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viernes, 21 de julio de 2017

“Ciudadanía”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

La impactante épica ciudadana del pasado domingo, sin duda le dio la vuelta a la página en la historia de Venezuela. Hay que haber escogido conscientemente la ceguera como forma de vida, para negarlo.

Ante la reiterada negativa de quienes hoy administran el país a escuchar a la gente, ante la desesperación legítima de las necesidades no satisfechas, ante la ruptura de los canales de diálogo, ante la descalificación de las urgencias, el pueblo decidió gritar. Y el grito se escuchó en el mundo entero. No por nada, el conglomerado de medios internacional BBC tituló la información como "El grito que dio Venezuela".

Los venezolanos decidimos exigir, tomar la iniciativa, demostrarle a ese poder tan mal llevado, que si no cumplen con los deberes para los cuales están allí, nosotros no vamos a ser cómplices ni sumisos, y nos vamos a hacer sentir. Nos hicimos sentir.

Bien debería sacar la actual administración –y cualquier gobierno del mundo- una lección que se ha repetido reiteradamente y hasta el cansancio en la historia universal. Cuando un país es acorralado, arrinconado, puesto contra la pared, cuando se cercenan derechos, cuando el instrumento de comunicación es la burla y la humillación, la expresión popular abre un nuevo cauce. Y eso fue lo que sucedió en nuestra nación.

Todos a una, como en la clásica obra teatral Fuenteovejuna, creamos una nueva vía de expresión popular. Un torrente caudaloso de voluntades, que se expresaron en todas partes del planeta, porque los venezolanos que han partido al exilio, presionados por la agobiante situación nacional, fueron una expresión multitudinaria que hizo noticia en el mundo entero.

Y quizá fueron el elemento más resaltante en la opinión pública internacional, que se pregunta por qué, si la autodenominada revolución es tan exitosa como dice ser, tantos han optado por buscar un destino mejor lejos de su tierra.

Ya está dicho, pero no está demás recalcarlo: la consulta popular de este pasado domingo, sí es vinculante.

Y no hay más que ir a la Constitución Nacional y revisar ese artículo 70, sobre el cual propios y extraños, de cualquier color político, han tenido el ojo puesto en los últimos días.

Dicho artículo establece entre los medios de participación y protagonismo del pueblo en ejercicio de su soberanía, en lo político, a la consulta popular, afirmando que sus decisiones serán de carácter vinculante. Y agrega que “La ley establecerá las condiciones para el efectivo funcionamiento de los medios de participación previstos en este artículo”.

Dicho está, y en letra constitucional. La consulta popular existe, es vinculante y los funcionarios encargados de impartir la ley en nuestro país, tienen el mandato de ocuparse de asegurar las condiciones para el efectivo funcionamiento de dichos medios de participación.

Desoír a más de siete millones de voluntades, nos refrenda lo que sabemos desde hace rato: este gobierno no escucha a nadie. Está en el poder por otros apetitos, por otros intereses, porque tiene una agenda propia ajena al bien nacional.

Pero no está allí por el servicio, por una palabra que no entiende y que se le escapa, que debe ser el norte de todo funcionario público y que, en el manual de estilo oficialista es ignorada olímpicamente; para ser sustituida por otras tareas, que son una traición al mandato popular que recibieron, al cual no han honrado y que hoy, moral y legalmente, ya perdieron.

El nudo en el cual se encuentra atascado el régimen actual, parte del hecho de que todo el marco constitucional vigente y sus leyes derivadas, fueron concebidos en una ola de popularidad que ocurrió hace ya casi dos décadas y que se extinguió hace rato, a punta de hacer mal el trabajo.

Ahora, cuando los instrumentos que estaban creados para jugar siempre a su favor están trabajando en su contra, quieren cambiarlos. Es aquí donde radica la absoluta falta de espíritu democrático.

Es por eso que se nos confisca el referendo revocatorio presidencial que ha debido ocurrir en 2016, y es por eso que la presión comienza a aumentar a niveles exponenciales en nuestra sociedad.

Las alarmas democráticas del venezolano se encendieron al faltar una consulta de obligatorio cumplimiento, máxime cuando la nación se ahoga en problemas, ante la apatía de quienes deberían resolverlos.

Por si fuera poco, como la Constitución ya no nos sirve, vamos a inventarnos una nueva. Pero ni siquiera bajo los preceptos que establece la actual, que vio la luz bajo el mandato de quien se supone es el líder supremo para los gobernantes actuales. No, hay que hacerlo de otra manera, porque no nos acomoda a nuestros planes.

