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jueves, 8 de septiembre de 2016

“Ojo con la educación”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

El inicio del nuevo año escolar para el día 26 de septiembre, anunciado por el ministro de Educación Rodolfo Pérez en su red social Twitter, generó una serie de comentarios en la opinión pública, a los cuales hay que poner la lupa por sus implicaciones.

En principio, lo que más llama la atención de la fecha anunciada, es el hecho de que las nuevas actividades docentes se están postergando una semana. Puede no sonar como mucho, pero sin duda es algo sobre lo cual hay que estar atentos.

De acuerdo con el Observatorio Educativo de Venezuela, la medida viola el artículo 54 del Reglamento General de la Ley Orgánica de Educación, que establece que las clases deberían comenzar el lunes 19 de septiembre.

Dicho artículo reza: “Las actividades de enseñanza del año escolar estarán comprendidas entre el primer día hábil de la segunda quincena del mes de septiembre y el último día hábil de la primera semana del mes de julio del año siguiente.”

El OEV también alerta que el nuevo año académico, que termina el 31 de julio de 2017, tendrá solo 193 días aprovechables, siete días menos de los que establece el artículo 49 de la LOE. En estos cálculos se restaron los días no laborables, las vacaciones y fechas  para eventuales actos comiciales.

Lamentablemente, las modificaciones en estas rutinas que están además marcadas por la ley, no son para mejorar sino para empeorar. Y es inquietante que esta vez se trate de la educación de nuestros hijos, algo con lo cual los padres tenemos pleno derecho a ser extremadamente celosos.

Más cuando, según el secretario de educación de la Gobernación de Miranda, Juan Maragall, hay razones para adelantar el inicio del año escolar en lugar de postergarlo. Entre otras cosas, este profesional de la docencia considera que las actividades educativas brindan una sensación de estabilidad a niños, niñas y adolescentes; así como a sus padres, representantes y demás familiares. Sobra decir que estamos de acuerdo con él, por lo urgente y necesaria que es la estabilidad para los menores en los tiempos que atraviesa Venezuela.

Por otro lado, también han resultado polémicos los anuncios –y los rumores- sobre la modificación del curriculum escolar. Y no es para menos. Se trata de decisiones extremadamente delicadas, que deben ser tomadas por personal altamente especializado y que deben tener en cuenta de qué manera afectarán el futuro de los educandos, sus oportunidades y su desempeño futuro, tanto en lo laboral como en lo humano.

El despacho de Educación negó de plano las especulaciones que corrieron hace unos días, sobre la eliminación de materias como Matemática, Física y Biología. Sin embargo y al respecto, el presidente de la Federación Venezolana de Maestros, Orlando Alzuru, explicó que se pasa del tradicional esquema de las asignaturas a “áreas de conocimiento”.

De esta manera, los alumnos ahora tendrían “ejes” de Ciencias Naturales, que incluiría materias como Biología y Química; Educación Física; Lenguas, Culturas y Comunicación, Lenguas extranjeras, Matemática, Memoria, Territorio y Ciudadanía y Educación para el Trabajo.

¿Es beneficioso o dañino este cambio? ¿Con base en qué expectativas o premisas se implementaría? 

Porque no puede hacerse simplemente como una acción de cambiar algo por el hecho de cambiarlo sin ver más allá.

El profesor Alzuru destacó que la implementación de este sistema no es acorde a la realidad, pues el despacho espera que cada área sea impartida por un sólo profesor; cuando la formación de los docentes en el país es especializada en un área determinada.

El titular del despacho de Educación también declaró que se buscará “transformar los liceos, para que sean espacios para la formación de la personalidad de los jóvenes”. Palabras que dejaron abierta una gran expectativa y curiosidad, ya que es derecho de los padres y representantes preguntarse en qué dirección apuntarán esa formación y esas transformaciones de la personalidad.

Ciertamente, el funcionario complementó alegando “Que los liceos sean un espacio para construir una ciudadanía republicana, desde la perspectiva del pensamiento y la obra de Simón Bolívar”. Pero esto no disminuye la inquietud, y menos aún cuando el pensamiento de nuestro Libertador ha sido tan subjetivizado y manipulado.

¿Qué suma esta propuesta? Estamos en una era altamente competitiva y globalizada, en la cual debemos apuntar a que los futuros profesionales venezolanos tengan una formación de excelencia y a la altura de sus mejores pares en el mundo. ¿Es eso lo que se busca? ¿Ayudan estas acciones a conseguirlo?

Muchas veces hemos hablado en este espacio de los posibles puntos de encuentro de una sociedad tan fracturada como la nuestra. Sin duda, la calidad en la formación de nuestros hijos es uno de estos puntos.

domingo, 28 de agosto de 2016

“Colombia va a contarse”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

En el largo y complejo proceso por lograr la paz de la vecina Colombia, se han dado importantes pasos en los últimos tiempos. Tras cuatro años de conversaciones, ya existe un acuerdo entre las partes en conflicto, que ha dado luz a una propuesta concreta. Y los ciudadanos han sido convocados para decidir, en un plebiscito, el sí o el no a esta propuesta.

Es quizá el punto culminante, el más importante de este proceso. Ahora le toca hablar al pueblo, al soberano. Y es digno de aplauso que una decisión tan polémica como trascendente para el futuro del país sea consultada en las urnas comiciales.

