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lunes, 7 de enero de 2019

“Cambio”

Una vez pasado el necesario y urgente reencuentro navideño con familiares, amigos y un poco de la paz que nos hace tanta falta, toca de nuevo abordar la compleja situación nacional y cómo desarmar esta intrincada trama de errores que tantas adversidades ha traído a Venezuela.

Y desde nuestra perspectiva, el asunto número uno a atender es la economía.
No está demás recordar aquella famosa frase atribuida al presidente estadounidense Bill Clinton, “es la economía, estúpido”, creada por su comando de campaña cuando enfrentó al entonces primer mandatario, George Bush padre.

Se dice que fue un cartel colgado por uno de sus asesores en la oficina, para que tuviera presente que esa era la clave para vencer a un contrincante que gozaba de altos niveles de popularidad, pero que arrastraba en paralelo una economía que hacía aguas.

Y así fue como Clinton ganó. No hubo manera de rebatir sus argumentos frente a la condición elemental para el bienestar de la gente en cualquier nación: la economía.

De este lado del charco, dos décadas se han ido en asuntos ideológicos y retóricos, que se robaron el foco durante un buen tiempo, y que fueron bastante potables en tanto y en cuanto los altos precios del petróleo permitían disimular cualquier desatino administrativo, con la abundancia de recursos que caracterizó a aquellos años.

Y uno de los mayores errores fue sin duda el control cambiario. Error que arrastramos hasta el día actual.

Son muy escasos los países que recurren a una medida tan extrema, y la misma es el reconocimiento por parte del gobierno de que algo no anda bien. La desconfianza de la gente y las empresas en el escenario de la nación, obliga a sacar los preciados recursos financieros para protegerlos. Por allí se dice que no hay nada más cobarde que un dólar, y hay mucho de cierto en eso.

Sin embargo, es algo de absoluta lógica el tratar de preservar e incrementar el patrimonio, de cuidarlo frente a cualquier amenaza de hacerlo mermar.

Al enrarecimiento político de la primera década venezolana del siglo XXI, siguió el famoso y polémico control cambiario. Una medida que había sido tomada durante períodos anteriores en el país, pero que jamás se prolongó como en el caso actual, cuando ya se aproxima a los 16 años, tras su creación en el 2003.

Y lamentablemente, su extensa vida es la confirmación de que no hay confianza en nuestra economía. Es, primero que nada, una medida cosmética para disimular esta inquietud que a todos nos ha punzado en algún momento.

Toca pues, hablar de un tema tabú, que desde hace mucho tiempo se menciona por lo bajo: la unificación cambiaria.

Expertos de todas las tendencias, de varias generaciones, han insistido en que es la primera medida que hay que tomar para comenzar a sanear la maltrecha economía nacional.

Muchas veces lo hemos dicho: la economía no obedece órdenes. Cualquier intento de hacerlo, crea distorsiones que terminan actuando como bumerangs que destinados a golpear a quienes intentaron imponer tercamente su voluntad.

Quizá el mayor error del modelo que se ha intentado imponer a Venezuela, ha sido su pretensión de controlarlo todo. Cualquier estudiante de economía sabe que una tasa de cambio impuesta desde el gobierno es artificia y como tal, insostenible.

La intervención estatal en la libre convertibilidad cambiaria ha devenido en un enorme e ineficiente aparato burocrático que ha demorado la atención a necesidades urgentes mientras se ocupa de un papeleo totalmente prescindible.

Y la demostración de que esta estrategia ha traído más dolores de cabeza que beneficios, está clara en las múltiples transformaciones que ha sufrido la Comisión de Administración de Divisas (CADIVI) luego bautizada como Centro de Comercio Exterior (CENCOEX) y  sus diversos derivados cambiarios como el Sistema Marginal de Divisas (SIMADI) y el llamado dólar DICOM.

Y es por estos también que la nueva y recién estrenada moneda ha perdido tanto terreno frente al dólar en tan poco tiempo. Se pueden hacer cuantas reconversiones se quieran, siempre se va a perder la carrera contra la divisa estadounidense en tanto y en cuanto no se afronte la realidad y se agarre al toro por los cachos.

Productividad, libertad y confianza son las únicas maneras de estabilizar el signo monetario nacional. ¿Es el desmontaje del control cambiario el que va a devolver las aguas a su cauce o lo hará la confianza de la gente?

Lo que sabemos es que la primera de las variables es la que está en manos de quienes administran el país. Y sin duda, la estabilización será consecuencia de la confianza. De una confianza que tiene que ver con orden, con transparencia y con correcto manejo de los recursos para que no se generen más números en rojo que hagan tambalear la viabilidad de nuestro país.

