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viernes, 17 de agosto de 2018

“Estrenando moneda”

La expectativa nacional en estos días gira en torno a lo que se ha bautizado como “reconversión monetaria”. Y es que parece ser la anhelada solución -o al menos un paliativo- a la compleja situación económica que Venezuela atraviesa al día de hoy.

Pero, ¿lo será realmente? Los venezolanos hemos perdido la capacidad de asombro y somos cada vez más incrédulos. Y no se trata de pesimismo crónico, sino más bien de observar una cadena de desaciertos que parece no terminar.

Primero, lo primero. El llamado bolívar fuerte, está pulverizado. No entremos en este momento a analizar las razones, pero su poder adquisitivo es, al instante actual, sencillamente microscópico.

Bien sabemos que necesitamos grandes cantidades de billetes para comprar el más elemental de los bienes de consumo. Eso, para no mencionar que las monedas pasaron a ser francamente inútiles desde hace años.

Ciertamente, cuando la masa monetaria de una nación se ve puesta al límite por episodios de alta inflación, no queda otro remedio. De entrada, la reconversión monetaria es absolutamente urgente.

Sin embargo – y lo que nos preocupa- es que, si no se corrigen los numerosos vicios del manejo de la economía que desembocaron en esta situación, dentro de poco tiempo nos encontraremos en el mismo sitio. Es un círculo vicioso.

Recordemos que, el 22 de marzo de este año, fuimos sorprendidos por el anuncio oficialista de una reconversión monetaria, enmarcada en el Decreto N° 3.239 de Estado Excepción y de Emergencia Económica, en donde la nueva moneda se denominaría bolívar soberano ​y su tasa de conversión para ese momento, sería de mil bolívares fuertes a un bolívar soberano.​

Estaba previsto que este nuevo cono monetario entrara en circulación el 4 de junio. Sin embargo, el Poder Ejecutivo, reunido con la Asociación Bancaria y a petición de esta última, acordó prorrogar por sesenta días la entrada en vigencia, por lo que la nueva fecha quedó programada para el día 4 de agosto.

El pasado 25 de julio, se pospuso nuevamente la aplicación de la reconversión monetaria para el 20 de este mes, con la novedad de que ahora la reducción sería de cinco ceros, es decir, 100 mil bolívares fuertes  serán equivalentes a 1 bolívar soberano, quedando además la nueva moneda anclada a la criptomoneda petro. Otro cambio que sorprendió en este nuevo giro del proceso de reconversión monetaria.

Vale recordar que el bolívar, unidad monetaria oficial de nuestro país, fue establecida en 1879 por el presidente Antonio Guzmán Blanco y permaneció durante todo el siglo XX y los primeros años del XXI hasta 2007, cuando bajo el gobierno del fallecido presidente Hugo Chávez se produjo la aprimera reconversión monetaria. Once años después, nos vemos en la necesidad de volver a atravesar por el mismo proceso.

Y con esto retomamos lo que comentamos más arriba: si no se corrigen las causas, el bolívar soberano no solamente podría tener corta vida, sino además llevarnos a una situación similar a la actual en relativamente poco tiempo.

Desde nuestro punto de vista, el asunto es extremadamente complicado.

El mismo gobierno sabe esto y por ello se ha anunciado, junto a la reconversión monetaria, un programa de recuperación económica. Sin embargo, luce bastante etéreo e impreciso, de cara a la complejidad de lo que sucede.

El anclaje a la criptomoneda petro no logra concitar la confianza de los actores financieros, ya que es la primera vez que el gobierno de un país lanza un instrumento de este tipo, que debe estar regido por las reglas del libre mercado y no por parcialidades, intereses políticos o de particulares, lo cual ha generado muchas suspicacias.

Por otro lado, se sigue hablando de subsidios, cuando nuestras fuentes de ingresos están exhaustas y adicionalmente, se vuelve a confiar una vez más en el petróleo para sanear los números del Banco Central de Venezuela.

El eterno error se continúa prolongando. Se trata de ser productivos y de diversificar la economía, no de reincidir en desatinos que nos han convertido en una nación débil y vulnerable en lo financiero. Debilidad y vulnerabilidad que va a sentirse, finalmente, en los bolsillos de la gente.

Los elevados precios del petróleo trajeron toda una serie de malas prácticas en el manejo de las finanzas nacionales, las cuales no pueden ser resistidas por economía alguna.

Al caer dichos precios, la cruel relidad nos explotó en la cara y demandaba correctivos inmediatos, que al día de hoy no se han tomado.

Hablamos de orden, de disciplina fiscal, de productividad, y sobretodo, de entender que la iniciativa particular es la verdadera médula de un país. No se puede recargar todo el funcionamiento de la economía de una nación en los hombros del Estado, y menos aún contando con un recurso tan volátil como lo es el petróleo.

