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viernes, 2 de septiembre de 2016

“La marcha de la paz”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

Para quienes estuvimos en la enorme manifestación que colmó varias de las avenidas más céntricas de Caracas este jueves 1° de septiembre, la más grata de las sorpresas fue el reencuentro con lo mejor de la venezolanidad.

Las sonrisas volvieron a la calle, el optimismo reflotó, como si jamás hubiera escaseado. No hubo quien asistiera a la convocatoria y no se encontrara a alguien conocido que tenía tiempo sin ver.

Y sobre todo, volvió a respirarse ese aire de unidad y hermandad que siempre ha marcado nuestro gentilicio y que había sido torpedeado en los últimos tiempos por las complejas dificultades que hemos estado padeciendo.

Pero sobretodo fue una reafirmación de que todos queremos lo mismo para nuestro país: paz, progreso, hermandad. Y por encima de todo, una Venezuela que sí se parezca a los venezolanos.

A veces, en el agobio del día a día, tendemos a aislarnos y a sentirnos solos en nuestro deseo urgente de justicia y de dignidad para nuestras vidas; así que este multitudinario encuentro sirvió para reafirmar algo que con frecuencia olvidamos. Somos una mayoría contundente y vibramos en la misma onda.

Los agoreros anuncios que acusaban a la fecha de ser la antesala a algo siniestro e ilegal se quedaron con los crespos hechos. Los manifestantes fuimos y volvimos, cumpliendo con el objetivo: demostrarle al gobierno, a los poderes públicos y al mundo entero que es inmensa la cantidad de venezolanos que exigimos el derecho constitucional del referendo revocatorio. Y que por más conchas de mango que se nos pongan en el camino, la ciudadanía está unificada en un camino del cual nada ni nadie la va a desviar.

El balón quedó del lado de la cancha del Consejo Nacional Electoral. Al cerrar esta nota, esperamos por una clara convocatoria en condiciones justas para la recolección del 20% de las firmas del padrón de votantes que activen de manera firme el referendo revocatorio presidencial el cual es perfectamente realizable este mismo año. Como decían nuestros abuelos, querer es poder.

La masiva presión ciudadana en las calles, escribe la historia de los países. Y Venezuela no es la excepción. Los venezolanos estamos haciendo la tarea.

www.daviduzcategui.com

domingo, 28 de agosto de 2016

“Colombia va a contarse”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

En el largo y complejo proceso por lograr la paz de la vecina Colombia, se han dado importantes pasos en los últimos tiempos. Tras cuatro años de conversaciones, ya existe un acuerdo entre las partes en conflicto, que ha dado luz a una propuesta concreta. Y los ciudadanos han sido convocados para decidir, en un plebiscito, el sí o el no a esta propuesta.

Es quizá el punto culminante, el más importante de este proceso. Ahora le toca hablar al pueblo, al soberano. Y es digno de aplauso que una decisión tan polémica como trascendente para el futuro del país sea consultada en las urnas comiciales.

Es importante resaltar que la decisión que emane del plebiscito será vinculante políticamente; mas no legalmente. Esto quiere decir que una decisión positiva en el plebiscito no implica necesariamente la incorporación de los acuerdos de paz a la constitución o al ordenamiento jurídico del país. Sin embargo, el peso político de la misma es enorme y decisivo.

En todo caso, lo destacable desde nuestro punto de vista es el ejercicio democrático, en el cual la gente es consultada sobre un eventual cambio de rumbo histórico del país.

Y por supuesto, también es de resaltar el espíritu sanador que tiene para las sociedades un plebiscito.

Sea sí o sea no, el resultado mide a los electores y reafirma el pacto social sobre el cual reposa la fundación de las naciones. Su escrutinio ausculta la realidad de un país y sirve para trazar un rumbo con certeza.

En momentos en los cuales los venezolanos estamos también luchando por ejercer nuestro derecho de ir a las mesas electorales con el fin de tomar una decisión trascendental para nuestro presente y para la historia por venir en las próximas décadas, no podemos menos que celebrar y aplaudir lo que sucede en el país hermano.

Y es que creemos en aquello de que cuando un ser humano da un paso adelante, la humanidad entera también da un paso adelante. Y este principio aplica también con los países.

La democracia es sanadora y eso es lo que necesita nuestro continente para sanar tantas heridas viejas y dolorosas: democracia, mucha más democracia; ya que sobre ella siempre descansa la paz.

domingo, 21 de agosto de 2016

“Nicaragua no la pone fácil”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

La solicitud de visas por parte del gobierno de Nicaragua a los ciudadanos venezolanos es una noticia a medias. Para algunos era impensable que una administración unida a su par venezolana por coincidencias ideológicas –y buenos negocios- exigiera este requisito.

Pero para otros, la información no tiene sorpresa. Se trata de un escalón más entre los numerosos países que aprietan tuercas a los requisitos para que los venezolanos ingresen a su territorio.

Si bien es cierto que cada Estado es soberano en cuanto a quien dar entrada, también hay que hilar muy fino en esta situación, pues son gobiernos que se dicen hermanos a raíz de compartir un mismo proyecto político. ¿Por qué esta decisión que parece contradictoria?

No hay quien deje de ver en estos hechos un vínculo con el creciente éxodo de venezolanos que llegan a otros países, huyendo de las adversas condiciones que nuestra tierra padece en este momento.

Valga decir que sorprende que incluso Cuba solicite ahora una visa para entrar a los venezolanos, en medio de las estrechas vinculaciones que esa nación tiene con la actual administración criolla.

También se ha hecho un vínculo de esta noticia con el hecho de que dos diputados venezolanos fueran retenidos al intentar entrar a la nación centroamericana, episodio que parece haber sido aprovechado para lanzar esta medida.

Los representantes de nuestra Asamblea Nacional objeto de dicha situación fueron los parlamentarios Luis Florido y William Dávila, a quienes se retuvo en el aeropuerto de Managua y posteriormente fueron expulsados del país, en un hecho que se vinculó con su posición política, contraria al gobierno venezolano y por lo tanto incómoda para la administración nicaragüense.

En todo caso, la administración de aquella nación aclaró que el trato a funcionarios gubernamentales venezolanos seguirá siendo preferencial y que las nuevas normas van solamente dirigidas al resto de los ciudadanos de nuestro país. En todo caso, esperamos que por encima de las complejas coyunturas nacionales y de las acciones del gobierno de Nicaragua, se pueda seguir construyendo un verdadero vínculo de hermandad latinoamericana entre ambas tierras.