David Uzcátegui
Twitter: @DavidUzcategui
Instagram: @DUzcategui

viernes, 5 de octubre de 2018

“El Plan B”

Dentro de nuestra muy propia jerga criolla, el llamado “Plan B” ha pasado a significar el tener una alternativa por si algo no sale bien en lo que, por lógica, podríamos llamar el “Plan A”.

En los últimos tiempos en nuestro país, se ha pasado a denominar de manera casi sobreentendida al hecho de marcharse de Venezuela justamente como como el “Plan B”.

Quizá esto sucede en el supuesto de que muchos compatriotas sientan que otros horizontes son más propicios para su expansión personal y profesional, así como para asentar a su familia y verla crecer.

Como muchos han dicho por allí, tanto marcharse como quedarse son decisiones legítimas y válidas, y dependen de las circunstancias de cada quien.

Sin embargo, en lo que sí se ven hermanados muchos venezolanos es en la determinación de salir adelante, sea dentro o fuera de nuestras fronteras. Algunos silenciosamente, otros tantos alcanzando logros que son reseñados por los medios de comunicación. Pero todos estos coterráneos han hecho de su Plan B -sea irse o quedarse- una oportunidad de progreso y contribución.

Esto lo decimos a propósito de que Luis Miguel Vence, científico venezolano de 45 años de edad, es uno de los jefes del grupo que obtuvo el premio Nobel de Medicina 2018. Un gran titular que recompensa a nuestro gentilicio con una dosis enorme de orgullo y alegría.

Vence es el coordinador de uno de los cuatro grupos de 20 personas que trabajan para hallar una cura al cáncer. Un caraqueño de la Avenida Rómulo Gallegos que sin duda ha logrado encontrar un camino de servicio y crecimiento profesional desde Houston, Texas, donde reside desde hace 12 años.

También hace poco nos enteramos a través del portal de noticias de NTN24, que el joven ingeniero venezolano Luis Cabrera se hizo merecedor de una distinción de las cincoentregadas por el Young Engineers 2018, gracias a su proyecto "Energía solar para hospitales públicos en Venezuela".

El evento es organizado por la Federación Mundial de Asociaciones de Ingenieros, la Unesco y el Comité Young Engineers/ Future Leaders. Cabrera, con apenas tres meses de graduado de La Universidad del Zulia, propuso una idea para permitir que los 300 hospitales públicos de Venezuela puedan contar con energía fotovoltaica en las áreas críticas para evitar cualquier tipo de paralización por fallas de energía en las actividades de las áreas de cirugía, laboratorios, salas de parto, unidad neonatal, y emergencias

Paralelamente y en otras latitudes, el venezolano Rodrigo Lares Bassa obtuvo el pasado 29 de julio, el segundo lugar en el concurso literario online Paréntesis, organizado por la agrupación literaria Atinta Negra, un grupo poético residenciado en Chile. La información asegura que su obra “Entre Mesas”, destacó por “elementos de autocritica, valentía y romance”.

Dentro de nuestras fronteras se celebra también el evento Pasión País, creado por la periodista Inés Muñoz Aguirre y la experta en opinión pública Mariam Krasner. Ambas han reunido a una veintena de venezolanos que siguen llevando adelante sus respectivas labores en nuestro territorio y que exponen sus propias experiencias de éxito en los campos más diversos, desde la gastronomía hasta la arquitectura, pasando por los medios de comunicación y las artes.

El denominador común de todos ellos: una enorme resiliencia, es decir, una capacidad de adaptación y superación de obstáculos que no puede sino considerarse ejemplar.

Y hay, como todos sabemos, innumerables ejemplos anónimos. Esos que, por ejemplo, se dedican a productos reconocidos mundialmente y que siguen de manera tenaz haciendo sonar nuestro nombre.

Podemos hablar por ejemplo de nuestros rones, que sumaron este año 7 medallas en la San Francisco World Spirits Competition, uno de los eventos internacionales más reconocidos, realizado en esa ciudad norteamericana y donde participaron más de dos mil variantes de rones del mundo. Es común nuestros productos de ese ramo entre los mejores en las listas del Concurso Mundial de Bruselas, El Congreso Internacional de Madrid, The Fifty Best Rum Aged en Nueva York y muchos más.

También nuestros chocolates suelen destacar continuamente en competencias internacionales como la International Chocolate Awards de Nueva York o los no menos prestigiosos Academy of Chocolate.

En conclusión, también podríamos cerrar con otra frase famosa de nuestra habla coloquial y es que el Plan B es “echarle piernas al Plan A”. Siempre, aquí o allá, el plan es trabajar, crear, sobresalir y echar para adelante. En este siglo las fronteras se han borrado y muchos de aquí destacan ante el mundo; mientras los que están afuera también suman alegrías y bendiciones para el país. Que esa siga siendo siempre la intención del Plan B.

