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lunes, 17 de noviembre de 2014

"¡Las elecciones son ya!"

Por David Uzcátegui  
Secretario Nacional de Asuntos Municipales Primero Justicia
@DavidUzcategui

Es un hecho. En Venezuela tendremos elecciones ya, o al menos muy pronto. Nos referimos a los comicios que escogerán la nueva Asamblea Nacional. Y quienes queremos cambios para el país propiciados desde el ejercicio de la política, vemos esta circunstancia como propicia para avanzar. La discusión y el debate tienen allí el mejor escenario, que por lo tanto es también el escenario de la democracia.
En una nación  como la nuestra, donde se le atribuye una importancia desmedida a la figura del Presidente de la República, se tiende a subestimar peligrosamente la importancia del Poder legislativo como instrumento para apalancar cambios y avances.
El hecho incontrovertible es que en 2015 tendremos elecciones parlamentarias y que, aunque al momento no hay certeza de la fecha, se habla de una posible convocatoria temprana de las mismas. Recordemos que las más recientes, celebradas en 2010, se efectuaron el 26 de septiembre de aquel año.
La pregunta es: ¿nos preparamos para ellas o no? Desde nuestro punto de vista, la respuesta e incuestionablemente un sí, y es obligatorio agregar que vamos tarde para ello.
Quienes nos anotamos para propiciar alternativas de poder en Venezuela, confrontamos un problema, y es la diversidad de posturas de “las oposiciones”, como diría el profesor Agustín Blanco Muñoz, y esto se refiere a la divergencia de puntos de vista al hablar sobre las maneras de cerrar un ciclo histórico y abrir otro en el país.
Repetimos, desde nuestro punto de vista vivimos un problema político y por ello se resuelve con política, con una forma de ganar espacios desde la estrategia y el trabajo, desde la convicción y el conocimiento de la realidad para trabajarla y finalmente modificarla en función del bienestar de las mayorías.
Se trata también de un instrumento para oponerse a la centralización, ya que el liderazgo regional tiene en el legislativo nacional una instancia de participación, de dar a conocer su voz y de desarrollar una carrera política que se revierta en beneficios para su lugar de origen.
Abordadas así, las elecciones de la Asamblea Nacional son una oportunidad de oro, e insistimos en que la participación masiva de la gente es el necesario blindaje para obtener los resultados deseados. No se vale el desánimo, y siempre será mejor accionar que resignarse.  
Vale recordar que en la convocatoria electoral de 2005 ganó la abstención y que ello no sirvió para ningún cambio en el escenario político nacional, o al menos no para ninguno que haya significado crecimiento y bienestar.
Posteriormente, en los comicios de 2010, la oposición logró una participación importante, que llevó un buen número de parlamentarios al Palacio Legislativo. Se ha reinstaurado el debate y la actuación de algunos de nuestros parlamentarios ha servido como ejemplo del contrapeso al poder que debe existir en el Capitolio Nacional.
Desde ya estamos montados en este escenario, con compromiso y pasión. Y vamos tarde. Es un hecho, es una realidad y mientras más tiempo perdamos en intentar contradecirla, menos probabilidades vamos a tener de que la ocasión sume.

martes, 11 de noviembre de 2014

¿Aumento para todos?

Por David Uzcátegui  
Secretario Nacional de Asuntos Municipales Primero Justicia
@DavidUzcategui

