viernes, 13 de mayo de 2016

“Los tiempos sí dan”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

El inminente referendo revocatorio al Presidente de la República, constituye una de esas ocasiones en las cuales son las fuerzas alternativas democráticas quienes marcan la brújula de la discusión política nacional.

En nuestra tierra ya nadie habla de la ficticia y poco creíble guerra económica, por más que desde la tolda roja se intente insuflarle verosimilitud.

Aquí se habla es de revocatorio. Sea para defenderlo, para satanizarlo, para torpedearlo o para viabilizarlo, el debate nacional tiene ya un nuevo protagonista.

Y es que este derecho constitucional es sin duda la válvula de escape que se encuentra justo a tiempo con la enorme frustración nacional que nos arropa a todos, y que se convierte en la luz al final del túnel cuando la cotidianidad se ha convertido en desesperación y desesperanza.

Y en el momento actual, la discusión es por demás sensible: ¿dan los tiempos para celebrar el revocatorio este año?

Porque existe una fecha, que es el 10 de enero de 2017, que es un parteaguas. Si lo realizamos antes de ese día, se llama a nuevas elecciones en un mes y esta etapa de la historia queda justamente en la historia: en el papel, en los libros, en la memoria y en el olvido. Pero ya pasamos la página.

Si el acto comicial sucede luego de ese día, el vicepresidente ejecutivo de la República terminaría el período presidencial y se relevaría de su cargo al individuo que hoy ocupa la primera magistratura; pero la estructura de poder seguiría intacta hasta el año 2019.

Y lo que nos enseña la experiencia, es que se seguirían cometiendo exactamente los mismos errores que nos han encallejonado en esta tragedia nacional. O quizá otros peores.

Por ello, es decisivo para nuestro destino inmediato y futuro como país, que esta cita democrática se celebre a la brevedad posible. Y por ello inquietan las delaciones, demoras, contratiempos y demás escollos que están apareciendo en el camino.

Toda la venezolanidad responsable le hace un llamado a las autoridades competentes, ya que se está enrevesando el ejercicio de un derecho ciudadano amparado en nuestra Constitución Nacional y recordemos que, la justicia que tarda, no es justicia, según reza un principio jurídico universal.

Como dijimos líneas más arriba, se trata de la válvula de escape a una situación frustrante y desesperante; por lo cual todo el que tenga verdadero amor por este país, debe contribuir a allanar el camino.

Hay que recordar que la incontenible voluntad de cambio que hoy late en cada esquina, se volcó masivamente a la calle el 6 de diciembre pasado y contra todo pronóstico, logró una victoria arrasadora e indiscutible en las elecciones parlamentarias.

Esa es la misma voluntad de cambio que exige hoy por todas partes la materialización del mecanismo constitucional idóneo para dar un golpe de timón en la conducción del país.

Como bien dijera el gobernador del estado Miranda Henrique Capriles, uno de los principales líderes promotores de la salida revocatoria: ““En el 2013, en 30 días se organizó una elección presidencial, cómo no se va a poder organizar un revocatorio y las elecciones de gobernadores este año, si apenas estamos en mayo”.

Cuando se quiere,  se puede. Cuando no, pues se le busca la quinta pata al gato. Y si no se le encuentra, se le fabrica.

No se puede irrespetar con subterfugios endebles a los millones de venezolanos que salieron a firmar a cara limpia, poniendo su nombre y apellido, venciendo miedos endebles y fantasmas falsos para demostrar que no hay temor que se pueda imponer sobre la necesidad de modificar el rumbo de una nación. La historia universal y la venezolana nos lo han demostrado en suficientes oportunidades.

Los vericuetos y dilaciones en la validación de las firmas están generando un legítimo malestar entre los venezolanos demócratas –la contundente mayoría, según quedó demostrado el 6D- quienes sienten una inocultable burla a su voluntad muy mal encubierta en esta circunstancia.