David Uzcátegui
Twitter: @DavidUzcategui
Instagram: @DUzcategui

viernes, 14 de septiembre de 2018

“A propósito de Colombia”

En el medio de la ya inocultable migración de venezolanos, el asunto con nuestro país vecino y hermano ha entrado en terrenos tan inútiles como relativos y subjetivos. Y nos parece que es hora de separar la magnesia de la gimnasia.

Diversos medios de comunicación, tanto nacionales como internacionales, señalan el éxodo de venezolanos a través de la frontera colombo-venezolana. Hay que comenzar diciendo que no se trata de un hecho que genere para nada extrañeza, ya que se trata sin duda de una de las líneas fronterizas más calientes de la región.

Se pierde en la memoria el momento en el cual nació la fluidez entre los dos países a través de esa línea limítrofe, por demás artificial, ya que las poblaciones de ambos lados también han estado integradas comercial y culturalmente desde siempre.

Sin duda es por ello que, instintivamente, numerosos venezolanos que han decidido salir del país voltean hacia esa raya imaginaria como primera alternativa, la más viable, la más posible. Quizá la única a la mano. A lo mejor porque antes ya la habían cruzado, incluso más de una vez, aunque ahora sea con la decisión de no volver.

Colombia ha sido la primera puerta que se ha abierto para quienes sienten que deben intentar otra manera de vivir, para aquellos que se aventuran y arriesgan a probar algo distinto a este experimento que no ha resultado. Y de gentilicio a gentilicio, tenemos que estar muy agradecidos con los vecinos. Algunos compatriotas han encontrado su lugar allá, otros solamente van de paso hacia otras naciones en las cuales han fijado sus metas. Pero sí, es cierto: Colombia es la vía para muchos.

Nada de extrañarse, entre dos tierras que alguna vez fueron una sola, que comparten el mismo origen y la misma historia, que han estado entrelazadas desde su formación como patrias hasta el sol actual.

Por ello es que incomodan los comentarios surgidos desde el oficialismo a propósito de esta situación. Incomodan por inoportunos, por estar fuera de lugar y por hacer ruido en una situación que exige un acercamiento desde ángulos muy distintos a lo que estamos viendo y escuchando.

El portal de noticias ruso dirigido a la comunidad internacional RT en español titula señalando que Venezuela pedirá "indemnización" a Colombia por los desplazados que recibió en 50 años y agrega en el sumario que “El presidente venezolano, Nicolás Maduro, evalúa una demanda internacional para resarcir la inversión de su país al recibir a 5,6 millones de colombianos, desplazados por el conflicto armado”.

La controversial noticia es reseñada por numerosos medios internacionales y provoca no solamente incomodidad, sino también vergüenza.

El periódico estadounidense en español El Nuevo Herald, amplía reseñando que “La declaración de Maduro llegó un día después de que su par colombiano, Iván Duque, planteara que es necesario el apoyo de todo el continente para enfrentar la “situación humanitaria y migratoria” de Venezuela, desde donde aseguró que se ha generado un “éxodo sin precedentes en nuestro continente”.

A partir de este dato podemos ver cómo se origina todo. El viejo truco de intentar acallar una situación que está haciendo mucho ruido, simplemente haciendo aún más ruido.

En el largo momento adverso de la nación colombiana, nuestros hermanos encontraron paz y progreso en estas tierras. Vinieron escapando de una tragedia. Aquí pudieron crecer, formar familias y aportar a nuestro propio crecimiento. Obtuvieron en contrapartida su propio bienestar. A la luz de lo que hemos venido exponiendo, era lo normal, lo lógico, lo que cabía esperar entre dos tierras tan hermanadas.

No cabe más que ver a las recientes declaraciones oficialistas como un intento sumamente desatinado de cambiar el foco de las noticias. Se trata de unas afirmaciones que ni siquiera merecen respuesta alguna.

Los colombianos que recibimos en Venezuela -muchos de ellos regresando ahora a su tierra- nos dejaron una enorme bendición con su trabajo y dedicación. Es tal su afecto por nosotros que, aún en estos momentos adversos, no son pocos los que deciden quedarse, ya que no se imaginan a sí mismos en otro lugar distinto a la patria que adoptaron por circunstancia y por decisión.

Todos los inmigrantes que han llegado a Venezuela han recibido, sí, y mucho. Pero también han aportado al crecimiento de nuestra nación. Es algo que bien saben los países con tradición de recibir inmigrantes. Están abriendo las puertas a fuerzas de trabajo, a gente que viene con las mejores intenciones y con ganas de establecerse, de crear un hogar y levantar una familia con esfuerzo. Y en su lucha por alcanzar esas metas, van dejando en el camino un enorme aporte, que apuntala el avance de la tierra que los recibió. Así sucederá también con los venezolanos en Colombia.

