Mostrando entradas con la etiqueta Porlamar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Porlamar. Mostrar todas las entradas

viernes, 23 de septiembre de 2016

“Cumbre con lupa”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui


Ya a unos días de distancia de la polémica Cumbre de Países No Alineados, podemos ver el evento con cierta perspectiva. Y aunque en lo general los resultados no difieren mucho de lo que se predijo; abordar el detalle resulta tan tentador como necesario.

Lo primero es que, como se había vaticinado, el Emperador está desnudo. De nada sirvió el costosísimo ejercicio de Relaciones Públicas que pretendía hacer ver que hay apoyo internacional al gobierno venezolano.

La escasa convocatoria, así como la dudosa reputación de unos cuantos de los asistentes, confirmaron que esos recursos económicos, que son tan necesarios para paliar verdaderas necesidades de los venezolanos, fueron echados a la basura.

Hay que recordar que el Movimiento de Países No alineados es en sí mismo anacrónico, si partimos de que su origen fue la desde hace rato histórica guerra fría, por allá por la mitad del siglo pasado.

El nombre de esta agrupación deriva del propósito de los países integrantes de no alinearse con ninguno de los dos grandes bloques de poder que dominaban al planeta en aquel momento: el capitalismo occidental en manos de Estados Unidos y  el comunismo de la Unión Soviética.

Con el aparatoso desplome de este último bloque en la última década del siglo XX, el MNOAL perdió el centro de gravedad y su razón de ser.

Por ello, al sol de hoy, ese colectivo no pasa de ser un club de países con dudosas prácticas en cuanto a libertades y derechos humanos, aunque no se puede generalizar y también se retratan en ese grupo otros de mejor desempeño, que permanecen en el mismo por hábito, por conveniencia, o porque, como lo dijera el escritor y político peruano nacionalizado español Mario Vargas Llosa, “Sus corazones son de izquierda...."

El hecho es que, entre la variopinta lista de invitados al guateque de Margarita, por supuesto unos cuantos sucumbieron a la tentación de la comida y la bebida gratis y a raudales. Pero la convocatoria de este movimiento mengua, y quedará para la próxima cumbre el saber si lo hace porque una idea con cincuenta años a cuestas ya es vieja o si se debió a la puntual pérdida de brillo de la otrora reluciente chequera venezolana.

Llama la atención por ejemplo, el reporte del canal televisivo Al Jazeera, al que podríamos definir como un medio de comunicación “no alineado”, en tanto y en cuanto nació buscando ser la contrapartida de la poderosa CNN en el mundo árabe y por ello se debería suponer más cercana a la órbita del MNOAL.

Sin embargo, en el sumario de la nota que ofreció la web del canal el pasado 18 de septiembre, se destaca que apenas 10 mandatarios acudieron, lo cual es una convocatoria bastante escuálida si se toma en cuenta que en el movimiento están adscritos 120 países. La misma fuente cita que a la cumbre anterior –Irán, 2012- acudieron 35 jefes de Estado. Más del triple de la asistencia actual. Y se echó en especial falta al representante de India, donde se creó el movimiento y que ha faltado a la cita solamente en dos oportunidades, incluida la actual.

Quedará para las conclusiones futuras el saber, como dijimos, si se trata de que ya el movimiento en sí no seduce, o si unos cuantos consideraron que no era conveniente tomarse la foto con un gobierno de desempeño más que dudoso en economía, libertades y derechos humanos. Probablemente la verdad sea una mezcla de ambas causas. 

Por si esto fuera poco, el encuentro sirvió para que, tanto los invitados como los medios de comunicación que cubrían se dieran cuenta de la realidad venezolana, la cual se corresponde con lo que los medios recogen en nuestro país y dan a conocer al mundo.

No sirvió de mucho intentar esconder la basura bajo la alfombra ante la llegada de la visita. Por más que se pintara, se iluminara y se abasteciera, no se pudo disimular el mal estado de instalaciones, el desproporcionado aparato de seguridad y sobre todo, el inoportuno fantasma de los cacerolazos, una indignada manifestación que refrendó la insatisfacción del pueblo venezolano con lo que le está tocando vivir.

El remedio resultó peor que la enfermedad. Como también lo fue la “importación” a Margarita de barras oficialistas que acamparon a la intemperie y que dejaron en claro que, al menos en Nueva Esparta, el gobierno tiene que llevar a sus propios fans, porque los espontáneos son muy escasos.