Es importante resaltar que la decisión que emane del plebiscito será vinculante políticamente; mas no legalmente. Esto quiere decir que una decisión positiva en el plebiscito no implica necesariamente la incorporación de los acuerdos de paz a la constitución o al ordenamiento jurídico del país. Sin embargo, el peso político de la misma es enorme y decisivo.

En todo caso, lo destacable desde nuestro punto de vista es el ejercicio democrático, en el cual la gente es consultada sobre un eventual cambio de rumbo histórico del país.

Y por supuesto, también es de resaltar el espíritu sanador que tiene para las sociedades un plebiscito.

Sea sí o sea no, el resultado mide a los electores y reafirma el pacto social sobre el cual reposa la fundación de las naciones. Su escrutinio ausculta la realidad de un país y sirve para trazar un rumbo con certeza.

En momentos en los cuales los venezolanos estamos también luchando por ejercer nuestro derecho de ir a las mesas electorales con el fin de tomar una decisión trascendental para nuestro presente y para la historia por venir en las próximas décadas, no podemos menos que celebrar y aplaudir lo que sucede en el país hermano.

Y es que creemos en aquello de que cuando un ser humano da un paso adelante, la humanidad entera también da un paso adelante. Y este principio aplica también con los países.

La democracia es sanadora y eso es lo que necesita nuestro continente para sanar tantas heridas viejas y dolorosas: democracia, mucha más democracia; ya que sobre ella siempre descansa la paz.

domingo, 21 de agosto de 2016

“Nicaragua no la pone fácil”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

La solicitud de visas por parte del gobierno de Nicaragua a los ciudadanos venezolanos es una noticia a medias. Para algunos era impensable que una administración unida a su par venezolana por coincidencias ideológicas –y buenos negocios- exigiera este requisito.

Pero para otros, la información no tiene sorpresa. Se trata de un escalón más entre los numerosos países que aprietan tuercas a los requisitos para que los venezolanos ingresen a su territorio.

Si bien es cierto que cada Estado es soberano en cuanto a quien dar entrada, también hay que hilar muy fino en esta situación, pues son gobiernos que se dicen hermanos a raíz de compartir un mismo proyecto político. ¿Por qué esta decisión que parece contradictoria?

No hay quien deje de ver en estos hechos un vínculo con el creciente éxodo de venezolanos que llegan a otros países, huyendo de las adversas condiciones que nuestra tierra padece en este momento.

Valga decir que sorprende que incluso Cuba solicite ahora una visa para entrar a los venezolanos, en medio de las estrechas vinculaciones que esa nación tiene con la actual administración criolla.

También se ha hecho un vínculo de esta noticia con el hecho de que dos diputados venezolanos fueran retenidos al intentar entrar a la nación centroamericana, episodio que parece haber sido aprovechado para lanzar esta medida.

Los representantes de nuestra Asamblea Nacional objeto de dicha situación fueron los parlamentarios Luis Florido y William Dávila, a quienes se retuvo en el aeropuerto de Managua y posteriormente fueron expulsados del país, en un hecho que se vinculó con su posición política, contraria al gobierno venezolano y por lo tanto incómoda para la administración nicaragüense.

En todo caso, la administración de aquella nación aclaró que el trato a funcionarios gubernamentales venezolanos seguirá siendo preferencial y que las nuevas normas van solamente dirigidas al resto de los ciudadanos de nuestro país. En todo caso, esperamos que por encima de las complejas coyunturas nacionales y de las acciones del gobierno de Nicaragua, se pueda seguir construyendo un verdadero vínculo de hermandad latinoamericana entre ambas tierras.


jueves, 18 de agosto de 2016

“Salario y agua”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

La palabra “salario” procede del Imperio Romano, donde parte de la remuneración que recibían los soldados que cuidaban la vía hacia las salinas, era entregada en sal.

Quizá sea bueno recordar el emparentamiento etimológico de ambas palabras para adentrarnos en una realidad muy cruda: el salario venezolano se ha vuelto, literalmente, sal y agua.

Y resulta extraño que comencemos en estos términos unas líneas destinadas a comentar el más reciente aumento salarial decretado por el poder Ejecutivo en Venezuela.

Pero es que subir los sueldos ya no es un truco que sorprenda, ni mucho menos que sea aplaudido. El mago se queda sin capacidad de deslumbrar a la audiencia, que se levanta y se va. Y pide que le devuelvan su dinero.

A fuerza de enfrentar los hechos, ya la inmensa mayoría de los venezolanos –incluyendo a los partidarios del oficialismo- saben que más bolívares en su bolsillo no significan mayor poder adquisitivo.

Y que, incluso, son tales los desequilibrios de la economía, que el subir las remuneraciones puede terminar significando echarle gasolina a un incendio.

Desde la autodenominada revolución tomó el poder hasta el día de hoy, hemos visto más de treinta aumentos salariales.

Solamente este año, se han decretado tres. ¿De qué han servido?

Que levante la mano quien piense que hoy puede comprar más que ayer.

O, para ponerlo en términos más realistas aún, que levante la mano quien crea que la inflación ya se habrá comido la exigua compensación antes de llegar a su bolsillo.

El Fondo Monetario Internacional prevé una inflación del 700% en Venezuela para 2016. Lo cual convierte al incremento del 50% literalmente en sal y agua.

Por otro lado, cabe una pregunta que todo el mundo se hace: ¿cómo va a pagar los nuevos montos la empresa privada a sus empleados, si están en el momento de productividad más baja en su historia?