David Uzcátegui
Twitter: @DavidUzcategui
Instagram: @DUzcategui

viernes, 8 de junio de 2018

“Venezuela y OEA”


Nuevamente la turbulenta situación venezolana merece ocupar titulares en la prensa internacional, tras una jornada que abrió el proceso para la suspensión del país en la Organización de Estados Americanos.

Algunos medios de comunicación han calificado de “histórico” este hecho, y sin duda lo es, más allá de las posiciones que se puedan adoptar respecto al mismo.

En esta cuadragésimo octava Asamblea General ordinaria, celebrada en Washington D.C., 19 países aprobaron la suspensión, mientras que cuatro votaron en contra y 11 se abstuvieron.

Cabe adelantar que la medida no será automática, al no haber alcanzado una mayoría de dos terceras partes o 24 votos, por lo que se someterá a una nueva votación en la Asamblea General Extraordinaria.

El texto del acuerdo fue promovido por Estados Unidos y presentado por Argentina, Brasil, Canadá, Chile, México y Perú, con el patrocinio de Costa Rica, Guatemala y Paraguay.

No es la primera vez que Estados Unidos hace esta petición. Hace un mes lo solicitó el vicepresidente Mike Pence en el mismo foro de la OEA. Pero con las palabras del secretario de Estado Mike Pompeo, sí es la primera oportunidad en que la crisis venezolana alcanza la agenda de la Asamblea General.

Entre los alegatos de Pompeo, destaca el haber subrayado lo que él considera como “el agotamiento de las opciones para el diálogo bajo las condiciones actuales”.

Lo cierto es que este hecho demuestra ante el mundo que la situación venezolana ha llegado a tal nivel de gravedad que amerita que un organismo hemisférico de semejante talla ponga sus ojos sobre nosotros y lo haga a tan alto nivel.

Cabe recordar que el actual gobierno de Venezuela ya había pedido el retiro voluntario del país de la OEA, después de que en 2017 el Consejo Permanente convocara a los cancilleres de sus países miembros para abordar la crisis del país, a propósito de las protestas opositoras que sucedieron en aquellos días. Se convirtió así en el primer integrante de la organización en hacer esta petición en toda la historia del ente.

Sin embargo, como es conocido de muchos, este no es un proceso sencillo y toma tiempo. Amén de ser la primera oportunidad en la que una petición de este tipo es elevada ante el organismo. Por ello, no podría concretarse antes de 2019 y se entra en una polémica a partir de este momento, ya que la suspensión en la Asamblea General podría llegar antes de concretarse el retiro voluntario de Venezuela.

Desde aquel momento, ha crecido el número de naciones que no ve con buenos ojos lo que está sucediendo en nuestro país. Por ello, la situación es radicalmente diferente y se puede esperar un desenlace distinto a cuanto ha acontecido hasta ahora en el seno de se organismo cuando de la situación nacional se trata.

Los elementos que están haciendo peso en el momento actual, son los cuestionamientos internacionales al más reciente proceso electoral y los constantes enfrentamientos entre la Asamblea Nacional y el Ejecutivo, en los cuales el último reitera su desconocimiento a un poder Legislativo electo masiva y transparentemente, que representa la pluralidad del pensamiento político venezolano.
De la situación económica nacional también se ha hecho eco este foro continental. Los crecientes niveles de los precios, así como la dificultad de los venezolanos para conseguir insumos que son necesarios en la vida diaria, han llamado la atención de nuestros vecinos del continente.

A ello se suma la constante salida de compatriotas hacia otras naciones cercanas, hecho que no puede pasar por debajo de la mesa, ya que son unos cuantos los países que están sintiendo dentro de sus mismas fronteras las adversidades de nuestro gentilicio. Las conocen de primera mano por boca de sus protagonistas y afortunadamente se solidarizan con ellas.

Es muy lamentable que la ropa sucia no se haya podido lavar en casa. Quienes hoy condenan el revuelo internacional que se ha formado en torno a la situación venezolana, deberían ver un poco hacia atrás y ver cuántas oportunidades de resolver nuestros problemas internamente, se perdieron.

Recordemos que, entre los motivos de Pompeo para elevar la situación venezolana al nivel de la Asamblea General del Foro, se encuentra justamente el hecho de que los intentos de diálogo nacional siempre han resultado más que frustrantes e ineficaces para atajar los padecimientos de la gente.

Obviamente, estos problemas no harían sino incrementarse de cara a la inacción de quienes hoy ostentan el poder. No había que ser adivino ni profeta para predecir que los dramáticos niveles de los acontecimientos venezolanos afectarían a la región completa más temprano que tarde, y por eso hoy se han convertido en un asunto que clama por la atención de la OEA. Desde nuestro punto de vista, no hay sorpresa alguna.

