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viernes, 8 de julio de 2016

“¿Hay o no hay revocatorio?”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

El referendo revocatorio presidencial que hoy ocupa la atención de todos los venezolanos, ha dado lugar a multitud de conjeturas que bien podrían servir de argumento, no digamos para una, sino para muchas películas de ficción.

La importancia del inminente evento que mantiene los ojos del mundo fijos sobre Venezuela, aunada a la información confusa y contradictoria que proviene de fuentes oficiales –para no hablar de desinformación- choca con la urgencia que tenemos todos de saber, generando que cada quien se arme su propia película.

Los más aficionados al apocalipsis aseguran que sencillamente no habrá referendo. Esta es definitivamente, la hipótesis más audaz, tomando en cuenta que los ojos del planeta vieron a los venezolanos saliendo a la calle masivamente para firmar y así activar el proceso que conduce al revocatorio.

Se trata de acortar los tiempos, de engullirse días de la semana y meses del año, a ver si se hace inviable el evento comicial. También se ha apelado a cualquier forma de “rebanar” la voluntad de la gente, tales como descalificar firmas y firmantes, colocar una cantidad mínima de puntos para validar y otros tantos contratiempos que, sumados, deberían dejar cojeando a esta iniciativa popular. O al menos, eso es lo que aspiran los guionistas de esta película de terror.

Pero nada de eso ha resultado. Los venezolanos salieron masivamente, tanto a firmar como a validar. Aunque superficiales formalismos confiscaron un derecho constitucional a cientos de miles de venezolanos, el volumen de ciudadanos convocados fue tal, que estamos protegidos por mucho, en cuento a la cantidad de electores convocantes en esta primera etapa.

Otros tantos, asoman más tímidamente que sí, que habrá revocatorio... Pero que no podrá ser este año. Y como bien sabemos, los desenlaces son distintos según se celebre antes o después del 10 de enero de 2017.

Resulta que en este momento, la pelota está del lado de la cancha que domina el Consejo Nacional Electoral. El 1% del padrón electoral ya salió a firmar, y se cumplió también con el requisito de la validación, a pesar de las engorrosas condiciones en las cuales se desenvolvió.

Desde ya –en realidad desde hace varios días- el CNE puede dar inicio a la convocatoria de revalidación del 20 por ciento de los electores, para solicitar el referéndum revocatorio del mandato presidencial de Nicolás Maduro y hacer la participación de dicha decisión a la Mesa de la Unidad Democrática; con lo cual entraríamos en la ruta definitiva para realizar la consulta.

Partimos aquí de dos verdades lapidarias: la convocatoria sí fue hecha a tiempo y existe además tiempo suficiente para realizar la consulta. No hay razones legales ni técnicas para que el Referendo Revocatorio no se realice este mismo año.

Otro de los obstáculos que aducen quienes se empeñan en buscar obstáculos, es que tenemos pendientes para este año las elecciones regionales, cosa que es meridianamente cierta.

No solamente son eventos compatibles, sino que por la dinámica de ambos, podrían culminar realizándose el mismo día, lo cual incluso sería conveniente por ahorro de costos, al convocarse ambas consultas en una misma jornada.

También corrió el rumor de que el Tribunal Supremo de Justicia echaría para atrás esta primera recolección de firmas ya celebrada. Si hay o no bases para ese rumor, es algo sobre lo cual no nos corresponde pronunciarnos; lo cierto es que, al día de hoy, eso no ha sucedido. Otra hipótesis señalaba que se estaría buscando una forma de echar para atrás todo el proceso; pero el oficialismo no estaría dispuesto a pagarle ese costo político.

Hay otra razón de peso para que el evento siga adelante por su propio peso: y es que moralmente ya fue convocado. Los cientos de miles de venezolanos en las calles firmando son una muestra clara, ante los ojos de todos, de la exigencia de la gente de ir al revocatorio, créanlo o no los afectados por esta decisión popular.

Por si fuera poco, la validación y las adversas condiciones en las cuales se realizó, sirvieron nada como reafirmación de esta misma voluntad. La gente salió con más pasión, y se empeñó con terca perseverancia en hacer valer sus firmas.

Podemos concluir algo que sería conveniente tener anotado: mientras más se complique el proceso, más tenacidad va a sacar el venezolano de sus ganas de poner punto final a los problemas que hoy lo agobian.

Se acaban las excusas y se acaban los obstáculos. Se acaba una etapa histórica mientras otra nueva irrumpe con fuerza a pesar de quienes intentan en vano esconderla o postergarla.