Para pagarle a la gente tienen que vender. Para vender, tienen que producir. Para producir, deben tener materia prima.

Y adicionalmente, y para explicarlo de la manera más sencilla posible, para vender, la gente tiene que comprar. Y hoy no tienen la capacidad de hacerlo.

El mismo gobierno lo confiesa al decretar aumentos salariales compulsivamente, una y  otra vez. Algo que no sería necesario si nuestros ingresos fueran medianamente cónsonos con lo que se requiere para vivir.

Y sí, el venezolano ha aprendido de economía. Y saca la cuenta sobre cómo puede manejar el menguado sector privado, que aún tiene poder de surtir empleos de cierta calidad, unos compromisos con sus trabajadores sin ir a la quiebra, que es la realidad que se maneja en un horizonte no muy lejano, ante el incremento de las cargas y la disminución de los ingresos.

Los funcionarios gubernamentales se ufanan de que somos el país donde más incrementos de los sueldos se decretan en el mundo. Pero se cuidan muy bien de no mencionar que también padecemos, por mucho, la inflación más alta del planeta.  Un hecho que pulveriza al otro.

Tampoco se menciona en las comunicaciones oficiales el hecho de que el sector público no está al día con los compromisos de aumento a su personal decretados este año. En casa del herrero, cuchillo de palo.

¿Cómo es esta realidad en el resto del mundo? Por ejemplo en Europa, el promedio del poder adquisitivo frente al salario mínimo para la adquisición de la cesta básica de alimentos es de un promedio de 16% al 18%; mientras el salario mínimo colombiano les alcanza para comprar la cesta básica por un monto inferior al 30% de ese ingreso.

En Venezuela se necesita el sueldo de varios meses para el mismo objetivo. Recordemos que la última actualización que tenemos de ese indicador económico fue dada a conocer el pasado mes de julio, corresponde a junio y totaliza un monto de 365.101,19 bolívares, según el último informe del Cendas-FVM.

Y por cierto, ya no se habla de la guerra económica. Desde hace rato no es un pretexto creíble en una economía de un país donde un sector político tiene todo el poder y donde adicionalmente, el sector privado ha sido prácticamente arrasado, tras haber sido criminalizado y estigmatizado por voceros oficialistas.

Quizá los mismos ideólogos de los discursos gubernamentales decidieron abortar la misión de seguir martillando con ese estribillo. Y habría una razón muy lógica: un proyecto político que se ufana cada vez que puede de su capacidad bélica, queda muy mal al perder reiteradamente una guerra contra enemigos que se suponen infinitamente inferiores.

Pero hay otra razón aún más sencilla: la gente sabe que es mentira y nunca se lo creyó.

Si algún aprendizaje valioso podemos ver en medio de la comprometida situación nacional, es que todos estamos mucho más claros en cómo funciona la economía. Todos, menos quienes hoy la manejan.

domingo, 14 de agosto de 2016

“Marcha atrás”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

Dar marcha atrás cuando se comete un error es una acción necesaria. Si esto fuera una costumbre y no existieran tanta terquedad y prejuicio en el camino, nos podríamos ahorrar lamentables daños.

Este es el caso de la irracional y prolongada medida de cierre de la frontera entre Colombia y Venezuela, que se prolongó por casi un año, trayendo profundos daños a las familias que habitan a ambos lados de la línea fronteriza y perjudicando la economía de ambas naciones.

En todo caso, la apertura gradual y controlada de la frontera fue acordada por los presidentes Juan Manuel Santos y Nicolás Maduro y puesta en práctica desde el sábado 13 del corriente mes.

Nadie niega los complejos problemas que presenta uno de los límites fronterizos más vivos del continente. Pero volvimos una vez más a la política errada de vender el sofá o matar al mensajero, pasa simplemente dar luego marcha atrás; sin capacidad alguna de compensar todos los perjuicios que resultaron en estos meses.

No había necesidad alguna de fuerza ni de medidas extremas, ni de perturbar a las poblaciones de este lado de la línea con altisonantes operativos que no iban a la médula del problema.

Lo más insólito fue que, en medio de los meses de cierre, las madres venezolanas terminaron por imponer ante la fuerza pública la necesidad de sus hijos y se salieron con la suya al traspasar el cordón de seguridad.

Este gesto sin duda fue la gota que colmó el vaso en la situación y que comenzó a reconstituir lo que jamás ha debido romperse: la fluidez entre ambos pueblos, algo que la práctica demostró que es indisoluble.

Y quienes pudieron pasar en esas ocasiones a la nación hermana, comprobaron que la crispación y las incomodidades, están lamentablemente de nuestro lado de la raya.

El diálogo Santos-Maduro es lo que se ha debido hacer desde el primer día. Son los mecanismos cívicos y democráticos para tratar los problemas.

En todo caso, más vale una marcha atrás que repare, cuando la perspectiva podría ser insistir en el error. La restitución de la fluidez entre Venezuela y Colombia traerá sin duda enormes beneficios a ambos países.

domingo, 7 de agosto de 2016

“Otro ministro express”

jueves, 4 de agosto de 2016

“El CNE tiene la palabra”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

La tenacidad de la ciudadanía venezolana es para sentirse orgulloso. Nos la han puesto difícil, muy difícil y sin necesidad alguna de ello.