Todo este juego antidemocrático es el detonante de la indignación ciudadana que salió a manifestarse el domingo 16. El balón quedó del lado del gobierno.

viernes, 14 de julio de 2017

“Consulta popular”

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

Para este domingo 16 de julio, está pautada la consulta popular emanada de las fuerzas democráticas que trabajan por el cambio de nuestro país.

Se trata de un plebiscito, vocablo que significa “citar a la plebe”, es decir, al pueblo, para que opine sobre decisiones de trascendencia colectiva.

No solamente se trata de una figura muy antigua y por demás utilizada; sino también de una herramienta que va totalmente con el escenario venezolano de los últimos tiempos.

Recordemos que fue el chavismo, a través de su líder fundador, Hugo Chávez, quien popularizó la figura del referendo y sus variantes, como una figura que permitiría llevar más democracia a la gente.
Sin embargo, estas formas de consulta popular, chocan contra la miope visión de algunos sectores: son buenas cuando los favorecen, y en caso contrario, evaden mediante cualquier táctica la cita en las mesas de votación.

En la historia reciente de nuestra patria, se ha consultado a la gente respecto a la permanencia del mismo Chávez en el poder en 2004; así como sobre cambios a nuestra Constitución en un par de oportunidades; recordando que las fuerzas opuestas al oficialismo ganamos la consulta de 2007, algo inesperado para muchos.

Es así como llegamos al momento en el cual tocaba el referendo revocatorio de la mitad del actual período presidencial, el año pasado.

La dirigencia democrática activó el proceso, el cual fue respaldado masivamente por la ciudadanía con presencia en la calle y muchas más firmas de las necesarias.

Sin embargo, esa cita, especificada en nuestra Carta Magna actual, no se dio. Fue enterrada bajo vericuetos legales, confiscándole a la gente una oportunidad de opinar, a la cual tenía derecho.

Repasamos toda esta historia a propósito de llegar al detonante de la próxima consulta dominical. Intentar contener los procesos históricos es un disparate mayúsculo. La historia contemporánea está en deuda con los venezolanos, en cuanto al referendo que debía ser y no fue.

Hay una energía telúrica que hierve en el ambiente por todo el país y que necesita cauce y desahogo. Hay un derecho que clama por ser ejercido. Esto no es una iniciativa de la dirigencia democrática: es una demanda del pueblo, y el liderazgo ha escuchado y ha acatado. Soberanía popular pura y dura.

Pero aún queda más. El encuentro comicial de este fin de semana no ha sido detonado solamente por el mal sabor que dejó el referendo revocatorio presidencial suspendido. Tiene que ver también y prioritariamente, con la irrupción en el escenario de una extraña Asamblea Nacional Constituyente que nadie esperaba.

La propuesta de este instrumento por parte de quienes hoy gobiernan, no es más que un reconocimiento por parte de ellos, de la profunda crisis estructural que estremece a Venezuela.

Es la última carta bajo la manga que se pueden sacar, ante la imposibilidad de contener el descontento masivo. Es la aceptación del fracaso del modelo que ha gobernado a la nación durante casi dos décadas, y que –reconocido por ellos mismos- tiene que reinventarse porque está agotado y no ha dado resultado alguno que valga la pena.

Y debemos ver el vaso medio lleno por la enorme verdad implícita, inocultable, de que esto debe ser cambiado a fondo ante su inutilidad aplastante.

Pero la forma en la cual ellos lo están implementando, es de lejos, la más incorrecta de todas.

Principalmente, porque la convocatoria a esa Asamblea Nacional Constituyente,  así como sus bases, deben ser consultadas también a todos, mediante un referendo, tal y como se hizo en 1999, algo que los expertos llaman “jurisprudencia”; es decir, la manera de proceder en la actualidad queda señalada por cómo se abordaron procesos similares en el pasado.

Este primer referendo, vinculante con un proceso Constituyente, ha sido obviado, con lo cual se le queda debiendo al electorado otro evento comicial más.

De aquí en adelante, siguen las irregularidades. Y no es poco, considerando que el fin de este evento es redactar una nueva Constitución, base fundacional de la República. ¿Y bajo cuáles criterios se va a hacer?

Pues bajo unos particulares y sobrevenidos, que nada tienen que ver con la normativa vigente sobre el tema. Por ejemplo, no estará conformada por partidos políticos - como lo establece la actual Constitución - sino por la "clase obrera, indígenas, comunas, misiones y otros representantes de gremios".

Por si fuera poco, ya esta iniciativa circula con un apellido: “Constituyente Comunal”, lo cual deja claro el propósito sesgado de esta maniobra política.

