viernes, 12 de enero de 2018

“El Petro: ¿una buena idea? “

El gobierno de nuestro país dio a conocer la semana pasada la emisión de 100 millones de "petros", una unidad monetaria virtual que el Ejecutivo ha definido como "la criptomoneda de Venezuela" y que equivale, según ellos, al valor del barril de petróleo venezolano en el mercado internacional.

Sin embargo, la Asamblea Nacional ha picado adelante y ha declarado ilegal a la recién nacida divisa.

No es para nada nuevo este enfrentamiento en unos y otros entre dos poderes nacionales. Pero, ¿quién tiene la razón?

Trataremos de separar la paja del grano en este nuevo episodio críptico –nunca mejor dicho- y también crítico, de la ya extenuante diatriba nacional.

Pero sobre todo, intentemos ver las inconveniencias, más allá del pronunciamiento parlamentario, para que el gobierno nacional intente navegar en aguas desconocidas en medio de un momento particularmente adverso para nuestra patria.

Comencemos por saber que una criptomoneda, criptodivisa (del inglés cryptocurrency) o criptoactivo, es un medio digital de intercambio. ​ La primera criptomoneda que empezó a operar fue la bitcoin en 2009,​ y desde entonces han aparecido muchas otras, con diferentes características y protocolos como Litecoin, Ethereum, Ripple o Dogecoin.

En estos sistemas se garantiza la seguridad, integridad y equilibrio por medio de un entramado de agentes  que se verifican mutuamente,  denominados mineros, que son, en su mayoría, público en general y protegen activamente la red al mantener una alta tasa de procesamiento de algoritmos, con la finalidad de tener la oportunidad de recibir una pequeña propina, que se reparte de manera aleatoria.

Como vemos, se trata de un sistema independiente, autorregulado y auto controlado.

Por ello, y desde que se comenzó a hablar de una criptomoneda venezolana, las críticas apuntaron –certeramente, por demás- al hecho de que existiera una divisa digital controlada por el gobierno de un país, lo cual desdice de lo que han sido hasta ahora las criptomonedas en sí mismas.

Y es que, obviamente, un país –cualquiera- tiene una agenda política y de poder muy propia. 
Justamente, la divisa virtual nace para ser una alternativa al sistema monetario tradicional, imbricado con los respectivos Estados emisores.

Con más razón parecen acertados estos argumentos, si el gobierno que pretende lanzar la criptomoneda en cuestión es por definición centralizado y controlador.

El asunto es que el instrumento financiero puede ser emitido, pero ¿de cuánta credibilidad va a gozar en el mundo? Esto podría parecer fácil de resolver, al apalancarse en las reservas petroleras, como bien dicen quienes hoy administran nuestro país.

Pero hay otro detalle, y es que Petróleos de Venezuela indudablemente ha perdido músculo, mientras adicionalmente el mundo marcha hacia la búsqueda urgente de energías alternativas y hay nuevos oferentes en el mercado petrolero mundial.

 Otro gran contratiempo para el petro, sería el hecho de que se esté buscando emitirlo para sortear los desencuentros que tiene Venezuela con el sistema financiero mundial, lo cual termina de configurar un escenario único para esta clase de monedas.

Es decir, el país que está poniendo su nombre para respaldar la moneda, tiene por delante unos cuantos problemas previos a resolver. Y esto sin contar con que, insistimos, se trata de una alternativa financiera cuya gracia es justamente no depender de gobierno alguno.

Por cierto, y vaya como anécdota: Bolivia, un país afín al sistema venezolano actual, prohibió las criptomonedas.

Pero por si fuera poco, el Parlamento declaró nulo el decreto de la emisión del petro, pues, asegurando que se trata de una moneda "ilegal" que viola lo establecido en la Constitución.

La AN alertó a los potenciales inversionistas y actores del mercado de las criptomonedas sobre la “ilegalidad" de la misma. Los parlamentarios indicaron que el artículo 12 de la Constitución se establece que las reservas petroleras y las riquezas del país son "inalienables".

Adicionalmente, alegaron que las operaciones de crédito público requieren, para su validez, una ley especial que las autorice y la misma debe pasar por aprobación de la Asamblea Nacional.

Este es un detalle extremadamente delicado: comprometer a futuro las reservas petroleras nacionales requiere de la aprobación del Legislativo.

Con tantas patas cojeando, nos anotamos en la lista de quienes piensan que este asunto no progresará porque viene mal concebido desde el principio.

Sería maravilloso que Venezuela pudiera entrar por la calle del medio a un universo tan característico del siglo XXI como lo son las criptomonedas, pero para ello se requiere primero poner la casa en orden. Hay demasiadas tareas pendientes en el camino antes de poder hablar seriamente de esa posibilidad.