Pero por encima de los hiperbólicos obstáculos, hemos cumplido con el objetivo. Contra los más agoreros pronósticos, el Consejo Nacional Electoral ha tenido que dar su brazo a torcer y reconocer que todos los estados del país cumplieron con la exigida recolección del 1% de las firmas de sus respectivos padrones electorales, para con ello culminar la primera etapa de la ruta hacia el referendo revocatorio presidencial.   

Y no, no fue fácil. Todos sabemos que se limitaron los días, la cantidad de máquinas, incluso la cantidad de obstáculos físicos y que aparecieron en las vías de muchos firmantes, quienes también en forma literal tuvieron que irse por los “caminos verdes” para poder ejercer su derecho; pero finalmente lo hicieron.

Lo cual no quiere decir que no quedaran muchos, pero muchos, en el camino. Sí, los obstáculos de toda índole frustraron el propósito cívico y civilista de no pocos compatriotas.

Eso, para no hablar de las cientos de miles de firmas que fueron literalmente desechadas; confiscando así un derecho consagrado en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, y negando a los afectados –atropellados más bien- la posibilidad de pelear por dicho derecho.

¿Cuál es la moraleja? La decisión de la gente. Para llegar a que el máximo ente electoral reconociera que sí se había cumplido la exigencia a pesar de los numerosos obstáculos, tuvo que cumplirse una condición: la masiva movilización de la gente.

Hay que saber leer los tiempos y entender hacia dónde sopla el viento. Y a estas alturas del partido, estamos seguros de que todos, absolutamente todos, lo entienden. Incluso quienes fingen demencia.

Los tiempos hablan de venezolano colmados, de hartazgo, de adultos mayores haciendo colas ante establecimientos comerciales para procurarse algo de comida y salir finalmente con las manos –y el estómago- vacíos.

De niños que no van a la escuela porque no tienen con qué desayunar. O que tampoco asisten a clase porque sus padres los ponen a hacer las colas para la comida mientras se van a trabajar para conseguir con qué comprarla. O que si van a la escuela, se desmayan en clases por que tiene el estómago vacío.

De madres despidiendo a hijos que se marcha a un futuro incierto, pero al menos parten a países donde sí hay la oportunidad de crecer.

De enfermos y sus familiares suplicando por las redes sociales un medicamento del cual pende su vida.

¿Cómo no se va a movilizar masivamente una ciudadanía sometida a semejantes condiciones de existencia? Porque esto ya no se puede llamar vida.

Como Fuenteovejuna, todos a una, los venezolanos exigimos un cambio. Un cambio que no nos pueden dar quienes provocó el mismo estado de cosas que ha sumido al país en un caos.

Volviendo a ese CNE que tiene que activar ahora la nueva etapa de solicitud del referendo revocatorio del mandato presidencial, al iniciar la recolección del 20% de las firmas; no sabemos aún si está suficientemente claro para la directiva del órgano electoral el tamaño de la crisis.

Todos los que compartimos el gentilicio venezolano deberíamos abocarnos con urgencia absoluta a transitar la ruta electoral trazada desde la Constitución Nacional y que ya fue adoptada por la ciudadanía, que con su presencia en la calle ya la validó, como poder originario y soberano.

Mientras el balón está en el lado de la cancha que domina el CNE, mientras quienes hicimos la tarea esperamos que se prosiga sin obstáculos a la solución de la más grave crisis republicana de la historia de Venezuela, no está de más recordar que la figura de los referendos fue impulsada por el fallecido ex presidente Hugo Chávez, en la Asamblea Constituyente de 1999, por aquellos tiempos cuando gozaba una popularidad que rondaba el 90%.

Con esta referencia histórica aunada a un país que tiene el agua al cuello, cabe recordar que son numerosos los partidarios del oficialismo que están a favor del conteo en las urnas electorales. Y que van a votar contra la actual administración.

Y no hablamos solamente de aquellos que dicen: “Soy chavista, pero no madurista”.  Hablamos de todos.

La terca movilización ciudadana fue en sí misma un referendo. Complicarle el proceso a los venezolanos fue como echarle gasolina al fuego, porque se avivó la llama de la indignación.

Y la única forma de apagarla es dando válvula de escape a una frustración tan injusta como inmerecida por las grandes mayorías trabajadoras y honestas de conciudadanos.

El CNE finalmente anunció lo que todos ya sabíamos. ¿Cuánto va a tardar en anunciar lo que todos exigimos? Porque el mundo entero está viendo. Y lo más importante: estamos viendo los venezolanos.

jueves, 28 de julio de 2016

“Comida en órbita”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

Desde hace mucho tiempo, la desproporción entre los ingresos de los trabajadores venezolanos y el costo de la subsistencia básica –para no hablar de vivir con calidad- es desproporcionado. Pero lo angustiante es que la brecha se agiganta por minutos y nadie parece tener intenciones de detenerla.

El Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros dio a conocer recientemente que el precio de la canasta básica familiar escaló 20,3% en el pasado mes de junio y se ubicó en Bs. 365.101,19.

Con el alza de junio, la variación anualizada para el período junio 2016 / junio 2015 es 573,6%, equivalente a 20,7 salarios mínimos, de acuerdo con la remuneración base legal de Bs. 15.051,15.

No estamos hablando de uno y medio, ni de dos, ni siquiera de cinco o diez veces más. Estamos hablando de que una familia, integrada por cinco miembros en promedio, requiere 24,3 salarios mínimos para poder adquirir la canasta básica familiar.

La información la suministra una fuente confiable, referencia de este indicador desde hace muchos años. Fuente a la cual hay que recurrir ante la ausencia de datos oficiales.

