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viernes, 5 de febrero de 2016

“Propietarios”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

Desde hace tiempo, una de las propuestas de la Mesa de la Unidad Democrática en caso de alcanzar mayoría en el poder Legislativo, era entregar la propiedad de los inmuebles de la Gran Misión Vivienda Venezuela a sus beneficiarios.

Llegada la mayoría de los candidatos de la MUD a sus curules en la AN, se coloco entre los temas pendientes en la agenda legislativa. Pero he aquí que se ha producido un interesante y curioso debate al respecto.

El poder Ejecutivo se ha mostrado en desacuerdo con la iniciativa que comentamos, y parece que es por algo más que el viejo mal de la política de contradecir al opositor por el simple hecho de serlo.

Para hacer corto el cuento, uno de los conflictos que echa leña al enfrentamiento actual entre los dos poderes, es este. Y las razones son como para no entenderlas.

En principio, el alegato de la bancada democrática es que los habitantes de la Misión Vivienda son pisatarios, a quienes hay que convertir en propietarios. Es decir, los adjudicados tienen el uso y disfrute de esas unidades habitacionales, pero no les pertenecen por ley.  Consideramos, al igual que la mayoría de los venezolanos, que esta es una grave omisión que tiene que ser corregida.

Al finalizar la primera semana de noviembre de 2015, el diputado Julio Borges, quien se ha ocupado del tema, afirmó que para ese momento, deberían haberse entregado 342 mil  viviendas para cumplir la meta de 400 mil que anunciaron a comienzos del pasado año;  Pero la denominada “Operación Lupa” llevada a cabo por activistas de la MUD, aseguraba que hasta ese momento,  no se había llegado a las 35 mil viviendas entregadas.

De estas contradicciones, se desprenden inconsistencias numéricas que la bancada mayoritaria pretende investigar, lo cual es sin duda un paso ineludible para proceder a la entrega de la titularidad de las viviendas.

En esta auditoría no existe ninguna intención más allá de saber realmente con qué número de unidades se cuenta en el país, acción necesaria para saber qué terreno pisamos en ese sentido. Y hay que aclarar, por ejemplo, el hecho de que se estarían incluyendo presuntamente, unidades refaccionadas que no son de nueva construcción.

Se asegura que el nuevo marco legislativo dejaría desprotegidos a los adjudicados cuando la intención es exactamente la contraria: blindarlos contra los vaivenes que puedan atentar contra su seguridad respecto a su techo.

¿Se utiliza esta figura vaga y nebulosa de la actualidad para chantajear a los beneficiados de la GMVV? A los hechos nos remitimos. El primer mandatario nacional amenazó con no construir quinientas mil nuevas viviendas ya previstas, debido a que la mayoría del pueblo no había apoyado su opción política en las elecciones del pasado 6 de diciembre.

Y la satanización de la iniciativa continúa, afirmándose ahora que se quiere “privatizar” a la Misión Vivienda. Ese adjetivo es reiteradamente utilizado por voceros oficialistas como sinónimo de todo el mal posible; cuando resulta que la propiedad es un derecho universal e inalienable del ser humano, contenido, por su fuera poco, en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

Otro de los retruécanos utilizados por la vocería de la tolda roja, es afirmar que la nueva condición legal de esos hogares dispararía la inflación en el sector inmobiliario, cuando es exactamente lo contrario: el saneamiento y la sinceración de la condición legal de estos venezolanos y sus techos, contribuiría a bajar la presión en un mercado de viviendas exhausto por la escasa oferta proveniente del sector particular, debido a la enorme dificultad para encontrar insumos de construcción.

Sí, muy probablemente el valor de estos inmuebles se robustecería al sincerar su situación legal, y al colocar un piso jurídico para que los propietarios –ahora sí, con todas sus letras- emprendan mejoras que los beneficiarán. Pero este incremento beneficiaría directamente a las familias propietarias y a nadie más. Cualquier otra aseveración es un vano intento por invocar a algún “coco” que meta miedo en una oscuridad que ya comienza a disiparse.

Suscribimos pues, la afirmación de que cada persona debe ser dueña de la vivienda que lo cobija, para que así se vena motivados y se sientan seguros al cuidarla y mejorarla; para que le puedan dejar una herencia a sus hijos y para que el sentido de propiedad haga crecer a los ciudadanos beneficiados con un patrimonio sólido, circunstancia necesaria para una calidad de vida realmente digna. Como han dicho los voceros unitarios, que la familia tenga derecho pleno sin adjetivos, ni apellidos. La propiedad con limitaciones, no es propiedad.


viernes, 8 de enero de 2016

“Pero tenemos Asamblea”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

A pesar de los temores de los más aprensivos, y frente a los pronósticos más agoreros, la nueva Asamblea Nacional venezolana, ya está sesionando. Su mayoría pertenece a la Mesa de la Unidad Democrática y se pudo instalar sin contratiempos ni violencia.

