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viernes, 11 de agosto de 2017

“Soluciones”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

Los venezolanos amanecemos con el país más dividido que nunca. Con una Asamblea Nacional Constituyente realizada de una manera distinta a la establecida en la Carta Magna vigente, y que no tiene nada que ver con la que se celebrara en 1999, que es la referencia jurídica para cualquier otra iniciativa similar.

Nuestro parlamento, electo masivamente en los comicios de diciembre de 2015, ha sido desplazado y se intenta minimizar su capacidad de acción.

Igualmente, se emprenden acciones legales contra alcaldes electos democráticamente y se sigue buscando reducir por cualquier método cada eco de disidencia, de pensar distinto.

En medio de este escenario, nos preguntamos: ¿Piensa hacer algo la Asamblea Nacional Constituyente por el bienestar de los venezolanos?

Porque, en medio de la diatriba que nos ha consumido en las últimas semanas, los precios siguen disparados, y la calidad de vida se hace sal y agua. El empleo no se recupera, la economía se mueve en cámara lenta, no se visualiza una solución a la situación de las medicinas y los pañitos calientes inventados desde el poder Ejecutivo están muy lejos de ser suficientes.

La confrontación, la descalificación al contrario, el insistir en montar dos Venezuelas paralelas, espantan la confianza de los actores económicos nacionales e internacionales.

Dentro de lo poco que hemos podido ver y escuchar en las escasas sesiones del cuestionado cuerpo legislativo, no hay novedad alguna respecto a sintonizar con las urgencias nacionales.

Hasta el momento, priva el discurso ideológico y político; con términos y frases escuchadas una y mil veces durante los casi veinte años que el oficialismo acumula en el poder, cuatro períodos presidenciales, si recordamos cuando estos duraban cinco años.

Imperialismo, oligarquía, guerra. Palabras que se han pronunciado hasta el cansancio y que nada solucionan mientras nos deslizamos por la pendiente de la tragedia colectiva.

Las acusaciones a las potencias extranjeras tampoco faltaron, así como falsas invocaciones a la verdad y la paz.

Propuestas sobre qué hacer con la economía nacional, brillan por su ausencia. No hay por el horizonte promesa alguna de diversificar la economía, de devolver a la industria petrolera nacional su brillo, mientras se preparan cuadros humanos calificados en sectores como la agricultura y el turismo, por nombrar solamente dos de las fuerzas potenciales de Venezuela.

Tampoco hay acercamiento alguno del gobierno con los sectores productivos privados, que han sido puestos al margen desde hace años, gracias a la perniciosa combinación de los elevados precios petroleros –que ya desaparecieron- con la soberbia que inyectaron postulados ideológicos anacrónicos y que ya se encuentran fuera de consideración en el resto del planeta.

En paralelo, se insiste en el encompinchamiento con países que puedan tener alguna afinidad ideológica, pero que no son los más prósperos ni tienen mayores aportes que hacer en cuanto a tecnología y conocimientos, el equivalente a lanzarnos en una piscina con una roca amarrada a los pies.

La realidad de la Venezuela de hoy es muy distinta a la de hace una década, y la prepotencia escudada en la bonanza de PDVSA, está totalmente caduca.

Esto, sin tener en cuenta que ni siquiera sabemos qué terreno pisamos en este aspecto, ya que el seguimiento de los indicadores económicos por parte de los entes oficiales responsables del asunto, se ha convertido en un hecho irregular de un tiempo para acá, impidiendo tanto al gobierno como a los particulares una planificación adecuada de sus actividades en el área.

¿Dónde está la educación? Pero la educación verdadera, no la ideologización. La creación de venezolanos críticos y autónomos, con criterio para opinar, para discernir, para aportar ideas y propuestas que nos hagan un mejor país.

En el grueso listado de problemas que confronta la Venezuela actual para ser viable, se encuentra el hecho de que la economía de un país no obedece a órdenes ni a decretos. Es un arte y una ciencia que se debe manejar con ingenio, sensatez y sensibilidad, no a dedazos ni mucho menos a gritos.

¿Se habrá planteado esta peculiar ANC restablecer la disciplina fiscal, el orden en el gasto público, el control del endeudamiento? Porque fueron aquellos vientos los causantes de estas tempestades.

Nada de esto se logra con partidarios sumisos, que tomen como santa palabra la voluntad emanada desde las alturas del poder.

Lamentablemente parece que esta ANC, impuesta tan a contrapelo, no trae más que la retórica que ya nos sabemos de memoria y que no solamente no ha podido solucionar nada en años y más años de ser repetida, sino que ha acompañado, como música de fondo, al deterioro nacional que todos sentimos en las calles y en nuestras casas.

viernes, 28 de julio de 2017

“Este domingo”


Ante la dramática diferencia en la percepción de la situación del país, que enfrenta al actual gobierno y a las fuerzas democráticas, la palabra desobediencia, se ha colocado en el tapete desde hace un buen tiempo.