Y cuando hablamos de venezolanos demócratas, también incluimos a los simpatizantes del oficialismo que prefieren ir a contarse como mecanismo para solventar este callejón sin salida. Hablamos de quienes se mantendrán en sus simpatías con la tolda roja, pero jamás renunciarán a hacer las cosas como se deben hacer, aunque ello implique ir a contarse y reconocer una derrota cantada, que sin duda traería una reflexión y un replanteamiento que solamente puede traducirse en mayor bienestar para quienes habitamos Venezuela.

Desde esta acera de la Venezuela del presente y del futuro, reiteramos que la Unidad ha cumplido con todos los requisitos exigidos por el Poder Electoral para activar el mecanismo comicial y acortar el periodo presidencial actualmente en curso.


“Prensa y libertad”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui 

Tras haber celebrado recientemente el Día de la Libertad de Prensa, quedan numerosas reflexiones por hacer, de cara a haber escuchado las inquietudes que tienen los profesionales de este gremio respecto al ejercicio de su trabajo.

Es lamentable que este día se conmemore leyendo que por el mundo entero existen periodistas encarcelados y torturados, para no hablar de las ejecuciones de estos trabajadores realizadas por grupos extremistas y difundidas en videos que conmovieron al mundo.

Lo primero que hay que decir, es que no hay democracia sin prensa libre; la que es el contrapoder de las sociedades, tal como se puede ver en ejemplos como el del caso Watergate, en el cual la denuncia de dos periodistas del periódico The Washington Post terminó precipitando la renuncia del presidente de Estados Unidos.

Entre las urgentes demandas escuchadas de los periodistas venezolanos en este día, destacaron –por lo preocupantes- la necesidad del cese de las agresiones que sufren los reporteros en el ejercicio de sus funciones en las calles.

Igualmente, también solicitaron por parte del Estado venezolano una mayor eficiencia en el procesamiento de sus denuncias al respecto; ya que como norma siempre caen en saco roto, cultivándose así la impunidad, que solamente abona el terreno para que estas preocupantes situaciones violentas se repitan con mayor frecuencia.

Informar no es delito. Cuando alguna de estas inquietantes noticias que hoy vemos los venezolanos conmueva a la opinión pública, hay que volver la mirada crítica hacia el hecho en sí y no hacia quien lo reseñó. Se trata de alguien que está haciendo su trabajo y que no tiene responsabilidad alguna en que los sucesos se hayan desenvuelto en la manera en la que ocurrieron.

Ciertamente, en Venezuela estamos lejos de los extremos mencionados unas líneas más arriba… pero, ¿hasta cuándo? Porque si no se pone un límite a lo que sucede, las cosas empeorarán hasta hacer de la agresión al periodista parte de una cultura. ¿Es lo que queremos para nuestro país? Estamos seguros de que la inmensa mayoría democrática de los venezolanos responderemos con un tajante “No”.


viernes, 6 de mayo de 2016

“Escuchando la calle”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui 

En Venezuela se acabó la conversación cotidiana. Ya no va sobre el viaje a la playa, el cumpleaños de un pariente o el desempeño escolar de los hijos. Todo eso es secundario, para no decir inexistente en estos tiempos.

Hoy se habla como una letanía y como una obsesión, de lo mucho que no se consigue o de lo poco –muy poco- que sí, de las horas de cola que hay que pagar como una penitencia sin haberse cometido pecado que lo mereciera, de que a fulanita la robaron pero “menos mal que no le hicieron nada”.

A los habitantes del país más feliz del mundo de a ratos y cada vez con mayor frecuencia, se les borra la sonrisa. La frustración es el pan nuestro de cada día: frustración por fracasar una y otra vez al intentar conseguir los productos que se necesitan; porque, cuando se consiguen, el dinero no alcanza; porque este estado de cosas no solamente empeora, sino además se prolonga.