David Uzcátegui
Twitter: @DavidUzcategui
Instagram: DUzcategui

sábado, 7 de abril de 2018

“Vacacionar en Venezuela”

A propósito del más reciente asueto nacional, con motivo de la Semana Santa, mucha gente ha puesto sobre el tapete el hecho de que cada vez se hace más difícil aprovechar los días libres para conocer más nuestro país.

Se trata de una situación extremadamente lamentable, pues los venezolanos siempre hemos presumido, y no sin razón, de tener una de las naturalezas más generosas del continente.

Desde nuestro punto de vista, es particularmente triste que nos veamos limitados para mostrar a nuestros hijos y para disfrutar con ellos, una geografía que en el pasado recorrimos con tanta libertad.

El primero de los obstáculos sería sin duda, el económico. No necesitamos abundar en el escenario que transitan hoy la gran mayoría de familias venezolanas, donde evidentemente las prioridades a cubrir dejan en niveles de imposibilidad la recreación y el esparcimiento, merecidos por demás para los trabajadores y necesarios para niños, niñas y adolescentes en el marco de su desarrollo.

Sin embargo, en el caso de que pudiera haber una cierta disposición a entregarse durante los asuetos a conocer y disfrutar más del país, las adversidades que se enfrentan son tantas, que harían desistir al más optimista.

Mencionemos por ejemplo, el asunto de la electricidad. Sea por sabotaje, por reveses de la naturaleza o por falta de mantenimiento, la irregularidad en el suministro eléctrico es algo democráticamente repartido en todo el territorio nacional, con las consecuencias por demás conocidas.

Sabemos que nos atenemos a fallas en la iluminación de las vías y de las ciudades, a que no encontremos aire acondicionado en el lugar a donde nos dirijamos, a que servicios como la comida o las comunicaciones fallen. Y obviar esto es imposible, si nos disponemos a viajar. Especialmente porque sabemos que lo sufrimos en nuestra vida cotidiana y que no vamos a poder alejarnos de ello en nuestras vacaciones.

Adicionalmente, el asunto del transporte tampoco la pone fácil. El carro propio se piensa dos veces para usarlo, porque las refacciones no andan precisamente abundantes o económicas. Y por estas mismas causas, cualquier clase de transporte colectivo tampoco se cuenta entre los más fáciles.

Todo esto conforma un cuadro muy lamentable, ya no solamente por lo que nos perdemos quienes quisiéramos viajar por nuestra tierra y sabemos que tal propósito constituye una guerra de obstáculos, sino también porque teníamos una tradición turística que está desapareciendo.

Venezuela siempre ha tenido los activos naturales necesarios para ser una potencia turística, sin embargo, no hay un plan para aprovecharlos. En este sentido, la iniciativa particular, materializada en alternativas como pensiones, posadas, servicios de transporte o lugares para comer, había conseguido convertirse en una fuente de sustento para muchas familias en todo nuestro territorio.

Sin embargo, con la mengua del flujo de viajeros, muchos han desistido de estos negocios, otrora lucrativos. Unos cuantos se han dedicado a ver de qué manera se buscan la vida, mientras otros más han emprendido la aventura en otras latitudes.

No solamente nos perdemos de las famosas bellezas naturales de nuestro territorio, sino también de la hospitalidad de su gente, y se desvanece para colmo lo que podría ser una industria de referencia mundial, un ingreso alternativo para nuestra economía y una actividad que posicionara en lo más elevado el nombre de Venezuela en el mundo.

Porque otra realidad que torpedea a la posibilidad de hacer prosperar nuestro turismo es la desaparición de nuestro país de los mapas de numerosas rutas aéreas internacionales.

Es sumamente lamentable el desacuerdo que quienes hoy gobiernan mantuvieron con la aviación proveniente del exterior, que llevó a muchas de sus aerolíneas a dejar de tocar tierra venezolana, mientras las escasas que permanecen lo hacen con una frecuencia mínima.

Nos hemos perdido también del orgullo de esos visitantes extranjeros contemplando boquiabiertos las bendiciones que caracterizan a la venezolanidad.

Digamos como el Premio Nobel de la Paz, Martin Luther King: Yo tengo un sueño. Y es que a la belleza natural se sume la infraestructura, que bien puede salir de la riqueza petrolera, de una riqueza que se invierta sabiamente para generar otras industrias.

Que a la bondad y la hospitalidad del venezolano se agregue la formación, porque las grandes potencias turísticas del planeta se levantan sobre la atención y el servicio que los locales brindan a los visitantes.