Ya no se trata de rebuscarse, ni de tener dos trabajos, ni de que todos los miembros de la familia en edad de trabajar lo hagan. La realidad ha dejado como un chiste de escaso alcance aquello de que mientras los sueldos suben por la escalera, los precios lo hacen por el ascensor.

La desproporción es tal, que ha desconfigurado la vida de los venezolanos en todo sentido. La peor de todas las consecuencias es sin duda el recorte de los alimentos en la mesa familiar; ya que hay un perverso coctel en el cual no solamente toma parte la inflación, sino también la escasez.

La comprometida situación de nuestros ciudadanos se hace patente en las ya tristemente célebres colas que se multiplican en cantidad con el correr de las horas; así como en las salidas de los venezolanos a comprar comida fuera de nuestras fronteras, ya no solamente a Colombia sino también a Brasil, donde consiguen variedad de productos a precios mejores que los de los especuladores de oficio conocidos como “bachaqueros”.

La Folha de Boa Vista, en su edición del 20 de junio, dedicó una publicación a la “invasión” venezolana. Según el diario brasileño, el comercio en la ciudad fronteriza, con la llegada diaria de venezolanos, en un mes creció 90%.  El repunte ha sido tal que aquellos negocios dedicados a vender ropa cambiaron esa mercancía por alimentos.

La situación alcanza tales proporciones, que incluso hay fotos satelitales de los miles de venezolanos que cruzaron desde Táchira hacia Cúcuta hace pocos días, y que no estaban haciendo turismo, como irresponsablemente afirmaron algunos voceros oficialistas.  Literalmente, la crisis venezolana se puede observar incluso desde el espacio exterior.

Por otro lado, a Red por la Defensa al Trabajo, la Propiedad y la Constitución, informa en un comunicado de prensa que un 80% de los venezolano consumen un kilo o menos de comida diariamente, lo cual nos colocaría como el país de todo el continente con los niveles de alimentación per cápita más bajos por habitante y dentro de los 20 de menor consumo a nivel mundial.

Por primera vez en la historia de Venezuela, la tarea de conseguir alimentos es el eje de la vida política y social de nuestra nación. Es tema de conversación en los sitios de trabajo, en el transporte público, en las calles.

¿Hay solución? El país al día de hoy se encuentra secuestrado por tal estado de anomia, que pareciera que no. La desesperanza crece ante la exponencial multiplicación de las adversidades y la ausencia de señales claras desde el gobierno nacional, que permitan confiar en que se trazará un plan concreto que permita conducir a la economía hacia la recuperación. Y por supuesto, hablamos de algo que sea más que propaganda o discursos.

Sí, se puede hacer, y mucho. Producir, por ejemplo. Dejar de criminalizar a la iniciativa privada, dejar de ver enemigos en todo lo que piense diferente. Sentarse a hablar con la urgencia de resolver y no como táctica dilatoria para preservar el poder. Reconocer errores y rectificar, para quitarles penurias de encima a los hombros de los venezolanos.

Administrar mejor lo que queda de lo que alguna vez fueran cuantiosos recursos y que hoy vemos menguados no solamente por la caída de los precios petroleros, sino por despilfarro indiscriminado e inexplicable.

Se acabó la soberbia, no tiene más cabida en un país que está literalmente entre la espada y la pared. La inacción y la impericia de quienes gobiernan hoy, está quedando descubierta a los ojos de todos como consecuencia del deterioro de las más elementales condiciones de vida. Y todos los venezolanos son las víctimas inocentes.

domingo, 24 de julio de 2016

“Otra que se va”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

La partida de la empresa internacional Kimberly-Clark es sin duda una mala noticia para los venezolanos, no solamente por el hecho en sí de que se cierre otra fuente de empleo en nuestro país; sino porque el contexto en el cual ocurre nos dibuja una inquietante pérdida de confianza en nuestro país.

Si bien el gobierno acaba de anunciar recientemente una inversión de más de 20 millones de dólares en las instalaciones que la compañía dejó en territorio nacional, hay que hilar muy fino ante esta noticia que de entrada parece buena.

Primeramente – y es obvio- el gobierno no lo puede hacer todo. Una nación se construye con el trabajo conjunto y coordinado de la administración pública y la empresa privada.

La buena noticia sería que estos últimos sigan invirtiendo en nuestro suelo y no que de los haberes gubernamentales, salga una partida para tapar como un paño caliente la ida de otra fábrica que opera en numerosos países, pero que no pudo afrontar las dificultades que entraña ser productivo en Venezuela.

Dólares no es lo que sobra en estos momentos en un país monoproductor y monoexportador de petróleo, cuando el precio de este bien ha caído estrepitosamente. Y ya todos lo sabemos, porque hemos visto cómo se ha deteriorado nuestra calidad de vida en los últimos años.

En segundo lugar, voceros del oficialismo, como el mismo Freddy Bernal, han reconocido la mala capacidad administrativa del actual gobierno en los casos de las empresas expropiadas. Aunque la expropiación como tal no es el caso de la compañía que hoy nos ocupa, sí inquieta que sea otra más en el pesado saco de las empresas improductivas que hoy carga el gobierno nacional.

La confianza no se impone, se gana. El clima hostil a la iniciativa particular se respira desde hace años y no hace sino reforzarse, a pesar de las reiteradas advertencias de quienes saben de economía: no se puede asfixiar al sector privado, porque el Estado no puede ser el empleador de toda la población.

