuestro país, contribuyeron a conformar una peculiar economía, caracterizada por la escasez, largas colas y corrupción, que llegaba a niveles en los que un trabajador, escondía algún producto de primera necesidad debajo del mostrador para dárselo a sus amigos, familiares o para protagonizar algún soborno.

Algunos modelos, como el que hoy dicen aplicar en nuestra Venezuela, no han podido resolver las dificultades de la oferta de bienes ni de la creación del capital fijo, porque son modelos profundamente centralizados, que anulan la iniciativa individual y la motivación del pueblo a progresar. Estos modelos no han funcionado adecuadamente en ninguna parte del mundo y su rotundo fracaso en la Unión Soviética fue un claro indicio de su incapacidad para cumplir con sus promesas.

Después de 15 años que debieron haber sido dorados, nuestra Venezuela es hoy más  pobre. Pero lo peor y más trágico es que quienes hoy sumergieron a nuestro país en una de las crisis económicas más dramáticas de nuestra historia, continúan mintiéndole a nuestro pueblo y creyéndose sus propias mentiras e ideas desfasadas.

Los del gobierno se jactan de que la pobreza y el desempleo disminuyeron en Venezuela. Que Venezuela es hoy una de las economías más prósperas del mundo. Pero cuando uno ve las cifras y observa cómo la inflación en los primeros tres meses de 2014 ya suma 10,1%; lo que significa que la inflación acumulada de los últimos 12 meses es de 59,4% y el precio del dólar en 2013 pasó de 4,30 a 6,30 bolívares, luego al Sicad y después al Sicad II; cuando uno ve que el BCV no publica datos de escasez desde enero de 2014, el cual fue de 28%, y lo normal para un país es de 5%; cuando uno ve que la producción del petróleo ha disminuido y hasta tenemos que importar gasolina; que las reservas internacionales siguen cayendo y han desaparecido más de 5 mil empresas; que somos el segundo país en riesgo para inversiones en América Latina y la empresas de Guayana están por el piso; yo me pregunto, sobre qué realidad sostienen esas afirmaciones.

Durante esta semana han anunciado, con bombos y platillos, una “ofensiva económica” con la que buscan “equilibrar” y “corregir” el desbalance de un modelo que fracasó y que por consiguiente no da para más. Somos los primeros interesados en apostar al éxito de esas medidas. Pero el gobierno debe hablarle con la verdad a los venezolanos.  Es hora de afrontar la dura realidad y asumir responsabilidades, pero lo más importante es tiempo de rectificar.

Es necesario reactivar los parques industriales, actualmente paralizados por la falta de materia prima, con la finalidad de reducir las importaciones e impulsar un plan de infraestructura nacional que estimule el empleo. Es preciso crear centros de producción según las fortalezas de cada región, promoviendo las inversiones que mejor aprovechen sus recursos. Es urgente revisar el estado de las tierras expropiadas y reactivar el campo venezolano. Es clave apoyar a nuestros pequeños y medianos emprendedores, sin importar cómo piensen, otorgando facilidades para aceder a créditos productivos e incentivos fiscales para las nuevas inversiones. Es ineludible el trabajo mancumunado entre el esfuerzo público y privado. Y no podemos olvidarnos de promover la capacitación de la fuerza trabajadora. Hay que invertir en la educación, solo con una educación de calidad se logran los cambios que nuestro país necesita.

En definitiva, la crisis económica en nuestro país se combate con mucha producción nacional. Nuestra Venezuela tiene todos los recursos naturales y el mejor recurso humano para ser la nación más productiva del mundo. Con una política económica, transparente, responsable y sostenible, que estimule la inversión, eleve el poder adquisitvo y genere empleos de calidad para todos por igual. Esa es la Venezuela de progreso que todos queremos, con la que soñamos y por la que seguiremos luchando.

Todos los venezolanos tenemos el derecho constitucional de protestar de manera pacífica y mientras exista este caos y tantos problemas sin respuesta por parte del gobierno, nuesto pueblo seguirá en las callles protestando, porque ninguna sentencia del TSJ puede estar por encima de nuestra Constitución.

¡Que Dios bendiga a nuestra Venezuela!