Toca hoy, cuando vemos la meta cumplida, felicitar a los venezolanos que nunca perdieron la fe, a quienes no tiraron la toalla en el camino y a quienes apostaron a la perseverancia de lo que se ha llamado la ruta democrática.

Y para quienes insistan en ver el vaso medio vacío, les insistimos en que hemos completado uno de los pasos más trascendentales en el camino hacia el cambio para que podamos vivir en un mejor país.

Desde este espacio hemos insistido en las particulares virtudes del ámbito parlamentario para reencontrar a un país. Y, aunque veamos sesiones de tono encendido y palabras altisonantes, creemos que eso ya se está desarrollando ante nuestros ojos.

Allí está ya presente una representación de los dos sectores mayoritarios del país, y los llevaron hasta ese lugar ciudadanos con sus votos, con lo cual se refrenda la avasallante y mayoritaria apuesta de la gente por la institucionalidad, quedando fuera de juego cualquier tentación de violencia.

Si hay algo que celebrar en particular de esta nueva Asamblea, es el hecho de que los medios de comunicación nacionales e internacionales puedan entrar nuevamente el Hemiciclo. Para quienes hemos seguido los debates celebrados hasta el momento, ha sido motivo de aplauso el poder hacer “zapping” entre distintos canales de TV para ver los distintos ángulos de la sesión y contrastar las visiones de cada televisora.

El interesado seguimiento de las sesiones legislativas actuales a través de los medios de comunicación tiene un innegable antecedente que no podemos dejar de traer a colación por su similitud, a pesar de la cantidad de años transcurridos y las enormes diferencias tecnológicas. Fue la Asamblea Constituyente celebrada en Venezuela entre 1946 y 1947.

En las elecciones de aquellos constituyentistas, el 27 de octubre de 1946, se registró una insólita participación del 92% de los venezolanos hábiles para votar, por lo cual fue con una elección parlamentaria que pudimos ver el nacimiento real de la  votación masiva y popular.

Aquellas sesiones tuvieron entre sus oradores a varios de los más agudos intelectuales venezolanos de todas las filiaciones políticas, como Andrés Eloy Blanco, quien presidió la Asamblea, Rafael Caldera o Gustavo Machado. Todos los colores del arco iris político nacional de aquellos tiempos estuvieron representados y al final se dieron la mano para refrendar el nuevo texto constitucional, proclamado el 5 de julio de 1947.

Y quizá lo más admirable de la anécdota histórica, sea la pasión con la que muchos venezolanos siguieron aquellos debates de tanta altura a través de la radio. El único medio que ofrecía inmediatez, un portento para la época, copó la atención de todos, como hoy lo hacen la TV e internet.

También es un ejercicio de democracia el hecho de que podamos ver en periódicos y portales web fotos y reseñas de los entretelones de la vida legislativa. Son las piezas que nos faltan del rompecabezas, y que nos sirven para pintarnos el rumbo que estos nuevos parlamentarios están recorriendo.

Justamente, en esos apretones de manos y sonrisas de pasillo entre las dos bancadas que se enfrentan en los debates es donde descubrimos una clave para reconstruir al país. La vida diaria en el Capitolio creará acercamientos y entendimientos entre los voceros de estas dos visiones de nación que hoy conviven.

Y una vez más, hay que reivindicar a quienes dijeron que la solución para Venezuela era el voto masivo, la única forma de legitimar a los elegidos. Con el proceso histórico que hemos vivido en las últimas semanas ha quedado así confirmado.

Así como la creación de la luz eléctrica terminó espantando a los fantasmas –si es que alguna vez existieron-, el ejercicio multitudinario del derecho al sufragio desalojó también al “coco” de destinos más oscuros para nuestra nación.

Recordemos hoy que Venezuela es uno de los países con mayor historia parlamentaria en el continente, la cual se inició el mismo año de 1811 y que, a pesar de los turbulentos vaivenes de nuestra vida republicana, se ha mantenido siempre viva, como testimonio de nuestra vocación democrática.

Toca ahora a la ciudadanía vigilar el accionar de sus parlamentarios, pedirles cuentas y propiciar con su interés que en ese foro se debatan los asuntos más urgentes de la vida nacional y se encuentre allí solución a las legítimas aspiraciones que todos tenemos a una mejor calidad de vida.