Terca como es, Venezuela está allí, esperando tiempos mejores para poder brillar con todo lo que siempre ha tenido y seguirá teniendo. Sin embargo, esperamos ver esos tiempos mejores más pronto que tarde. En el turismo, Venezuela también está condenada al éxito.

David Uzcátegui
Twitter: @DavidUzcategui
Instagram: @DUzcategui

viernes, 13 de octubre de 2017

“De Gira”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

La más reciente gira internacional del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, es literalmente un tiro que salió por la culata, desde nuestro punto de vista.

Y es que este tipo de periplos tienen por objeto conseguir alianzas internacionales. Pero en el contexto de todo lo que sucede en nuestro país y de la conciencia que hay de ello a nivel mundial, no resulta más que una reafirmación de que “algo huele mal en Dinamarca”, como diría el famoso personaje de William Shakespeare.

En primer lugar, habría que revisar quiénes fueron los que recibieron al representante venezolano. Rusia, Bielorrusia, Argelia y Turquía, no son los modelos de desarrollo más ejemplares, ni en lo político ni en lo económico.

Las notas de prensa oficiales aseguran que “Venezuela tiene acuerdos en materia energética, agroindustrial, turística, militar, científica, tecnológica, comercial, financiera e industrial” con las naciones mencionadas. Pero habría que ver los aportes cualitativos de estas en los campos mencionados, con lo cual probablemente confirmaríamos dos cosas: una, que son acercamientos movidos más por la afinidad ideológica y política que por la conveniencia nacional. Y la otra, que los países que realmente están a la vanguardia en estos campos, quizá otorguen muy escaso beneficio de la duda a quienes hoy administran nuestra nación.

Adicionalmente, se han deteriorado de manera sensible los vínculos con países de los cuales sí podríamos sacar ventaja para robustecer el nuestro, entre otras cosas, por esa suerte de “política de carrito chocón” que ha marcado las dos décadas de la autodenominada revolución. 

Luego, habría que poner la lupa al objetivo de este viaje, que no es otro que conseguir un oxígeno financiero para la deteriorada economía del país. Eso lo saben todos los anfitriones. Y por supuesto, están como caimanes en boca de caño, esperando a ver cuál provecho pueden sacar de la riquísima pero maltratada Venezuela.

El mismo mandatario aseveró al regresar, que “Esta gira por la ruta del nuevo mundo ha sido un éxito total, desde el punto de vista económico y financiero para el proceso de la recuperación del país”, con lo cual reconoce abiertamente el estado actual de nuestra patria.

Incluso, habla de “acuerdos de beneficio mutuo, de ganancia compartida”, a los cuales habría que leer la letra pequeña. Nadie da nada por nada y es ya vox populi la desventajosa posición del actual gobierno venezolano para cualquier tipo de negociación. Hecho que nos puede costar la imposición de la parte estrecha del embudo. Muy estrecha.

Ese mundo de allá afuera, se pone cada vez más estrecho. Los intereses con los que se pecha cualquier préstamo a Venezuela son cada vez más altos, por eso que los expertos  denominan “el riesgo-país”. Las garantías exigidas son cada vez mayores. Y el deterioro que en todo sentido sufrimos, nos resta vigor para negociar.

También hubo un llamado –otro más- “a los países productores para trabajar en conjunto y así alcanzar la estabilidad del mercado petrolero”.

Esto indica, que aún se tiene la ilusión de que el fallecido ex presidente Hugo Chávez fue el artífice del alza de los precios del petróleo en la década pasada. Un muy conveniente mito que se ha alimentado hasta la saciedad, y que no toma en cuenta los complejos vaivenes de la geopolítica mundial, que son los verdaderos relojes de estos hechos.

Es triste decirlo, pero nuestro país se mueve actualmente a contrapelo de la industria petrolera mundial, accionando sin estrategia y con desesperación por el adverso momento que vivimos. Y la desesperación no es buena consejera. El liderazgo nacional en el mundo de los hidrocarburos es cosa del pasado y cualquier llamado que no esté alineado con las realidades de ese mercado, es predicar en el desierto.

Tampoco es novedad la “neolengua” con la cual se empaqueta este regalo. “Victoriosa gira”, “Triunfo para Venezuela”, “Construir las bases de la seguridad social”, son fórmulas más que escuchadas y gastadas en todos estos años. Suenan vacías, huecas, no dicen nada, cuando contrastan con los hechos, que no son otros que el continuo retroceso de la calidad de vida de los venezolanos. Quizá quepa más bien aquí el término aquel de “victoria pírrica”, entendido como un éxito obtenido a costa de enormes pérdidas.