Quienes hacen un papel a contracorriente, quedan muy mal ante un país que está muy claro en lo que está sucediendo, porque lo padece en carne propia, en sus hogares o en el núcleo de su familia.

viernes, 1 de abril de 2016

“Con un pie en la amnistía”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

Tras una intensa sesión que fue seguida con sumo interés por todo el país, la Asamblea Nacional aprobó finalmente y en su segunda discusión, la tan esperada ley de Amnistía, que se había convertido en una de sus propuestas fundamentales para la campaña electoral que renovó al Poder Legislativo.

Desde hace mucho tiempo viene creciendo en el inconsciente colectivo venezolano la idea de que esta ley es la llave para abrir las puertas a una mayor pacificación del país, en medio de la tensa situación en la que vivimos los venezolanos, y que se prolonga mucho más allá de lo imaginable.

Las voces de protesta desde factores opuestos al gobierno se han alzado pacíficamente y con la razón por delante, al asistir al lamentable espectáculo de un grupo de venezolanos apresados por estar en la acera política contraria, por haber salido a protestar, por haberse visto involucrados en hechos de violencia no suficientemente aclarados y por no haber sido beneficiarios –como lo garantizan nuestras leyes- de un proceso imparcial y justo.

El desequilibrio de la justicia recalienta la indignación y la impotencia del venezolano. Mientras en la cotidianidad asistimos al delito como parte de nuestra vida diaria; por otro lado padecemos por el hecho de la reclusión en condiciones por demás inadecuadas de personas perseguidas por sus ideas, mientras otros decidieron abandonar el país al sentirse víctimas de una persecución injustificada y donde llevan todas las de perder.

El movimiento que ha crecido alrededor de esta iniciativa, incorpora los más diversos matices de la sociedad venezolana, al tratarse de la punta del iceberg de la compleja situación país que nos está tocando vivir en estos tiempos.

El mencionado Proyecto de Ley fue sometido a consulta pública, habiéndose incorporado en dicha  consulta a las ONG en materia de derechos humanos, organizaciones de personas víctimas de la violencia en todas sus formas, organizaciones públicas y privadas, sectores interesados y a la colectividad en general.

Por su parte, el presidente de la República, Nicolás Maduro, afirmó que no aceptará la ley de Amnistía, y alegó que “Están aprobando una ley para proteger a asesinos, criminales, narcotraficantes y terroristas, la verdad, tengan la seguridad que esa ley por aquí no pasa caballero, que lo sepa la derecha nacional e internacional, leyes para amparar terroristas y criminales no pasarán, por aquí no pasan, hagan lo que hagan", según nota de la página web del canal oficialista Telesur.

Las afirmaciones del Primer Magistrado nacional tienen unos cuantos matices extremadamente delicados. En primer lugar, porque está usurpando funciones del poder Judicial y se abroga la potestad de juzgar y condenar a ciudadanos venezolanos, muchos de los cuales ni siquiera han tenido el derecho de un juicio justo y menos de una sentencia.

Adicionalmente, somete al escarnio público a personas sobre quienes puede y debe pesar aún la presunción de inocencia que en toda sociedad civilizada se estila antes del comienzo de los juicios que se han retrasado indebidamente.

Por si fuera poco, desde el Ejecutivo nacional se fractura una vez más la convivencia con el poder Legislativo, otro episodio más de un hábito de conducta que se ha instaurado desde que el Parlamento nacional selló su independencia en diciembre pasado; ya que en el período anterior era evidente la coordinación entre ambos poderes, desdiciendo así la razón de ser de la Asamblea Nacional.

Se debe recordar una vez más –y cuantas veces sea necesario- el carácter legítimo de la representación popular que los diputados ostentan, tras haber llegado a esa posición por el voto, ampliamente favorecedor de una opción alternativa a quienes hoy ocupan el Ejecutivo.

Desconocer esta autoridad y esta representación es desconocer también los usos democráticos y abrir una nueva herida que a nadie conviene y que generará profundos daños a los ya múltiples y difíciles de reparar que hemos ido coleccionando en los últimos años.

En este sentido, desde el oficialismo harían bien en escuchar afirmaciones como las del exministro del Interior, Justicia y Paz, Miguel Rodríguez Torres, quien aseguró recientemente que Venezuela está en una etapa donde necesita perdonar porque debe acabarse el resentimiento entre la oposición y el gobierno.

Citó como ejemplo de diálogo a Cuba quien recientemente sostuvo encuentros con Estados Unidos y a Colombia quien ha llegado a acuerdos de paz con Las FARC, agregando: “Entonces ¿cómo es que nosotros no podemos pasar la página de odio y sentarnos a buscar soluciones?”.

Nos falta esa respuesta. ¿Por qué enemigos de muchos más años y con mucha más sangre de por medio han logrado sentarse a dialogar y los dos grupos mayoritarios de este país no pueden hacerlo? La polémica ley de Amnistía está sirviendo la oportunidad en bandeja de plata.