viernes, 18 de agosto de 2017

¿Y si se pudiera?

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

Con un país más dividido que nunca, con el foco más perdido, con un enfrentamiento que construye poco y destruye mucho de lo que queda, cabe preguntarse cómo llegamos esto, y cómo salimos.

Sobre la primera pregunta cada quien tiene su hipótesis y su versión y por ello no vamos a abundar: por lo extenso de la respuesta y porque, dentro de la complejidad que atravesamos, todo es según el color del cristal con que se mire.

Sobre la segunda pregunta, muchos han dado respuestas, y en ello hemos tratado de contribuir en la medida de nuestras posibilidades, desde los espacios de los cuales disponemos.

Venezuela cuenta con el recurso humano capacitado para revertir la más complicada crisis de nuestra historia, y, como lo hemos dicho antes, es simplemente un asunto de voluntad política. Una voluntad que, lamentablemente y al momento actual, no avizoramos por ninguna parte y que nos hace sentir cada vez más, que hablamos a la nada, a la pared.

¿Por qué insistir entonces en hablar de soluciones, si estamos en un diálogo de sordos? Como dijimos al principio, por foco.

Nos dirijamos donde nos dirijamos, conviene recordar cuál es el rumbo que deberíamos tener, no podemos olvidarlo, y menos aun cuando, ya para lo que queda es para darnos cuenta de cuán desviados estamos, de cuánta energía se está gastando en asuntos no medulares y para que, algún día, fe mediante, retomemos el carril.

Asombra, por ejemplo, cómo el tema económico está tan desatendido. Desde esta esquina insistimos en colocarlo en el eje de cualquier agenda, porque está íntimamente ligado al bienestar de la gente. Como hemos podido ver en los últimos años, las decisiones erradas en este ámbito se llevan por delante sin piedad el poder adquisitivo de la ciudadanía y con él, su calidad de vida.

Hemos visto, por ejemplo, que la canasta básica ha escalado en precios sin detenerse. En julio de 2017 arribó a Bs. 2.043.083,39, lo cual marca un aumentó Bs. 304.932,84 (3.1 salarios mínimos) y de 17,5%, con respecto al mes de junio de 2017. La variación anualizada para el período julio 2017 / julio 2016 es 339,3%, o Bs. 1.578.048,60, que se traduce en 16.2 salarios mínimos (Bs. 97.531,56).

Esto, por tomar solamente un ejemplo de la desfiguración de nuestra economía y de cómo impacta directamente a los venezolanos en un tema tan medular como lo es el sustento.

En otro de los temas tan graves como ignorados, seguimos viendo como el control cambiario, lejos de ayudar a solucionar la compleja situación nacional, la complica a niveles exponenciales.

El asunto cambiario tiene muchas aristas, pero quizá la más innegable es cómo el sistema está desbordado para asignar divisas a una economía que importa prácticamente todo.

La burocratización de un Estado desmesuradamente enorme, que interviene y fiscaliza cada actividad, se hace especialmente patente en el sistema de divisas venezolano, nos atrevemos a afirmar que el más complicado y engorroso del planeta.

Valga la mención del asunto para preguntarnos qué sucede también con la empresa privada, a la cual no solamente se le ha quitado el apoyo. También se le ha señalado y estigmatizado, poniendo contra la pared a uno de los pilares fundamentales de cualquier país.

Es por ello que tenemos la llamada “economía de puerto”, porque cada vez producimos menos adentro de nuestras fronteras.

Los gobiernos del mundo se ocupan permanentemente de generar cuanta confianza sea posible, para consolidar las inversiones internas y atraer las foráneas, para generar empleo y bienes que hagan próspera a sus respectivas tierras.

Aquí, el discurso y las acciones incendiarias han alejado la inversión extranjera, mientras que la nacional está de manos atadas o ha optado por buscar también otros horizontes fuera de la patria para poder seguir creciendo. Y no hay traición alguna en un acto de la más elemental supervivencia.

Allí está nuestro enorme y envidiable potencial turístico, que jamás pasará de potencial sin la infraestructura y sin el personal entrenado que se necesitan para de verdad convertir en potencia esas playas, y esos paisajes tan únicos como olvidados.

La tierra abandonada hoy porque quienes las cultivaban no tienen seguridad de ningún tipo, olvidando que no solamente teníamos rubros en los cuales nos autoabastecíamos, sino que incluso exportábamos, porque estamos en uno de los suelos más generosos del mundo. Tan generoso como desperdiciado.

Y así, podemos hacer interminable el extenso listado de las potencialidades que tenemos frente a la nariz y que son desperdiciadas por una diatriba estéril que a nada conduce.

Alarma pues, cómo se le da la espalda todo lo que se podría hacer por Venezuela, para que sea grande de verdad. ¿Cuándo podrá ser este el eje de una acción de gobierno?

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