David Uzcátegui
Twitter: @DavidUzcategui
Instagram: @DUzcategui

viernes, 5 de enero de 2018

“Deseos de Año Nuevo”

Siempre la entrada a un nuevo año, nos invita a ser optimistas y a mirar la oportunidad como una vuelta de tuerca, que implique mayor bienestar en todos los sentidos. Y por ello, días como los que estamos viviendo hoy se colman de los mejores deseos.

Sin embargo, muchos sabemos lo difícil que es desear paz, alegría o felicidad a quienes nos rodean en la Venezuela actual. Y es que se nos quedan atragantados en la garganta, o no hay forma de que los escribamos, cuando sabemos que el entorno es tan adverso y no habrá forma de que esos deseos se realicen hasta que la realidad sea modificada.

Ni salud, ni prosperidad, ni progreso de ningún tipo pueden ser materializadas en una nación que no garantiza la cobertura de las necesidades más elementales. Mucho menos ese máximo deseo aspiracional, el del amor, cuando a una pareja le resulta prácticamente imposible emprender la fundación de un hogar propio y procurarse lo mínimo necesario para garantizar una existencia digna a sus descendientes.

Por ello, más que los tradicionales deseos de año nuevo, nos concentramos en otra clase de peticiones en esta circunstancia, ya que, de otra manera, estaríamos arando en el mar.

Toca a los venezolanos desear que cambie nuestra realidad. Que el gobierno deje de lado la tozudez y de una vez por todas entienda que este inviable proyecto político está hundiendo al país. 

Que las agendas ocultas de poder queden definitivamente de lado y que por un momento se piense en el bienestar colectivo como meta. En la mayor suma de bien para la mayor suma de gente.

Que se aparte para siempre el insulto y la violencia como valor, como moneda de cambio en una sociedad exhausta.  Que se recupere el respeto y la decencia como marco y entorno para la vida ciudadana.

Que la educación se vuelva prioridad. Pero la verdadera educación, la que apunta al crecimiento de la persona, a su desarrollo, a su individualidad e independencia. Y que por supuesto, se deje de confundir educación con adoctrinamiento, básicamente por aquella máxima que reza que donde todos piensan igual, nadie piensa demasiado.

Que se recupere el sentido de la justicia, que sea castigado el crimen, el robo, la verdadera afrenta a la ley, y que no se criminalice el pensar distinto, o el aspirar legítimamente a un cambio para mejorar.

Que las alianzas de nuestro país con otras naciones, sean con base en lo que estas nos puedan aportar, entendiendo que para ello deben ser vanguardia en conocimiento, en tecnología y en bienestar para sus ciudadanos. No podemos seguir juntándonos con Estados que han propiciado el hundimiento del bienestar colectivo de quienes se suponen que deberían proteger. Y menos con gobiernos que nos utilizan para su provecho.

Que se le dé valor al trabajo real de todos los actores de la sociedad. Que sea posible levantar un hogar con un oficio. Que la dignidad del trabajador venezolano se mida en cuánto aporta al crecimiento del país con su labor.

Que la iniciativa particular sea respetada, que deje de ser perseguida y estigmatizada. Que, muy por el contrario, se incentive al emprendedor y que sea el socio clave del gobierno para el desarrollo del país.

Que regresen los que se fueron, y que lo hagan motivados por la seguridad, por el bienestar, por el progreso que se viva en estas tierras. Que vengan todos esos venezolanos que nacieron afuera, a conocer la tierra de sus padres, que se enamoren de ella y se queden, no solamente por el clima, los paisajes y la comida; sino también porque seamos una de las naciones más competitivas del planeta.

Que dejemos de importar y volvamos a exportar. No solamente petróleo, donde tenemos todo el potencial para volver a reinar por muchos años; sino también la mayor variedad imaginable de productos y servicios. Desde los cultivos de la tierra que una vez nos dieron fama en renglones como café y cacao, hasta tecnología que se puede producir en nuestras universidades en tanto y en cuanto sean respetadas y cuidadas como el recinto sagrado que son.

Que nuevamente nuestro plato típico sea cocinado con ingredientes totalmente cultivados en nuestro suelo y que podamos escoger qué llevar a nuestra mesa entre la gama más amplia de alimentos.

Que nuestros adultos mayores vivan sus años de oro en paz, sin sobresaltos de salud; pero mucho más allá de eso, que tengan calidad de vida y puedan emplear ese tiempo libre en actividades satisfactorias.

Parece demasiado para un solo año, y sin duda lo es. Vista la realidad actual, estamos ante una lucha realmente titánica para alcanzar, aunque sea, una parte de todo lo que quisiéramos para nuestra nación.

Pero en el deseo comienza todo y no queremos sino trazar un mapa de ruta de lo que deberíamos ser. Porque no podemos permitirnos menos que esto. Porque es lo que merecemos todos nosotros.