Muchos ciudadanos se cuestionan sobre si deben o no obedecer órdenes de funcionarios que están violentando las más elementales normas de la legalidad, por no decir de la lógica misma.

Sin embargo, no es eso lo que vamos a tratar en estas líneas, porque lo que queremos afirmar desde aquí es que el único desobediente en esta historia es el gobierno.

No solamente desoye las numerosas urgencias de la gente, sino que además está descalificando también un mandato contundente expresado a través de la masiva consulta popular del pasado domingo.

Y por si fuera poco, tampoco escucha la voz de la Constitución Nacional, la misma que pretenden ignorar sin más, al seguir adelante con una Constituyente que está muy lejos de cumplir con los parámetros en ella establecidos. En una carta magna, dicho sea de paso, nacida del último proceso constituyente que se ha visto en la historia venezolana y que dejó parámetros bien claros.

La pequeña diferencia, es que las simpatías masivas se inclinaban a favor de quienes hoy mandan en aquellos tiempos. Hoy no. Evidentemente, por eso se buscan atajos y se reinventa la rueda.

Y desde hace rato se ha hecho inocultable que el actual modelo político que pretende seguir rigiendo a Venezuela, no funciona. Tiempo atrás hubo una ilusión de que sería viable; pero esta fantasía se desplomó aparatosamente con la caída de los precios del petróleo.

Coincidiendo este revés económico con la desaparición del líder de este proyecto político, la magia se esfumó.

La gente cayó en la realidad, en esa que se construyó gracias a una pésima administración de las mayores riquezas de nuestra historia que, si hubieran sido invertidas y multiplicadas, nos hubieran colocado a la par del continente en todo sentido.

Pero los hechos son exactamente los opuestos.

Y es allí donde se empieza cocinar este choque de trenes que tiene en vilo no solamente a nuestra tierra, sino al mundo entero.

La gente comienza a desaprobar las ejecutorias gubernamentales, al ver que no le traen bienestar alguno. El gobierno que una vez operara a través de la seducción de las masas, comienza a utilizar la fuerza, al ver que el encanto se fracturó.

¿Cuándo empezó entonces, esta desobediencia por parte de los poderosos?

Es larga la lista de desacatos que en las oficinas gubernamentales se han perpetrado contra la ciudadanía; sin embargo, es muy claro un hecho que marcó lo que hoy vivimos: la confiscación del referendo revocatorio presidencial que debió celebrarse en 2016.

La válvula de escape al legítimo y creciente descontento popular era ese urgente trámite en el cual todos manifestaríamos nuestra voluntad respecto a la continuidad o el cese en sus funciones del actual primer mandatario.

Sin embargo, se corrió la arruga hasta desvanecerlo, básicamente por que todos sabíamos -ellos y nosotros- que el resultado no les sería favorable.

Luego, y en la otra cara de la moneda, presenciamos -ya sin asombro alguno, hay que decirlo- cómo se pretendió confiscar potestades a la Asamblea Nacional, que es el más vigente de los poderes, porque su elección es la de más reciente data entre todos ellos, y adicionalmente, en el marco de su pluralidad, es la que mejor representa al mapa político actual de los habitantes de esta nación.

La condena a todo este cúmulo de desatinases se pudo sentir en la brillantemente celebrada consulta popular del pasado domingo. Organizada por los ciudadanos, sin recursos y en tiempo récord, mostró el músculo de los venezolanos ávidos de democracia.

Y sus resultados dieron un mandato claro, que en Miraflores se niegan a escuchar pero que es obvio en sus exigencias. Un mandato que los mismos que se niegan a reconocerlo, pueden ignorar. Lamentablemente, siguen adelante en un país paralelo, hecho a la medida de sus caprichos y sus voluntades, atropellando y llevándose por delante las urgencia del “soberano”, como ellos mismos llaman a quienes utilizaron cuando el viento les era favorable, y que ahora olvidan tras la amarga aceptación de que perdieron el favor de las mayorías hace mucho rato.

¿Hasta dónde puede llevar esta desobediencia del mandato popular a nuestra patria? Lamentablemente no nos queda otra que decir que lo veremos en los próximos días. La voluntad de quienes mandan amenaza con ejecutarse a contrapelo en las próximas horas, con la consumación de la elección para conformar un ANC que no fue consultada al pueblo. Ellos saben que están haciendo algo que no deben hacer; pero lo que es más importante, lo sabemos todos nosotros. Amanecerá y veremos.

David Uzcátegui
@DavidUzcategui