Diversas fuentes calculan el costo del evento entre ciento cincuenta y doscientos millones de dólares. ¿El resultado? Confirmar que el MNOAL languidece, que la convocatoria del gobierno venezolano también y que los ojos del mundo se volvieran a Venezuela solamente para corroborar que el cambio es tan urgente como necesario.

viernes, 16 de septiembre de 2016

“De abismo en abismo”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

Por supuesto cuando uno se plantea escribir sobre la Cumbre de Países No Alineados, es sumamente tentador titular estas reflexiones con aquella famosa frase del fallecido ex presidente Hugo Chávez que quedó para la historia: “Mientras los gobernantes andaban de cumbre en cumbre, los pueblos iban de abismo en abismo”.

Y es que, sin duda, se trata de uno de los pensamientos más acertados del polémico político venezolano. Tanto, que le sobrevive y se sigue utilizando. Especialmente ahora, cuando quienes se dicen sus seguidores, siguen cometiendo el mismo error que él tan acertadamente criticó; aunque en honor a la verdad, también se anotó entre sus más conspicuos practicantes.

El hecho es que a una Venezuela altamente conflictivizada, arriban delegaciones de los llamados países no alineados y entre eso invitados y el resto del país se interpone un telón de hierro para crear una atmósfera aséptica, que impida que los visitantes tengan contacto alguno con la realidad.

La queja de los margariteños respecto al despliegue del aparataje de seguridad es reiterada. La isla ha sido literalmente invadida por numerosos funcionarios que deben garantizar la integridad de los visitantes en una nación donde la inseguridad personal es angustia perenne para sus habitantes. Las mismas fuentes oficiales hablan de unos 14 mil hombres y mujeres para esta tarea.

También se ha proveído a la sede del encuentro de sobrada alimentación, según se ha visto en el ir y venir de numerosos camiones que se ocuparon de ello, pasando de largo ante las quejas de quienes no pueden tener acceso a la comida que necesitan, sea por sus costos o porque sencillamente no aparece. Seguramente, luz y agua tampoco faltarán.

Por si fuera poco, la entidad quedó virtualmente aislada, al suspenderse viajes de vuelos y embarcaciones a un lugar que los necesita por su misma condición insular, avasallando una vez más el día a día de la gente en pro de un objetivo de poder.

Quedamos de nuevo, y quizá de forma más evidente que nunca, ante la errada visión gubernamental de sobredimensionar el aparato de fuerza para esconder las verdaderas necesidades de la gente. Pero las costuras quedan a la vista.

No debe ser poco el gasto que implica semejante puesta en escena. Nunca lo es en una cumbre de este tipo. Pero si agregamos la dificultad adicional de aparentar normalidad en un país que está lejos de pasar por uno de sus mejores momentos, pues la cifra debe multiplicarse exponencialmente. Especialmente en un lugar que, días antes, protagonizó un cacerolazo de protesta que mereció titulares dentro y fuera de nuestras fronteras.

¿A qué se debe el esfuerzo –y el gasto- en un momento cuando las necesidades hacen cola para ser atendidas? Bien sabemos que las relaciones internacionales son pragmáticas, que en diplomacia no hay amigos sino intereses y que en ese ámbito no funciona aquello de “contigo pan y cebolla”.

Venezuela ha caído en desgracia por la caída de los precios petroleros, ante la muy errada decisión de profundizar en el equivocado camino de la monoproducción y la monoexportación. Nuestros ingresos dependen de una única fuente que se desplomó. Y ya no somos el amigo que invita en todas las rondas al salir a rumbear.

Urge pues, recuperar aunque sea un poco de ese interesado afecto que nuestro país despertaba cuando era el espléndido anfitrión y donaba a diestra y siniestra para despertar simpatías.

Los últimos cartuchos de la menguada renta petrolera se gastan en construir un país de ficción para que los ojos del mundo no se contaminen con la realidad que los ciudadanos debemos soportar día a día. Como si las noticias internacionales no se hicieran eco de las grotescas condiciones que conforman nuestra cotidianidad.
Cabría aquí citar aquel sabio dicho de nuestros abuelos: “Lo que eres grita tan alto que no me deja escucharlo que dices”.

Quizá, en lugar de despilfarrar dinero y crear incomodidades con otra cumbre, quienes hoy administran a Venezuela harían bien en atender las numerosas reservas que tienen los socios del Mercado Común del Sur (Mercosur) respecto al desempeño del gobierno venezolano; lo cual ha atascado la presidencia pro tempore de nuestra patria al frente del organismo.

O escuchar a los altos mandos de la Organización de las Naciones Unidas, quienes manifiestan que no han recibido respuesta sobre el visado que necesitan sus funcionarios para comprobar en el sitio la situación de los derechos humanos en nuestro país.

Si lo que interesa es lavar el nombre del gobierno ante la comunidad internacional, se podría empezar haciendo las cosas bien. Pero se opta por esconder el innegable abismo, literalmente cueste lo que cueste. Y por despilfarrar recursos en otra cumbre que nada soluciona, según lo dijera el mismo Chávez.