David Uzcátegui
Twitter: @DavidUzcategui
Instagram: @DUzcategui

viernes, 3 de agosto de 2018

“Venezuela y gasolina”

Ha llegado el día inevitable. Ese, de la arruga que se había corrido insistentemente. Venezuela tiene que revisar el precio de su gasolina.

El tema se había convertido en un temible tabú desde hace casi treinta años, cuando en el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez se intentó sincerar una economía venezolana donde el subsidio era la norma y se estaban creando enormes distorsiones.

En aquel año de 1989 sucedió el llamado Caracazo, cuando en el marco de una serie de reajustes económicos se incrementó el precio del combustible, lo que llevó a su vez a subir el de los pasajes y finalmente detonaron una serie de protestas de calle.

Como dicen, el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones. Ese intento de equilibrar los malos hábitos económicos que arrastraba Venezuela, fue lamentablemente implementado de manera inadecuada en muchos sentidos, y desde entonces se le agarró lógico miedo a la tarea. Una tarea que quedó pendiente por casi tres décadas.

Sin embargo, cabe preguntarse: ¿se solucionará ese asunto tan postergado con las medidas actuales?

Lo cierto es que, al día de hoy, nos encontramos con el hecho de que el combustible en nuestra tierra verá cambiar sus precios de manera notable, en el marco de una segunda reconversión monetaria, esta vez eliminando cinco ceros a la moneda. Esto, aunado a los tres que se le quitaron en la década pasada, haría un total de ocho.

Ciertamente, parece que la administración actual no encontró mejor momento ni mejor motivo para enfrentar el temido y postergado tema de la gasolina. El precio que veíamos pagando se hace inmanejable en la nueva moneda. Y esto es apenas una de las muestras de los desajustes que presenta la economía venezolana, uno de los síntomas de lo profundamente enferma que se encuentra.

Primeramente, hay que decirlo, todos los países productores de petróleo pagan su combustible en el mercado interno a precios internacionales. No hay privilegio alguno para ellos.

En segundo lugar, es cierto que el mercado venezolano se abastecía a pérdida desde hace mucho tiempo. La ilusión saudita que ha empañado la sinceridad de lo que sucede en nuestro país no es para nada nueva y se pierde en la memoria. En esta oportunidad, el gobierno tiene su punto de razón.

Sin embargo, pareciera que las distorsiones económicas nos han llevado ya demasiado lejos. Y hablamos de esas distorsiones sembradas hace ya mucho tiempo, que entre otras consecuencias, convirtieron la revisión de los precios del combustible en un asunto a ser eternamente evadido.

Es aquí donde cabe la pregunta: ¿vamos finalmente bien? Respondemos de inmediato: no lo creemos.

Lamentablemente, esta revisión de los precios de la gasolina llega en un panorama económico adverso y desolador. Aún está muy lejos de llegar a los precios internacionales, pero por otro lado la capacidad de compra del venezolano está tan golpeada por la recesión que, aún manteniendo el aumento en niveles conservadores, se hace muy cuesta arriba pagarlo.

Siempre lo hemos dicho y no nos cansaremos de repetirlo: la verdadera prosperidad para un país se construye desde las libertades a la iniciativa particular, aupadas por un gobierno que se asocie en ello, creando el clima y las iniciativas necesarias para la confianza.

Lamentablemente marchamos en el sentido exactamente contrario desde hace demasiado tiempo y no vemos señal alguna de corregir este error histórico.

Reconversión monetaria y ajuste de precios de combustibles serán tragados por el pantano de los desbalances administrativos del país, y creemos que en muy corto plazo si no se cambia de rumbo.

También caben interrogantes ante el hecho de pretender imponer la intermediación del llamado Carnet de la Patria para tener acceso al suministro de combustible, ya que se trata de otra restricción más a las libertades. ¿es esto realmente necesario? ¿Qué hay tras esta propuesta?

Porque en el funcionamiento deseable de toda economía, cada ciudadano tendría libre acceso a cuanto combustible necesitara, y tendría cómo pagarlo, gracias a sus propios ingresos.

Vale acotar que en ningún lugar del mundo la gasolina es “barata”. En ninguno, excepto en Venezuela. En todas partes se cuida su consumo. El mundo entero busca energías alternativas, no solo por el costo sino también por la contaminación al ambiente.

Sin embargo, este nuevo escenario que se nos presenta resuelve muy poco desde nuestro punto de vista. Una decisión que debió tomarse hace años y como parte de medidas más complejas y absolutamente distintas, llega en el marco de un país exhausto y sin músculo para abordar sus propias e impostergables transformaciones. Incluso las que serían para su propio bien.

David Uzcátegui
Twitter: @DavidUzcategui
Instagram: @DUzcategui