Nuevamente nos hablan como si hubieran llegado al gobierno ayer, como si los reveses que todos padecemos hubieran tenido otros responsables distintos, como si ellos fueran la solución. Y las giras internacionales son otro reciclar de palabras ya dichas, de discursos ya pronunciados y de noticias que no son nuevas. Nada cambia.


viernes, 4 de agosto de 2017

“Dos Venezuelas”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

La realización de elecciones para elegir los miembros de una Asamblea Nacional Constituyente, según los parámetros establecidos por el gobierno para la misma, no solamente está demasiado lejos de solucionar los numerosos y complejos problemas que agobian a la Venezuela actual. Muy por el contrario, los agrava y para colmo agrega otros nuevos y bastantes más inquietantes.

El primero de ellos es la profundización de la división nacional.

Un país exhausto y sin recursos, que se acerca a las dos décadas de una confrontación que no solamente no ha podido solucionarse, sino que además se agudiza exponencialmente con el paso de los días, no solamente no encuentra solución en este hecho, sino que amanece más fracturado al día siguiente.

Al menos, sí existe algo rescatable de esta desafortunada e inoportuna convocatoria a una ANC: se reconoce que la situación adversa es estructural y de fondo.

Porque el hecho de llamar a un instrumento que pretende refundar la República, es el equivalente a admitir que los problemas son tan numerosos como complicados, que desbordan incluso al contrato social actualmente vigente.

Como lo dijéramos tiempo atrás, la iniciativa oficialista de llamar a una Constituyente, es el último as bajo la manga que se puede sacar una administración que no ha atinado a solucionar nada.

Sin embargo, hay que precisar. una Constituyente no soluciona la intrincada situación actual, y las soluciones no tienen en modo alguno por qué pasar por una ANC.

Muy por el contrario, este instrumento, impuesto a contrapelo de la voluntad de las mayorías, puede ser profundamente contraproducente y lanzarnos hacia niveles mucho más complejos de los problemas que hoy padecemos.

No es necesario cambiar de Constitución para solucionar la tragedia nacional. Incluso, ni siquiera sería necesario cambiar de gobierno. Lo es, sí, cambiar urgente y radicalmente de actitud, de forma de gobernar y de administrar.

Sin embargo, la profundización de los errores que hemos visto durante los últimos años, nos hace entender que solamente aumentamos la velocidad a la que transitamos un camino totalmente errado.

Las naciones que con más frecuencia cambian su texto constitucional suelen ser las más inestables y conflictivas; mientras, por su parte, los países que se orientan más hacia el progreso y el desarrollo, suelen tener cartas magnas de muy larga data.

Otra cosa que resulta curioso es que este cambio constitucional sea impuesto por el mismo proyecto político que impulsó la Constitución vigente, algo que no tiene mucho sentido, ya que este tipo de situaciones suceden ante golpes radicales de timón. ¿Por qué se quiere cambiar la actual?

Las respuestas están allí, en la que data de 1999. Si se leyera, y, sobre todo, si se respetara y se pusiera en práctica, saldríamos de muchos de los problemas que nos aquejan hoy.

La voluntad política de parte del gobierno se podría demostrar, por ejemplo, al tomar en cuenta el evento electoral del pasado 16 de julio, organizado y ejecutado impecablemente por la ciudadanía, tras la reiterada negativa del organismo electoral en cuanto a convocar las citas comiciales que por derecho correspondían, como lo es el caso del referendo revocatorio presidencial de 2016 y las postergadas elecciones regionales.

En la mencionada consulta popular, una cantidad enorme de venezolanos habló contundentemente, pero ha sido invisibilizada y descalificada por quienes hoy mandan.

El gobierno, por su parte, convoca a otra cita electoral sin las bases adecuadas, lo cual ha sido sobradamente discutido tanto en Venezuela como fuera de nuestras fronteras. Y de esta manera, se profundiza el desencuentro entre las dos visiones de país que prevalecen y que, al momento de hoy, no consiguen punto de encuentro, agravando los males que al día de hoy arrastramos.

Dudamos muy seriamente que la profundización de la forma de gobernar que nos ha traído hasta aquí, nos vaya a sacar de la más compleja situación de la historia republicana. Estamos seguros de que ni “la mejor Constitución del mundo” podrá solucionar nada si no existe la voluntad política para hacerlo. Mucho menos lo hará un nuevo texto constitucional que, a diferencia del vigente en la actualidad, no ha cumplido con los supuestos para fundarlo sobre bases sólidas.

Y para colmo, se reafirma la voluntad de pasar por encima de la Venezuela democrática, al pretender desplazar de su espacio natural a la Asamblea Nacional, electa en comicios regulares y transparentes.
Desde las alturas del poder se niegan a escuchar. No solamente no se soluciona nada, sino que se profundiza nuestra desgracia. Nos dirigimos a continuar una confrontación que solamente trae miseria y dolor. Este no es el camino para reunificar a Venezuela y conducirla hacia su bienestar.

viernes, 5 de mayo de 2017

OEA: ¿nos vamos o nos quedamos?