Los más recientes aumentos de sueldos decretados por el Ejecutivo Nacional, han movilizado a la opinión pública alrededor de ellos. El asunto medular ha sido el hecho de que, si se aumenta en un 45% a los miembros de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, por qué dicho aumento no es el mismo para toda la masa laboral del país, ya que el resto debió conformarse con un 15%.
Lo cierto es que la inflación nos afecta a todos por igual. El solo hecho de que a un sector de los trabajadores venezolanos se le beneficie con un incremento de ese porcentaje, ya indica que las previsiones de inflación para este año, hechas a finales de 2013 por el entonces ministro de Finanzas Néstor Merentes, se quedaron cortas, visto que eran de un 26 a 28 por ciento.
Algunos analistas han hecho un ejercicio de qué es lo que se puede adquirir con el monto incrementado a los salarios, por lo cual preferimos ahorrárnoslo nosotros. Adicionalmente, estos ejercicios de nunca acabar nos mantienen en la diatriba que consume nuestras energías y que no nos lleva a soluciones, más allá de altisonantes acusaciones mutuas que solamente recalientan el ya muy elevado clima del país. Aunque pertinentes y con la mejor intención, no creemos que sea el momento para ellos en la actualidad.
Y más allá de ello, creemos que hay que ver el asunto en perspectiva. Los aumentos salariales por decreto gubernamental siempre serán un triste paño caliente de consolación que jamás alcanzarán a la inflación, por mayores que sean – como vemos en este caso- si no se dedican esfuerzos a abatir las causas de ese fenómeno que engulle nuestro poder adquisitivo. Enfocada de la manera como se aborda en la actualidad, esa es una carrera que nunca se ganará.
La explicación de por qué los precios siguen aumentando es sencilla pero compleja a la vez. Hay un componente de juego de oferta y demanda, algo que todos saben, aunque sea de manera intuitiva: si se dispone de menos productos, cada uno de dichos productos costará más, especialmente cuando es mayor el número de personas que requiere de esos productos de existencia limitada.
La dinamización de la economía es prioritaria para romper el círculo vicioso de los aumentos que, por más elevados que sean, no terminan de resolver la insuficiente capacidad de compra, reconocida hasta por los funcionarios gubernamentales.
Anteriormente hemos planteado que el gobierno nacional encontraría sin duda sectores altamente dispuestos a colaborar en la reactivación del aparato productivo nacional, en el entendido de que dicha tarea es por el bien colectivo.
El asunto es que quienes ostentan posiciones de mando no pueden ser solamente reactivos ante las complejidades de la economía nacional, deben ser propositivos y atacar sus raíces. Naciones con una inflación mucho mayor que la nuestra han logrado abatirla, son muchos las países que han atravesado por la espiral que hoy afecta a Venezuela y han logrado dejarla en el pasado. Existe el conocimiento para superar lo que hoy nos afecta. Como colectividad, todos debemos enfocarnos para que nuestros esfuerzos lleven a la inflación a un dígito, como es el promedio en la región latinoamericana, incluyendo a varios países amigos de la actual administración nacional.
Mientras tanto, lo justo sería un equilibrio entre los aumentos que se den para paliar las consecuencias de la inflación, hasta controlar sus causas. El incremento de 45% para el sector militar es deseable y plausible; pero también lo sería para los demás trabajadores, hasta llegar a las causas de fondo que generan la inflación.

lunes, 20 de octubre de 2014

"Ta’ barato"

Por David Uzcátegui  
Secretario Nacional de Asuntos Municipales Primero Justicia
 @DavidUzcategui
 
Con la frase que titula este artículo, no nos referimos a que los venezolanos encuentren algún artículo a buen precio. Sea en el país o en el exterior, todo se ve costoso desde una inflación que supera al 60%. Estamos hablando de los precios del petróleo, que se abaratan progresivamente y parecen no detenerse.
 
Diversos medios de comunicación nacionales e internacionales, han informado que la media del valor del barril de petróleo nacional en lo que va de año se sitúa en 95,29 dólares, por debajo de los 98,08 correspondientes a 2013 y muy por debajo de los 103,42 dólares de 2012.
 
Y estamos hablando de una media; pero la realidad es aún peor: en la semana del 6 al 10 de octubre, el petróleo venezolano cerró con un precio de 82,72 dólares el barril, lo que representa una disminución de 3,17 dólares con respecto a la semana anterior, cuando se cotizó en 85,89 dólares por barril. Es decir, la proyección es a la baja, inferior a la media de este año y muy por debajo de las medias de años previos.
 
Es para preocuparse, ya que el petróleo aporta 96 de cada 100 dólares que ingresan al país. Con la bonanza petrolera que ya se comenzó a alejar, resultaba mucho más fácil importar que producir. Ahora, cuando la tabla de salvación de nuestra economía debería ser la producción nacional, el aparato productivo luce desmantelado.
 
El gobierno nacional está haciendo lobby en la Organización de Países Exportadores de Petróleo para convocar a una reunión urgente, en la cual tratar la caída de los precios. La propuesta no ha encontrado eco y, muy por el contrario, voceros de Arabia Saudita han sentenciado que Venezuela debe acostumbrarse a que los precios permanecerán bajos por un buen rato.
 
En resumen, volvemos a aquella emblemática frase de Arturo Uslar Pietri, “sembrar el petróleo”, para darnos cuenta de que no lo hicimos, de que una vez más desperdiciamos como país una oportunidad literalmente de oro.
 