Familiares y vecinos se organizan en grupos para avisarse unos con otros dónde hay tal o cual producto o, incluso, recurrir al trueque, como si la moneda no existiera. Y es que estamos como si en verdad no existiera. El “bolívar fuerte” pierde por minutos su capacidad de compra y deshonra a nuestro Libertador con su nefasto desempeño; siendo hoy la moneda más pulverizada del planeta.

Estamos hablando de que, de manera extraoficial, el índice nacional de precios al consumidor cerró 2015 en 270,7%, la cifra más alta registrada por nuestra nación en la historia. Y lo que nos espera para 2016 se perderá de vista, según lo que hemos podido vivir hasta el momento.

La escasez por su parte, pisa en 70%, según cifras de Entorno Inteligente. Lo cual quiere decir que la gente no compra lo que quiere, desea o necesita, sino escasamente lo que consigue.

Esta cifra inflacionaria se oculta con el pudor y la vergüenza de quien ha hecho mal su trabajo, se cuenta como un secreto a voces; ya que los organismos encargados de darla a conocer oficialmente más bien prefieren hablar sobre entelequias ficticias que lancen sobre otros las culpas.

Por si fuera poco, según el Banco Central de Venezuela, entre 2014 y 2015 el país acumuló un desplome cercano al 10% del Producto Interno Bruto (5,7 en 2015 y 4,0% en 2014). En 2016 la caída será superior al 8%. Quienes saben de economía, saben también que este es el índice más fiel de la salud de un país.

Y la economía no es nada abstracto ni etéreo. Se trata de lo que, a final de cuentas, nos permite –o nos impide-  llevar alimento a la mesa.

La cumbre de la descomposición social que avanza a paso de vencedores y sin que nadie que ostenta el poder haga algo, es el bachaqueo.

Neologismo omnipresente en toda conversación de los tiempos actuales bajo el cielo venezolano, hay que explicar a la gente de otras latitudes, qué significa tan inusual y caribeña palabra.

Hay que contar que la desfiguración social de un disparate mayúsculo que no merece el nombre de política económica ha creado un nuevo oficio, digno de países en guerra.

Que se ha creado una subterránea mafia sin rostro que organiza un mercado paralelo –en Venezuela hay mercados paralelos hasta de huevos- y que se ha instaurado como cotidianidad de los venezolanos el observar o participar en largas colas, ante los pocos establecimientos que tienen algo valioso que vender.

Que, desesperados porque el dinero no alcanza, desde taxistas hasta maestros se “rebuscan” bachaqueando. Que al momento actual no hay más proyecto de país que el salir a la calle a ver cómo se consigue algo. Que hay hogares donde se rifan la cena porque no alcanza para todos. Que la mayor aspiración de futuro que tienen las mayorías depauperadas por esta es comer completo mañana.

Las redes de abastecimiento de alimentos gubernamentales, anunciadas con bombos y platillos han fracasado estrepitosamente; y mientras unas cierran, en otras se penaliza a quienes tomen fotos de sus neveras vacías.

Y más allá, se dan vergonzosos espectáculos de venezolanos arrebatándose entre sí paquetes de pasta, porque o se arrebata o no se lleva comida a la casa. Hemos sido degradados como nación al salvajismo y la animalidad; pero no por falta de “urbanidad y buenas costumbres”, sino porque nos han puesto contra la pared. Se han metido con nuestra comida.

Los venezolanos nos hemos convertido en una ciudadanía triste y no hay maquillaje de eslóganes o frases hechas que disimulen este pesar. Resultan risibles, pobres, fuera de lugar y sobre todo poco creíbles. No las creen ni quienes las pronuncian, ignorando ese sentido del ridículo que les exige quedarse callados. 

¿Puede alguien tener la voluntad de echar para adelante, cuando se estrella varias veces al día contra el muro del fracaso, de un fracaso del cual no es responsable? ¿Puede un país progresar con tal rosario de penurias?