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

En esta suerte de ciclón interno y externo que vive el actual gobierno nacional, están sucediendo demasiadas cosas a la vez. Y por ello, una noticia solapa a la otra y todas van quedando en el olvido, superadas por las inmediatamente posteriores.

Pero para nosotros, quizá la mayor expresión de desatino haya sido el intempestivo -pero fallido- intento de abandonar la Organización de Estados Americanos, sucedido días atrás. Y no se puede perder de vista.

Ante los ojos del mundo, queda muy mal el intentar darle una patada al tablero justamente cuando se está perdiendo el juego.

El gobierno de Venezuela lanzó a los cuatro vientos su insólita voluntad de apartarse de la OEA tras darse cuenta de que en la mayoría de países del organismo hay una determinación a presionar al presidente, Nicolás Maduro, para que cumpla el calendario electoral y respete los Derechos Humanos.

Los medios internacionales han dedicado generoso centimetraje al impase. La retirada de Venezuela "muestra hasta qué punto el proceso de debate y condena de la OEA ha sido relevante para el gobierno venezolano, aunque este niegue que le importa", indicó a la agencia internacional de noticias Efe Cynthia Arnson, directora del programa latinoamericano del Centro de Estudios Wilson Center. "Su retirada -agregó- también ahonda en el aislamiento de Venezuela en el hemisferio, hasta un punto sin precedentes en la historia reciente".

Toda esta situación ha evidenciado también ante los ojos del mundo, que el chavismo ha perdido la hegemonía política que tuvo durante años en la región y, por ende, en la OEA; y ya no puede evitar la presión del organismo.

Pero además, la cosa se hincha porque salirse no es así de fácil. Entre otras cosas, debido a que el Gobierno de Venezuela debe a la Organización un monto total de 10,5 millones de dólares por concepto de cuotas; sobre las cuales, por cierto, manifestó su intención de no pagar.

Esta “sorpresa” demuestra el desconocimiento de quienes manejan las relaciones internacionales de nuestra nación, respecto al funcionamiento de los organismos internacionales. Abandonar un ente de esta categoría tiene consecuencias. Y por supuesto, no es nada fácil.

Entre otras cosas, porque esta deserción debe ser aprobada por el poder Legislativo del país, y eso por supuesto no sucederá en el caso venezolano. Este tipo de detalles funciona sin duda a manera de blindaje, ya que cuenta con el equilibrio y la independencia de los poderes. La cosa es que, en nuestro país, el parlamento ha pagado su falta de sumisión convirtiéndose en objeto de una andanada de agresiones que serían imposibles en una democracia.

También hay que apuntar que el desprendimiento de la OEA tomaría un lapso prudencial, de unos dos años, para ser efectivo. Con la velocidad que está precipitando los acontecimientos, tendremos un país muy distinto mucho antes de eso.

¿Qué gana Venezuela al intentar escapar del ente hemisférico? Primero que nada, impunidad. O al menos eso creen quienes manejan la diplomacia del país como si fuera un carrito chocón. Que, ante la cierta amenaza de la Carta Democrática Interamericana, el único blindaje es salirse de la organización. Seguimos, pues, coleccionando errores.

Se dice con insistencia que este tipo de entidades supranacionales no sirven de mucho. Razón no falta, pero sí tiene un rol en crisis como la nuestra. Y si no, no se explicaría la huida hacia delante del oficialismo. Por ello también trató de hacerse con colectividades de países más de su talla, como la complaciente Unasur, hecha a la medida de la chequera petrolera que hoy se secó.

O, por mencionar otro caso, Mercosur, donde una coyuntura de gobiernos aliados a la autodenominada revolución, hizo pensar en una complicidad perenne. Pero las idas y venidas del destino han reconfigurado el mapa de poder de esa organización; lo cual, aunado a la colección de desatinos de la administración venezolana, ha colocado a nuestro país a las puertas de la suspensión. Ya no hay cómplices allí y el poder que administra a Venezuela no está cumpliendo con los supuestos más elementales del ente regional.

Para nosotros, esta vergonzosa rabieta, no es otra cosa que la materialización de aquel viejo adagio de los abogados que reza “A confesión de parte”, relevo de prueba. Una acción intempestiva y sin base, destinada a romper con una institución que estorba sus ejecutorias y planes, nos confirma que, todas las acusaciones contra la administración actual, tienen base.

En resumen, salirse de la OEA no es tan fácil como “me levanto y me voy”. Toma tiempo, tiene un precio y necesita un consenso de poderes que no existe. Sin contar con las consecuencias legales y políticas de la acción. ¿Se ha pensado con sensatez desde quienes deciden? Sabemos que no.