David Uzcátegui
Twitter: @DavidUzcategui
Instagram: @DUzcategui

viernes, 22 de diciembre de 2017

“Venezuela y elecciones”

El reciente episodio de las elecciones para alcaldes en Venezuela, deja sin duda un sabor adverso en las fuerzas alternativas democráticas venezolanas. Fue poco lo que pudo escapar a la masa de contradicciones que actualmente define a la política nacional y muy especialmente a quienes adversamos el camino que está siguiendo el país.

El asunto ahora es que tenemos que prepararnos para unas elecciones presidenciales. Se trata de una cita ineludible para el año 2018 y tenemos que partir desde el escenario actual para definir qué vamos a hacer. No queda otra.

Como siempre se dice por allí, los éxitos tienen muchos padres y las derrotas son huérfanas. Lo que acabamos de vivir no es la excepción. Para nada resulta fácil sentarnos a revisar qué fue lo que aconteció, y no es nuestra intención hacerlo con otro fin que no sea proponer qué hacer para convertir una oportunidad en hechos a favor nuestro.

En principio, y hay que decirlo, resulta lamentable ver cómo el enorme avance que se había tenido por el lado de la Unidad, ha perdido empuje en el marco de las discusiones internas entre quienes estamos del mismo lado de la acera.

Nadie dijo que fuera fácil, y siempre nos empeñamos en subrayarlo. Pero quizá lo más difícil de todo esto, sea ponernos de acuerdo entre nosotros mismos. Entre tantos colores y formas de pensar que son la verdadera democracia y el país que queremos.

El experimento unitario ha alcanzado enormes éxitos en el pasado, avanzando en la cuota de gobernaciones, alcaldías, diputados e incluso, arrojando números altamente positivos en las presidenciales.

Siempre habrá quien diga que todo esto no ha sido suficiente y la razón no falta en esta afirmación; pero también nosotros preferimos ver el vaso medio lleno y ver cuánto hemos sumado.

Porque tampoco nos falta la razón al afirmar que, la pérdida de foco en estas estrategias exitosas del pasado, nos hizo retroceder aparatosamente en lo logrado.

Insistimos, mal podemos señalar y culpabilizar, si lo que estamos buscando es aglutinar de nuevo a quienes, juntos, logramos avanzar en una lucha que es literalmente de David contra Goliat.

Lejos de ello, creemos que hay que escuchar a todos los actores legítimos que han protagonizado esta lucha de años y sentarnos nuevamente a la mesa. ¿Cuáles son las respuestas? No las sabemos ni las tenemos, pero justamente por ello es que nace esta reflexión sobre la urgencia de un reencuentro. De allí quizás salgan estas respuestas que hoy necesitamos.

También lo queremos reafirmar, respetamos los argumentos de quienes decidieron abstenerse. Son por demás lógicos y sólidos; pero los resultados del reciente encuentro comicial probaron que la abstención no suma y, en sentido contrario, nos permitimos citar el caso de Baruta, donde se logró una de las participaciones más altas del país, alrededor de un candidato que, si bien no fue bendecido con una unidad completa y blindada, sí aglutinó las simpatías de la mayoría de los votantes que exigen un cambio. Y un municipio que se daba por perdido, fue el David de este Goliat del 10 de diciembre.

¿Cuál es entonces la meta? La resumimos en dos palabras: unidad y participación. ¿Cómo llegar hasta ella? Al momento de hoy no lo sabemos, pero tenemos la convicción de que hay que hacerlo.

También sabemos que las condiciones deben cambiar, pero no lo van a hacer sino a través de nuestras acciones. La inacción jamás ha modificado nada.

Nunca como ahora había pesado tal cúmulo de amenazas contra quienes ejercen su derecho a pensar y sentir diferente. Jamás el aparato burocrático había sido tan hipertrofiado y eficaz en el cierre de las ventanas que dan oxígeno a cualquier democracia. Pero es justamente por ello que está prohibido abandonar la lucha. Estamos hablando en defensa propia, si es que no queremos ser barridos.

Sí, es cierto, el juego está sumamente cerrado para quienes queremos otro destino para Venezuela. Pero también es real que nunca el descontento había sido tan alto, que jamás la decepción con un proyecto político que engañó a los ciudadanos había sido sentida tan abiertamente.

Y es real también que urge darle un canal de expresión al pueblo, para que toda esta carga tan pesada se convierta una vez más –lo repetimos- en hechos. En hechos que puedan cambiar el mapa político nacional y el destino del país.

Cierto, quizás nos encontramos más lejos que nunca de esta meta. Pero también es real que, en política, las cosas pueden cambiar del blanco al negro en un instante. Aunque, una cosa sí es verdad: no lo van a hacer por sí solas.

Aquí tenemos hoy un diagnóstico y una opinión. Del otro lado está un hecho inevitable que se nos acerca conforme pasan los días. El llamado -urgente- es a construir un puente entre esta opinión y aquel hecho.

David Uzcátegui
Twitter: @DavidUzcategui
Instagram: @DUzcategui