No ayuda tampoco que se criminalice a la empresa que decidió marcharse porque los números no le daban. Esto será caldo de cultivo para terminar de convencer a otras de que también se vayan.


sábado, 16 de julio de 2016

“Venezuela y el Mercosur”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

Desde hace varias semanas llama la atención de la prensa internacional la sucesiva postergación de la entrega de la presidencia pro tempore del Mercado Común del Sur a Venezuela. Y es que, aunque todo se haga con sutileza y con la mayor discreción diplomática, es inevitable que el silencio y el misterio llamen la atención.

En el medio periodístico se dice que “no tener noticias es una buena noticia”; pero aquí parece suceder lo contrario. Y como sabemos, el vacío de información genera rumores.

El Mercosur es una gran idea, como todo bloque regional que intente integrar países vecinos con similitudes económicas y culturales. Pero también sabemos que para que esta integración sea exitosa, debe cumplir con unos parámetros mínimos de saneamiento interno en cada nación que lo integre.

Para nuestro país fue sumamente sencillo ingresar en tiempos de las vacas gordas, de la bonanza petrolera que arrojaba tal cantidad de ingresos, que permitía tapar los desatinos administrativos porque, por más desacertadas que fueran las políticas, los números siempre quedarían en azul.

No es el caso actual, cuando los precios petroleros se desplomaron y la actual administración no tenía tomada previsión alguna. Padecemos de lejos, la inflación más alta del mundo; ligada al desabastecimiento, sea cual sea la causa. Incluso, si tomáramos como verdadera la hipótesis gubernamental de la supuesta “guerra económica”, lo visible es la incapacidad de quienes hoy gobiernan para solucionar la situación.

A esto se unen los atropellos al poder Legislativo electo el año pasado, con lo cual se encienden las alarmas de los supuestos democráticos mínimos que deben cumplir los miembros. Esto, para no hablar de lo cuesta arriba que se ha hecho el proceso de solicitud del referendo revocatorio, otra realidad que el mundo observa atentamente.

No se trata de una conspiración de la derecha internacional, como justifican voceros oficialistas. Es una cadena de omisiones y acciones erradas de quienes hoy gobiernan. Y si Mercosur pudiera mirar hacia otro lado con los desatinos políticos, no pueden admitir el mal desempeño económico. Pragmatismo puro. Amanecerá y veremos.

viernes, 15 de julio de 2016

“Monólogo”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

Por estos días ha reflotado en Venezuela el submarino del diálogo. Un submarino que se sumerge y pasa largas temporadas en las más oscuras profundidades; para de vez en cuando aparecer en la superficie, coincidencialmente cuando el gobierno atraviesa turbulencias.

Lo cierto es que la palabra “diálogo” forma parte del argot de la opinión pública por estos días; pero la gente no deja de pronunciarla con reservas. ¿A qué se deberá?

Quizá a que es un vocablo extremadamente manoseado en estos casi 18 años de autodenominada revolución. A que le hemos puesto demasiada expectativa en el pasado y a que muchos consideran que es simplemente un salvavidas para comprar tiempo por parte de quienes hoy conducen la administración pública nacional.

Así sucedió cuando los difíciles momentos vividos en 2002 y 2003 devinieron en una eterna y estéril Mesa de Negociación y Acuerdos que solamente arrojó frustración. Y en 2014, fecha que marcó una conmoción nacional y generó otro acercamiento que terminó convertido en sal y agua. Motivos para no creer, los hay.

Aunque no se puede hacer tal afirmación postulándola como una verdad, pareciera que los acercamientos de quienes mandan para conversar con los excluidos, solamente ocurren en momentos de crisis extremas –y bajo puntaje en las encuestas- para, como dicen algunos, “comprar tiempo”.

Los factores que empujan a los autodenominados revolucionarios a sentarse a hablar confluyen una vez más. Pero como en el cuento de Pedro y el lobo, ya nadie les cree. Ese es el problema de dilapidar el capital político en promesas incumplidas. Y lo peor es que ahora el lobo sí nos está respirando en la nuca.

¿Es de plano inefectivo un diálogo? No, puede ayudar y mucho. Incluso, aunque tantos venezolanos estén ganados al descreimiento, puede ser la solución. Entonces, ¿por qué flota esa percepción de inutilidad al respecto en el país?

Quizá todo parta de la vocación de monólogo que tiene el gobierno.

Por más de década y media, los venezolanos hemos sido sometidos a un interminable soliloquio generado desde el poder. Las cadenas de radio y televisión, no solamente habituales y frecuentes, sino por demás extensas; aunadas a la multiplicación de medios de comunicación de corte oficialista mientras el contrapeso de los independientes va menguando. Invasiva propaganda a diestra y siniestra, que busca no solamente publicitar los supuestos logros gubernamentales, sino incluso adoctrinar.

¿Y cuál es el resultado? Que el oficialismo se creyó su propio monólogo. Piensan que lo están haciendo muy bien. Se acostumbraron a hablar solo ellos. Se marearon de poder y creen, cuando por fin se sientan a dialogar atosigados por la realidad, que pueden golpear la mesa con el puño y poner las normas, como lo hace en las instituciones del Estado, donde las nóminas de trabajadores deben obedecer, so pena de ser despedidos a pesar de la inamovilidad laboral.