La economía mundial se desacelera y baja el consumo de hidrocarburos, Estados Unidos se convierte en exportador y a Arabia Saudita le interesa que los precios bajen para que los nuevos productores y exportadores cuenten con menos recursos. En medio de este complejo panorama internacional, la voz de Venezuela sencillamente no se escucha.
 
Hay otra realidad que se superpone a todo este panorama: PDVSA ha perdido su capacidad de incrementar la producción ante la falta de personal especializado y el deterioro de las instalaciones. No es que no quiera, sencillamente no puede.
 
Fue un ejercicio de arrogancia el pensar alguna vez que la OPEP bailaba al son venezolano. Los intereses de la administración venezolana de una década atrás coincidieron con el escenario geopolítico de entonces y pareció que Venezuela movía el mercado energético mundial. Es como correr en la dirección del viento para poder decir que nos acompaña.
 
Es difícil ser optimista, cuando el panorama luce sombrío y las vacas flacas tocan a la puerta. La única manera de ver el vaso medio lleno, sería pensar que esta circunstancia empujará a un viraje de fondo en la manera de conducir al país. Una vez más, la pelota queda del lado del gobierno.

lunes, 13 de octubre de 2014

"La urgencia del desarme"

Por David Uzcátegui
Secretario Nacional de Asuntos Municipales Primero Justicia
@DavidUzcategui
A finales del mes pasado, el gobierno central implementó un plan de desarme voluntario, en el cual se ofrece a quienes entreguen sus armas diversos incentivos, que van desde educación y equipos tecnológicos hasta intervenciones quirúrgicas.
Dicho plan ha resultado, por decir lo menos, polémico. Nadie se atreve a decir que no es necesario; pero muchos se preguntan si tales incentivos resultarán seductores a quienes tienen un arma como medio de conseguir ilegalmente su sustento y alcanzar sus torcidas ambiciones.
Desde esta tribuna, creemos que efectivamente hay razón de parte y parte. La iniciativa es urgente, necesaria y plausible; pero hay que ajustar muchas cosas, para que tenga mayor efectividad.
Expertos aseguran que ha sido una mala idea basarlo en instalaciones militares, porque estas disuaden al delincuente arrepentido de acudir. También señalan que estos planes son más efectivos cuando se dirigen al entorno del delincuente. Quizá padres, parejas, hermanos o hijos de dichos malhechores se vean más impedidos a entregar las armas en cuestión.
Sin embargo –y creo que aquí todos estamos de acuerdo- la discusión se debe dirigir hacia cómo ajustar los pormenores de la propuesta, ya que nadie, en su sano juicio, puede negar la urgencia de implementar estos planes en cuestión.
Por supuesto, vale la ocasión para debatir sobre las raíces de la violencia y qué podemos hacer para arrancarlas definitivamente. Y en este sentido, entender que la adecuada iniciativa del llamado al desarme voluntario, es apena una gota de agua en un océano de acciones impostergables.
Existe un asunto educativo de fondo. Hay que retomar el compromiso de la educación en todos los niveles, y no solamente la educación formal, sino la del ciudadano, como forjadora de principios y valores. Y nos referimos a la que da la familia, a la que da el gobierno a través de los mensajes que tiene capacidad de dejar en la cotidianidad de la gente.
Necesitamos también productividad y prosperidad. Los venezolanos tienen que volver a creer que sí pueden tener una vida digna y satisfactoria a través del trabajo y la remuneración justa que perciban por el mismo.
Es urgente. Se nos está haciendo cada vez más tarde. En los últimos días hemos padecido hechos de sangre que han conmocionado al país, como el impactante asesinato de Robert Serra, joven diputado oficialista de la Asamblea Nacional y el enfrentamiento entre civiles armados y efectivos del CICPC en el centro de Caracas.
Hablamos de hechos que han estremecido a una sociedad que ya no se conmueve ante nada, debido a la cotidianización de la violencia. Desde tiempo atrás hemos asegurado que, si algún punto de encuentro hay en este país escindido, es la condena a esta situación, que ya no amenaza con irse de las manos: se fue desde hace rato.
Lo que sí se debe tener claro es la enorme responsabilidad al respecto que tienen quienes hoy nos gobiernan. Deben ser ellos los proponentes, los coordinadores, los receptores de iniciativas. Los convocantes, los interlocutores de quienes estamos urgidos de trabajar por la paz, de cualquier color político y de diversos sectores de la sociedad.
No se trata de decir que tenemos que hacerlo antes de que sea tarde. Ya es tarde, es muy tarde. Pero es impostergable atajar a futuro la tragedia que vivimos hoy.