Todo este panorama, otorga, desde nuestro punto de vista, una profunda legitimidad al encuentro de este domingo. Una cita a la que ningún venezolano debe faltar, porque es la oportunidad de protagonizar el verdadero cambio que todos exigimos.

viernes, 15 de abril de 2016

“Consulta popular”

 David Uzcátegui
@DavidUzcategui

La obtención de la mayoría parlamentaria por parte de la Mesa de la Unidad Democrática en las pasadas elecciones del 6 de diciembre, ha reavivado la fe de la gente en la potencia de su voto para cambiar las cosas.

Y es que con esta victoria venía endosada también la expectativa de obtener, por medios constitucionales, el tan necesario y urgente cambio de gobierno.

Sea por enmienda o por referéndum, hay maneras de relevar de responsabilidades a un poder Ejecutivo que no sabe manejar al país y que no ha cumplido hasta ahora con sus más elementales deberes para con los venezolanos.

No sorprende pues, que los cerebros del oficialismo estén buscando cualquier manera de revertir la situación y volver la situación en contra de la voluntad de las mayorías.

Es así como en estos días vimos al abogado constitucionalista Hermann Escarrá proponer una enmienda constitucional para acortar el período de la recién electa Asamblea Nacional, como uno de los tantos tableros en los cuales debe estar jugando el gobierno para intentar prolongar artificialmente su vida.

El doctor Escarrá aseguró que el primer mandatario nacional puede también enmendar la Constitución Nacional sin necesidad de pasar por el parlamento y que adicionalmente, la enmienda ya está redactada y tienen un solo artículo, en el cual se reduciría el período del poder Ejecutivo a 60 días.

El jurista también retó a debatir al presidente del cuerpo colegiado, Henry Ramos Allup, al respecto.

Sin embargo, de parte de las fuerzas democráticas, ha salido otra propuesta por demás interesante: vamos todos a referéndum.

Sometamos a la consideración popular la propuesta de Escarrá –la cual merece abundantes consideraciones- pero también la enmienda para acortar el período presidencial.

Lo interesante de este particular reto que sale desde Miraflores, es que igualmente coloca la decisión en manos de la gente. Y por ello es consecuentemente interesante lo que proponen voceros de la MUD: si vamos a referendo, aprovechemos de decidir sobre todo.

Dijimos que la idea merece unas cuantas consideraciones. Quizá la más importante es recordar que los jueces de esta propuesta serían los mismos ciudadanos que castigaron con su voto a la actual administración y que otorgaron con comodidad las dos terceras partes del parlamento a otro proyecto político.

¿De verdad cree el doctor Escarrá -o alguien en su sano juicio- que pueden ganar limpiamente un referendo que contradiga la voluntad expresada hace poco más de cuatro meses?

Esta primera consideración, nos lleva directamente hacia la segunda: se trata de una propuesta eminentemente política, que está intentando colocar en el tapete una piedra de tranca al accionar de la Mesa de la Unidad para intentar distraer el foco de atención a los esfuerzos que se están adelantando para lograr el referéndum revocatorio al Presidente de la República.

¿La enmienda Escarrá tiene en mente el bienestar del país? ¿O se trata de una propuesta desesperada para intentar retener el poder por parte de funcionarios que saben que no cuentan con la bendición popular?

Pero vayamos aún más allá: aquí hubo un autogol. Porque si el oficialismo en pleno aplaude la propuesta de enmienda para recortar el período de la AN, están validando el poder de ese instrumento para hacer exactamente lo mismo con cualquier otro poder, léase el Ejecutivo. Cuchillo para su propia garganta.

Incluso, el rebote del autogol ha llevado a poner sobre la mesa la posibilidad de acortar también el mandato del Tribunal Supremo de Justicia, cotidianamente enfrascado en una lucha de poderes con el Capitolio, y sin tener en cuenta las penurias de los venezolanos para dirigir adecuadamente su accionar.

Pongamos pues, a todos los ciudadanos en ocasión de decidir. Coloquemos el menú de opciones al alcance de los votantes. Del lado de los nuevos diputados no hay nada que temer, ya que el veredicto de la gente es el que los acaba de poner en esos cargos de representación. Y sin duda, cualquiera que tenga un mínimo de amor por esta tierra, pondría su cargo a la orden para destrabar el juego.

¿Hay temor en las filas del poder Ejecutivo? Creemos que sí. No hay otra explicación a actuaciones tan desacertadas y desatinadas. No se pueden sacar de debajo de la manga despropósitos de semejante calibre si no están dictados por una falta de foco que solamente se explica por una profunda turbación.

El reto está lanzado. Las fuerzas democráticas ya acordaron activar todos los mecanismos constitucionales para sustituir a un gobierno que está muy lejos de entender su rol. Esperemos que recojan el guante que ellos mismos lanzaron. Mataron el tigre de invocar la consulta popular. Sería inadecuado tenerle miedo al cuero a estas alturas del partido, por más autogol que haya.