Quienes hoy nos gobiernan son aficionados a los trajes a la medida cuando se trata del diálogo. Y entonces se mandan a coser a sus propios mediadores, esos que dicen lo que es agradable escuchar, los mismos que se retratan sonrientes con una de las partes mientras descalifican a la otra. Y así, las condiciones del supuesto acercamiento pretenden ser impuestas unilateralmente. Sobra comentar cuán inútil es este ejercicio viciado.

Cuando no se ha ejercido realmente la democracia, cuando no es esquema de pensamiento, cuando es solamente una etiqueta que se utiliza de la boca para afuera, no se puede entender que para hacer viable una iniciativa de ese tipo, ambas partes deben poner sobre la mesa tanto agendas como representantes y que hay que llegar a acuerdos mínimamente aceptables para los dos grupos. No se puede dialogar cuando las condiciones son impuestas unilateralmente. Parece una observación tonta, pero vista la situación, es más que necesario hacerla.

Afortunadamente, en Venezuela sí hay democracia. La ha impuesto la gente, saliendo a la calle a votar, entregando el poder Legislativo en manos de una alternativa política que le mereció confianza, defendiendo su voto y apoyando a sus líderes elegidos, quienes son hoy representantes de una obvia mayoría.

Una vez más se abre una posibilidad de entendimiento. Pero obviamente, del lado de la Mesa de la Unidad Democrática hay condiciones no negociables: referendo revocatorio este año, liberación de presos políticos, atención a la crisis alimentaria y de salud. Y por supuesto, es la MUD quien decide cuáles serán sus representantes. Esperar otra cosa sería, por decir lo menos, desquiciado.

Esperemos sensatez de parte del otro factor que pretende dialogar, pero que no sabe cómo hacerlo. Apostemos a que sus convidados sean más agudos que ellos y los aconsejen para que nuestra nación supere esta hora menguada.

sábado, 9 de julio de 2016

“Un racionamiento menos”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

En los tiempos adversos que vivimos, los venezolanos nos hemos ido acostumbrando –lamentablemente- a sufrir diversos tipos de recortes a la vez. Y debemos hacer énfasis en la transitoriedad de esta situación, porque si se quiere y si hay la voluntad, es totalmente solucionable.

Hoy queremos referirnos al asunto del agua. Sí, es verdad que para todos estuvo medianamente clara la dureza de la sequía que nos afectó y que nos llevó a niveles inquietantes en este asunto; pero también es cierto que están llegando al rescate las lluvias, en muy buen momento, porque estábamos contra la pared.

El asunto es que seguimos contra la pared en cuanto al racionamiento de agua, cuando la situación debería tender a normalizarse. Los mismos medios de corte oficialista celebran el fin de la sequía, con frases como “El pueblo venezolano eludió la sequía y derrotó a los realistas de esta época”, titular que tomamos del Correo del Orinoco de este viernes 8 de julio.

La nota abunda en lo cerca que estuvimos del colapso eléctrico –otra de las amenazas, otro de los racionamientos- y en cómo se considera superado dicho riesgo. Sin embargo, los recortes en el servicio de agua se prolongan hasta el día de hoy; para no hablar del asunto eléctrico, que es otro tema. Por cierto, el levantamiento del racionamiento en este ámbito fue anunciado, esperamos la normalización del servicio.

Solamente el nivel del Guri está subiendo en 26 centímetros diarios, según informó la Agencia Venezolana de noticias, AVN, el pasado 26 de junio. Ya la discusión sobre si el fenómeno El Niño afecta o no a Venezuela, quedó en el pasado. Igual que el Presidente de la República, nos encomendamos a Dios para esperar superar del todo estos contratiempos. Pero también esperamos acciones acertadas por parte de la administración pública.

Sí estamos en un país de riqueza y abundancia; pero también necesitamos de mucho trabajo y en eso no tenemos problema alguno. Con una buena dirigencia y con la voluntad de progreso por delante, la ciudadanía venezolana puede y debe florecer fácilmente para el bienestar de todos. Y hablamos de agua, de servicio eléctrico, de alimentos; de todo lo que deseamos y merecemos los venezolanos.

viernes, 8 de julio de 2016

“¿Hay o no hay revocatorio?”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

El referendo revocatorio presidencial que hoy ocupa la atención de todos los venezolanos, ha dado lugar a multitud de conjeturas que bien podrían servir de argumento, no digamos para una, sino para muchas películas de ficción.

La importancia del inminente evento que mantiene los ojos del mundo fijos sobre Venezuela, aunada a la información confusa y contradictoria que proviene de fuentes oficiales –para no hablar de desinformación- choca con la urgencia que tenemos todos de saber, generando que cada quien se arme su propia película.

Los más aficionados al apocalipsis aseguran que sencillamente no habrá referendo. Esta es definitivamente, la hipótesis más audaz, tomando en cuenta que los ojos del planeta vieron a los venezolanos saliendo a la calle masivamente para firmar y así activar el proceso que conduce al revocatorio.

Se trata de acortar los tiempos, de engullirse días de la semana y meses del año, a ver si se hace inviable el evento comicial. También se ha apelado a cualquier forma de “rebanar” la voluntad de la gente, tales como descalificar firmas y firmantes, colocar una cantidad mínima de puntos para validar y otros tantos contratiempos que, sumados, deberían dejar cojeando a esta iniciativa popular. O al menos, eso es lo que aspiran los guionistas de esta película de terror.

Pero nada de eso ha resultado. Los venezolanos salieron masivamente, tanto a firmar como a validar. Aunque superficiales formalismos confiscaron un derecho constitucional a cientos de miles de venezolanos, el volumen de ciudadanos convocados fue tal, que estamos protegidos por mucho, en cuento a la cantidad de electores convocantes en esta primera etapa.

Otros tantos, asoman más tímidamente que sí, que habrá revocatorio... Pero que no podrá ser este año. Y como bien sabemos, los desenlaces son distintos según se celebre antes o después del 10 de enero de 2017.

Resulta que en este momento, la pelota está del lado de la cancha que domina el Consejo Nacional Electoral. El 1% del padrón electoral ya salió a firmar, y se cumplió también con el requisito de la validación, a pesar de las engorrosas condiciones en las cuales se desenvolvió.

Desde ya –en realidad desde hace varios días- el CNE puede dar inicio a la convocatoria de revalidación del 20 por ciento de los electores, para solicitar el referéndum revocatorio del mandato presidencial de Nicolás Maduro y hacer la participación de dicha decisión a la Mesa de la Unidad Democrática; con lo cual entraríamos en la ruta definitiva para realizar la consulta.

Partimos aquí de dos verdades lapidarias: la convocatoria sí fue hecha a tiempo y existe además tiempo suficiente para realizar la consulta. No hay razones legales ni técnicas para que el Referendo Revocatorio no se realice este mismo año.

Otro de los obstáculos que aducen quienes se empeñan en buscar obstáculos, es que tenemos pendientes para este año las elecciones regionales, cosa que es meridianamente cierta.

No solamente son eventos compatibles, sino que por la dinámica de ambos, podrían culminar realizándose el mismo día, lo cual incluso sería conveniente por ahorro de costos, al convocarse ambas consultas en una misma jornada.

También corrió el rumor de que el Tribunal Supremo de Justicia echaría para atrás esta primera recolección de firmas ya celebrada. Si hay o no bases para ese rumor, es algo sobre lo cual no nos corresponde pronunciarnos; lo cierto es que, al día de hoy, eso no ha sucedido. Otra hipótesis señalaba que se estaría buscando una forma de echar para atrás todo el proceso; pero el oficialismo no estaría dispuesto a pagarle ese costo político.

Hay otra razón de peso para que el evento siga adelante por su propio peso: y es que moralmente ya fue convocado. Los cientos de miles de venezolanos en las calles firmando son una muestra clara, ante los ojos de todos, de la exigencia de la gente de ir al revocatorio, créanlo o no los afectados por esta decisión popular.

Por si fuera poco, la validación y las adversas condiciones en las cuales se realizó, sirvieron nada como reafirmación de esta misma voluntad. La gente salió con más pasión, y se empeñó con terca perseverancia en hacer valer sus firmas.

Podemos concluir algo que sería conveniente tener anotado: mientras más se complique el proceso, más tenacidad va a sacar el venezolano de sus ganas de poner punto final a los problemas que hoy lo agobian.

Se acaban las excusas y se acaban los obstáculos. Se acaba una etapa histórica mientras otra nueva irrumpe con fuerza a pesar de quienes intentan en vano esconderla o postergarla.

Quienes hacen un papel a contracorriente, quedan muy mal ante un país que está muy claro en lo que está sucediendo, porque lo padece en carne propia, en sus hogares o en el núcleo de su familia.

sábado, 2 de julio de 2016

“La lección del Brexit para América Latina”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

El Brexit es la propuesta de que el Reino Unido abandone la Unión Europea, la cual fue sometida a referendo el pasado 23 de junio. Y ganó. A raíz de eso, la confederación de países del viejo continente ha entrado en un serio proceso de cuestionamientos que podrían replantearse la coalición.

¿Y qué puede importarnos eso a nosotros, que estamos tan lejos? Pues mucho, y por muchos motivos.

Esta unión de países en Europa había sido, hasta ahora, la mayor referencia sobre la creación de un bloque regional exitoso en el mundo; como se aspira a crear uno de este lado del planeta, con experimentos que ya han alcanzado trascendencia y solidez, en el caso del Mercosur y la Comunidad Andina.

La primera lección de la Unión Europea, fue el saneamiento de sus economías, para intentar una homogenización de las circunstancias que pudiera darle piso a una moneda común, el prestigioso euro; aunque ande por estos días en tela de juicio, justamente ante los resultados del referendo en cuestión.

Pero si bien se logró este objetivo titánico de coordinar casi treinta países con sus respectivas realidades y diversidades culturales, siguen prevaleciendo, como es de esperarse, las circunstancias particulares de cada uno.

Y es así como el poderoso Reino Unido siempre mostró reservas ante la UE, a pesar de haberse integrado con excepciones tales como mantener su propia moneda, la robusta libra esterlina.

Hoy, cuando este socio referencial dio a conocer su voluntad de abandonar la Unión, se teme que otros como Francia hagan lo mismo; mientras el euro se desinfla. Pero también el Reino Unido pierde. Entre otras cosas, un mercado enorme para sus productos.

Los latinoamericanos tenemos una visión cultural más cercana entre nosotros que los europeos, y podríamos usarlo para salvar nuestras diferencias. Entre nuestras fortalezas, está por ejemplo, compartir el mismo idioma.

La lección para quienes aspiramos a fortalecer las alianzas regionales de este lado del mundo, tiene que ver con una mayor integración, no solo en el papel, sino de objetivos y metas; pero sobretodo en hechos. Y con trabajar en la salud de cada país para poder aspirar a bloques sólidos.